SINOPSIS
1939.
El grito de “NO PASARÁN” se desvanece en Madrid, el ejército fascista
va a entrar finalmente en la capital de la República. En medio de una
ciudad que se desangra, Melchor Rodríguez, el último alcalde de la
capital, intenta defender que “se puede morir por las ideas, nunca matar
por ellas”. Es la vida de un personaje histórico muy poco conocido, “el
Ángel Rojo”, un líder anarquista que se dedica a salvar vidas,
independientemente de la ideología, mientras unos y otros luchan por
aniquilarse. Un hombre que lucha por sus ideales aunque tenga que pagar
un alto precio por ello: el amor, la familia o su propia vida.
JESÚS JIMÉNEZ 04.04.2013Melchor Rodríguez ("El Ángel Rojo") es
una de las figuras más fascinantes de la Guerra Civil Española. Un
líder anarquista que se dedicó a salvar vidas durante la Guerra,
independientemente de si eran Nacionales, socialistas, comunistas o
anarquistas, y al que muchos comparan con el famoso
Oskar Schindler. Como Delegado General de prisiones de la Segunda Republica salvó a más de 16.000 presos y como último alcalde de Madrid fue el encargado de rendir la ciudad a los Nacionales. Sin embargo, su figura ha sido casi olvidada a excepción del interesante libro El ángel rojo (Almuzara), de Alfonso Domingo. Ahora su bisnieto, el escritor, guionista y director, Rubén Buren, estrena una obra de teatro sobre él: La entrega de Madrid (Sala Mirador), un proyecto que ya fue Premio Lope de Vega en 2010.
"La obra -asegura Rubén- cuenta los tres últimos días antes de que mi bisabuelo, Melchor Rodríguez, entregará la ciudad a los nacionales. En ese momento pudo huir, como hicieron todos sus jefes los responsables políticos de Madrid, pero prefirió quedarse para proteger a gente en su casa (de todas las ideologías) y para que la entrega de la ciudad fuera lo menos sangrienta posible. Para mantener la poca dignidad que pudo en la derrota. Su premio fue una condena a muerte
que luego le fue conmutada por 20 años y un día, aunque sólo cumpliría
cinco años. Fue una de las muchas veces que pasó por la cárcel. Estuvo
en presidio, por sus ideas, en 22 ocasiones en todos los periodos:
monarquía, dictadura, república y franquismo".
"Y eso -puntualiza Rubén- que salvó a personajes de todos los bandos, muchos de ellos tan conocidos como Agustín Muñoz Grandes, Martín Artajo, Serrano Suñer (cuñado de Franco), El Doctor Mariano Gómez Ulla, los cuatro hermanos Luca de Tena, el futbolista Ricardo Zamora, el locutor Bobby Deglané o los falangistas Rafael Sánchez Mazas o Raimundo Fernández-Cuesta".
"La entrega de Madrid está basada en hechos reales -continúa Rubén- aunque con algunas situaciones y personajes inventados. Pero casi todo me lo contó mi abuela Amapola,
la hija de Melchor, a la que he convertido en otro de los protagonistas
de la obra. Me costó sonsacarla porque como todos los que vivieron esa
época prefería no hablar de ella. También he hablado con Alfonso Domingo, que es como el biógrafo de mi bisabuelo".
"En la casa que usaba Melchor (y que es el escenario de la obra), había
unos treinta o cuarenta refugiados permanentemente, de toda procedencia política -asegura Rubén-. Además mi abuelo recogía a
gente mal fusilada de las cunetas
y muchas noches llegaban más personas que querían ayuda para huir a
Francia o para refugiarse en alguna embajada. Incluso tenía otros pisos
en los que
refugió a varias monjas. E incluso acogió al
jefe de su taller (era un chapista) porque tenía cinco empleados y los
comunistas querían matarlo por burgués, explotador y capitalista".
"Morir por las ideas, nunca matar por ellas"
Antolín Romero, presentador del programa de TVE '
Aquí hay trabajo', es el encargado de interpretar a Melchor Rodríguez:
"Mientras todos se mataban en la calles y la gente se volvía loca, haciendo todo lo posible por sobrevivir, este hombre mantuvo la cordura. Para él lo más importante eran las vidas de la gente, sin importar su ideología. Ha pasado a la historia por una frase: "Morir por las ideas, nunca matar por ellas".
"Pudo salvar a unos 16 mil presos directamente -asegura Rubén-. En una ocasión se jugó la vida
para salvar a mil quinientos presos de la cárcel de Alcalá. Después de
un bombardeo de los Nacionales en el que murieron muchas personas,
incluso niños, la gente se armó con lo que pilló, hoces, cuchillos... y
se dirigió en masa a la cárcel para matar a los presos nacionales.
Y los funcionarios estaban dispuestos a dejarlos pasar. Pero él se
enfrentó a todos con una pistola descargada y consiguió parar a una masa
enfurecida. También fue el responsable de acabar con los fusilamientos
de Paracuellos del Jarama".
"El
-continúa Rubén- aseguró una vez que "Salvar a los presos era mi deber,
ya siempre me ví reflejado en cada uno de ellos. Y de hecho él fue
encarcelado en numerosas ocasiones... Y cada vez que salía de la cárcel volviá a la lucha.
Incluso salvó a más de uno de los que le habían encarcelado. Por
cierto, que otro de sus logros fue, con la ayuda de la Cruz Roja,
conseguir un rancho decente para los presos, cuando era Delegado de
Prisiones".
El último alcalde republicano
"En la obra lo que se ve es la vida de 11 personajes de distintos bandos e ideologías, encerrados en una casa y esperando el fin de la Guerra
-asegura Antolín-. Cómo los fascistas se preparan para cuando lleguen
los suyos y el temor de los comunistas desesperados por huir. Pero también se ve el punto de vista de otros personajes, como una señora mayor que
no pertenece a ningún bando y a la que un momento dado le preguntan que quién quiere que gane la guerra, a lo que contesta:
"Los que me dejen volver a mi pueblo". Ese es el punto de la gente normal que sólo desea que acabe la guerra".
"A
pesar de que Rubén simpatice con los anarquistas la obra no es ningún
panfleto -asegura Antolín-. Se ve que Melchor es un tipo normal, que
duda, que comete errores, y que tenía que haberse ido de Madrid, o al
menos haber dejado que se fuera su hija. En la obra, los buenos no son
tan buenos ni los malos tan malos. Hay un momento en el que un compañero
le pregunta a Melchor: ¿Crees que lo hemos hecho bien? y el contesta:
"En una guerra, ¿alguien lo hace bien?".
Patricia López
interpreta a Amapola, la hija de Melchor, en cuyos recuerdos se basa la
obra: "Mi personaje permanece con su padre a pesar de todas las
dificultades. Incluso la mujer de Melchor se fue a vivir a otra casa más
segura, pero ella se quedó con su padre porque le quería, aunque no
compartiese su ideología. Ella no está de un lado ni de otro, solo con
su padre. Es un personaje muy humano que
solo quiere ayudar a los refugiados de la casa,
sean del bando que sean. En una escena su madre regresa a casa para
intentar convencerla de que huyan pero ella tiene muy claro que su padre
es su mundo".
"Antes de conocer a Rubén, yo no tenia ni idea de
lo que era el anarquismo -confiesa Patricia- y cambió mi visión. Yo
pensaba que eran cuatro tíos gritando y y alborotando y me sorprendió
descubrir lo que supuso el movimiento anarquista.
Y una de las cosas más emocionantes fue poder hablar con Amapola por
teléfono, antes de que falleciese el año pasado, ¡fue una sensación
increíble!. Estoy muy emocionada y con ganas de contarle al público esta
obra y
rescatar un trozo de historia que pocos conocen".
"Lo más difícil fue meternos en una situación de guerra"
Patricia
confiesa que, para ella, lo más difícil fue: "Meterme en una situación
de guerra, porque no puedo hacerme a la idea de estar encerrada en una
casa (como en la obra) y que
fuera la gente se esté matando.
Ni de lejos llegas a imaginártelo, a no ser que lo hayas vivido. En la
obra llevan ya tres años de guerra y para los personajes ver a la gente
muriendo en las calles es algo tan normal como para nosotros tomarnos un
café actualmente".
"Melchor -continúa Patricia-
estuvo a punto de morir un montón de veces
(sufrió varios atentados a lo largo de su vida). Y me imagino a la
Amapola real con la angustia de no saber si cada vez que le metían en la
cárcel
iba a ser la última vez que lo veía. De no
saber si jamás volvería. Esos sentimientos han sido lo más difícil de
expresar, de ahí viene la relación de Amapola con su padre y con el
resto de personajes de la casa. De verdad que esta historia ha sido un
auténtico descubrimiento para mí".
"En la obra -asegura Antolín-
la relación de Melchor con su hija es de muchísimo amor. Se adoran pero,
de alguna forma, él la manipula, como hacen muchos padres con sus
hijos, y la convence para que se quede en Madrid
a pesar de saber que corre peligro.
A la vez, todos los refugiados de la casa, sean del bando que sean, le
admiran, aunque no comulguen con sus ideas. Y es que es un hombre que se
pelea con todo el mundo, incluidos los de su bando, para salvar vidas. Y
al final algunos de los que ha salvado le traicionan, no todo el mundo
es tan íntegro, ni tienen su idealismo".
Un personaje olvidado por la historia
"Si fuera la guerra civil americana
se habrían hecho 40 películas
sobre Melchor -asegura Antolín-. Pero aquí, los de derechas no querían
reconocer la labor de una figura anarquista, a la que llegaron a
condenar a muerte. Las personas a las que salvó le estaban agradecidas,
el bando no. Y durante la transición, se habló de comunistas pero no de
anarquistas. El movimiento libertario tenía más fuerza antes de la
Guerra Civil, después los rusos mandaron dinero a los Comunistas y estos
crecieron mientras los anarquistas casi desaparecían".
"En la obra -asegura Rubén-
intentamos no ser endogámicos y no trabajar con estereotipos.
Una memoria fuerte es una memoria autocrítica. Eso sí, los malos fueron
los de Franco. En el otro bando hubo buenos y malos, los malos fueron
los que se llenaban las manos de sangre y los buenos los que
intentaron tener cordura y salvar vidas.
Melchor fue uno de los buenos, trabajando para los presos hasta el
final de su vida, esta vez para los suyos, que estaban dentro de las
cárceles del régimen franquista".
"Mucha gente siguió
agradeciendo a mi bisabuelo que hubiera salvado a sus familiares hasta
su muerte, en 1972 -confiesa Rubén-. Y un dato bonito, es el único
español que, dentro del régimen franquista,
fue enterrado con la bandera anarquista. Y durante su entierro se leyó el himno anarquista
A las barricadas. Es el único que tuvo ese privilegio. También se rezó un Padre Nuestro, lo que significa que se reunieron las dos Españas".

El director Rubén Buren junto a los actores de la obra. Luis Cabrera Maganto