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lunes, 3 de noviembre de 2014

A propósito de Luis Rosales y el uso partidista de la Literatura por esa izquierda arcaica

¿Tiene la Literatura entidad ideológica o sexual? (Tomado de http://revistaletralibre.blogspot.com.es/2014/11/a-proposito-de-luis-rosales-y-el-uso.html )


(Luis Rosales)
Llevo mucho tiempo reflexionando sobre este tema, y hace un par de días, me acordé de Luis Rosales, ese gran maestro y poeta olvidado, fiel amigo de otro gran maestro, Federico, al cual el autor de La Casa Encendida, poco debe “envidiar” (En 1937, el poeta de lo cotidiano, Rosales, publica en el diario Patria de Granada, el poema «La voz de los muertos», probablemente uno de los más importantes escritos durante la guerra civil, elegía a todas las víctimas de ambos bandos, en el que quedan fuera cualquier expresión de triunfalismo o exaltación) encasillado y destinado a un baúl de los recuerdos, triste y penosamente, por parte de esa izquierda que cree estar en posesión de la verdad absoluta, por el simple hecho de pertenecer al otro “bando”. La literatura no pertenece a ninguna fantasía ideológica o idiotez sexual, pertenece a su creador, la literatura simplemente es universal, a pesar de los pesares de esos “intelectuales” de hoy mal llamados progresistas, cuando en realidad están disfrazados en trajes delirantes de un neofascismo populista como arrogantes unicornios invisibles.

Conocí al autor de Abril (1935) a mis 17 años, “enamorándome” intensamente de esos versos tan libres e inmensamente individuales, llenos de amor invencible, y hoy ya han pasado más de 27 años, y aún sigo sintiendo la misma turbación vibrante al recordar esos composiciones vanguardistas, claras, humildes, evidentes y cotidianas, y al venir él de nuevo a mi memoria, vuelvo a sentir que lo que prevalece en la literatura es la libertad del individuo, la persona, sin importar si está a la izquierda o la derecha, sin importar a cual “maldito” bando perteneció, sin la discriminación de ser heterosexual, gay, blanco o negro, etc. La literatura, la poesía, la prosa, no es ni debe ser partidista, porque de lo contrario nos induciría al sectarismo. A nadie ni a mí, le deben afectar los bandos y con quién “leches” te acuestes, lo que debe imperar es el arte y las emociones que te produce el hecho de leer. Luis Rosales, ha sido, es aún, y será un gran maestro literario entre las maravillas de nuestros genios.

Y junto a esa determinación imparcial e injusta de esos “literatos” megas, hipers y chupis progresistas, he llegado a leer “barbaridades” tales como que San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús eran, respectivamente homosexual y lesbiana, pero lo más extraño –a estas alturas de la vida, sencillamente, no me debería extrañar ya nada de esta “troupe”- es que estas afirmaciones proceden de un filólogo hispánico, y joven, perteneciente a esa rama de “cuotas floreros” del socialismo español. Y se queda tan ancho y tan pancho. ¿Dónde están las fuentes? Y en el caso que fuese verdad, qué? Por el simple hecho de tener una u otra orientación sexual, ya eres “lo más-in-divino”? Tanta obsesión y victimismo me cansan, pero me cansan demasiado, y lo curioso es que estas “cosas” no me escandalizan, simplemente, me producen bochorno ajeno. No soporto en la cuarentena que he pasado estas imbecilidades; no soy amigo del sectarismo y el totalitarismo del incansable progresismo. Amo la libertad, y en mayúsculas.

Tan solo me quedo con las palabras de D. Luis, Premio Nacional de Poesía 1951 y Premio Cervantes 1982, entre otros: "No he creído ni volveré a creer en la política, no he creído ni volverá a creer en la sociedad, solo creeré en las amistades" (a raíz de la muerte de Lorca).

Lo que siempre queda es el arte, y eso es lo que verdaderamente importa, lo que prevalece es el individuo, su libertad individual. Lo demás, son imbecilidades inventadas por esa ideología arcaica.

Me volverán a clasificar como un fascista, neoliberal, ultraliberal, homófobo, sodomita y católico,- sigan inventándose “basura”-, pero yo volveré a reírme, y reírme, y siempre, siempre, seguiré riéndome, condescendientemente, porque frente a la manada me elevo como un Individuo libre, una persona, ni más ni menos.
Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

sábado, 8 de marzo de 2014

Leopoldo María Panero, punto y final

El escritor Antonio Rivero Taravillo nos recuerda a Leopoldo María Panero, recientemente fallecido.

Ha muerto Leopoldo María Panero. Ha sido una semana luctuosa para la poesía española dentro de un comienzo de año particularmente fúnebre en lo que hace a la escrita en nuestra lengua, pues se ha llevado, con guadaña afilada a cada poco, a Juan Gelman, José Emilio Pacheco, Fernando Ortiz y Félix Grande. Ana María Moix, antigua amiga de correrías, moría pocos días antes que él, de forma que de repente el grupo incluido en la influyente antología de José María Castellet (también recientemente fallecido) Nueve novísimos poetas españoles ha tenido dos bajas (con la de Manuel Vázquez Montalbán, un tercio ya de aquella nómina).
         Pero además de a los novísimos, también pertenecía el recién desaparecido a otro grupo de poetas: el de su propia familia. Poeta fue su hermano Juan Luis (muerto hace pocos meses), y poetas su padre, Leopoldo, sobre el que luego volveré más detenidamente, y su tío Juan, fallecido en 1937 en accidente de carretera y que los lectores de Luis Rosales, amigo suyo, recordarán porque el granadino lo lleva a hombros de su memoria emocionada hasta los versículos de La casa encendida. A este Juan, cuyo único libro publicado en vida (Cantos del ofrecimiento) se lo editó Manuel Altolaguirre en sus ediciones Héroe en mayo de 1936, le dedicó su hermano Leopoldo, padre del difunto de hoy, el poema “Adolescente en sombras” en 1938.
         Pero pasemos a quien fue -antes de que los hijos empezaran a publicar, y prácticamente olvidado ya el malogrado Juan- “el poeta Panero”: Leopoldo, amigo de César Vallejo o Cernuda, con quien cruzó un mensaje Aleixandre para quedar e ir junto a Cernuda a la celebración de la llegada de la República en abril de 1931, ese instante de promesas, y que algunas simpatías izquierdistas tendría cuando fue acusado por los nacionales al estallar la guerra de recolectar dinero para Socorro Rojo. Es sabido que fue encarcelado y que solo la mediación de Unamuno y, en última instancia, Carmen Polo, pariente lejana de la familia, hizo posible que fuera puesto en libertad. Luego, como otros, al parecer se afilió a Falange; pero de ahí a poder afirmar que fuera falangista por convicción dista mucho.
         Cierto que, como Montes, Alfaro, Manuel Machado, Cunqueiro o Gerardo Diego participó en la famosa Corona de sonetos en homenaje a José Antonio Primo de Rivera. Y que desempeñó un puesto señalado en el Instituto de España en Londres, ciudad donde su primo Pablo de Azcárate dirigía el otro Instituto Español (el republicano). En Londres conoció a T. S. Eliot, cuya complicidad quiso granjearse con buenos caldos españoles pertenecientes a la bodega de la legación, y también allí retomó la amistad con Cernuda, lo que no impidió que reprochara a este con una furibunda salida de tono el haber escrito el poema “La familia”, donde no quedaba bien parada la institución. De ese contacto con el poeta sevillano, salvado el incidente, quedaron el imposible idilio que su esposa, Felicidad Blanc, creyó que hubo entre ella misma y Cernuda y alguna evocación, en verso o prosa, de su hijo mayor: Juan Luis.
         Al tercero en discordia, Michi, le cupo el dudoso honor de vivir como el que más la Movida madrileña y de irse puliendo la rica biblioteca paterna, que Andrés Trapiello (leonés también y una de las personas que más sabe sobre la familia) recuerda haber visto íntegra así como, penosamente, durante su proceso de desintegración. Lo cuenta en desoladoras estampas de su Salón de pasos perdidos.


Sitting Bull, quien inspiró uno de los mejores poemas
de Leopoldo María Panero

 Nos queda, pues, Leopoldo María (el que ya tampoco nos queda tras el colapso multiorgánico), el más alocado ya desde la imagen que nos ofreció de sí mismo en esa película terrible de Jaime Chávarri, El desencanto (1976), donde viuda y huérfanos parecían solicitar, “repaso” al padre mediante, una fe de vida para los tiempos nuevos democráticos, una suerte de limpieza de sangre  o sangrado aplicada la sanguijuela directamente al corazón: es decir, al padre.
         Los diarios e Internet abundan estos días en necrológicas de Leopoldo María Panero: todas resaltan su condición de fumador de grifa, de loco, de homosexual que hizo uso de chaperos miserables (no tenía el dinero de Jaime Gil de Biedma), de principal consumidor de Coca-Cola de toda España que seguro que ahora, ido él, entra en números rojos). De su poesía, sin embargo, se dice poco. Porque es poco lo que se lee. A grandes rasgos se puede afirmar que comenzó siendo un excelente poeta transgresor y que luego la escritura de versos y otras líneas se convirtió en una especie de terapia que tal vez sus editores debían de haber racionado más, seleccionándola. Así se fundó Carnaby Street está entre lo mejor suyo.
         Muchos lo vieron por última vez hace año y medio en Cosmopoética, donde dio una vez más el espectáculo que tantos sin piedad deseaban ver entrando y saliendo de la sala de la Filmoteca durante una proyección de esa obra cinematográfica por la que muchos lo conocieron; o interrumpiendo una vez y otra a los compañeros en una mesa redonda, pacientemente atendido por el catedrático y editor de su poesía Túa Blesa y por la amiga que esos días se ganó el cielo junto con la admiración –era además guapa– de los asistentes.
         Desvariaba. Antiguos amigos lo rehuían, como el poeta loco inglés John Clare se lamentaba en un poema que él vertió muy libremente pero desde la íntima identificación con el enajenado. Se reía con unas carcajadas como no las hay en el infierno. A mí, con ese acento entre cheli y algo batasuno (este último timbre se le pegaría como una enfermedad infecciosa en el manicomio de Mondragón) me preguntó en el restaurante en que parábamos a la hora de la cena si yo era policía. 
       Cada vez que muere alguien se ciñe un punto al final de su biografía como un botón negro que la cierra. Los sucesivos muertos en la familia van, paradójicamnete, señalando un camino de puntos suspensivos: el linaje continúa. Pero la muerte de Leopoldo María Panero, el último de los tres hermanos, el eslabón final, si oxidado y roto, de esa cadena, lo que señala es un solitario y ya jamás continuado punto y final.
Antonio Rivero Taravillo.

lunes, 10 de febrero de 2014

Falange y literatura

José Carlos Mainer
RBA. Barcelona, 2013. 528 páginas, 23 euros
RAFAEL NUÑEZ FLORENCIO | 15/11/2013 |

Dionisio Ridruejo y Pedro laín Entralgo

José Carlos Mainer
La primera edición de Falange y Literatura apareció en 1971, en la extinta editorial Labor y en una colección literaria que dirigía Francisco Rico. Aun tratándose básicamente de una antología, con un esclarecedor estudio preliminar, tuvo un gran impacto en su momento y durante muchos años constituyó una referencia insoslayable no sólo para los estudiosos de la literatura española entre los años veinte y el decenio de los sesenta, grosso modo, sino para todos los que se interesaban por la cultura, la ideología y hasta por la política del primer franquismo. Su autor era entonces un joven y poco conocido profesor de Literatura que, con el tiempo, se iba a convertir en una autoridad en la historia literaria de España de los dos últimos siglos, José-Carlos Mainer (Zaragoza, 1944).

Responsable, en efecto, de una de las más sólidas y extensas producciones bibliográficas sobre las letras hispanas recientes, Mainer ha sabido combinar en sus trabajos una erudición impresionante con una gran capacidad divulgadora, del mismo modo que sus análisis literarios, lejos de limitarse a los aspectos técnicos o formales de las obras, siempre han dibujado con precisión el contexto social y político en el que se mueven sus autores.

De todo ello es buena muestra este libro, una engañosa segunda edición que no puede ser más oportuna. Decimos engañosa porque este volumen, tanto en su amplia (casi 200 páginas) y espléndida introducción como en su contenido, es más un ejemplar de nuevo cuño que una mera adaptación del que vio la luz hace más de cuarenta años. El mismo autor reconoce en una nota preliminar que la nueva redacción es mucho más extensa y que “no ha dejado línea sin ampliación ni dogmatismo sin atenuante”. El esquema, eso sí, sigue siendo el mismo: un cuidadoso análisis previo y una certera selección de textos. La alusión que hemos hecho a su oportunidad no necesita glosa alguna, pues se comprenderá que el tomo primigenio era prácticamente inencontrable, más allá de algunas bibliotecas y librerías de viejo.

Pero es que además, como bien puede barruntarse, la bibliografía sobre el tema en estas últimas cuatro décadas ha sido copiosa (Carbajosa, Mechthild, Jordi Gracia, Martínez Cachero, Trapiello…) Mainer no sólo recoge en su documentado estudio preliminar esas aportaciones sino que hace una relación bibliográfica actualizada y comentada. Los ocho epígrafes que vertebran la antología propiamente dicha (desde 'los precursores' al 'humor y la fantasía', pasando por las 'memorias generacionales', la 'guerra y los héroes'” o los 'caminos para el arte') tienen a su vez, cada uno de ellos, unas breves páginas de presentación.

En consonancia con lo que antes se decía sobre el enfoque pluridisciplinar de Mainer, conviene también dejar claro que en estas densas páginas va a encontrar el lector mucho más de lo que dice el título. Aquí no solo aparecen la Falange y los falangistas sino otros muchos autores (conservadores, católicos, integristas, simples franquistas) que buscaron su lugar bajo el sol de un régimen autoritario y dogmático pero hasta cierto punto ecléctico. Por haber, hubo hasta quienes (Laín Entralgo) aspiraron a presentarse como herederos o continuadores de una tradición anterior (en particular el 98 y Ortega). Y tampoco se habla solo de literatura en sentido estricto, sino de empresas literarias y culturales, de diarios y revistas, de ensayo, filosofía y política. Dar cuenta de ese abigarrado panorama es imposible en esta breve nota. De la elitista Escuela Romana del Pirineo a la popular La Ametralladora, cupo casi de todo, como el belicismo exaltado de García Serrano o Ximénez de Sandoval, la alta cultura de Escorial, la brocha gorda de Tomás Borrás, las excentricidades de Giménez Caballero, el terror rojo según Foxá, la ambigüedad de Eugenio d'Ors o el refinamiento de Antonio Tovar, Luis Rosales o Luis Felipe Vivanco. 

Rafael Sánchez Mazas lee 'Rosa Kruger' a los refugiados de la Embajada chilena, en 1936.

  Se dieron también, naturalmente, trayectorias disímiles, desde los que tuvieron que acomodar su 'idealismo' fascista de primera hora a las exigencias del régimen hasta los que se pasaron a la oposición democrática o protagonizaron una aparatosa disidencia (Dionisio Ridruejo). De todo ello y de mucho más da cuenta Mainer en este volumen muy recomendable.

viernes, 24 de mayo de 2013

Alonso subraya que Caballero Bonald, Rosales, Alberti, Zambrano y Ayala conforman un quinteto "irrepetible"

A Luis Rosales, Rafael Alberti, María Zambrano y Francisco Ayala se une el martes 23 de abril, 'Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor', José Manuel Caballero Bonald, que recibe el que posiblemente sea el galardón más importante de su amplia trayectoria, como es el Premio Cervantes 2012.

SEVILLA, 23 (EUROPA PRESS)

Se une así su "virtuosismo multidisciplinar" a la "poesía de lo cotidiano" de Rosales, al "vanguardismo comprometido" de Alberti, a la "razón poética" de María Zambrano y a la "lucidez crítica" de Ayala para componer una biblioteca "exquisita" dentro de las Letras españolas y universales.
Así, y en una entrada en su blog titulada 'Caballero Bonald y el quinteto andaluz de las Letras españolas', recogida por Europa Press, Alonso destaca que el poeta gaditano es un autor capaz de cultivar la novela, la poesía, el ensayo, los artículos o la investigación flamenca "con la misma pasión que desarrolla una militancia cívica ajena al sectarismo y reconfortante por su compromiso".
Subraya, además, que "orgulloso de Andalucía, su obra respira la tierra a la que pertenece por nacimiento y experiencia vital", toda vez que resalta que "cuidada de estilo y léxico", dicha obra "ha sabido atrapar a miles de lectores, entre los que me encuentro, y trasladar tanto sus recuerdos de niñez y adolescencia como la vida social y política de España desde la dictadura".
"Andalucía se siente orgullosa de contar con él, y al calor que está recibiendo en estos días de numerosos andaluces, la Junta de Andalucía se ha querido sumar reconociéndolo como 'Autor del Año' para lo que ha programado un conjunto de acciones entre las que destaca la publicación de la antología poética 'Vivo allá donde estuve'", recuerda el consejero.
De este modo, Alonso anima a "aprovechar" esta circunstancia "para volver a redescubrir su obra y animarnos, por ejemplo, en este ''Día Mundial del Libro', a leer su última creación titulada 'Entreguerras', una autobiografía en verso donde aúna sus memorias con la influencia de los autores que han marcado su existencia".
"Esta es mi recomendación personal en un día tan especial para los que nos consideramos amantes de la lectura", destaca el consejero, al tiempo que anima a los lectores "a recomendar aquel libro que le inspiró el alma o aquella obra que transformó sus percepciones". .
Por último, Alonso comparte una reflexión de la directora general de la Unesco, Irina Bokova, que afirma: "La bibliodiversidad es nuestra riqueza común. Hace del libro mucho más que un objeto puramente material, a saber, la más bella invención del ser humano para el intercambio de ideas más allá de las fronteras del espacio y el tiempo".

viernes, 9 de noviembre de 2012

Juan Van-Halen obtiene el Ciudad de Melilla

El poemario premiado se titula «Bajo otro tiempo»


Juan Van-Halen obtiene el Ciudad de Melilla
Juan Van-Halen, en una imagen de archivo
ABC

El poeta Juan Van-Halen ha obtenido el XXXIV Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla con su obra «Bajo otro tiempo». El galardón está dotado con 18.000 euros y la obra será publicada por las colecciones Visor de Poesía y Rusadir.
El jurado estuvo presidido por el catedrático de Literatura Antonio Garrido y concedió el galardón por unanimidad. El propio Garrido destacó «la novedad, el desgarro y la intensidad» del libro ganador. Van Halen ya ha obtenido con anterioridad importantes premios, como el Fray Luis de León, Francisco de Quevedo, Rabindranath Tagore, Rafael Alberti y Tiflos. Es vocal del Patronato del Instituto Cervantes.
El galardón melillense ha sido obtenido con anterioridad por un buen puñado de grandes poetas como Alfonso Canales, Luis Rosales, Luis Alberto de Cuenca, Almudena Guzmán, Pablo García Baena, Ángel García López, Clara Janés y Vicente Gallego, entre otros. 

Fuente: Diario ABC

martes, 11 de septiembre de 2012

¿Qué es ser comunista?

Por su interés reproducimos este artículo de Ussía para La Razón que recoge el espíritu reivindicador de este blog.

¿Qué es ser comunista?

Alfonso USSÍA Domingo, 9 de septiembre de 2012









   Foto: Google
La Derecha española, democrática, libre y progresista, tiene que dejarse de complejos. Esa debilidad es la que anima a crecer el sectarismo de determinada Izquierda, nada democrática por cierto. ¿Es democrática la ignorante «seño» comunista que impide un homenaje a Agustín de Foxá? No lo puede ser.
El objetivo del comunismo nunca fue la libertad y la democracia, sino el poder. La libertad, en la España del último tramo republicano, en la URSS, en los países del Telón de Acero, en Cuba, en Corea del Norte, en donde hayan padecido la experiencia del comunismo, jamás existió. ¿Bienestar a cambio de libertad? Tampoco. El comunismo, económicamente, ha sido una ruina. Prisión y ruina. El bien supremo del ser humano, después de la vida, es el de la libertad. Hay que dejarse de complejos. Una buena parte de estos ignorantes que exteriorizan su memez y su incultura amparados en una norma prescindible, militan en el comunismo o el socialismo sectario porque se sienten enfadados con la vida. Sólo ellos son capaces de borrar el nombre de un héroe del siglo XIX español de una calle de Sevilla para sustituirlo por el de una actriz secundaria y de reparto cuyo único mérito ha sido liderar al sector más politizado del cine hacia el desprecio general.
Resulta penoso el sistemático silencio de la Derecha ante las humillaciones de una Izquierda alzada que somete su reacción. Un comunista no puede hablar de democracia. Un comunista no puede dar lecciones de libertad. Un comunista no tiene ningún fundamento para usar la imagen del progreso. Están ahí, estancados en su derrota y en su rencor. Pero son maestros en la manipulación y la propaganda, eso que tan rematadamente mal hacen los políticos de la Derecha. La Ley de la Memoria Histórica no contempla a Paracuellos del Jarama, por poner el ejemplo más sangriento de nuestra Guerra Civil. Y setenta años más tarde, prohíben un homenaje a un gran escritor que no mató a nadie. A Santiago Carrillo, el actual ministro de Educación, le hizo «Doctor Honoris Causa» dos años atrás. Y la reacción de la Derecha democrática fue respetuosa y tolerante.
La colaboración de Rafael Alberti en la tortura de presos en la checa de Bellas Artes ha pasado desapercibida. El Sistema no permite que un poeta comunista haya sido, además de prodigioso poeta, una mala persona. ¿Se figuran a José María Pemán, o al reconvertido Ortega y Gasset disfrutando del dolor de unos prisioneros republicanos? Son maestros en borrar las sombras de los suyos y los nubarrones de la Historia. La Guerra Civil fue una clamorosa reunión de canalladas, en un bando y en otro. Pero sólo se recuerdan y condenan las del lado de los vencedores. El victimismo de la derrota vende muy bien.
Agustín de Foxá era de derechas, como Dionisio Ridruejo, Eugenio Montes, Luis Rosales, Pedro Laín, Leopoldo Panero, Rafael Duyos, José María Pemán, José Luís López Aranguren, Rafael García Serrano y Ernesto Giménez Caballero. Escribieron y no mataron. No aceptarlos por su condición de «fascistas» desde el comunismo y el socialismo resentido, produce estupor y vergüenza ajena. Póngase fin, ya es hora, al complejo de inferioridad y al silencio. Ningún comunista puede dar lecciones de libertad, vida y democracia a nadie.

________________________
* Ildefonso María Ciriaco Ussía Muñoz-Seca, más conocido como Alfonso Ussía es un periodista, columnista y escritor español. (1948 - ....)

jueves, 23 de agosto de 2012

Luis Rosales en la Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional afronta un mes de septiembre cargado de actos culturales.
lainformacion.com
La inauguración de dos exposiciones, la primera dedicada al fotógrafo hispano húngaro Juan Gyenes, y la segunda, 'El libro como...', en la que el protagonista principal es el público, marcan la programación cultural de la Biblioteca Nacional de España en el mes de septiembre.
El día 13 se inaugurará 'Gyenes. Maestro fotógrafo', que reúne las imágenes más relevantes de Juan Gyenes (1912 - 1995), uno de los fotógrafos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, cuya cámara fue testigo de los más importantes acontecimientos políticos, culturales y sociales de su época.
La muestra, que estará expuesta hasta el 18 de noviembre, se articula en cinco apartados: fotos icónicas, álbum personal, retratismo, artes escénicas y rarezas. Gyenes retrató en blanco y negro la España del siglo XX, importándole más la luz que las ideologías.
Por otro lado, el jueves 27 se abrirá al público la exposición 'El libro como...', organizada por la BNE y Acción Cultural Española (ACE), que se podrá visitar hasta mediados de enero del próximo año.
En ella se plantea una intervención interactiva a partir de objetos y libros de artistas de la BNE, cuya percepción será modificada y completada a través de sonidos, imágenes de vídeo y olores, alcanzando la transmisión de experiencias sensoriales por medio de los libros, en un intento de reflexión sobre el futuro del libro como soporte artístico.
VOCABULARIO PROVINCIAL AMERICANO
El martes 18 se presentará el libro 'Vocabulario provincial americano y otros léxicos' de Bartolomé José Gallardo, con introducción y transcripción de Francisco Calero y Valentín Moreno. Editado por la Biblioteca de Extremadura, dentro de los actos Extremadura en las Cortes de 1812, es el número 6 de su colección Alborayque Libros.
Coincidiendo con la exposición 'El mito trágico de Raquel Meller' (1888 - 1962), el miércoles 19 a las 18:30 horas , se proyectará la cinta Carmen, de Jacques Feyder, con la colaboración de la Filmoteca Española. El jueves 27 se celebrará la conferencia Luis Rosales: un poeta en su selva a cargo de Luis Rosales Fouz. Se trata de un homenaje a Luis Rosales con motivo del Tricentenario de la BNE.
Por otro lado, los martes y viernes de septiembre, a las seis de la tarde, continuará el ciclo de cine homenaje a Tarzán, con motivo del centenario de la publicación de la primera novela del personaje, creado por Edgar Rice Burroughs en 1912. Se verán en versión original las películas 'Tarzán de los monos', 'Tarzán y su compañera', 'La fuga de Tarzán' y 'Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos'.
En septiembre continúan las visitas guiadas al Museo de la Biblioteca (de martes a viernes, de 11 a 14 horas), al Museo y al Salón de Lectura (para grupos, los martes a las 17:30 h, y los miércoles y jueves a las 17:00 h. Para el público en general, martes y viernes a las 17:00 h, y el último sábado del mes a las 12:00 h), y a la BNE (para grupos especiales de profesionales y universitarios, organizadas en función de sus intereses específicos, previa petición).

viernes, 20 de abril de 2012

Leopoldo Panero, poeta del dolor y el estoicismo

Libros

«En lo oscuro»: Leopoldo Panero, poeta del dolor y el estoicismo

Una antología recupera a uno de los grandes nombres de nuestra lírica, cuando se cumplen 50 años de su muerte

Día 08/03/2012 - 17.10h
«En lo oscuro»: Leopoldo Panero, poeta del dolor y el estoicismo
teodoro naranjo domínguez

Panero, Leopoldo Panero, la voz de un alma herida. Quizá no fue el hombre más alegre de nuestra poesía contemporánea. Acaso tampoco el más dicharachero, pero la hondura de sus versos, su aliento humanísimo, su precisión emotiva, siguen intactos medio siglo casi ya su muerte, cuando una angina de pecho se lo llevó en su querida tierra leonesa, un 27 de agosto del 62, a los cincuenta y tres años.
Leopoldo Panero, como un San Sebastián de nuestra poesía, llevaba sobre el cuerpo todas las saetas envenenadas de nuestra Guerra Civil y aquella posguerra interminable, en la que vistió la camisa azul y mezcló versos extraordinarios con el yugo y las flechas, la mística joseantoniana (probablemente más sentimental que otra cosa) con cantos inolvidables como «La estancia vacía», de 1944, de tono parecido e igual de emocionante que «La casa encendida» de su buen amigo Luis Rosales, y publicada en el mismo año que otros títulos imprescindibles de nuestra lírica de posguerra: «Sombra del paraíso», de Vicente Aleixandre, e «Hijos de la ira», y su más de un millón de cadáveres, de Dámaso Alonso.
«En lo oscuro»: Leopoldo Panero, poeta del dolor y el estoicismo
Georges Roualt
Portada de la antología de Cátedra dedicada a Leopoldo Panero
Panero no era una de aquellas iglesias sin bendecir, aquellos hombres que no conocen el dolor como escribía Luis Rosales, porque Leopoldo Panero parecía llevar cosido al alma un dolor supremo, dolor erigido sobre las queridas ruinas de la infancia y la adolescencia en Astorga, dolor de los padres que nos dejan, dolor de estar a cinco minutos (o diez metros, como prefieran) de ser ejecutado por «rojo» (por solidarizarse con Socorro Rojo Internacional) en los primeros días de la España rebelde, dolor de su querido hermano Juantambién grandísimo poeta alférez provisional entre los de Franco, y que moriría muy joven, en 1937, con apenas 29 años, en un accidente de circulación, dejando nuestro poeta trastornado por la pena: «A ti, Juan Panero, mi hermano, / mi compañero y mucho más; / a ti tan dulce y tan cercanio; / a ti para siempre jamás».
Y luego los días de la hambruna en los 40, las mondas de patata que comía más de media España, en aquellos días en los que Jaime Gil de Biedma vio cómo «media España ocupaba España entera».
«En lo oscuro»: Leopoldo Panero, poeta del dolor y el estoicismo
ABC
Ejemplar de la revista «Escorial», una de las más destacadas de la posguerra
Panero fue hombre que en la distancia se nos antoja hondo de corazón como tan honda fue su poesía, vinculada a la Generación del 36 (Ridruejo, Rosales, Vivanco, Valverde...¡qué generación!) y a la revista «Escorial».
Tres eran tres sus hijos, Juan Luis, Lepoldo María y Michi (también poetas los dos primeros) y Felicidad Blanc, su esposa, que en aquella terrible película de Jaime Chávarri del 76, «El desencanto», casi un reality show, ajustaban dramáticas cuentas con su padre y con la España que él representaba, cara al sol, con la camisa nueva.
Pero media siglo después, al margen de la despiadada historia, es su poesía, inmensa, como si alguien te escanciara el corazón de hermosura y desconsuelo, lo que queda, lo que perdura, lo que es inmutable.
Poesía felizmente recuperada ahora en una extraordinaria antología «En lo oscuro» (Cátedra, Letras Hispánicas) con no menos extraordinaria del profesor Javier Huerta Calvo, autor también de uno de los estudios más exhaustivos que se han realizado del poeta astorgano, no tan conocido entre nosotros como debiera, algo, desgraciadamente común en toda su generación, sin duda apostasiada por la putañera Guerra Civil.
Demos paso, pues a Leopoldo Panero, un estoico del siglo XX.

El templo vacío (fragmento)

lunes, 19 de marzo de 2012

Marbella ‘Habla curso rimado’ para acercar la poesía a los estudiantes

Cultura pone en marcha una nueva edición del ciclo ‘Hablar curso rimado’ para acercar la poesía a los estudiantes
Escrito por Ayuntamiento de Marbella   


Jose María Hinojosa
Jose Antonio Muñoz Rojas


La concejala de Cultura y Enseñanza, Carmen Díaz, ha presentado esta mañana una nueva edición del ciclo ‘Hablar curso rimado’, que contará con la coordinación del catedrático de Literatura Española de la Universidad de Málaga, Antonio Gómez Yebra, con el objetivo de acercar la poesía a los estudiantes del municipio.
El ciclo dará comienzo mañana miércoles, 14 de marzo, en el Teatro Ciudad de Marbella, a las 12.00 horas, con una lectura de poemas de Luis Rosales, que contará, como poeta invitado, con la colaboración del escritor Antonio Aguilar, que es Doctor en Filología Hispánica y Catedrático de Lengua y Literatura.
Luis Rosales
La siguiente jornada se celebrará el 18 de abril, en el mismo espacio y a la misma hora, con poemas de Vicente Aleixandre; mientras que las dos últimas citas, a falta de concretar la fecha, serán sobre poemas de José Antonio Muñoz Rojas y José María Hinojosa.

Al igual que en la edición anterior, en la que participaron más de 1.600 alumnos, se realiza la presentación inicial de la figura de cada uno de los poetas y, a continuación, los jóvenes tienen la oportunidad de leer en público fragmentos de sus obras más representativas.

martes, 28 de febrero de 2012

La carta perdida de Leopoldo Panero

De izquierda a derecha y en pie, Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Luis Rosales,
Antonio Espina, Luis Felipe Vivancos, J.F. Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda
y Juan Panero. Sentados están, Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Díez-Canedo,

Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y José Bergamín. Gerardo Diego, en el suelo.
 
 En 1969 publicó Luis Rosales en Ediciones Cultura Hispánica El contenido del corazón. Ese libro iba dedicado así: “Hoy como ayer a Leopoldo Panero”, y en el “Prólogo a manera de justificación” insistía Luis: “Publiqué esta versión integramente en el periódico ABC, dedicándola entonces a Leopoldo Panero, que en tantas cosas fue mi ejemplo y en todas mi amigo”. La amistad de ambos poetas fue poco menos que proverbial y estaba comprendida en un círculo más amplio, pero no menos exclusivo, formado por Laín, Maravall, Aranguren, Valverde, Vivanco, Ridruejo, tal vez incluso Zubiaurre y Alfonso Moreno. Puede que esta relación sea inexacta, ya que no hago más que rememorar de referencias. Tan juntos iban siempre esos nombres que un ingenio satírico acuñó para dos de ellos la expresión “Rosanco y Vivales”, me figuro que a raíz de la publicación por ambos de la magna recopilación de la Poesía heroica del Imperio. Hablando de Imperio, al morir en Sevilla el insigne americanista don José Antonio Calderón Quijano, en la gacetilla necrológica aparecida en ABC se enumeró entre sus méritos el de haber suministrado a los diplomáticos Castiella y Areilza la documentación que les permitió escribir al alimón una obra célebre en su día. Esa obra se titulaba Reivindicaciones de España, y junto a ellas resultaban modestitas las pretensiones que Franco antepuso a Hitler en Hendaya como condición para entrar en la guerra. Terminada ésta, coincidió Foxá con sus dos compañeros en el Palacio de Santa Cruz y les dijo:

- Tengo entendido que van a editar ese librito vuestro en formato de sello de Correos… Así os lo podréis tragar con mayor facilidad.

En ese círculo de amigos la trinca que más sonaba era, ya digo, Panero, Vivanco y Rosales, una especie de línea media de la poesía española que sustituía a aquellas legendarias líneas medias de nuestras aficiones deportivas de trasguerra: Gabilondo, Germán y Machín; Celaya, Bertol, Nando; Alconero, Félix, Mateo; Huete, Ipiña y Lecue… Sin embargo, cuando yo llegué a Madrid y empecé a frecuentar el bar del Instituto de Cultura Hispánica y la redacción de Cuadernos Hispanoamericanos, esa línea media quienes la formaban eran Panero, Rosales y Souvirón, José María Souvirón, que volvió de Chile y residía en el colegio mayor Cisneros.

Yo de Panero conocía Escrito a cada instante en aquella colección de “La encina y el mar” ilustrada por José Caballero; había oído recitar, magistralmente por cierto, En las manos de Dios a Carmina Morón, y algo me había llegado de la polémica y los epigramas en torno al Canto personal, carta perdida a Pablo Neruda, respuesta airada a las infamias del Canto general. Con infamias y todo, el Canto general fue un acontecimiento poético en el que el gran poeta Neruda dio lo mejor y lo pero de sí mismo. También carmina Morón recitaba, y cómo, Abraham Jesús Brito, (poeta popular), pero junto a esas estampas entrañables de gente humilde de América, a las etopeyas de sus héroes y a descripciones caudalosas de su naturaleza, había explosiones de mala prosa en verso con insultos de baja ley y peor estilo. Nada de esto podía rebajar la calidad monumental del poema. Me comentaba entonces en Sevilla un becario canario de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos que tampoco las pasiones políticas del Dante menoscaban La Divina Comedia.

Leopoldo Panero tuvo el arrojo de recoger el guante y replicar a su antiguo amigo del Caballo verde de la poesía, y escogió para ello la forma clásica de la epístola moral. Yo no puedo decir, aun hoy, que en el Canto personal no haya altibajos; también los hay en el Canto general y no por eso voy a decir de su autor que es, como decía Juan Ramón, un “gran mal poeta” o, como creo que dice Trapiello, un “gran poeta menor". A mí me sobran tanto esos adverbios como la biografía de Neruda, y sigo creyendo que el Canto personal es uno de los grandes monumentos de nuestras letras.

No conozco el prólogo que Ridruejo le puso al Canto personal; sólo sé que, años después, a propósito de no sé qué, me dijo Ridruejo: “Neruda miente”. El caso es que la mayor virtud de ese “gran mal poema” es su mayor defecto, que es la desorganización. Poema de acarreo, cabe muy bien precindir en su lectura de toda la basura política que lo lastra, en tanto que en el de Panero, su misma estructura de tercetos encadenados no permite saltarse los ripios que fuerza la vehemencia polémica, por muy limpios que sean sus motivos. El poema de Neruda es un río tan torrencial y caudaloso que disuelve y disipa toda la basura que en el cauce principal vierten las cloacas de los poblados por los que pasa. En cambio, el de Panero es una construcción arquitectónica en la que a la fuerza se ha de notar la calidad de los materiales y el acierto con que estén colocados. Lo dinámico y amorfo tiene más defensa que lo estático y cristalino.

Tuvo además otra cosa en su contra la ambiciosa epístola de Panero, cual fue la de ser expresión de la filosofía política oficial en lo referente a la Hispanidad, a la que Panero llevaba prestando servicios relevantes. Bastaba que el poema resultara adicto al Régimen para que sólo viéramos en él los ripios y las disonancias, con gran indignación por cierto de Rafael García Serrano, que desde Arriba o desde una de las revistas del S.E.U., salió en su defensa arremetiendo contra los exquisitos que lo criticaban “cogiéndose la pluma con un papel de fumar”. Uno de ellos, Blas de Otero, le dedicaría un epigrama que me llegó por tradición oral: Carta perdida. No creo / que llegara a su destino / llevando tanto “franqueo”. A Blas de Otero, en cambio, no se le tuvieron en cuenta los ripios y prosaísmos abominables en que consistió su obra a partir de En castellano, pues por algo, como era público y notorio, era maníaco-depresivo y miembro del Partido Comunista. Suya es también esta perla: Voy a China, / a ver si me oriento.

Hoy, en una situación política invertida en todas las acepciones del término, cabe leer el Canto personal sin las reservas de antaño, sin los prejuicios y las anteojeras con que, en cualquier época y bajo cualquier régimen, leemos todo aquello que directamente agrada o beneficia al Poder. De este modo cabe comprobar que, si el poema en cuanto tal es un poema frustrado, tiene largas tiradas de tercetos de una inspiración, una solidez, un colorido y una sonoridad inmejorables: Recuerdo que en Colombia hay una espada / enterrada en un pico, en nieve pura, / con trote y esqueleto de nevada. / Recuerdo el Magdalena a larga altura,/ cortando la distancia del planeta / como surca una yunta Extremadura. O bien: Una guerra es un íntimo combate, / y no una voluntad a sangre fría: donde cae Federico, el agua late; / donde cayó un millón, la tierra es mía. / Unos caen, otros quedan, nadie dura; / y tan sólo el Alcázar no caía. Cito estas estrofas porque constituyen el arranque de tiradas que tratan respectivamente de la naturaleza y de la historia; en las que el poema remonta el vuelo épico en alas de lo descriptivo y lo narrativo. Evocan además algo que entonces escocía mucho y sigue escociendo al antifascismo monomaníaco: la gesta del Alcázar de Toledo.

Hay obras literarias cuyo mayor acierto está en el título. Tal ocurrió en aquellos mismos años con El Jarama, excelente “ejercicio de redacción”, como decía Ignacio Aldecoa, pero cuyo título evocaba una de las más gloriosas derrotas del bando que en Toledo sufrió uno de sus fracasos más bochornosos. Pero eso no bastaba. Cuando, a mediados de los años 70, se cumplió la profecía de Ganivet y España fue por fin pasto de los puercos, se trató de infligir a la memoria de Leopoldo Panero la afrenta póstuma - en la que creo que hubo reincidencia - de una película infame en la que se utilizaron los despojos de una familia deshecha y desmoralizada. Eran tiempos de asalto a la familia y al paterfamilias. Llamarle entonces a uno “paternalista” equivalía a llamarle “corporativista” o “fascista”, insultos muy eficaces con que la hez de la nación le comió la moral a más de un pusilánime. Recuerdo haberme salido en el entreacto de una plúmbea comedia de un autor de moda que tenía que ver con pájaros, en la que la actriz largaba interminables cursilerías sobre el tiránico padre difunto que tenía enjaulados a los pájaros. Por aquel entonces, la hija de Alberti, que tenía algunas desavenencias con su padre, tuvo el mal gusto de dirigirle una carta abierta en la que, con pedante fraseología de freudiana bonaerense, llegaba nada menos que a compararlo con Franco. “Matar al padre” era la consigna, o por lo menos ponerlo en la picota. Yo reaccioné con un poema titulado El desencanto de Leopoldo Panero en el que quise desagraviar a alguien que fue para mí, como para Luis Rosales, “en tantas cosas mi ejemplo y en todas mi amigo”.

Aquilino Duque 13 de Junio de 1995, El Correo de Andalucía, sección La Mirada.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Las memorias de Tapies. ¿Antifranquista?: Tampoco

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Tàpies en sus memorias: ¿Para qué servimos realmente los artistas?

"Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente importante, está parado delante de mis cuadros... Todos ríen."


ELCULTURAL.es | Publicado el 07/02/2012

Antoni Tàpies escribió esta Memoria personal (Seix Barral) que recoge, como él mismo explica en el prólogo, "las circunstancias de mi vida, las influencias recibidas, el itinerario interior que he recorrido o las búsquedas personales que se encuentran en la base de mi pintura", contemplando "no sólo su posible utilidad didáctica para otros artistas más jóvenes, sino porque también me parecía que me ayudaría a tomar conciencia y a orientarme a mí mismo". Una crónica personal que abarca desde la Barcelona de la anteguerra civil al Madrid franquista y desde el París del existencialismo al Nueva York de los años cincuenta; y por la que desfila una fascinante galería de personajes que son emblemas de nuestro tiempo -de Picasso a Miró, o Duchamp-. En el centro de su autobiografía, la obra pictórica, iluminada por la palabra.



El director de aquellos cursos era el que posteriormente sería director general de Bellas Artes, Gratiniano Nieto. Tenía noticia, por Alexandre Cirici y otros que habían asistido, de que el año anterior había habido igualmente algunos actos bastante sugestivos por la calidad del público y porque se prestaban a un diálogo interesante. Acepté y, con Teresa, que ya esperaba el primer hijo, emprendí el viaje. Nos acompañó Tharrats, en sustitución de Joan Teixidor, que era quien primeramente yo había propuesto para hablar de la evolución de la nueva pintura en relación con los otros hechos culturales de Barcelona en aquellos últimos años, el cual no pudo venir.
Tapies y Eugenio D,Ors

Hicimos escala en Burgos, que no conocíamos, y pasamos luego unos días muy agradables en la simpática ciudad del norte, donde encontramos a otros amigos que ya conocíamos, como Gaya Nuño y su mujer, que estaba allí para hablar de Cossío en el mismo ciclo de la universidad, y algunos otros más. Volvimos a encontrar a Luis Rosales, quien me hizo de presentador en la conferencia y con el que pasamos muy buenos ratos. Conocimos a Carola y José María Moreno Galván, cuya amistad nos ha acompañado luego siempre. También al pintor Carlos Pascual de Lara (que murió poco tiempo después), el cual fue entonces el fabuloso animador de las veladas con sus chistes, su extraña simpatía y sus imitaciones, que hacían época, de toda una galería de personajes de Madrid, viviseccionados con su humor corrosivo. El pintor Zabaleta corría también por allí vestido impecablemente de blanco. Benjamín Palencia, entrando y saliendo de su coche, saludado gorra en mano por su chauffeur. Alfonso Sastre -¡cuántas veces hemos pensado en vosotros, Eva y Alfonso!-, que ofreció una conferencia y unos diálogos a los cuales, recuerdo, prohibieron al público asistir. El pintor Pancho Cossío, de Santander, que también fue muy atento con nosotros, a pesar de la fama de mal carácter que tenía, etc.

Al acabar mi parlamento -la lectura, en realidad, de lo que llevaba escrito- hubo algunas interpelaciones un poco botarates como, por ejemplo, las de un tipo que se hizo portavoz y defensor del «realismo español», y expuso la genial idea de que en aquellos momentos era mucho más interesante pintar la capra hispanicaque hacer pintura abstracta. Aparte de esto, sin embargo, todo fue normalmente, sin grandes polémicas. Recuerdo a una persona que se adelantó a felicitarme efusivamente por lo que había dicho: era Pedro Laín Entralgo.


A partir de entonces empecé a acostumbrarme a ir a París con frecuencia, como si fuera un barrio más de nuestra ciudad. Asistí a la inauguración de la colectiva de todos los pintores y escultores que habíamos formado el equipo de la galería Stadler y al cabo de poco volví para mi exposición personal. A continuación, Stadler se ocupó de otras exposiciones que me solicitaban para diferentes puntos de Europa.

Cuando se celebró en Barcelona una de las Bienales Hispano-Americanas que organizaba el Instituto de Cultura Hispánica, me pareció oportuno en aquella ocasión aceptar la invitación, ya que creía que sería un buen momento para que todo Barcelona viera mis nuevas pinturas de entonces. Tanto en Europa como en Estados Unidos la cosa ya rodaba bastante y mi nombre iba haciendo poco a poco su camino. En cambio, aquí siempre todo había sido de minorías, y tal vez entonces, me pareció, tenía la ocasión de dar un golpe.

Las circunstancias echaron abajo casi completamente mis planes, porque la comisión que tenía el cometido de aceptar las pinturas que se presentaban rechazó algunas mías y yo estuve a punto de retirarme indignado. La intervención de Joan Ainaud de Lasarte, quien hizo de hombre bueno, me convenció para que presentara otras realizadas exactamente en el mismo tiempo y con características semejantes, pero que el jurado creyó mejores, y la cosa siguió adelante, aunque no por el cambio de obras, de ello estoy seguro, sino porque empezaba a trascender, con escándalo, mi protesta. (Las telas rechazadas, al cabo de pocas semanas, pasaron a manos de uno de los mejores coleccionistas de Europa: Philippe Dotremont, de Bruselas.) Recuerdo que Joan Ramon Masoliver también me prestó su apoyo, y creo que su intervención fue decisiva sobre todo para que los cuadros quedaran colgados dignamente.

Cuando, con Teresa, visité la exposición, encontramos mis pinturas tan absolutamente diferentes de todas las demás expuestas y tan fuertemente desoladas y desplazadas, que nos pareció inmediatamente que aquello realmente armaría un alboroto. Además, no sé si por casualidad o por picardía de los que los pusieron, justo en el medio, encima de mis tres grandes cuadros, había un cartel, como en todas, las salas para distinguir los países, que decía: ESPAÑA.

Efectivamente, no nos equivocamos, y, el alboroto surgió. Me oí decir de todo en los periódicos y tanto los elogios como las burlas, que fueron mayoría, se encarnizaron durante semanas. Yo me lo tomaba como una desgracia, pero recuerdo que nuestro amigo Prats, con su experiencia, me consoló diciéndome que ni, pagando una fortuna se podría nunca conseguir la publicidad que me hicieron aquellas polémicas y todo aquel torrente de letra impresa que me cayó encima, lo que al fin y al cabo beneficiaba la difusión de mis imágenes, que era lo que en definitiva interesaba. Por desgracia o por suerte, nunca lo sabré, era una exposición local y las cosas no trascendieron fuera del país tanto como creíamos.

[...]

Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente importante, está parado delante de mis cuadros en una de las Bienales Hispano-Americanas. En un rincón del grupo está Llorens Artigas medio escondido, tapándose la cara para no ser sorprendido por los fotógrafos. Todos ríen. Según Artigas, alguien, creo que era Alberto del Castillo, le decía a Franco: «Excelencia, ésta es la sala de los revolucionarios.» Y parece que el dictador dijo: «Mientras hagan las revoluciones así...»


¿Para qué servimos realmente los artistas? ¿Qué son estos hechos tan inofensivos ante la marcha implacable de los poderosos de la historia? Arena, granos de arena, cosas insignificantes que a menudo hacen reír, miserables... ¡gotas de agua! De cualquier modo, tal como dice Hermann Hesse: «El agua es más fuerte que las rocas, el amor más fuerte que la violencia.» Thoreau y Gandhi también enseñaron la desobediencia civil.1

Aquellos últimos años ya había tenido ocasión de prestar atención al budismo en general, lo que no he dejado de hacer con los años. El antiguo camino de Buda, el «pequeño vehículo» o budismo hinayana, había sido la base necesaria de mi estudio. Incluso tuve la voluntad de dedicar parte de un verano a la traducción del inglés al catalán (manuscrito que conservo) de una serie de capítulos de la exposición hecha por Piyadassi Thera: las cuatro nobles verdades, los tres aspectos del dolor, los estados condicionados, el análisis de los cinco grupos o agregados mentales, el origen del dolor, la interrelación e independencia de todos los fenómenos, las acciones y reacciones, el proceso kármico, el cese del dolor, la extinción del deseo, el vacío perfecto, el óctuple camino... Y tantas cosas que se desprenden de estas verdades esenciales que todavía prestan soporte a ideas y prácticas necesarias al hombre «alienado» de hoy: su disposición puramente humana, no mesiánica ni venida de ningún más allá, absolutamente democrática y contraria a las castas, a favor de la liberación de la mujer, del libre pensamiento, de la investigación crítica, de la búsqueda no sólo teorética, sino mirando esencialmente a la vida...

Y todo eso se me hacía todavía más patente ahora en el Mahayana, en el Tx'an (Zen en japonés). «Se leen libros, se asiste a conferencias, se escuchan ávidamente muchos sermones, se ensayan diversos ejercicios religiosos, diversas disciplinas. Y, naturalmente, también llega un momento en que nos preguntamos qué es el Tx'an», dice su más importante propagador, el maestro Suzuki.

Para el intelectual de hoy, para quien son insuperables los preámbulos de la fe religiosa pero que, en cambio, parece necesitado de preservación o de creación de tantos y tantos valores espirituales, de una comprensión unitaria del Universo, tan necesaria para nuestro equilibrio psíquico, encontrarse con el Tx'an es como el respiro aliviado de quien reposa después de un largo camino. Encontrarme de repente con los fundamentos tan terriblemente sencillos de aquel pensamiento, sin necesidad de dioses, ni dogmas, ni ritos, ni escrituras, fue una revelación que, por su increíble modernidad, me causó una gran atracción. En conjunto, la influencia del hinduismo y del budismo (del Tx'an especialmente) ha sido un gran impacto y una lección inmensa sobre algunos escritores y artistas, en mucho de lo que se ha llamado luego «contracultura», y las consecuencias han de ser forzosamente todavía de gran entidad. Éstas han sido, naturalmente, muchísimas; incluso las revisiones y los intentos de apertura, por ejemplo, de un sector de la Iglesia católica, tan anquilosada hasta ahora, son una prueba de ello. 


 

1. Véase H. D. Thoreau, La désobéissance civile, J. J. Pauvert, París, edición del 150 aniversario de su nacimiento. También Gandhi, Autobiografía, la historia de mis experimentos con la verdad, G. Kraft, Buenos Aires, 1955. También Acharya Vinoba, La révolution de la non-violence, Albin Michel, París, 1958.


© Del libro al que pertenece el fragmento aquí publicado

Diseño original de la colección: Josep Bagà Associats
Título original: Memòria personal. Fragment per a una autobiografia (Editorial Crítica, 1977)
Primera edición en Seix Barral: octubre 1983
Primera edición en este formato y diseño: marzo 2003
© 1977, Antoni Tàpies
Derechos exclusivos de edición en español reservados para todo el mundo y propiedad de la traducción:
© 1983, 2003: EDITORIALSEIXBARRAL, S. A.
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