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martes, 8 de enero de 2013

Poetas con pistolas

"Mientras el primero aportaba versos al ‘Cara al sol’, el segundo componía odas a Stalin. Toda su obra está salpicada por las circunstancias y su posicionamiento político."

  por Kiko Méndez-Monasterio


 Para Agustín de Foxá los versos de Rafael Alberti, de Cernuda, de Miguel Hernández, es decir de casi todo el 27, “son poemas de laboratorio, sin fuerza ni hermosura, equívocos, cobardes, llorones”. Por eso declina la invitación de Luis Buñuel para asistir al estreno de la Edad de Oro, esa tarde prefirió acudir a un mitin de José Antonio. Con esa elección, al abismo estético se une la confrontación política.
Desde entonces, las figuras de Foxá y de Alberti están condicionadas por el tiempo fratricida que vivieron. El primero contribuyó con algunos versos al himno falangista –“Cara al sol con la camisa nueva, que tú bordaste en rojo ayer”–; el segundo prefería dedicarle poemas a Stalin –“Padre y maestro y camarada”–.

Agustín de Foxá: mucho más que anécdotas
Para hacerse una imagen adecuada de él, nada mejor que su autorretrato: “Gordo; con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo. Poético pero glotón. Con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro. Bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana”.
Nació en Madrid casi con el siglo, en 1903. Además de conde de Foxá y marqués de Armendáriz fue periodista, diplomático, autor teatral, académico y poeta. Sólo escribió una novela, pero es legado suficiente como para considerarlo uno de los mejores prosistas de la pasada centuria. Ahora no tiene el hueco debido en el mausoleo cultural porque nunca le han perdonado su orgullo reaccionario, su cuna aristocrática, su versátil talento y su vinculación con la Falange.
Cincuenta años después de su muerte, además de las polémicas por la necia censura con la que pretenden silenciarle, queda de Foxá su Madrid, de Corte a checa, una novela maestra por la fuerza de su estilo, como La educación sentimental, de Flaubert, pero que además se puede leer como libro de aventuras, como crónica intelectual de la época o incluso, a pesar de ser un enemigo declarado del romanticismo, como continuación de Las memorias de ultratumba de Chautebrieand, por ese guiño melancólico de quienes han conocido la dulzura de vivir del antiguo régimen.
Él contaba que logró salir de aquel Madrid chequista gracias a que se comió, mano a mano con el secretario de un ministro, los últimos cochinillos de la ciudad. Le dieron un puesto como representante de la República en Bucarest, y allí acudió, previo paso por la zona nacional, claro, para ponerse al servicio del gobierno de Burgos.
Llegó la paz aquí y la guerra al resto de Europa, y todavía, prisionero de su ingenio, se metió en líos tan gordos como él mismo llegaría a ser: diplomático en la Italia de Mussolini, fue declarado persona non grata por el Régimen: unos dicen que a causa de sus bromas inadecuadas hacia el conde Ciano; otros que por decirle a la embajadora alemana, delante de varios jerarcas fascistas, que el Reich demostraba gran valor al elegir a sus aliados. Y es que, además de su novela, su teatro, sus artículos y sus poemas, a Foxá le sobreviven sus anécdotas, tan innumerables como sus apariciones en sociedad, porque no hay quien le haya conocido y no cuente de él alguna ocurrencia genial. Eso sí, imposibles de contrastar.
Fue en Chile, dando una conferencia en la que afirmaba que en España aún se moría por honor, donde un exaltado le interrumpió diciendo que allí sólo se moría por la democracia. “Ya –contestó rapidísimo el conde–, pero eso es como morir por el sistema métrico decimal”. En España, en una tertulia, algún pelota institucional tuvo la osadía de decir que el Espíritu Santo inspiraba los discursos del Caudillo. “Mañana mismo me hago de Tiro al pichón”, apostilló Foxá.
Tenía de diplomático la carrera y la condición, pero la incontinencia de su vivísimo ingenio creó más de un problema, como cuando en una cena oficial una dama norteamericana se quejaba de que en España se criticaba mucho a los EE UU, pero gustaban mucho más los dólares. “Señora –respondió el conde–, también nos gusta el jamón y no por ello nos revolcamos con los cerdos”.
Renegar no renegó nunca, pero ya instalado en la figura de epicúreo senador romano, miraría con cierta condescendencia su etapa más juvenil: “Todas las revoluciones han tenido como lema una trilogía: libertad, igualdad, fraternidad, fue de la Revolución francesa; en mis años mozos yo me adherí a la trilogía falangista que hablaba de patria, pan y justicia. Ahora, instalado en mi madurez proclamo otra: café, copa y puro”.
Murió en 1959 sin haber pronunciado el discurso de ingreso en la Real Academia. Para la ocasión hubiese servido su mejor poema, Melancolía de Desaparecer: 


“Y pensar que después de que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas. (...) 
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja,
que he de marchar yo solo hacia el abismo
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.”

lunes, 7 de mayo de 2012

Panero, casi el alma. Por Carlos Agazo en ABC (7-5-2012)

Desde muy jóvenes, casi desde niños, Leopoldo Panero y su hermano Juan se fueron forjando como poetas y como personas en la casona familiar de Astorga, levantada muy cerca del deslumbrante Palacio Episcopal, que su tío Leoncio había adquirido a su regreso de América. Leopoldo construyó su pequeño reino de sueños en las alturas, en el palomar, y Juan extendía su territorio literario por la planta baja del palacete. Como en una novela inglesa del XIX. Mientras que Juan, un año mayor que él, se sumergía con entusiasmo en la gran herencia clásica de la poesía castellana, escribiendo aquellos versos de inspiración encendida que después cuajarían en poemarios como Cantos del ofrecimiento (1936) y Presentimiento de la ausencia (1940), Leopoldo se convirtió enseguida en un joven poeta vanguardista, formado en Valladolid, San Sebastián, Madrid, Cambridge, Tours y Poitiers, atraído por los aires del surrealismo y del dadá, y colaborador de Neruda en su rompedora revista Caballo verde para la poesía.



Cuando murió su hermano, en 1937, Leopoldo tenía 28 años. La tremenda sacudida que sufrió su espíritu le llevó no sólo a escribir, para desahogarse, un libro como Adolescente en sombra (1938), que rompía de manera evidente con sus obras anteriores, sino a emprender además un camino del que ya no se separaría nunca. Como asegura el profesor Francisco Martínez García, autor de una Historia de la literatura leonesa (Everest, 1982), al morir Juan «el torbellino de su inspiración lírica, grave, leve, transparente, sombría, pasó a sacudir los arraigados versos, aún no nacidos, de Leopoldo. Y la herencia poética de Juan no se perdió… del todo».



Si su hermano no hubiera desaparecido prematuramente; si en lugar de casarse con Felicidad Blanc, «la muchacha más bella de Madrid», lo hubiera hecho, por ejemplo, con Joaquina Márquez, la protagonista de los encendidos poemas de Versos al Guadarrama (1945), y, sobre todo, si se hubiera resuelto de otra manera el episodio de su detención en los inicios de la guerra civil, acusado de recaudar fondos para el Socorro Rojo, tal vez Leopoldo Panero no se habría convertido en uno de los iconos literarios más reconocibles del franquismo, sino que habría engrosado la lista de los epígonos de la denominada Generación del 27.

«Cristiano viejo»



Como recordaba en un poema su hijo Juan Luis, al que le regaló la pluma estilográfica de Agustín de Foxá y, con ella, su vocación poética más profunda, Leopoldo Panero fue un «cristiano viejo», pero también un «poeta húmedo», una víctima de los «ataques violentos de su propio genio»; un falangista fuera de molde que tomaba café en el Londres de los años cuarenta con Luis Cernuda y con su primo Pablo Azcárate, director del Instituto Español en el exilio, la misma institución que él dirigía de manera oficial para el régimen de Franco.



La cercha, el corsé, la contención a la que voluntariamente sometió Leopoldo Panero a sus versos, impidieron quizás que su poesía creciera en libertad absoluta, pero a cambio le dieron una dimensión única: una carga de referencias literarias, de belleza y de sugerencia que desborda, con mucho, los pretendidos cánones estéticos del garcilasismo militante de su tiempo. Un corazón con freno que se separó definitivamente del 27 para acercarse mucho más a la manera de ser y de sentir del 98. En Panero, la belleza hímnica de un Shelley, de un Wordsworth o de un Fray Luis de León al cantar a la naturaleza y al paisaje («¡oh vida retirada en lo más dulce! / ¡oh límite en penumbra, casi alma!») se imbrica maravillosamente con el sueño de Dios de don Antonio Machado o con la mano de Dios extendida sobre los campos de Castilla de don Miguel de Unamuno. Esa misma transparencia de la que después daría testimonio Claudio Rodríguez.


(El poeta Leopoldo Panero)

Un nuevo humanismo



Leopoldo Panero fue capaz de comparar en sus poemas a Federico García Lorca y a José Martí con José Antonio Primo de Rivera, y de contestar (¡con tan poca fortuna!) al Canto general de Neruda con su propio Canto personal (1953), algo que, según él, sin duda habría hecho el mismísimo Miguel Hernández si hubiera seguido vivo… Pero también fue capaz de fundar, en plena España triste de posguerra, un «nuevo humanismo» que saludaron Luis Rosales y los poetas del 36; una visión personal del mundo y de la poesía donde al hablar de amor hablaba del paisaje encendido de Castilla, y al hablar del paisaje de Castilla hablaba de Dios, situándose muy cerca del misticismo vibrante y armonioso de San Juan de la Cruz, llama de amor viva. Desde la «penumbra» (una palabra que se repite en muchos de sus poemas) de su tiempo, sin duda Leopoldo Panero persiguió cada día con denuedo el fulgor de la luz. Y la encontró en la poesía. Corazón con freno, casi un alma, que merece una lectura puramente poética, lejos de los terribles prejuicios políticos con los que la poesía española lleva caminando sin duda demasiado tiempo.

viernes, 3 de febrero de 2012

¿Quién fue María Enciso?

 Reproducimos este artículo sobre la escritora y poeta almeriense María Enciso y su relación con la generación del 36.

PASO A PASO

María Enciso

Rafael L. Aguilera 

María Enciso
MARÍA Enciso, María Dolores Pérez Enciso nació en Almería a las once de la mañana del día 31 de marzo de 1908 en una casa de la calle San Ildefonso, la numerada con el número 27, según el Registro Civil, en pleno casco antiguo de la capital almeriense, entre olores a jazmines y geranios. hace unos días la Asociación de Vecinos del Casco Histórico y el Ayuntamiento de Almería de forma loable y plausible han colocado una placa como testimonio a un homenaje de los almerienses a esta poeta intelectual, que en un agónico deambular de su corazón y su alma, en enero de 1939, en una misión oficial, Delegada de Evacuación en Bélgica de los españoles que tuvieron que ausentarse forzosamente de España, ayudó sin descanso a miles de personas en una triste peregrinación por los sórdidos e infrahumanos campos de concentración de Francia. María Enciso, mujer doliente y ahogada el pecho por la patria irremediablemente perdida, desde el primer momento se da cuenta de la tragedia, del duelo, quebranto y compasión, y manifiesta "Siento un frío de congoja en el corazón, que también siente, que también está solo, angustiado, con los seres queridos esparcidos por el mundo, aventados por los aires, como cenizas de una inmensa hoguera que la guerra encendió". En 1987 el Instituto de Estudios Almerienses publicó un libro, cuyo autor Arturo Medina, nos describió un estudio y antología de María Enciso, "Escritora Almeriense en el exilio", en donde se recoge de forma exquisita la "pequeña historia de una frustración y una esperanza", y que murió menesterosa en México, sin gozar la alegría del triunfo y del regreso. Comparto la opinión de muchos literatos, que María Enciso es la única poeta almeriense que, por cronología y por entidad, hubiera pertenecido a la generación del movimiento literario que se ha dado en llamar la Generación del 36, la gran generación - Luís Felipe Vivanco, Luís Rosales, Miguel Hernández, Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero...- a caballo entre la República y la Dictadura de Franco. 

Luis Felipe Vivanco
Su prosa "Europa fugitiva" y su poesía "Poemas de vida y llanto" podemos contemplar la propia historia de España y de Europa, entre el estatismo y lo dinámico, a través de sus protagonistas, paisaje, aconteceres y vivencias, en los que escribe con un estilo suelto todos los sucesos que desfilan delante de sus cinco sentidos; son estampas del dolor y el sacrificio fundidos en una lírica trágica de los momentos emocionales que vive su espíritu al ver la desbandada sangrienta, dolorosa y miserable de hombres y mujeres, niños y ancianos huyendo de los bombardeos y temidas persecuciones. Quiso a Almería y la llevó siempre en su alma "Vega de Almería, hueles a romero, de la serranía".
Fotografía tomada durante la comida homenaje a Vicente Aleixandre en el Restaurante “Buenos Aires” de Madrid, el 4 de mayo de 1935 por la aparición de "La destrucción o el amor”.

Vemos de izquierda a derecha y de pie a Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Luis Rosales, Antonio Espina, Luis Felipe Vivanco, J.F. Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda y Juan Panero. Sentados Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Diez-Canedo, Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y a José Bergamín. Sentado en el suelo: Gerardo Diego

http://www.elalmeria.es/article/opinion/1166704/maria/enciso.html

jueves, 13 de octubre de 2011

"Tiempo de amor y odio" nueva novela de Lídice Pepper

Foro Historia en Libertad.

"Tiempo de amor y odio" es, fundamentalmente, una novela de amor...pero a través de la cual se da un repaso a la Historia de España, desde el inicio de la II República hasta 1936, pues la novela termina con el célebre asedio del Alcázar de Toledo.

No es, pues, "una novela de la Guerra Civil", sino una novela de la II República Española. Escrita con riguroso respeto a los datos históricos del tiempo en que se desenvuelve la trama, por la autora de "El reto" -novela galardonada en 2004 por la Universidad de Murcia con el Premio Internacional de Novela Mario Vargas-Llosa- y de "Fabio, un andaluz de los tiempos de Tiberio" - publicada por la editorial Jirones de azul.

Publicada en 2010, con el tiempo se ha ido convirtiendo en una "novela maldita", pues no ha sido comentada por los grandes medios de difusión ni siquiera en Sevilla (apenas dos comentarios, siempre en ABC, uno de ellos muy valiente -del periodista J.L. Montoya, quien comentó en su recuadro "El Patio": "!La que le va a caer a Lídice Pepper por publicar esta novela!"-) Y nada más...Pese a que tuvo una brillante y muy concurrida presentación en el Círculo Mercantil de Sevilla -calle Sierpes- a cargo del periodista y escritor Nicolás Salas, otra en La Casa del Libro -calle Tetuán- igualmente exitosa, a cargo del historiador Jaime Passolas y otra, no menos destacada, en Madrid, en la librería Castellana, 45, a cargo del conocido periodista Federico Quevedo.

Novela pues, "políticamente incorrecta" y sistemáticamente ninguneada. Se trata de dos historias de amor que se entrelazan en el Madrid republicano,donde pululan personajes como Manuel Machado, José Díaz, José María Pemán,Pablo Neruda, José Calvo Sotelo, Dolores ibárruri, Pedro Muñoz Seca, Miguel Hernández... Se plantea la azarosa aventura de cuatro vidas marcadas por las difíciles circunstancias que les rodean: la quema de conventos de 1931, el asesinato de Calvo Sotelo, el Terror Rojo, el largo asedio del Alcázar de Toledo...Convirtiendo así la narración en el retrato de una época. Una novela planteada para meditar en la memoria histórica de unos hechos, que aún después de setenta años, siguen causando polémica.

Con absoluto respeto a la verdad y con un ritmo ameno y cinematográfico, los personajes de ficción se mueven en el contexto real mostrando en toda su crudeza lo que se pretende ocultar: la realidad de las "checas", de las Patrullas del Amanecer, de la influencia de la Rusia sovietica en la política española, de los "paseos" y ejecuciones anteriores a la guerra civil...así como la verdadera y heroica resistencia de los asediados en el Alcázar de Toledo. Todo ello, envuelto en el devenir de cuatro vidas - dos romances- muy diferentes: una novicia de familia acomodada y un obrero: un humilde herrero. Y una bella y modesta modistilla junto a un joven y ambicioso policía del partido comunista, implicado en tramas tan misteriosas como la planificada muerte de Durruti y el asesinato de Nin.

martes, 7 de septiembre de 2010

Miguel Hernández y los intelectuales de barro

http://www.villenainteresa.com/

Mis cumplidas felicitaciones al poeta oriolano Miguel Barcala por la genial operación de marketing gratuito a lomos d e la presentación (28.12.09 ) de su libro de poemas “El canto del cisne de un poeta” , en homenaje a Miguel Hernández, pero …. “politically incorrect” .
Se trata de un libro de poemas donde el autor ridiculiza al Presidente del Gobierno con versos como -”Zapatero el odioso, que está destruyendo España con velocidad y con saña”-, llama asesino a Santiago Carrillo, ex dirigente del PCE, “Quisiera borrar su nombre, / creando el odio a la patria, / desgarrando su bandera, / destruyendo monumentos, / en honor de ese felón de Carrillo, / que a más de asesino es pillo” y realiza una loa a la alcaldesa de Orihuela , Mónica Lorente .. “ con su porte elegante de señora”…..
El publicitado libro habría pasado desapercibido y no habría salido de la remota Orihuela de no haber tenido la sabia ocurrencia el poeta Barcala de haberlo escrito en homenaje al poeta stalinista, Miguel Hernández , y haber incluido un serie de datos biográficos que han molestado sobremanera a la “picosa” izquierdona alicantina : ese fósil de momia que aun vive a lomos guerracivilistas de la Gran Multinacional de la Mentira, falsificadora de la Memoria histórica . Cuando a la izquierdona le levantan las falditas y le dejan sus vergüenzas al aire ¡¡saltan rayos y truenos!! .
Y es que .. las fantasías de todos estos intelectuales de barro sucumben bajo las verdades recientemente desveladas, en archivos y documentos del Socialismo moscovita, por los que sabemos que M. Hernandez fue el “Poeta de la ROBOlución Comunista” al servicio del genocida Stalin para imponer en aquella negra España del ´36 su dictadura comunista de órbita soviet. .
Y es que la fantaseada leyenda que la izquierda española nos montó sobre el poeta oriolano hasta convertirlo en otro de sus idolatrados iconos, se convierte en barro a la luz de la historia. Y así hablan las fuentes.
El poeta Miguel Hernández no fue “el pobre hijo de un cabrero” como siempre nos contó la “propaganda machine” izquierdista : su padre era un acomodado hacendado que tenía buenas cuentas corrientes en la Banca Balaguer y era un adinerado granjero.
Miguel fue católico de formación : Estuvo 8 años escolarizado entre la Escuelas del Ave Maria y el Colegio de Jesuitas de Santo Domingo, cosa bastante inusual en una época en la que la mayoría de niños no iban a la escuela :fue un niño rico privilegiado cuyo padre pudo pagarle una educación PRIVADA . El sacerdote oriolano Antonio Roda, amigo de niñez del poeta y compañero de pupitre, revela en sus memorias inéditas que Miguel Hernandez era monaguillo de su iglesia , donde ayudaba a misa cada día antes d e ir a las clases ..
De los 15 a los 20 años su padre le obligó a cuidar de sus propiedades “pastoriles” porque no quería que siguiera estudiando. De ahí lo de “cabrero” …
M. Hernandez llegó tarde a la mitificada “Generación del ´27 “ :Garcia Lorca y Cernuda se lo bloquearon y estuvo vetado en los ambientes poéticos donde estaban Lorca y Cernuda y lo rechazaban y despreciaban porque “ Miguel creaba un ambiente muy tenso” . De no ser por Aleixandre y Neruda (comunista) , que le echaron una mano “ideológica” .., no hubiera sido nunca relacionado con esa Generación del 27 de la que estuvo siempre rechazado , ni tampoco se hubiera hecho famoso.
Visto su fracaso en esa Generación del ´27, se apunto a “comisario comunista de la Revolución Stalinista” para España ( fue nombrado el “Poeta de la Revolución Comunista”) y, una vez convertido al Comunismo, creció su fama como la espuma: las muy organizadas redes marxistas internacionales se encargaron de la “propaganda machine” ..
Tras la Guerra inCivil, Miguel fue encarcelado : esa “propaganda machine” izquierdista difundió que los comunistas Alberti y Neruda , por presiones desde fuera, lo salvaron de la 1ª pena de muerte pero es MENTIRA porque fue salvado por los dos franquistas : Jose Mª de Cossío y Dionisio Ridruejo desde dentro de España y que le dieron trabajo en la Enciclopedia Espasa-Calpe.
Estos franquistas le hubieran sacado definitivamente de la cárcel si tan solo hubiera escrito una declaración de arrepentimiento por su activismo y ser agente del comunismo stalinista, pero claro, ….. “el Poeta de la Revolución Comunista” no podía retractarse: hubiera quedado en ridículo delante de sus ROBOlucionarios.
Con su pobre mujer Josefina Manresa(hija de un guardia civil) tuvo hasta violencia verbal porque “no entendía ni sus ideas ni su soberbia” y rompió pronto al irse a medrar a Madrid y estuvieron dos años sin verse. Josefina no se acercó a verle a las prisiones donde estuvo. Eran ideológicamente y culturalmente distintos.
Nunca fueron un matrimonio bien avenido: en realidad “ El Rayo que no cesa” no se lo inspira en su pobre mujer sino en su amante Maruja Mallo , que es la que vertebra toda su obra poética …
Huyendo hacia Chile , M. Hernández fue ocultado en el Real Alcázar de Sevilla por el franquista Director de la Real Academia Sevillana de las Buenas Letras Joaquín Romero. En la huida a Portugal se perdió por el campo y fue detenido en Rosal d e la Frontera y entregado a la policia española en 1939 .
Tuvo 2 procesos : uno civil , que lo dejó en libertad y cuando iban a hacerle el proceso militar , el poeta estaba libre en la calle. Le detuvieron, le condenaron y , al negarse a firmar su arrepentimiento, lo metieron en la cárcel donde murió de tuberculosis .
La todopoderosa “propaganda machine” de la Gran Multinacional de la Mentira (la izquierda) crea ICONOS Y FALSOS MÁRTIRES cuya realidad, cuando es bien conocida, resulta patética.
Yo, de los intelectuales, admiro su decencia y coraje en defensa d e las libertades democráticas. Ser “comisarios panfletarios” de una “estafa ideológica totalitaria” ,como fue el Comunismo y estar al servicio de un genocida llamado Stalin, me parece simplemente indecente y reprobable.
Que el poeta oriolana Barcala , haya contado las verdades del barquero en su poemario y que el nombre de Miguel Hernández le haya catapultado, involuntariamente, a la fama, es algo digno de elogio en tiempos en que el marketing siempre saca onerosa tajada: ha sido una genial jugada.
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(retazos de Miguel Hernández : “Obras Completas ”. Edit.Losada .1968)
“EL INCENDIO” :
Europa se ha prendido , se ha incendiado:
de Rusia a España ve, de extremo a extremo,
el incendio se va enarbolando
con unfurro, un ímpetu supremo.
Se propaga la sombra de Lenin, se propaga,
avanza enrojecida por lo hielos..
España suena llena de retratos de
Lenin entre hogueras matutinas …
para estrechar con Rusia los cercos de la lumbre ….
Ah, compañero Stalin: de un pueblo de mendigos
has hecho un pueblo de hombres que sacuden la frente… “
Rusia edifica un mundo feliz y transparente ….
( “Obras Completas .Miguel Hernández”. (Edit.Losada .1968)
( Según la documentación comunista de los Archivos de Moscú , Lenin y Stalin fueron responsables de 12 millones de rusos asesinados en la Uninón Soviética. La suma total de asesinatos, en aras de la ideologia Comunista, fue de más de 100 millones, según consta en dichos archivos)
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(Fuentes : “ Proceso a Miguel Hernández:el Sumario 21.001” , ”Noticias sobre Miguel Hernandez”(1951) y “Miguel Hernández , poeta” (1955).de Juan Guerrero Zamora.
“Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte de un poeta” de J.L. Ferris (Temas de Hoy.2002 .)

sábado, 17 de julio de 2010

Miguel Hernández: un poeta en la Extremadura Roja

Angel David Martín Rubio
(Religión en Libertad)
El 18 de mayo de 1936, el diputado comunista Antonio Mije pronunció en Badajoz unas palabras que reflejan con toda claridad cuáles eran los objetivos revolucionarios del Frente Popular y los medios que iban a emplearse para lograr ese fin:
"Yo supongo que el corazón de la burguesía de Badajoz no palpitará normalmente desde esta mañana al ver cómo desfilan por las calles con el puño en alto las milicias uniformadas; al ver cómo desfilaban esta mañana millares y millares de jóvenes obreros y campesinos, que son los hombres del futuro Ejército Rojo [...]. Este acto es una demostración de fuerza, es una demostración de energía, es una demostración de disciplina de las masas obreras y campesinas encuadradas en los partidos marxistas, que se preparan para muy pronto terminar con esa gente que todavía sigue en España dominando de forma cruel y explotadora" (Claridad, Madrid, 19-mayo-1936).
Pocos meses después dicho Ejército Rojo había sido creado y, gracias a la disciplina comunista y a la ayuda soviética, había alcanzado cierto grado de capacidad ofensiva y defensiva. Desde agosto de 1936 las victorias del Ejército Nacional habían reducido su presencia en el ámbito extremeño al extremo nororiental de la provincia de Badajoz, un territorio que el periódico publicado por el Partido Comunista en Cabeza del Buey llamaba la “Extremadura Roja”.



Entre los meses de marzo y junio de 1937 el poeta Miguel Hernández acudirá en varias ocasiones a los frentes del sur, tanto de Andalucía como de Extremadura, para llevar a cabo con las tropas allí acantonadas las labores de agitación y propaganda que venía desarrollando desde que se incorporó al Ejercito Popular.
Comisario de guerra en el Ejército Popular
La vinculación de Miguel Hernández al Quinto Regimiento y al Comisariado es un testimonio más de su compromiso con el Partido Comunista. En septiembre de 1936 se había presentado como voluntario al Quinto Regimiento recibiendo destino como miliciano pero pronto volvió a Madrid con permiso por enfermedad hasta que de nuevo volvió a los frentes pero, a partir de ahora, como comisario. Este cargo, nacido a semejanza del que se distinguió en el ejército soviético, se generalizó en todas las tropas de la República de acuerdo con las órdenes firmadas por Largo Caballero en octubre de 1936.

La imagen de aguerrido combatiente que la propaganda comunista forjó para el poeta no se corresponde ni con su personalidad ni con la realidad y el oriolano prefirió emplearse en misiones vinculadas al control interno del Ejército y a la desmoralización del enemigo



El propio Miguel Hernández recuerda su labor en los siguientes términos: “Pablo [de la Torriente] era entonces comisario político del batallón de Campesino, hoy división. Me ofreció hacerme también Comisario, y le habló en ese sentido a Valentín González, “el campesino”, que le quería entrañablemente. Me nombraron Comisario de Compañía, con lo que ya estábamos juntos, otra vez, Pablo y yo, y juntos pasamos al frente de Majadahonda”.

Y en carta a su novia Josefina (26-noviembre) precisa su misión: “no hay peligro para mí y menos ahora, soy el comisario político”, título que transforma un poco más abajo en “comisario de guerra”. Unos días más tarde alude a su “labor de comisario”.

Miguel Hernández en Extremadura
Ya entrado el año 1937 la tarea del poeta comunista se iba a trasladar a los frentes del sur, territorios como las amplias y perdidas comarcas de Sierra Morena, de los valles de los Pedroches, Alcudia, La Serena o La Mancha, donde la guerra y la revolución, que se manifestaron tempranamente de forma brutal, habían dado paso a un fenómeno contrario de apatía y alejamiento del conflicto. En ello influía la escasa actividad del frente, sólo rota por las operaciones realizadas con el deseo de rectificar posiciones, actuar sobre sierras de valor estratégico o poblaciones muy cercanas, y algunos proyectos de mayor alcance.

En aquel contexto era más necesaria aún la presencia de órganos de propaganda y control que contribuyeron decisivamente a la labor que el Partido Comunista venía protagonizando en la primavera de 1937 para obtener la hegemonía sobre la retaguardia frentepopulista. El 20 de febrero de 1937, Hernández anuncia a Josefina su próxima salida para Andalucía y Vittorio Vidali (“Comandante Carlos”), uno de los más activos hombres de Stalin en España, elogia su labor en los siguientes términos:

Sí, Miguel Hernández estuvo muy activo. Él estuvo conmigo durante toda la defensa de Madrid. Después vino, lo llevé a Jaén donde formamos el Frente Sur que era también un organismo de intelectuales encargados de la propaganda en campo enemigo. Y después vino conmigo a Castro del Río a organizar los guerrilleros que trabajaban en el campo enemigo. De hecho hay una foto de Miguel sobre un camión levantado, donde Miguel habla y recita sus poemas”.



Tras una fugaz estancia en el frente extremeño a finales de marzo y de asistir como espectador a la caída del Santuario de la Cabeza, el 14 de junio de 1937 Miguel Hernández fecha la primera tarjeta a su esposa desde Castuera, localidad de la provincia de Badajoz convertida en capital de la Extremadura roja. Con él viajaría el resto del equipo que formaba el “Altavoz del Frente” y en la zona harían despliegue de sus tres formas habituales de propaganda: intervenciones en la retaguardia, en las trincheras e instalando sus altavoces dirigidos hacia las líneas contrarias para hacerse oír por los soldados enemigos. El 19 de junio firma su última carta desde Castuera a Josefina y a finales del mismo mes, después de un breve viaje a Cox, se traslada a Madrid requerido como delegado en el Congreso Internacional de Escritores.

El terror rojo en la Extremadura que visitó Hernández
Desde que en julio de 1936 aquellas “masas obreras y campesinas” —que habían recibido armas del Gobierno de la República al margen de cualquier consideración legal— aprovecharon para desencadenar la anunciada revolución en aquellos lugares en que los militares y paisanos sublevados no lograron imponerse, se había cumplido literalmente la advertencia del diputado comunista que recordábamos al comienzo: aquel Ejército Rojo se formó para acabar con lo que él llamaba la “burguesía”, es decir, todos aquellos que, con independencia de su situación social y de su procedencia ideológica, no querían someterse al Frente Popular.

El terror sembrado en toda la retaguardia sometida a su control iba a mantenerse durante los casi tres años de guerra y las parcas victorias que obtuvieron las armas al servicio del Partido Comunista siempre fueron acompañadas de asesinatos indiscriminados y selectivos, saqueos, destrucciones y persecución religiosa, igual que había ocurrido en el verano de 1936.


Huellas de los crímenes cometidos en la cárcel de Almendralejo

La provincia de Badajoz no fue ninguna excepción al panorama que venimos describiendo y, desde el primer momento, sufrió el terror que era la lógica consecuencia de cómo concebía el proceso revolucionario su auténtico protagonista en la retaguardia pacense: el Partido Socialista, responsable de una política que acabó al servicio de los designios pro-sovieticos del Partido Comunista marginando así —con el empleo incluso de la sangre— a los anarquistas como antes lo habían sido los republicanos motejados de “burgueses”.

Varios centenares de personas perdieron la vida en las matanzas con las que socialistas y comunistas regaron de abundante sangre las comarcas de La Serena y Los Montes; miles de vecinos de estos pueblos pasaron por las cárceles o dejaron en ellas la vida y la salud; durante meses milicianos y dirigentes políticos se convirtieron en dueños de la vida y hacienda de muchas personas cuya vida podía depender del capricho de uno de aquellos flamantes revolucionarios, algunos de los cuales se habían de convertir años después en locuaces testigos orales hábilmente interrogados por ciertos historiógrafos para conmovernos con sus lamentos por las incomodidades que tuvieron que sufrir en la posguerra. Más trágico aún resulta escuchar su versión de lo ocurrido a los hijos de alguno de aquellos criminales, convertidos ahora en locuaces testigos de sucesos que se pierden en las brumas de su infancia.

Podemos citar solamente uno de los casos, ocurrido precisamente con vecinos de Castuera, la localidad convertida por Miguel Hernández en centro de actuación para sus actividades de "agit-prop". En la mañana del 22 de agosto de 1936, veinticuatro detenidos fueron montados en el tren y, al llegar a las inmediaciones del apeadero de "El Quintillo", les obligaron a bajar, les hicieron varios disparos en las piernas, al caer al suelo les echaron encima leña y los rociaron con gasolina, prendiéndole seguidamente fuego y quemándolos cuando aún estaban con vida. La lista de los asesinados había sido seleccionada la noche antes en una reunión del Comité que tuvo lugar en el Ayuntamiento. Entre ellos figuraban el Párroco, Andrés Helguera Muñoz, y el primer alcalde que tuvo la República en esta población: Camilo Salamanca Jiménez.


Un acto del "Altavoz del Frente" en Alicante (www.alicantevivo.org)
Si a las “sacas" colectivas añadimos otras muertes que se produjeron en forma aislada (las últimas en 1938) en total fueron asesinadas en Castuera ochenta y seis personas; si nos referimos a todos los vecinos de este pueblo, incluyendo a los fusilados en otros lugares, el número total de víctimas de la represión frentepopulista se sitúa en ciento nueve, una de las cifras más altas de la provincia. Por lo que a su origen socio-profesional se refiere, predomina un grupo de modestos empleados y obreros de distintos oficios, en su mayoría vinculados a Falange Española.

En el 82,5% de los casos estas muertes son el resultado de extracciones de grupos numerosos de detenidos procedentes de los lugares habilitados como prisión mientras que solo el resto fueron muertes aisladas. Teniendo en cuenta que las “sacas” se llevaban a cabo con un gran despliegue de medios, en la inmensa mayoría de estos crímenes puede hablarse de la participación de las autoridades locales así como de un contingente de milicias y guardias de asalto a las órdenes de sus respectivos mandos. El mito de la espontaneidad en la violencia revolucionaria resulta así insostenible y únicamente se puede hablar de asesinatos irregulares por carecer de toda norma jurídica no por haberse llevado a cabo sin la anuencia de los dirigentes.

Los orígenes de la 16 Brigada y la matanza de Cabeza del Buey
Pero la violencia no se dirigía solamente contra el enemigo que estaba más allá de las trincheras. La propia retaguardia era un objetivo que los comunistas se habían propuesto depurar a fondo para consolidar su predominio.

En el asedio al Santuario de la Virgen de la Cabeza había intervenido la 16 Brigada Mixta, mandada por el diputado comunista Pedro Martínez Cartón, objeto de los ditirambos del poeta Hernández, quien se fotografió junto a él y al agente stalinista Vidali junto a las ruinas del Santuario poco antes de su definitiva ocupación.


El diputado comunista Pedro Martínez Cartón (con gorra de plato, a la izquierda) que estuvo al mando de la XVI Brigada mixta, el comandante José Pérez Gazzolo (con prismáticos) y Miguel Hernández (semioculto, el tercero por la derecha).

Pero los orígenes de dicha unidad militar y la intervención de Martínez Cartón en ellos no podían ser más dramáticos y habían tenido lugar pocos meses antes en aquel frente extremeño que iba a visitar el poeta comunista. La siguiente descripción de la zona controlada por Martínez Cartón y los suyos procede de un periódico anarquista publicado en la propia retaguardia roja:

"Extremadura estaba destrozada por una política asesina. Los tristemente célebres “Comités de Defensa” hacían y deshacían a su antojo cometiendo toda clase de tropelías incalificables. Por si esta labor suicida para ellos mismos fuese poco, la actuación de los militares en la retaguardia era algo de desastre.

Vivíamos nuestra noche negra, sin un rayo de luz, y sin una orientación completa de lo que debiéramos hacer. En nuestra buena fe jamás creímos que los intereses políticos llegasen al extremo que estaban llegando. El comunista P. Martínez Cartón, no demostraba interés alguno como no fuese para cuestiones de proselitismo a favor de su partido, para él no existía guerra, problema del campo ni nada; solo existía una retaguardia a la que había que imponer una política exótica. El Comisario de Guerra, Antonio Villarroel, solo demostraba su atención a cuantas cuestiones denotasen ser una inmoralidad, administrativa o sexual. Era el virrey de Extremadura, dueño absoluto de todo cuanto le parecía. La incapacidad y la complicidad del Juez Militar, Anselmo Trejo, velaba por la seguridad personal de los citados elementos, y por encima de todos, como un dios inexistente, estaba la persona de Juan Casado, Gobernador Civil de la provincia" (Boletín de Información, 26 de junio de 1937)

En noviembre de 1936, Martínez Cartón, había establecido en Cabeza del Buey (Badajoz) una oficina de reclutamiento para formar la que sería 16 Brigada Mixta, aparentemente con voluntarios pero exigiendo en realidad el enrolamiento forzoso de todos los hombres de hasta 45 años. El 26 de noviembre, el Comandante Rodríguez, jefe militar de la plaza, pretendió reunir a los reclutas en el campo de aviación y empezó a circular el rumor de que la aviación enemiga aparecería y ametrallaría a los allí convocados. Esto desencadenó un motín: la oficina de reclutamiento fue asaltada y el Comandante Rodríguez y los miembros de su escolta detenidos, pero pronto aparecieron los refuerzos que se habían pedido a Castuera y se hicieron con el control de la situación cuando ya había pasado el revuelo y los amotinados habían regresado a sus casas.

En el trasfondo de todo ello estaban los verdaderos móviles de la recluta: el proselitismo del Partido Comunista con el apoyo prestado desde los organismos provinciales y su enfrentamiento con los anarquistas. Inmediatamente, el Comité Local era destituido y sus miembros apresados. El Comandante Rodríguez, Antonio Villarroel, comisario de guerra y miembro del Partido Comunista, Anselmo Trejo, juez militar de la zona y Juan Casado, gobernador civil, formaron un tribunal que condenó a muerte a los dieciséis revolucionarios más distinguidos en el motín, fundamentalmente anarquistas y algún ugetista, que serían fusilados en tres noches sucesivas junto a numerosos derechistas sin ninguna relación con lo sucedido. Sesenta y tres asesinados fueron el resultado de esta matanza en Cabeza del Buey llevada a cabo para consolodiar el dominio comunista cuando ya había sido muy abundante el derramamiento de sangre en la Extremadura roja.

El poeta comunista y la retaguardia roja
Ni una palabra, ni un verso dedicó Miguel Hernández -el poeta al servicio del Partido Comunista- a los vecinos de Castuera asesinados por las milicias frentepopulistas en "El Arenal"; a los quemados vivos en "El Quintillo"; a los fusilados en el Cementerio; a los detenidos en el Depósito municipal y en la Ermita de los Mártires; a los presos en los Campos de Trabajo establecidos por el Gobierno de la República; ni a los soldados y voluntarios caídos en el frente de La Serena para liberar a esta comarca del horror y sufrimiento de dos años de revolución roja... ni siquiera a los antifascistas fusilados por los comunistas en Cabeza del Buey. Como tantos intelectuales stalinistas, Hernández prefirió tapar la sangre con sus versos.


Antonio Mije: "las milicias uniformadas son los hombres del futuro Ejército Rojo" (mayo-1936)

Cualquiera que se asome a los medios de comunicación y a los eventos orquestados con fondos públicos podrá comprobar los efectos de la siembra de odio que se está llevando a cabo mientras se forjan y difunden mitos como el del poeta comunista que se bañó en una alberca en Castuera.

Sería preferible que se dejara reposar a todos los muertos de la Guerra Civil bajo una cruz que fuera símbolo de reconciliación, unidad y verdad pero si otros prefieren seguir manipulando la historia y emplearla como arma al servicio de su demoledor proyecto político, habrá que recordarles que fueron los ahora llamados “republicanos” quiénes comenzaron a derramar la sangre de sus enemigos sobre las tierras extremeñas y a todos nos convendría no olvidar lo que ocurrió en 1936 cuando las izquierdas, con el Partido Socialista a la cabeza, dinamitaron el Estado de Derecho.

Y también conviene evocar la siguiente reflexión hecha con el corazón puesto en Cuba, nación todavía hoy tiranizada por la ideología que defendió Miguel Hernández:

"Uno se pregunta que habría pasado si Miguel Hernández no se hubiese encontrado con ese consumado y astuto estalinista que fue, al margen de su indiscutible talento poético, Pablo Neruda.

A lo mejor viviría todavía, y habría seguido regalando su bella poesía, sin convertirse en mártir, un mártir que en vida viajó a la Unión Soviética de Stalin y que como tantos otros intelectuales no supo ver que allí, incluidos a los viejos bolcheviques, se les daba en las mazmorras y gulags la misma medicina que le llevó a la muerte, frío, desamparo y sobretodo alejamiento de los seres que mas se quieren como ese hijo a cuya hambre Miguel Hernandez dedicó esa la Nana de las Cebollas, que tan bien musicalizó Serrat, con ritmo de Habanera".

sábado, 10 de julio de 2010

La condición humana

TRIBUNA: ANDRÉS TRAPIELLO (El País) 10/07/2010
De no haber titulado Benjamín Prado su artículo Rafael Alberti: a la caza del poeta rojo (EL PAÍS, 2 de julio de 2010), es poco probable que se hubiese concebido este, escrito en solitario, como ha escrito uno todo lo suyo, y no en jauría.
El supuesto del artículo de Benjamín Prado es el siguiente: a su entender, un contubernio de escritores -entre los que me incluye-, familiares del poeta, editores e instituciones han iniciado el acoso y derribo de Rafael Alberti, mediante, según Prado, mentiras, manipulaciones, insidias y malas artes, y pasa a enumerar algunas de estas, de un modo, si se me permite decir, atropellado: ¿qué tiene uno que ver con la viuda de Alberti, con su editor o con la fundación que lleva su nombre?
La propaganda, una forma de la retórica como decía Juan de Mairena, trata de crear interesadamente simetrías, buenos y malos, rojos y azules, blanco y negro, sin salirse, a ser posible, de los tótum revolútum que tanto favorecen sus propósitos. De modo que al hablar de la "caza de un poeta rojo" da a entender que únicamente se le persigue por rojo y que se le persigue en manada, sin pararse a pensar que acaso también haya sido blindado durante tanto tiempo solo por rojo y en comandita.
Entre los indicios que enumera Prado para fundamentar tal supuesto está el de cierta fotografía publicada en la última y reciente edición de Las armas y las letras. Se ve en ella a Alberti, en 1936, vestido de miliciano, con arreos militares y una condecoración. Alberti ha dedicado de su puño y letra esa foto casi 30 años después, en 1965, "A Luba y Ehrenburg en la belle époque". Justifica Prado tal dedicatoria afirmando que en realidad Alberti no está llamando belle époque a la Guerra Civil, sino a su juventud pasada, y su hipótesis podría pasar por razonable si no concurrieran otros cien testimonios que a Prado le conviene eludir, empezando por el de la mujer del poeta, María Teresa León, que también habló en sus memorias de "los mejores años de nuestra vida" al referirse a los de la guerra. Y la verdad es que, conociendo la vida que llevaron entonces, nadie lo pone en duda: jamás volverían a ser más requeridos, agasajados, fotografiados, celebrados. En todos estos años como lector de literatura de la Guerra Civil no he encontrado a nadie que hablara con esa frivolidad de la guerra, si exceptuamos, claro, a Hemingway, para quien esta, vista desde la retaguardia, fue, como sabemos, una especie de safari más o menos pintoresco en un país semiafricano.
En realidad, Prado se muestra perplejo porque no alcanza a comprender bien las razones por las cuales alguien como Alberti, que fue, como él dice, "unsímbolo de la República, del Partido Comunista y de la Transición" está siendo cuestionado. Dejando a un lado si fue más o menos símbolo de la República que Clara Campoamor o Chaves Nogales, o más o menos símbolo de la Transición que González, Suárez o Fraga Iribarne, el propio Prado tiene muchas de las claves para salir de su perplejidad.
A pesar de haber cruzado en mi vida solamente media docena de veces la palabra con él, Las armas y las letras le deben uno de sus pasajes a mi modo de ver más importantes. Me lo refirió él mismo, y a él, el propio Alberti, que lo había hurtado de sus propias arboledas perdidas, con ser un hecho trascendental para conocer las diferencias de Alberti con Miguel Hernández durante la guerra y la suerte que este corrió tras ella, así como los resortes del poder orgánico. Se comprende que Alberti jamás escribiera de esa penosa historia, que incluía un puñetazo de María Teresa León a Miguel Hernández en la sede de la Alianza de Intelectuales en los primeros meses de la guerra, después de que este escribiera en una pizarra un "aquí hay mucho hijo de puta y mucha puta", y que significó la ruptura entre el poeta oriolano y "la pareja de moda": se contara como se contara, ni Alberti ni su mujer podrían en absoluto salir airosos de ella. Pero le resulta a uno difícil comprender la razón por la cual Benjamín Prado, íntimo de Alberti, quisiera contársela a un extraño, como lo era yo para él, en una de las pocas veces que nos hemos visto. Pensé entonces que lo había hecho como uno de esos personajes atribulados que "filtran" alguna noticia, convencidos de la importancia de la misma, pero también de los inconvenientes que les acarrearía hacerlo personalmente. Así lo entendí, y hasta donde yo sé esa historia se hizo pública por primera vez en 2002, en la segunda edición de Las armas y las letras y al poco en uno de mis artículos del Magazine de La Vanguardia. Prado, naturalmente, no la desmintió, incluso empezó a hacerla circular él mismo, según pude saber.
El Alberti de 1999 seguramente no era muy diferente del de 1936, pero el tiempo ha ido haciendo su trabajo, y sabemos hoy pormenores que no se conocían hace 20, 30, 70 años, y que arrojan luz sobre zonas oscuras del pasado. Los testimonios de desafección que ha creído encontrar Prado en ese libro mío ni siquiera son míos, ni se deben, como asegura para desactivarla, a mi "manifiesta antipatía por Alberti", sino de gentes que lo conocían bien: Juan Ramón Jiménez, Cansinos-Assens, Josephine Herbst, Koltsov o Morla Lynch, por citar sólo unas pocas personas de izquierda o liberales y muy distintas entre sí, que lo señalan como alguien que se sirvió de la guerra en la retaguardia en beneficio propio, y algunos mencionan de modo explícito sus "monos planchados", sus ansias de notoriedad, sus trapacerías, su amor por el lujo, las casas buenas y las comidas copiosas en un Madrid hambriento y bombardeado, en fin, todo lo opuesto de quienes, como Miguel Hernández, tasaron su vida en lo que pesaba una bala en las trincheras, o una lenteja en las cárceles franquistas. Lo dijo bien claro Juan Ramón: "Nosotros ¡los intelectuales! Etcétera. Debemos ayudar al Gobierno y al pueblo: no ellos a nosotros". Todos son testimonios valiosos, pero algunos solo los hemos conocido recientemente, incluidos los dos del propio Prado. Es descabellado, pues, hablar de la "caza al poeta rojo" (¿qué tienen que ver ciertas conductas con el ser o no rojo?: al contrario, pocos escritores de la guerra concitan en mi libro tantas simpatías y tanta admiración como Miguel Hernández o Herrera Petere), y sí de un hombre víctima a menudo de un tiempo en el que el culto a la personalidad era una mixtificación que alcanzaba a políticos como Stalin o Hitler y a poetas que aspiraban a apropiarse del discurso de la república, desoyendo las sabias advertencias de Platón. Y desde luego que mi antipatía, como la llama Prado, no es anterior a, sino consecuencia de ver la distancia que media entre las ideas que algunas personas tuvieron del hombre nuevo que preconizaban y la triste condición humana. Al margen de sus valores literarios y hablando solamente, al menos en mi caso, de los años de la guerra y de su poesía de guerra, esa de la que Gaya, que sufrió el exilio tanto como Alberti, decía que "es mejor no hablar". Que después Alberti fuese justo merecedor del premio Lenin (¿o era el premio Stalin?) o que se mostrara sinceramente consternado por la desaparición de la Unión Soviética, jamás lo he puesto en duda.
Y, por supuesto, todos estamos de acuerdo con Prado: los pies de barro del ídolo los descubren a menudo sus propios fieles y devotos, que por oscuras razones acaban circulando sobre ellos especies penosas como la conocida de la Alianza de Intelectuales, y que les fueron confiadas en una intimidad que traicionaron, junto con otras que, al menos en algún caso, habría sido mejor no haber conocido. Pero esa es ya, sí, otra historia.
Andrés Trapiello es escritor.

viernes, 7 de mayo de 2010

Andrés Trapiello: Alberti y su mujer eran las estrellas de la República


El escritor publica una nueva edición de «Las armas y las letras» con material inédito de los intelectuales en la Guerra Civil.

Actualizado Viernes , 07-05-10 a las 11 : 40
Diecisiete años después de que Andrés Trapiello escribiera «Las Armas y las letras», ese libro en el que ahondaba en el papel de los intelectuales en la Guerra Civil, el escritor publica una nueva edición con importante material inédito y fotografías que ilustran a las claras la posición de autores como Alberti.
Una fotografía de Alberti, enviada a Ehrenburg en 1965 y en cuya dedicatoria califica la guerra como «la belle époque»; otra de Octavio Paz levantando el puño; una carta de Edgar Nevillesobre el asesinato de Lorca; otra misiva de Torrente Ballesteren la que considera la guerra como «un deporte de hombres» y un manuscrito de Sánchez Mazassobre su cárcel y su ejecución son algunos de los documentos inéditos más destacados.
«Lo curioso de Alberti es que veía la guerra como la 'belle époque' veinticinco años después de que ésta hubiera terminado, en plena dictadura franquista. Pero es que para el poeta y su mujer, María Teresa León, la guerra fue eso, una 'belle époque': eran las estrellas de la República, como un poder paralelo», afirmó hoy en una entrevista con Efe Andrés Trapiello.
Una obra dedicada a la guerraTrapiello pertenece a la generación de los «hijos de la guerra» (su padre la ganó, pero «quedó marcado para siempre» por ella), y quiso escribir este libro, que ahora publica Destino en una excelente edición, para «tratar de entender mejor este fenómeno y ver dónde se producían las fisuras».
Galardonado con numerosos premios, entre ellos el Nadal y el de la Crítica, Trapiello nunca compartió del todo la idea de que «los mejores escritores estaban del lado de la República y los peores, del lado de los nacionales».
También veía que «los que habían ganado la guerra habían perdido los manuales de literatura», y que «la guerra de la propaganda estuvo en la República».
Para aclarar todo esto se embarcó en «Las armas y las letras», que pronto se convirtió en libro de culto y que, por supuesto, suscitó polémicas. La voz de Francisco Ayala dejó clara la importancia de esta obra: «Trapiello rinde con su libro un gran servicio a nuestra historia intelectual al trazar el panorama objetivo, veraz y, a la vez, comprensivo y compasivo, de la república de las letras durante un período tan doloroso y tan turbio como el de la guerra civil española», escribió Ayala en El País.
La tesis de que la guerra la hicieron «dos minorías muy violentas y revolucionarias», pero que había «una tercera España mayoritaria, más o menos pacífica, en la que estaban representadas todas las ideologías y que no quería participar en la guerra», era también otra de las aportaciones del libro de Trapiello.
«Peor que ser un comunista o un fascista era ser liberal», aseguró hoy Trapiello, para añadir a renglón seguido que «muchos escritores fueron eliminados o borrados» durante la guerra y la posguerra.
De ahí que la obra de Trapiello sirva también para destacar la importancia de escritores como Chaves Nogales, Clara Campoamor, Morla Lynch o de incluso el propio Juan Ramón Jiménez y su libro «España en guerra». «Nadie tenía interés en escuchar el discurso de la tercera España que ellos representaban. Eran testigos incómodos para las dos partes porque denunciaban los crímenes». La nueva edición de «Las armas y las letras» llega «a rincones que no llegaba la primera».
Dura cosa es la guerraSi la foto de Alberti demuestra cómo el gran poeta vivió la guerra, también es elocuente la carta de Gonzalo Torrente Ballester, dirigida al poeta uruguayo Carlos Rodríguez Pinto. A sus 25 años y «bajo la influencia de Ortega y Gasset», aclara Trapiello, el futuro autor de «Los gozos y las sombras» afirma que la guerra «es un deporte de hombres».
«Dura cosa es la guerra -y yo no fui a guerrear-. Dura y hermosa. La guerra -ésta, entre hermanos, sin química, pero profundamente religiosa- es un deporte de hombres. Yo, intelectual, un poco 'por encima' de ciertas cosas, siento hoy un tanto de reverencia por 'el héroe'», escribía Torrente Ballester en aquella misiva.
El poeta Miguel Hernández vivió la guerra de forma muy distinta a la de Alberti. El distanciamiento entre ambos «refleja las dos caras del comunismo». El poeta alicantino creyó que «su obligación era llevar la literatura al frente, no permanecer en la retaguardia». Para Alberti, era «más importante la propaganda que el frente», indicó Trapiello.
En el libro se recuerda el episodio «tristísimo» de cuando Alberti le ofreció a Miguel Hernández un avión para salvarlo y el autor de «El rayo que no cesa», «que era tan honesto y honrado como insensato y temerario, pensó que no le hacía falta».

lunes, 26 de abril de 2010

MIGUEL HERNÁNDEZ EN EL CENTENARIO DE SU NACIMIENTO


Blog de José María García de Tuñón Aza

José Mª García de Tuñón
Aunque aún no se han cumplido los cien años del nacimiento del poeta de Orihuela, será el 30 de octubre próximo, en toda España, también en algunas naciones de América, incluso de Asia y África, se recuerda al autor de El rayo que no cesa, conmemorando su centenario. Hasta donde he leído, he visto que más que su calidad como poeta recuerdan su afiliación comunista, pero nadie dijo que Rafael Alberti «no soportó le robara la etiqueta de poeta de la revolución». En uno de esos homenajes que se están celebrando me ha llamado la atención el que protagonizó el escritor y ex secretario del Partido Comunista de Andalucía, Felipe Alcaraz Massats, quien aprovechó la ocasión para hablar de política en vez de referirse más a la obra del poeta Miguel Hernández, porque dijo: «Estamos viviendo la democracia de los vencedores». Es decir, quería que estuviéramos viviendo la de los vencidos, o sea, la de Largo Caballero, la de Pasionaria, la de «¡Viva Rusia!», en definitiva, la democracia estalinista que provocó millones de muertos y convirtió a media Europa en una gran prisión.
Por otro lado, Alcaraz recordó a García Lorca, pero nada dijo que éste poeta odiaba al de Orihuela, detalle que Saramago jamás olvidó: «El talento del genio no le da derecho a menospreciar a los demás y eso no se lo perdono a Lorca». El ex secretario comunista olvidó contar también cuando Miguel Hernández irrumpió en el edificio de la Alianza en Madrid y al ver el festín que estaban preparando mientras otros morían en el campo de batalla, dirigiéndose a Alberti, le dice: «Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta». Al escuchar María Teresa León estas palabras le pegó una bofetada, según ella misma ha dejado escrito. En fin, que con tantos olvidos, el comunista olvidó que los falangistas quisieron esconder a Miguel Hernández para que no fuera detenido. Al no conseguirlo, por una serie de errores del propio poeta, fue juzgado y condenado a muerte por lo que uno de los primeros afiliados a Falange, Rafael Sánchez Mazas, se entrevistó con Franco y obtuvo que le fuera conmutada esa pena por la inferior en grado que serían treinta años.
Sobre la intervención de éste y otros falangistas en favor de Miguel Hernández casi todos lo han obviado: no lo han tocado de pasada, ni tan siquiera de soslayo; solamente se han referido a ellos las asociaciones culturales Ademán y Fernando III, de Sevilla, en un acto celebrado recientemente en la capital hispalense donde intervinieron Javier Compás, vicepresidente de Ademán, el jefe de la sección de Edición de Abc de Sevilla, Romualdo Maestre, y el escritor Aquilino Duque –con quien tuve la suerte de formar cartel en un par de ocasiones–, que glosó la figura de Miguel Hernández a través de la lectura de varios de sus poemas, recordando también lo que le contó el poeta sevillano Romero Murube el día que el autor de Andaluces de Jaén llegó al Alcázar en el momento en que en él se alojaba el mismo Franco que había llegado a Sevilla para celebrar el desfile de la Victoria.

viernes, 16 de abril de 2010

Recuerdan el apoyo de Romero Murube a Miguel Hernández


ABC, Viernes , 16-04-10
Las asociaciones culturales Ademán y Fernando III pudieron ayer celebrar, sin problemas, el acto «Miguel Hernández y los poetas sevillanos», después del desagradable recuerdo del pasado mes de octubre, cuando el Ayuntamiento vetó a estas mismas instituciones la organización de un homenaje a Agustín de Foxá por cuestiones ideológicas.
Bajo la vigilancia de algunas patrullas de la Policía Nacional, que en la parte exterior del edificio, la Fundación Valentín de Madariaga albergó este homenaje a Miguel Hernández en el que participaron el escritor Aquilino Duque y el jefe de la sección de Edición de ABC de Sevilla, Romualdo Maestre.
Tras una intervención inicial de Javier Compás, de la Asociación Cultural Ademán, tomó la palabra Maestre, quien hizo un certero retrato sobre la amistad que mantuvo el creador de «Nanas de la cebolla» con algunos poetas sevillanos que estaban en las antípodas de su pensamiento político -pertenecían a la Falange-, pero que, sin embargo, intentaron ayudarlo cuando el bando republicano perdió la Guerra Civil. En ese sentido, el periodista resaltó el papel desempeñado por Joaquín Romero Murube o Eduardo Llosent: «Miguel Hernández tuvo un enfrentamiento con Alberti porque no estaba de acuerdo en cómo se gastaba el dinero en la retaguardia, además Alberti quería ser el único poeta de la revolución. Ni éste ni Neruda lo incluyeron en la lista de la embajada de Chile, algo que le hubiera salvado». Por eso, Maestre quiso recordar el esfuerzo de intelectuales falangistas como Sánchez Mazas, Laín Entralgo, Romero Murube, Llosent o José María Cossío, entre otros, para salvar la vida del poeta.
Por su parte, el escritor Aquilino Duque, glosó la figura del autor de «El rayo que no cesa» a través de la lectura de varios de sus poemas, como la «Égloga a Garcilaso de la Vega». Durante su intervención, recordó el relato que le contó Romero Murube sobre cómo Miguel Hernández llegó a un Alcázar de Sevilla en donde Franco celebraba el triunfo al final de la guerra. También narró la forma en que diferentes intelectuales falangistas trataron de ayudarlo para que saliera de España, aunque el poeta fue hecho prisionero cuando quiso volver a Orihuela para ver a su esposa y conocer a su hijo.