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miércoles, 11 de junio de 2014

Contra la infamia del infame Jorge M. Reverte

CARTA ENVIADA A EL PAÍS (por Alfredo Valenzuela)

'Matones'
Señor director, la reseña del libro "La División Azul. Rusia. 1941-1944", de Jorge M. Reverte, que su periódico publicó el sábado 5 de marzo concluía calificando a los integrantes de la División Azul de "matones que se creían héroes y cruzados cristianos". ¿Le parece apropiado, señor director, calificar de 'matones' a Luis García Berlanga, Luis Ciges, Dionisio Ridruejo, Tomás Salvador y Fernando Vadillo, entre otros?- Alfredo Valenzuela. Sevilla


Alfredo Valenzuela

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Fiebre bajo cero. Los cuadernos de Rusia de Ridruejo.

Fiebre bajo cero

CUADERNOS DE RUSIA
Cuadernos de Rusia. Diario 1941-1942
Dionisio Ridruejo
Fórcola, 2013
ISBN: 978-84-15174-76-9
448 páginas
24,50 €
Edición de Xosé M. Núñez Seixas
Prólogo de Jordi Gracia


Antonio Rivero Taravillo
Alfredo Valenzuela, que los había leído, no cesaba de ponderarlos. Ahora acaban de ser recuperados por Fórcola en edición de Xosé M. Núñez Seixas y prologados por Jordi Gracia estos Cuadernos de Rusia. Diario 1941-1942 de Dionisio Ridruejo. Lo digo ya de antemano: el bueno de Valenzuela se quedó corto. Se suman así a las recientes biografías del autor y a la novación de sus Casi unas memorias al calor del centenario de su nacimiento (en 1912). Con tono más épico y melodramático, las vicisitudes de otros que experimentaron la misma campaña se hallan también en la última novela de Juan Manuel de Prada: Me hallará la muerte.
Los datos históricos son como sigue: en 1941, la España de Franco aparejó una división de voluntarios, en su mayor parte falangistas, para luchar al lado de los alemanes en el frente del Este. Era una operación compleja, diseñada a varias bandas, que de un lado trataba de complacer a Hitler sin mostrar beligerancia oficial contra sus enemigos occidentales (de ahí el carácter de fuerza voluntaria), y de otro hacer que los más aguerridos camisas azules se desfogaran en el patio de recreo de Rusia para que, chicos díscolos, no rompieran la vajilla en casa. No hay que olvidar que la Falange había sido absorbida en 1937 en un ente híbrido que la arracimó con la Comunión Tradicionalista perdiendo unos y otros sus rasgos de identidad y que esto, si algunos lo aceptaron en el contexto del esfuerzo bélico para ganar la Guerra Civil, no dejaba de ser una monstruosidad (como un centauro de boina roja y camisa azul o, por rendir homenaje a Cunqueiro, cercano al falangismo un día, una sirena de añil cola y rostro ruborizado). A este ser irreal se opusieron, entre otros, el segundo jefe nacional de Falange Española de las JONS, Manuel Hedilla (con el resultado de una condena de muerte conmutada). Casi cinco decenas de miles de hombres integraron en total la División, sumando los refuerzos. Fueron numerosísimas las bajas entre muertos, heridos y prisioneros de guerra.
Ridruejo fue militante del partido que creó José Antonio Primo de Rivera y colaboró con algún verso en su himno, el Cara al sol. Escaló importantes posiciones en el llamado Movimiento y, sin embargo, decidió marchar a la División Azul, la 250 para el incontable Ejército alemán, como soldado raso (aunque se aprecia que, ya fuera por su débil constitución física, ya por su prestigio y posición políticas, recibió un trato de favor, especialmente patente en la evacuación a Berlín en condiciones podríamos decir que privilegiadas, si bien no creo que muchos envidien ingresar en un hospital pesando solo 39 kilos ). En cualquier caso, como el resto de sus camaradas tuvo que cortar, para comer y beber, con un hacha trozos de carne y barras de vino helados.
Curiosamente en tan señalado político (o no tanto, porque el furor ya se había atemperado), en los diarios que llevó Ridruejo durante la contienda, que no se publicaron durante su vida, y que revisó el año 43 en su confinamiento en Ronda tras alejarse del Régimen, está ausente “la plaga de la propaganda”, como él la llama, la retórica encendida que en España él mismo confiesa que ha llegado a ser asfixiante y halla, con bochorno que llega hasta Lituania, en unos periódicos atrasados que arriban de la patria. Y hagamos aquí una matización sobre el belicismo. Sería una falsedad decir que el escritor y sus camaradas fueron unos pacifistas cuando actuaron justamente al contrario, pero no se ve en estas páginas la bravuconería que desde el Miles gloriosus de Plauto para acá tiñe al soldado, a menudo con tonos ridículos cuando no con laureles espurios. Aquí hay unos hombres que hacen lo que creen que tienen que hacer, y punto, pero no se hallará fanatismo ni regodeo en la violencia.
Este es el ánimo de Ridruejo en julio de 1941 cuando se embarca en esta aventura, resumido en una palabra cuya sombra planea sobre varias insatisfacciones: “Decepción. Insuficiencia de mi tarea política (que nada puede); poquedad de mi obra literaria, adulada por otros pero nada satisfactoria para mí; atasco de otras muchas direcciones de mi vida…” Antes de que acabe el mes reconoce que, atendiendo a razones prácticas, los divisionarios son el precio que España tiene que pagar por la neutralidad. Y añade: “Lo que también nos desazona porque la mayor parte de nosotros no somos partidarios de esa neutralidad o al menos estamos pesarosos de saber que es forzosa.”
El autor gusta de anotar paradojas, como cuando describe a un compañero de armas como “jocosamente serio” y poseedor de “un humor de perros de mucho efecto cómico”. O como cuando dice que su madrina de guerra (la condesa de Mayalde) es “brusca, cordialísima”. Descubre que hay un campo de mujeres trabajadoras polacas cerca de su unidad, y constata que a pesar de que a los divisionarios se les prohíbe el trato con ellas, “creo que algunos de los nuestros ya han quebrantado estas órdenes, no sé si por amor a las polacas o por desamor a las órdenes.” Habla, en fin, de la “mezcla de amor y de disgusto” que siente por España, “miserable y excelente”. En ello no se aleja del decir del propio José Antonio, tan contradictorio a veces y autor de esa frase unamuniana luego tan repetida de “Nosotros amamos a España porque no nos gusta”.
Lo amoroso, lo sexual, cosecha bastantes anotaciones, como cuando Ridruejo cuenta que a veces el enemigo utiliza a las mujeres para engatusar a los soldados y emboscarlos, haciéndolos desaparecer a renglón seguido. “Por eso nuestros advertidos guardias civiles cuando tropiezan con una mujer condescendiente prefieren dejarse de peligros tanto de comodidades y hacen el amor en plena calle”, explica.
Los judíos, “por no sé qué atávico rencor”, reconoce, producen entre los militares españoles repulsión, pero también pena, aunque sin revolverse contra ese heredado antisemitismo, galvanizado en la política racial alemana del momento, que pronto tendría consecuencias aún más terribles (todavía no había comenzado el exterminio de forma sistemática). Habla de la ira alemana contra la “raza elegida” y subraya que no es más que un episodio de una persecución mucho más antigua, pero cuyas razones se desmoronan ante el sufrimiento de los individuos obligados a trabajar como esclavos. “Si se comprende no se acepta. Ante estos pobres, temblorosos seres concretos, se hunde la razón de toda la teoría.” Y añade que solo tiene datos vagos sobre los métodos de la persecución, “pero por lo que vemos es excesiva.” Apunta que en diferentes lugares ha habido enfrentamientos, hasta llegar a las manos, entre españoles y alemanes por causa del maltrato a judíos y polacos, “especialmente por causa de niños y mujeres eventualmente objeto de alguna brutalidad. Esto me alegra. Cada cosa debe quedar en su sitio.” En Vilna observa: “Marchando por una calle estrecha estamos a punto de atropellar a un judío que se obstina en no subir a la acera. Luego sabemos que tienen prohibido el acceso a éstas y, en efecto, a todos los vemos caminar por la calzada aun a riesgo de ser alcanzados por uno de los mil vehículos locos que circulan por aquí.”
Y hablando de coches, colocan el camuflaje sobre su automóvil y no falta una referencia culta: “No se me ocurre, al pensar en el convoy enramado y avanzando, que esto pueda servir –aparte el gozo estético– para cosa de provecho. Pero acaso se trata de representar la escena shakespeariana de la selva andante marchando contra las tiendas de Macbeth-Stalin.” Hay entradas de una gran calidad literaria que acreditan al magnífico prosista que fue Ridruejo, así la del 21 de septiembre de 1941 que describe una noche de guardia. Y un dato contra los estereotipos que sorprenderá al lector menos avisado: “Parte de las largas noches y los breves días los paso ahora leyendo a Antonio Machado, cuyas poesías le acaba de prestar un teniente, militante del SEU desde fecha anterior al 18 de julio. Pero el lirismo no evita la monstruosidad de los sucesos: “Novgorod es una ciudad distinta, más bella, ahora que la nieve ha igualado con su blancura los negros escombros y el caserío.” Tras el entierro de unos caídos declara, siente: “Ya es esto territorio español injerto bajo la nieve”. No hay espacio aquí para reproducir la memorable escena de los cuerpos congelados que desarropará la primavera en las páginas 395-396, pero sí para destacar un rasgo de estilo que remite a otra campaña: a menudo emplea el presente, como César en De Bello Gallico.
Nos cuenta del trueque de productos con los campesinos, de la liberalidad sexual de estos, que fornican sin rebozo con naturales o extranjeros en medio de la isba; del idilio de algún soldado con una chica eslava conocida en una aldea que se le antoja a Ridruejo como de la Edad de Oro, “una edad de oro de una semana que ya es mucho para estos tiempos.” Porque la marcha se hace cada vez más pesada y dura, de hierro y plomo. Describe la pobreza que van encontrando por doquier (en una casa porque los muebles al modo occidental la hacen más fea) y repite los tópicos sobre la sumisión del pueblo ruso con algunas anécdotas que parecen casi imposibles.
Penurias, hambre, frío. Qué retrato del carácter nuestro a cada instante, como en estas líneas que marcan la diferencia entre los pertrechos de la Wehrmacht y los de la pobretona División: “Y algún gesto que recuerda al episodio del hidalgo toledano en el Lazarillo –de esos ejemplos de pudor y entrañada vanagloria sublime hay aquí a millares–: éste es un soldadito que pisa el hielo con unas botas destrozadas –cosa harto frecuente en los meses pasados– de entre cuyas punteras abiertas asoman los dedos. Un oficial alemán le interpela, asombrado de que así pueda seguir aguantando. Dignamente el soldado asegura que tiene otras botas nuevas de repuesto que reserva para mejores momentos. El alemán no entiende y finalmente exige le sean mostradas las botas. Resistencia en todos los tonos. Intervención de un oficial español. Las botas de repuesto no existen, naturalmente.”
Un día de octubre la División hace un centenar de prisioneros entre los que hay un comunista español. “Esta concreta captura ha causado una alegría que no me satisface. En ella late aún el rencor banderizo de nuestra guerra civil, que ya debía haber dado paso a rencores más legítimos y a más amplias ilusiones.” Va corriendo la sangre, o mejor dicho, congelándose, sólida. “Sólo se oyen disparos aislados que deben de ser el máximo de silencio y tranquilidad aquí posibles”, consigna en su cuaderno. Los partisanos los hostigan con camuflaje blanco, capa hasta el suelo y capucha, y un divisionario tiene ánimos para quejarse de este modo aun cómico: “Lo que menos gracia tiene es que vengan unos cabrones vestidos de novia y se lo lleven a uno”.
El libro pierde pulso cuando el diarista se aleja del frente y reposa en Berlín, como si la paz diera páginas insulsas sin la sal del riesgo en el rancho. Luego regresará al frente y volverá a enfermar, llegando a mediar más de sesenta grados centígrados entre su fiebre y la temperatura ambiente. Su principal interés reside en que el testigo que narra y padece es un gran escritor, con aguzadas dotes de observación y siempre sincero y hasta “metepata” si se quiere, como cuando comenta a José Luis Sáenz de Heredia en presencia de un ayudante de Franco que la realización de la película Raza es buena, pero el guión malo y absurdo (sin saber que el dictador es ese mismo guionista deficiente). Intercalados en el texto hay poemas de Ridruejo que posteriormente integrarían los Cuadernos de Rusia (que no están entre lo mejor de su obra).
Núñez Seixas ha hecho un excelente trabajo de edición. Son pocas las inexactitudes de su excelente estudio y de sus numerosas y esforzadas notas, pero las hay: ni Marichu de la Mora fue jamás secretaria de José Antonio (después de la muerte del fundador lo sería de la Sección Femenina) ni Escorial fue suplemento de Arriba (en todo caso lo sería ). Hay mucho pormenor terrible en esas notas: por ejemplo, cuando se nos dice que el suboficial Armando Muñoz-Calero se trajo de su experiencia como cirujano en el frente datos empíricos para una monografía de ciencia médica: Congelaciones (1945).
[Publicado en Clarín, número 106]


http://www.criticoestado.es/fiebre-bajo-cero/

martes, 23 de julio de 2013

Juventudes por Ignacio Ruiz Quintano

 Juventudes

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Las juventudes las inventó Carmen Romero, cuando, bendita esposa, entonces, de Gonzalón, dijo en Cádiz aquello de “jóvenes y jóvenas”.

    Como dice mi ensayista, uno puede recorrer todos los tomos clásicos de filosofía sin encontrar una atención a lo que pensara gremialmente la “juventud”. Los estudiantes salen en las novelas picarescas, no en los tratados de Derecho público, cosa que no sabe don Juan Soler, el estricto corregidor de Getafe.

    –El Rencimiento o la Reforma se juegan entre humanistas y frailes cuarentones. La Ilustración, entre filósofos maduros. Y no se concibe una égloga pastoril-ideológica donde Salicio, en vez de llorar los desdenes de Galatea, llorara la ineficiencia de la Universidad.
    
Alfredo Valenzuela ha sacado a colación el caso de la joven novelista granadina Cristina Morales, que en su novela “Los combatientes” intercaló textos, sin citar la procedencia, del “Discurso a las juventudes de España” de Ramiro Ledesma Ramos, con el resultado de que críticos y reseñistas los han identificado como ideario del 15M.

    Morales, procedente de la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores, es licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, y recibió por “Los combatientes” el premio Injuve de Narrativa 2012 que otorga el ministerio del ramo de la Igualdad, cuyas autoridades le pidieron que en el acto de entrega leyera uno de los párrafos de la novela pertenecientes a Ledesma Ramos (¡los que les gustaban!).
    
En ese momento –dijo Morales a Valenzuela– estuve a punto de desvelar la autoría de esas palabras, pero pensé que eso correspondía a los críticos y a los lectores.
    
Si algo tiene la juventud es tiempo.
    
Pero, “jóvenes y jóvenas”, nada sucedió hasta que un comentario anónimo en un suplemento cultural hizo saltar la liebre, que era un matacán, lo que lleva a la sospecha de que aquí, leer, lo que se dice leer, sólo leen… los fachas.
    
En “El Cultural” dicen que es el futuro (Morales, no los fachas).
Publicado el jueves, 11 de julio de 2013 en ABC
http://salmonetesyanonosquedan.blogspot.com.es/2013/07/juventudes.html 

domingo, 30 de junio de 2013

Joven autora granadina, Ramiro Ledesma y el 15 M.

Por Alfredo Valenzuela.
Sevilla, 29 jun (EFE).- La escritora Cristina Morales (Granada, 1985) ha intercalado textos, sin citar la procedencia, de Ramiro Ledesma Ramos, cofundador de Falange y teórico del fascismo español, en su novela "Los combatientes", de modo que críticos y reseñistas los han identificado como parte del ideario del movimiento 15M.
Cristina Morales ha dicho a Efe que ha introducido en su novela los textos de Ledesma Ramos -pertenecientes a su "Discurso a las juventudes de España" (1935)- como "una trampa literaria", pero que su intención no ha sido provocar equívocos, por más que le haya sorprendido que "hayan sido tantos, tan flagrantes y tan desvergonzados".
Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, Morales conoció por sus estudios ese "Discurso" de Ledesma Ramos, del que ha dicho que contiene "algo de verdad, algo que sigue siendo activo y movilizador", y del que ha añadido: "Diría que es un texto que tiene razón, sobre todo si se lo desvincula del contexto, que es de 1935 y fue escrito por el fundador de las JONS" (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista).
"El texto de Ledesma encajaba en el mío; el mío tenía un hermano en ese texto, y si escogí ese discurso y no otro es porque en el artefacto literario que es mi novela ése funcionaba mejor con los propósitos de mi novela", ha explicado la autora.
El colmo, ha considerado Morales, fue en diciembre pasado, cuando al recoger el premio Injuve, que otorga el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, le pidieron que en el acto oficial, al recoger el galardón, leyera uno de los párrafos de la novela que pertenecen a Ledesma Ramos.
En ese momento, ha confesado, estuvo a punto de desvelar la autoría de esas palabras, pero pensó que eso correspondía a los críticos y a los lectores, lo que no ha sucedido hasta que un comentario anónimo en un suplemento cultural ha terminado desvelándolo.
Acerca de la posibilidad de que los equívocos hayan sido originados porque en la solapa de su novela se habla de "una asamblea de indignados" para referirse a los integrantes del grupo juvenil de teatro que protagoniza "Los combatientes", Morales ha asegurado que la solapa es responsabilidad de la editorial, pero que en su novela no se menciona ni el 15M ni la palabra "indignados".
"El lector que lee la novela, sin puntos de sutura, se desliza por un discurso radical, que está fuera de su tiempo y de su ideología, pero cae dentro de él, porque la retórica política del 15M no es muy distinta de la de hace ochenta años... los mismos epítetos, los mismos enaltecimientos", ha señalado.
Morales ha asegurado que no pretende decir que "el 15M es parafascista" sino que "parte de su discurso estaba ya inventado".
Ramiro Ledesma

La autora, no obstante, no comparte ninguna simpatía con el 15M, del que considera que "bajo una apariencia revolucionaria, no es sino pienso para el sistema", y que está integrado por jóvenes que "no quieren perder la comodidad, que son aspirantes a burgueses; aunque es muy legítimo aspirar al piso y al coche, y no hay nada malo en eso".
"De ahí a considerarlo una revolución que integra a todos los estamentos de la sociedad, hay mucha diferencia", ha añadido.
La novela ha sido publicada por la editorial Caballo de Troya, nombre que parece cerrar el círculo de "la trampa literaria" de "Los combatientes" -cuyo título, en cierto modo, se debe a los que saltan a la comba-.
El director de Caballo de Troya, Constantino Bértolo, ha dicho a Efe que era consciente de que la novela insertaba textos ajenos a la escritora, pero que desconocía su autoría.
Morales ha añadido que su novela también integra fragmentos de canciones y citas de otros autores, sin citar a ninguno, excepto a Antonio Tabucchi.

lunes, 20 de mayo de 2013

Aquilino Duque, el disidente

CULTURA | Homenaje al escritor en su 80 cumpleaños
El escritor Aquilino Duque, fotografiado en su domicilio en Sevilla. | Esther LobatoEl escritor Aquilino Duque, fotografiado en su domicilio en Sevilla. | Esther Lobato
  • Discípulos de Duque ensalzan los valores de su obra y su coherencia vital
  • 'Por ir casi siempre a la contra, renunció al papel central que merece'
  • 'Con su oído privilegiado, puede acercarse a cualquiera de las bellas artes'
El poeta, ensayista, narrador y traductor Aquilino Duque ha recibido un homenaje, al cumplir su 80 cumpleaños, con el que poetas y escritores que se reconocen discípulos suyos intentan acercarlo al público, del que tal vez le haya alejado su fama de disidente con el sistema político ahora predominante.
Traductor de Camoens y Mandelstam, amigo de Rafael Alberti, a quien siempre ha considerado un prodigio poético y del que nunca se dejó separar por posicionamientos políticos diametralmente opuestos, Duque ha contado para este homenaje con el respaldo de la Casa de los Poetas y de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, y de la editorial Pre-Textos.
Además de con un simposio sobre su obra poética, narrativa y ensayística, el homenaje ha consistido en paseos por la ciudad de Sevilla siguiendo algunos de sus poemas, y en la colocación de un azulejo con versos suyos en los Jardines del Valle.

'Casi siempre a la contra'

El poeta Juan Lamillar ha dicho del autor que "por el meritorio empeño de defender unas ideas, casi siempre a la contra, ha tenido que renunciar al papel central que por su obra literaria le corresponde en el panorama español y a todo lo que ese papel conlleva: premios institucionales, estudios sobre su obra, páginas en los manuales...".
Según Lamillar, "disidente de las diversas disidencias oficiales, aparece como un solitario, un escritor marginal" aunque lo es "culto, políglota, cosmopolita" y posee "claridad de ideas y calidad de página, con rigor en los datos y amenidad en las anécdotas".
"La característica que cruza toda su obra es la poesía, y todo poeta verdadero, por más que se le agrupe en generaciones o camarillas, sigue siendo un solitario", ha concluido Lamillar.

'Un poeta que no pertenece a su generación

Luis Alberto de Cuenca, que ha analizado la poesía de Duque, ha dicho que se trata de un poeta "que no pertenece a su generación" por ser "una poesía libre, desvinculada, postmodernista, y marcada por la nostalgia, el cultivo elegíaco de la infancia y el cosmopolitismo, con una evidente confluencia con Foxá".
"Con su oído privilegiado, Aquilino Duque puede acercarse a cualquiera de las bellas artes, maneja las estrofas clásicas y populares, maneja la rima sin retórica, con la naturalidad que le es propia, y siendo un poeta andaluz por los cuatro costados convierte ese apego al terruño en un lenguaje universal", según De Cuenca.
"Su poesía es contenida, no torrencial, porque su concepto poético es de obligatoriedad, de necesidad, no de escribir por escribir; y es un mérito que toda su obra poética esté en un volumen que no supera las quinientas páginas", ha agregado de Cuenca.

Polipolemista

El poeta Enrique García-Máiquez, que ha analizado la ensayística del homenajeado, lo ha calificado de "ensayista de raza" y de "polipolemista" por "la diversidad de sus intereses y de objetos de estudio; todo nace de un mismo venero, su poesía, lo queda claro en el primer párrafo que escribe".
García-Maíquez ha dicho que "resulta muy fácil, en toda su ensayística, encontrar el nexo con ese conservacionismo conservador que le caracteriza; el suyo es un pensamiento coherente y sistemático, aunque aparezca tan variado y multitemático".
También en declaraciones a Efe, José Julio Cabanillas, que ha intervenido en la mesa que ha abordado la novelística de Aquilino Duque, ha asegurado que es de esa estirpe de narradores que "tienen la capacidad de nombrar el mundo, como hizo Adán en el Edén".
La obra narrativa de Duque se caracteriza, según Cabanillas, "por el afán de contar; ha construido una enorme comedia humana con cientos de personajes, muchos de los cuales quedan como gentes de paso en meandros argumentales; y también por el afán de conseguir un lugar que una la hermosura, la belleza y la verdad de las cosas antes de que se hayan roto".


Artículo publicado en la edición de Andalucía de El Mundo.

martes, 30 de octubre de 2012

Aquilino Duque, experto en Menéndez Pelayo

Por su interés reproducimos este artículo de Alfredo Valenzuela para Efe, publicado en el Correo Vasco.
Aquilino Duque
 
Alfredo Valenzuela
 
Sevilla, 27 oct (EFE).- El escritor Aquilino Duque, director del curso sobre la figura y la obra de Menéndez Pelayo que, en conmemoración del centenario de su muerte, se celebrará en Sevilla el lunes y el martes, considera que "cualquier otro país estaría orgulloso de tener una figura de su envergadura".
Aquilino Duque (Sevilla, 1931) ha lamentado, en conversación con Efe, que este centenario "en lo oficial, no haya merecido fastos ni ceremonias", ni un congreso que haya servido para revisar su figura, como si este silencio fuese continuación de una histórica actitud hostil hacia Menéndez Pelayo.
"Ortega le debe mucho y no pronunció su nombre jamás", ha recordado.
"La Generación del 98 también lo silenció, cuando eran jóvenes todos se metieron con él", ha añadido el escritor sevillano, quien sin embargo ha destacado la exposición de primeras ediciones de los escritores del 98 dedicadas a Menéndez Pelayo que se ha celebrado este año en Santander y que demuestra cómo ese distanciamiento se tornó veneración.
 
"La más emocionante de esas dedicatorias es la de Antonio Machado, que envía desde Baeza un ejemplar de 'Campos de Castilla', con dedicatoria del 20 de mayo de 1912; no se había enterado de que don Marcelino había fallecido la víspera", ha señalado Duque.
En el recién publicado "Menéndez Pelayo. Genio y figura" (Encuentro), del que Duque es coautor junto a César Alonso de los Ríos e Ignacio Gracia Noriega, el escritor sevillano apunta cómo también tuvo una "hostilidad juvenil" hacia un señor a quien no se había tomado "la molestia de leer".
Duque ha reiterado que aquella hostilidad de su época universitaria se debió a razones extraliterarias y extracientíficas, pero, ha añadido: "Como nos sucede a todos, una vez que nos acercamos a su obra, sucumbimos".
Duque ha rememorado que cuando Jorge Luis Borges dirigía la Biblioteca Nacional Argentina tenía dos libros de autores españoles sobre su mesa, "El Quijote" y la "Historia de los heterodoxos españoles", de Menéndez Pelayo, obra que ha considerado la más adecuada para adentrarse en la obra del sabio santanderino.
Menéndez Pelayo
 El especialista ha añadido que "Historia de los heterodoxos españoles" se lee como "una novela, es polémica y divertida, está bien escrita y es amena"; una narración que cuenta la vida del Padre Marchena y la de Servet, entre otros.
"En 'Los heterodoxos' está lo esencial de lo que hay que decir de cada personaje, también de Blanco White", añadió.
"A don Marcelino -escribe Duque en 'Genio y figura'- se le opusieron frontalmente todos aquellos que estimaban que toda la Historia de España era la historia de una equivocación, en la que, en nombre de un afán de unidad, se habían sofocado desde los siglos más remotos todos los brotes heterodoxos que podrían haber hecho de la piel de toro una piel de cocodrilo".
No obstante, el especialista señala que la obra del sabio santanderino "no se dirigía en exclusiva a sus compatriotas o correligionarios, sino a todos aquellos a quienes participasen en una tradición y una historia comunes, por más que habitasen en otros confines o profesaran ideas contrarias".
En el curso que el lunes y el martes se celebrará en la Academia de Buenas Letras de Sevilla, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), intervendrán, además de Aquilino Duque, los catedráticos José Luis Comellas, Vicente Lleó y Francisco Rodríguez Adrados, y el periodista César Alonso de los Ríos, entre otros. 
EFE

martes, 2 de agosto de 2011

EL TRINEO DE FOXÁ

  Del magnífico blog de Antonio Rivero taravillo, Fuego con Nieve, extraemos éste interesante artículo.

 El trineo de Foxá


De manera casual, mientras -Tántalo tan redivivo como resignado- trataba hoy de ponerme al día en mis lecturas, he dado con el relato de Curzio Malaparte en que éste cuenta una de las anécdotas más exactas y conmovedoras sobre el carácter de Agustín de Foxá y de los duros tiempos en los que le tocó vivir, a veces con más protagonismo del que, amante de los lujos, él hubiera deseado. Cuando se levantó la famosa polvareda que levantó con su coz cierta concejal de Sevilla al vetar un homenaje al escritor en el cincuentenario de su nacimiento, leímos un artículo en que se mencionaba el gesto del conde de Foxá al tratar de evitar la muerte a un grupo de dieciocho españoles que -apenas unos críos, combatientes en el Ejército Rojo tras haber llegado a Rusia como niños de la guerra- habían sido capturados por los finlandeses en 1942 durante el asedio de Leningrado, la antigua San Petersburgo.
El dato lo había exhumado el gran periodista sevillano Alfredo Valenzuela en una entrevista -culta, jugosa, afilada- que hizo al biógrafo del autor de Madrid, de corte a checa, y se hicieron eco de él Ignacio Ruiz Quintano y Aquilino Duque.
Nunca leí la obra de Malaparte en que se incluye (Diario de un extranjero en París), y hoy, pasando angustiadamente y con inapetencia ("¡a ver si acabo!") las páginas del número de 28 de julio de la London Review of Books, en condiciones más placenteras de las que casi setenta años antes vivieran los personajes del relato, mis ojos se han posado en el nombre de Foxá y he leído la traducción al inglés de este lance, que no tiene desperdicio (existe una edición española de los años setenta en Plaza & Janés).
Emerge de él un Agustín de Foxá que, a más de cuarenta grados bajo cero, acude a en su trineo a las llamadas de Malaparte y a regañadientes primero y luego de corazón trata de convencer a unos tercos muchachotes comunistas, compatriotas suyos y a los que por raro que sea representa como diplomático, de que se dejen repatriar a España, para lo cual primero ellos han de reconocer a Franco, cosa de la que ellos no quieren in oír hablar.

¡Qué estupendo escritor es Malaparte! Cómo mantiene el ritmo de la narración, con esos viajes recurrentes de Foxá, un carámbano más, por la nieve, y cómo borda ese instante en que uno de los españoles muere y es enterrado: "Cuando bajaron el ataúd a la tumba, los soldados fineses, todos protestantes, dispararon una salva de honor. El general Endqvist y los oficiales y soldados fineses saludaron todos llevándose la mano a la visera, como hice yo; el embajador de Foxá saludó brazo en alto y con la palma extendida, a la manera fascista; y los camaradas del difunto también levantaron los brazos, pero con el puño cerrado."
No desvelaré cómo acaba la historia, no sé si del todo cierta; si algo hay en ella espurio, no importa, pues si non è vero è ben trovato.
El fin es tremendo, y si muestra una salida de ingenio de Foxá, quizás apócrifa, también enseña toda la dureza de la posguerra española y la crueldad que hubo en ella, que no se dulcifica con un chiste, tan foxiano, dicho con sordina en la lejana Helsinki.


domingo, 17 de enero de 2010

Entrevista a Sagrera -biógrafo de Foxá- en ABC

Entrevista de Alfredo Valenzuela (ABC) a Luis Sagrera, autor de la biografía de Agustín de Foxá.

"Lo cierto es que Foxá fue amigo y admirador de José Antonio Primo de Rivera, sobre quien escribió no pocos elogios."

http://www.abcdesevilla.es/20100117/sevilla-cultura-/foxa-solo-decia-cosas-201001171110.html