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jueves, 10 de mayo de 2012

Álvaro Cunqueiro y la familia de Merlín (Juan Ángel Juristo en www.cuartopoder.es)

Alvaro Cunqueiro y la familia de Merlín
JUAN ÁNGEL JURISTO | 28 de abril de 2012

En la presentación de la recopilación de artículos y cuentos de Alvaro Cunqueiro, 'De Santos y Milagros', se dieron cita (de izda. a dcha.) el poeta Pere Gimferrer, el profesor Xosé Antonio López Silva (autor del hallazgo de los inéditos), el presidente de la Xunta, Núñez Feijóo; el escritor y exministro de Cultura, César Antonio Molina, y Borja Baselga, presidente de la Fundación Banco de Santander. / Efe
Comenzaré por una confesión: considero, consideré siempre, a Álvaro Cunqueiro como uno de los escritores españoles más importantes del siglo XX. Esa calificación me ha llevado, con los años, a valorar de una manera más discreta y comprensiva las razones que me llevaron, desde mi juventud, a la fascinación por su obra y figura. Resulta que somos hijos espurios de nuestros prejuicios y nuestra astucia, y desde luego, ¿cómo no gustar de una literatura que se mostraba en el lado opuesto de lo que mi generación rechazó con pasión; el realismo chato y decimonónico que se llevaba antes de la explosión del boom latinoamericano, complementado por el socialrrealismo más plano aún si cabe de la oposición franquista? De ahí que gentes como Cunqueiro o Joan Perucho, o Juan Eduardo Cirlot, o Pere Calders, o Josep Plá, de tan distinto pelaje y condición, algunos de ellos encantadores gentes de derechas, cuando no abiertamente reaccionarios,  poseyeran una cualidad común, la de estar representando una excelencia en lo literario que chocaba frontalmente con el ambiente opresivo que se respiraba en los cenáculos literarios, ignorantes de lo mejor que se estaba realizando en Europa y los Estados Unidos. Fueron nuestro respiradero y, ya digo, Álvaro Cunqueiro estaba entre ellos, en lugar destacado, claro. Por si fuera poco, y como parte intrínseca de su personalidad, como si fuera un personaje de sus narraciones, artículos o novelas, la leyenda que le acompañó de los avatares de su vida, de cómo se apropió del coche de Ramón Serrano Súñer pocas horas antes de que éste lo necesitara debido a la presencia de un alto jerarca nazi en Madrid, o la invención del Premio Mark Twain que se sacó del magín para sablear un traje, acrecentada por mil anécdotas menos fabulosas y comprobadas por los biógrafos, como la retirada de su condición de periodista que sufrió por haber querido estafar a la Embajada de Francia cobrando unos encargos que nunca llegó a realizar. Todo esto le hizo un personaje único en su momento. Lo que no sabíamos entonces es que lo sería también en un futuro, una vez salido del purgatorio en que una generación posterior lo metió debido a su militancia falangista.


Cubierta de la obra de Álvaro Cunqueiro.

La Fundación Banco Santander acaba de editar un libro delicioso de Álvaro Cunqueiro. Se le ha puesto el atinado título de De Santos y Milagros y consta de 138 artículos y 7 cuentos inéditos en torno a gentes que fueron proclives a la santidad y a la vida milagrosa. Hay títulos que lo dicen todo. Los artículos provienen de diarios y publicaciones como Faro de Vigo, La Vanguardia, ABC, La Voz de España, Aire Azul, Misión y Catolicismo. De esta última publicación son los siete cuentos inéditos, que se les habían escapado hasta ahora a los especialistas y que se han revelado de una importancia capital para entender la posterior evolución en la obra de Cunqueiro, cuando dio entidad a gentes como Fanto Fantini, siete cuentos que fueron escritos después de 1944, una vez le retiraron el carnet de prensa y que publicó bajo el pseudónimo de Álvaro Labrada, siete cuentos de una imaginación espectacular, comparables a los que escribió posteriormente, donde se mezclan los ambientes exóticos, totalmente inventados y que tan bien se le daban, unos ambientes que tanto daban si eran hindúes o chinos pues incidían en algo del que él fue un maestro: revivir el imaginario colectivo de un pueblo. En esto actuó como Merlín, o Simbad, o Ulises, tres personajes de la Antigüedad real o inventada, que fueron maestros de la fábula y la imaginación exaltada. Siete cuentos, en fin, descubiertos por el profesor y filólogo Xosé Antonio López Silva, que es el encargado, además, de la edición de este libro y autor de un estudio preliminar bastante clarificador. Por su parte, César Antonio Molina, que conoció a Cunqueiro y lo ha estudiado y editado con cierta profundidad, es el responsable del prólogo, donde se contextualiza estos escritos dentro del panorama general de la obra de Cunqueiro. De esta manera, lo que en principio podría tomarse como una publicación hagiográfica de santos, santas, sobre todo santas,  y sus milagros, se inscribe dentro de una galería de retratos de raigambre mágica, mistérica, vale decir, de la familia de Merlín, una manera de burlar, esta vez de forma elegante, la férrea ortodoxia de la Iglesia. Y en esto de burlar ortodoxias Cunqueiro siempre fue un mago. Aquí se da cumplida muestra de ello.
Pere Gimferrer, que presentó el libro en la Biblioteca Nacional, con asistencia del Presidente de la Xunta, Alberto Nuñez Feijoo, incidió en la condición profundamente solitaria de este escritor,  “que no tuvo antecedentes ni consecuentes” e hizo un juego de palabras muy bello que explica, además, la particular fascinación que despierta el personaje: “Cunqueiro no hizo realismo mágico sino magia de las palabras”.  Y hasta tal punto es así, fue así, que leyendo estas páginas de santos uno comienza a sentir la invasión de cierta calidez de claro origen gozoso. La verdad es que la vida de los santos, cuando está bien escrita, pertenece a la galería de retratos literarios de clara excelencia. La prueba está en las hagiografías del padre Rivadeneyra, que en nuestra tradición representa lo más acendrado de la misma. Pocas veces he leído retratos literarios tan mórbidos como los que nos presenta Rivedeneyra, algunos que para sí hubiera querido el Marqués de Sade, y la verdad es que los escritos por Cunqueiro son más finos, están rellenos de una madeja más imaginativa que los del jesuita, también más amable. Al fin y al cabo el escritor gallego siempre pensó que los santos eran magos, condición inexcusable de la inteligencia de la imaginación, y de ahí que lo mórbido tuviera su lugar justo, pero no más, y desde luego no lo más importante. Molina recalca la identidad de Cunqueiro con la del poeta irlandés y Premio Nobel  Edward Butler Yeats y la recalca en lo que tiene de identificación con el inconsciente popular. En cierto sentido es verdad y estás páginas pertenecen tanto al imaginario católico, como a la invención del propio autor, pero también a la de su pueblo gallego. Esto habría que recalcarlo al querer dar cuenta de este libro. A mí, de todas maneras, me interesa destacar algo que creo tiene mucha mayor importancia: la de la calidad literaria de estos artículos, tan intensa como la de sus novelas o sus crónicas. Cunqueiro fue de los pocos que dignificaron el oficio elevándolo a la categoría de literatura fantástica: una de las pruebas es este libro. Aunque hable de santos y milagros, o quizá por ello.

jueves, 15 de septiembre de 2011

El laberinto habitado. Los artículos de Álvaro Cunqueiro en Destino (1961-1976)

Sombras del laberinto

El laberinto habitado. Los artículos de Álvaro Cunqueiro en Destino (1961-1976) se une a la cadena de volúmenes que agrupan los artículos de este escritor curtido desde muy joven en el periodismo



Aun no tratándose de una novedad editorial, nunca deja de ser novedosa cualquier aproximación a la fértil producción de Álvaro Cunqueiro, y, coincidiendo este año con el centenario de su nacimiento, con mayor motivo recomendamos la lectura de El laberinto habitado. Los artículos de Álvaro Cunqueiro en Destino (1961-1976). La responsable de la edición, María García Liñeira, se une con esta obra a la cadena de estudiosos (César Antonio Molina, Néstor Luján, Mabel Mato, Xesús González Gómez, Enrique Alvarellos...) que han agavillado los artículos de este escritor curtido desde muy joven en el periodismo, que es su faceta más conocida y prolífica. Desde El Pueblo Gallego, La Voz de España y el temprano ABC de la posguerra, hasta El Faro de Vigo, hay una dilatada carrera periodística.
Así nos lo recuerda Manuel Gregorio González, autor de un trabajo biográfico que también merece ser citado y leído (Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío. Fundación José Manuel Lara; Sevilla, 2007): «La modernidad de Cunqueiro, su altísima contribución a las letras españolas, parte principalmente de su vinculación periodística, de su magistratura en la página diaria»; «es en el articulismo, en su inusitada facilidad para enhebrar la fantasía y el dato, los saberes dispersos y una vaga melancolía por las nieves de antaño, donde la literatura cunqueiriana alcanza mayor eficacia. Eficacia que se acrece con la brevedad, la erudición, el misterio, la ligereza y la sorpresa».
En El laberinto habitado ha reunido María Liñeira gran parte de los artículos periodísticos publicados por Cunqueiro en la revista catalana Destino, uno de los medios de mayor difusión durante el franquismo. Destino. Semanario de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS había sido fundado en Burgos en 1937; a partir de 1939, con el número 101, se inició una segunda época en Barcelona que duraría hasta 1980; aún conoció una tercera etapa posterior, pero sólo verán la luz ocho nuevas entregas.
Aunque ya en 1938 se publica en ese medio la primera colaboración de Cunqueiro, esta edición no recoge los primeros artículos, de entre 1938 y 1942, pues, lejos de pretender censurar una etapa o afinidad política, la editora ha preferido darles otro tratamiento, «en el momento y lugar apropiados». Las colaboraciones que pueden leerse en este volumen son todas aquellas que, aparecidas entre 1961 y 1976, aún no habían visto la luz en formato libro. La mayoría corresponden a la sección «Laberinto y Cía.» (1965-1976), homónima de la mantenida en Faro de Vigo.
Además del regalo que supone el rescate de estos textos arrinconados, es meritorio el arduo trabajo realizado para esta recolección, efectuada en bibliotecas catalanas, durante la cual la investigadora se daría de bruces con «el mayor problema de los estudios literarios gallegos: la (pospuesta) fijación del corpus», lo que devino en interesante y pertinente reflexión: «La publicación de las obras completas de los autores más canonizados del sistema es un proceso aún inacabado. Pero incluso los trabajos dados por finalizados se ven mutilados por dos cuestiones teóricas aún sin resolver: qué hacemos con la obra de ficción escrita en castellano y qué hacemos con los artículos periodísticos, escritos mayoritariamente también en castellano».
La solución ha sido enfrentarse a estos problemas con coherencia, teniendo muy presente que lo que habitualmente hace que se obvie la obra periodística son los prejuicios hacia el canal de difusión y el trabajo ingente que supone su edición. En total se presentan casi trescientos artículos, clasificados en las siguientes secciones: «En la ruta de la seda», un recorrido desde Venecia hacia China y Japón; «Florilegio», publicaciones de tema literario, de Sherlock Holmes al caballero de Olmedo; «Onírica», conjunto de sueños, alquimias y demonios; «Retratos de hermosas», donde en ocasiones lo galante no quita lo misógino; «Del lejano país», la sección máis caudalosa, donde se ocupa de los tópicos de Galicia (lobos, tesoros, menciñeiros), sus escritores tótem, y la historia del camino de peregrinación que conduce a esta tierra, metáfora de la particular cosmovisión del autor; «De lo coquinario y vinícola» es el escaparate del gastrónomo; «De santos y otras gentes», un espacio para la hagiografía y el encuentro con otros personajes singulares; «El variado mundo» contiene mayoritariamente artículos de los años setenta, en los que se radiografía la actualidad que desembocaría en la transición española; la última sección, «En tiempo de Adviento», nos acerca a las tradiciones paganas y religiosas de la Navidad en tierras gallegas.


Si aún tienen tiempo para la alta literatura, háganse con este libro, y, antes de adentrarse en el laberinto de su lectura, tengan presente el consejo de la editora: «Permítanme recordarles el secreto principal para disfrutar de una historia: la firma sin concesiones del pacto del espectador. No procuren en estas páginas una verdad enciclopédica verificable fácilmente, porque la erudición y memoria deformante de Álvaro Cunqueiro son harina de otro costal».