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domingo, 9 de marzo de 2014

Cubistas en el Museo de Sevilla.

Desde el 7 de Marzo hasta el próximo 29 de Junio, en la sala de exposiciones temporales del Museo de Bellas Artes de Sevilla, permanecerá la muestra Colección Cubista de Telefónica, una cita ineludible no sólo para todo aficionado a la pintura, sino para cualquier persona con un mínimo de inquietus cultural. Por primera vez en Sevilla se realiza una exposición pictórica de una de las étapas más importantes de las vanguardias de la primera mitad del siglo XX, por lo cual hay que felicitar a su actual directora, Valme Muñoz Rubio, quién no tiene ciertamente una tarea fácil, pues es una misión importantísima llevar una nave tan valiosa para el Arte y lidiar con la dificultad añadida del cruce de administraciones, nacional y autonómica, en la gestión del Museo.
La exposición sobre el cubismo, aunque carece de obras de los considerados sus dos fundadores, George Braque y Pablo Picasso, si cuenta con algunos de sus principales representantes, para mí, su mejor exponente, el español Juan Gris, y una artísta que debería tener mayor reconocimiento en la Historia del Arte, María Blanchard. Destacar también el eco en pintores hispanos que recogen la influencia del movimiento, como el onubense Vázquez Díaz, que nos recuerda en el caserio que muestra en su obra expuesta, los volúmenes premonitorios de Cézanne, o los increibles cubiertos de la naturaleza muerta del brasileño Vicente Do Rego Monteiro, que flotan en un cromatismo casi mágico que nos transporta al misticismo de los austeros bodegones de Zurbarán.
Javier Compás

domingo, 9 de octubre de 2011

SOCIEDAD GU

Gu en vascuence significa nosotros, y es el nombre que se dieron a sí mismo un grupo de vascos que formó el germen falangista en ese verde rincón de España allá por los convulsos tiempos de la IIª República. La Sociedad Gu fue una asociación de carácter cultural, gastronomía incluida, que, como pasó en otros lugares de España fueron un núcleo vanguardista que trajo a nuestro país innovaciones artísticas y culturales suponiendo una punta de lanza de la modernidad en aquella España casi decimonónica. Junto a esas inquietudes culturales, la modernidad de su pensamiento, de sus ideales, de buscar una regeneración de la sociedad y el afán de llevar al pueblo a un estado de bienestar que, lamentablemente, no llegaría hasta veinte o treinta años después y tras una cruenta guerra civil, pero fueron germen, semilla, que fructificó años después en forma de hospitales sociales, de universidades laborales, de barrios de pisos nuevos para las clases trabajadoras. Un movimiento nuevo frente a las injusticias del liberalismo capitalista y frente a la deshumanización del marxismo.

Pero todo ello sería a costa de la sangre de muchos de sus jóvenes idealistas, entre ellos, el alma fundamental de la Sociedad Gu, el arquitecto donostiarra José Manuel Aizpurúa, nacido en 1902 y, como su Jefe, asesinado en los primeros meses de la contienda civil, fue fusilado en Ondarreta el 6 de Septiembre de 1936, tres días antes de que las tropas nacionales entrasen en San Sebastián.

Aizpurúa estudió en Madrid donde conoció a personajes como Dalí, Buñuel y García Lorca, con el que trabó una estrecha amistad, precisamente con el poeta granadino protagonizó una muy relevante anécdota, que no por repetida deja de ser fundamental para entender el talante de muchos intelectuales de aquel momento, la cuenta el también el poeta Gabriel Celaya en su libro “Poesía y Verdad”, publicado en 1979: "Aquel 8 de marzo de 1936 a que me vengo refiriendo, último día en que disfruté de Federico…, él me citó por teléfono en el Hotel Biarritz de San Sebastián, donde paraba. Mi sorpresa, cuando llegué allí, fue que Federico había citado también a José Manuel Aizpúrua. Faltó poco para que rasgara mis vestiduras porque siempre he pecado de violento y entonces, además, era joven. Compréndanlo. José Manuel Aizpúrua era un arquitecto muy avanzado e inteligente. A su iniciativa se debió que en una ciudad tan obtusa como mí San Sebastián se montaran exposiciones con Picasso, Miró, Picabia, Max Ernst, etc. Era, además, todo hay que decirlo, un gran propulsor de la nueva poesía, y, en general, como se decía en aquellos tiempos "un vanguardista. Pero también era el fundador de la Falange de San Sebastián, y yo le había negado el saludo, aunque nos conocíamos desde niños".

"Federico le hablaba a José Manuel, me hablaba a mí, y los dos le contestábamos, pero no conseguía que José Manuel y yo nos habláramos. ¿Por qué? Porque la guerra civil estaba ya latente. Pero Federico no lo entendía: "Los dos sois amigos míos". Era inútil. Había algo que no marchaba (…) Aquel día cuando se marchó Aizpúrua, Federico me dijo algo terrible que nunca me he atrevido a contar. Terrible pero a la vez hermoso porque demuestra con que inocencia caminó hacia su muerte… Me preguntaba Federico por qué yo no había querido saludar a José Manuel Aizpúrua, y por qué, entre los dos, le habíamos creado una situación absurdamente tensa. Yo trataba de explicárselo con frenesí, quizá con sectarismo, y él, incidiendo en lo humano, trataba de explicarme que Aizpúrua era un buen chico, que tenía una gran sensibilidad, que era uy inteligente, que admiraba mis poemas, etc. Hasta que al fin, ante mí cada vez más violenta cerrazón, reaccionó, o quizá quiso que abriera los ojos de sorpresa, con la confesión de lo terrible:

-Es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos ir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me convine que me vean con él.

Federico se reía. Creía que aquello no era más que una travesura de niños. No veía nada detrás."


Aizpurúa fue el mejor representante del racionalismo arquitectónico con inspiración en Le Corbusier.

En el seno de la Sociedad Gu conoció José Antonio a Picasso, que debatieron cordialmente, como Pío Baroja con Rafael Sánchez Mazas, de ello nos dejo testimonio el arquitecto Eduardo Olasagasti. La obra del pintor malagueño, y la del cubista Juan Gris, fueron presentadas por Aizpurúa. En 1930 organizaron una exposición de arquitectura y pintura moderna en San Sebastian. También organizaron veladas de jazz. Vanguardia cultural en la España del momento.

José Manuel Aizpurúa, que pertenecía a la Junta Nacional de Falange, diseñó la cabecera del periódico falangista Arriba por encargo directo de José Antonio. La humanidad, el racionalismo y la modernidad de Aizpurúa no son más que el reflejo de la modernidad e innovación que supone el movimiento en el que creía, lejos de las visiones que califican de contradictoria su praxis profesional, tan avanzada, con lo reaccionario de sus creencias políticas, unas y otras están en perfecta armonía, esas críticas, hechas desde la visión contemporánea pervertidora de la realidad histórica del momento, no entienden la novedad de las ideas renovadoras que, frente a las doctrinas decimonónicas manoseadas y corrompidas, frente al marxismo deshumanizador y apátrida y frente al capitalismo burgués, explotador y clasista, supone un sistema nuevo, superador de las desigualdades, igualitario, pero valorando al hombre y a la nación en la que se articula su sociedad, depositaria del legado, bueno y malo, de los antepasados.

En la Sociedad de Artistas Ibéricos, creada en 1931, aparece su nombre, como socio fundador, junto al del gran pintor Vázquez Díaz o junto al del poeta, de quién ya comentamos su amistad personal, Federico García Lorca. En 1930 se creó GATEPAC, Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea, donde participaban, además del donostiarra, los famosos arquitectos catalanes José Luis Sert o Antonio Bonet, fueron una referencia para los movimientos arquitectónicos españoles de los años 50 y 60, los miembros del GATEPAC también militaron en ambos bandos de la Guerra Civil.

Javier Compás

domingo, 30 de mayo de 2010

PICASSO Y JOSÉ ANTONIO EN SAN SEBASTIÁN



EFE LONDRES 28-5-2010 17:16:30Pablo Picasso negoció en secreto con representantes del régimen de Francisco Franco en 1956 sobre la posibilidad de celebrar una retrospectiva de su obra en Madrid, según afirma el historiador y biógrafo británico John Richardson.
Richardson, que mantuvo relación con Picasso entre las décadas de 1940 y 1960, adelanta al diario "The Guardian" parte del contenido del cuarto volumen de la biografía del artista español (1881-1973) que está preparando con el historiador Gijs van Hensbergen.
Estos dos historiadores aseguran que el crítico español de arte José María Moreno Galván fue enviado a la costa azul francesa, donde Picasso estaba viviendo en 1956, para intentar abrir conversaciones sobre la posibilidad de exponer su obra en la capital de España. Moreno Galván informó de sus conversaciones al agregado cultural de la embajada española en París, José Luis Messía, quien, según Richardson, respondió lo siguiente: "qué pena que García Lorca no esté vivo. Podríamos haber matado dos pájaros de un tiro".
Héroe de la izquierda
El objetivo del régimen de Franco era "destruir el estatus de Picasso como un héroe de la izquierda", según Richardson, quien destaca que, de haberse celebrado la retrospectiva en Madrid, Picasso "habría sido considerado un traidor por volver a España". Las negociaciones debían haber seguido, dirigidas por Messía en coordinación con el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, pero se fueron al traste porque la información se filtró a la prensa.
Según Van Hensbergen, los contactos eran supervisados por el Ministerio español de Asuntos Exteriores, que había dado órdenes expresas para suspenderlos si transcendían y para negar públicamente de manera enérgica que se hubiera producido un acercamiento. Richardson y Van Hensbergen sostienen que las conversaciones estuvieron lo suficientemente avanzadas como para que un pequeño círculo de destacadas personalidades del exilio español firmaran una carta en la que pidieron a Picasso que no expusiera en España, algo que quedó recogido en el diario del escritor Jean Cocteau.
Los historiadores argumentan que los puntos de vista de Picasso "eran 10 veces más sutiles de lo que se puede imaginar. No había nada en sus opiniones que fuera blanco y negro, y la historia de este periodo es una historia con zonas grises". Cocteau escribió que pese a no cuestionarse su militancia en el Partido Comunista, en una ocasión le dijo: "me he unido a una familia en la que, como en todas las familias, hay mucha mierda".
Convicciones comunistas
Richardson destaca también que las convicciones comunistas de Picasso chocaban con frecuencia con la nostalgia que sentía de España y considera que "en aquel momento, la idea de una retrospectiva era más importante para él que el Partido Comunista". "En eso queda la noción de Picasso como un comunista comprometido que cumplía a pies juntillas la línea marcada por el partido", escribe Richardson en un ensayo que se publicará en el catálogo de la exposición que tendrá lugar el próximo 4 de junio en Londres.
La muestra, organizada por la Gagosian Gallery y comisionada por Richardson, se titula "Picasso: Los años mediterráneos". Las implicaciones de esas conversaciones entre el artista y el franquismo son varias y Van Hensbergen sugiere revisar el trabajo más famoso de Picasso a finales de la década de los 50 -su versión "Las Meninas" de Velázquez- a la luz de esta muestra abortada. Richardson sostiene que esta obra, que actualmente está expuesta en la Tate de Liverpool (Inglaterra) en el marco de la exposición "Picasso: Paz y Libertad", es una evidencia de que el artista volvía a acercarse a las fuentes del arte y la historia de España.
"Se apoyó en la edad de oro española para subrayar sus credenciales vanguardistas", afirma el biógrafo. Richardson, de 86 años, conoció a Picasso cuando tenía 25 y vivía con el coleccionista de arte Douglas Cooper en el sur de Francia. En la década de 1950 comían con frecuencia con Picasso antes de ir a las corridas de toros junto a un grupo de personas en el que también figuraba Jacqueline Roque, "una de las contendientes para el título de amante oficial", recuerda el historiador. "Jacqueline y yo teníamos unos 28 años y todos los demás eran mucho mayores. Éramos como niños entre adultos y por eso nos llevábamos bien", afirma.