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martes, 20 de noviembre de 2012

Camisas viejas, descamisados nuevos

En el día del 76 aniversario del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, publicamos este artículo del insigne escritor sevillano Aquilino Duque.
A. C. Ademán.
De José Antonio a Dionisio Ridruejo: homenaje Por Aquilino Duque
Copiado de: El manifiesto.com
Yo no voy a repetir lo que ya escribí en su día sobre Dionisio, tanto en prosa como en verso, por no hablar de las cartas que le mandé, que fueron algunas, o de las conversaciones, que fueron bastantes. Cuando publicó Escrito en España, en Argentina si mal no recuerdo, me decía en Madrid que con aquel libro pretendía algo así como echarle un pulso al régimen. El régimen podía impedir la publicación de un libro, pero no su difusión, y de la difusión de escritos como el de Ridruejo fuimos muchos los que nos ocupamos por activa o por pasiva.
Lo que Ridruejo pretendía con aquellos escritos tan inofensivos era lo mismo que otros buscaban con la acción directa. Uno que fue cocinero antes que fraile, Pío Moa, no tiene empacho en confesar que el propósito de él y sus amigos era que el régimen que blasonaba de paternalista no tuviera más remedio que mostrarse represivo. Hay que decir que éstos consiguieron lo que no consiguió Ridruejo ni conseguimos los que le seguíamos, aunque fuera a distancia. El régimen que templaba gaitas con la disidencia teórica no se anduvo con contemplaciones a la hora de hacer frente a la subversión práctica y procuró dar al terrorismo su merecido, aunque sólo fuera por asegurar la libertad y la seguridad de los que no estaban por la labor, que eran la inmensa mayoría de la nación.
La pluma y la bomba
En aquellas calendas, yo ejercía la disidencia desde la barrera, es decir, desde Ginebra, como por otra parte mi compadre Valente (llevé a la pila a una hija suya en representación de Vicente Aleixandre), y desde allá escribíamos versos mortíferos que publicábamos en “el interior” sin mayores dificultades. Unos eran más mortíferos que otros, desde luego, y cuando a Valente le publicaron los de la Revista de Occidente su libro La memoria y los signos, incluyó en él una elegía al poeta brigadista John Cornford que no le gustó a Robles Piquer, entonces al frente de la Censura, aunque no la prohibió, y una especie de sátira de la no violencia que no le pareció bien a Aleixandre, que vivía en Madrid, ni tampoco a mí y eso que vivía en Ginebra.
Con tiempo y democracia, el terrorismo lograría en “el interior” la respetabilidad de que ya gozaba en las naciones “civilizadas” y la Historia les daría la razón a los poetas que habían procurado hacer con sus plumas lo que los terroristas con sus bombas. Nada más lógico pues que en una España así, en una España de valores invertidos, se permita un currinche del estado mayor de la envidia –Ortega dixit– tratar de loco a Dionisio o a José Antonio, qué más da.
En vísperas de una Feria del Libro, me llamaron de un diario sevillano para que recomendara un título cualquiera y, sin pensarlo dos veces, recomendé Canciones, del poeta jerezano José Mateos. Me dijeron que ése ya lo habían recomendado otros y repliqué que el mío era un voto más a su favor. No valió mi argumento, pues preferían que cada entrevistado recomendara un libro distinto. “Pues entonces voy a recomendar un libro que con toda seguridad nadie ha recomendado: las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera”. – “Sí, desde luego que nadie ha recomendado ese título, y ¿nos puede decir en pocas palabras los motivos de su recomendación?” – “Pues porque su lectura haría mucho bien por la salud moral de un país que está muy necesitado de ella, y porque en ella aprenderían los españoles de hoy algo que no se encuentra por ninguna parte, a saber: limpieza de prosa y claridad de ideas.”
Un centenario sordo
Por los mismos días me encontré con un ingenuo que me preguntó si se celebraría con carácter oficial el entonces próximo centenario del nacimiento de José Antonio. José Antonio dio la vida por una España que conciliara la justicia social con el sentimiento nacional, y no tengo la impresión de que estén bien vistas esas cosas por unos políticos de ideas turbias y unos folicularios que, en la feria y fuera de ella, confunden la prosa con la broza.
Ese centenario se celebró por fin sin que muchos que habían hecho carrera con la camisa azul se rebajaran a participar en él, y eso explica que algunos que nunca vestimos camisa alguna, nos sumáramos a los que nunca cambiaron de camisa sin temor a que nadie nos tachara de oportunistas ni de aprovechados y sin otra finalidad que la de honrar con la mejor voluntad la memoria de uno de esos españoles que hacen bueno aquello de que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. Fruto de aquellas jornadas nació un libro que salió adelante entre las reticencias de los medios de confusión escrita y audiovisual y la antipatía o el desdén de la clase política en general y de sus intelectuales orgánicos, tránsfugas en muchos casos de las filas de Falange.
Como botón de muestra, mencionaré al director del Ateneo madrileño, antiguo jefe de centuria, que mandó retirar el retrato de José Antonio, aunque también es justo congratularse de que un notorio ex falangista que culminó su carrera en la presidencia de un sindicato vertical no protestara cuando alguien exhumó un rancio artículo suyo en Arriba sobre su amada –y provechosa- camisa azul, bien guardada en el desván de sus recuerdos o en el armario de sus esqueletos. Espero que por lo menos se tenga en cuenta el valor moral de rendir homenaje a José Antonio en una España que, por activa y por pasiva, reniega de sí misma, y nadie más valeroso que Jaime Suárez que, contra viento y marea y sin el menor apoyo oficial, sacó aquel libro adelante.
Dice Chesterton que “no es casualidad que la palabra “homenaje” signifique en realidad hombría”. “Homenaje”, según Corominas, es palabra que data más o menos de 1140 y procede del occitano antiguo omenatge, que significaba “vasallaje”, el vasallaje que se rinde a la “hombría”, que viene de “hombre”, como omenatge viene de ome. Cuando homenajeamos a alguien nos declaramos en cierto modo sus vasallos, pero al mismo tiempo que nos inclinamos ante su hombría afirmamos la nuestra, no sólo porque reconocemos los méritos de alguien que nos es superior, sino porque al hacerlo de modo libre, nos rebelamos contra eso que llaman la “opinión pública”, por otro nombre “envidia igualitaria”. Sería ingenuo e indecente esperar por ello ningún tipo de reconocimiento.
La filosofía que hay detrás de este concepto del homenaje es la del anónimo Soneto a Cristo crucificado: No me tienes que dar porque te quiera. Con esa idea se ha hecho a lo largo de tres mil años esa España grande que seguirá existiendo cuando nadie se acuerde de los sayones beodos que hoy se juegan a los dados su sagrada inconsutilidad.

–oo—000—oo–



Premio nacional de literaturaAquilino Duque Gimeno, escritor español nacido en Sevilla el 6 de enero de 1931. Licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, amplió estudios en las Universidades de Cambridge (Trinity Hall) y la Southern Methodist University en Dallas, Tejas.
En 1975 fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura de España. Anteriormente había obtenido el Premio Leopoldo Panero de poesía en 1968, el Premio Ciudad de Sevilla de novela en 1970 y el Premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1972.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Jornadas sobre Gibraltar

I JORNADAS DEL FORO. Recuperemos Gibraltar: Propuestas sobre su futuro.

12 de Diciembre de 2012, 18:30

Salón de actos. Facultad de Humanidades y Ciencias de la Comunicación.
Universidad CEU San Pablo.
Pº Juan XXIII, nº 6, 8 y 10.
(Metro: Metropolitano). Madrid.

ACTIVIDADES:

18:30 a 18:40h. Presentación de la Jornada por Pío Moa, Historiador y Ensayista.

18:45 a 19:25h. Presentación del número extraordinario de la revista Diplomacia Siglo XXI (Grupo Intereconomía) y el cuadro El último de Gibraltar del pintor Augusto Ferrer Dalmau.
1ª Conferencia-Mesa Redonda. Gibraltar tras el Tratado de Lisboa: Una situación anacrónica. Por D. Santiago Velo de Antelo, director de la revista Diplomacia y autor del libro "Llamada a una Patria dormida".
Vocales: D. Guillermo Rocafort, doctor en economía y abogado, y D. Lucas Molina, economista y doctor en historia, director del grupo Gallandbooks.
19:30 a 20:00h. Conferencia: Una solución “china” para Gibraltar, por D. José Luis Orella.
Profesor de Historia Contemporánea. Universidad CEU San Pablo y director del periódico digital diarioYa.es.
20:05 a 21:00h. 2ª Mesa Redonda: “Gibraltar hoy y mañana”.
Presidente de Mesa: D. Luis Togores.
Vocales: S. Velo - J.L. Orella - Pío Moa - G. Rocafort - L. Molina.

lunes, 26 de septiembre de 2011

PIO MOA POLEMIZA CON JAVIER VILCHES A CUENTA DE LA DIVISION AZUL

COMO CONTINUACION A LA ANTERIOR ENTRADA EN LA QUE DABAMOS CUENTA DE LA VISION DE JAVIER VILCHES SOBRE LA DIVISION 250, ADJUNTAMOS ESTA ENTRADA DEL BLOG DE PIO MIO DANDOLE CUMPLIDA RESPUESTA DESDE LA DIVERGENCIA.

Es obvio que una discusión seria no puede hacerse sobre la base de “pues me dijo mi tío que es guardia civil que les obligaban a ir a la División Azul”. Eso puede servir para las típicas chorradas de  barra de bar, pero no en este blog. La prueba más palpable del carácter voluntario de la División está en su comportamiento en condiciones tan duras, y en la práctica ausencia de desertores.
   Obsérvese también que sobre el problema demográfico nadie ha dicho una palabra. No preocupa, parece ser.
El historiador Pío Moa

La División Azul de Vilches

22 de Septiembre de 2011

El señor Vilches parece empeñado en escribir cosas raras, quizá por mala información (parece seguir a Preston y eso es muy poco recomendable a estas alturas). Si hubiera leído, por ejemplo, mi libro Años de hierro,  habría evitado caer en ciertos dislates como los de su último artículo sobre la División Azul. Creo que es bueno el debate en una publicación liberal (no hay liberalismo sin debate), por lo que veré de aclarar algunos tópicos corrientes y poco reales en los que sigue incurriendo bastante gente.
 
   Afirma Vilches, al exponer el mensaje de Franco a Hitler tras la derrota del ejército franco inglés en 1940: “El Führer no estaba dispuesto a aceptar las condiciones materiales y territoriales que el Caudillo exigía para entrar en guerra”. En historia, la cronología es fundamental, y Vilches confunde dos momentos distintos: en aquel momento no había condición alguna, solo un ofrecimiento muy general, y a Hitler no le importaba la ayuda española porque creía que Inglaterra pediría la paz y porque dejaba el Mediterráneo como esfera de acción de Italia. Sería más tarde cuando Hitler se interesara (¡y mucho!) por la ayuda española y cuando Franco le presentara condiciones imposibles de cumplir para Alemania. La versión de Vilches tiene además un fallo de omisión en que incurren casi todos los historiadores: debe recordarse siempre que Franco había declarado su neutralidad ya en 1938, y la reafirmó al ser invadida Polonia. ¿Por qué cambió de postura a la caída de Francia? ¿Y por qué, poco después, volvió a cambiar y a exigir tantas cosas a Hitler? De ello puede informarse el señor Vilches en Años de hierro, porque no puedo repetir las mismas cosas eternamente.
 
  Y Churchill no amenazó con nada. Simplemente redujo a la mitad los suministros de petróleo y otros materiales, llevando el hambre a los españoles, y al mismo tiempo prometió e hizo lo imposible por mantener a España fuera de la guerra. Aunque la decisión nunca dependió de él ni de los generales supuestamente sobornados por Hillgarth, sino en todo momento  de Franco.
 
   Como nadie ignora, tampoco el señor Vilches, cuando la invasión de la URSS por Alemania se formó en España la División Azul. Él dice que a Hitler le pareció insuficiente, pues quería la entrada de España en la guerra (que a aquellas alturas ya le importaba mucho menos) y casi da a entender que Franco envió la División con reticencia dl Führer. Este, en realidad, aceptó la División encantado y la hizo objeto de honores y concesiones que no tuvieron los demás aliados de Alemania. 
   A continuación da por cierto un atentado falangista contra Varela en 1942 (debió decir “supuesto y casi con seguridad falso atentado”), y vuelve a 1941 para dar una versión sobre la disputa entre Serrano y Varela sobre la composición de la unidad. Varela, cuya inteligencia es discutible, quería una división militar, lo que habría supuesto declarar la guerra a la URSS, como le hizo ver Serrano, que la quería de voluntarios. Esta fue la decisión final. Vilches señala que los voluntarios iban encuadrados por mandos militares dejando entender que  estos no eran voluntarios: lo eran, como los demás. Y hubo tantos  que algunos oficiales tuvieron que alistarse como suboficiales e incluso como tropa. Atribuye además a Serrano la creencia en “una victoria sin batallas” en Rusia,  siguiendo el método prestoniano de achacar a otros las tonterías de su propio caletre.
 
   Luego se embrolla o nos embrolla un poco sobre las motivaciones de la empresa. Con decir que fueron el anticomunismo, la culpabilidad de Rusia (Serrano quería decir la URSS) por haber prolongado la guerra civil en España y las muertes consiguientes, y, en fin la devoluciòn de visita, lo habría dicho todo. Y nuevamente endilga a Serrano un deseo de fascistizar a España “como Alemania o Italia”. Eso es hilar muy grueso. Un historiador nunca debe confundir los regímenes alemán e italiano, como hacían los comunistas. Nadie dio ningún “Viva el fascismo!” en las manifestaciones, y, como el señor Vilches sabe, aunque olvida, el fascismo fue un movimiento paganizante, mientras que la Falange se proclamaba inequívocamente católica. Este mero hecho vuelve muy discutible la identificación de ambos movimientos. 
  
La anglomanía de Vilches reluce nuevamente cuando habla de una “acalorada” discusión entre Hoare y Serrano, y repite la legendaria anécdota de “no me mande más guardias, mándeme menos estudiantes”. Pero eso es solo un chiste.

Informa también, y erróneamente,  el señor Vilches: “el cansancio de la sociedad española  frustró las expectativas de Serrano Súñer, por lo que  se necesitaban 17.000 voluntarios y no los hubo, debiéndose recurrir a la recluta de soldados. Así, “las milicias de partido aportaron 9.154 efectivos y el Ejército contribuyó con 7.292 hombre. Los datos oficiales se ocultaron hasta marzo de 1973. La realidad, me temo, difiere nuevamente. Hubo considerables diferencias de unas provincias a otras –cosa natural--, pero el número global de voluntarios superó ampliamente el de puestos disponibles y muchos tuvieron que quedar en España. Y muchos más de alistaron en las siguientes tandas de 1942 y 1943, aunque, lógicamente, en proporción descendente según la evolución de la guerra. También le conviene saber que los soldados fueron igualmente voluntarios, y que entre ellos había asimismo numerosos falangistas que hacían la mili.
 
 Por ello, la plantilla de la División estuvo siempre cubierta, siendo la única de la Wehrmacht en tales condiciones, pues después del desastroso invierno de 1941-2, las divisiones alemanas contaban con un tercio menos de su plantilla habitual. 
Señala, finalmente, que la expedición fue “muy dura e ingrata, incluso cuando volvieron a España”. Dura sí lo fue ciertamente, pero, y por eso mismo, la gran mayoría volvieron orgullosos de haber realizado una gesta en muchos aspectos extraordinaria. Obviamente, no compartían la actitud posterior de nuestro anglómano señor Vilches. 
 
 

jueves, 9 de junio de 2011

V Jornadas de Historia en el Instituto de Estudios Históricos-CEU


Las V Jornadas de Historia, que este año versarán sobre la División Azul a propósito de su 70 aniversario, y cuya organización corre a cargo de el Foro Historia en Libertad que dirige Ángel David Martín Rubio, ha reunido a los mejores expertos sobre la materia. Entre los conferenciantes se encuentran: Fernando Paz, Pío Moa, Luis E. Togores, José Luis Jerez Riesco, Carlos Caballero, Gustavo Morales, Rafael Ibañez, José Gabriel Storch de Gracia y Asensio, Pablo Sagarra Renedo, José María Blanco Corredoira y Juan Negreira Parets.

Las Jornadas tendrán lugar en el Instituto de Estudios Históricos-CEU (Palacio del Infantado. Carretera de San Francisco, 2), el viernes 24 y sabado 25 de junio.

domingo, 10 de abril de 2011

SUPLEMENTO ESPECIAL IIª REPÚBLICA EN LA GACETA


El próximo día 14 de Abril se cumplirán 80 años de la proclamación de la IIª República Española, con tal motivo el diario La Gaceta ha publicado un suplemento especial donde, a través de diversos artículos y documentos, algunos inéditos, se acerca al lector a las luces y sombras de aquella etapa del pasado reciente de España.


Hemos de resaltar la presencia destacada del profesor de economía aplicada de la universidad de Sevilla, José Manuel Cansino, que se encarga de analizar en un magnífico reportaje, aspectos de la realidad económica del periodo republicano.


Junto a él, figuras de la talla del hispanista Stanley G. Payne, el sociólogo Amando de Miguel, los historiadores Pío Moa y José Alacalá-Zamora, éste nieto del que fuera presidente de la República y el filósofo Gustavo Bueno, completan un valioso documento que nos puede ayudar a comprender mejor la realidad de aquel tumultuoso periodo de nuestra Historia.


Por su interés histórico y cultural, reseñamos el enlace donde se puede ver el suplemento de manera integra:


domingo, 12 de septiembre de 2010

GARZÓN ¿JUEZ INTEGRO O PREVARICADOR?







Arnaud Imatz




¿Pervive el espíritu de la Transición democrática que marcó la vida política española durante más de un cuarto de siglo? ¿Se trata solamente de un recuerdo desgastado? A juzgar por la ola de sectarismo levantada en la primavera de 2010 por "el asunto del juez Baltasar Garzón", la cuestión merece ser expuesta.

Según la opinión general, la instrucción contra el magistrado-astro exacerbó las tensiones del país, dividiendo la opinión pública en dos campos. Un deterioro del clima político tanto más lamentable al tiempo que España sufre una crisis económica profunda.

En varios días de informaciones-desinformaciones, el juez de la Audiencia nacional Baltasar Garzón se convirtió en un verdadero fenómeno popular. Sus admiradores eran unos millares que consideraban que hay que protestar "contra la impunidad del franquismo" (24 de abril de 2010). En las calles de Madrid enarbolaban la bandera tricolor de la República y la bandera roja comunista. Reclamaban a grandes gritos la vuelta de la República y la ilegalización del Partido Popular. Para todos ellos no había duda: el proceso contra el juez manchaba la memoria de las víctimas y constituía un "escándalo sin precedente".

¿Intenciones excesivas de una minoría de revanchistas? ¡Cierto! Pero el asunto es preocupante. Personalidades habitualmente poco propensas al radicalismo extremista avivaron el fuego. El diario próximo al gobierno, “El País”, sostuvo sin reserva a Garzón, reproduciendo las intenciones más insultantes para el Tribunal Supremo, y criticando a la vez, a Luciano Varela, juez encargado de la instrucción.

Para comprender verdaderamente el asunto Garzón, hay que tomarse el trabajo de informarse seriamente. Evidentemente, los grandes medios de comunicación no consideran útil hacer este trabajo.

Un detalle importante ha sido pasado en silencio. Garzón no es juzgado por haber querido abrir las “fosas del franquismo” o investigar sobre los crímenes del régimen, sino por "prevaricación voluntaria" o falta grave a las obligaciones de su cargo. En un Estado de derecho, con más razón en una democracia, a partir del momento en que un juez pretende sustituir al legislador, en el momento en que viola deliberadamente la ley, está jurídicamente “muerto”. Esto, no lo ignora un jurista digno de este nombre.

La memoria histórica forma parte de la estrategia de ZP; en la foto junto al juez Garzón

Volvamos sobre los hechos
El 26 de diciembre de 2007, José Luis Zapatero hace aprobar una "ley de memoria histórica" cuyo origen se encuentra en una propuesta del Partido Comunista (Izquierda Unida). Esta ley tiene por objeto honrar y recuperar la memoria de todos los que fueron víctimas de injusticias por motivos políticos o ideológicos o de creencias religiosas durante y después de la guerra civil. Es el resultado de un consenso entre la izquierda y los partidos nacionalistas vascos (PNV) y catalán (CIU). Estos últimos, de sensibilidad demócrata-cristiana, consiguieron hacer admitir las "creencias religiosas" entre los motivos de represión. Su enmienda se reveló sin embargo de un efecto limitado. Desde su promulgación, la "ley de memoria histórica" ha sido interpretada sistemáticamente en favor de los representantes y simpatizantes del campo republicano y de sus descendientes.

Consciente de manejar una bomba de efecto retardado, el gobierno socialista primero escogió la inercia. Como dijo el secretario general de Amnistía internacional, Claudio Cordone, en materia de exhumaciones de los restos de las fosas comunes no hizo "prácticamente nada" (El País, 27-mayo-2010). Se contentó con dejar actuar a las asociaciones privadas generosamente subvencionadas.

El 16 de octubre de 2008, Baltasar Garzón, juez de instrucción de la Audiencia nacional, se pronunció sobre 22 denuncias "de Asociaciones de recuperación de la memoria" sobre "genocidio y crimen contra la humanidad". Primeramente, el magistrado se declaró competente para instruir la totalidad "de crímenes del franquismo" y autorizó la apertura urgente de 19 fosas. Luego, para evitar ser desaprobado por sus pares, ordenó que "la instrucción necesaria" fuera llevada por los jueces competentes. El ministerio público inmediatamente reaccionó por la voz del fiscal, Alberto Zaragoza, quien censuró a Garzón por haber eludido la ley de amnistía de 1977 y querido realizar un tipo de inquisición general que recordaba la instrucción general (Causa General) llevada por el ministerio público de Franco, entre 1940 y 1943, lo que la Constitución prohíbe categóricamente. El fiscal también le reprochó al juez por atentar al principio constitucional de no retroactividad y por fundarse sobre reglas de derecho internacional que no existían en la época en la que los actos habían sido cometidos.

Justicia universal... pero no en Paracuellos

En la polémica, periodistas de derecha recordaron que el mismo juez Garzón había rechazado, en 1998, una querella semejante sobre "genocidio, tortura y terrorismo", contra el PCE y su Secretario general, Santiago Carrillo, el PSOE y el Estado español, denuncia presentada entonces por la Asociación de las familias y amigos de víctimas del "genocidio de Paracuellos del Jarama" (2750 a 5000 muertos según las fuentes). Garzón entonces había discutido la capacidad jurídica de la asociación de los demandantes y les había reprochado "romper las normas de retroactividad" y violar la Constitución. Hasta había rechazado su queja de "abuso de derecho" y puesto en duda la deontología de los abogados demandantes. Confirmando la posición del juez Garzón, el fiscal Pedro Rubira había declarado, algunos meses más tarde (marzo-2000), que los hechos habían prescrito y recordó que la ley de amnistía de 1977 se aplicaba con pleno derecho.

Diez años más tarde, fundándose sobre argumentos y una jurisprudencia radicalmente inversa, Garzón admitía la queja de las víctimas del franquismo. Desde entonces, no iba a tardar en caer en su propia trampa. En 2009, era objeto de tres querellas por "prevaricación voluntaria " depositadas por el Colectivo de funcionarios Manos Limpias y la asociación Libertad e identidad.

A principios de abril de 2010, sintiendo la suerte de su amigo Garzón sellada, el fiscal argentino del Tribunal penal internacional, Moreno Ocampo, propuso que el juez fuera trasladado al Tribunal Penal Internacional con la esperanza de bloquear el procedimiento de suspensión. Pero a pesar del acuerdo del ministerio público y del gobierno, a pesar de las manifestaciones de apoyo en la calle, a pesar de la propuesta de proyecto de ley de los comunistas de Izquierda Unida que pretendía modificar la ley de amnistía, la maquinaria judicial no pudo ser frenada.

Un triple proceso contra el juez Garzón
El 14 de abril de 2010, ha sido tomada una medida disciplinaria de suspensión en contra del juez por unanimidad por miembros de la Asamblea plenaria del Consejo General del Poder Judicial. Esto marca la apertura del triple proceso de Garzón ante el Tribunal Supremo (apertura de instrucción penal contra crímenes amnistiados por la ley, obtención de una ayuda económica por un banquero a quien instruía un asunto y la interceptación de comunicaciones entre abogado defensor y su cliente). El juez se arriesga a ser condenado a 20 años de incapacitación profesional.

No hay que equivocarse sobre las verdaderas razones de la amplitud de este asunto. Para los amigos de Garzón, las tribulaciones del juez son sólo un pretexto para dar cuerpo a sempiternas mentiras. Al oírlos, parece dar la impresión de que en 1936, los "buenos" habrían estado en un campo y los "malos" en el "otro"; todas las víctimas de los "franquistas" habrían sido personas honorables, héroes de la democracia; el espanto en el campo nacional habría sido infinitamente más brutal que el del campo republicano; la derecha sería la única responsable de la destrucción de la democracia y de la guerra civil; además, como heredera del franquismo, ella continuaría monopolizando el discurso y la memoria del conflicto.

Recordemos brevemente lo absurdo de estos camelos de titiriteros políticos.

Las mentiras
Primera mentira: las víctimas de los "franquistas" eran todas combatientes de la democracia, gente que debe hoy ser honrada y cuyos asesinos deben ser juzgados.

Según este discurso, poca importancia tiene que la vida en la zona de la Frente popular hubiera sido un infierno verdadero para la mitad de españoles. ¡Olvidadas las víctimas de la represión frente-populista debido a sus convicciones religiosas, o porque eran militares, nobles o burguesas, o simplemente de derecha!

No sabemos por qué debemos poner sobre el mismo plano a víctimas y verdugos. Tres ejemplos edificantes deberían bastar para comprender la perversidad de este raciocinio.

– Primer ejemplo: Juan Peiró y Agapito García Atadell. Peiró fue un dirigente anarquista, ministro del Gobierno frentepopulista durante la Guerra Civil, pero se trata de una figura ambigua que se opuso a algunas manifestaciones del terror "rojo" e intervino para salvar algunas vidas al tiempo que formaba parte del entramado responsable del proceso revolucionario y de los crímenes ejecutados materialmente por otros. Atadell, era un socialista, jefe de la Brigada de Investigación Criminal, que dependía directamente de la Dirección General de Seguridad del Ministerio de la Gobernación. Fue responsable de robos, violaciones y de más de ochocientas detenciones al margen de la legalidad, muchas de las cuales terminaron en asesinatos. Condenado a muerte por un consejo de guerra, fue también ejecutado. ¿Hay que honrar por eso la memoria de Peiró y de Atadell de la misma manera?

– Segundo ejemplo: Juan Duarte Martín. Era un joven seminarista de 20 años. Su historia es de una naturaleza que hiere la sensibilidad de las personas más endurecidas. Juan fue denunciado por sus vecinos y torturado durante ocho días en noviembre de 1936. Una joven mujer fue encargada de seducirlo pero como se negaba a romper su voto de castidad, un miliciano lo castró con una navaja de afeitar y le ofreció sus testículos a la señorita. Después de abrirle el vientre., todavía vivo, echaron gasolina por su cuerpo y le prendieron fuego. Durante este último tormento, Juan Duarte sólo decía: "Yo os perdono y pido que Dios os perdone... ¡Viva Cristo Rey!". Las últimas palabras que salieron de su boca con los ojos bien abiertos y mirando al cielo fueron: "¡Ya lo estoy viendo... ya lo estoy viendo!". Los mismos que intervinieron en su muerte contaron luego en el pueblo que uno de ellos le interpeló: "¿Qué estás viendo tú?". Y acto seguido, le descargó su pistola en la cabeza. El 28 de octubre de 2007, el sobrino de Juan, José Andrés Torres Mora jefe de gabinete de Zapatero, diputado socialista y promotor de la "ley de memoria histórica", asistía a la beatificación de su tío, uno de los 498 mártires entonces distinguidos por la Iglesia católica. ¿Tenemos que honrar hoy a los verdugos de Juan Duarte Martín so pretexto de que combatían en nombre de la libertad?

– Tercer ejemplo: el poeta comunista Marcos Ana. Este icono de la izquierda fue encargado de leer el manifiesto de apoyo del juez Garzón el 24 de abril de 2010. Escritor de 90 años, es el preso más viejo de España franquista. Pasó 22 años por las cárceles, según nos dijeron, por " un delito simple de conciencia". Hasta Pedro Almodóvar, pretendería realizar una película a su gloria. Lo que no se sabe tanto, es que Marcos Ana es el seudónimo de Sebastian Fernando Macarro, miliciano que fue condenado por el asesinato de tres personas inocentes conocidas por sus convicciones religiosas. En su expediente judicial nº 120976 aparecen los motivos de su condena: era un joven líder de las Juventudes Socialistas Unificadas, jefe de grupo en el "Batallón Libertad" de Alcalá de Henares. Macarro fue condenado a muerte en 1943, pero como era menor, en el momento de los hechos, en 1936, su pena fue conmutada a 30 años de reclusión. Este militante comunista, que jamás renegó su pasado, hoy es presentado como un combatiente de los derechos humanos.

La segunda mentira: el terror en el campo republicano fue infinitamente menos importante que el del campo nacional. Según los estudios más serios, el balance de la represión en la zona nacional se sitúa alrededor de 70.000 ejecuciones y el de la zona republicana alrededor de 60.000. Es muy probable que la cifra final de la zona nacional sea superior a la de la zona republicana. El terror rojo actuó con rigor durante tres años sobre un territorio que disminuía constantemente, mientras que el terror blanco duró más de tres años sobre un territorio cada vez más vasto. La cifra de la represión nacional incluye además las ejecuciones posteriores al conflicto para crímenes de guerra y represalias políticas. Esta "guerra de las cifras" no debe enmascarar un punto capital: hubo un terror blanco, pero hubo también un terror rojo, y, debido a su importancia, es difícil de creer que fue desorganizado o incontrolado como los comentadores más sectarios todavía afirman.

La tercera mentira: la derecha española, ayer responsable de la Guerra civil, sería hoy la heredera del franquismo. ¡Una tontería crasa! El Profesor americano, Stanley Payne, barrió recientemente la leyenda de la responsabilidad pretendida y única de la derecha en el origen de la Guerra Civil. Recordemos solamente un punto revelador: la izquierda revanchista exige periódicamente de la derecha una condena del golpe de Estado de 1936, pero jamás se arrepiente de su golpe de Estado de 1934.

En cuanto a la pretendida herencia franquista basta con recordar las cinco grandes etapas de la Transición democrática, para mostrar la falsedad de la afirmación de esta herencia pretendida de la derecha española:

1. El decreto ley que autorizaba las Asociaciones políticas fue promulgado por Francisco Franco, el 21 de diciembre de 1974, un año antes de su muerte.

2. La ley de Reforma política fue adoptada por las Cortes españolas el 18 de noviembre de 1976 (por 425 votos contra 59 y 13 abstenciones) y ratificada por referéndum popular el 15 de diciembre de 1976. Precisamente fue el sobrino de "José Antonio", Miguel Primo de Rivera, quien defendió delante de las Cortes el proyecto de ley presentado por el jefe de Gobierno Adolfo Suárez, el antiguo Secretario general del Movimiento, un texto que enterraba el franquismo y que había sido redactado en gran parte por otro antiguo Secretario general del Movimiento, Torcuato Fernández Miranda.

Juramento del Rey ante las Cortes Españolas (1975)

3. Las primeras elecciones generales legislativas del 15 de junio de 1977, se ganaron por la Unión de Centro Democrático de Adolfo Suárez, antiguo líder del Movimiento, por delante del PSOE de Felipe González.

4. La ley de amnistía fue adoptada por las Cortes el 15 de octubre de 1977 (296 votos a favor, 2 en contra, 18 abstenciones y uno nulo). Esta ley recibió el apoyo, sin la menor reserva, de la casi totalidad de la clase política (en particular líderes del PSOE y del PCE). Esta amnistía no se limitaba a la Guerra civil, sino concernía a todos los delitos cometidos para restablecer las libertades públicas o reivindicar las autonomías de las regiones de España (particularmente las acciones violentas de los maoístas del GRAPO y de los separatistas de la ETA). Pues no fue adoptada bajo la presión de los carros como hoy pretenden los amigos del juez Garzón. No fue tampoco ni una "amnistía-amnesia", ni una "cobardía", sino un acto de generosidad y de reconciliación. En 1977, el conjunto de la izquierda la defendía con vehemencia. La posición actual de los partidarios de Garzón, que quieren reformarla o anularla, constituye pues una curva de 180. Por fin, última etapa, que no había sido posible sin la ley de amnistía:

5. La adopción por el Congreso de la Constitución y su ratificación por referéndum el 6 de diciembre de 1978 (87 % de votos a favor).

La Transición democrática no fue una conquista de los enemigos de la dictadura
Los hechos están allí. Indiscutiblemente es la derecha franquista quien tomó la iniciativa de instaurar la democracia. La Transición democrática no fue una conquista de los enemigos de la dictadura, fue una elección deliberada la gran mayoría de los que habían estado allí y de sus principales líderes.

El escritor, Jorge Semprún, antiguo comunista y ministro de cultura socialista, declaraba hace poco: "La memoria de los vencidos no se tiene en cuenta, y sigue predominando la memoria de los vencedores, como ocurrió desde la posguerra hasta bien tarde. La retórica de la memoria de los vencedores es la que sigue predominando" ("La memoria es la vida", El País, 12-abril-2010). ¡Esto es ridículo! Precisamente la verdad es todo lo contrario. Si había un cierto consenso sobre las principales conclusiones relacionadas con los acontecimientos de la República y de la Guerra civil, éste voló en pedazo en los años noventa. Los autores favorables al Frente popular inundaron las librerías de libros, ocuparon los púlpitos universitarios y monopolizaron los grandes medios de comunicación. Después de la llegada de Zapatero la tendencia se reforzó. Pero en los años 2000, lo imprevisible se produjo. Una minoría de historiadores independientes, con Pío Moa a su cabeza, se sublevó. Antiguo comunista-maoísta, Moa rechazó las interpretaciones convencionales después de haber tenido acceso a los archivos de la fundación socialista Pablo Iglesias. Boicoteado, despreciado e insultado por los medios de comunicación oficiales, sin el menor apoyo del Partido Popular, estos grupos de resistentes debieron su salvación sólo al apoyo de centenas de millares de lectores y a los éxitos impresionantes de edición.

Ante la postura de los amigos de Garzón, el antiguo diputado, presidente de la Comunidad autónoma de Madrid, Joaquín Leguina, una de las figuras históricas del socialismo democrático español, particularmente representativo del espíritu de la Transición, lamentaba recientemente: "Es preciso reconocerle a Baltasar Garzón el éxito de haber aparecido, una vez más, en el New Yok Times y en otros notables medios internacionales, pero el mensaje que el juez y sus hooligans han conseguido colar allí es tan negativo respecto a los españoles que resulta siniestro. En efecto, este desgraciado asunto ha sembrado la idea de que en treinta años de democracia los españoles hemos sido incapaces de lidiar con el pasado, que la Transición fue una bajada de pantalones, que la Guerra Civil es un tema tabú y que buena parte de la derecha sigue siendo franquista. Un hatajo de mentiras" (Blog de Joaquín Leguina: 20 de abril de 2010, artículo "Adanismo"). En lugar de procurar de nuevo distinguir entre "buenos" y "malos", ya es hora de dar una visión justa y equilibrada del pasado.

jueves, 22 de julio de 2010

A PROPÓSITO DEL ÚLTIMO LIBRO DE PÍO MOA La historia de España, contada con claridad, Por Aquilino Duque

En los años en que gobernaba la derecha vergonzante se registró una discreta reacción contra cierta tendencia historiográfica, nada nueva en nuestro país, que cabría resumir en la negación de España como nación y en la consideración de su historia como una equivocación colosal.
Surgieron así, no sé hasta qué punto por iniciativa oficial, algunas obras, entre las que quisiera destacar Reflexiones sobre el ser de España (Madrid, 1997), de la Real Academia de la Historia, y España. Tres milenios de Historia (Madrid, 2000), de don Antonio Domínguez Ortiz, que además zanjaba en las Reflexiones susodichas, con una ponencia magistral, el traído y llevado asunto de "Las Tres Culturas en la Historia de España". El título del libro del profesor Domínguez Ortiz venía a salir al paso de la pretensión de ciertas regiones o provincias, abusivamente llamadas históricas, de conmemorar –al socaire del impreciso término nacionalidad, metido de contrabando en la Constitución del 78– unos milenarios más bien imaginarios.
Aunque sólo fuera por ese motivo, yo recomendaba la lectura de esa obra, resumen muy ameno y convincente de la historia de España, al menos tal como la estudiamos los bachilleres del plan de 1938. El relato iba desde luego algo más allá de lo que abarcaban aquellos manuales escolares, a saber, la época en que ese plan se aplicó, que era la de Franco, una época que aún no había pasado a la historia cuando yo cursaba el bachiller. Mientras una época no pasa a la historia, todo lo que sobre ella se escriba no es historia, sino prensa y propaganda o, si se prefiere, crónica más o menos fidedigna u opinión más o menos sesgada. Con esto trato de decir que el libro de Domínguez Ortiz habría salido ganando si el último capítulo lo hubiera cerrado con las exequias del Caudillo, en cuyo largo mandato llegaba incluso, con las reticencias de rúbrica, a señalar algunos aciertos. Y es que la página y media que le sobraba era un elogio desmesurado de esta Transición que aún no sabemos a dónde nos va a llevar y que él, que no hay período histórico en el que no señale cosas buenas y malas, presenta como la culminación y la plenitud de los tiempos históricos.
Es muy probable que esa página y media fuera imprescindible para cumplir con los comanditarios de la obra. Es muy difícil que una adhesión inquebrantable a un orden nuevo no lleve consigo una condena del orden precedente que pasó a mejor vida. La damnatio memoriae es una penosa tarea que los historiadores deben dejar a los folicularios, que son legión. Por eso, a la vez que recomendaba el libro de Domínguez Ortiz, recomendaba otro que a mi modo de ver daba una idea más completa y documentada de esa época que pasó a la historia y que sus detractores se empeñan en demostrar que sigue teniendo una polémica actualidad: Franco. Un balance histórico, de Pío Moa.
En él se describe con todo pormenor una época, la que va de la caída de Primo de Rivera hasta el final de la guerra civil, por la que Domínguez Ortiz pasaba con los miramientos al uso. Esos miramientos no eran otros que los de la clase política, empeñada, una vez bajo el marco de la Constitución de 1978, en hacernos creer que el nuevo régimen traía su legitimidad, según losreformistas, de la Constitución de 1876, o, según los rupturistas, de la de 1931. La instalación en el Poder de estos últimos por segunda vez, a raíz del estrago de marzo de 2004, hizo que prevalecieran unos puntos de vista en cuya virtud la historia como fue dejaba paso a la memoria histórica, es decir, a una historia no como fue, sino como algunos preferían que hubiera sido. Naturalmente, cuando se niega y se condena con semejante desenvoltura una época que aún está en la memoria de muchos, la operación no se limita a los tiempos modernos, sino que se remonta a los orígenes de los tiempos, y trepa o repta en su condena y su negación desde la fecha hasta la cruz.
Ya en los primeros tiempos del régimen actual, en unas reuniones celebradas en Lisboa y en Salamanca, un rupturista de la variedad andalusí proponía con un aplomo estupendo reivindicar la civilización cartaginesa frente a la romana, y en cierto museo arqueológico se elimina ahora todo lo referente al arte visigodo. Baste con estos dos botones de muestra para justificar que Pío Moa venga a reforzar los Tres milenios de Domínguez Ortiz, ante las embestidas de la memoria histórica. Esa es, creo yo, la finalidad de esta Nueva Historia de España, que abarca de la Segunda Guerra Púnica al siglo XXI.
La Nueva Historia de Pío Moa no es, ni mucho menos, una historia de España contada con sencillez, como la de Pemán, que se pasó de esquemático, sino una contada con claridad, y asequible desde luego a todos los españoles de buena voluntad que quieran enterarse de dónde vienen y a dónde los quiere llevar la clase política. Sin embargo, la Historia no sólo pasa en el tiempo, sino en el espacio, y la de una nación en concreto no se entiende del todo si se la aísla de la de la civilización, vale decir, de la historia universal. En realidad, más que una Historia de España, lo que Moa intenta es una Historia de la Civilización, o de las Civilizaciones, y del papel que a nuestra patria toca en esa Historia General. Ese papel, huelga decirlo, no es nada desdeñable, por más que, por lo que tiene de extraordinario y de desmesurado, lo hayan menospreciado siempre los extranjeros que no nos lo perdonan ni los nacionales que tienen tan bajo concepto de ellos mismos que no se consideran capaces de llevar con decoro tan onerosa herencia.
PÍO MOA: NUEVA HISTORIA DE ESPAÑA. La Esfera (Madrid), 2010, 904 páginas.