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miércoles, 11 de junio de 2014

Contra la infamia del infame Jorge M. Reverte

CARTA ENVIADA A EL PAÍS (por Alfredo Valenzuela)

'Matones'
Señor director, la reseña del libro "La División Azul. Rusia. 1941-1944", de Jorge M. Reverte, que su periódico publicó el sábado 5 de marzo concluía calificando a los integrantes de la División Azul de "matones que se creían héroes y cruzados cristianos". ¿Le parece apropiado, señor director, calificar de 'matones' a Luis García Berlanga, Luis Ciges, Dionisio Ridruejo, Tomás Salvador y Fernando Vadillo, entre otros?- Alfredo Valenzuela. Sevilla


Alfredo Valenzuela

lunes, 12 de noviembre de 2012

Dionisio Ridruejo, un siglo. Por Antonio R. Taravillo



No ha bastado su poesía, buena pero cincelada en mármol y por ello yerta con frecuencia, ni su excelente prosa. En España, para que te conmemoren has de ser de izquierdas: si desgobierna el PSOE, por sacar en andas a los propios y, sobre todo, quienes lo rebasan por la siniestra; si el PP, por tácito reconocimiento de inferioridad (las derechas suelen pensar más con la panza que con la inteligencia). El caso es que su centenario ha sido genuinamente español: con más pena que gloria.
            Prístino falangista, uno de los que arrimaron sílabas al himno más cantado en España durante décadas –no había tu tía–, Ridruejo estuvo siempre donde creía que debía estar, primero con esa figura sugestiva, José Antonio, y después contra Franco y su “acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules” (el primero dixit). A él no se le impuso una condena a muerte como a Hedilla (conmutada), pero sí el destierro, cosa también muy española desde el Cid a Unamuno.
            Una vez comí con García Berlanga: antes de saber que era librero y solicitarme ávida noticia de títulos sobre erotismo, una chispa como de hoguera antigua le saltó a los ojos al recordar sin remordimiento su paso por la División Azul, en la que conmilitó con Ridruejo. También aquel se sintió seducir una temporada por José Antonio, la encarnación española del fascismo y su inmediata superación. Los escritos del joven Primo de Rivera de 1935 (cuando lo conoció Ridruejo) y 1936 (luego ya no pudo evolucionar más, como muchos otros) lo acercan aunque con un fondo y puesta en escena bien distintos –eran los años treinta– a la idea que en los sesenta defendió Ridruejo: una suerte de democracia social.
Creía este que los españoles podían entenderse en un país más digno y justo. Y, traductor de El quadern gris de Pla, siempre favoreció el entendimiento del resto de España con Cataluña. Los mezquinos, los bobos le impidieron difundir cuando la toma de Barcelona octavillas en catalán como pretendía.
Hoy, en el Ateneo, Aquilino Duque disertará sobre Ridruejo, el escritor y el ejemplo de una forma de política no consistente en medrar sino en marchar por un ideal a Rusia o, purgado luego por nuestro Stalin menor, el Caudillo vitalicio, a la Siberia benigna de la serranía de Ronda. Allí, pienso, tendría presente al inmortal sordo de Fuendetodos, no por las corridas goyescas –posteriores–, sino por el recuerdo de esos compatriotas que en el cuadro famoso se atizan, obedientes en el lienzo al descalabro perpetuo de nuestra piel de toro.

(El Mundo, edición de Sevilla, 9-11-12)

sábado, 19 de noviembre de 2011

Luis García Berlanga en la División Azul






Berlanga en primer plano con bigote volviendo de Rusia con la División Azul.






La reciente salida a la luz pública de unos diarios redactados por el famoso director de cine Luis García Berlanga durante su estancia en el frente ruso con la División Azul, han suscitado diversos artículos en la prensa nacional. Se dan a conocer estos escritos precisamente el año que se conmemora el 70 aniversario del cuerpo expedicionario de voluntarios españoles, principalmente falangistas, que marcharon a Rusia a luchar contra el blochevismo. A través de las palabras escritas por el famoso director se nos revela su adhesión aquellos años a los postulados falangistas: "Se es falangista o no se es. Este dilema fundamental surge inconscientemente ante cualquier problema con el que nos tropecemos. Y la manera de reaccionar define, si es que se puede definir, el estilo", y su admiración por la figura de José Antonio Primo de Rivera, del que escribe un artículo laudatorio que también aparece en los escritos aahora editados por Pigmalión en la Colección Lumiére: Los cuadernos inéditos de Berlanga.
Un libro clave, publicado en el primer aniversario de la muerte del famoso director, que nos da la pauta de sus más intimas convicciones en aquellos momentos, como su inquietud por ser un poeta reconocido, actitud romántica que también le acerca al falangismo, no olvidemos el peso de los literatos dentro del movimiento joseantoniano. A la vez que desmonta la visión politicamente correcta que durante años ha mantenido que Berlanga marchó a la División Azul como recurso para rehabilitar a su padre, político republicano. Ciertamente la imagen de un Berlanga sonriente y entusiasta junto a sus camaradas en el tren camino del frente, no parece la de una persona que marchara a regañadientes a la misión.

A. C. Ademán

martes, 16 de noviembre de 2010

Berlanga o el esperpento piadoso por Ignacio Camacho


EL tiempo había agrandado su leyenda con la corona de bruma que aura a los genios, y más que un hombre había empezado a ser un concepto, un adjetivo, una categoría. Lo berlanguiano es un modo de entender desde el humor y una cierta compasión orgullosa ciertos rasgos de la identidad española, a medias entre el ridículo, el casticismo, la exageración y la parodia. Es el esperpento contemporáneo, el espejo satírico de la gran histrionada nacional, la deformación de ese trazo grotesco y agrandado que nos convierte en sujetos de un quijotismo burlón y estrafalario. Lo berlanguiano una cicatriz de la psicología colectiva que cruza el rostro de un país marcado por los demonios de su historia, a los que siempre termina asomándose con la bizarría de los viejos hidalgos trasnochados que ya asoman en la picaresca del Siglo de Oro. Lo berlanguiano es la antípoda de la posmodernidad, una caricatura de la vieja España esencialista y atrabiliaria que permanece emboscada detrás de los esfuerzos por ponerse al día; un retrato más tierno que ácido, más jocoso que vitriólico, más indulgente que canalla, de esa eterna pasión tan nuestra por la desmesura, el exceso y la extravagancia.
Berlanga era nuestro Fellini, otro tipo que también logró derivar su apellido en una cualidad. Hay un hilo conceptual que va de Quevedo a Cela pasando por Goya, por Larra, por Galdós, por Solana y por Valle; una visión cáustica, ennegrecida, grotesca y mordaz de lo español que en Berlanga se remansa con un toque compasivo, humanitario, piadoso y una pizca de orgullo identitario exento de remordimientos y empapado de una cierta cordialidad complaciente y divertida. Los retratos berlanguianos son más dulces que crueles porque nacen de una visión tolerante de nuestros defectos congénitos. El alcalde de Villar del Río, el marqués de Leguineche, el verdugo pequeñoburgués o los milicianos de «La vaquilla» son personajes de una íntima familiaridad dibujados con más condescendencia que amargura. Alrededor de ellos gira un mundo chocante, fallero y estrambótico pintado con brocha de pelo gordo para endulzar por contraste su humanidad casi conmovedora de perdedores históricos y crepusculares. Así era, en el fondo, su propio autor: un hombre poliédrico, contradictorio, torrencial, un genio espontáneo cuyo carácter sublimaba mediante el humor la tragedia de un siglo marcado —también en su propia biografía familiar y personal— por la violencia, la discordia y el desencuentro. Berlanga es pura españolidad: exuberancia, paradoja, contraste, plétora y disparate. Farsa, sainete, burla autocrítica contra un destino trágico. Y un toque de aristotélica piedad para escapar a través de la risa del túnel de nuestros largos despropósitos.

Berlanga In Memoriam por Fernando Iwasaki


Me enteré del fallecimiento de Luis García Berlanga a bordo del AVE, a través de un sms de mi hija Paula. ¡Ay, Luis! Con las ganas que tenían mis hijas de volver a verte. Hay un antes y un después en mi idea del cine español gracias a Berlanga, pues cuando llegué a Sevilla en 1985 vi «La Vaquilla» y quedé absolutamente deslumbrado. Ni «Mujeres al borde de un ataque de nervios» (1988) de Almodóvar ni «Amanece que no es poco» (1989) de José Luis Cuerda habrían existido sin «Bienvenido, mister Marshall» (1953), «El Verdugo» (1963) y «La escopeta nacional» (1977), tres obras maestras del genio de Berlanga.
En 1991 dirigí un curso sobre la obra de Mario Vargas Llosa en la Menéndez Pelayo y pasamos una semana maravillosa disfrutando del buen humor de Luis. Un año más tarde repetí la experiencia en El Escorial y volví a invitar a Luis, quien fascinó a todo el mundo explicando por qué los cabeceros de bronce eran mejores que los de madera para atar y amordazar a las señoras («Los pañuelos de seda se rompen cuando los cabeceros son de madera», decía con naturalidad).
Tengo unos recuerdos impagables y maravillosos de Luis, hablando acerca de sus películas y de sus trucos para evitar la censura franquista, como incluir figurantes vestidos de curas y monjas en las escenas más comprometidas, de modo que los censores o respetaban la escena tal cual o quitaban a los personajes religiosos y dejaban el resto del plano tal como quería Luis.
A fines de 1994 Luis me llamó para pedirme que lo acompañara a comprar una colección de fanzines eróticos editados por un exquisito pornógrafo de Triana. Recuerdo que ya de regreso hacia el centro y mientras cruzábamos el puente, Luis se reía de la cantidad de tiendas de objetos religiosos que rodeaban la casa del pornógrafo y evocó a los comisarios del franquismo: «¡Esos cabrones me habrían obligado a cambiar los comercios de artículos religiosos por panaderías, mercerías y tiendas de ultramarinos!». Ahí mismo decidí llevar a Luis a ver escaparates de corseterías por Cuna, Francos y Alvarez Quintero. Ante aquel esplendor de bragas, encajes y sujetadores, Luis no resistió la tentación de preguntarle a una dependienta:
- ¿Cuáles son las medias de nylon más fuertes?
- Aquí tiene estas que nunca se le hacen carreras.
- Yo lo que quiero es amarrar a una señora.
Nunca olvidaré la expresión demudada de la dependienta cuando respondió roja como un tomate: «Mejor llévese estas otras».
Todos vamos a echar de menos a Luis García Berlanga, un espíritu libre que supo enfrentarse con inteligencia y buen humor a los mojigatos del franquismo primero y a los mojigatos de la corrección política después. Probablemente en nuestros días una película como «La vaquilla» sería impensable, pues no faltaría el mindundi que diría que es una falta de respeto al ejército republicano.
La mejor manera de recordar a Luis será viendo sus películas o amarrando a una señora.

(Dibujo de Fernando Vicente)

viernes, 2 de julio de 2010

EN PIE, DIVINA LEGIÓN. Novela de Ramón de España


Álvaro Cortina Madrid
Ramón de España. EL MUNDO
"Estamos rodeados de moralistas que viven como Dios. Estoy harto de pepitos grillos. Los que crecimos detestando la derecha, con la izquierda nos hemos llevado un montón de bofetadas. Ahora la izquierda es inanidad e incompetencia", explica a ELMUNDO.es Ramón de España. Estas palabras tienen una marca generacional, como su última novela, de elocuente título: 'El millonario comunista' (editorial Duomo).
"El tema central es una vuelta de tuerca contra la memoria histórica". Palabra del autor. De España es tierno con sus personajes (quizá porque algo tienen de él) y al mismo tiempo les sacude con saña. Acción: Barcelona, un productor de 'cine de calidad' (o 'cine cultural', o 'cine de autor' si se quiere) llamado Víctor Gálvez de nombre (el millonario del título), quiere rodar una película 'Para la libertad'. Quiere contar su pasado (comunista y falseado) en tiempos de Franco.
"Si ves al señor capitalista del puro de los cuadros de George Grosz, sabes a lo que te expones. Pero la figura del progre antifranquista es la que de verdad me tiene muy harto. Gente que son parte del problema y no de la solución". Gente (insistimos) de la generación de R.d.E.: los viejos heroísmos, las viejas cárceles. "Es que con el pasado a la gente en este país se le ha ido la olla. Ha habido una guerra de esquelas, una memoria histérica más que histórica".
'El millonario comunista' es la novena de las narraciones largas del autor, que la integra en un cuerpo conjunto de sátira nacional, social, de costumbres. "El mío es un humor bastante fatalista, y siempre he tenido a gala reírme de mí mismo también. Pero es una vía (la comedia y la tragicomedia) que sigue una tradición". El autor (también director de cine) cita títulos de Berlanga para confirmar lo dicho. Y, de hecho, su libro manifiesta una cinefilia aguda.
Estamos hablando de una ficción en la que un productor mueve a un director, Dupont, 'de culto' a llevar a escena su memoria histérica particular. Pero se extiende De España a otras gentes y a otros ámbitos. Así, por ejemplo, el periodismo cultural. Óscar Ortiz, el columnista y novelista fracasado tiene un papel central. Él inventa el título del libro y él ataca al pobre Gálvez (pues a pesar de la aversión, le da pena), aunque tampoco él se salva. De España considera que ni él mismo se salva de su befa. Puede ser, miren.
Este proyecto de novelas espera ir derribando (hasta la décima, que cerrará el conjunto) los bolos de toda la tipología social española. Ahora toca a la guerra de esquelas, con un estilo rápido, que se bebe. Y un fondo (personal y generacional) bastante cabreado, que sólo se digiere riendo. O suspirando. Suspiros de España, en fin.

viernes, 12 de febrero de 2010

Respuesta de "Petón" a las acusaciones del diario Público


Señor Director:
Su periódico tiene la deferencia de mencionar mi presencia en el homenaje a los Caídos de la División Azul. Efectivamente: allí estuve. Y seguiré estando cada año pues en ese monumento está enterrado mi padre, que fue a Rusia como Dionisio Ridruejo, Luis García Berlanga, Tomás Salvador y tantos otros jóvenes españoles.
Sí canté el Cara al Sol y lo haré cada año, esa tarde en La Almudena. Y si yo falto lo hará mi hermano, que seguramente tendrá que aprenderse la letra. En mi familia llamamos a eso honrar a nuestro padre. No me verá usted cantarlo en un acto político, no soy falangista. Allí estaban su redactor y su fotógrafa, que por cierto casi se estalapiza al subirse a un banco para dominar la panorámica, ahí sí le vino bien que yo anduviera cerca y con reflejos.
Puede matizar su periódico la noticia como lo ha hecho pero permítame que con todos los matices y sus sesgos esté en desacuerdo; aún más cuando relaciona mi presencia con los comentarios televisivos o radiofónicos, como si hubiera relación entre lo que yo cante y lo que yo cuente. Pero algo señor Director, no le voy a consentir a usted ni a nadie: escribe su diario que yo mostré mi "sentimiento franquista". Mejore la documentación y que sus redactores se molesten en leer antes de llegar a la mentira por desidia, frivolidad o interés, o las tres cosas juntas.
Yo estuve dos veces preso por el franquismo cuando aquello no era una broma, peleé contra ese "partido único en la dictadura" y hoy lo volvería a hacer. Creía entonces en la nacionalización de la banca, en la entrega de los medios de producción a los trabajadores y en la reforma agraria, y lo hacía siguiendo a José Antonio, al de verdad, no al que nos mostró el franquismo con la complicidad intencionada de la derecha y la izquierda. Y creía, y creo, en una España de todos, democrática, en paz y saludable convivencia. En la que cualquiera pueda cantar lo que le apetezca y contar lo que le de la gana, sin daño ni fanatismo.
Atentamente
José Antonio Martín Otín (Petón)