Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Umbral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Umbral. Mostrar todas las entradas

martes, 13 de septiembre de 2011

El padre (falangista) de Paco Umbral y el "problema" de su poesía


 Del blog de Juan Fernandez Krohn, resaltamos este interesante artículo dónde el autor sostiene, reitera y argumenta su teoría de la paternidad biológica de Francisco Umbral por parte del falangista de la primera hora Anselmo de la Iglesia y el condicionante que ello pudo tener en la obra del escritor vallisoletano.

 El padre (falangista) de Umbral y el "problema" de su poesía


La Casa del Libro de Espasa Calpe en plena Gran Vía madrileña es un poco como una catedral neogótica o neorrenacentista del libro en lengua española y punto de paso obligado a lal vez para mí cada vez que vuelvo a España por pocos días que duren mis visitas; como me habrá ocurrido ahora ayer sin ir más lejos pasándome las horas muertas (y no exagero) delante de un libro póstumo de Francisco Umbral que recoge una selección de sus poemas, en parte inéditos y en parte ya anteriormente publicados. ¿Umbral poeta? En "Francisco Umbral, el frío de una vida" -de su biógrafa (no autorizada) Ana Caballé-se recogían dos poemas autobiográficos del autor que me impresionaron -como a su biógrafa- por su hondura autobiográfica y por su "música" -que él tanto apreciaba en poesía- y me decepcionaron no poco en cambio por su lentitud, y por lo torpe o escaso de su ritmo en resumidas cuentas.
Y se me antoja de pronto que si Umbral no sabía hacer danzar sus versos como tan bien sabía hacerlo en cambio con las escenas y episodios -por no dar que un solo género de ejemplo- de sus novelas guerracivilistas, ello se debía a la tradición poética de la que con tanta insistencia se reconocería tributario a lo largo de su vida y en particular a dos hitos de poesía contemporánea a los que rendiría siempre fervorosa pleitesía y me estoy refiriendo al 27 y a la poesía de Pablo Neruda. Lorca seria sin duda la excepción, pero está claro para mí que del poeta granadino Umbral heredaría poco si no fue el culto (guerra/civilista) de martirologio que le profesó hasta su muerte, a acaecida ( "nota bene") poco antes del desenlace de la operación de recuperación de los restos de aquél, o en otros términos del fiasco (apoteósico) con el que aquella se vería concluida.

Hay no obstante en esta recopilación reciente de poesía umbraliana una brillante y vistosa -y encandilante- excepción, botón de muestra sin par de poema rítmica, que su presentador, el critico literario Miguel García Posada, amigo del autor- incluye entre "las cumbres" de esa selección de versos y poemas umbralianos. "Totovía, pájaro extraño que me suena todavía/de cuando los campos niños/y las niñas en la vía/totovía" Y todo así, por el estilo, en este brillante (y breve) poema, que tiene de fuente principal de inspiración, no el poeta (comunista) chileno ni sus homólogos (ideológicos) españoles de la generación/fatídica sino el refranero castellano que Umbral despreciaba -y vetaba- abiertamente en sus columnas y en sus novelas como una muestra fehaciente de de un atraso cultural propio (según él) del mundo rural y campesino; y también tal vez por verse indisociablemente ligado -como lo ilustra el poema que cito (y recito) más arriba a la infancia vallisoletana -medio urbana y medio campesina del autor, que rechazaba a todas luces por unos motivos de filiación (o a/filiacion) que ya habré abundantemente abordado y analizado a lo largo de mis entradas.
Estuve leyendo hace unos días las póginas que dedicó a Umbral hace unos días el diario el Mundo en el cuarto aniversario de su muerte y confieso que me invadió una sensación de decepcion profunda, de encontrarme ante los mismos tópicos y trivialidades que se vienen vertiendo por cuenta suya en la prensa desde el momento de su muerte, como un (sombrío) presagio o vaticinio de lo que sera sin duda la tónica del congreso que la fundación que lleva su nombre esta preparando para el próximo mes de octubre. Y no puedo verme libre tampoco de la impresión nitida que abordando por mi cuenta como aquí lo hice -y también en la tesis (fallida) de doctorado que le dediqué en el marco de la Universidad Libre de Bruselas- le puse sin duda sin querer una lapidad inamovible al tema central -así me lo parece al menos- de su vida como de su obra.
Porque creo que después de haberse leído todo lo que tengo dedicado al tema ningún umbraliano -y mucho menos los de filiación o de etiqueta "falangista"- me podrá negara que la hipótesis que yo defiendo del padre/biológico falangista de Umbral se encuentra en relación directa con el guerracivilista (anti-falangista) de una gran parte de su obra y en especial de la que aborda mas o menos directamente la guerra civil española.

Porque si es cierto que el padre (verdadero) de Umbral, como yo aquí lo pretendo, lo fue el lugarteniente de Onesimo Redondo, Anselmo de la Iglesia, todo se explica. Y si no nada se explica (del todo), ya digo, ni de su vida ni de su obra.

http://blogs.periodistadigital.com/juanfernandezkrohn.php/2011/09/12/p301763#more301763

domingo, 10 de julio de 2011

Dicotomía que nos mata

Enrique de Aguinaga.

Dos veces, por lo menos, estuvo presente Ortega en el pleno de constitución del Ayuntamiento (día 11). Ortega es José Ortega y Gasset (1883-1955), filósofo y Medalla de Oro de Madrid (1936)

La primera, en el discurso del portavoz de Unión, Progreso y Democracia, David Ortega, que tuvo una firmeza y una prudencia. La firmeza: proponer la resonante superación de la dicotomía izquierda-derecha. La prudencia: apoyar la propuesta en la aminoración de una cita de Ortega y Gasset: entender la política española como una dicotomía de izquierdas y derechas supone una forma de hemiplejia moral (prólogo de La rebelión de las masas, 1930)

El texto de Ortega y Gasset dice más: Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas formas que el hombre puede elegir para ser un imbécil; ambas, en efecto, son formas de hemiplejia moral. Además la persistencia de esos calificativos contribuye no poco a falsificar más aun la realidad del presente… ya que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías.

Tengo anotados otros rechazos de la dicotomía: Miguel de Unamuno, Salvador de Madariaga, Julián Marías, José Antonio Primo de Rivera, Vicente Enrique y Tarancón, Francisco Ayala o Felipe González, para quien la dicotomía es una estúpida clasificación digna de los fundamentalismos ideológicos que han destruido este siglo (El País, 1999).
Francisco Umbral, colaborador de ABC (1993) dejó escrito que derecha/izquierda están condenadas a matarse o a entenderse. Crece ahora una demanda de tal entendimiento, que los alemanes llaman Grosse Koalition y que debería cerrar el guerracivilismo exterminador, surgido con el siglo XIX (trágala) y encumbrado en el siglo XX por el presidente del Partido Socialista Obrero Español, Francisco Largo Caballero, según demuestra Pío Moa, origen de la guerra civil por antonomasia (Ediciones Encuentro, Madrid, 1999) y, por ende, de la democracia totalitaria, según definición reciente de Aquilino Duque.

Para mas detalles, véase Par delà droite et gauche, de Arnaud Imatz (Godefroy de Bouillon, Paris, 1996)



lunes, 6 de junio de 2011

Tercera de ABC en recuerdo a Pedro Laín





Recordando a Pedro Laín Entralgo




«Recordar a Pedro Laín Entralgo significa evocar a uno de nuestros pensadores que más voluntad puso en emplear el conocimiento y la razón para comprender y reconciliar al ser humano y, más específicamente, a aquella porción de humanidad que llamamos España»





Día 06/06/2011




HOY se cumplen diez años del fallecimiento de Pedro Laín Entralgo. Posiblemente los esfuerzos que se inviertan en conmemorarle sean escasos o inexistentes. Sin embargo, Laín fue una de las primeras figuras intelectuales españolas del siglo pasado. En su novela Leyenda del cesar visionario, Francisco Umbral convirtió a Laín en uno de sus personajes, siempre reunido en torno a la tertulia de intelectuales falangistas que trabajaron en Burgos durante la guerra civil como propagandistas del bando franquista. Laín y los «laines», como Dionisio Ridruejo o Gonzalo Torrente Ballester, entre otros: jóvenes intelectuales llamados a ocupar un lugar de excepción en el panorama cultural de la posguerra. Pero al menos Laín, Ridruejo y Torrente Ballester recorrieron un camino que les condujo desde su inicial y plena adhesión al régimen, pasando por una etapa intermedia de distanciamiento hasta ofrecer su apoyo expreso a la transición democrática, no sin antes interponer un sincero y muy doloroso ejercicio previo de arrepentimiento público por su posicionamiento político de juventud. El mismo Laín escribió con ese propósito unas memorias de título esclarecedor: Descargo de conciencia(1976). Allí se revelará que la caricatura de los «laines» compuesta por Umbral en la novela antes citada resultó enormemente injusta.

Catedrático de Medicina, ensayista, crítico literario, autor de varios dramas, miembro de las Reales Academias de Medicina, Historia y de la Lengua Española (de la que fuera presidente), además de rector la Universidad Complutense, Laín fue tejiendo a lo largo de su vida una obra inmensa, más propia de un sabio que de un genio, cierto, aunque no por eso menos valiosa. Dada la diversidad de temas abordados en sus estudios no cabe sintetizarlos en una mera nota conmemorativa, ni tampoco es el lugar idóneo para hacerlo. En cambio, sí es posible y oportuno apuntar los principales atributos de la actitud ejemplarísima con la que Laín afrontó su vida. Dos condiciones indujeron esa actitud. La primera una curiosidad intelectual y una acumulación de conocimientos verdaderamente desbordantes. De un lado, Laín procuró mantenerse al día sobre los avances producidos en las ciencias naturales en una época en que éstas ya progresaban a ritmo de vértigo. Por otra parte, su sensibilidad humanista le orientó igualmente al estudio de la literatura, de la historia política y de la ciencia (sus aportaciones a la historia de la medicina serían mundialmente reconocidas) y más profundamente aún al cultivo de la filosofía, recibiendo una intensa influencia de los autores de la generación del 98 y de la fenomenología y el existencialismo, de Unamuno y Ortega, y sobre todo de su gran amigo Xavier Zubiri.

La segunda condición que determinó el pensamiento de Laín fue un patriotismo que podría llamarse trágico. Visto desde la distancia que da el tiempo es posible que se dejara cautivar por la idea de una España bronca destinada al enfrentamiento permanente de sus hijos: tierra de Caín y Abel, viejo mito de nuestro pasado que ha sido denunciado, entre otros, por el historiador Fernando García de Cortázar. No obstante, ¿qué otra idea podía encajar mejor con la personal vivencia de Laín de una guerra civil en la que tomó parte y de una dictadura a la que inicialmente respaldó como intelectual orgánico pero a la que no tardó en abandonar por oponerse a persistir en el clima de enfrentamiento entre las «dos Españas»? No es de extrañar entonces que quien oficiara simultáneamente de médico y patriota diagnosticara a su país una enfermedad fratricidaque habría venido impidiendo un estado de convivencia serena y satisfecha.

D A lo largo de su muy longeva trayectoria intelectual Laín daría sucesivas explicaciones a la citada enfermedad fratricida de los españoles, conectando cada una de ellas con una de las tres necesidades y potencias humanas a las que dedicó gran parte de sus reflexiones filosóficas: las necesidades de creer, esperar y amar. Así, Laín comenzó por interpretar que el problema de España era una cuestión de creencias, aquéllas que ponían en conflicto a los españoles, impidiéndoles reconocerse como herederos de una cultura común y como miembros de una sola nación. Esta posición se tradujo, por parte del Laín propagandista, escritor y académico en un intenso y sostenido esfuerzo por reivindicar la obra y las ideas de numerosos autores a los que el régimen franquista había condenado como enemigos de España. En segundo lugar, cuando más tarde abandonó sus disquisiciones en torno a las esencias de la patria, tan deudoras de su etapa falangista, Laín pasó a contemplar el problema español partiendo de un diagnóstico distinto. Si España es conflictiva —dirá entonces— debe serlo por una variedad de factores que inducen división de opiniones y proyectos políticos. Algunos de esos factores sería de tipo histórico e ideológico, otros serían de índole socioeconómicos y, por último, estarían también los relacionados con los tradicionales conflictos regionalistas y nacionalistas. Pretender disolver esas divisiones imponiendo una concepción única y esencialista de España comienza a parecerle a Laín un ejercicio tan absurdo como vano. La desunión sólo podría solventarse partiendo de una idea menos metafísica de nación, como la que había dado ya Ortega: nación como proyecto sugestivo de vida en común. Únicamente un proyecto colectivo que ilusionara a los españoles podría aunar sus voluntades y contribuir a su reconciliación, pensará Laín. Ahora bien, si el fracaso de convivencia que supuso la guerra civil había sido fuente de desilusión su superación demandaría una nueva actitud

hacia el futuro, una actitud esperanzada. La respuesta al problema de España, por tanto, había de conectarse con otro de los principales temas antropológicos abordados por Laín, especialmente en uno de sus ensayos más hermosos, La espera y la esperanza(1956). Y la esperanza para España la va a fundar Laín sobre las mismas bases en las que ya insistieran los regeneracionistas, Ramón y Cajal y, otra vez, Ortega: un proyecto de integración nacional y de integración en Europa, de asimilación de lo mejor de la cultura occidental como su tensión hacia la libertad y el cultivo del conocimiento científico (para el cual se pedirá un superior esfuerzo).

Finalmente, Laín comenzará a ocuparse en el estudio de las relaciones humanas, analizadas con profundidad en otros dos libros fundamentales: Teoría y realidad del otro (1961) y Sobre la amistad(1972). Según su punto de vista, en España se habría resuelto mal el problema del Otro, de ahí la frecuente caída en sectarismos de diversa índole y ese «macabro deporte», tan frecuente entre españoles, consistente en «lanzar los propios muertos contra el rostro del adversario». Pero Laín reflexionaría sobre la amistad para poner de manifiesto que aquélla (la forma más deseable y productiva de trato humano) resulta factible incluso entre individuos o grupos que discrepan entre sí por su condición social, su ideología o su origen. La falsa oposición entre amistad y discrepancia se corresponde con la conocida dialéctica «amigo-enemigo» a la que el jurista alemán Carl Schmitt quiso reducir toda relación política: en esencia el mismo tipo de dialéctica que había propiciado la conversión de la guerra civil en un «habito psicosocial», toda una mentalidad «guerracivilista» que debía ser arrumbada si de verdad se pretendía alcanzar la concordia sustraída. Aunque no por primera vez, Laín pronunciaría estos juicios en 1978, año de nacimiento de la actual Constitución.

En suma, recordar a Pedro Laín Entralgo significa evocar a uno de nuestros pensadores que más voluntad puso en emplear el conocimiento y la razón para comprender y reconciliar al ser humano y, más específicamente, a aquella porción de humanidad que llamamos España. O como ha señalado el profesor Diego Gracia: «Uno de los españoles del siglo XX que con más ahínco ha empeñado su vida en la tarea de unir e integrar ideas, personas, corazones». Quien pone estas líneas aún se acuerda cómo hasta sus últimos días, abrumado por los dolores de la vejez, Laín siguió ejercitando aquella tarea, tan ardua como necesaria.

LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ ES PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

domingo, 23 de enero de 2011

LOS PROSISTAS DE LA FALANGE


elcultural.es, 23 Enero 2011


Francisco UMBRAL Publicado el 19/03/2000

La paz franquista trajo unos cuantos poetas oficiales y muchos buenos prosistas. Los prosistas de la Falange, como alguna vez los he resumido, son burguesía, alta burguesía y aristocracia que, bajo el beneficio de la guerra, continúan su bohemia cultural o sus numerosas carreras. Eugenio Montes, Sánchez-Mazas, García Serrano, Agustín de Foxá, González-Ruano, Dionisio Ridruejo (más conocido como poeta, aunque peor), Mourlane Michelena, Agustín de Foxá, Jacinto Miquelarena, etc.

¿De dónde sale esta generación de señoritos que hizo la guerra o no la hizo, que tienen todos, o casi, mucha cultura y que se acogen a la glosa del trirreme romano para no meterse en harina franquista? Son algo así como un 27 de la prosa, por la cantidad y por la exigencia. También lo son porque su género común es el artículo literario -tan cercano al poema- y parecen desdeñar los géneros largos. El magisterio común lo tienen, vivo, en Eugenio D'Ors, aunque se le ha asignado a Ortega, que convenía más. Esto es uno de tantos escándalos literarios, pues están tan cerca de D'Ors que a veces conmueven. Uno diría que son una generación de burgueses liberales que ganaron una guerra dictatorial porque se habían apuntado a ella, sin saber a lo que se apuntaban, y que luego aparecen abrumados por la Victoria, una victoria militar que les arroja al confín de la literatura fascista. No era eso lo que querían, salvo Serrano Suñer y algún otro, como Areílza (poco escritor), de modo que se aprecian en todos ellos como unas adumbraciones que explican su silencio literario y su escasez de libros.

Esbozo aquí esta generación -interesantísima-, y luego estudiaré aisladamente a algunos de ellos, los mejores o los que a mí más me han llegado. Los del 27 entraron en Europa por el vanguardismo. Estos entran por el fascismo, pero también son muy europeos.

Se desentienden algo del imaginario franquista. Utilizan el Imperio para pasar a otros Imperios. Montes era galaico y urgente, Sánchez-Mazas era germánico y católico. García Serrano era navarrico y soldado, Foxá era decadente y cínico, quizá el más escritor, Víctor de la Serna era noble y compañón, César era dandy, monárquico e indiferente, Mourlane era enciclopédico y cafetero. Miquelarena era señorito e ingenioso. Etc.

Luego están los poetas de la Falange, que eran menos e influyeron menos: Rosales, Panero, Vivanco, el citado Ridruejo. Rosales es un poetón casi genial, Vivanco es apretado, certero y poco. Ridruejo hace sonetos de piedra a la piedra. Todos los Paneros fueron buenos poetas. A Leopoldo, el padre, casi le vi morir. Pero vino de pronto el ventarrón de la poesía social, el galernazo “comunista”, ahora en verso, Blas de Otero, José Hierro, etc., y la juventud empezó a escribir así, una poesía prosaica y sin maneras, pero que imaginaban devastadora para el Sistema.

El Sistema les dejaba pasar e incluso les patrocinaba, pues la poesía es un enredo que no hace daño a nadie y desahoga las conciencias. De modo que aquellos poetas -generación del 36 se decían- no tuvieron espacio histórico que ocupar.

Pero de la poesía social hablaremos más adelante. Los prosistas de la Falange, pese a ser cortos de obra y discretos de presencia, tuvieron estrella y estela entre el gran público, o al menos entre el público universitario, casi siempre pastoreados por don Eugenio, del que luego abjurarían algunos, como Ridruejo:

-Hoy me produce ternura.

Sánchez Mazas escribe en una embajada hispanoamericana su novela Rosa Kruger, bella, rica, numerosa y desgobernada. Les leía un capítulo cada noche a los refugiados de la Embajada. Montes se avecinda en Italia como corresponsal lírico de la Roma de Mussolini, García Serrano escribe buenas novelas y vive en unos perpetuos sanfermines patrióticos, que es lo suyo. Foxá sale en las novelas de Malaparte, viaja y vive, escribe Madrid de Corte a checa, una novela que es como un apunte del Ruedo Ibérico, de derechas, pero llena de calidad y de calidades e incluso de calidez.
César González-Ruano nunca hizo otra cosa que esteticismo de un lado o de otro, porque no se tomaba en serio nada, salvo la literatura. Le dedicaré capítulo aparte, ya que es el que más he tratado de esa generación.

Antes de la guerra, habían andado todos muy mezclados con el 27, como digo, porque eran casi lo mismo, y Montes también hacía greguerías:

“Los árboles nos contemplan con las manos en los bolsillos”.

Tenían todos la obsesión de Europa, no sé si como un hierro fascista o como un hierro realmente europeísta, al igual que el 27, pero equivocaron el camino y cayeron en el nacionalismo de Hitler. ¿Por qué la Historia se reparte sus hombres y los gasta? Razones familiares, culturales, personales, misteriosas. ¿Por qué son fascistas La Rochelle, Montherlant, Paul Claudel?

Nunca sabremos si el fascista nace o se hace. En todo caso, Dios nunca abandona a los buenos fascistas, como hubiera dicho Tierno Galván, y esta generación está partida en dos, cosa que no suele decirse, porque son otro 27 y las meras razones geográficas, a veces, hubieran situado a un hombre del otro lado. Resulta que amaban la misma Historia. Uno está por culpar a los mentores ideológicos -D'Ors, Serrano Suñer, Primo de Rivera- del fracaso histórico y literario de ese otro 27 que llamo “los prosistas de la Falange”, y donde también hay poetas. Los que se han dicho.