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sábado, 25 de octubre de 2014

Crónica de la presentación Agustín de Foxá y Madrid de Corte a Checa.

Tras la presentación el pasado miércoles 22 de Octubre en la sala La Revuelta del libro de Javier Ramos Gascón, Agustín de Foxá y Madrid de Corte a Checa, nada mejor que la crónica de Francisco Correal en Diario de Sevilla para reseñar el evento, que contó con las palabras de bienvenida del Presidente de la Asociación Cultural Ademán y co-gerente de La Revuelta Javier Compás, y la presentación de autor y obra a cargo de Aquilino Duque.


Formas de salir del purgatorio

Aquilino Duque propone un 'homenaje' a la edil de Izquierda Unida que al suspender un acto sobre Foxá incrementó el acercamiento al autor y la venta de sus libros.
Francisco Correal (Diario de Sevilla).

 Un escritor gallego y dos militares andaluces. Valle-Inclán, el general Primo de Rivera y Narváez, el "espadón de Loja", son los tres primeros personajes de Madrid de corte a checa. La relación entre esta obra y su autor es el objeto del trabajo que Francisco Javier Ramos Gascón ha publicado en Renacimiento y se presentó el miércoles en la asociación La Revuelta.

Agustín de Foxá y Madrid de corte a checa es el título del libro de alguien completamente ajeno al entorno literario. En la biografía de Ramos Gascón, la única relación explícita con el libro que ha estudiado es su ciudad y su fecha de nacimiento: Madrid, 1936. La ciudad y el escenario en el que Foxá ambienta la novela protagonizada por José Félix Carrillo, trasunto según Ramos Gascón de José Antonio Primo de Rivera y del propio Foxá.

El autor del libro es intendente mercantil, auditor-censor jurado de cuentas, agente de bolsa y cambio y notario. Representó a España en el Fondo Monetario Internacional. La nota literaria de su biografía, jalonada con títulos como Los valores bursátiles ante la nueva legislación fiscal o El paradójico comportamiento de la Bolsa española, es que fue compañero de Sánchez Dragó en los estudios de Derecho.

El libro de Ramos Gascón lo presentó Aquilino Duque, que invitó a los miembros de la asociación La Revuelta a saldar la deuda que contrajeron con la concejala Josefa Medrano, que en su época en el gobierno municipal suspendió un acto de homenaje a Foxá que tuvo que celebrarse a la intemperie. "Todos los autores, independientemente de sus ideas políticas, tienen su purgatorio. Lo tiene ahora Sartre, ¿quién se acuerda de Sartre? La señora Medrano sacó a Foxá de su purgatorio y gracias a aquello se dispararon las ventas de sus libros. La prueba es la cantidad de gente que ha venido al acto".

Agustín de Foxá figura junto a Eugenio Montes y Rafael Sánchez Mazas, padre de Sánchez Ferlosio e inductor de la trama argumental de los Soldados de Salamina de Javier Cercas, como uno de los autores del Cara al sol. El poeta de la generación del 27 Manuel Altolaguirre le editó uno de sus libros de poesía. Poeta malagueño que frecuentaba la tertulia de la calle Viriato, en Madrid, que aparece en la novela.

El notario y agente de cambio y bolsa evocó dos relaciones con el legado de Foxá: el acercamiento a sus libros en la biblioteca de su padre; el contacto posterior con los sobrinos de Foxá, que en 1956, tres años antes de su muerte, ingresó en la Academia de la Lengua. En el libro, traza una serie de concomitancias, analogías entre personajes y compara las diferentes ediciones de un libro que Foxá dividió en tres capítulos: Flor de lis, El himno de Riego, La hoz y el martillo.

Después de la presentación, hubo una animada tertulia en la sede de las Siete Revueltas. La obra de Foxá no tiene desperdicio. Desde la primera página a las dos últimas líneas: "Estaba a diez minutos de tranvía de la puerta del Sol; allí al alcance de la mano, contemplaba a la ciudad más lejana del mundo".

lunes, 20 de octubre de 2014

Presentación del libro Agustín de Foxá y Madrid de Corte a checa.


lunes, 25 de agosto de 2014

EL LARGO VIAJE DE UN GRAN VASCO.

Bengoechea irrumpe en la poesía española como una hierba entre dos adoquines, y esos adoquines eran nada menos que Blas de Otero y Gabriel Celaya

Aquilino Duque. (Diario ABC)

EL Domingo de Resurrección de 2007 asistí al ya tradicional Pregón Taurino de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en el Teatro Lope de Vega, también llamado «de la Exposición», a cargo esta vez del entonces Defensor del Pueblo don Enrique Múgica Herzog. Confieso que fui menos por oír al orador que por aplaudir a un hombre de bien, es decir, a un patriota, en unos momentos en que una clase política vil y una «ciudadanía» que allá se anda con ella, consideran de mal gusto amar y defender a la patria que las vio nacer. Esa hombría de bien de Múgica culminó para mí cuando cerró su perorata con unos versos y un recuerdo del poeta vizcaíno Javier de Bengoechea. Alguna vez he dicho que yo tengo una memoria de elefante para los favores que se me hacen, y yo no puedo olvidar el favor que hace ya muchos años me hizo Javier de Bengoechea cuando en términos para mí muy honrosos se ocupó de una de mis primeras novelas en uno de l os principales diarios nacionales.
Todas estas cosas se me vinieron a la memoria cuando oí mencionar su nombre al f i nal del Pregón Taurino y no perdí un segundo en tratar de ponerme al habla con Tabaco y Oro, que así fue Javier por la fiesta nacional, título por cierto de uno de sus libros de poesía. Premio de esos esfuerzos fue el envío por Javier y su hija Mila del volumen de su Poesía Completa, «A lo largo del viaje», editado por la Universidad del País Vasco. Los dos primeros libros recogidos en ese volumen están además traducidos al vascuence por un italiano benemérito, proeza para mí tan admirable como la de aquel amigo mío que se entretuvo en poner la tabla de logaritmos en números romanos.
Bengoechea irrumpe en la poesía española como diría Michelet, comme une herbe entre deux pavés, como una hierba entre dos adoquines, y esos adoquines eran nada menos que Blas de Otero y Gabriel Celaya, los dos colosos de la poesía española de trasguerra. Ya era mérito que aquella hierba juvenil alcanzara una lozanía propia entre aquellas potencias poéticas entre las que le tocó estar situada y con las que siempre tuvo una cordial relación de amistad y admiración. Excombatiente como ellos del Ejército nacional, pronto vio que la victoria no transformaba a España en el paraíso terrestre y, con más mesura que ellos y con menos eco por tanto, no dejó de dar testimonio del descontento generacional. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Sus dos primeros libros se inscriben en la estética del grupo Garcilaso. Predomina en las formas el soneto, una estrofa con la que Bengoechea llegará a hacer auténticos juegos malabares, según va pasando del lirismo renacentista a la variedad temática del barroco. Buen conocedor de sus clásicos, hay en él ecos del Marqués de Santillana en la letrilla «Pie para el retrato de una niña rubia…» y del Ridruejo de los «Sonetos a la piedra» en los sonetos «La luna» y «La veleta». Bengoechea dialoga mucho con los muertos: Quevedo, Unamuno, Hernández, Blas de Otero…y aprueba con notas brillantes las asignaturas poéticas de trasguerra: el amor, la angustia existencial y la fe, sobre la que tiene versos definitivos: « El misterio es seguro. Existe. ¡Mira! / Tapa mis oj os y me deja ci ego. / Cierra mi boca con su t acto oscuro. / Es la mano de Dios. Y yo la beso.»
Gran aficionado a la fiesta nacional y a la pintura universal, hace de aquélla una metáfora de la historia patria y toma a la otra como pretexto para sentar cátedra de ideas estéticas. En su reflexión taurina sobre la realidad nacional abundan los golpes de pecho y los «descargos de conciencia » , de rigor también en unos tiempos en los que el inconformismo era un i mperativo moral e i ntelectual. En ese inconformismo sigue, aunque guardando l as distancias, a Celaya y Otero, y digo lo de las distancias porque de lo contrario no hubiera escrito en una imprecación a los poetas sociales: «las buenas intenciones / nunca han salvado a un libro, ni aun de caballería.»
Hoy que por desgracia comprobamos la bondad de aquellas intenciones de los poetas sociales, hay sin embargo que destacar en ellos lo que su antólogo José Luis Cano denominó «el tema de España». Yo creo que fue ese tema, o esa retórica, lo más noble que tuvo Bengoechea en común con los poetas sociales. Gran vasco. Español —son sus palabras—, Bengoechea vive en una recatada / Bilbao interior sitiada / por el vasco neanderthal. Por eso hoy, que no sólo Bilbao, sino toda España está a merced del «vasco neanderthal», no puedo leer sin emoción versos como aquellos en los que Javier de Bengoechea dice sin rodeos: «Digo tu nombre: España…/ España, España, España, / y una vez, y otra, y otra, / toquemos a rebato / para que Dios nos oiga.»

sábado, 19 de julio de 2014

Crónica de un homenaje.

Al calor bochornoso de un 17 de Julio, quizás como el de aquel año trágico, se sumó la humedad ambiente que tantos arboles y tanta planta, cercando la glorieta de la fuente de mármol, daban al anochecer tardío del estío sevillano. Poco a poco, por los arcos vegetales fueron entrando gentes que venian a escuchar, a oir los poemas de Antonio y de Manuel, los Hermanos Machado, aquellos que en la España de antes de la guerra escribian juntos obras de teatro como La Lola se va a los puertos, o versos que andaban caminos de soleares. Convocados por las asociaciones culturales Fernando III y Ademán, se juntaron más de setenta personas que en torno a la banca corrida de piedra que nos sirvió de improvisado tablado, bajo el rótulo que da nombre a la glorieta, para seguir la lectura que, de boca en boca, fue alternando poemas de ambos escritores sevillanos. Antonio Rivero, Sol Cruz, Antonio Brea, Mercedes Valdivia, José Manuel Cansino y José Manuel Sánchez del Aguila, precedieron con sus lecturas de versos, las palabras finales, claras y sin complejos, del gran escritor aquilino Duque, que cerró el acto. Desagravio, ha dicho el periodista Francisco Correal, acto de justicia literaria, a los dos, juntos, como en aquel 1929, donde un joven José Antonio Primo de Rivera, ya intuyó la grandeza de los Machado en su discurso de homenaje en el Ateneo de Madrid. Desde entonces, el olvido para uno y la gloria para el otro. Ahora, en nuestra modestia, queremos devolver lo que siempre tuvo que ser, los dos, cada uno en su genio, al mismo nivel de nuestra historia.

Como una metáfora de la convivencia rota aquel verano, como un esfuerzo de la reconciliación necesaria, como una vuelta a la normalidad en la diversidad, donde todos, salvo los extremistas violentos, cabemos.







Fue en Sevilla, en el Parque de María Luisa, centenario y verde.
Javier Compás. A. C. Ademán

viernes, 18 de julio de 2014

CON EL CID ENTRE BURGOS Y VALENCIA por Paco Correal


 

Desagravio. En vísperas del 18 de julio que los 'separó', reivindicación conjunta en la glorieta que lleva su nombre en el parque de María Luisa de los hermanos Machado.
Hoy es 18 de julio y se conmemora una fecha que separó a dos hermanos que siempre estuvieron juntos. "Los Machado son lo único moderno de esta España retrógrada, lo único limpio de esta España con las manos sucias". Aquilino Duque cerró en la glorieta de los Hermanos Machado el homenaje conjunto que se les hizo, a iniciativa de las asociaciones Fernando III y Ademán.

Sólo faltó que en el agradable cine de verano instalado entre el Pabellón Real y Casa Abilio proyectaran La Lola se va a los Puertos, la adaptación cinematográfica que Josefina Molina hizo de la obra teatral que escribieron al alimón. Anoche ponían Resacón 3. La glorieta con su nombre es de 1929, el mismo año que estrenaron en Madrid esa obra. En el estreno aparecen los dos fotografiados en el Ateneo de Madrid con el dictador Miguel Primo de Rivera y su hijo José Antonio.

Una de las dos Españas sólo se acordaba de uno de los dos Machado, imagen sesgada, falsamente salomónica, que ayer quisieron conjurar los presentes en esta suerte de desagravio. Como si ellos mismos hubieran recreado en sus carnes el cartel escolar en el que aparece Caín junto a Abel muerto en poema estremecedor que recitó Miguel Ángel Lomas. Póngale cada cual, si le gustan los clichés, el nombre de Abel y Caín a cada uno de los hermanos para completar la falacia.

Manuel Machado le cantó al Cid camino del exilio. La estela geográfica de Rodrigo Díaz de Vivar señala las dos ciudades con las que se asocia el destino de los dos hijos sevillanos de Demófilo, el nacido en la calle San Pedro Mártir y el que nació en el palacio de Dueñas. "Ambos hermanos, el de Burgos y el de Valencia, representan lo mejor de ambos bandos", diría Aquilino Duque. "Sus versos de propaganda bélica son intercambiables".

El acto lo condujo Javier Compás, que fue introduciendo a los lectores: Antonio Rivero Taravillo, traductor, editor y biógrafo de Cernuda; Sol Cruz Guzmán, arquitecta; Antonio Brea, historiador; Mercedes Valdivia, empresaria; José Manuel Cansino, economista; y José Manuel Sánchez del Águila, abogado y editor. "Hasta Cou", dijo este último, "no supe de la existencia de Manuel Machado gracias a un profesor de Literatura, José Luis Ortiz de Lanzagorta".

Manuel y Antonio se llevaban un año de diferencia. El centenario del nacimiento de Antonio, en julio de 1975, cuatro meses antes de la muerte de Franco, fue mucho más sonado que el de su hermano Manuel, que pasó sin pena ni gloria en agosto de 1974. Ellos combatían contra los que los colocaban uno frente al otro. "Aunque me decían hereje y masón, rezando contigo cuánta devoción", escribía Antonio en relación a Manuel. Más castellano el primero, "flamenco y marchoso" (Aquilino dixit) el segundo.

El disco de Serrat, maravilloso por otra parte, y la librería de Alfonso Guerra apuntalaron esa falsa hegemonía. En las antípodas del prestigio que Borges le daba a Manuel sobre Antonio. Compás contó la anécdota del peluquero que le arreglaba el cabello a Antonio Machado sin saber que era hermano del famoso poeta Manuel Machado. "Antonio no tuvo que ir muy lejos para encontrar a su complementario, el que marcha siempre contigo y suele ser tu contrario".

Complementarios y contrarios evocados por Aquilino Duque. El 18 de julio de 1936, Manuel Machado está en Burgos, ciudad donde Franco constituirá su primer Gobierno, porque dos días antes, festividad del Carmen, había ido con su mujer, Eulalia Cáceres, a visitar en el día de su santo a su cuñada, Carmen Cáceres, monja en un convento burgalés.

Los 140 años del nacimiento de Manuel con los 75 de la muerte de su hermano en Colliure. Los hijos de Demófilo, cuna gallega, tumba trianera. La Velá evocada en un poema por el mayor de la saga. Alardes de metafísica con los puntos suspensivos que precedían a la palabra Sevilla.
FRANCISCO CORREAL
Diario de Sevilla 18/07/2014


miércoles, 2 de abril de 2014

Los Neorrepublicanos, por Alfonso Lazo


A DISTANCIA

Los neorrepublicanos

 

CRECEN LAS BANDERAS republicanas en los mítines del PSOE poszapaterista y en las manifestaciones callejeras. Ellos no lo saben, pero su republicanismo no viene de la Segunda República, viene directamente de la Falange: hijos y nietos de falangistas, si no antiguos falangistas ellos mismos, cualquier día los veremos entonando un viejo himno: «No más reyes de estirpe extranjera, / ni más pueblo sin pan que comer. / El trabajo será para todos / un derecho más bien que un deber»; que no es un himno anarquista, ni el canto de La Internacional, sino el himno de las JONS de los años 30.
Falange Española de las JONS tomó de otros partidos fascistas el llamado «principio del caudillaje», incompatible con la monarquía hereditaria. Los falangistas sentían odio y repulsa hacia los Borbones a quienes responsabilizaban de la decadencia de España; pero desaparecido el fascismo de Europa, y con él la teoría del caudillaje, optaron por alguna clase de republicanismo autoritario. En 1956, una revista andaluza del Frente de Juventudes, cuyo director ocupó con el tiempo puesto importante en el PSOE, sostenía que la «república presidencialista» era lo más acorde con los principios joseantonianos. En los campamentos del Frente de Juventudes miles y miles de muchachos fueron educados en el desprecio por la monarquía. Una educación emotiva de argumentos primitivos idénticos a los que manejan los neorepublicanos de hoy: que si los Borbones mujeriegos, que si los gastos de la casa real (como si el Eliseo fuera gratis), que si la inutilidad de la corona (como si los presidentes de Alemania y Austria gozarán de algún poder), que si el rey mató un elefante...

En julio de 1947 las Cortes franquistas aprobaron la Ley de Sucesión: a la muerte del caudillo vitalicio la corona sería restaurada en algún príncipe Borbón. Los jóvenes de Falange entraron entonces en rebeldía; las centurias falangistas llegaron a darle la espalda a Franco durante una concentración en El Escorial; y cierto 20 noviembre, en la penumbra de la basílica del Valle de los Caídos, presente el dictador y sus ministros, alguien gritó desde las filas uniformadas de azul: ¡Franco, traidor! Cuando a finales de los años 50 Sevilla tuvo un gobernador monárquico (Nicolás Salas ha escrito acertadamente sobre el asunto), la Falange sevillana le hizo la vida difícil acusándolo de proteger a los seguidores de don Juan, padre de nuestro actual rey. Por toda España los jóvenes falangistas pegaban carteles antimonárquicos. Cosas que tenían que dejar un poso.

A finales de abril del año pasado, en Sevilla y bajo el patrocinio de la Asociación Cultural Ademán (cuyo nombre lo dice todo a quienes recuerden la letra del 'Cara al sol'), Javier Castro-Villacañas presentó su libro El fracaso de la monarquía. En los años 60 hubo un escritor falangista, Demetrio Castro Villacañas, muy conocido por sus virulentos artículos antimonárquicos; ignoro si es pariente de Javier.

Decía don Ramón Carande, y lo recoge Aquilino Duque en su último libro, que «los españoles tenemos el gobierno que nos merecemos, pero que en cambio nuestro Rey es un regalo inmerecido». Carande también había sido un tiempo falangista, pero hasta su muerte con casi cien años fue hombre de extrema lucidez.

miércoles, 22 de mayo de 2013

LA PALABRA DE PEPE LUIS

En la hora final del gran torero Pepe Luis Vázquez, reproducimos el artículo de Aquilino Duque publicado en ABC de Sevilla.
D.E.P., Maestro.

Aquilino Duque: «El analfabetismo de los políticos ayudó a que se leyera a Foxá»
Aquilino Duque, foto de Raúl Doblado

En una entrevista concedida al diario ABC el 15 de agosto de 1990, al cumplirse el medio siglo de su alternativa, el torero Pepe Luis Vázquez decía lo siguiente: «Queda en la televisión el recuerdo de las imágenes, pero no es la única manera de recordar, ni la definitiva… Para mí lo mejor es lo que queda en el pensamiento. Lo que no se borra; la fiabilidad de lo que uno mismo recuerda.» En otro orden de cosas, al evocar las veces que iba a La Punta del Diamante a tomar café con Chicuelo, abundaba el torero de San Bernardo: «Es que de las conversaciones queda el rescoldo, que es lo más bonito.»
En un mundo como el de hoy, sometido al imperio de la imagen, no deja de ser alentador este homenaje al pensamiento y a la memoria por parte del oficiante de un arte eminentemente visual y efímero, que al fin y al cabo debe a la fotografía y al cine una semblanza de perennidad.
Hay hombres parcos en palabras que dan lecciones de buen decir al escritor más pintado. En todos los ánimos está la respuesta de Juan Belmonte a Valle Inclán, y yo no estoy ahora mismo haciendo otra cosa que glosar unas breves palabras de Pepe Luis Vázquez a un periodista que lo entrevistaba.
El rescoldo que queda de las conversaciones, el recuerdo que queda de una buena faena, no se explican sin una filosofía de la vida, una filosofía que hunde sus raíces en la tierra de una cultura agraria. Por eso, hablar del toreo de Pepe Luis Vázquez, un hombre que sabe lo que conforta un rescoldo y lo que revive un recuerdo, es hablar de toda una cultura agraria, de una cultura de la tierra de la que ese toreo fue una manifestación. Ya sé que decir «cultura agraria» es redundancia, pues cultura es lo mismo que cultivo, y solemos llamar culto al hombre cultivado.
Por eso, el concepto de cultura es indisociable del concepto de naturaleza, y de naturaleza viene naturalidad, una naturalidad que el hombre de campo debe a su i dea cíclica del tiempo, a esa rotación de las cuatro estaciones, a ese eterno retorno de las faenas agrícolas. La elegancia ignorándose en la naturaleza. Ese verso lapidario con el que Gerardo Diego resumía el toreo de Pepe Luis podría aplicarse al estilo con que muchos labradores andaluces se plantan ante su tierra. Pero es que hay otra cosa en la naturaleza, y es que la naturaleza no engaña, la naturaleza no hace trampa, la naturaleza es de fiar. Solemquis dicet falsumau de at?, pregunta Virgilio en sus Geórgicas. ¿Quién se atreve a poner al sol por embustero? Y alguien que predicaba el retorno a la tierra, la vuelta al campo, solía decir: «La tierra no miente.» La tierra puede ser rica o pobre, avara o generosa, pero lo cierto es que no da más que lo que promete. Y una de las cosas que da nuestra tierra española es la fiesta brava; de ahí que nadie que la ignore puede hablar con autoridad de cultura ni de cultivo. A esa cultura de la tierra es nada menos el sol el que l e pone su broche de oro.
Alguna vez he dicho que es la economía lo que mejor ilustra el arte y el estilo de Pepe Luis. Nada en él fue nunca excesivo, y en él fue el arte de torear una ciencia exacta. Los que tuvimos la suerte de verlo en la plaza, tanto en sus tardes de gloria como en sus tardes de abulia, vemos en nuestro pensamiento la gracia sobria con que resolvía las ecuaciones de la lidia. Esa economía suya que, vuelvo a decir, era también economía de su persona o, dicho de otro modo, instinto de conservación, es la misma economía que luego hemos encontrado en sus palabras. «Se torea como se es», decía Belmonte. Habría que añadir: «Se habla como se torea.» Acaso el tópico que más daño nos hace a los andaluces sea el de presentarnos, y a los sevillanos muy en particular, como chistosos y dicharacheros. No niego que haya demasiados andaluces de este tipo, de esos que dan vergüenza ajena, pero es que hay un estilo andaluz campero de hombre que para saber la hora sólo tiene que mirar la posición de las estrellas. Ese hombre es hombre de pocas palabras, pero todas son de oro, y hay en sus ademanes una elegancia natural que no se aprende ni se enseña en ningún pal acio. En su poema coral Los toros, hace Agustín de Foxá decir al torero: 

¿No me has visto al sembrar hacer el gesto del pase natural, con la semilla? ¿Y en el lento ondular de los trigales no estaba mi cintura entre verónicas?

Esa naturalidad de movimientos que sólo da el campo andaluz, se corresponde con una manera de expresarse. Por eso era la palabra, la palabra viva de Pepe Luis lo que, a los cincuenta años de su alternativa, seguía dándonos una idea cabal de lo que era su toreo. Y esa palabra fue, con la claridad de pensamiento, la última facultad que conservó cuando ya había perdido todas las demás, incluidas la vista y el oído. A un amigo que lo visitaba, José Utrera Molina, le dijo: «Ya solo veo por dentro». ¡Qué no verá ahora que ha cerrado los ojos para siempre! 
Aquilino Duque

lunes, 20 de mayo de 2013

Aquilino Duque, el disidente

CULTURA | Homenaje al escritor en su 80 cumpleaños
El escritor Aquilino Duque, fotografiado en su domicilio en Sevilla. | Esther LobatoEl escritor Aquilino Duque, fotografiado en su domicilio en Sevilla. | Esther Lobato
  • Discípulos de Duque ensalzan los valores de su obra y su coherencia vital
  • 'Por ir casi siempre a la contra, renunció al papel central que merece'
  • 'Con su oído privilegiado, puede acercarse a cualquiera de las bellas artes'
El poeta, ensayista, narrador y traductor Aquilino Duque ha recibido un homenaje, al cumplir su 80 cumpleaños, con el que poetas y escritores que se reconocen discípulos suyos intentan acercarlo al público, del que tal vez le haya alejado su fama de disidente con el sistema político ahora predominante.
Traductor de Camoens y Mandelstam, amigo de Rafael Alberti, a quien siempre ha considerado un prodigio poético y del que nunca se dejó separar por posicionamientos políticos diametralmente opuestos, Duque ha contado para este homenaje con el respaldo de la Casa de los Poetas y de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, y de la editorial Pre-Textos.
Además de con un simposio sobre su obra poética, narrativa y ensayística, el homenaje ha consistido en paseos por la ciudad de Sevilla siguiendo algunos de sus poemas, y en la colocación de un azulejo con versos suyos en los Jardines del Valle.

'Casi siempre a la contra'

El poeta Juan Lamillar ha dicho del autor que "por el meritorio empeño de defender unas ideas, casi siempre a la contra, ha tenido que renunciar al papel central que por su obra literaria le corresponde en el panorama español y a todo lo que ese papel conlleva: premios institucionales, estudios sobre su obra, páginas en los manuales...".
Según Lamillar, "disidente de las diversas disidencias oficiales, aparece como un solitario, un escritor marginal" aunque lo es "culto, políglota, cosmopolita" y posee "claridad de ideas y calidad de página, con rigor en los datos y amenidad en las anécdotas".
"La característica que cruza toda su obra es la poesía, y todo poeta verdadero, por más que se le agrupe en generaciones o camarillas, sigue siendo un solitario", ha concluido Lamillar.

'Un poeta que no pertenece a su generación

Luis Alberto de Cuenca, que ha analizado la poesía de Duque, ha dicho que se trata de un poeta "que no pertenece a su generación" por ser "una poesía libre, desvinculada, postmodernista, y marcada por la nostalgia, el cultivo elegíaco de la infancia y el cosmopolitismo, con una evidente confluencia con Foxá".
"Con su oído privilegiado, Aquilino Duque puede acercarse a cualquiera de las bellas artes, maneja las estrofas clásicas y populares, maneja la rima sin retórica, con la naturalidad que le es propia, y siendo un poeta andaluz por los cuatro costados convierte ese apego al terruño en un lenguaje universal", según De Cuenca.
"Su poesía es contenida, no torrencial, porque su concepto poético es de obligatoriedad, de necesidad, no de escribir por escribir; y es un mérito que toda su obra poética esté en un volumen que no supera las quinientas páginas", ha agregado de Cuenca.

Polipolemista

El poeta Enrique García-Máiquez, que ha analizado la ensayística del homenajeado, lo ha calificado de "ensayista de raza" y de "polipolemista" por "la diversidad de sus intereses y de objetos de estudio; todo nace de un mismo venero, su poesía, lo queda claro en el primer párrafo que escribe".
García-Maíquez ha dicho que "resulta muy fácil, en toda su ensayística, encontrar el nexo con ese conservacionismo conservador que le caracteriza; el suyo es un pensamiento coherente y sistemático, aunque aparezca tan variado y multitemático".
También en declaraciones a Efe, José Julio Cabanillas, que ha intervenido en la mesa que ha abordado la novelística de Aquilino Duque, ha asegurado que es de esa estirpe de narradores que "tienen la capacidad de nombrar el mundo, como hizo Adán en el Edén".
La obra narrativa de Duque se caracteriza, según Cabanillas, "por el afán de contar; ha construido una enorme comedia humana con cientos de personajes, muchos de los cuales quedan como gentes de paso en meandros argumentales; y también por el afán de conseguir un lugar que una la hermosura, la belleza y la verdad de las cosas antes de que se hayan roto".


Artículo publicado en la edición de Andalucía de El Mundo.

lunes, 13 de mayo de 2013

Uno por libre. Aquilino Duque visto por José Antonio Gómez Marín


    


 

13 de mayo de 2013 


Le han hecho un homenaje cumplido a Aquilino Duque entre varias instituciones de Sevilla, un homenaje merecido a quien muy probablemente es el escritor señero que la ciudad tiene en esta generación. He seguido a Aquilino desde que, hace mucho, mi maestro Maravall me recomendara vivamente un texto suyo que iba a salir en la Revista de Occidente, o quizá desde poco antes, cuando Eladio Cabañero me regalara una antología en la que asomaba un poema hermoso que Aquilino considera un “pecado de juventud”, y después no he dejado de leer sus ensayos y, sobre todo, sus novelas, esa memoria viva e insobornable de la vida española ilustrada con el eco cuidadoso de la europea que él –en Austria, en Italia, en Inglaterra…– tuvo ocasión de conocer de cerca sin intérpretes ni mediaciones. Pocos espíritus he conocido tan independientes, tan cimarrones –mi abuelo decía “trescarajistas”—como el de Aquilino Duque, un liberal-conservador, así como entreverado de Valera y Alcalá Galiano, indiferente a la crítica, cosmopolita discreto y narrador implacable en el que no es difícil percibir, sin embargo, un franco sentimiento compasivo. Se puede ser hombre de bien sin ser demócrata y a Aquilino, una cierta pulsión aristocrática le permite, yo diría que lo impulsa a proclamarlo, como quien no quiere la cosa, no me cabe duda de que desde la más clara conciencia. ¿Quién, excluidos los cafres y los paniaguados nostálgicos, osa decir hoy públicamente que, bien mirado, el franquismo dejaba al menos una salida y que esta partitocracia no pasa de ser, como diría Valle, “un albur o un barato”? Desde posiciones muy distintas, a muchos no nos queda otro remedio que respetar esa insolencia que más que irritar debería contribuir a una autocrítica en línea con el orteguiano “No es esto, no es esto”.
Aquilino vive en el campo, enterrados en libros y rodeado de frutales, como antes ha vivido en las Europas de la postguerra, fiel a su obsesiva vocación debeladora, a su intenso gusto por la memoria, esa guía irrenunciable, que el maneja como un entomólogo, clavando el alfiler de su ironía en la cabeza de nuestra malconocida mariposa. Firme, intransigente incluso, áspero cuando se tercia (que se tercia), fino siempre desde su medida diplomacia, solícito o despectivo, según, memorioso siempre. Y libre. Tiene derecho a replicar, como Camus a Simone de Beauvoir, “si la Verdad es de derechas, yo soy de derechas”. ¿Y qué, a ver?


Artículo publicado en la edición de Sevilla de El Mundo.

La Sevilla de Aquilino Duque. Por Antonio Burgos


 
Cuando conocí a Aquilino Duque, yo estudiaba todavía Bachillerato y él acababa de llegar de Cambridge, donde creo que fue únicamente para poder retratarse con un bombín y un paraguas, como un inglés. El encuentro fue en los altos del Club La Rábida, en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de la calle Alfonso XII, donde había nacido la revista "Aljibe", con él, Juan Collantes, Antonio Gala, Ángel Medina, Fernando Quiñones, Serafín Pro... Allí leyó aquella tarde fragmentos de una novela que nunca publicó, aunque ganó con ella el premio Ciudad de Sevilla: "Las torres de San Cayetano". Luego nos citamos en el saloncito de Los Corales donde Belmonte y El Gallo hacían tertulia. Le llevé para que me lo firmara su primer libro, "La calle de la Luna". Y me dio dos consejos que nunca he olvidado: que Sevilla es una deliciosa flor carnívora con la que hay que tener mucho cuidado, porque te devora en cuanto te descuidas; y que para sentir Sevilla hay que leer "Ocnos", el libro de Cernuda cuya primera edición él había encontrado en un baratillo londinense. Tuve en cuenta lo de la floristería carnívora y leí inmediatamente "Ocnos" en la edición de Ínsula, en aquellos tiempos en que decías "Cernuda" y la gente en Sevilla creía que te referías a Neruda con errata. Aquí no conocían a Cernuda más que Aquilino, Higinio Capote, Joaquín Romero Murube (que le escribió su responso difícil en ABC) y el académico Carlos García Fernández, que formó parte del grupo Mediodía y se carteaba con él. He evocado aquellos años y aquel Aquilino cuando he visto con alegría (y una cierta preocupación que al final diré) que uno de los poemas de "La Calle de la Luna" (1958), "Colegiala del Valle" ha sido colocado como homenaje en el que fue jardín del colegio. Como tantos otros poemas de "La Calle de la Luna", me sé de memoria ese soneto, y lo transcribo sin la errata de "curva" por "cuna" del ceramista: "Va entornando la cuna del tranvía/tus ojos soñolientos, colegiala". (En aquel tiempo, los tranvías entornaban los ojos de las enamoriscantes niñas del Valle y todo, y no como ahora, que no entornan absolutamente nada cuando pasan por la Avenida con la esquila del Muñidor de la Mortaja.) Soneto sentimental y precioso, que remata así: "Salta al jardín de las desilusiones,/colegiala sin flores ni ciudades,/a jugar a la comba con tus trenzas". 

Entre consulados del más allá , guías apasionadas de Doñana, monos azules y ruedas de fuego, el insobornable Aquilino Duque, que es como su España, Uno, Grande y Libre, ha escrito más que El Tostado. Mas si se hubiera quedado en poeta de un solo libro, con esa "Calle de la Luna" hubiera ya sido digno de toda recordación, cerámica o no. Ese libro es una guía sentimental de Sevilla y tiene poemas antológicos. Que lo digan a mí, que los incluí en mi antología de poesía popular "Rapsodia Española". Hablamos de Juan Sierra como poeta excelso de la Semana Santa, de la flor carnívora, pero anda que Aquilino... En ese libro primerizo viene el poema impresionante del Cachorro: "Esta noche, Manuel, tú sobre el puente". Y el soneto a la Esperanza de Triana: "Arriba la Esperanza trianera, viva la plata y viva la alegría". El de la Macarena: "Ni azahares ni luna te pondría". El de la Amargura, "Vengo del río allá, de la otra orilla,/ para verte llorando en tus varales". Y más Sevilla, con "Las huertas de Gelves": "La marisma es un ruedo sin fronteras;/es la plaza de toros donde Fernando el Gallo/le cortas las orejas al toro de San Lucas". Y el Patio de la Montería del último rey moro. Y los seises: "¿Qué voz os congregaba,/pájaros al Altísimo?". Y soleares del mejor corte: "Reloj de arena tu cuerpo,/te abrazaré la cintura/para que no pase el tiempo". Y el final rotundo: "Tienen los andaluces por patria el universo". El universo de Sevilla es la patria de Aquilino Duque. 

Ojalá el alcalde no lea "La Calle de la Luna". Porque con lo que le gusta una cerámica de zapata y zapatazo, puede poner Sevilla entera alicatada con azulejos de versos de Aquilino.


Antonio Burgos.


Publicado en ABC de Sevilla.

jueves, 9 de mayo de 2013

Homenaje al escritor Aquilino Duque

El pasado martes 7 se celebró la primera jornada del merecido homenaje al escritor sevillano Aquilino Duque. El primer acto del homenaje fue escenificado en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, con la sala de actos llena de público, en el magnífico marco de la Casa de los Pinelo, de la calle Abades de Sevilla, la directora de la Academia, Enriqueta Vila, dio la bienvenida a los presentes y tuvo unas breves palabras para el homenajeado para, a continuación, tras las breves intervenciones de los directores de la Fundación de Cultura Andaluza y de la Casa de los Poetas, dar la palabra a los tres ponentes que dictarían sendas conferencias sobre la obra novelistica de Duque. El primero en intervenir fue el poeta y profesor de literatura Jacobo Cortines, quién se fijó en la nueva entrega de las memorias del escritor, La Invención de la Pólvora, que edita Renacimiento y estará en breve a la venta. Original fue la intervención de José Julio Cabanillas, quien remarcó algunas características personales de la prosa del autor homenajeado. Por último, José Alberich realizó un repaso de la obra prosistica del autor, cerrando el acto el homenajeado con, una vez más, un discurso brillante y de inteligente humor.
La segunda parte del homenaje se trasladó a La Carbonería, local de histórica tradición cultural en la hostelería sevillana, donde Alicia Serna interpretó diversos palos flamencos con letras de Aquilino Duque, fue acompañada a la guitarra por el tocador Juan Jesús Bermúdez.
Al día siguiente el Alcalde de Sevilla, descubrió una placa en honor de Aquilino Duque en los sevillanos Jardines del Valle. Por la tarde, las veladas literarias se trasladan a la Casa de los Poetas, en el Casino de la Exposición, para tratar la obra ensayística y la poesía de Aquilino Duque.
La Asociación Cultural Ademán ha estado presenta en estos actos, celebrando el reconocimiento de la ciudad a tan insigne intelectual, que, no ha dejado de recordar en sus entrevistas de estos días, su labor junto a la Asociación como el sonado acto literario de homenaje al escritor Agustín de Foxa.
A. C. Ademán.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Aquilino Duque: "El analfabetismo de los político ayudó a que se leyera a Foxá" (Jesús Álvarez en ABC 8/5/2013)



(Aquilino Duque. Fotografía de Raúl Doblado para ABC)
Traductor, narrador, poeta y ensayista, Aquilino Duque (Sevilla, 1931) ha construido una brillante carrera literaria que le ha reconocido laReal Academia Sevillana de Buenas Letras, que dirige Enriqueta Vila, y a la que homenajeará la Casa de los Poetas. También se descubrirá un azulejo con su nombre en los Jardines del Valle.
El autor sevillano, enfrentado desde siempre a la dictadura de la corrección política, que le ha obsequiado con un estruendoso silencio oficial durante las últimas décadas, asegura en una entrevista con ABC que «tengo que agradecer al analfabetismo de nuestros políticos que, por ejemplo, se leyera a Foxá, tras ser prohibido un homenaje en Sevilla por una delegada municipal y estoy dispuesto a ser testigo de "descargo" por el favor tan extraordinario que me hizo».
Duque reconoce que «no soy de templar gaitas, siempre digo lo que pienso, aunque no sea simpático al orden cultural establecido». Y añade, satisfecho: «Gracias a Dios no necesité de la literatura para vivir».
Aunque declara sentirse un «hombre de suerte», Aquilino Duque recuerda que algunos libros suyos tardaron en publicarse más de diez años en España. «Con Franco sufrí censura, como tantos otros, pero después escribí, por ejemplo, un poema dedicado a Miguel Hernández en el 50 aniversario de su muerte, que las editoriales no se atrevían a publicar».
El autor sevillano, que ha utilizado la ironía y el sarcasmo como dos armas literarias en todos sus escritos, se declara «reaccionario», en tanto defiende «valores tradicionales, considerados arcaicos». Y añade: «Lo que sí me molesta es que me llamen conservador porque no soy partidario de conservar nada de lo que hay ahora. La modernidad, como decía Octavio Paz, no es progreso sino retroceso, y no hay nada más que leer las cartas de Manuel Rojas Marcos sobre Cambó y Cataluña de hace un siglo para darse cuenta».

lunes, 6 de mayo de 2013

Aquilino Duque, por Rafael S. Saus

Aquilino Duque

Rafael  Sánchez Saus

COMO tantos, llegué a Aquilino Duque por la poesía. Aire de Roma andaluza fue quizá el primer libro de poemas de autor contemporáneo que compré por mi cuenta, muy joven aún. En él, entre otros versos que me han acompañado siempre, éstos de España en cruz con los que comienza: "Yo nunca usé tu nombre en vano./ Si hablé de ti fue sin querer./Oh, ríos, rayas de tu mano,/ pregunto:/ -España, ¿quieres ser?". Desde entonces, como lector fiel de su fecunda obra, he ido de gozo en gozo y de asombro en asombro. Disfrutando la belleza y aliento de su poesía; la prodigiosa cultura y la tersura del estilo que nutren sus ensayos y artículos; el ingenio, humor y agilidad cinematográfica de sus novelas de intención satírica o la hondura y fuerza dramática de las que, como la magistral El mono azul, recrean desde otra perspectiva la tragicomedia española. Asombrado también, aunque por razones bien distintas. Porque no deja de sorprenderme y espantarme la siempre renovada cicatería y negación de buena parte del mundo literario y de toda la cultura oficial, mantenida sin desmayo durante décadas, contra este escritor enterizo y cabal, rebelde sin impostura, al que nadie puede negar su lucidez intelectual, su honradez personal y su consecuencia vital.     
 


Por eso me ha alegrado tanto saber que el merecido homenaje que ninguna institución le ha dado nunca se lo van a ofrecer sus muchos amigos y admiradores la semana próxima en Sevilla, con la participación de personalidades de las letras como Jacobo Cortines, José Julio Cabanillas, Luis Alberto de Cuenca, José Alberich, Enrique García-Máiquez, Juan Lamillar, Carmelo Guillén, José Mateos o Francisco Bejarano. Serán tres intensos días para repasar con ellos la obra de Aquilino y descubrir con su lectura nuevos motivos de reflexión, deleite y diversión. Y es que Aquilino Duque, uno de los autores de más amplia cultura del panorama actual, uno de los pocos en los que es posible atestiguar un verdadero genio literario, una trayectoria, un proyecto, tiene al mismo tiempo la modestia de situar en primer plano el gusto del lector. Hace unos años, declaraba en una entrevista: "No me planteo tampoco el crear obras trascendentes, lo que persigo es que mi obra sea amena y fácil para el lector, que lo pase la gente bien. Y, si acaso, dar testimonio de una época". Gracias también por eso y felicidades, maestro.


Publicado en Diario de Sevilla

Aquilino Duque, por A.Rivero Taravillo




Nunca fue acomodaticio, y desde hace varias décadas es una inteligencia molesta; es decir, muy necesaria. No levantaré ahora un censo de los escritores sevillanos, pero para mí que es el decano de todos nosotros, y ostenta el puesto, mal que a muchos les pese, en plenitud de forma mental y aun física.
            La semana entrante recibirá un homenaje organizado por Casa de los Poetas y la Fundación de Cultura Andaluza. Es de justicia. Si el gobierno de la Junta de Andalucía no confundiera churras con merinas (la ideología con la excelencia), ya tendría la medalla de oro de la región. Otra, diaria (o mejor vespertinamente), recibe sobre la torre de su casa aljarafeña: el sol que se pone en el occidente hacia esos Zufre e Higuera de su infancia tan hermosamente rediviva en su libros memorialísticos.
            Duque, sevillano de 1931, ha publicado novela, ensayo y poesía, además de traducción literaria, y todo lo ha hecho bien, con tino y con hondura. Cuando tuve posibilidad, reedité dos novelas suyas, El mono azul y Los consulados del más allá. Ojalá hubieran sido más.
Me recuerdo en el hotel en que Cernuda se alojaba en sus viajes a México leyendo entre sorbo y sorbo de una cerveza helada el manuscrito de la más reciente, Caza mayor, que luego publicó Abelardo Linares en Renacimiento. Una de aquellas tardes hablé con la viuda de Octavio Paz acerca de las cartas que su marido había recibido del autor de La realidad y el deseo. En la posdata de otra que Paz escribió en agosto de 1982 a Pere Gimferrer, el mexicano escribió: “Olvidé algo sobre lo que hacía tiempo quería hablarte. Más bien dicho, alguien: Aquilino Duque. Me visitó hace años en la India y, después de un silencio muy largo, empezó a escribirme y a enviarme sus artículos, algunos con citas mías. Ahora pasó por aquí y me visitó varias veces. Me contó que había sido amigo tuyo y que, aunque ya no se ven, su estimación hacia ti no había cambiado. Me contó también que tú te habías molestado con él porque en una novela suya había una sátira en contra mía (me conmovió doblemente, por tu gesto amistoso y por tu discreción –nunca me lo dijiste). Te confesaré que, a pesar de todo esto, Aquilino Duque me parece inteligente y que encuentro que sus juicios políticos y literarios son, casi siempre, acertados. Es apasionado pero no mezquino –creo. Ahora me ha dejado una colaboración para Vuelta que publicaremos en un número próximo. Pero el personaje me ha interesado y quisiera saber más de él."
En Sevilla podremos saberlo estos días.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 3-5-13)

miércoles, 1 de mayo de 2013

JORNADAS DE HOMENAJE A AQUILINO DUQUE

JORNADAS DE HOMENAJE A AQUILINO DUQUE

Organizan:

FUNDACIÓN DE CULTURA ANDALUZA (FUNDECA)
INSTITUTO DE LA CULTURA Y LAS ARTES DE SEVILLA (ICAS) CASA DE LOS POETAS


7 de mayo

20:00 horas.
Real Academia Sevillana de Buenas Letras (C/ Abades, 14)
La novela de Aquilino Duque
Intervienen: Jacobo Cortines, José Julio Cabanillas, José Alberich

21:30 horas
La Carbonería (C/ Levíes, 18)
Recital de Flamenco de Alicia Serna

8 de mayo

12:30 horas
Jardines del Valle
Descubrimiento de un azulejo

20:00 horas
Casa de los Poetas y las Letras (Casino de la Exposición)
La obra ensayística de Aquilino Duque
Intervienen: Enrique García Máiquez, Juan Lamillar, Francisco Bejarano

9 de mayo

11:30
C/ Betis, frente al Restaurante Abades.
Paseo literario con textos de Aquilino Duque.

20:00 horas
Casa de los Poetas y las Letras (Casino de la Exposición)
La poesía de Aquilino Duque
Intervienen: José Mateos, Carmelo Guillén, Luis Alberto de Cenca.






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Adriano Duque
Dept. of Romance Languages & Literatures
800 E. Lancaster ave. SAC 349
Villanova, PA  19085

jueves, 7 de marzo de 2013

Trampantojos. Por Aquilino Duque

Por su indudable interés reproducimos el artículo del premio nacional de literatura Aquilino Duque en La Gaceta.

 OPINIÓN | SALA VIP                        Trampantojos
  • *AQUILINO DUQUE
    Puede decirse que todos los medios de difusión que existen son de opinión.
    Cuando, a pesar del fracaso del mal llamado golpe de Tejero, llegaron por fin los socialistas al poder sin tener que compartirlo en un gabinete de coalición, los lamelibranquios de turno le preguntaron a su jefe que por qué no convertía El Socialista en diario nacional, a lo que él, con muy buen criterio, contestó que no veía la necesidad, ya que había hombres suyos en todos los diarios nacionales. Esta situación iría a más, según se adueñaba de la sociedad civil lo que yo llamo “el espíritu inmundo del 68” con sus cuatro jinetes apocalípticos, a saber, según el socialdemócrata Alejandro Llano, el feminismo, el ecologismo, el pacifismo y el nacionalismo, de suerte que hoy no hay tertulia, por muy anticonformista que sea, que se prive, no ya de un socialista de muestra, sino de algún que otro izquierdista genérico o de algún que otro equilibrista de la derecha vergonzante.Vaya por delante que a mí me parece bien, pues tanto más aprende el telespectador cuanto más variopinto es el muestrario de los bustos parlantes, que no se limita ni mucho menos a los antedichos. Bien es verdad que a veces el precio es la perplejidad, como cuando para defenderse de la feroz ofensiva de algún poderoso grupo de presión, alguno que otro pone por delante el agrado con que contempla sus exhibiciones orgiásticas o el mal trato que sus portatirsos recibían bajo el franquismo a tenor de la Ley de Vagos y Maleantes, promulgada por cierto bajo la Segunda República.
    Conviene aclarar que bajo el franquismo, como bajo la República o bajo cualquier ordenamiento civilizado anterior al 68, la condición de “peligrosidad social” no la tenía una persona por sus rasgos cromosómicos, sino por sus constantes de comportamiento, y esa diferencia sigue existiendo entre los que, aun compartiendo las mismas tendencias, rechazan esas saturnales y los que se suman a ellas. Puede decirse que toda la prensa que existe es de opinión, y la misión de un órgano de opinión no es informar, sino adoctrinar. Donde digo prensa, digo medios de difusión en general, que por algo Julián Marías los llamaba “medios de confusión”.
    Uno de ellos es el cine. Desde que la democracia nos levantó la pertinaz represión y nuestra sociedad fue por fin, como pedía el novísimo Carnero, “más justa y más abierta de piernas”, los crímenes crapulosos se han multiplicado exponencialmente, y la que llamó la condesa de Campo Alange “la guerra secreta de los sexos” ha dejado de ser secreta y se ha hecho crónica escandalosa. El cine y la televisión, los pobres, no han tenido más remedio que reflejar esa realidad sociológica, por más que no esté claro del todo dónde está la carreta y dónde los bueyes. En todo caso, lo que sí se aprovecha la situación es para retrotraer esas escenas obscenas a épocas que se tiene la consigna de execrar, desacreditar y demonizar.
    El camino nos lo trazaron esos genios del celuloide, esos carroñeros por decirlo claro, que fueron Visconti, Pasolini o Bertolucci, al despojar a los caídos adversarios de sus uniformes y disfrazar con ellos a los protagonistas de sus sádicas orgías. Otro es la fotografía. Tal vez la fotografía más difundida de nuestra Guerra Civil sea la del miliciano empuñando un fusil en el momento de recibir un balazo. Esa imagen es, para entendernos, el Guernica de la fotografía, y tiene con la realidad la misma relación. Su autor fue el célebre Robert Capa, que no se limitó a los fotomontajes en su vida profesional y murió en acto de servicio en Indochina.
    También en acto de servicio, aplastada por un carro de combate del propio bando, murió su amante y alumna, cuya foto de miliciana de mono y medio tacón apuntando con pistola como de juguete hace pensar en la foto, mucho más conseguida, del miliciano del fusil. No sé de cuál de los dos es la subtitulada erróneamente Infantes de Marina a bordo del acorazado Jaime I. El error consiste en llamar infantes de Marina a la marinería, que es lo que aparece en la foto celebrando la única hazaña bélica del Jaime, que fue la de arrojar al mar a la oficialidad, en heroica emulación del Acorazado Potemkin. A los que hemos servido en la Marina, en mi caso en Infantería de Marina precisamente, nos intrigó siempre el léxico naval, en el que las lenguas se entremezclan e influyen de manera curiosa.
    Por ejemplo, “grumete” se dice en francés mousse y en italiano mozzo, palabras que vienen del español “mozo”, siendo así que “grumete” viene a mi juicio de la inglesa groom, que significa lo mismo, aunque en inglés “grumete” se diga cabin boy. La dotación o marinería del buque en italiano se dice ciurma y se pronuncia chiurma, y viene de ella la española “chusma” que, en la primera acepción que le da el Diccionario de Autoridades de la RAE es: “los galeotes, forzados y buenasvoyas, que reman en las galeras.” Ese debería ser el pie de la foto del Jaime.

     *Aquilino Duque es escritor y Premio Nacional de Literatura.


http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/opinion/trampantojos-20130217

martes, 20 de noviembre de 2012

Camisas viejas, descamisados nuevos

En el día del 76 aniversario del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, publicamos este artículo del insigne escritor sevillano Aquilino Duque.
A. C. Ademán.
De José Antonio a Dionisio Ridruejo: homenaje Por Aquilino Duque
Copiado de: El manifiesto.com
Yo no voy a repetir lo que ya escribí en su día sobre Dionisio, tanto en prosa como en verso, por no hablar de las cartas que le mandé, que fueron algunas, o de las conversaciones, que fueron bastantes. Cuando publicó Escrito en España, en Argentina si mal no recuerdo, me decía en Madrid que con aquel libro pretendía algo así como echarle un pulso al régimen. El régimen podía impedir la publicación de un libro, pero no su difusión, y de la difusión de escritos como el de Ridruejo fuimos muchos los que nos ocupamos por activa o por pasiva.
Lo que Ridruejo pretendía con aquellos escritos tan inofensivos era lo mismo que otros buscaban con la acción directa. Uno que fue cocinero antes que fraile, Pío Moa, no tiene empacho en confesar que el propósito de él y sus amigos era que el régimen que blasonaba de paternalista no tuviera más remedio que mostrarse represivo. Hay que decir que éstos consiguieron lo que no consiguió Ridruejo ni conseguimos los que le seguíamos, aunque fuera a distancia. El régimen que templaba gaitas con la disidencia teórica no se anduvo con contemplaciones a la hora de hacer frente a la subversión práctica y procuró dar al terrorismo su merecido, aunque sólo fuera por asegurar la libertad y la seguridad de los que no estaban por la labor, que eran la inmensa mayoría de la nación.
La pluma y la bomba
En aquellas calendas, yo ejercía la disidencia desde la barrera, es decir, desde Ginebra, como por otra parte mi compadre Valente (llevé a la pila a una hija suya en representación de Vicente Aleixandre), y desde allá escribíamos versos mortíferos que publicábamos en “el interior” sin mayores dificultades. Unos eran más mortíferos que otros, desde luego, y cuando a Valente le publicaron los de la Revista de Occidente su libro La memoria y los signos, incluyó en él una elegía al poeta brigadista John Cornford que no le gustó a Robles Piquer, entonces al frente de la Censura, aunque no la prohibió, y una especie de sátira de la no violencia que no le pareció bien a Aleixandre, que vivía en Madrid, ni tampoco a mí y eso que vivía en Ginebra.
Con tiempo y democracia, el terrorismo lograría en “el interior” la respetabilidad de que ya gozaba en las naciones “civilizadas” y la Historia les daría la razón a los poetas que habían procurado hacer con sus plumas lo que los terroristas con sus bombas. Nada más lógico pues que en una España así, en una España de valores invertidos, se permita un currinche del estado mayor de la envidia –Ortega dixit– tratar de loco a Dionisio o a José Antonio, qué más da.
En vísperas de una Feria del Libro, me llamaron de un diario sevillano para que recomendara un título cualquiera y, sin pensarlo dos veces, recomendé Canciones, del poeta jerezano José Mateos. Me dijeron que ése ya lo habían recomendado otros y repliqué que el mío era un voto más a su favor. No valió mi argumento, pues preferían que cada entrevistado recomendara un libro distinto. “Pues entonces voy a recomendar un libro que con toda seguridad nadie ha recomendado: las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera”. – “Sí, desde luego que nadie ha recomendado ese título, y ¿nos puede decir en pocas palabras los motivos de su recomendación?” – “Pues porque su lectura haría mucho bien por la salud moral de un país que está muy necesitado de ella, y porque en ella aprenderían los españoles de hoy algo que no se encuentra por ninguna parte, a saber: limpieza de prosa y claridad de ideas.”
Un centenario sordo
Por los mismos días me encontré con un ingenuo que me preguntó si se celebraría con carácter oficial el entonces próximo centenario del nacimiento de José Antonio. José Antonio dio la vida por una España que conciliara la justicia social con el sentimiento nacional, y no tengo la impresión de que estén bien vistas esas cosas por unos políticos de ideas turbias y unos folicularios que, en la feria y fuera de ella, confunden la prosa con la broza.
Ese centenario se celebró por fin sin que muchos que habían hecho carrera con la camisa azul se rebajaran a participar en él, y eso explica que algunos que nunca vestimos camisa alguna, nos sumáramos a los que nunca cambiaron de camisa sin temor a que nadie nos tachara de oportunistas ni de aprovechados y sin otra finalidad que la de honrar con la mejor voluntad la memoria de uno de esos españoles que hacen bueno aquello de que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. Fruto de aquellas jornadas nació un libro que salió adelante entre las reticencias de los medios de confusión escrita y audiovisual y la antipatía o el desdén de la clase política en general y de sus intelectuales orgánicos, tránsfugas en muchos casos de las filas de Falange.
Como botón de muestra, mencionaré al director del Ateneo madrileño, antiguo jefe de centuria, que mandó retirar el retrato de José Antonio, aunque también es justo congratularse de que un notorio ex falangista que culminó su carrera en la presidencia de un sindicato vertical no protestara cuando alguien exhumó un rancio artículo suyo en Arriba sobre su amada –y provechosa- camisa azul, bien guardada en el desván de sus recuerdos o en el armario de sus esqueletos. Espero que por lo menos se tenga en cuenta el valor moral de rendir homenaje a José Antonio en una España que, por activa y por pasiva, reniega de sí misma, y nadie más valeroso que Jaime Suárez que, contra viento y marea y sin el menor apoyo oficial, sacó aquel libro adelante.
Dice Chesterton que “no es casualidad que la palabra “homenaje” signifique en realidad hombría”. “Homenaje”, según Corominas, es palabra que data más o menos de 1140 y procede del occitano antiguo omenatge, que significaba “vasallaje”, el vasallaje que se rinde a la “hombría”, que viene de “hombre”, como omenatge viene de ome. Cuando homenajeamos a alguien nos declaramos en cierto modo sus vasallos, pero al mismo tiempo que nos inclinamos ante su hombría afirmamos la nuestra, no sólo porque reconocemos los méritos de alguien que nos es superior, sino porque al hacerlo de modo libre, nos rebelamos contra eso que llaman la “opinión pública”, por otro nombre “envidia igualitaria”. Sería ingenuo e indecente esperar por ello ningún tipo de reconocimiento.
La filosofía que hay detrás de este concepto del homenaje es la del anónimo Soneto a Cristo crucificado: No me tienes que dar porque te quiera. Con esa idea se ha hecho a lo largo de tres mil años esa España grande que seguirá existiendo cuando nadie se acuerde de los sayones beodos que hoy se juegan a los dados su sagrada inconsutilidad.

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Premio nacional de literaturaAquilino Duque Gimeno, escritor español nacido en Sevilla el 6 de enero de 1931. Licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, amplió estudios en las Universidades de Cambridge (Trinity Hall) y la Southern Methodist University en Dallas, Tejas.
En 1975 fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura de España. Anteriormente había obtenido el Premio Leopoldo Panero de poesía en 1968, el Premio Ciudad de Sevilla de novela en 1970 y el Premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1972.