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martes, 4 de junio de 2013

Murió 'La Vaquilla', viva 'La Mula'

Por su interés reproducimos esta crónica de la pasada feria del libro de Sevilla a cargo de Paco Correal en Diario de Sevilla.

 Calle Rioja

Murió 'La Vaquilla', viva 'La Mula'

Feria del Libro. El escritor Juan Eslava Galán firmó ejemplares de sus libros y anunció que deja Barcelona y se marcha a Madrid cerca de donde Gimferrer habló el pasado sábado.
 
 Francisco Correal 

CUANDO apareció Pere Gimferrer por la Plaza Nueva, recordé lo que Antonio Muñoz Molina contaba en el libro conmemorativo del centenario de Seix Barral. Cómo cambió la vida del novelista de Úbeda el día que el autor catalán, uno de los novísimos de Castellet, fue a Granada a pronunciar una conferencia y un amigo de Muñoz Molina le entregó al editor y poeta un ejemplar de El Robinson urbano, una colección de artículos que el futuro académico y director del Instituto Cervantes de Nueva York había publicado en el Diario de Granada.

Justo frente a la pérgola en la que Gimferrer se puso a hablar el pasado sábado, alentado por Jesús Vigorra, firmaba ejemplares de sus libros Juan Eslava Galán. Un par de horas antes de que el Madrid le regalara la Liga al Barça en el campo del Espanyol, el escritor de Arjona (otro de Jaén que ganó el Planeta) me decía que está preparando las maletas para dejar Barcelona e instalarse en Madrid. "Se está poniendo allí la cosa muy fea". Y eso que se le cae la baba de flamante abuelo de Minerva, la hija de su hija Diana con la que Eslava Galán ha escrito un delicioso libro de recetas de cocina. Minerva es el nombre de la librería que ocupaba el puesto 16 de la Feria del Libro.

Esta Feria del Libro ha estado llena de coincidencias. En Eslava Galán se cruzan las generaciones. El padre de Diana podía serlo perfectamente del actor Mario Casas, que interpreta al padre del novelista, al acemilero al que Eslava retrató en la novela La Mula que después de muchos avatares ha llegado a las pantallas. Parece una metáfora de ese portal de Belén despoblado de fauna en la incorrecta lectura del libro de Ratzinger: el duelo en La Vaquilla con la muerte de Alfredo Landa se mitiga con la vida nueva de La Mula, zoología de la guerra civil, esa época en la que a los españoles les dio por comportarse como animales.

Se juntaron en la Feria del Libro tres anarquistas. El bueno, el malo y el fortuito. Los dos primeros son de la cosecha de Alfonso Domingo, antiguo compañero de la trinchera periodística. Después de ganar el Ateneo de Sevilla de novela, ha hecho lo propio con el Ateneo de Valladolid con la novela El enigma de Tina. La historia de una vedette que introdujo el jazz en España, una historia de novela negra en la que aparece un anarquista sevillano, Abel Domínguez, de Salteras. Ya se ocupó Domingo del más generoso de los anarquistas, Melchor Rodríguez, el ángel Rojo, ese sastre trianero que salvó a miles de falangistas y "burgueses" cuando estuvo al frente de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias en plena guerra civil. Alfonso se adentró en el personaje, con placa en Triana y calle en Sevilla Este, y su investigación la menciona Paul Preston en El holocausto español.

Al tercer anarquista lo trajo a la Feria el joven autor Pablo Martín Sánchez. No lo encontró en los archivos de la CNT ni en Tuñón de Lara, sino en el Google cuando escribió su propio nombre. De ahí el título de su novela, El anarquista que se llamaba como yo. La librera Esperanza Alcaide lo hizo coincidir con Jesús Carrasco, autor de Intemperie, en una galería de autores noveles conducida por Alejandro Luque y Manuel Pedraz y después los puso a firmar juntos en El Gusanito Lector: uno calvo, otro con abundante cabellera, como Bobby Charlton y George Best. Alguien le preguntó a la librera por la Carta a los Corintios. ¿Perdón?, respondió incrédula Esperanza. Como estaban juntos Pablo y Jesús.

Javier Compás buscaba la caseta donde firmaba Julio Anguita y Víctor Manuel de la Portilla buscaba libros infantiles en Rayuela, librería con el nombre de la novela de Cortázar que cumple sus bodas de oro. Compatriota de la reina de Holanda, del Papa de Roma y del Pichichi de Canaletas.






http://www.diariodesevilla.es/article/sevilla/1522314/murio/la/vaquilla/viva/la/mula.html

lunes, 6 de mayo de 2013

Aquilino Duque, por A.Rivero Taravillo




Nunca fue acomodaticio, y desde hace varias décadas es una inteligencia molesta; es decir, muy necesaria. No levantaré ahora un censo de los escritores sevillanos, pero para mí que es el decano de todos nosotros, y ostenta el puesto, mal que a muchos les pese, en plenitud de forma mental y aun física.
            La semana entrante recibirá un homenaje organizado por Casa de los Poetas y la Fundación de Cultura Andaluza. Es de justicia. Si el gobierno de la Junta de Andalucía no confundiera churras con merinas (la ideología con la excelencia), ya tendría la medalla de oro de la región. Otra, diaria (o mejor vespertinamente), recibe sobre la torre de su casa aljarafeña: el sol que se pone en el occidente hacia esos Zufre e Higuera de su infancia tan hermosamente rediviva en su libros memorialísticos.
            Duque, sevillano de 1931, ha publicado novela, ensayo y poesía, además de traducción literaria, y todo lo ha hecho bien, con tino y con hondura. Cuando tuve posibilidad, reedité dos novelas suyas, El mono azul y Los consulados del más allá. Ojalá hubieran sido más.
Me recuerdo en el hotel en que Cernuda se alojaba en sus viajes a México leyendo entre sorbo y sorbo de una cerveza helada el manuscrito de la más reciente, Caza mayor, que luego publicó Abelardo Linares en Renacimiento. Una de aquellas tardes hablé con la viuda de Octavio Paz acerca de las cartas que su marido había recibido del autor de La realidad y el deseo. En la posdata de otra que Paz escribió en agosto de 1982 a Pere Gimferrer, el mexicano escribió: “Olvidé algo sobre lo que hacía tiempo quería hablarte. Más bien dicho, alguien: Aquilino Duque. Me visitó hace años en la India y, después de un silencio muy largo, empezó a escribirme y a enviarme sus artículos, algunos con citas mías. Ahora pasó por aquí y me visitó varias veces. Me contó que había sido amigo tuyo y que, aunque ya no se ven, su estimación hacia ti no había cambiado. Me contó también que tú te habías molestado con él porque en una novela suya había una sátira en contra mía (me conmovió doblemente, por tu gesto amistoso y por tu discreción –nunca me lo dijiste). Te confesaré que, a pesar de todo esto, Aquilino Duque me parece inteligente y que encuentro que sus juicios políticos y literarios son, casi siempre, acertados. Es apasionado pero no mezquino –creo. Ahora me ha dejado una colaboración para Vuelta que publicaremos en un número próximo. Pero el personaje me ha interesado y quisiera saber más de él."
En Sevilla podremos saberlo estos días.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 3-5-13)

jueves, 10 de mayo de 2012

Álvaro Cunqueiro y la familia de Merlín (Juan Ángel Juristo en www.cuartopoder.es)

Alvaro Cunqueiro y la familia de Merlín
JUAN ÁNGEL JURISTO | 28 de abril de 2012

En la presentación de la recopilación de artículos y cuentos de Alvaro Cunqueiro, 'De Santos y Milagros', se dieron cita (de izda. a dcha.) el poeta Pere Gimferrer, el profesor Xosé Antonio López Silva (autor del hallazgo de los inéditos), el presidente de la Xunta, Núñez Feijóo; el escritor y exministro de Cultura, César Antonio Molina, y Borja Baselga, presidente de la Fundación Banco de Santander. / Efe
Comenzaré por una confesión: considero, consideré siempre, a Álvaro Cunqueiro como uno de los escritores españoles más importantes del siglo XX. Esa calificación me ha llevado, con los años, a valorar de una manera más discreta y comprensiva las razones que me llevaron, desde mi juventud, a la fascinación por su obra y figura. Resulta que somos hijos espurios de nuestros prejuicios y nuestra astucia, y desde luego, ¿cómo no gustar de una literatura que se mostraba en el lado opuesto de lo que mi generación rechazó con pasión; el realismo chato y decimonónico que se llevaba antes de la explosión del boom latinoamericano, complementado por el socialrrealismo más plano aún si cabe de la oposición franquista? De ahí que gentes como Cunqueiro o Joan Perucho, o Juan Eduardo Cirlot, o Pere Calders, o Josep Plá, de tan distinto pelaje y condición, algunos de ellos encantadores gentes de derechas, cuando no abiertamente reaccionarios,  poseyeran una cualidad común, la de estar representando una excelencia en lo literario que chocaba frontalmente con el ambiente opresivo que se respiraba en los cenáculos literarios, ignorantes de lo mejor que se estaba realizando en Europa y los Estados Unidos. Fueron nuestro respiradero y, ya digo, Álvaro Cunqueiro estaba entre ellos, en lugar destacado, claro. Por si fuera poco, y como parte intrínseca de su personalidad, como si fuera un personaje de sus narraciones, artículos o novelas, la leyenda que le acompañó de los avatares de su vida, de cómo se apropió del coche de Ramón Serrano Súñer pocas horas antes de que éste lo necesitara debido a la presencia de un alto jerarca nazi en Madrid, o la invención del Premio Mark Twain que se sacó del magín para sablear un traje, acrecentada por mil anécdotas menos fabulosas y comprobadas por los biógrafos, como la retirada de su condición de periodista que sufrió por haber querido estafar a la Embajada de Francia cobrando unos encargos que nunca llegó a realizar. Todo esto le hizo un personaje único en su momento. Lo que no sabíamos entonces es que lo sería también en un futuro, una vez salido del purgatorio en que una generación posterior lo metió debido a su militancia falangista.


Cubierta de la obra de Álvaro Cunqueiro.

La Fundación Banco Santander acaba de editar un libro delicioso de Álvaro Cunqueiro. Se le ha puesto el atinado título de De Santos y Milagros y consta de 138 artículos y 7 cuentos inéditos en torno a gentes que fueron proclives a la santidad y a la vida milagrosa. Hay títulos que lo dicen todo. Los artículos provienen de diarios y publicaciones como Faro de Vigo, La Vanguardia, ABC, La Voz de España, Aire Azul, Misión y Catolicismo. De esta última publicación son los siete cuentos inéditos, que se les habían escapado hasta ahora a los especialistas y que se han revelado de una importancia capital para entender la posterior evolución en la obra de Cunqueiro, cuando dio entidad a gentes como Fanto Fantini, siete cuentos que fueron escritos después de 1944, una vez le retiraron el carnet de prensa y que publicó bajo el pseudónimo de Álvaro Labrada, siete cuentos de una imaginación espectacular, comparables a los que escribió posteriormente, donde se mezclan los ambientes exóticos, totalmente inventados y que tan bien se le daban, unos ambientes que tanto daban si eran hindúes o chinos pues incidían en algo del que él fue un maestro: revivir el imaginario colectivo de un pueblo. En esto actuó como Merlín, o Simbad, o Ulises, tres personajes de la Antigüedad real o inventada, que fueron maestros de la fábula y la imaginación exaltada. Siete cuentos, en fin, descubiertos por el profesor y filólogo Xosé Antonio López Silva, que es el encargado, además, de la edición de este libro y autor de un estudio preliminar bastante clarificador. Por su parte, César Antonio Molina, que conoció a Cunqueiro y lo ha estudiado y editado con cierta profundidad, es el responsable del prólogo, donde se contextualiza estos escritos dentro del panorama general de la obra de Cunqueiro. De esta manera, lo que en principio podría tomarse como una publicación hagiográfica de santos, santas, sobre todo santas,  y sus milagros, se inscribe dentro de una galería de retratos de raigambre mágica, mistérica, vale decir, de la familia de Merlín, una manera de burlar, esta vez de forma elegante, la férrea ortodoxia de la Iglesia. Y en esto de burlar ortodoxias Cunqueiro siempre fue un mago. Aquí se da cumplida muestra de ello.
Pere Gimferrer, que presentó el libro en la Biblioteca Nacional, con asistencia del Presidente de la Xunta, Alberto Nuñez Feijoo, incidió en la condición profundamente solitaria de este escritor,  “que no tuvo antecedentes ni consecuentes” e hizo un juego de palabras muy bello que explica, además, la particular fascinación que despierta el personaje: “Cunqueiro no hizo realismo mágico sino magia de las palabras”.  Y hasta tal punto es así, fue así, que leyendo estas páginas de santos uno comienza a sentir la invasión de cierta calidez de claro origen gozoso. La verdad es que la vida de los santos, cuando está bien escrita, pertenece a la galería de retratos literarios de clara excelencia. La prueba está en las hagiografías del padre Rivadeneyra, que en nuestra tradición representa lo más acendrado de la misma. Pocas veces he leído retratos literarios tan mórbidos como los que nos presenta Rivedeneyra, algunos que para sí hubiera querido el Marqués de Sade, y la verdad es que los escritos por Cunqueiro son más finos, están rellenos de una madeja más imaginativa que los del jesuita, también más amable. Al fin y al cabo el escritor gallego siempre pensó que los santos eran magos, condición inexcusable de la inteligencia de la imaginación, y de ahí que lo mórbido tuviera su lugar justo, pero no más, y desde luego no lo más importante. Molina recalca la identidad de Cunqueiro con la del poeta irlandés y Premio Nobel  Edward Butler Yeats y la recalca en lo que tiene de identificación con el inconsciente popular. En cierto sentido es verdad y estás páginas pertenecen tanto al imaginario católico, como a la invención del propio autor, pero también a la de su pueblo gallego. Esto habría que recalcarlo al querer dar cuenta de este libro. A mí, de todas maneras, me interesa destacar algo que creo tiene mucha mayor importancia: la de la calidad literaria de estos artículos, tan intensa como la de sus novelas o sus crónicas. Cunqueiro fue de los pocos que dignificaron el oficio elevándolo a la categoría de literatura fantástica: una de las pruebas es este libro. Aunque hable de santos y milagros, o quizá por ello.

lunes, 9 de enero de 2012

Alvaro Cunqueiro en El País.

Mil Cunqueiros más

                           
MANUEL RIVAS 07/01/2012   

El centenario del nacimiento de Álvaro Cunqueiro y el 30º aniversario de su muerte, celebrados recientemente, arrojan nueva luz sobre el autor gallego. Manuel Rivas recorre los escenarios y la vigencia de la obra de un escritor y periodista inagotable"Me identifico con los personajes, están al mismo nivel que yo ... Creo en la existencia real de todos los personajes literarios", dijo en 1981
Soy un soñador. La mitad del ser humano es sueño. O más. El hombre se muere, lo matan, cuando deja de soñar". Quien habla es Álvaro Cunqueiro, en la tarde del 5 de enero de 1981. Es víspera de Reyes y cuenta que esa mañana ha escrito un artículo en el que recordaba cómo un lejano pariente campesino amasó para él, como regalo, unos panes en forma de pájaro, raposo y caballo, y luego le narró una historia en la que los animales hablaban. El raposo, por ejemplo, mostraba interés por tener un sombrero. La memoria sigue trayendo pan. La voz se le alegra cuando informa de que, a veces, le llega una hogaza desde Mondoñedo, el aroma llena la casa de Vigo, y que esa es su magdalena de Proust. El interlocutor le pide que explique el concepto de la memoria deformante y él responde con serenidad, sin quebrarse: "Tengo un sentimiento de contemporaneidad a todo. La sensación de que todo está vivo, en cierto modo presente, y que muchas de las cosas que están enterradas no están muertas".

Con los libros que soñó escribir se podría levantar esa biblioteca extraordinaria que completaría la que es realidad con los libros que sí escribió
"Lo que sufrió y sufre a veces la obra de mi padre es lo que podríamos llamar el estándar reductor del lecho de Procusto", dice César Cunqueiro
"Me identifico con los personajes, están al mismo nivel que yo... Creo en la existencia real de todos los personajes literarios", dijo en 1981
Hay un momento en que en la entrevista irrumpe la voz de Eligio, el tabernero que forma parte ya en la mitología del vino de ribeiro y de la ciudad de Vigo. Y lo hace para una elegía improvisada: "Este hombre tiene un mundo metido en la cabeza. Si usted le pregunta algo, él responde con algo que refleja algo que usted tenía la necesidad de saber. En fin, ¡sigue así, Cunqueiriño!".
-Ya queda poco... ¿Qué traías?
-Hice una perdiz guisada para ti, pero no sé si puedes tomarla.
-Mira, tengo un papel del médico que dice: volátiles todas.
Álvaro Cunqueiro, de cuyo nacimiento se cumple un siglo, tenía razón. Quedaba poco. Falleció el 28 de febrero de 1981. Dejaba un legado de pan universal. Había escrito, entre otras muchas obras, Merlín e familia, publicada en 1954, y epifanía del realismo maravilloso. Fue premio de la Crítica española por otras dos obras originalmente publicadas en lengua gallega: As crónicas de Sochantre (1959) y Os outros feirantes (1979). Muy vinculado al grupo de la revista catalana Destino, recibió el Premio Godó de periodismo en 1966. Y en 1969 ganó el Premio Nadal con la obra Un hombre que se parecía a Orestes. Uno de los galardones de los que estaba más orgulloso fue el misterioso (tal vez inexistente) Premio Mark Twain. Durante unos días estuvo ilocalizable con la disculpa de tener que recogerlo en la Universidad de Chicago. No fue premio Nobel, pero le emocionó mucho recibir un paraguas de once varillas con que le homenajearon asociaciones culturales gallegas.
Cuando habla de "memoria deformante", a propósito de los lindes entre ficción y realidad, cuenta otra confidencia, un secreto guardado desde la niñez. En El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes (1974), una pareja de enamorados, Paulus y María, huyen volando por el aire. "Yo estaba enamorado de una muchacha de Mondoñedo. El padre no me podía ver, no yo a él. Un día me rompió un aro que yo había hecho con el cerco de una barrica. Era un hombre avaro, malo, que además me rompió un aro, pero a mí me gustaba mucho su hija y pensaba salir por el aire con ella en brazos. Era un sueño repetido, que me quedó ahí".
En la conversación que mantiene con un joven profesor y músico, César Carlos Morán, le cuenta que su imaginación todavía está activa, en vilo caligráfico, y que trabaja en el libro de La taberna de Galiana, un lugar inexistente donde todo el mundo ha estado, y que tiene cuadernos enteros con notas para una obra deseada sobre el bíblico David, un deseo germinado en la infancia, cuando en Mondoñedo lo cubrían en la cama con una manta palentina que llevaba tejido ese nombre, David. Y con voz melancólica recita uno de sus poemas, aquel en el que Paltiel interpela a Jehová porque aparece en el Antiguo Testamento "llorando todo el camino hasta llegar Bajurín" detrás de Mical, la mujer por la que rivaliza con David.
No existió La taberna de Galiana, más que como fragmento, ni tampoco la historia inspirada en David. Ni otras obras anunciadas, en gallego o castellano, de "salida inminente", como A casa, As vacacións de Sisifo o Ceniza en la manga de un viejo. Pero parecen formar ya parte de una biblioteca sumergida, que podría tener como sede la taberna "submarina" de Galiana, de la que tanto escribió sin haberla escrito. Esos textos imaginados forman parte de su obra, enmarcada por Darío Villanueva en el realismo maravilloso: "Cunqueiro es maestro en presentar los mirabilia como naturalia". O a la manera de Pere Gimferrer: "Lo suyo no es realismo mágico sino magia de las palabras".
En Merlín y familia -incluida, como el resto de sus Obras literarias, en dos volúmenes editados por la Fundación José Antonio Castro- se cuenta que el viejo mago es poseedor de "un camino de quita y pon", un camino que trajo de Bretaña enrollado en un canuto de hierro. Cunqueiro tenía, para escribir, un camino así. En su imaginación germinaban textos que escribió en el aire, pero también escribió muchas creaciones que regaló a escritores inventados. Por ejemplo, poemas magistrales. "Hoy sería imposible, en un periódico, hacer lo que él hizo", apunta César Antonio Molina, antólogo y profundador, que diría Cunqueiro. "Publicar artículos que eran pura literatura e incluir poemas en páginas de una edición diaria". Desde 1964 hasta poco antes de morir, realizó traducciones al gallego de poetas de todo el orbe. La descripción de esta tarea en forma de auténtica aventura se cuenta en Álvaro Cunqueiro, traductor, de Xesús González Gómez, que lo define como "el traductor de mil poetas". El primero fue Bonjour tristesse
..., de Paul Éluard, lo que le sirvió para ironizar sobre la novela, con ese título, de Françoise Sagan. No pocos de esos poetas eran apócrifos, como revela Iago Castro, recopilador de Poesía 1933-1981. En su lápida, en el cementerio de Mondoñedo, figura la inscripción: "Eiquí xaz alguén que coa súa obra fixo que Galicia durase mil primaveras máis" (aquí yace alguien que con su obra hizo que Galicia durase mil primaveras más). También podemos hablar de "mil Cunqueiros", sea rumano, como Decio Arveanu, o presunto sueco, como Frank Sigmundson.
Con los libros que soñó escribir Cunqueiro se podría levantar esa biblioteca extraordinaria, que completaría la que es realidad con los libros que sí escribió. Y con los que ha inspirado. La hasta ahora inédita Entrevista de Reyes de 1981, su último adiós grabado, aparece en el libro musical Haberá primavera (editorial Galaxia), presentado por Morán en Vigo. Con el sello Small Stations Press, acaba de publicarse Folks from Here and There, la traducción al inglés de Xente de aquí e de acolá, realizada por Jonathan Dunne. Una de sus palabras gallegas más queridas era almeiro, que nombra el banco de peces. El año en que se celebra el centenario de su nacimiento (Mondoñedo, 22 de diciembre de 1911), se ha avivado el almeiro, con la reedición de toda su obra en gallego. Está a punto de editarse una compilación de su obra periodística. En Vigo termina ahora su recorrido por Galicia la gran exposición No niño novo do vento (en el nuevo nido del viento), que se quiere llevar a Madrid, Barcelona y Bruselas.
En castellano, se anuncia para la primavera la publicación de Vida de santos, con estudio de X. A. López Silva y prólogo de César Antonio Molina. Para la colección Los 5 Sentidos, Tusquets ha rescatado La cocina cristiana de Occidente. Una cima en el paladar irónico literario. Desde Rabelais, nunca se había escrito con tanto humor sobre gastronomía. Y he ahí una de las paradojas que tuvo que sufrir Cunqueiro. Si algo le enfurecía, era el ser tratado por algunos ilustres ignorantes como "gastrónomo" o como "humorista". En la imprescindible Cunqueiro: unha biografía (Edicións Xerais de Galicia), el autor, Armesto Faginas, compañero en el Faro de Vigo, describe la perplejidad y el enojo de Cunqueiro, después de ser entrevistado por un periodista foráneo que le preguntó sobre su condición de "humorista".
"Lo que sufrió y sufre a veces la obra de mi padre es lo que podríamos llamar el estándar reductor del lecho de Procusto", dice César Cunqueiro (Mondoñedo, 1941), escritor y notario. En la mitología griega, Procusto es un posadero de Atica que corta o estira a los huéspedes para que se ajusten al tamaño de las camas. "No es un costumbrista, la cultura es su sangre literaria, y tampoco puede encuadrarse en un sistema concreto, sino que pertenece a la literatura universal, posnacional. Si no se le presta más atención en el sistema literario español, tal vez se deba a su condición de excéntrico, en todos los sentidos".
César Cunqueiro, que escribe novela en gallego y poesía en castellano, trabaja en un estudio sobre las claves de la obra del autor de Las mocedades de Ulises en un paralelismo con el cubano Lezama Lima. "No, no se conocían. Pero para mí comparten muchas cosas. La relación con la realidad, también con el entorno político. La condición de viajeros inmóviles. Su cosmovisión, ambos transmigrados a un mundo no atrapado por las leyes del mercado. En la ciudad de El año del cometa conviven vivos y muertos. Desaparece el espacio-tiempo, como historia convencional. Cuando aparecen monedas, tienen sexo, son masculinas y femeninas, y copulan. Y, sobre todo, como escritores, comparten la creación del texto paradisíaco, donde lo importante es la lógica de las imágenes, donde los sueños adquieren un volumen, donde el paraguas es un hombre".
El de los tesoros en Galicia, luego publicado con el título de Tesouros novos e vellos (tesoros nuevos y viejos), fue el asunto de su sorprendente discurso de ingreso en la Real Academia Galega, en sesión celebrada en Mondoñedo, en 1963. Y él mismo parece un tesoro de creación inagotable. "Por publicar queda parte de su obra periodística", dice Víctor Freixanes, director de Galaxia, la editorial que en la actualidad posee los derechos sobre la obra de Cunqueiro. "Lo que ocurre es que sus textos periodísticos, ensamblados, constituyen verdaderos retablos literarios. Otra cosa diferente es su visibilidad. Hay que decirlo. Cunqueiro todavía es un gran desconocido fuera de Galicia. ¡Y dentro! Todavía hay quien lo identifica solo como gastrónomo. Cunqueiro es un universo, como lo es Valle-Inclán. Son escritores irrepetibles".
Ese universo llamado Cunqueiro no es suficientemente conocido. En eso también coincide César Antonio Molina, el escritor y exministro de Cultura, que considera que ha habido dos enfoques críticos muy errados sobre el autor mindoniense: "Uno, considerarlo costumbrista. Otro, adscribirlo al realismo mágico. Creo que es un escritor diferente, raro". También su vida tuvo una trayectoria muy singular. En la juventud compartió galleguismo republicano y vanguardias, crea en Mondoñedo la Oficina Lírica del Este, y publica poemarios muy influidos por el surrealismo y el cubismo como Poemas do si e non. Después del golpe fascista de 1936, con la guerra, pasa un periodo de incertidumbre, como profesor en Ortigueira, hasta que se integra en el periodismo falangista, en el que acaba convirtiéndose en una estrella. El 1 de abril de 1939 publica en la tercera de Abc su artículo En la hora final. Pero acaba cayendo en desgracia, por asuntos de picaresca que a otros no afectan, pero a él si, tal vez por su condición de converso. Le retiran el carné de periodista. Se refugia en Mondoñedo. Renace como escritor cuando retoma el contacto con un antiguo amigo, el resistente antifranquista Francisco Fernández del Riego.
"Todos sus personajes están huyendo, en fuga, como Fanto Fantini, o no llegan, se les espera, pero no llegan. O han desaparecido", sostiene César Antonio Molina. Y concluye: "Él es uno de ellos, uno de sus personajes".
"Me identifico con los personajes", dijo aquella tarde de la víspera del día de Reyes de 1981, "están al mismo nivel que yo y pido para ellos lo que para mí, una cierta comprensión, generosidad... Creo en la existencia real de todos los personajes literarios. Madame Bovary, los hermanos Karamazov... todos existen. ¿Orestes? Sí, existe también Orestes, para quien no tiene sentido la venganza".
"Yo no pienso en nada, son el poema o el relato quienes vienen". En cuanto a técnica narrativa, Álvaro Cunqueiro decía aplicar lo que su amigo y admirador Colin Smith (catedrático de Cambridge y director del diccionario Collins) denominaba "el procedimiento Cuentos de Canterbury". Y siempre destacó la influencia de Las mil y una noches. En sus manos caería muy pronto una edición inglesa que anotó desde joven. Una y otra vez se establecieron paralelismos con Borges, y con los protagonistas del boom latinoamericano, pero él eludía esa comparación con elegancia. Tenía su propio mapa, con fuentes casi secretas. Por ejemplo, los Cuentos de un soñador, de lord Dunsany: "Yo lo leí antes que nadie en este país". O su capacidad para captar y reinventar las voces populares, los relatos que portaba la gente, como regalos, como panes fermentados en el magín, cuando acudían a la botica del padre, a la barbería del ilustrado Pallarego, su primer mecenas, o a las ferias de As San Lucas. Los cuentos que oía de la madre o en las visitas a las aldeas de la tierra de Miranda. En los paseos con el padre farmacéutico, aprendió los nombres de hierbas y plantas, pájaros y árboles. Y es sabido que la naturaleza, cuando se la nombra, corresponde. Habla. Ocurre con frecuencia en su obra. Que se oiga la conversación entre lo visible y lo invisible. Eso que Urbano Lugrís, el gran pintor del realismo maravilloso, llamaría la "profundidad habitada". ¿Cómo percibirlo? Cunqueiro explicaba el método de una forma sencilla e inapelable: "Yo siempre estuve a la escucha". A veces, añadía: "Siempre esperaba algún milagro". El romántico Jean Paul, autor de Hesperus, anotó: "¡Qué gran espectáculo es el nacimiento de un ángel en el hombre!". Por cierto, Cunqueiro escribió, ¿o iba a escribir?, un tratado sobre los ángeles.
Obras literarias I y II. Álvaro Cunqueiro. Fundación Castro. Madrid, 2011. 945 y 1.040 páginas. 48 euros. La cocina cristiana de Occidente. Tusquets. Barcelona, 2011. 288 páginas. 9,57 euros. De santos y milagros. Prólogo de César Antonio Molina. Estudio introductorio de Xosé Antonio López Silva. Fundación Banco Santander. Madrid, 2012. 450 páginas. 20 euros. En prensa. Haberá primavera. César Morán. Galaxia. Vigo, 2011. 56 páginas + 2 CD. 29 euros. Cunqueiro: unha biografía. Xosé Francisco Armesto. Xerais. Vigo, 1991. 376 páginas. 14 euros. Álvaro Cunqueiro, traductor. Xoán Xesús González Gómez. Fundación Caixa Galicia. Santiago de Compostela, 1990. 142 páginas. 3,3 euros.

 http://www.elpais.com/articulo/portada/Mil/Cunqueiros/elpepuculbab/20120107elpbabpor_32/Tes