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jueves, 29 de agosto de 2013

Pancho Cossío, el pintor de la Falange.

Pancho Cossío

jose antonioPor Adaucto Pérez.

“…porque él pintó lo que hasta él no era:/la evidencia real  de la pintura”

Sobre el nacimiento de Pancho Cossío  son dos los posibles años que figuran en sus biografías: 1894 (partida de bautismo, literalmente “…que dijeron haber nacido el 20 de Octubre de 1894”)) o 1889 que es la que comúnmente se atribuye al pintor. Sobre su vida y obra existe un excelente texto de Juan Antonio Gaya Nuño recomendado ya desde aquí.

Cuando en 1895 el guerrillero cubano negro Quintín Banderas tomó la localidad de Pinar del Río   su actitud fue altamente compasiva, según las normas salvajes de aquella guerra civil (¿hay otras?) con el alcalde y su familia. Se atribuye la magnanimidad de no cortarles el cuello, práctica habitual de Banderas, al hecho de que el mandatario municipal, Genaro Gutiérrez,  se había adelantado en la concesión de libertad a sus esclavos negros y ese hecho le procuró la salida  de él, su mujer  y de sus seis hijos rumbo a España, abandonando el negocio de almacenamiento de hojas de tabaco en que se sustentaba la economía familiar. 

Se establecieron en su región de origen, en Renedo, en el Valle de Cabuérniga. A los cinco años, Francisco Cossío sufría un percance, su madre, en un desgraciado accidente que le pesaría de por vida, le provocaba una rotura que dejaría como secuela una fuerte cojera, compañera inseparable y distintiva durante toda su vida (“el cojo de la bicicleta”). Junto a esta invalidez,  estrabismo y  joroba que crearon para el arte hispano un Toulouse Lautrec ibérico, genial también. Trasladada la familia a la capital cántabra recibió clases de pintura, comenzó y abandonó los estudios de Comercio y fue directivo del Racing de Santander. Con 20 años de edad  (cuatro más, cuatro menos,) en 1914 se trasladaba a Madrid a la calle Barquillo y comenzaba a estudiar con el gran maestro Cecilio Plá. Simultaneaba su trabajo en el estudio de la calle de Fernando el Santo con exposiciones  y se relacionaba con un círculo de amigos  intelectuales que ya apuntaban como era el caso de Gerardo Diego. Esta amistad llevó a encasillar a Cossío dentro del movimiento ultraísta en donde junto a Diego se encontraban Juan Larrea o Vicente Huidobro o Jorge Luis Borges y que era el lugar  del péndulo oscilante de la cultura, ahora en contra del modernismo de Rubén Darío. Pero esa adjudicación no satisfizo al completo a Cossío : 

 “Mi clasificación por la tendencia en que milito es la de postimpreionista. Una vez lo digo para siempre. A los susodichos que me llaman ultraísta y otras cosas, y a muchos más que si no me lo llaman, sería lógico que me lo llamasen, les continuaré diciendo que se asomen a los Pirineos y desde allí contemplen el panorama estético de Europa y  entonces comprenderán  y por último amarán muchas cosas que hoy son arcanos para ellos…Ruego que no se nos tome por iconoclastas. No lo somos. Solamente somos hombres que honradamente intentamos crear un nuevo valor estético por insignificante que sea. Para conseguirlo seguiremos trabajando aunque los perros ladren.”

De sus andanzas con las vanguardias, con aquella tropa de la Residencia de Estudiantes, de la bohemia parisina y del surrealismo quedó constancia con su participación en dos películas de Luis Buñuel ; en    Un perro andaluz -1929-(en donde podemos verle desde el  16´ 29´´ hasta el  17´52´´) http://www.youtube.com/watch?v=371P8O3hf_8

Y en La edad de oro-1930- (en donde podemos volverle a ver desde el  4´ 21´´ al 7´57´´) http://www.youtube.com/watch?v=Fcm5fODZgg0 . Con anterioridad, en 1926, tuvo un paso muy fugaz por el film Carmen, del belga  Jacques Feyder y con Raquel Meller de protagonista.

Participó en el Salón de Otoño de París de 1925 y recibió los apreciados elogios del crítico René Jean. En 1929 en Cahiers d´Art el galerista y crítico  Cristhian Zervos señalaría que para Cossío “…una bella pintura consiste en formas comunes expresadas con medios muy sobrios”, es en  ese año  cuando comienza su fase de “las formas ovales”. De su paleta decía “Waldemar George” (Waldemar Jarocinsky): “Pinta el viento, el cielo, el viento marino y el movimiento de las olas. Los verdes glaucos de reflejos metálicos y los blancos lechosos, opacos, que constituyen la base de su paleta, engendran una armonía de la más rara calidad”. Pintura que se condensa en una “atmósfera sorda” en expresión del hispanista y crítico de arte Jean  Cassou. No se contagió de cubismo ni de surrealismo;  en cuanto al primero hay quien quiere ver reflejos de los ritmos curvos  de Braque en su pintura y poco más; en cuanto a lo segundo  aunque admiraba a Dalí o a Miró pero no discurrió su quehacer por la senda de estos pintores.

Su estancia en Paris, el ambiente cultural en el que está inmerso le condujeron a posiciones políticas cercanas a la izquierda radical,  pero con su vuelta a España en 1931  entenderá que la vanguardia, lo nuevo, lo moderno no está ahí, sino en los núcleos favorables a la revolución nacional, una postura en donde  la relación mantenida  con Eugenio Montes no puede ser olvidada. Comienzan unos años  en los que su producción pictórica se achica,  son los que coinciden con su participación política y, luego, con la guerra. ¿Correlación o causalidad? Ahí queda la pregunta junto a la tarea iconoclasta, destructora- que la hubo- contra algunas de las obras del “pintor fascista” durante la España en llamas.  Tras contactar con Ledesma Ramos fue encargado en 1932 de la creación de las JONS en Santander, a donde trasladó  la idea del jefe consista para que, en el núcleo inicial de la formación política,  fueran la mayoría deportistas. Cossío junto con Manuel Yllera y jóvenes procedentes de los legionarios de España de Albiñana formarán, entre el mes de Agosto y Septiembre de 1932, el primitivo núcleo de las JONS con 32 militantes..  

En el  primer triunviro provincial  están Cossío, Yllera y Guillermo de la Llama. En varias ocasiones Pancho Cossío será el orador político en las reuniones que se establecieron en aquella provincia. De sus andanzas políticas cuenta José María Alfaro que en las charlas de La Ballena Alegre resonaban, en las escaleras del Café Lyon, los golpes de su bastón y de su  bota de cojo Asistió también a los problemas internos de FE de las JONS y en Marzo del 35 el divorcio entre el mando provincial santanderino  y un gran número de militantes va a llevar, de la mano de José Antonio, a Manuel Hedilla a ser responsable de la Falange de Santander con el apoyo de Cossío : “Lo que afirmaba Hedilla en sus intervenciones como orador se veía que era patrimonio de su espíritu. El verbo sencillo y tajante estaba acorde con el hombre”.   Quien será el II Jefe Nacional de FE de las JONS relata que, por encargo de José Antonio, Pancho Cossío poco antes del 18 de Julio  recibió la misión de volver a atraerse a Ledesma Ramos.   Estallada la guerra civil, Cossío se esconde hasta la liberación de Santander por las tropas nacionales en el verano del 37; había evitado su detención -y  posiblemente salvado la vida gracias- al hueco que su madre, primorosamente, realizó en un colchón. Posteriormente,  miembro del Partido único se verá  sometido a expediente disciplinario y  su vida política entró en vía muerta, no así  su fidelidad ideológica mantenida hasta su muerte. El gusto estético que el franquismo va a crear no iba  por los derroteros elegidos por Cossío ,  el régimen se conducirá por el  camino academista y lo que podría haber sido una brecha en la creación de un arte falangista autónomo, diferente, no tendrá desarrollo.  

Su participación en la revista Escorial, de la mano de Dionisio Ridruejo, será frustrante, acabaría en pocos meses y con gran disgusto para el pintor falangista: “Allí en la revista Escorial hice amistad con un grupo de hombres que después fueron los más funestos de mi vida. Esa fue mi primera siembra de amistad en mi cuarta etapa madrileña y esa fue la cosecha recogida”.  

Su pintura  se compone de  grandes masas planas de color. Hay quien ve en sus barcos características  “fantasmáticas” o “turnerianas”  y en la de objetos y/ o retratos son características unas  motas blancas que pueden interpretarse como la manifestación del pintor para resaltar  el carácter virtual que es la representación en  lienzo. En cuanto a los temas: barcos, pescadores, toreros, niños con cometas, bodegones, naturalezas muertas (así llamadas por error en la traducción) y portentosos retratos como el de su madre, el de José Antonio Primo de Rivera, el de Ledesma Ramos o el de algún otro político. A esta “galería azul”, de indudable simpatía  ideológica, habría que añadir el excelente Flecha con espigas, una de las más soberbias realizaciones de Cossío. Sobre este género pictórico, el del retrato,  la postura del pintor era concluyente,  el interés residía cuando se producía una real intimidad entre el pintor y el modelo y bien claro quedó en casos donde el modelo, por importante que fuera, carecía de empatía con el retratista.   

Para  José Hierro las características de su españolidad se cimentaban en una trilogía:-Tonos terrosos y grises;  una actitud más ética que estética y la materia pictórica. Pintor magistral de la distancia corta, no encontraría la misma proyección en los grandes lienzos que, para la iglesia de Santa Teresa y San José de los carmelitas de la Plaza de España, realizó. Sin quitarle mérito a la Apoteosis histórica de Santa Teresa y a la Apoteosis mística del Carmelo, el resultado es que no es lo mismo.

¿Qué opinaba él de su pintura? Que la hacía “un viejo hidalgo de Cantabria venido a bohemio pintor”.  ¿Cuáles habían sido para él sus influencias, sus maestros? Observemos la claridad definitoria que  daba, porque en cuatro patas asentaba al completo  el edificio de su pintura: “La transparencia de mi manera creo que es veneciana; de mi admiración  hacia los maestros flamencos me viene la gravedad y la densidad grasa de mis óleos; su gracia y su abstracción, la modernidad ,en suma, de París, indudablemente. Y todo ello sobre una temperamental sobriedad española”.

El 16 de Enero de 1970 en la Clínica Vistahermosa de Alicante, en la habitación 217 y acompañado de su hermana de sus sobrinos, de su ahijada y del luchador Saludes moría Pancho Cossio. Su cadáver fue trasladado a su casa estudio en su residencia del edificio Ulises en la Albufereta de la capital alicantina (y sobre esto algún familiar de pintor residente en Alicante y que lee estas páginas algo podría decir y contar, desde aquí le convoco).   Juan Francisco María Gutiérrez Cossío, o sea, Francisco Gutiérrez Cossío, o sea,  Pancho Cossío tuvo sus últimas panorámicas vitales  en la Sierra de Aitana o en el Mar Mediterráneo,  que son los horizontes respectivos de ambos lugares, aunque no fue su luz la que acompañó su producción. Trasladado, luego, su cuerpo a Santander, camaradas   falangistas le acompañaron y dieron sepultura. A su muerte, su amigo Gerardo Diego le dedicaría este soneto

Éste, que ya no veis, amigo ido
Aquí está-expuesto, íntegro,  valiente-
En cada copo, en cada nada ausente
Transfigurada en velo acontecido

Pintó, sí, como hay Dios y a Él le pido
Que le deje seguir pintando en mente
Polifemo al trasluz de inmensa frente
Arrebatado al ansia y al sentido.

Pintó la santidad del irse a pique
Y el naipe y el sorbete y la venera
Y la madre en su nieve de hermosura

Nadie remede su frontal tabique
porque él pintó lo que hasta él no era:
La evidencia real de la Pintura.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Las memorias de Tapies. ¿Antifranquista?: Tampoco

Edición digital |  LETRAS

Tàpies en sus memorias: ¿Para qué servimos realmente los artistas?

"Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente importante, está parado delante de mis cuadros... Todos ríen."


ELCULTURAL.es | Publicado el 07/02/2012

Antoni Tàpies escribió esta Memoria personal (Seix Barral) que recoge, como él mismo explica en el prólogo, "las circunstancias de mi vida, las influencias recibidas, el itinerario interior que he recorrido o las búsquedas personales que se encuentran en la base de mi pintura", contemplando "no sólo su posible utilidad didáctica para otros artistas más jóvenes, sino porque también me parecía que me ayudaría a tomar conciencia y a orientarme a mí mismo". Una crónica personal que abarca desde la Barcelona de la anteguerra civil al Madrid franquista y desde el París del existencialismo al Nueva York de los años cincuenta; y por la que desfila una fascinante galería de personajes que son emblemas de nuestro tiempo -de Picasso a Miró, o Duchamp-. En el centro de su autobiografía, la obra pictórica, iluminada por la palabra.



El director de aquellos cursos era el que posteriormente sería director general de Bellas Artes, Gratiniano Nieto. Tenía noticia, por Alexandre Cirici y otros que habían asistido, de que el año anterior había habido igualmente algunos actos bastante sugestivos por la calidad del público y porque se prestaban a un diálogo interesante. Acepté y, con Teresa, que ya esperaba el primer hijo, emprendí el viaje. Nos acompañó Tharrats, en sustitución de Joan Teixidor, que era quien primeramente yo había propuesto para hablar de la evolución de la nueva pintura en relación con los otros hechos culturales de Barcelona en aquellos últimos años, el cual no pudo venir.
Tapies y Eugenio D,Ors

Hicimos escala en Burgos, que no conocíamos, y pasamos luego unos días muy agradables en la simpática ciudad del norte, donde encontramos a otros amigos que ya conocíamos, como Gaya Nuño y su mujer, que estaba allí para hablar de Cossío en el mismo ciclo de la universidad, y algunos otros más. Volvimos a encontrar a Luis Rosales, quien me hizo de presentador en la conferencia y con el que pasamos muy buenos ratos. Conocimos a Carola y José María Moreno Galván, cuya amistad nos ha acompañado luego siempre. También al pintor Carlos Pascual de Lara (que murió poco tiempo después), el cual fue entonces el fabuloso animador de las veladas con sus chistes, su extraña simpatía y sus imitaciones, que hacían época, de toda una galería de personajes de Madrid, viviseccionados con su humor corrosivo. El pintor Zabaleta corría también por allí vestido impecablemente de blanco. Benjamín Palencia, entrando y saliendo de su coche, saludado gorra en mano por su chauffeur. Alfonso Sastre -¡cuántas veces hemos pensado en vosotros, Eva y Alfonso!-, que ofreció una conferencia y unos diálogos a los cuales, recuerdo, prohibieron al público asistir. El pintor Pancho Cossío, de Santander, que también fue muy atento con nosotros, a pesar de la fama de mal carácter que tenía, etc.

Al acabar mi parlamento -la lectura, en realidad, de lo que llevaba escrito- hubo algunas interpelaciones un poco botarates como, por ejemplo, las de un tipo que se hizo portavoz y defensor del «realismo español», y expuso la genial idea de que en aquellos momentos era mucho más interesante pintar la capra hispanicaque hacer pintura abstracta. Aparte de esto, sin embargo, todo fue normalmente, sin grandes polémicas. Recuerdo a una persona que se adelantó a felicitarme efusivamente por lo que había dicho: era Pedro Laín Entralgo.


A partir de entonces empecé a acostumbrarme a ir a París con frecuencia, como si fuera un barrio más de nuestra ciudad. Asistí a la inauguración de la colectiva de todos los pintores y escultores que habíamos formado el equipo de la galería Stadler y al cabo de poco volví para mi exposición personal. A continuación, Stadler se ocupó de otras exposiciones que me solicitaban para diferentes puntos de Europa.

Cuando se celebró en Barcelona una de las Bienales Hispano-Americanas que organizaba el Instituto de Cultura Hispánica, me pareció oportuno en aquella ocasión aceptar la invitación, ya que creía que sería un buen momento para que todo Barcelona viera mis nuevas pinturas de entonces. Tanto en Europa como en Estados Unidos la cosa ya rodaba bastante y mi nombre iba haciendo poco a poco su camino. En cambio, aquí siempre todo había sido de minorías, y tal vez entonces, me pareció, tenía la ocasión de dar un golpe.

Las circunstancias echaron abajo casi completamente mis planes, porque la comisión que tenía el cometido de aceptar las pinturas que se presentaban rechazó algunas mías y yo estuve a punto de retirarme indignado. La intervención de Joan Ainaud de Lasarte, quien hizo de hombre bueno, me convenció para que presentara otras realizadas exactamente en el mismo tiempo y con características semejantes, pero que el jurado creyó mejores, y la cosa siguió adelante, aunque no por el cambio de obras, de ello estoy seguro, sino porque empezaba a trascender, con escándalo, mi protesta. (Las telas rechazadas, al cabo de pocas semanas, pasaron a manos de uno de los mejores coleccionistas de Europa: Philippe Dotremont, de Bruselas.) Recuerdo que Joan Ramon Masoliver también me prestó su apoyo, y creo que su intervención fue decisiva sobre todo para que los cuadros quedaran colgados dignamente.

Cuando, con Teresa, visité la exposición, encontramos mis pinturas tan absolutamente diferentes de todas las demás expuestas y tan fuertemente desoladas y desplazadas, que nos pareció inmediatamente que aquello realmente armaría un alboroto. Además, no sé si por casualidad o por picardía de los que los pusieron, justo en el medio, encima de mis tres grandes cuadros, había un cartel, como en todas, las salas para distinguir los países, que decía: ESPAÑA.

Efectivamente, no nos equivocamos, y, el alboroto surgió. Me oí decir de todo en los periódicos y tanto los elogios como las burlas, que fueron mayoría, se encarnizaron durante semanas. Yo me lo tomaba como una desgracia, pero recuerdo que nuestro amigo Prats, con su experiencia, me consoló diciéndome que ni, pagando una fortuna se podría nunca conseguir la publicidad que me hicieron aquellas polémicas y todo aquel torrente de letra impresa que me cayó encima, lo que al fin y al cabo beneficiaba la difusión de mis imágenes, que era lo que en definitiva interesaba. Por desgracia o por suerte, nunca lo sabré, era una exposición local y las cosas no trascendieron fuera del país tanto como creíamos.

[...]

Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente importante, está parado delante de mis cuadros en una de las Bienales Hispano-Americanas. En un rincón del grupo está Llorens Artigas medio escondido, tapándose la cara para no ser sorprendido por los fotógrafos. Todos ríen. Según Artigas, alguien, creo que era Alberto del Castillo, le decía a Franco: «Excelencia, ésta es la sala de los revolucionarios.» Y parece que el dictador dijo: «Mientras hagan las revoluciones así...»


¿Para qué servimos realmente los artistas? ¿Qué son estos hechos tan inofensivos ante la marcha implacable de los poderosos de la historia? Arena, granos de arena, cosas insignificantes que a menudo hacen reír, miserables... ¡gotas de agua! De cualquier modo, tal como dice Hermann Hesse: «El agua es más fuerte que las rocas, el amor más fuerte que la violencia.» Thoreau y Gandhi también enseñaron la desobediencia civil.1

Aquellos últimos años ya había tenido ocasión de prestar atención al budismo en general, lo que no he dejado de hacer con los años. El antiguo camino de Buda, el «pequeño vehículo» o budismo hinayana, había sido la base necesaria de mi estudio. Incluso tuve la voluntad de dedicar parte de un verano a la traducción del inglés al catalán (manuscrito que conservo) de una serie de capítulos de la exposición hecha por Piyadassi Thera: las cuatro nobles verdades, los tres aspectos del dolor, los estados condicionados, el análisis de los cinco grupos o agregados mentales, el origen del dolor, la interrelación e independencia de todos los fenómenos, las acciones y reacciones, el proceso kármico, el cese del dolor, la extinción del deseo, el vacío perfecto, el óctuple camino... Y tantas cosas que se desprenden de estas verdades esenciales que todavía prestan soporte a ideas y prácticas necesarias al hombre «alienado» de hoy: su disposición puramente humana, no mesiánica ni venida de ningún más allá, absolutamente democrática y contraria a las castas, a favor de la liberación de la mujer, del libre pensamiento, de la investigación crítica, de la búsqueda no sólo teorética, sino mirando esencialmente a la vida...

Y todo eso se me hacía todavía más patente ahora en el Mahayana, en el Tx'an (Zen en japonés). «Se leen libros, se asiste a conferencias, se escuchan ávidamente muchos sermones, se ensayan diversos ejercicios religiosos, diversas disciplinas. Y, naturalmente, también llega un momento en que nos preguntamos qué es el Tx'an», dice su más importante propagador, el maestro Suzuki.

Para el intelectual de hoy, para quien son insuperables los preámbulos de la fe religiosa pero que, en cambio, parece necesitado de preservación o de creación de tantos y tantos valores espirituales, de una comprensión unitaria del Universo, tan necesaria para nuestro equilibrio psíquico, encontrarse con el Tx'an es como el respiro aliviado de quien reposa después de un largo camino. Encontrarme de repente con los fundamentos tan terriblemente sencillos de aquel pensamiento, sin necesidad de dioses, ni dogmas, ni ritos, ni escrituras, fue una revelación que, por su increíble modernidad, me causó una gran atracción. En conjunto, la influencia del hinduismo y del budismo (del Tx'an especialmente) ha sido un gran impacto y una lección inmensa sobre algunos escritores y artistas, en mucho de lo que se ha llamado luego «contracultura», y las consecuencias han de ser forzosamente todavía de gran entidad. Éstas han sido, naturalmente, muchísimas; incluso las revisiones y los intentos de apertura, por ejemplo, de un sector de la Iglesia católica, tan anquilosada hasta ahora, son una prueba de ello. 


 

1. Véase H. D. Thoreau, La désobéissance civile, J. J. Pauvert, París, edición del 150 aniversario de su nacimiento. También Gandhi, Autobiografía, la historia de mis experimentos con la verdad, G. Kraft, Buenos Aires, 1955. También Acharya Vinoba, La révolution de la non-violence, Albin Michel, París, 1958.


© Del libro al que pertenece el fragmento aquí publicado

Diseño original de la colección: Josep Bagà Associats
Título original: Memòria personal. Fragment per a una autobiografia (Editorial Crítica, 1977)
Primera edición en Seix Barral: octubre 1983
Primera edición en este formato y diseño: marzo 2003
© 1977, Antoni Tàpies
Derechos exclusivos de edición en español reservados para todo el mundo y propiedad de la traducción:
© 1983, 2003: EDITORIALSEIXBARRAL, S. A.
Ninguna parte de esta publicación puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea eléctrico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Art. 270 y siguientes del Código Penal).