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martes, 23 de julio de 2013

Juventudes por Ignacio Ruiz Quintano

 Juventudes

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Las juventudes las inventó Carmen Romero, cuando, bendita esposa, entonces, de Gonzalón, dijo en Cádiz aquello de “jóvenes y jóvenas”.

    Como dice mi ensayista, uno puede recorrer todos los tomos clásicos de filosofía sin encontrar una atención a lo que pensara gremialmente la “juventud”. Los estudiantes salen en las novelas picarescas, no en los tratados de Derecho público, cosa que no sabe don Juan Soler, el estricto corregidor de Getafe.

    –El Rencimiento o la Reforma se juegan entre humanistas y frailes cuarentones. La Ilustración, entre filósofos maduros. Y no se concibe una égloga pastoril-ideológica donde Salicio, en vez de llorar los desdenes de Galatea, llorara la ineficiencia de la Universidad.
    
Alfredo Valenzuela ha sacado a colación el caso de la joven novelista granadina Cristina Morales, que en su novela “Los combatientes” intercaló textos, sin citar la procedencia, del “Discurso a las juventudes de España” de Ramiro Ledesma Ramos, con el resultado de que críticos y reseñistas los han identificado como ideario del 15M.

    Morales, procedente de la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores, es licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, y recibió por “Los combatientes” el premio Injuve de Narrativa 2012 que otorga el ministerio del ramo de la Igualdad, cuyas autoridades le pidieron que en el acto de entrega leyera uno de los párrafos de la novela pertenecientes a Ledesma Ramos (¡los que les gustaban!).
    
En ese momento –dijo Morales a Valenzuela– estuve a punto de desvelar la autoría de esas palabras, pero pensé que eso correspondía a los críticos y a los lectores.
    
Si algo tiene la juventud es tiempo.
    
Pero, “jóvenes y jóvenas”, nada sucedió hasta que un comentario anónimo en un suplemento cultural hizo saltar la liebre, que era un matacán, lo que lleva a la sospecha de que aquí, leer, lo que se dice leer, sólo leen… los fachas.
    
En “El Cultural” dicen que es el futuro (Morales, no los fachas).
Publicado el jueves, 11 de julio de 2013 en ABC
http://salmonetesyanonosquedan.blogspot.com.es/2013/07/juventudes.html 

martes, 2 de agosto de 2011

EL TRINEO DE FOXÁ

  Del magnífico blog de Antonio Rivero taravillo, Fuego con Nieve, extraemos éste interesante artículo.

 El trineo de Foxá


De manera casual, mientras -Tántalo tan redivivo como resignado- trataba hoy de ponerme al día en mis lecturas, he dado con el relato de Curzio Malaparte en que éste cuenta una de las anécdotas más exactas y conmovedoras sobre el carácter de Agustín de Foxá y de los duros tiempos en los que le tocó vivir, a veces con más protagonismo del que, amante de los lujos, él hubiera deseado. Cuando se levantó la famosa polvareda que levantó con su coz cierta concejal de Sevilla al vetar un homenaje al escritor en el cincuentenario de su nacimiento, leímos un artículo en que se mencionaba el gesto del conde de Foxá al tratar de evitar la muerte a un grupo de dieciocho españoles que -apenas unos críos, combatientes en el Ejército Rojo tras haber llegado a Rusia como niños de la guerra- habían sido capturados por los finlandeses en 1942 durante el asedio de Leningrado, la antigua San Petersburgo.
El dato lo había exhumado el gran periodista sevillano Alfredo Valenzuela en una entrevista -culta, jugosa, afilada- que hizo al biógrafo del autor de Madrid, de corte a checa, y se hicieron eco de él Ignacio Ruiz Quintano y Aquilino Duque.
Nunca leí la obra de Malaparte en que se incluye (Diario de un extranjero en París), y hoy, pasando angustiadamente y con inapetencia ("¡a ver si acabo!") las páginas del número de 28 de julio de la London Review of Books, en condiciones más placenteras de las que casi setenta años antes vivieran los personajes del relato, mis ojos se han posado en el nombre de Foxá y he leído la traducción al inglés de este lance, que no tiene desperdicio (existe una edición española de los años setenta en Plaza & Janés).
Emerge de él un Agustín de Foxá que, a más de cuarenta grados bajo cero, acude a en su trineo a las llamadas de Malaparte y a regañadientes primero y luego de corazón trata de convencer a unos tercos muchachotes comunistas, compatriotas suyos y a los que por raro que sea representa como diplomático, de que se dejen repatriar a España, para lo cual primero ellos han de reconocer a Franco, cosa de la que ellos no quieren in oír hablar.

¡Qué estupendo escritor es Malaparte! Cómo mantiene el ritmo de la narración, con esos viajes recurrentes de Foxá, un carámbano más, por la nieve, y cómo borda ese instante en que uno de los españoles muere y es enterrado: "Cuando bajaron el ataúd a la tumba, los soldados fineses, todos protestantes, dispararon una salva de honor. El general Endqvist y los oficiales y soldados fineses saludaron todos llevándose la mano a la visera, como hice yo; el embajador de Foxá saludó brazo en alto y con la palma extendida, a la manera fascista; y los camaradas del difunto también levantaron los brazos, pero con el puño cerrado."
No desvelaré cómo acaba la historia, no sé si del todo cierta; si algo hay en ella espurio, no importa, pues si non è vero è ben trovato.
El fin es tremendo, y si muestra una salida de ingenio de Foxá, quizás apócrifa, también enseña toda la dureza de la posguerra española y la crueldad que hubo en ella, que no se dulcifica con un chiste, tan foxiano, dicho con sordina en la lejana Helsinki.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Foxá, por Ignacio Ruiz Quintano









Ignacio Ruiz Quintano // Agustín de Foxá

Vuelve Foxá a las andadas, ahora con una recopilación de cosas suyas perdidas y halladas entre la alfalfa de la cultura oficial, con la que, por fortuna, nada tiene que ver el Foxá que nos importa, que es el que decía Umbral:

-Yo aprendí a hacer artículos en usted, don José María (Pemán), si es que he aprendido, y en otros escritores del ABC, desde los monárquicos a los falangistas, que todos escribían muy bien: Foxá, Sánchez Mazas, Montes, Mourlane, D?Ors, Ruano y todo eso.

Vienen casi a afearle a Foxá que lo mejor suyo apenas diera para una novela y mucho periodismo. ¿Y cuál fue el sueño de todos los muchachos del nuevo periodismo americano? «El periodismo -en resumen de Tom Wolfe- era el motel donde pasar la noche camino del destino: la Gran Novela.»

La gran novela de Foxá es la gran novela del Madrid que va de la Monarquía a la guerra pasando por la República: Madrid de Corte a checa. La infancia, el tiempo, el amor y la muerte son sus temas. La muerte de Agustín en los brazos de su madre, diría luego Ruano, es como un místico y mítico nacimiento: le envidio su destino final: desnacer en los brazos donde se ha nacido: Dios da premios así.

-Y pensar que, después que yo me muera, / aún surgirán mañanas luminosas; / que, bajo un cielo azul, la primavera, / indiferente a mi mansión postrera, / florecerá en la seda de las rosas.

El retrato supremo de Foxá lo hace su amigo Malaparte: «Es falangista del mismo modo que un español es comunista o anarquista, esto es, al modo católico.»

-La Falange es una hija adulterina de Carlos Marx e Isabel la Católica -le dice un día Foxá a Juan Ignacio Luca de Tena.

Otro día, comiendo con Luca de Tena y con Sánchez Mazas, cuando se habla de los peligros del comunismo para el mundo libre, Foxá, «con gran enfado de Sánchez Mazas», confiesa que lo que menos le perdona al comunismo es que le haya impulsado a hacerse falangista. Y pensar que, después que yo me muera...

jueves, 24 de junio de 2010

Jopé, la República


Día 24/06/2010 - 04.44h
Uno es monárquico exactamente por las mismas razones que en el tren, camino de Big Wiskie, donde ha de cumplir el encargo de vengar a unas putas, expone Richard Harris en «Sin perdón», pero hay que reconocer que en Getafe el castrismo municipal ha organizado para mañana unos fastos republicanos de quitar el hipo. No me extraña que el castrismo sevillano prohíba homenajes a Foxá, cuya exuberancia poética languidece ante la enérgica prosa militar del programa de mano getafense. La segunda república (para saber de verdad cómo vino sólo hay que leer «De Madrid a Oviedo pasando por las Azores») cumple 75 años, que se nos hacen 750, y para que cerremos los ojos e imaginemos aquel paraíso perdido viene María García, «especializada en la Educación durante la II República», razón por la cual escribe «Maria» sin acento. Más «Las fosas de la represión», al margen de Paracuellos, que pertenece a otro término municipal. Más brigadistas «Voluntarios de la Libertad», que en la parla progresista quiere decir «locos por el Stalinismo». Mas un «concierto por la paz y la libertad» a cargo de Pastor, Guerrero y Labordeta, quienes, la verdad, sólo dan guerra en estos acontecimientos. Más una cosa sobre «Los niños perdidos»: no los de los republicanos caídos en el Gulag que ha sacado a relucir Luiza Iordache, sino los otros: «Niños —dice el programa— arrancados de sus familias por unas u otras razones, por fusilamientos o prisión de sus padres o por el simple antojo del cacique, falangista o el cura del momento». Bono, Bermejo y así, les falta por decir. ¿Quién lo sabe? ¡Carrillo! Este filántropo hablará bajo el epígrafe «Nosotros vivimos la República». Y otros la murieron, claro. Para explicarlo: «Se ha editado una unidad didáctica para reflexionar sobre la libertad, la solidaridad, la tolerancia y la igualdad como valores republicanos». Yo sólo echo de menos una «performance» sobre el fusilamiento del Corazón de Jesús.

domingo, 7 de febrero de 2010

MUÑOZ MOLINA DESCUBRE A RUANO (ABC 6-2-2010)

Muñoz Molina descubre a Ruano

IGNACIO RUIZ- QUINTANO
Sábado , 06-02-10
De joven, para hacerse notar, César González-Ruano va al Ateneo y grita que el Quijote es una bobada. «A González no le gusta Cervantes», titulan al día siguiente los periódicos.
Antonio Muñoz Molina descubre ahora a Ruano: como escritor, que es una cosa que no hacía falta, y como fascista, que es una cosa que todo español llama a quien no piense como él, con lo que fascistas siempre son los otros.
Ruano no tiene nada de Muñoz. Tuvo motivos para ser fascista, y no lo fue; los dio para ser académico, y tampoco lo fue. Pero España sigue haciendo académicos y fascistas sin motivo.
Ruano es un dandy que admira la independencia de un Valle-Inclán carlista frente a los alfonsinos; aristócrata frente a la greña jacobina; católico frente al ateísmo del Ateneo; republicano frente a Primo; y frente a la República que suspende los diarios, conservador. O sea, otro fascista.
-Mire usted, querido Ruano: usted me estima y yo le correspondo, pero son tiempos de pocas bromas y usted tiene fama de fascista -le dirá el pizpireto de los Machado, Manuel, cuando a todos se les echaba encima el 36-. De modo que le agradeceré que no se muestre tan efusivo conmigo en público, porque yo soy un republicano que está con el pueblo.
-Descuide, usted, Manolo... Ni en público ni en privado. Por mí puede usted irse a la mierda.
Ruano entra en la República como republicano feroz. Reportea para el «Heraldo» la quema de conventos con una sorna francamente progresista. Encarcelan a Juan Ignacio Luca de Tena, propietario y director de ABC, acusado de matar a un taxista que se negaba a dar vivas al Rey. La Justicia no sostiene el disparate, pero el Gobierno, que quiere al periódico cerrado, sí. Y Ruano visita en la cárcel a Luca de Tena, y le dice que, con su encarcelamiento, ha dejado de ser republicano. Al contrario que todos, Ruano se hace monárquico al caer la Monarquía, y en las visitas a los cementerios románticos organizadas por Foxá, ante el ataúd abierto de un vizconde galo muerto en Madrid después de la Revolución francesa, grita:
-Monsieur le Vicomte, vive le Roi!
Amenazado de muerte por los «chíbiris» del Lenin español, Ruano contrata a un guardaespaldas para transitar por lo que queda de República. El 18 de Julio lo sorprende en Roma con Raquel Meller, mientras los progresistas lo buscan en Madrid para asesinarlo. De ABC caen dieciocho escritores, y más de cincuenta obreros del taller. El asesinato de Manuel Bueno le atraviesa el alma.
-Cerraba los ojos, doloridos sólo de imaginarlo a él, tan aprensivo, tan delicado, tan dandy, muriendo a empujones y golpes de aquella canalla vil en la que su ingenuidad no quiso creer... «Aquí, Ruanito, no pasa nada. Y aunque pase, ¿quién quiere usted que se meta con gentes como usted y como yo? ¿Hay seres más inocentes?»
Menudo fascista, Manuel Bueno.