jueves, 13 de octubre de 2011

La Orquesta Barroca de Sevilla gana el Premio Nacional de Música

El jurado destaca la "labor en favor de la investigación y recuperación del patrimonio histórico musical y de la formación de jóvenes intérpretes" realizada por la agrupación creada en 1995 por Ventura Rico y Barry Sargent.
Pablo J. Vayón / Diario de Sevilla. 

La Orquesta Barroca de Sevilla (OBS) y el compositor Alberto Posadas (Valladolid, 1967) obtuvieron ayer los Premios Nacionales de Música que concede el Ministerio de Cultura en las modalidades respectivas de interpretación y composición, dotado cada uno con 30.000 euros. El premio llega al conjunto sevillano en un momento crucial de su existencia, cuando ultima un acuerdo con el Ayuntamiento de Sevilla que podría garantizar la viabilidad de su proyecto a medio plazo.

El jurado, que, presidido por el director general del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem), Félix Palomero, estaba además integrado por Antonio Garde, José Antonio Campos Borrego, Cristina Bordas Ibáñez, Mari Carmen Palma Claudín, Jesús Rueda Azcuaga, Laura Vega Santana y los dos anteriores galardonados con esta misma distinción, la compositora sevillana Elena Mendoza López y el pianista vallisoletano Diego Fernández Magdaleno, destacaron de la OBS "su continuado trabajo en defensa de un repertorio vocal e instrumental especializado, en colaboración con grandes figuras internacionales de la música antigua; su labor en favor de la investigación y recuperación del patrimonio histórico musical y de la formación de jóvenes intérpretes en este ámbito de la música, empeños que se reflejan en la calidad de su actividad de conciertos y sus últimos proyectos discográficos".

Con el galardón a la OBS, cuya actividad había sido también reconocida en 2010 con el Premio Manuel de Falla que concede la Junta de Andalucía, el Ministerio de Cultura premia una trayectoria que se ha significado por la resistencia tenaz ante las dificultades y la voluntad ininterrumpida de excelencia. Creada en 1995 por el violagambista sevillano Ventura Rico y el violinista norteamericano residente en nuestro país Barry Sargent, la OBS nació en un momento en el que la interpretación con criterios históricos era ya una realidad consolidada en toda Europa occidental, pero se encontraba aún con importantes problemas en España, el principal de todos ellos la falta de centros de formación. Que en aquellas circunstancias un grupo creado en nuestro país y formado mayoritariamente por solistas españoles se planteara desde el principio enfrentarse profesionalmente a la gran música del Barroco y el Clasicismo desafiando sin complejos la competencia de los grandes conjuntos europeos era una auténtica proeza.

La colaboración con grandes directores y solistas facilitó a la orquesta una recepción de público y crítica mayoritariamente entusiasta, lo cual no ha podido impedir nunca la frustrante y periódica aparición de problemas financieros, que han lastrado siempre la proyección exterior del conjunto. Si en 1999 el apoyo de la Obra Social y Cultural de la Caja San Fernando resultó vital para su supervivencia, retirada hoy de entre sus mecenas la Fundación Cajasol, se hace imprescindible que las instituciones más cercanas a la OBS (Junta, Ayuntamiento, Ministerio, Universidad de Sevilla) apuesten en serio por un proyecto que en los últimos años ha revitalizado la investigación en el patrimonio barroco andaluz, ha sido capaz de embarcarse en un ambicioso proyecto de producción discográfica y mantiene abiertas numerosas vías de colaboración en favor de la formación y la difusión musicales.

Recoge pues la OBS el testigo sevillano de Elena Mendoza, quien recibiera en 2010 el Premio Nacional de Música en su modalidad de composición, que este año ha recaído en el vallisoletano Alberto Posadas, uno de los nombres más destacados de la gran generación de creadores españoles que rondan los 40 años de edad. Posadas ha desarrollado un estilo propio, a la vez riguroso y audaz, que, con obras como Liturgia fractal o Glossopoeia, enlaza con la fuerte expresividad de base matemática y geométrica de un Iannis Xenakis, al que llegó a través de su maestro, el linarense Francisco Guerrero.

domingo, 9 de octubre de 2011

SOCIEDAD GU

Gu en vascuence significa nosotros, y es el nombre que se dieron a sí mismo un grupo de vascos que formó el germen falangista en ese verde rincón de España allá por los convulsos tiempos de la IIª República. La Sociedad Gu fue una asociación de carácter cultural, gastronomía incluida, que, como pasó en otros lugares de España fueron un núcleo vanguardista que trajo a nuestro país innovaciones artísticas y culturales suponiendo una punta de lanza de la modernidad en aquella España casi decimonónica. Junto a esas inquietudes culturales, la modernidad de su pensamiento, de sus ideales, de buscar una regeneración de la sociedad y el afán de llevar al pueblo a un estado de bienestar que, lamentablemente, no llegaría hasta veinte o treinta años después y tras una cruenta guerra civil, pero fueron germen, semilla, que fructificó años después en forma de hospitales sociales, de universidades laborales, de barrios de pisos nuevos para las clases trabajadoras. Un movimiento nuevo frente a las injusticias del liberalismo capitalista y frente a la deshumanización del marxismo.

Pero todo ello sería a costa de la sangre de muchos de sus jóvenes idealistas, entre ellos, el alma fundamental de la Sociedad Gu, el arquitecto donostiarra José Manuel Aizpurúa, nacido en 1902 y, como su Jefe, asesinado en los primeros meses de la contienda civil, fue fusilado en Ondarreta el 6 de Septiembre de 1936, tres días antes de que las tropas nacionales entrasen en San Sebastián.

Aizpurúa estudió en Madrid donde conoció a personajes como Dalí, Buñuel y García Lorca, con el que trabó una estrecha amistad, precisamente con el poeta granadino protagonizó una muy relevante anécdota, que no por repetida deja de ser fundamental para entender el talante de muchos intelectuales de aquel momento, la cuenta el también el poeta Gabriel Celaya en su libro “Poesía y Verdad”, publicado en 1979: "Aquel 8 de marzo de 1936 a que me vengo refiriendo, último día en que disfruté de Federico…, él me citó por teléfono en el Hotel Biarritz de San Sebastián, donde paraba. Mi sorpresa, cuando llegué allí, fue que Federico había citado también a José Manuel Aizpúrua. Faltó poco para que rasgara mis vestiduras porque siempre he pecado de violento y entonces, además, era joven. Compréndanlo. José Manuel Aizpúrua era un arquitecto muy avanzado e inteligente. A su iniciativa se debió que en una ciudad tan obtusa como mí San Sebastián se montaran exposiciones con Picasso, Miró, Picabia, Max Ernst, etc. Era, además, todo hay que decirlo, un gran propulsor de la nueva poesía, y, en general, como se decía en aquellos tiempos "un vanguardista. Pero también era el fundador de la Falange de San Sebastián, y yo le había negado el saludo, aunque nos conocíamos desde niños".

"Federico le hablaba a José Manuel, me hablaba a mí, y los dos le contestábamos, pero no conseguía que José Manuel y yo nos habláramos. ¿Por qué? Porque la guerra civil estaba ya latente. Pero Federico no lo entendía: "Los dos sois amigos míos". Era inútil. Había algo que no marchaba (…) Aquel día cuando se marchó Aizpúrua, Federico me dijo algo terrible que nunca me he atrevido a contar. Terrible pero a la vez hermoso porque demuestra con que inocencia caminó hacia su muerte… Me preguntaba Federico por qué yo no había querido saludar a José Manuel Aizpúrua, y por qué, entre los dos, le habíamos creado una situación absurdamente tensa. Yo trataba de explicárselo con frenesí, quizá con sectarismo, y él, incidiendo en lo humano, trataba de explicarme que Aizpúrua era un buen chico, que tenía una gran sensibilidad, que era uy inteligente, que admiraba mis poemas, etc. Hasta que al fin, ante mí cada vez más violenta cerrazón, reaccionó, o quizá quiso que abriera los ojos de sorpresa, con la confesión de lo terrible:

-Es como José Antonio Primo de Rivera. Otro buen chico. ¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Pues te lo digo. Solemos ir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me convine que me vean con él.

Federico se reía. Creía que aquello no era más que una travesura de niños. No veía nada detrás."


Aizpurúa fue el mejor representante del racionalismo arquitectónico con inspiración en Le Corbusier.

En el seno de la Sociedad Gu conoció José Antonio a Picasso, que debatieron cordialmente, como Pío Baroja con Rafael Sánchez Mazas, de ello nos dejo testimonio el arquitecto Eduardo Olasagasti. La obra del pintor malagueño, y la del cubista Juan Gris, fueron presentadas por Aizpurúa. En 1930 organizaron una exposición de arquitectura y pintura moderna en San Sebastian. También organizaron veladas de jazz. Vanguardia cultural en la España del momento.

José Manuel Aizpurúa, que pertenecía a la Junta Nacional de Falange, diseñó la cabecera del periódico falangista Arriba por encargo directo de José Antonio. La humanidad, el racionalismo y la modernidad de Aizpurúa no son más que el reflejo de la modernidad e innovación que supone el movimiento en el que creía, lejos de las visiones que califican de contradictoria su praxis profesional, tan avanzada, con lo reaccionario de sus creencias políticas, unas y otras están en perfecta armonía, esas críticas, hechas desde la visión contemporánea pervertidora de la realidad histórica del momento, no entienden la novedad de las ideas renovadoras que, frente a las doctrinas decimonónicas manoseadas y corrompidas, frente al marxismo deshumanizador y apátrida y frente al capitalismo burgués, explotador y clasista, supone un sistema nuevo, superador de las desigualdades, igualitario, pero valorando al hombre y a la nación en la que se articula su sociedad, depositaria del legado, bueno y malo, de los antepasados.

En la Sociedad de Artistas Ibéricos, creada en 1931, aparece su nombre, como socio fundador, junto al del gran pintor Vázquez Díaz o junto al del poeta, de quién ya comentamos su amistad personal, Federico García Lorca. En 1930 se creó GATEPAC, Grupo de Artistas y Técnicos Españoles para el Progreso de la Arquitectura Contemporánea, donde participaban, además del donostiarra, los famosos arquitectos catalanes José Luis Sert o Antonio Bonet, fueron una referencia para los movimientos arquitectónicos españoles de los años 50 y 60, los miembros del GATEPAC también militaron en ambos bandos de la Guerra Civil.

Javier Compás

A Sangre y Fuego. Manuel Chaves Nogales.

Libros del Asteroide ha reeditado uno de los mejores libros escritos en España sobre la Guerra Civil. Obra del escritor y periodista sevillano Manuel Chaves Nogales, es la crónica de la brutalidad de la guerra en nueve episodios, con una visión periodística que toma los hechos de la realidad. Una realidad que para Chaves es el horror, la brutalidad de ambas partes en una guerra entre hermanos. Chaves Nogales es un integrante de esa tercera España que abominó de la represión y la violencia desatada por ambos bandos de la contienda civil.

Ademán.

viernes, 7 de octubre de 2011

El valor del estilo

Reproducimos este interesante artículo del digital La tribuna de Europa firmado por José Luis Ontiveros.

El valor del estilo
6 Octubre, 2011
José Luis Ontiveros

Nadie puede despojar a los escritores de la Falange de su doble contribución a la cultura hispánica, por una parte, afirma la continuidad del linaje aun con formas vanguardistas, y por la otra, mantiene como principio mismo de su arte escritural y valor supremo, el estilo.

El estilo en la Falange ha sido un determinante de su historia y de su concepción. Ello va mucho más allá que un atildamiento, pose, y superficie en que se pierden las aguas espesas del poder de la voluntad por la quebradiza búsqueda de una perfección abstracta y cerebralista. El estilo se arranca en el alma con trapío y se mantiene en todo la faena que es la vida hasta entregarse ensangrentado al toro de la muerte con el garbo preciso de quien la tiene de novia y que pronto ha de estar entre la legión de los muertos gloriosos. Hace algún tiempo Fernando Sánchez Dragó, el escritor español de obra vasta y significativa, se refería a la falta de censura literaria como política en la España franquista (contando con que Sánchez Dragó fue perseguido en el franquismo y de una clara posición anarquista). El testimonio de Sánchez Dragó es importante para despejar espectros y ello va con las pruebas de valor que ha dado Aquilino Duque, en momentos de marasmo. De tal suerte que hay una generación de l936, una que apunta por los 50 y que se inicia con Carmen Laforet, a ella sigue el fenómeno betselérico de los 70 y 80 en todas estas generaciones hasta llegar a la posmoderna y actualísima en que destacan Jordi Garriga y Javier Compás con la presencia del zurdo Fernando Márquez.
Fernando Márquez

Javier Compás

Jordi Garriga
Hay siempre una referencia a la Falange, como punto central no sólo de la historia de las ideas políticas sino como referencia literaria insoslayable.

Norma Suprema

El desprecio de la Falange a las formas demoliberales nace antes de una repulsa estética que de un razonamiento político, cuando José Antonio Primo de Rivera dice que se lucha por España porque “no nos gusta” en referencia a los escuadristas que parten a la aventura del saber nada que la certeza de la muerte, hace una referencia a que hay un desdén hacia el contrahecho liberalismo que no tiene presencia, que se mezcla y se acomoda, que no respira por la herida de su idea sino del interés. Es feo y no tiene estilo.

Aquello de se mueran los feos es una forma de expresar que no se puede ser feo y proclamarse fascista.

Y no se trata de que se sea guapo de hechura sino de alma, que el alma y el cuerpo estén en conjunción. Y lo feo se mata con la belleza y no con decretos ni cirugías plásticas. Lo feo nace de dentro. Lo más importante de la Falange ha sido mantener el valor del estilo como suprema norma de la existencia. Hay en el estilo, una exigencia exacta de sinceridad, un revisar hasta qué punto puede soportarse el mundo sin la belleza, una aspiración al heroísmo y al ascetismo, a la épica y a la plegaria, a la oración del alma y a las banderas victoriosas o desgarradas e invictas.

El estilo se expresa muy claramente en el Himno de la Falange Cara al Sol, obra que es creación de José Antonio Primo de Rivera, de Agustín de Foxá y de Dionisio Ridruejo, el visionario y trágico poeta de la incomprensión, perseguido por el franquismo, voluntario como soldado raso en la División Azul en Rusia, el cuerpo militar que más escritores ha tenido en la historia. El Himno tiene el poder de elevar sobre lo precario, es un asalto al cielo y un formar el tercio que se alzará en la muerte. Todo puede perderse menos el estilo, esa forma interna de obrar con nobleza. En el Himno está la potencia bendita del estilo.
Fernando S.Dragó



José Luis Ontiveros

lunes, 3 de octubre de 2011

ACTO CULTURAL DE ADEMAN EN EL ATENEO EN MEMORIA DE MANUEL HALCON

A los dos años del veto municipal al homenaje literario que las asociaciones culturales Fernando III y Ademán organizaron al escritor Agustín de Foxá. Ambas asociaciones inauguran su curso cultural con un acto literario en el que se glosará la figura del escritor y académico sevillano Manuel Halcón. La intervención principal del acto correrá a cargo del abogado, historiador, genealogista y escritor, Fernando de Artacho y de D. Miguel Cruz Giráldez, catedrático de literatura.

Será el viernes 14 de Octubre a las 20:30 horas en el Excelentísimo Ateneo de Sevilla.

Os esperamos.

La piezas perdidas de la Falange, encontradas por Jose Antonio Parejo


 El joven historiador sevillano vuelve a zarandear los cimientos de la falsa historia ofiicialista con un completo estudio sobre la realidad de la falange andaluza.


La piezas perdidas de la Falange: el Sur de España.
José Antonio Parejo Fernández (Profesor del Departamento de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla)
Universidad de Sevilla - Publicaciones
Colección: Serie Historia y Geografía
Sevilla, 2008
Formato: 17 x 24 cms.
Págs: 554

Este libro pretende rescatar aquellos años; volver a reunir las piezas perdidas de un retrato olvidado, para mostrar la historia de una Falange que surgió de la nada, que luchó contra las adversidades, que quiso ganar el apoyo de los españoles, que lo consiguió y que, paradójicamente, acabó perdiéndolo justo cuando ya pocos podían hacerles sombra en aquella España en guerra. Muchos confiaron en aquellos falangistas, por eso, cuando la idea originaria fue traicionada, la apostasía fue masiva. Por delante quedaron los largos años de la dictadura, durante los cuales la imagen de aquella Falange fue sumiéndose en una nebulosa impenetrable. Tanto se adentraron en aquel abismo que, llegados los setenta, nadie pudo reconocer en aquel cuadro figura alguna: los falangistas se habían convertido en un vago recuerdo. Es la historia que nos espera en las páginas siguientes.


 
 Otras obras del autor:

Señoritos, Jornaleros y Falangistas. Sevilla. Bosque de Palabras. 2008. 362 págs.
La Falange en la Sierra Norte de Sevilla (1934-1956). Sevilla. Universidad de Sevilla. 2004. 292 págs.

Página web del autor: http://personal.us.es/joseparejo/


jueves, 29 de septiembre de 2011

Nuevo libro de Lorenzo Silva: "Es maniqueo pensar que las etiquetas te convierten en ángel o demonio"

Lorenzo Silva

Lorenzo Silva

"Es maniqueo pensar que las etiquetas te convierten en ángel o demonio"

Fernando DÍAZ DE QUIJANO | Publicado el 20/09/2011en El Cultural de El Mundo

La editorial Destino publica su novela 'Niños feroces'.

Un año después de la última entrega de las peripecias de los guardias civiles Bevilacqua y Chamorro y su ensayo sobre la historia de la Benemérita, Lorenzo Silva (Madrid, 1966) vuelve a la palestra literaria con Niños feroces. Ficción y documentación convergen de la mano de Lázaro, escritor novel, para contar la historia de un voluntario de la División Azul que acabó defendiendo Berlín con el uniforme de las Waffen-SS.

Pregunta.- ¿Qué lleva al personaje de Jorge a alistarse en la División Azul y, sobre todo, a alistarse en el ejército alemán para defender Berlín?
Respuesta.- La primera decisión es más fácil de entender, mientras que la segunda es más opaca. En la División Azul se alistaba gente muy joven, muy fanatizada y con un fervor anticomunista muy profundo que tenía raíces ideológicas o, como en el caso de Jorge, personales: detienen a su padre delante de sus narices y luego lo fusilan los comunistas en Paracuellos. Así que lo que hace, en cierto modo, es vengarle. Hubo muchas historias parecidas y casos de jóvenes que no habían podido combatir en la Guerra Civil porque eran niños y sentían que tenían esa cuenta pendiente. También hubo mucha gente que se apuntó por hambre o para purgar determinadas faltas, además de otro tipo de personas que yo llamo soldados crónicos, porque empezaron a guerrear muy jóvenes y ya no sabían hacer otra cosa. La segunda decisión de Jorge es más difícil de entender. Hubo, no obstante, más de medio millar de españoles que tomaron la misma decisión. Eran, al igual que los primeros, jóvenes anticomunistas, que vieron como una traición que Franco dejara de apoyar a Hitler en 1944. Jorge, por su parte, siente que la venganza de la muerte de su padre aún no está saldada y que su lugar está en el frente, no en una paz que él considera cobarde.

P.- El personaje de Lázaro se acerca a Jorge para escribir su historia. ¿Consigue comprenderle?
R.- Comprender es una palabra peligrosa, porque parece que incluye la justificación. De hecho, el propio Jorge, ya anciano, no se justifica. Es muy consciente de que se equivocó, y le preocupa más tener que vivir con la memoria de lo que han hecho y visto. Lázaro, por tanto, no intenta comprender a Jorge sino explicarse sus motivaciones y tratar de descubrir todo lo que ese personaje tiene de vulnerable y frágil, ya que no acabó siendo un SS por su fortaleza, sino por las heridas que arrastraba y su personalidad rota desde la infancia.

P.- Entonces, ¿se puede llegar a coger cariño a este protagonista?
R.- Jorge es un ser humano no es especialmente innoble. Es maniqueo pensar que una etiqueta te convierte inmediatamente en un demonio y otra en ángel, cuando la realidad humana lo desmiente todos los días. En el libro cito el ejemplo de Günter Grass, que en su autobiografía de 2007 habló de su pasado en las Waffen-SS cuando era prácticamente un niño. Cuenta cómo le sedujeron los noticieros que veía en el cine, y luego ha sido lo que ha sido, no es precisamente un monstruo o un personaje demoníaco. Los alemanes han hecho un esfuerzo que aquí deberíamos empezar a hacer. Eso no significa justificar el nazismo, arrastran su madero pesadamente y deben hacerlo, porque es de justicia que lo hagan.

P.- ¿Cómo valora el aterrizaje de Amazon en España?
R.- Es interesante porque Amazon aporta una manera distinta de vender libros. Es bueno que el consumidor español se acostumbre a manejar una herramienta así, porque eso elevará su nivel de exigencia y hará que los empresarios españoles también espabilen. No creo que sea la panacea, ni algo revolucionario, pero sí está bien como modelo a examinar por los demás. Lo queramos o no, las tiendas de libros serán digitales, tanto para libros en papel como digitales, y hay que aprender a hacerlas.
                                                                                                                                                                                    
P.- El mes que viene se celebra la nueva edición de Getafe Negro, de la que usted es comisario. ¿Cuáles son los platos fuertes este año?
R.- No lo puedo decir de momento, pero sí puedo adelantar que vamos a tener una muy buena embajada italiana, que es el país protagonista este año, y destacaría que vamos a tener a autores muy importantes de otros países. La cosecha española de este año también es muy rica, por el nivel de los autores y el interés de los temas, que son novedosos, oportunos, muy del momento, y originales. Algunos de los títulos no han sido reconocidos por aún por el público ni la crítica y desde el festival esperamos contribuir a que así sea.


http://www.elcultural.es/noticias/BUENOS_DIAS/2106/Lorenzo_Silva

lunes, 26 de septiembre de 2011

PIO MOA POLEMIZA CON JAVIER VILCHES A CUENTA DE LA DIVISION AZUL

COMO CONTINUACION A LA ANTERIOR ENTRADA EN LA QUE DABAMOS CUENTA DE LA VISION DE JAVIER VILCHES SOBRE LA DIVISION 250, ADJUNTAMOS ESTA ENTRADA DEL BLOG DE PIO MIO DANDOLE CUMPLIDA RESPUESTA DESDE LA DIVERGENCIA.

Es obvio que una discusión seria no puede hacerse sobre la base de “pues me dijo mi tío que es guardia civil que les obligaban a ir a la División Azul”. Eso puede servir para las típicas chorradas de  barra de bar, pero no en este blog. La prueba más palpable del carácter voluntario de la División está en su comportamiento en condiciones tan duras, y en la práctica ausencia de desertores.
   Obsérvese también que sobre el problema demográfico nadie ha dicho una palabra. No preocupa, parece ser.
El historiador Pío Moa

La División Azul de Vilches

22 de Septiembre de 2011

El señor Vilches parece empeñado en escribir cosas raras, quizá por mala información (parece seguir a Preston y eso es muy poco recomendable a estas alturas). Si hubiera leído, por ejemplo, mi libro Años de hierro,  habría evitado caer en ciertos dislates como los de su último artículo sobre la División Azul. Creo que es bueno el debate en una publicación liberal (no hay liberalismo sin debate), por lo que veré de aclarar algunos tópicos corrientes y poco reales en los que sigue incurriendo bastante gente.
 
   Afirma Vilches, al exponer el mensaje de Franco a Hitler tras la derrota del ejército franco inglés en 1940: “El Führer no estaba dispuesto a aceptar las condiciones materiales y territoriales que el Caudillo exigía para entrar en guerra”. En historia, la cronología es fundamental, y Vilches confunde dos momentos distintos: en aquel momento no había condición alguna, solo un ofrecimiento muy general, y a Hitler no le importaba la ayuda española porque creía que Inglaterra pediría la paz y porque dejaba el Mediterráneo como esfera de acción de Italia. Sería más tarde cuando Hitler se interesara (¡y mucho!) por la ayuda española y cuando Franco le presentara condiciones imposibles de cumplir para Alemania. La versión de Vilches tiene además un fallo de omisión en que incurren casi todos los historiadores: debe recordarse siempre que Franco había declarado su neutralidad ya en 1938, y la reafirmó al ser invadida Polonia. ¿Por qué cambió de postura a la caída de Francia? ¿Y por qué, poco después, volvió a cambiar y a exigir tantas cosas a Hitler? De ello puede informarse el señor Vilches en Años de hierro, porque no puedo repetir las mismas cosas eternamente.
 
  Y Churchill no amenazó con nada. Simplemente redujo a la mitad los suministros de petróleo y otros materiales, llevando el hambre a los españoles, y al mismo tiempo prometió e hizo lo imposible por mantener a España fuera de la guerra. Aunque la decisión nunca dependió de él ni de los generales supuestamente sobornados por Hillgarth, sino en todo momento  de Franco.
 
   Como nadie ignora, tampoco el señor Vilches, cuando la invasión de la URSS por Alemania se formó en España la División Azul. Él dice que a Hitler le pareció insuficiente, pues quería la entrada de España en la guerra (que a aquellas alturas ya le importaba mucho menos) y casi da a entender que Franco envió la División con reticencia dl Führer. Este, en realidad, aceptó la División encantado y la hizo objeto de honores y concesiones que no tuvieron los demás aliados de Alemania. 
   A continuación da por cierto un atentado falangista contra Varela en 1942 (debió decir “supuesto y casi con seguridad falso atentado”), y vuelve a 1941 para dar una versión sobre la disputa entre Serrano y Varela sobre la composición de la unidad. Varela, cuya inteligencia es discutible, quería una división militar, lo que habría supuesto declarar la guerra a la URSS, como le hizo ver Serrano, que la quería de voluntarios. Esta fue la decisión final. Vilches señala que los voluntarios iban encuadrados por mandos militares dejando entender que  estos no eran voluntarios: lo eran, como los demás. Y hubo tantos  que algunos oficiales tuvieron que alistarse como suboficiales e incluso como tropa. Atribuye además a Serrano la creencia en “una victoria sin batallas” en Rusia,  siguiendo el método prestoniano de achacar a otros las tonterías de su propio caletre.
 
   Luego se embrolla o nos embrolla un poco sobre las motivaciones de la empresa. Con decir que fueron el anticomunismo, la culpabilidad de Rusia (Serrano quería decir la URSS) por haber prolongado la guerra civil en España y las muertes consiguientes, y, en fin la devoluciòn de visita, lo habría dicho todo. Y nuevamente endilga a Serrano un deseo de fascistizar a España “como Alemania o Italia”. Eso es hilar muy grueso. Un historiador nunca debe confundir los regímenes alemán e italiano, como hacían los comunistas. Nadie dio ningún “Viva el fascismo!” en las manifestaciones, y, como el señor Vilches sabe, aunque olvida, el fascismo fue un movimiento paganizante, mientras que la Falange se proclamaba inequívocamente católica. Este mero hecho vuelve muy discutible la identificación de ambos movimientos. 
  
La anglomanía de Vilches reluce nuevamente cuando habla de una “acalorada” discusión entre Hoare y Serrano, y repite la legendaria anécdota de “no me mande más guardias, mándeme menos estudiantes”. Pero eso es solo un chiste.

Informa también, y erróneamente,  el señor Vilches: “el cansancio de la sociedad española  frustró las expectativas de Serrano Súñer, por lo que  se necesitaban 17.000 voluntarios y no los hubo, debiéndose recurrir a la recluta de soldados. Así, “las milicias de partido aportaron 9.154 efectivos y el Ejército contribuyó con 7.292 hombre. Los datos oficiales se ocultaron hasta marzo de 1973. La realidad, me temo, difiere nuevamente. Hubo considerables diferencias de unas provincias a otras –cosa natural--, pero el número global de voluntarios superó ampliamente el de puestos disponibles y muchos tuvieron que quedar en España. Y muchos más de alistaron en las siguientes tandas de 1942 y 1943, aunque, lógicamente, en proporción descendente según la evolución de la guerra. También le conviene saber que los soldados fueron igualmente voluntarios, y que entre ellos había asimismo numerosos falangistas que hacían la mili.
 
 Por ello, la plantilla de la División estuvo siempre cubierta, siendo la única de la Wehrmacht en tales condiciones, pues después del desastroso invierno de 1941-2, las divisiones alemanas contaban con un tercio menos de su plantilla habitual. 
Señala, finalmente, que la expedición fue “muy dura e ingrata, incluso cuando volvieron a España”. Dura sí lo fue ciertamente, pero, y por eso mismo, la gran mayoría volvieron orgullosos de haber realizado una gesta en muchos aspectos extraordinaria. Obviamente, no compartían la actitud posterior de nuestro anglómano señor Vilches. 
 
 

jueves, 22 de septiembre de 2011

"¡Rusia es culpable!"

 Dentro del revival generalizado y el reconocimiento a la gesta divisionaria por parte de los medios libres, resaltamos este artículo de Libertad Digital dónde, desenmascarando el libelo de Martinez Reverte, Jorge Vilches traza un sincero resumen del origen de la División Azul.

 SERRANO SÚÑER Y LA DIVISIÓN AZUL

"¡Rusia es culpable!"

Por Jorge Vilches

Buscando lecturas para el verano encontré el libro de Jorge Martínez Reverte titulado La División Azul. Rusia, 1941-1944 (RBA, 2011). Eché un vistazo a la parte dedicada a las relaciones de Franco con Hitler, y al papel y motivaciones de Serrano Súñer en la creación de la División Azul. Me decepcionó; no por las opiniones vertidas –que uno ya está curado de espanto–, sino por la superficialidad de la interpretación y la ausencia de base documental.
No sé cómo es el resto del libro, la verdad, porque perdí todo interés y dediqué mi tiempo a otro. Sea como fuere, Serrano Súñer es el personaje clave en este asunto, su gran apuesta para hacerse con el poder en el régimen naciente.
El 3 de junio de 1940 Franco envió a Hitler una carta ofreciéndole el concurso de España en la guerra. "No necesito decirle –escribía el dictador español– cuán grande es mi deseo de no permanecer lejano a sus preocupaciones, y cuánta sería mi satisfacción por rendirle en cualquier ocasión los servicios que le parezcan más valiosos". Pero el Führer no estaba dispuesto a aceptar las condiciones materiales y territoriales que el Caudillo exigía para entrar en guerra. Churchill deshizo el dilema amenazando a Franco con cortarle el suministro económico y petrolífero; a un Franco que temía el potencial de la Armada británica. La Alemania nazi se veía impotente para derrotar a Inglaterra a corto plazo, y en pocos meses, de junio a septiembre, Franco cambió de opinión: era mejor esperar, contemporizar con unos y otros, que precipitarse en una guerra que se aventuraba más larga y dura de lo que la exitosa Blitzkrieg había hecho creer. Además, no todo el Ejército, que era la institución que contenía el hambre de poder del partido de Serrano Súñer, veía conveniente la entrada de España en la contienda. La clave era ganar tiempo, como había hecho Stalin al firmar el acuerdo germano-soviético en agosto de 1939.
Fue precisamente con ocasión de la ruptura de dicho acuerdo –con el paso de tres millones de soldados alemanes por la frontera rusa a las tres de la mañana del 22 de junio de 1941– que el gobierno español vio la ocasión de saldar la deuda con Hitler. La víspera del ataque, Ramón Serrano Súñer, ministro de la Gobernación y cuñado de Franco, se reunió con dos de sus hombres de confianza, Manuel Mora Figueroa – gobernador civil de Madrid– y Dionisio Ridruejo, en el hotel Ritz de Madrid. Serrano tenía información privilegiada gracias, en parte, a su relación con el embajador alemán, Eberhard von Storher. De aquella reunión surgió el proyecto de crear un cuerpo expedicionario de voluntarios para ir a luchar a Rusia. La idea no era original; ya se había escuchado en otros círculos.
En cuanto Serrano fue informado de que se había iniciado la Operación Barbarroja –la invasión de la URSS– marchó a El Pardo para hablar con Franco. El dictador aceptó su plan, y Serrano se dirigió a la embajada alemana para comunicar la decisión. Al gobierno de Hitler la oferta le pareció insuficiente, pues se hablaba de voluntarios civiles, no militares, y no era, por tanto, la entrada de España en la guerra. A pesar de esto, el Consejo de Ministros, presidido por Franco, aprobó el 23 de junio el envío de una división.
No fue una decisión fácil. El general Varela, ministro del Ejército, que en 1942 sufrió una atentado falangista en la bilbaína basílica de Begoña, quiso que la división estuviera compuesta por militares. Serrano lo discutió acaloradamente, no sólo porque le restaba protagonismo, sino porque pensaba que, dado el potencial de la Wehrmacht, no habría combates para cuando llegara el contingente español. Tuvo que ser Franco el que pusiera punto final a la pelea: el envío de una unidad regular del ejército supondría un mayor grado de implicación en el conflicto, lo que crearía problemas con Gran Bretaña y Estados Unidos, países a los que se temía. El acuerdo fue enviar una división de infantería conformada por voluntarios pero mandada por jefes y oficiales del ejército. Ridruejo, en Los cuadernos de Rusia, cuenta que en aquella reunión de ministros la polémica saltó también con el nombre: Varela la llamó División Española de Voluntarios, y Arrese, ministro secretario general de FET y de las JONS, División Azul. "Me parece un nombre algo ridículo –apuntó Ridruejo–, pero tendrá éxito". Así fue.
Serrano Súñer y Himmler, en Berlin.Enseguida se organizó una demostración de apoyo popular, para lo cual se utilizó a la prensa azul, a Radio Nacional de España y al SEU, la única asociación de estudiantes permitida, dominada por falangistas. Los días 23 y 24 de junio de 1941 las cabeceras de los periódicos, siguiendo las directrices de Prensa y Propaganda, establecieron paralelismos entre la guerra civil y la campaña contra Rusia. El diario Arriba, órgano del Partido, reprodujo las declaraciones de Serrano a la prensa alemana: "La beligerancia moral –decía, señalando la postura que hasta entonces mantenía Franco– tiene que completarse, y se completará con una presencia física en el campo de batalla". Y su editorial, titulado "Guerra por la causa de Europa", decía que la intervención de España en Rusia sería "la batalla preferida: la de la defensa y la de la venganza".
Las manifestaciones las organizó el SEU. En Madrid fue en la Facultad de Derecho, entonces situada en la céntrica calle de San Bernardo. Desde allí se movilizó a los acólitos, fueran falangistas o simplemente anticomunistas, y se elaboraron las pancartas con lemas como "Voluntarios falangistas contra Rusia", "Contra Rusia" o "Devolvamos a Rusia la visita que nos hizo en 1936". En torno a mediodía del 24 de junio, los manifestantes se concentraron en la plaza del Callao. Allí estaban, además del SEU, las delegaciones del Partido, el Frente de Juventudes, la Sección Femenina y algunas organizaciones más. Subieron por la Gran Vía –entonces Avenida de José Antonio– para acabar en la calle de Alcalá, frente al edificio de la Secretaría General del Partido. Era un acto para mayor gloria de Serrano Súñer, que esperaba en el balcón a los manifestantes, vestido con el uniforme blanco de la Junta Política y la camisa azul falangista.
La ambición de Serrano Súñer era inmensa por aquel entonces. Su deseo era la fascistización del Estado, como en Alemania e Italia, y que el Partido, organización que él controlaba, se hiciera con el poder. El poderío alemán y la "cruzada" antibolchevique lo beneficiaban. Hizo entonces el discurso que todos los falangistas esperaban, y que nadie del régimen podría criticar. La URSS y el PCE eran los culpables de la guerra civil, y debían pagar por ello. Era la ocasión para la venganza.
Camaradas: no es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa.
Un comunismo, claro, que había que sustituir por el fascismo, que era, a su entender, el "porvenir" europeo. Los manifestantes respondieron con gritos de "¡Muera el comunismo!", "¡Viva Franco!" y "¡Muera la Rusia soviética!". El acto pareció terminar con el Cara al sol, pero los estudiantes del SEU se acercaron a la embajada británica con pancartas a favor de Alemania y Hitler y apedrearon las ventanas del edificio. El embajador, Samuel Hoare, llamó a Serrano Súñer. Discutieron acaloradamente, y tuvo entonces lugar una anécdota muy conocida. Serrano le preguntó si le enviaba más guardias para asegurar la embajada, a lo que Hoare contestó:
No, no me mande más guardias; mándeme menos estudiantes.
Falange organizó la recluta para la División Azul. Arrese emitió la circular para la apertura de los banderines de enganche siguiendo el discurso de Serrano Súñer:
Rusia quiso destruir a España, y la destruyó en buena parte (...). Tenemos que vengar a España y tenemos que estar presentes en la tarea de salvar a Europa.
Finlandia se había unido al ataque contra la URSS tildando su venganza de "cruzada" –no en vano habían sufrido y repelido una invasión soviética–, y se sumaron también Rumanía, Eslovaquia, Italia y Hungría, y luego otros. Las jefaturas provinciales del Partido en manos falangistas apelaron al revanchismo contra los rusos, a la "cruzada" para salvar la civilización europea. Se tomó como la prolongación de la guerra civil.
La campaña de propaganda fue intensa: sólo se publicaban los partes alemanes de guerra –sesgados, naturalmente– y las noticias de adhesiones de otros países. Sin embargo, el cansancio de la sociedad española frustró las expectativas de Serrano Súñer y los suyos. Se precisaban más de 17.000 efectivos para 1941, pero el enganche no fue tan masivo y sí muy desigual, según provincias. Franco y sus generales enseguida se dieron cuenta, y pronto comenzó la recluta de soldados. En el contingente de julio de 1941 las milicias del Partido aportaron 9.154 efectivos, y el Ejército contribuyó con 7.292 hombres. Los datos oficiales se ocultaron, y no se conocieron hasta marzo de 1973.
Franco supo manejarse entre falangistas y militares. La elección del general Muñoz Grandes fue un acierto para la expedición –muy dura e ingrata, incluso cuando volvieron a España–, que se convirtió en algo muy distinto de lo que había pensado Serrano Súñer –una victoria sin batallas– cuando lanzó aquello de "Rusia es culpable".






http://historia.libertaddigital.com/rusia-es-culpable-1276239379.html

lunes, 19 de septiembre de 2011

LA CENSURA "PROGRE" VETA UNA PELICULA CON UNA VISION DISTINTA A LA OFICIALISTA DE IZQUIERDAS

El director, Michael Radford, da instrucciones a los actores durante el rodaje. | Madero CuberoEl director, Michael Radford, da instrucciones a los actores durante el rodaje. | Madero Cubero


Nos hacemos eco de esta noticia publicada por El Mundo, donde una vez más se muestra la verdadera cara sectaria de la cultura oficialista, censurando una visión de nuestra guerra ajena a los clichés de nacionales "malísimos comeniños" y republicanos románticos luchadores por la libertad y la democracia (soviética).

CINE | Ofrece una visión diferente de la 'oficial' sobre la Guerra Civil

La productora de 'La Mula' dice que Cultura 'censura' la cinta al no autorizar su exhibición

  • Gheko Films se querella contra cargos del Ministerio por 'prevaricación'
  • Cultura justifica la paralización de la calificación en cuestiones 'técnicas'
  • Un juez británico ha prohibido la exhibición de la película por otros pleitos
  • La película se rodó en Córdoba y algunas localizaciones de Jaén en 2009
La Mula, la película protagonizada por Mario Casas y María Valverde y basada en una novela de Juan Eslava Galán sobre la Guerra Civil, está cada vez más lejos de estrenarse en los cines españoles, a pesar de que fue rodada en el otoño de 2009. Inicialmente fueron las diferencias con el director y coproductor británico del filme, Michael Radford, por una cuestión económica lo que fue retrasando su estreno en la gran pantalla.
Sin embargo, más tarde la productora española Gheko Films, propiedad de Alejandra Frade, ha denunciado pública y judicialmente la "censura" que el Ministerio de Cultura estaría ejerciendo sobre la cinta al negarse a calificarla para no ofrecer al espectador una visión que, a juicio de ésta, no es la que el Gobierno quiere dar. La Mula fue rodada casi íntegramente en la provincia de Córdoba y en algunas localidades de Jaén.
Gheko Films ha informado, a través del perfil de la película en Facebook, de que ha interpuesto una querella criminal en el Juzgado de Instrucción número 40 de Madrid contra la subsecretaria del Ministerio de Cultura, Mercedes Elvira del Palacio Tascón, como presunta autora del delito de prevaricación, justificado por "resoluciones dictadas de manera arbitraria y pronunciadas sin seguir las normas regidoras de la actividad pública, desoyendo el interés general y ejerciendo de forma abusiva las funciones conferidas como poder público para fines propios".


También acusa la productora a Del Palacio Tascón de un delito contra los derechos individuales de los ciudadanos, a través del establecimiento de la "censura previa" para evitar el estreno de La Mula. Esta querella viene a ampliar la que Gheko Films interpuso ya en febrero de este año contra el ex director general del Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICCA), Ignasi Guardans Cambó, a quien considera uno de los responsables de la paralización de la cinta, por los supuestos delitos de "prevaricación, cohecho, tráfico de influencias y corrupción en transacciones comerciales internacionales".
Entre los denunciados por haber cometido presuntamente estos delitos se encontraban también la subdirectora general de Fomento de la Industria Cinematográfica, María del Carmen Fernández; Radford, en calidad de administrador único de la productora Workhorse Entretaiment, o John Woodward, director ejecutivo del UKFC.

La productora española explica en la nota que la señora Del Palacio Tascón no se ha mostrado "imparcial" ante una película que versa sobre la Guerra Civil Española porque el protagonista es un sargento del ejército nacional que "no encarna el arquetipo del fanático fascista".
En la querella, Gheko Films solicita para la "imputada" una fianza en ningún caso inferior a 500.000 euros, pues el retraso en la calificación de la película ha conllevado para la productora unos perjuicios económicos valorados en cinco millones de euros, cantidad que aporto en su día para la realización del largometraje.

Un juez decidirá
Además, la productora solicita el juez que la autorice a difundir y proyectar La Mula en salas cinematográficas. La empresa de Frade asegura que el ICCA ha declarado la película "lesiva para el interés público", por lo que desde el inicio del proceso, la tramitación de la calificación por parte de Cultura está registrando "irregularidades en forma y tiempos".
El Ministerio de Cultura ha confirmado a este periódico que Del Palacio Tascón "no tiene constancia de la querella".
En cuanto a los problemas para calificar la película, fuentes de Cultura consultadas aseguran que el ICCA no lo ha hecho aún porque "no cumple los requisitos para hacerlo". Este asunto está, según apuntan, desde el pasado mes de junio en el juzgado para que sea un juez el que dictamine si se tiene que calificar o no.
El ICCA ha optado por esta vía por "el entramado de problemas que han surgido por lo de los productores y demás pero no por la historia" de la película. Cultura matiza, no obstante, que llevar la cinta ante un juez es algo "excepcional", pues lo habitual es ponerse en contacto con la productora para informar si no cumple alguno de los requisitos necesarios para calificarla. Cabe resaltar igualmente que la película está prohibida en la gran pantalla por orden expresa de un juez inglés por todos los problemas que han surgido y las denuncias que se han interpuesto.



Para más información pinche en:   
http://lamulalapelicula.blogspot.com/

CASTAÑAS PARA RAFAEL GARCÍA SERRANO


CASTAÑAS PARA RAFAEL GARCÍA SERRANO        

Buscando despojarse de la canícula del verano y a la espera de las brasas que tuestan las castañas pilongas, anda uno subiendo a los anaqueles las lecturas playeras que aún rezuman arena y barrunta ya las próximas. Son las lecturas de otoño. Las que se dejan al filo de la cama después de “perecear” el domingo o madrugar para poder leer un rato y luego ganarse el jornal desde bien temprano y arremangado aunque se lleve corbata o falda por los tobillos. 

Y en estas andamos cuando me avisan que la editorial Homo Legens se empecina en reeditar a literatos que, probablemente no caerían en manos del lector si dependiera de personajes como la concejal comunista que prohibió a Foxá en Sevilla y ahora aguarda juicio.
La editorial del Grupo Intereconomía acaba de reeditar por dos veces a Rafael García Serrano. Podría así decirse que reincide en rescatar la obra del padre de Eduardo, uno de los más mediáticos periodistas que trabajan en el medio –valga la ‘reduznancia’ que dijo aquel-.
Cuando los dioses nacían en Extremadura” es una narración novelada de la conquista de Méjico por Hernán Cortés sobre la crónica de Bernal Díaz del Castillo, aquel “periodista” oficial de Cortés que escribía en los ratos que le dejaba libre la espada y a saber si, en vez de tinta, con la sangre de algún sacerdote azteca o de algún correligionario hideputa en el que pesaba más la avaricia que la lealtad al capitán, a la Patria y a Dios, que todo iba en el mismo pack de lealtad hispana. 



En esta obra, publicada originalmente en 1947, García Serrano desmenuza la particular diplomacia que empleaba Cortés en tejer una eficaz trama de aliados, ganar leguas de tierra, onzas de oro y almas para el único Dios verdadero. Aquella era una evangelización expeditiva que probablemente sorprenda a los mismos meapilas que olvidaron el tiempo en el que para poder enfundarse la casulla y consagrar, tenía que haber una escuadra en la esquina dispuesta a entregar en la refriega, un manojo corto de años a cambio de lo que ahora llamaríamos “libertad de culto”.
La otra reedición de Homo Legens, decíamos lo de reincidentes, es la novela “La ventana daba al río”. Es la más corta de las que García Serrano ambientó en la Guerra Civil. 


"La Ventana Daba al Río" está inspirado en un hecho real. Los hoteles franceses del otro lado de la frontera alquilaban con un sobreprecio las habitaciones con ventana que permitiera ver la guerra en directo. Y esto le sirve a García Serrano para ofrecer una muestra de la opinión de los distintos espectadores extranjeros, entre los que cuela dos españoles, que forman pareja con dos francesas.
Publicada por vez primera en 1963, la novela prueba que pocos como los literatos falangistas supieron escribir de la última guerra civil con el mismo dolor en la punta de la pluma que en la punta del fusil. El dolor de quien sabe que apunta al hermano. El dolor de quien se sabe batiendo con hijos de un mismo Dios.
Dos libros con los que despedir el verano, saludar al otoño y demostrar a los comisarios del chekismo cultural, que la buena literatura es buena literatura al margen de ideologías.

Rafael G. Serrano en su juventud


De la redacción de La Clave Cultural
Septiembre de 2011

jueves, 15 de septiembre de 2011

El laberinto habitado. Los artículos de Álvaro Cunqueiro en Destino (1961-1976)

Sombras del laberinto

El laberinto habitado. Los artículos de Álvaro Cunqueiro en Destino (1961-1976) se une a la cadena de volúmenes que agrupan los artículos de este escritor curtido desde muy joven en el periodismo



Aun no tratándose de una novedad editorial, nunca deja de ser novedosa cualquier aproximación a la fértil producción de Álvaro Cunqueiro, y, coincidiendo este año con el centenario de su nacimiento, con mayor motivo recomendamos la lectura de El laberinto habitado. Los artículos de Álvaro Cunqueiro en Destino (1961-1976). La responsable de la edición, María García Liñeira, se une con esta obra a la cadena de estudiosos (César Antonio Molina, Néstor Luján, Mabel Mato, Xesús González Gómez, Enrique Alvarellos...) que han agavillado los artículos de este escritor curtido desde muy joven en el periodismo, que es su faceta más conocida y prolífica. Desde El Pueblo Gallego, La Voz de España y el temprano ABC de la posguerra, hasta El Faro de Vigo, hay una dilatada carrera periodística.
Así nos lo recuerda Manuel Gregorio González, autor de un trabajo biográfico que también merece ser citado y leído (Don Álvaro Cunqueiro, juglar sombrío. Fundación José Manuel Lara; Sevilla, 2007): «La modernidad de Cunqueiro, su altísima contribución a las letras españolas, parte principalmente de su vinculación periodística, de su magistratura en la página diaria»; «es en el articulismo, en su inusitada facilidad para enhebrar la fantasía y el dato, los saberes dispersos y una vaga melancolía por las nieves de antaño, donde la literatura cunqueiriana alcanza mayor eficacia. Eficacia que se acrece con la brevedad, la erudición, el misterio, la ligereza y la sorpresa».
En El laberinto habitado ha reunido María Liñeira gran parte de los artículos periodísticos publicados por Cunqueiro en la revista catalana Destino, uno de los medios de mayor difusión durante el franquismo. Destino. Semanario de la Falange Española Tradicionalista y de las JONS había sido fundado en Burgos en 1937; a partir de 1939, con el número 101, se inició una segunda época en Barcelona que duraría hasta 1980; aún conoció una tercera etapa posterior, pero sólo verán la luz ocho nuevas entregas.
Aunque ya en 1938 se publica en ese medio la primera colaboración de Cunqueiro, esta edición no recoge los primeros artículos, de entre 1938 y 1942, pues, lejos de pretender censurar una etapa o afinidad política, la editora ha preferido darles otro tratamiento, «en el momento y lugar apropiados». Las colaboraciones que pueden leerse en este volumen son todas aquellas que, aparecidas entre 1961 y 1976, aún no habían visto la luz en formato libro. La mayoría corresponden a la sección «Laberinto y Cía.» (1965-1976), homónima de la mantenida en Faro de Vigo.
Además del regalo que supone el rescate de estos textos arrinconados, es meritorio el arduo trabajo realizado para esta recolección, efectuada en bibliotecas catalanas, durante la cual la investigadora se daría de bruces con «el mayor problema de los estudios literarios gallegos: la (pospuesta) fijación del corpus», lo que devino en interesante y pertinente reflexión: «La publicación de las obras completas de los autores más canonizados del sistema es un proceso aún inacabado. Pero incluso los trabajos dados por finalizados se ven mutilados por dos cuestiones teóricas aún sin resolver: qué hacemos con la obra de ficción escrita en castellano y qué hacemos con los artículos periodísticos, escritos mayoritariamente también en castellano».
La solución ha sido enfrentarse a estos problemas con coherencia, teniendo muy presente que lo que habitualmente hace que se obvie la obra periodística son los prejuicios hacia el canal de difusión y el trabajo ingente que supone su edición. En total se presentan casi trescientos artículos, clasificados en las siguientes secciones: «En la ruta de la seda», un recorrido desde Venecia hacia China y Japón; «Florilegio», publicaciones de tema literario, de Sherlock Holmes al caballero de Olmedo; «Onírica», conjunto de sueños, alquimias y demonios; «Retratos de hermosas», donde en ocasiones lo galante no quita lo misógino; «Del lejano país», la sección máis caudalosa, donde se ocupa de los tópicos de Galicia (lobos, tesoros, menciñeiros), sus escritores tótem, y la historia del camino de peregrinación que conduce a esta tierra, metáfora de la particular cosmovisión del autor; «De lo coquinario y vinícola» es el escaparate del gastrónomo; «De santos y otras gentes», un espacio para la hagiografía y el encuentro con otros personajes singulares; «El variado mundo» contiene mayoritariamente artículos de los años setenta, en los que se radiografía la actualidad que desembocaría en la transición española; la última sección, «En tiempo de Adviento», nos acerca a las tradiciones paganas y religiosas de la Navidad en tierras gallegas.


Si aún tienen tiempo para la alta literatura, háganse con este libro, y, antes de adentrarse en el laberinto de su lectura, tengan presente el consejo de la editora: «Permítanme recordarles el secreto principal para disfrutar de una historia: la firma sin concesiones del pacto del espectador. No procuren en estas páginas una verdad enciclopédica verificable fácilmente, porque la erudición y memoria deformante de Álvaro Cunqueiro son harina de otro costal».

martes, 13 de septiembre de 2011

Sobre la obra del olvidado Julián Ayesta

Reproducimos esta reseña de Diario de Sevilla sobre la reedición de la obra más conocida de Julián Ayesta

Los amores primeros

Unas pocas frases bien medidas tienen el poder de evocar el paraíso. Tal es el dichoso logro de esta novela casi secreta y con una prosa impresionista y de exquisito lirismo.
Ignacio F. Garmendia
 
Helena o el mar de verano. Julián Ayesta. Editorial Acantilado. Barcelona, 2000. 88 páginas. 10 euros.

Suele decirse que el tiempo sin tiempo del verano es el más propicio para el amor, pero cuando concurren además la memoria de la juventud y los escenarios de la infancia nos situamos en un territorio mítico donde se superponen las experiencias propias y las ajenas, como partes indiscernibles de una sola imagen -la iniciación erótica de los adolescentes en la plenitud estival- que trasciende lenguas y generaciones. La literatura ha recreado incontables veces esa imagen, enaltecida o banalizada, evocada con delicadeza o reducida a boceto de costumbres. Precisamente por ser parte del imaginario de cualquiera, es difícil apresarla, no digamos convertirla en arte, tanto más si se trata de reflejar sin ironía la pasión ingenua y absorbente de los amores primeros. Los más escépticos pueden acercarse a esta novela breve, a la vez secreta y prestigiada, que no llega a las cien páginas pero vale su peso en oro.

Publicada por Ínsula en 1952, un año después de La vida nueva de Pedrito de Andía de Rafael Sánchez Mazas, Helena o el mar del verano (Acantilado, 2000) es una obra singular en la narrativa española de posguerra. Lo es antes que nada porque su autor, el gijonés Julián Ayesta (1919-1996), no volvió a incurrir en la novela, aunque escribió o había escrito artículos políticos, piezas dramáticas y un puñado de relatos (véase la antología de Cuentos preparada por Antonio Pau, Pre-Textos, 2001) dados a conocer en revistas como Garcilaso o Destino. Diplomático de profesión, Ayesta militó en el falangismo, pero con los años experimentó una evolución similar a la de su amigo Dionisio Ridruejo, con el que conspiraría para encontrar espacios de oposición democrática a la dictadura. Estuvo destinado en embajadas de medio mundo y no se dedicó más que esporádicamente a la literatura. Sólo por esta novela hermosa y audaz, merecería figurar en los manuales en los que rara vez se menciona su nombre.

¿Por qué estas pocas páginas, que podrían parecer un mero aunque virtuoso ejercicio de nostalgia por parte de un escritor aficionado, ocupan un lugar de excepción en la narrativa del siglo? En primer lugar, por la calidad de la prosa impresionista de Ayesta, que alterna registros coloquiales y otros de exquisito lirismo, capaces de envolver al lector y conmoverlo desde la primera página. Hasta cierto punto, Ayesta no se diferencia demasiado de otros cultivadores de la estética garcilasista, como tampoco se muestra original a la hora de plasmar sus recuerdos recurriendo a una voz infantil, pero la potencia evocadora de su lenguaje -repleto de licencias poéticas- y el encanto intemporal de su única novela superan con mucho a los artificios más o menos valiosos de los estilistas coetáneos. Por otra parte, siendo muy de la época, en Helena advertimos una cierta inquietud experimental, por ejemplo a la hora de transcribir los pensamientos o de enumerar las sensaciones, que convierten un relato de fondo realista y apariencia menor en un verdadero poema en prosa.

El amor adolescente es el gran tema de la novela, pero Ayesta lo trata en un contexto más amplio que abarca las relaciones entre los niños y sus mayores y el modo en que aquellos perciben el tránsito a la edad adulta. Embriagado y como en estado de gracia, el narrador entona un canto a la alegría, mientras se entrega al horizonte ilimitado de la dicha. No hay conflicto generacional, sino descripción amable de los usos burgueses. Sin embargo, el vitalismo exacerbado del muchacho se contrapone, aunque no directamente, a la rigidez de una educación católica obsesionada con el pecado, en un pasaje magistral -La alegría de Dios- que marca el sombrío contrapunto respecto de los placeres venideros. La novela se sitúa en Asturias, poco antes de la Guerra Civil, pero la voz intimista del narrador apenas refiere algún detalle que permita acotar con exactitud las fechas. Tampoco propone una trama propiamente dicha, pues el relato funciona por acopio de sensaciones o de recuerdos o de pensamientos, repartidos en siete breves escenas que se abren con un Almuerzo en el jardín y se cierran con una bella ensoñación -homenaje expreso a la Grecia clásica- titulada Tarde y crepúsculo. Dichas escenas se reparten en tres capítulos, conforme a una perfecta estructura circular que comienza y acaba en el verano, con un interludio situado en el invierno que marca la entrada del narrador en la primera juventud.
 
Aantonio F. Spencer, Julián Ayesta y Rafael Montesinos

Si la expresión novela lírica tiene algún sentido, es para caracterizar obras como esta. Todo en Helena rezuma poesía: la sensualidad de la prosa de Ayesta, la sencillez y la frescura de la voz narrativa, la sensación de verdad que desprende el relato. Es una voz impostada, naturalmente, pero no por ello menos verdadera. Procedentes o no de la memoria personal del autor, la colección de momentos estelares tiene algo de conjuro para apresar la felicidad perdida. Los paisajes luminosos, las epifanías de la vida doméstica, el esplendor de los cuerpos adolescentes. "Salimos a la playa felices y nos tumbamos al sol. El sol iba haciéndose naranja y metiéndose detrás de los pinos del acantilado. El cielo estaba verde y lleno de un brillar oscuro que mirándolo fijo era como el Infinito. A veces pasaban bandadas de pájaros". Unas pocas frases bien medidas tienen el poder de evocar el paraíso.