
domingo, 30 de mayo de 2010
LO CONTÓ GECÉ EN SUS MEMORIAS

PICASSO Y JOSÉ ANTONIO EN SAN SEBASTIÁN

Richardson, que mantuvo relación con Picasso entre las décadas de 1940 y 1960, adelanta al diario "The Guardian" parte del contenido del cuarto volumen de la biografía del artista español (1881-1973) que está preparando con el historiador Gijs van Hensbergen.
Estos dos historiadores aseguran que el crítico español de arte José María Moreno Galván fue enviado a la costa azul francesa, donde Picasso estaba viviendo en 1956, para intentar abrir conversaciones sobre la posibilidad de exponer su obra en la capital de España. Moreno Galván informó de sus conversaciones al agregado cultural de la embajada española en París, José Luis Messía, quien, según Richardson, respondió lo siguiente: "qué pena que García Lorca no esté vivo. Podríamos haber matado dos pájaros de un tiro".
Héroe de la izquierda
El objetivo del régimen de Franco era "destruir el estatus de Picasso como un héroe de la izquierda", según Richardson, quien destaca que, de haberse celebrado la retrospectiva en Madrid, Picasso "habría sido considerado un traidor por volver a España". Las negociaciones debían haber seguido, dirigidas por Messía en coordinación con el Museo de Arte Contemporáneo de Madrid, pero se fueron al traste porque la información se filtró a la prensa.
Según Van Hensbergen, los contactos eran supervisados por el Ministerio español de Asuntos Exteriores, que había dado órdenes expresas para suspenderlos si transcendían y para negar públicamente de manera enérgica que se hubiera producido un acercamiento. Richardson y Van Hensbergen sostienen que las conversaciones estuvieron lo suficientemente avanzadas como para que un pequeño círculo de destacadas personalidades del exilio español firmaran una carta en la que pidieron a Picasso que no expusiera en España, algo que quedó recogido en el diario del escritor Jean Cocteau.
Los historiadores argumentan que los puntos de vista de Picasso "eran 10 veces más sutiles de lo que se puede imaginar. No había nada en sus opiniones que fuera blanco y negro, y la historia de este periodo es una historia con zonas grises". Cocteau escribió que pese a no cuestionarse su militancia en el Partido Comunista, en una ocasión le dijo: "me he unido a una familia en la que, como en todas las familias, hay mucha mierda".
Convicciones comunistas
Richardson destaca también que las convicciones comunistas de Picasso chocaban con frecuencia con la nostalgia que sentía de España y considera que "en aquel momento, la idea de una retrospectiva era más importante para él que el Partido Comunista". "En eso queda la noción de Picasso como un comunista comprometido que cumplía a pies juntillas la línea marcada por el partido", escribe Richardson en un ensayo que se publicará en el catálogo de la exposición que tendrá lugar el próximo 4 de junio en Londres.
La muestra, organizada por la Gagosian Gallery y comisionada por Richardson, se titula "Picasso: Los años mediterráneos". Las implicaciones de esas conversaciones entre el artista y el franquismo son varias y Van Hensbergen sugiere revisar el trabajo más famoso de Picasso a finales de la década de los 50 -su versión "Las Meninas" de Velázquez- a la luz de esta muestra abortada. Richardson sostiene que esta obra, que actualmente está expuesta en la Tate de Liverpool (Inglaterra) en el marco de la exposición "Picasso: Paz y Libertad", es una evidencia de que el artista volvía a acercarse a las fuentes del arte y la historia de España.
"Se apoyó en la edad de oro española para subrayar sus credenciales vanguardistas", afirma el biógrafo. Richardson, de 86 años, conoció a Picasso cuando tenía 25 y vivía con el coleccionista de arte Douglas Cooper en el sur de Francia. En la década de 1950 comían con frecuencia con Picasso antes de ir a las corridas de toros junto a un grupo de personas en el que también figuraba Jacqueline Roque, "una de las contendientes para el título de amante oficial", recuerda el historiador. "Jacqueline y yo teníamos unos 28 años y todos los demás eran mucho mayores. Éramos como niños entre adultos y por eso nos llevábamos bien", afirma.
viernes, 21 de mayo de 2010
IMPUTADA LA CONCEJAL DEL AYUNTAMIENTO DE SEVILLA QUE VETÓ A FOXÁ

Los hechos ocurrieron el pasado 6 de octubre cuando, coincidiendo con el cincuenta aniversario de la muerte del escritor, ambas asociaciones, que habían convocado un acto literario de homenaje en el recinto de Los Remedios, se encontraron con la pohibición de celebrarlo horas antes. El veto, que se producía siguiendo las órdenes de la delegada de participación ciudadana negándoles el acceso al centro, provocó que el acto tuviera que celebrarse en los patios. La polémica se hizo aún mayor cuando Medrano justificó la negación del permiso en que el acto no se convirtiera en «una apología del franquismo» y «por respeto a la memoria histórica».
Y luego entró la portavoz del Gobierno, Maribel Montaño, quien alegó que la Ley de Memoria Histórica impide «la exaltación de valores»relacionados con la dictadura franquista, algo que, según presupuso la concejal de IU, se iba a producir en dicho homenaje literario a Foxá, ya que éste fue un destacado falangista.
Ello provocó la inmediata reacción de las asociaciones convocantes, que llevaron el caso a los tribunales presentando sendas demandas por delitos de discriminación ideológica en las que incluían también a Montaño y al propio teniente de alcalde, Antonio Rodrigo Torrijos. Ayer el abogado de la asociación Ademán, José Manuel Sánchez Aguila, insistió en que está a la espera de que se cite también a la propia Montaño imputada de un delito de injurias por insultar a una asociación en razón de su ideología. Además, según el letrado, la Policía ha concluido que la asociación no es ni xenófoba, ni ultraderechista ni violenta.
El escándalo también costó el cargo a la directora del centro, Cristina Paloma, que fue sustituida. Hace uno días prestó declaración el responsable de la asociación Fernando III insistiendo en que no se enteraron de la prohibición hasta momentos antes de su celebración, por lo que tuvieron que sacar las sillas a la calle para llevar a cabo el acto literario.
martes, 18 de mayo de 2010
El homenaje a Foxá se prohibió justo antes de comenzar, según un testigo.
ABC. SEVILLA
jueves, 13 de mayo de 2010
'Rojo y negro', de Juan Bonilla en El Mundo

Pero, sin ese contexto, la película seguiría siendo una obra distinguida en la que hay unos cuantos detalles magistrales. Narra la imposible relación amorosa entre un anarquista y una falangista en el Madrid rojo: una relación amorosa a la que, épicamente, sólo puede hacer justicia la muerte de ambos personajes. La muchacha, activista de Falange, en pos de algunos compañeros detenidos por los comunistas, se atreve a echar una ojeada a la checa de las Adoratrices, antes de ser detenida y llevada a Fomento -hay ahí un plano magnífico en el que, como en La vida, instrucciones de uso de Perec, o en 13 Rue del Percebe, vemos lo que pasa en un edificio como si en éste no hubiese fachada que cubriera los interiores.
Sánchez Biosca estudia minuciosamente la película de Carlos Arévalo -director también de Harka, aquella película sobre la Guerra de Marruecos en la que el capitán Alfredo Mayo protagonizaba un momento muy gay al pillarse un rebote tremendo cuando su compañero le dice que va a casarse-, y lo hace no sólo por lo que la película nos cuenta -Biosca demuestra a lo largo del libro que es un excelente contador de películas- sino también por oposición. Oposición con la película franquista por excelencia, Raza, esa singular pamplina escrita por el propio dictador y dirigida por su cuñado. Sólo como testimonio de la planicie mental de quien escribió la película puede servir hoy Raza: obra de un temerario que no le teme, ni mucho menos al ridículo, y de un egoísta que confunde la bochornosa educación sentimental propia con la de todo un país -pues ha alcanzado la espléndida convicción de que el país y él son exactamente la misma cosa: para alcanzar esa convicción, hizo falta un millón de muertos, pero no parece que al autor de la película el precio le pareciese excesivo-.
Mientras Rojo y negro es expresión del modelo falangista que fue aplastado por el franquismo en cuanto terminó la Guerra (la decapitación de Serrano Suñer fue la demostración más precisa), Raza es expresión del monumento a sí mismo que Franco pretendía fomentar. Hay otras películas cercanas a Raza, de la misma época, que no pueden verse sin sonrojarse (nunca mejor dicho), como la italoespañola Sin novedad en el Alcázar. En Rojo y negro, lo que importan, como en todo relato que se precie, son los matices, la complejidad. Resulta singularmente arriesgado dar el protagonismo de la heroicidad inevitable a una mujer, tanto como presentar la bondad sentimental del anarquista que, una vez que es avisado por la madre de la muchacha de que han retenido a ésta, la busca concienzuda y desesperadamente hasta encontrarla abatida a tiros. El hallazgo disparará su transformación: de anarquista pasa a suicida. Es curioso comprobar cómo se da la transformación del rojo en Raza, de Sáenz Heredia, y Jaime de Andrade. No hay ningún hecho, como el que sirve en Rojo y negro a esa transformación, que la justifique: se da sin más, en un momento dado, cuando le hace falta al guionista. El rojo Churruca se vuelve azul y les grita a los canallas que hasta entonces habían sido de los suyos que son todos una pandilla de indeseables y que España triunfará sobre ellos, y todo eso.
El libro de Sánchez Biosca repasa con detenimiento e inteligencia el tratamiento de la Guerra Civil a lo largo de 70 años de cine: de las películas de propaganda realizadas en ambos bandos -entre las que destaca, sin duda, Sierra de Teruel, de Malraux, de un lado, y Boda en el infierno, otra filme maldito, del otro- a los últimos estrenos -Soldados de Salamina, La hora de los valientes o la visión azucarada de Garci-.
Ahora Guillermo del Toro se ha atrevido a hacer de la Guerra Civil escenario de una película fantástica, El laberinto del fauno. En todo el arsenal de fotogramas que ha inspirado la Guerra Civil, no falta ya ningún género: desde la propaganda de bandos a la parodia amable. Arcadi Espada lo dijo en una frase inevitable: «La Guerra Civil es la principal industria cultural española».
Una tragedia de esas dimensiones es difícil, en efecto, que no tuviera que padecer o disfrutar de la suerte o la desgracia de convertirse en industria cultural. Pero hay maneras y maneras. La honradez, la fuerza, la valentía de Carlos Arévalo recibe hoy, por fin, recompensa por una película que no debería faltar cuando se hagan esos dichosos recuentos en los que se ofrece una lista de las películas indispensables de nuestro cine.
NUEVO LIBRO DE ARNAUD IMATZ

Sinopsis:
Los partidos que calificamos de derechas han aceptado las ideas de las izquierdas en materia cultural, mientras que los partidos socialistas, socialdemócratas y progresistas proponen programas económicos “de derechas”. Pero ¿de verdad las ideas enfrentan a tales partidos? ¿Se puede hablar todavía de izquierdas y de derechas?, ¿o más bien de centro y periferia, o de castas y explotados? Cuando los ciudadanos en los referendos, sea por la Constitución Europea o por los nuevos estatutos de autonomía en España, votan en contra de los planes de la casta o se abstienen, los políticos y los creadores de opinión les insultan y menosprecian.
Los problemas socio-políticos modernos trascienden cada día más la línea derecha–izquierda. Los guardianes de lo políticamente correcto reaccionan sacralizando la obsesiva división; le otorgan un valor casi religioso; y afirman que las “llamadas nuevas líneas de fractura” (populismo, religión, identidad, oposición a la inmigración) son peligrosas para el futuro de la democracia. Los pocos que se sitúan en el lado de los marginados, de los outsiders, lamentan el déficit democrático y buscan nuevas formas para remediar la preocupante ruptura pueblo-élite.
En Francia, en Italia, en Estados Unidos, en Alemania estos asuntos son motivo de debate por parte de los intelectuales. En España, por el contrario, nuestra casta está convencida de que vivimos en el mejor de los mundos. Arnaud Imatz, francés de nacimiento e hispanista de vocación, expone al público español el contenido de un asunto capital sobre el que en España nadie quiere pensar.
Los partidos contra las personas. Izquierda y derecha: dos etiquetas es una guía de ideas democráticas políticamente incorrectas. El libro aclara lo que realmente se ventila en el debate sobre la superación de la división derecha–izquierda. Revela los orígenes desconocidos de los recientes movimientos de tercera vía y muestra que los nuevos enfrentamientos entre el populismo y las oligarquías tendrán consecuencias para Europa y Occidente.
Arnaud Imatz (1948, Bayona), historiador y politólogo francés, es Docteur d’État en Ciencias Políticas, diplomado en Derecho y Ciencias Económicas. Lleva ya vendidas dos ediciones de su anterior libro publicado por Áltera, José Antonio: entre odio y amor, una biografía del fundador de la Falange.
miércoles, 12 de mayo de 2010
Antonio Rivero Taravillo traduce la obra no dramática de Shakespeare "verso a verso"
SEVILLA, 11 May. (EUROPA PRESS)
domingo, 9 de mayo de 2010
viernes, 7 de mayo de 2010
Andrés Trapiello: Alberti y su mujer eran las estrellas de la República

El escritor publica una nueva edición de «Las armas y las letras» con material inédito de los intelectuales en la Guerra Civil.
jueves, 6 de mayo de 2010
Luis Rosales, de la generación del 36: el reconocimiento del poeta suprimido

Al nombre Luis Rosales aún le cuesta deshacerse de sus 'males'
El documental Así he vivido yo, que completa la exposición, trata de desmentir el constante rumor acerca de su relación con la detención de Federico García Lorca (estaba refugiado en casa de los Rosales, de ideología falangista, cuando fue apresado). No son pocos los frentes que arrastra abiertos el poeta y que oscurecen su obra.
Ha habido otros escritores, hoy considerados imprescindibles, a quienes se ha perdonado o en los que no ha pesado tanto como para condenar sus letras. Pero al nombre Luis Rosales (Granada, 31 de mayo 1910, Madrid, 26 de abril de 1992) aún le cuesta deshacerse de sus 'males'.
La generación tachada
Fue uno de los destacados de la generación del 36 (Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo...) y uno de nuestros imprescindibles de la posguerra, y aunque él mismo supiera que era parte de un grupo poético obligado y destinado a la supresión, conservaba esperanzas en el futuro.
"Sobre esta generación ha girado la historia española", respondía el poeta a Dragó cuando lo entrevistó con motivo de la concesión del Cervantes en 1982, "ha girado como hacen las puertas, forzando el interior y dejando el gozne en el vacío". Añadía la condena a que estaban destinadas sus letras y las de los suyos: "No hay una puerta histórica que gire sino creando un vacío y nosotros hemos sido la generación suprimida, el vacío que necesitaba la historia para seguir siendo historia".
Algún día tendrá esta generación el reconocimiento, el que sea, pero lo tendrá
Sin embargo, él creía en el poder curativo del tiempo, en el hueco por el que quizá se colaría en el futuro el reconocimiento: "Algún día tendrá esta generación el reconocimiento, el que sea, pero lo tendrá. Hicimos un esfuerzo por la continuidad de la cultura". Ahí justo reside la clave de la poesía arraigada con que se ha bautizado la producción de estos poetas. Era una poesía intimista, centrada en lo cotidiano: la familia, la amistad, el hogar, la costumbre, la rutina. Versos con arraigo de quienes se quedaron en España tras la guerra y siguieron publicando.
Fue la publicación de Abril, en 1935, su comienzo oficial en la poesía. El inicio de un poeta que cantó mucho a las cosas pequeñas y cuya poesía ganó en serenidad a medida que pasaron los años. José Bergamín, su amigo, su maestro y su editor, fue quien publicó aquella primera obra de Rosales. Inauguraba con ella la colección en la que irían después poetas como Alberti o Neruda. "Esto me ayudó mucho. Fui publicado en la misma colección en la que saldrían importantes poetas", reconoció. Después vendrían, entre otros, Retablo de Navidad (1940), La casa encendida (1949), Rimas (1951), Diario de una resurrección (1979) y La carta entera (1980).
Un derrame cerebral, que no le costó la vida, interrumpió su escritura y le afectó al habla. Una de las jugarretas del destino. Cuando ya no sólo contaba con un lugar en nuestra cultura sino también en la Real Academia Española (fue nombrado en 1962), le llegaba una dura prueba. Volvió sin embargo a publicar en algunos medios. Y siguió esforzándose por recuperar la normalidad.
Con los pies descalzos
De Bergamín se quedó siempre con una de sus enseñanzas iniciales. "Le dije un día: tengo mucha dificultad en expresar con palabras lo que pienso. Y Bergamín me respondió: Luis, no se escribe con ideas, se escribe con palabras".
Ya mayor reconocería Rosales la verdad de aquella respuesta. Y no sería lo único: llegó a confesar que lo más difícil de todo había sido mantener la vocación de poeta y la mayor tentación, intentar buscar la popularidad. Sobre todo porque el suyo ha sido siempre el género más difícil, más ingrato, más pobre: "La poesía es la más desvalida y menesterosa, anda siempre con los pies descalzos".
He escrito miles y miles de páginas en prosa. He estado media vida... pero siempre me dirán el poeta Rosales
Acaso por ello defendía tanto su faceta como prosista: "He escrito miles y miles de páginas en prosa. He estado media vida... pero siempre me dirán el poeta Rosales".
Apasionado admirador de nuestro más ilustre escritor, le dedicó una de sus obras en prosa: Cervantes y la libertad. La razón: "Jamás ha habido en España un escritor que se haya desenfadado tanto, que haya jugado tanto, que haya trabajado una materia sin hacer, que se haya afirmado y que se haya desmentido tanto como Cervantes".
También en prosa fue la labor que le dio de comer: el periodismo. Y le gustaba tanto que se reivindicaba periodista: "Profesionalmente he sido periodista. No he hecho otra cosa. Mi profesión, periodismo, y mi deseo, periodista. He sido eso vocacional y profesionalmente". Fundó Jerarquía, trabajó en Escorial, colaboró en Isla y Vértice, y dirigió Cuadernos Hispanoamericanos.
Son sin embargo sus versos los que resisten: "El dolor es un largo viaje/ es un largo viaje que nos acerca siempre/ que nos conduce al país donde todos los hombres son iguales".
Autor del año 2010
No son muchos los actos o celebraciones que con motivo de su centenario se están realizando, y tampoco encontramos ediciones de muchas de sus obras (incluidas y sobre todo las fundamentales), que en su mayoría están agotadas. Sólo la antología que hizo de Rosales el poeta Félix Grande en Porque la muerte no interrumpe nada (Sibilina). Sin embargo, Andalucía, tierra del granadino, ha querido nombrarlo Autor del Año 2010. Con esta mención especial al poeta, otorgada en años pasados a Alberti, Ayala, Lorca, Cernuda o María Zambrano, se intenta dar a su figura la altura merecida: la de los nombres más relevantes de nuestra cultura.
No pases de...
Una peliDomingo de carnaval: No fueron los años de Rosales muy buenos para nuestro cine (ni para ningún arte), pero cabe rescatar a Edgar Neville, director que en aquellos años estrenó varias películas. No todas han pasado a la modernidad en forma de DVD, pero Domingo de carnaval se ha salvado. El punto de partida: un sereno de Madrid encuentra el cadáver de una adinerada prestamista. Vértice, 11,95 €
Un disco
Vestido de luces: Este cantaor flamenco puso música a los versos de Luis Rosales en el homenaje al poeta que se llevó a cabo el pasado sábado en La Casa Encendida. En Vestido de luces se sirve de los textos de grandes autores españoles como Gerardo Diego, Antonio Murciano y Ángel Peralta. En palabras del poeta Félix Grande: "Paco del Pozo canta con la fuerza de su juventud y con la sabiduría de un anciano". Harmonía 9,90 €
Un libro
La casa encendida: Recoge, junto con El contenido del corazón, Diario de una resurrección y La carta entera, la esencia de la obra del autor, imprescindible para acercarse a su poesía. En La casa encendida repasa el poeta su propia experiencia a través de sus queridos versos libres y la combinación de lo coloquial con las metáforas más vanguardistas. Denes, 8,55 €
miércoles, 5 de mayo de 2010
LA COREOGRAFÍA AZUL DE FRANCO

martes, 4 de mayo de 2010
ROJO Y NEGRO

Juan Manuel de Prada (ABCD las artes y las letras, 1/7 Mayo 2010)
Entre las más tempranas películas que se ruedan sobre la Guerra Civil merece destacarse, por sus peculiaridades estéticas y su insólito tratamiento, Rojo y negro (1942), la más específicamente falangista y también la más apartada del modelo impuesto por Raza. Donde el arquetipo cinematográfico establecido por la obra de Sáenz de Heredia exalta -a imitación de la novela original de Franco- los valores castrenses, Rojo y negro prefiere retratar las angustias de la retaguardia y fijarse en el trasfondo ideológico del conflicto; donde el arquetipo establecido por Raza esquiva cualquier rasgo «comprensivo» hacia el enemigo, Rojo y negro exhibe una audacia temeraria, proponiendo la figura de un comunista íntegro a quien los desmanes perpetrados por sus conmilitones obligarán a renegar de su ideología. Tales rasgos de osadía decretaron para Rojo y negro un destino poco benigno: estrenada en mayo de 1942, el régimen franquista ordenó su retirada cuando apenas llevaba un par de semanas en cartel; y, misteriosamente, todas sus copias desaparecieron sin dejar ni rastro, hasta que en 1994 la Filmoteca Española lograra de chiripa recuperar una, permitiendo así el rescate de una de las obras más conflictivas y apasionantes del cine español.
Vorágine de crueldad. Como tal vez el lector avisado haya inferido, la incomodidad que Rojo y negro provocó en el régimen debe explicarse a la luz de los acontecimientos sucedidos durante aquel verano del 42, en el que Serrano Súñer cesa en su puesto como todopoderoso Ministro de Exteriores; el mismo verano en que las tesis aliadófilas empiezan a triunfar en el gabinete franquista y la Falange pierde el control de la propaganda y la preeminencia política. Y es que Rojo y negro es, como decíamos al comienzo, una película muy militantemente falangista desde su mismo título, en la que, junto a la sátira de la democracia liberal y la condena del comunismo, no falta tampoco la execración del capitalismo. Su director, Carlos Arévalo, que ya había mostrado un año antes su pericia con ¡Harka!, una película de ambiente colonial, se atreve a plantear en Rojo y negro un conflicto amoroso que pone a prueba las resistencias timoratas de la época: Luisa (una Conchita Montenegro que borda su papel) es una joven falangista que, en el Madrid de las checas tan brillantemente evocado por Agustín de Foxá, realiza labores clandestinas para la «quinta columna»; su novio, Miguel (Ismael Merlo), es un comunista ardoroso cuya ingenuidad no tardará en ser pisoteada por la vorágine de crueldad que se desata en aquellas jornadas aciagas.
Si el planteamiento de la historia -resuelta de la forma más trágica- es de una audacia difícilmente soportable para la época, su realización y estructura narrativa no desdeñan las enseñanzas del cine soviético de propaganda (con Eisenstein a la cabeza, de cuyo Acorazado Potemkin llegan a utilizarse, incluso, algunos planos). Dividida en tres partes, Rojo y negro intercala, a modo de hábil collage alegórico, imágenes de iglesias incendiadas y expoliadas que se alternan con parodias acres del parlamentarismo y sátiras contra el capitalismo y la usura, hasta que -al compás de las primeras notas del Cara al sol, y en claro homenaje a José Antonio-, vemos avanzar con decisión a un hombre con las mangas de la camisa remangadas, que a su paso convoca un magma de adhesiones y saludos a la romana; todo ello mientras, en sobreimpresión, una copa se va colmando de agua, hasta rebosar.
Montaje eisensteniano. Este alarde de montaje eisensteniano se completará luego con otros alardes de tipo técnico, como la secuencia en la que, a través de un travelling panorámico y montada sobre una grúa, la cámara nos ofrece una visión de la checa de Fomento al modo de una colmena -un decorado sin fachada que debió resultar costosísimo para la época-, con mazmorras donde los presos aguardan su destino fatal, salas de interrogatorio y oficinas donde los milicianos discuten acaloradamente las estrategias del terror. Pero donde Rojo y negro alcanza mayor espesor trágico y capacidad de convicción es en la secuencia de la violación de Luisa, narrada mediante una elipsis magistral, y en el desenlace en la pradera de San Isidro, donde mediante un plano largo, abstracto, rodado con una luz mortecina que apenas permite discernir los cadáveres sobre la hierba, Arévalo logra transmitirnos una vívida y desoladora congoja.
En otros pasajes de su trama, la película resulta en cambio un tanto trompicada, como si el cuidado y elaboración de las secuencias mencionadas actuase en detrimento del equilibrio del conjunto. Con la prohibición de Rojo y negro decretada por el régimen, el cine falangista pereció por estrangulamiento, cuando todavía pugnaba por nacer; y Carlos Arévalo nunca más volvería a vislumbrar las cumbres expresivas alcanzadas en esta película, que casi setenta años después sigue siendo tan clandestina y maldita como a las pocas semanas de su estreno.
Rojo y negro
Carlos Arévalo
Protagonizada por Ismael Merlo y Conchita Montenegro
España 1942
sábado, 1 de mayo de 2010
UN CHEKISTA EN LA FERIA DEL LIBRO

Sebastián Fernando Macarro Castillo, alias “Marcos Ana”, es un personaje siniestro al que la izquierda radical quiere recuperar, en ese afán de revivir fantasmas del pasado, como una especie de poeta de la libertad. Lo lamentable es que un diario de tanta solvencia como ABC caiga en el engaño, en el artículo publicado en dicho periódico en su página 72 del sábado 1 de Mayo, se reseña en titulares: “Marcos Ana, preso con Miguel Hernández, en la Feria del Libro” y sigue en subtítulos destacados: “Este poeta de 90 años pasó veintitrés de ellos en las cárceles franquistas, más que ninguna otra persona”. Ya con estos textos no hace falta ni entrar en el grueso del artículo para realizar una serie de puntualizaciones:
1. Si se pretende hacer un paralelismo entre los méritos de la literatura de Ana y de Hernández la cosa es algo más que ridícula.
2. Se citan las “cárceles franquistas”, entonces ahora ¿qué tenemos, cárceles juancarlistas? Las cárceles son españolas.
3. Se dice que este señor estuvo en la cárcel más tiempo que nadie, pero no se citan los motivos, a continuación los detallo:
El llamado “Marcos Ana” durante la Guerra Civil permaneció en retaguardia dedicado a la represión de civiles, pertenecía a la cheka llamada “Basilio Yebra” de la calle Ánimas, nº 1 de Alcalá de Henares. Siendo miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas, bajo la tutela de Santiago Carrillo. Fue encarcelado tras ser condenado por, al menos, tres crímenes probados de civiles indefensos (Causa General, 1941), entre ellos un joven sacerdote y su padre, entre otros incautos que, bajo pretexto de prestar declaración, eran arrestados y asesinados con un tiro en la nuca. Represión que se llevó a cabo en Alcalá de Henares, ver listado de asesinados en: http://www.plataforma2003.org/memoriahistorica/marcos_ana.htm (FC_CAUSA GENERAL, 1533, exp. 41), lucrándose además con el saqueo de las casas de los asesinados.
“Marcos Ana” se libró de la pena de muerte por tener entonces 19 años de edad, cuando la mayoría era a los 21, a pesar de todo fue puesto en libertad, tras un indulto, en 1961, en plena dictadura, por cierto, él se ha expresado en contra de la ley de amnistía de 1977.
Bien está que, en aras de la reconciliación y, habiendo cumplido la condena impuesta, el señor Macarro Castillo goce de sus derechos como ciudadano, pero, por favor, considerarlo un “luchador de la libertad” es una amarga ironía que hará revolverse en la tumba a las víctimas de aquellos asesinatos.