Mostrando entradas con la etiqueta José Bergamín. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Bergamín. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de junio de 2013

Exposición itinerante sobre la Generación del 27

Exposición itinerante que recorrerá diversas localidades de la provincia de Málaga, dando relevancia a la participación de esta provincia en la Generación del 27, como por ejemplo la reseña biográfica del poeta asesinado en la Guerra Civil por tropas republicanas, José María Hinojosa.
La Exposición 'La Generación del 27 y su época', cuenta con un elevado interés didáctico. Constituida por una veintena de paneles, presenta la obra global del movimiento tanto en su cohesión como en su diferencia, así como su relevancia en la historia de nuestro país y la cultura de lengua española.
De esta forma, cada uno de los paneles cuenta con biografías individuales de sus miembros que van desde Federico García Lorca a José Bergamín, de Luis Cernuda a Gerardo Diego, sin olvidar a los malagueños Emilio Prados, José María Hinojosa y Manuel Altolaguirre, así como algunas de las autoras del movimiento como María Teresa León o Concha Méndez, entre otras.
Según han informado desde la Diputación, los textos e imágenes que integran la muestra pretenden dar una idea general "del gran nivel" literario y artístico alcanzado por aquella joven generación de creadores que iniciaron su labor en la década de los años 20 del pasado siglo.
La exposición, mediante estas piezas, sitúa al espectador en el contexto histórico, social y literario de la época, y retrata a los autores más importantes del grupo. Mostrando, además, las obras más importantes del período, repasando las revistas más influyentes, y abordando el papel de Málaga en la conformación del 27 y en la difusión de sus primeros libros.

martes, 28 de febrero de 2012

La carta perdida de Leopoldo Panero

De izquierda a derecha y en pie, Miguel Hernández, Leopoldo Panero, Luis Rosales,
Antonio Espina, Luis Felipe Vivancos, J.F. Montesinos, Arturo Serrano Plaja, Pablo Neruda
y Juan Panero. Sentados están, Pedro Salinas, María Zambrano, Enrique Díez-Canedo,

Concha Albornoz, Vicente Aleixandre, Delia del Carril y José Bergamín. Gerardo Diego, en el suelo.
 
 En 1969 publicó Luis Rosales en Ediciones Cultura Hispánica El contenido del corazón. Ese libro iba dedicado así: “Hoy como ayer a Leopoldo Panero”, y en el “Prólogo a manera de justificación” insistía Luis: “Publiqué esta versión integramente en el periódico ABC, dedicándola entonces a Leopoldo Panero, que en tantas cosas fue mi ejemplo y en todas mi amigo”. La amistad de ambos poetas fue poco menos que proverbial y estaba comprendida en un círculo más amplio, pero no menos exclusivo, formado por Laín, Maravall, Aranguren, Valverde, Vivanco, Ridruejo, tal vez incluso Zubiaurre y Alfonso Moreno. Puede que esta relación sea inexacta, ya que no hago más que rememorar de referencias. Tan juntos iban siempre esos nombres que un ingenio satírico acuñó para dos de ellos la expresión “Rosanco y Vivales”, me figuro que a raíz de la publicación por ambos de la magna recopilación de la Poesía heroica del Imperio. Hablando de Imperio, al morir en Sevilla el insigne americanista don José Antonio Calderón Quijano, en la gacetilla necrológica aparecida en ABC se enumeró entre sus méritos el de haber suministrado a los diplomáticos Castiella y Areilza la documentación que les permitió escribir al alimón una obra célebre en su día. Esa obra se titulaba Reivindicaciones de España, y junto a ellas resultaban modestitas las pretensiones que Franco antepuso a Hitler en Hendaya como condición para entrar en la guerra. Terminada ésta, coincidió Foxá con sus dos compañeros en el Palacio de Santa Cruz y les dijo:

- Tengo entendido que van a editar ese librito vuestro en formato de sello de Correos… Así os lo podréis tragar con mayor facilidad.

En ese círculo de amigos la trinca que más sonaba era, ya digo, Panero, Vivanco y Rosales, una especie de línea media de la poesía española que sustituía a aquellas legendarias líneas medias de nuestras aficiones deportivas de trasguerra: Gabilondo, Germán y Machín; Celaya, Bertol, Nando; Alconero, Félix, Mateo; Huete, Ipiña y Lecue… Sin embargo, cuando yo llegué a Madrid y empecé a frecuentar el bar del Instituto de Cultura Hispánica y la redacción de Cuadernos Hispanoamericanos, esa línea media quienes la formaban eran Panero, Rosales y Souvirón, José María Souvirón, que volvió de Chile y residía en el colegio mayor Cisneros.

Yo de Panero conocía Escrito a cada instante en aquella colección de “La encina y el mar” ilustrada por José Caballero; había oído recitar, magistralmente por cierto, En las manos de Dios a Carmina Morón, y algo me había llegado de la polémica y los epigramas en torno al Canto personal, carta perdida a Pablo Neruda, respuesta airada a las infamias del Canto general. Con infamias y todo, el Canto general fue un acontecimiento poético en el que el gran poeta Neruda dio lo mejor y lo pero de sí mismo. También carmina Morón recitaba, y cómo, Abraham Jesús Brito, (poeta popular), pero junto a esas estampas entrañables de gente humilde de América, a las etopeyas de sus héroes y a descripciones caudalosas de su naturaleza, había explosiones de mala prosa en verso con insultos de baja ley y peor estilo. Nada de esto podía rebajar la calidad monumental del poema. Me comentaba entonces en Sevilla un becario canario de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos que tampoco las pasiones políticas del Dante menoscaban La Divina Comedia.

Leopoldo Panero tuvo el arrojo de recoger el guante y replicar a su antiguo amigo del Caballo verde de la poesía, y escogió para ello la forma clásica de la epístola moral. Yo no puedo decir, aun hoy, que en el Canto personal no haya altibajos; también los hay en el Canto general y no por eso voy a decir de su autor que es, como decía Juan Ramón, un “gran mal poeta” o, como creo que dice Trapiello, un “gran poeta menor". A mí me sobran tanto esos adverbios como la biografía de Neruda, y sigo creyendo que el Canto personal es uno de los grandes monumentos de nuestras letras.

No conozco el prólogo que Ridruejo le puso al Canto personal; sólo sé que, años después, a propósito de no sé qué, me dijo Ridruejo: “Neruda miente”. El caso es que la mayor virtud de ese “gran mal poema” es su mayor defecto, que es la desorganización. Poema de acarreo, cabe muy bien precindir en su lectura de toda la basura política que lo lastra, en tanto que en el de Panero, su misma estructura de tercetos encadenados no permite saltarse los ripios que fuerza la vehemencia polémica, por muy limpios que sean sus motivos. El poema de Neruda es un río tan torrencial y caudaloso que disuelve y disipa toda la basura que en el cauce principal vierten las cloacas de los poblados por los que pasa. En cambio, el de Panero es una construcción arquitectónica en la que a la fuerza se ha de notar la calidad de los materiales y el acierto con que estén colocados. Lo dinámico y amorfo tiene más defensa que lo estático y cristalino.

Tuvo además otra cosa en su contra la ambiciosa epístola de Panero, cual fue la de ser expresión de la filosofía política oficial en lo referente a la Hispanidad, a la que Panero llevaba prestando servicios relevantes. Bastaba que el poema resultara adicto al Régimen para que sólo viéramos en él los ripios y las disonancias, con gran indignación por cierto de Rafael García Serrano, que desde Arriba o desde una de las revistas del S.E.U., salió en su defensa arremetiendo contra los exquisitos que lo criticaban “cogiéndose la pluma con un papel de fumar”. Uno de ellos, Blas de Otero, le dedicaría un epigrama que me llegó por tradición oral: Carta perdida. No creo / que llegara a su destino / llevando tanto “franqueo”. A Blas de Otero, en cambio, no se le tuvieron en cuenta los ripios y prosaísmos abominables en que consistió su obra a partir de En castellano, pues por algo, como era público y notorio, era maníaco-depresivo y miembro del Partido Comunista. Suya es también esta perla: Voy a China, / a ver si me oriento.

Hoy, en una situación política invertida en todas las acepciones del término, cabe leer el Canto personal sin las reservas de antaño, sin los prejuicios y las anteojeras con que, en cualquier época y bajo cualquier régimen, leemos todo aquello que directamente agrada o beneficia al Poder. De este modo cabe comprobar que, si el poema en cuanto tal es un poema frustrado, tiene largas tiradas de tercetos de una inspiración, una solidez, un colorido y una sonoridad inmejorables: Recuerdo que en Colombia hay una espada / enterrada en un pico, en nieve pura, / con trote y esqueleto de nevada. / Recuerdo el Magdalena a larga altura,/ cortando la distancia del planeta / como surca una yunta Extremadura. O bien: Una guerra es un íntimo combate, / y no una voluntad a sangre fría: donde cae Federico, el agua late; / donde cayó un millón, la tierra es mía. / Unos caen, otros quedan, nadie dura; / y tan sólo el Alcázar no caía. Cito estas estrofas porque constituyen el arranque de tiradas que tratan respectivamente de la naturaleza y de la historia; en las que el poema remonta el vuelo épico en alas de lo descriptivo y lo narrativo. Evocan además algo que entonces escocía mucho y sigue escociendo al antifascismo monomaníaco: la gesta del Alcázar de Toledo.

Hay obras literarias cuyo mayor acierto está en el título. Tal ocurrió en aquellos mismos años con El Jarama, excelente “ejercicio de redacción”, como decía Ignacio Aldecoa, pero cuyo título evocaba una de las más gloriosas derrotas del bando que en Toledo sufrió uno de sus fracasos más bochornosos. Pero eso no bastaba. Cuando, a mediados de los años 70, se cumplió la profecía de Ganivet y España fue por fin pasto de los puercos, se trató de infligir a la memoria de Leopoldo Panero la afrenta póstuma - en la que creo que hubo reincidencia - de una película infame en la que se utilizaron los despojos de una familia deshecha y desmoralizada. Eran tiempos de asalto a la familia y al paterfamilias. Llamarle entonces a uno “paternalista” equivalía a llamarle “corporativista” o “fascista”, insultos muy eficaces con que la hez de la nación le comió la moral a más de un pusilánime. Recuerdo haberme salido en el entreacto de una plúmbea comedia de un autor de moda que tenía que ver con pájaros, en la que la actriz largaba interminables cursilerías sobre el tiránico padre difunto que tenía enjaulados a los pájaros. Por aquel entonces, la hija de Alberti, que tenía algunas desavenencias con su padre, tuvo el mal gusto de dirigirle una carta abierta en la que, con pedante fraseología de freudiana bonaerense, llegaba nada menos que a compararlo con Franco. “Matar al padre” era la consigna, o por lo menos ponerlo en la picota. Yo reaccioné con un poema titulado El desencanto de Leopoldo Panero en el que quise desagraviar a alguien que fue para mí, como para Luis Rosales, “en tantas cosas mi ejemplo y en todas mi amigo”.

Aquilino Duque 13 de Junio de 1995, El Correo de Andalucía, sección La Mirada.

domingo, 26 de septiembre de 2010

ESE GENERO DESVALIDO


Javier Compás
25-Septiembre-2010

“La poesía es un genero desvalido” decía Luís Rosales, gran poeta granadino, español, nacido el 31 de mayo de 1910, y en ese desvalimiento está pasando, con más pena que gloria, el centenario de su nacimiento. Rosales, premio Cervantes en 1982, como superviviente de los nunca premiados, de Luis Felipe Vivanco, de Leopoldo Panero, de Dionisio Ridruejo, compañeros de vericuetos literarios y de camisa azul de mangas remangadas y vista en el horizonte, aquella Generación del 36, terrible guarismo de nuestra historia… o providencial para algunos.
Aquellos tiempos de convivencias, de prólogo, antesala de la tormenta de acero y dientes apretados. En 1935, cuando por los sumideros debajo de las aceras ya corrían sangres tempranas, sangres jóvenes, José Bergamín, el poeta de Cruz y Raya, el comunista de hoz y martillo, editó la primera obra poética de Luís Rosales, Abril, en la misma colección donde también aparecerían obras fundamentales de Neruda y del palaciego Alberti.
Y en la casa de la calle Angulo, poco después, la escenificación más dura de la tragedia tribal. Hermanos, camisas azules, gestos duros, defendiendo al amigo de la locura imbecil y absurda, “la vida del hombre más importante de España dependió de la ambición política de alguien que no representaba a nadie”, no recordemos aquí su nombre, no merece la pena.
Rosales certifica la amistad de Federico y José Antonio, se lo dice a Ian Gibson en 1966, y más, que Lorca pensaba que la única solución para resolver el estado de violencia en España en aquellos momentos era una intervención militar. Federico se refugió en Granada temeroso del ambiente hostil que se vivía en Madrid, buscó el calor de los suyos, de su familia, de sus amigos los Rosales, pero la locura se desbordó y lo arrastró al abismo, al mismo que pudieron ir los que lo defendieron.
El joven Luís que barría en la tienda de pasamanería de su padre soñó con aprender qué era un poema, y en esa búsqueda empeñó su vida. Poeta para todos, aunque se sentía periodista. En 1938 está en Pamplona, allí nació la gran revista falangista Jerarquía, “la revista negra de la Falange”, en cuyos cuatro únicos números se trató de reflejar la concepción de una nueva estética, la moral de un nuevo estado. Después vendría Escorial, “nuestra gran piedra lírica” como tituló Ortega al gran monasterio, otro gran empeño falangista que dio a la luz tipográfica sesenta y cinco números de verdadero empeño por recuperar la pluralidad cultural truncada por el conflicto bélico, en ella, Luís Rosales compartió la secretaría con Antonio Marichalar, bajo la dirección de Pedro Laín, mientras Dionisio Ridruejo marchaba a Rusia a demostrar que los hombres de letras también sabían luchar con las armas por la nueva España. En ella publicaron Vicente Aleixandre, Blas de Otero, el sevillano Adriano del Valle, Dámaso Alonso y Gerardo Diego, entre otros.
En 1949 vendría La casa encendida, quizás su obra maestra, o, al menos, la que más notoriedad popular le ha dado, aunque el autor considera El contenido del corazón, la obra que le resume como escritor y como hombre. Hombre que declararía al gran periodista Joaquín Soler Serrano, fallecido, por cierto, en la más absoluta indigencia recientemente, su desencanto con la sociedad y la política desde la muerte de su íntimo amigo García Lorca.
Pero Rosales no perdió su Fe, “me gusta que Dios se haya hecho hombre”, Fe que le llevó a componer numerosos villancicos ensalzando la encarnación de la Divinidad.
También fue profunda su creencia en la Hispanidad, “en América es donde de verdad se aprecia lo que llegamos a ser los españoles”, una lengua común, una cultura común, con sus peculiaridades locales, pero sin nacionalismos excluyentes. Rosales murió precisamente en 1992, año de la conmemoración del quinientos aniversario del descubrimiento de América.

jueves, 24 de junio de 2010

RUTAS PARISINAS DEL INSTITUTO CERVANTES


Juan Pedro Quiñonero.

ABC, 24-06-2010


El Instituto Cervantes ha tenido la excelente idea de crear unas Rutas Cervantes, con el fin de «recordar las huellas de las culturas de España y America latina en París». Al día de hoy, paradójicamente, están ausentes en tal proyecto todos los patriarcas de la cultura española que pasaron por París: Arozín, Baroja, Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, Pedro Salinas, Salvador de Madariaga, José Bergamín, Max Aub, Eugenio d’Ors, Josep Pla, Mercè Rodoreda, entre un larguísmo etcétera.El Cervantes anuncia que algún día llegarán todas esas rutas, pero que no se podía arrancar con la huella de todo lo hispano, en un programa que está previsto ampliar a otras ciudades.
El proyecto anuncia el recuerdo inmediato o muy próximo de Gabriel García Márquez, Salvador Dalí, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Enrique Vila Matas, Balenciaga, Julio Cortazar, Octavio Paz, Diego Rivera, Isaac Albéniz, Luis Buñuel, Miquel Barceló, Alfredo Bryce-Echenique, María Casares, Óscar Domínguez, Juan Goytisoo...
El Cervantes anuncia su proyecto de este modo: «A las estancias de cada uno de ellos se les dedica una ruta diseñada por expertos con datos, anécdotas y relatos, ilustrada con fotografías, documentos y vídeos». Se trata de una idea magnífica. Buena parte de la cultura española contemporánea es sencillamente incomprensible sin el diálogo de los grandes creadores con París.
La novela, la poesía y la prosa española contemporáneas nacen, como es sabido, con el Modernismo la Generación del 98 y la Generación del 27. Todos los grandes maestros pasaron por París. Todos ellos están ausentes. No hay huella en las Rutas Cervantes de Rubén Darío, Azorín, Baroja, Ramón Gómez de la Serna, Jorge Guillén, Pedro Salinas...
Toda nuestra poesía contemporánea pasa por el diálogo entre España, París, y las Américas, con Rubén Darío, que no está recordado. La obra fundacional de Azorín y Baroja está íntimamente asociada a París. Nuestro periodismo moderno comienza con
«El bombardeo de París», el libro de crónicas de Azorín, corresponsal de guerra de ABC. El mismo Azorín consagró a París libros, ensayos, artículos, muy numerosos. Baroja consagra a París libro tras libro.
Las vanguardias llegan a España, en bastante medida, a través de los viajes a París de Ramón Gómez de la Serna, de quién Valery Larbaud dijo, en París, precisamente, que había realizado en castellano una revolución semejante a las de Joyce o Proust.
Es igualmente ejemplar el caso de varios maestros de la Generación del 27, Gerardo Diego, Jorge Guillén o Pedro Salinas. El viaje y la estancia en París es capital para ellos. Guillén y Salinas fueron profesores en la Sorbona. Guillén hasta ejerció de corresponsal literario. ¿Cómo olvidar a Madariaga, que fue embajador de España en momentos cruciales...?
En el caso de la lengua y cultura catalana, no es un secreto la importancia excepcional de París en la obra de Eugenio d’Ors, Rodoreda y Josep Pla, que llegó a confesar, en varias ocasiones que, de no vivir en su pueblo, no le hubiese importado instalarse en alguna recoleta plaza parisina, en la que se cruzan los fantasmas de Azorín, Baroja, Julio Camba o César González Ruano, entre tantos otros olvidados.

jueves, 6 de mayo de 2010

Luis Rosales, de la generación del 36: el reconocimiento del poeta suprimido



20 MINUTOS



PAULA ARENAS. 06.05.2010 - 09.26 h
Complicada figura la de este poeta que hubiera cumplido 100 años el próximo 31 de mayo y a quien se dedica una exposición en el centro cultural que lleva el nombre de su obra maestra, La casa encendida, publicada en 1949. Viajará después la muestra a Granada y a Santiago. El título, igual que una de sus obras, claramente poética pero escrita en prosa, El contenido del corazón, editada en 1969.
Al nombre Luis Rosales aún le cuesta deshacerse de sus 'males'
El documental Así he vivido yo, que completa la exposición, trata de desmentir el constante rumor acerca de su relación con la detención de Federico García Lorca (estaba refugiado en casa de los Rosales, de ideología falangista, cuando fue apresado). No son pocos los frentes que arrastra abiertos el poeta y que oscurecen su obra.
Ha habido otros escritores, hoy considerados imprescindibles, a quienes se ha perdonado o en los que no ha pesado tanto como para condenar sus letras. Pero al nombre Luis Rosales (Granada, 31 de mayo 1910, Madrid, 26 de abril de 1992) aún le cuesta deshacerse de sus 'males'.
La generación tachada
Fue uno de los destacados de la generación del 36 (Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco, Dionisio Ridruejo...) y uno de nuestros imprescindibles de la posguerra, y aunque él mismo supiera que era parte de un grupo poético obligado y destinado a la supresión, conservaba esperanzas en el futuro.
"Sobre esta generación ha girado la historia española", respondía el poeta a Dragó cuando lo entrevistó con motivo de la concesión del Cervantes en 1982, "ha girado como hacen las puertas, forzando el interior y dejando el gozne en el vacío". Añadía la condena a que estaban destinadas sus letras y las de los suyos: "No hay una puerta histórica que gire sino creando un vacío y nosotros hemos sido la generación suprimida, el vacío que necesitaba la historia para seguir siendo historia".
Algún día tendrá esta generación el reconocimiento, el que sea, pero lo tendrá
Sin embargo, él creía en el poder curativo del tiempo, en el hueco por el que quizá se colaría en el futuro el reconocimiento: "Algún día tendrá esta generación el reconocimiento, el que sea, pero lo tendrá. Hicimos un esfuerzo por la continuidad de la cultura". Ahí justo reside la clave de la poesía arraigada con que se ha bautizado la producción de estos poetas. Era una poesía intimista, centrada en lo cotidiano: la familia, la amistad, el hogar, la costumbre, la rutina. Versos con arraigo de quienes se quedaron en España tras la guerra y siguieron publicando.
Fue la publicación de Abril, en 1935, su comienzo oficial en la poesía. El inicio de un poeta que cantó mucho a las cosas pequeñas y cuya poesía ganó en serenidad a medida que pasaron los años. José Bergamín, su amigo, su maestro y su editor, fue quien publicó aquella primera obra de Rosales. Inauguraba con ella la colección en la que irían después poetas como Alberti o Neruda. "Esto me ayudó mucho. Fui publicado en la misma colección en la que saldrían importantes poetas", reconoció. Después vendrían, entre otros, Retablo de Navidad (1940), La casa encendida (1949), Rimas (1951), Diario de una resurrección (1979) y La carta entera (1980).
Un derrame cerebral, que no le costó la vida, interrumpió su escritura y le afectó al habla. Una de las jugarretas del destino. Cuando ya no sólo contaba con un lugar en nuestra cultura sino también en la Real Academia Española (fue nombrado en 1962), le llegaba una dura prueba. Volvió sin embargo a publicar en algunos medios. Y siguió esforzándose por recuperar la normalidad.
Con los pies descalzos
De Bergamín se quedó siempre con una de sus enseñanzas iniciales. "Le dije un día: tengo mucha dificultad en expresar con palabras lo que pienso. Y Bergamín me respondió: Luis, no se escribe con ideas, se escribe con palabras".
Ya mayor reconocería Rosales la verdad de aquella respuesta. Y no sería lo único: llegó a confesar que lo más difícil de todo había sido mantener la vocación de poeta y la mayor tentación, intentar buscar la popularidad. Sobre todo porque el suyo ha sido siempre el género más difícil, más ingrato, más pobre: "La poesía es la más desvalida y menesterosa, anda siempre con los pies descalzos".
He escrito miles y miles de páginas en prosa. He estado media vida... pero siempre me dirán el poeta Rosales
Acaso por ello defendía tanto su faceta como prosista: "He escrito miles y miles de páginas en prosa. He estado media vida... pero siempre me dirán el poeta Rosales".
Apasionado admirador de nuestro más ilustre escritor, le dedicó una de sus obras en prosa: Cervantes y la libertad. La razón: "Jamás ha habido en España un escritor que se haya desenfadado tanto, que haya jugado tanto, que haya trabajado una materia sin hacer, que se haya afirmado y que se haya desmentido tanto como Cervantes".
También en prosa fue la labor que le dio de comer: el periodismo. Y le gustaba tanto que se reivindicaba periodista: "Profesionalmente he sido periodista. No he hecho otra cosa. Mi profesión, periodismo, y mi deseo, periodista. He sido eso vocacional y profesionalmente". Fundó Jerarquía, trabajó en Escorial, colaboró en Isla y Vértice, y dirigió Cuadernos Hispanoamericanos.
Son sin embargo sus versos los que resisten: "El dolor es un largo viaje/ es un largo viaje que nos acerca siempre/ que nos conduce al país donde todos los hombres son iguales".
Autor del año 2010
No son muchos los actos o celebraciones que con motivo de su centenario se están realizando, y tampoco encontramos ediciones de muchas de sus obras (incluidas y sobre todo las fundamentales), que en su mayoría están agotadas. Sólo la antología que hizo de Rosales el poeta Félix Grande en Porque la muerte no interrumpe nada (Sibilina). Sin embargo, Andalucía, tierra del granadino, ha querido nombrarlo Autor del Año 2010. Con esta mención especial al poeta, otorgada en años pasados a Alberti, Ayala, Lorca, Cernuda o María Zambrano, se intenta dar a su figura la altura merecida: la de los nombres más relevantes de nuestra cultura.

No pases de...

Una peli
Domingo de carnaval: No fueron los años de Rosales muy buenos para nuestro cine (ni para ningún arte), pero cabe rescatar a Edgar Neville, director que en aquellos años estrenó varias películas. No todas han pasado a la modernidad en forma de DVD, pero Domingo de carnaval se ha salvado. El punto de partida: un sereno de Madrid encuentra el cadáver de una adinerada prestamista. Vértice, 11,95 €
Un disco
Vestido de luces: Este cantaor flamenco puso música a los versos de Luis Rosales en el homenaje al poeta que se llevó a cabo el pasado sábado en La Casa Encendida. En Vestido de luces se sirve de los textos de grandes autores españoles como Gerardo Diego, Antonio Murciano y Ángel Peralta. En palabras del poeta Félix Grande: "Paco del Pozo canta con la fuerza de su juventud y con la sabiduría de un anciano". Harmonía 9,90 €
Un libro
La casa encendida: Recoge, junto con El contenido del corazón, Diario de una resurrección y La carta entera, la esencia de la obra del autor, imprescindible para acercarse a su poesía. En La casa encendida repasa el poeta su propia experiencia a través de sus queridos versos libres y la combinación de lo coloquial con las metáforas más vanguardistas. Denes, 8,55 €

viernes, 19 de marzo de 2010

ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO EJE DE LA EXPOSICIÓN SOBRE LA GENERACIÓN DEL 27



En la sala Santa Inés de Sevilla se puede ver hasta Junio, una exposición que revive la eclosión artística y literaria que dió lugar a la que se conoce como Edad de Plata de la cultura española.


El cartel de la muestra es un diseño de Ernesto Giménez Caballero titulado El Universo de la literatura española.


Entre la gran cantidad de documentos expuestos, figuran reproducciones de gran tamaño de la revista La Gaceta Literaria, dirigida también por Gecé (Giménez Caballero), que jugó un papel fundamental en la difusión de las nuevas corrientes y que apareció por primera vez el 1 de Enero de 1927, en cuyas páginas colaboraron firmas como las de Azorín, Baroja, Ortega y Gasset, Buñuel, Begamín, Ramiro Ledesma Ramos, Alberti, Neruda, Ramón Gómez de la Serna, Lorca, Pedro Salinas, Falla, Dalí, Max Aub y otros más, que forman una verdadera galaxia creativa como la recreada por Gecé en su cartel.


La Gaceta Literaria es la columna vertebral de la exposición, mostrando la evolución de las vanguardias entre 1927 y 1928, como el Surrealismo y el neofuturismo. Curiosamente, de los jóvenes autores que convivieron en la revista, surgirian, a partir de 1930, divergencias ideológicas que conducirian a unos al comunismo y a otros al fascismo, pero ambas corrientes con espíritu regenerador de una España que creian necesitada de una revolución regeneradora que trajera mayor justicia social, los dos caminos que se bifurcaron desde 1930, acabarian regando los campos españoles de su sangre joven en un enfrentamiento fraticida.


En la muestra se podrá ver un documental, El deseo y la realidad, que muestra las únicas imágenes existentes de Luís Cernuda y otros poetas de su generación