miércoles, 2 de abril de 2014

Los Neorrepublicanos, por Alfonso Lazo


A DISTANCIA

Los neorrepublicanos

 

CRECEN LAS BANDERAS republicanas en los mítines del PSOE poszapaterista y en las manifestaciones callejeras. Ellos no lo saben, pero su republicanismo no viene de la Segunda República, viene directamente de la Falange: hijos y nietos de falangistas, si no antiguos falangistas ellos mismos, cualquier día los veremos entonando un viejo himno: «No más reyes de estirpe extranjera, / ni más pueblo sin pan que comer. / El trabajo será para todos / un derecho más bien que un deber»; que no es un himno anarquista, ni el canto de La Internacional, sino el himno de las JONS de los años 30.
Falange Española de las JONS tomó de otros partidos fascistas el llamado «principio del caudillaje», incompatible con la monarquía hereditaria. Los falangistas sentían odio y repulsa hacia los Borbones a quienes responsabilizaban de la decadencia de España; pero desaparecido el fascismo de Europa, y con él la teoría del caudillaje, optaron por alguna clase de republicanismo autoritario. En 1956, una revista andaluza del Frente de Juventudes, cuyo director ocupó con el tiempo puesto importante en el PSOE, sostenía que la «república presidencialista» era lo más acorde con los principios joseantonianos. En los campamentos del Frente de Juventudes miles y miles de muchachos fueron educados en el desprecio por la monarquía. Una educación emotiva de argumentos primitivos idénticos a los que manejan los neorepublicanos de hoy: que si los Borbones mujeriegos, que si los gastos de la casa real (como si el Eliseo fuera gratis), que si la inutilidad de la corona (como si los presidentes de Alemania y Austria gozarán de algún poder), que si el rey mató un elefante...

En julio de 1947 las Cortes franquistas aprobaron la Ley de Sucesión: a la muerte del caudillo vitalicio la corona sería restaurada en algún príncipe Borbón. Los jóvenes de Falange entraron entonces en rebeldía; las centurias falangistas llegaron a darle la espalda a Franco durante una concentración en El Escorial; y cierto 20 noviembre, en la penumbra de la basílica del Valle de los Caídos, presente el dictador y sus ministros, alguien gritó desde las filas uniformadas de azul: ¡Franco, traidor! Cuando a finales de los años 50 Sevilla tuvo un gobernador monárquico (Nicolás Salas ha escrito acertadamente sobre el asunto), la Falange sevillana le hizo la vida difícil acusándolo de proteger a los seguidores de don Juan, padre de nuestro actual rey. Por toda España los jóvenes falangistas pegaban carteles antimonárquicos. Cosas que tenían que dejar un poso.

A finales de abril del año pasado, en Sevilla y bajo el patrocinio de la Asociación Cultural Ademán (cuyo nombre lo dice todo a quienes recuerden la letra del 'Cara al sol'), Javier Castro-Villacañas presentó su libro El fracaso de la monarquía. En los años 60 hubo un escritor falangista, Demetrio Castro Villacañas, muy conocido por sus virulentos artículos antimonárquicos; ignoro si es pariente de Javier.

Decía don Ramón Carande, y lo recoge Aquilino Duque en su último libro, que «los españoles tenemos el gobierno que nos merecemos, pero que en cambio nuestro Rey es un regalo inmerecido». Carande también había sido un tiempo falangista, pero hasta su muerte con casi cien años fue hombre de extrema lucidez.

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