lunes, 25 de noviembre de 2013

La lluvia Antonio RiveroTaravillo Renacimiento. Sevilla, 2013. 84 páginas.

 Francisco Javier IRAZOKI | Publicado el 22/11/2013. El Cultural.es

Traductor de los versos de Shakespeare y W. B. Yeats, además de muchas páginas de otros autores de lengua inglesa, el poeta Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963) dirigió la revista Mercurio, ha escrito una decena de libros en prosa y, con ritmo pausado, cinco poemarios.

Biógrafo de Luis Cernuda, en sus textos hay un leve eco de la serenidad literaria del maestro sevillano, pero aplicada a las cosas pequeñas o domésticas. Aunque Rivero Taravillo escoge materiales aparentemente más modestos, coincide asimismo con Cernuda en la capacidad de síntesis y en un idioma muy cuidado. Su literatura se centra en los sucesos diminutos que a veces nos definen. El encuentro fugaz con una joven en la copistería, los animales y unos hombres desocupados que miran la herramienta de trabajo como si fuese un Rolls lujoso le bastan para revelar la conducta humana. A menudo lo consigue con la técnica de dar a las escenas que prevemos anodinas unos finales de profundidad inesperada.

En las dos primeras partes, Acuarelas y Lluvia de Oriente, el autor usa con destreza los pentasílabos, heptasílabos y endecasílabos. Sobresalen los haikus. Pero la intensidad mayor está concentrada en los últimos apartados del libro, Aguafuertes y Sed. Varios objetos de la vida cotidiana (el frigorífico, el espejo, una llave) son observados con minuciosidad e ironía suave, compasiva. En el grupo destacan “Peleas de 1975”, con recuerdos de los combates de boxeo en la infancia del poeta, quien ahora sólo espera “la campana absolutoria”, y las sorpresas surrealistas de las dos páginas de “Cuarteto de viento”. Atribuye a los instrumentos musicales funciones insólitas, divertidas, y los juegos afectan a las personas retratadas. No es casual. Rivero Taravillo ve un hilo rojo entre las diferentes realidades que coinciden en un lugar. Y las siete palabras con que termina uno de los poemas resumen bien su manera de percibir estas realidades: “Lo próximo se funde en lo remoto”.

La elegancia de La lluvia no es sólo una cualidad. Encierra también una enseñanza: Rivero Taravillo tiene el talento de comprimir la expresión literaria al mismo tiempo que amplía los matices de unos objetos que con torpeza creíamos insignificantes.

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