martes, 15 de octubre de 2013

Rafael G. Serrano. La pluma afilada.

LA PLUMA MÁS AFILADA
Verano de sol y de toros, en un pueblo dorado de un mundo que murió
Pascual Tamburri Bariain
Rafael García Serrano es uno de los autores malditos pero inevitables de la prosa española del siglo XX. Vanguardista y castigado por sus ideas, muchos le deben mucho.

PLUMA AFILADA Y OLVIDADA
Rafael García Serrano. Las vacas de Olite (y otros asuntos de toros). Toros de Iberia (6 historias de toros). Homo Legens, Madrid, 2012. 206 pp. 20,00 €.
UN NUEVO GÉNERO
VV.AA. Antología del microrrelato español (1906-2011). El cuarto género narrativo. Edición de Irene Andrés-Suárez. Cátedra Letras Hispánicas, Madrid, 2012. 528 pp. 13,20 €.
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Si la hiperbrevedad y la narratividad son rasgos definitivos del ´cuarto género narrativo´, o sea el microrrelato, es innegable que su creador más leído en Italia fue Giovanni Guareschi y en la generación siguiente lo ha sido en España Rafael García Serrano. Pero así como podemos discutir con los eruditos sobre qué es y no es un microrrelato, es difícil negar que la crítica literaria ha sido en Europa Occidental bastante más que sectaria durante los últimos 70 años; lo que hizo del autor de Don Camillo un autor de éxito entre los lectores y un paria para la cultura oficial. Y andando en tiempo lo mismo habría de pasar –aquí tenemos la prueba- con el autor de Eugenio: considerando el estilo y los rasgos de Rafael García Serrano, cómo la estimable antología de Cátedra, una iniciativa seguramente necesaria que reúne a setenta y tres escritores fundamentalmente del siglo XX, excluye precisamente a todo su entorno intelectual, cultural, periodístico, humano y, oh, político. No porque le falte calidad, hiperbrevedad o narratividad, sino porque es de temer que para los gustos de este tiempo de crisis y decadencia a él y a sus amigos les faltasen otras cosas.

Ignorado quizá por el público académico y el público editor, valga el oxímoron, Rafael García Serrano enamoró al público lector –en prensa, en ficción y en todo tipo de prosa- desde que era poco más que un adolescente. Pocos como él en su siglo han contado historias, más breves y brevísimas que largas, y lo han hecho tocando todos los palos de la narrativa, desde lo puramente onírico hasta lo político, desde lo folklórico hasta lo futurista. Siempre con un gusto por la historia y con otro, no menor y casi nunca disimulado, por el humor. Relato menor o microrrelato, lo cierto es que contar la prosa de aquel siglo sin su presencia es un desafío que roza lo improbable.

Lo que hace Homo Legens es recuperar para el lector de la generación de los nietos, castigado por el silencio, el olvido y la mentira, dos piezas importantes si no centrales de la prosa del navarro. Por un lado, Las vacas de Olite nos lleva a los recuerdos festivos de García Serrano en la ciudad del castillo, en casa y compañía de Juan José Ochoa. Olite, que lleva unos cuantos años regodeándose en la invención de memorias y desmemorias de una Edad Media ideal a gusto de horteras, iletrados y maestros locales, fue protagonista para García Serrano y fue patria de Ochoa, y las dos cosas las ha olvidado y las ignora. Pocas ciudades habrán merecido tanto amor adolescente como el que García Serrano demostró por Olite hasta el último día y la última línea; y pocos amores tan ignorados, despreciados y maltratados por los ediles y los ilustres locales que han negado hasta hoy, y para vergüenza de ellos que no de él, hasta una calle al escritor pamplonés. Menos mal que existen los libros, para poder hacer memoria y en su momento enderezarla, porque como tuviésemos que confiar a la lealtad de los olitejos la memoria de Rafael García Serrano mal iríamos.

García Serrano, marcado por la experiencia de la Vieja Guardia y de la Guerra Civil, enamorado de Olite siendo adolescente y de Italia siendo joven (qué mejor combinación por lo demás), nunca dejó de escribir, pero pese a su erudición y su amenidad Los toros de Ibera recibieron el mismo castigo en vida y póstumo que toda la obra del navarro: la marginación y el intento de olvido que sólo por su simpatía ha podido vencer y remontar poco a poco. Lo de menos son los toros, aunque aquí sean lo más. El que se acerque a estas páginas se va a divertir, se va a entretener, va a aprender y antes que nada va a aprender a escribir. Por lo demás, todos los que hemos leído a Rafael García Serrano, desde el Eugenio a Quinto Centenario y desde Jerarquía y el Arriba España a El Alcázar no sólo sabemos que merece éste y cualquier homenaje que se le quiera dar, es que además fue en vida y sigue siendo hoy un maestro de ese uso breve, afilado, incisivo, hiriente y extremadamente eficaz de la pluma al que otros han dado en llamar, oh sorpresa, microrrelato.

Lo que más bien tenemos que preguntarnos es qué hemos hecho con nuestra literatura en particular y con nuestra cultura en general como para que en una antología del microrrelato español contemporáneo en lengua castellana estén Alfonso Sastre, Espido Freire, Pablo Antoñana y José Bergamín, alegremente, y el olvido sea el único testimonio de Luys de Santamarina, Rafael Sánchez Mazas, Ernesto Giménez Caballero, Dionisio Ridruejo, Ángel María Pascual, Agustín de Foxá, Fernando Vizcaíno Casas o Rafael García Serrano. Todos ellos precursores del microrrelato, narradores brillantes, personajes innovadores y plumas afiladas cada uno a su manera, y sin embargo segregados de la versión oficiosamente correcta de la cultura española. Algo nos ha pasado, si sus obras no se reeditan por las editoriales más pomposas, si no se les elige para las antologías pese a haber sido y seguir siendo de los más leídos y de calidad más contrastada. Algo nos ha pasado, y tiene que pasar, hasta que esas "dos Españas" que sobreviven avinagradas en la literatura y por culpa de los críticos, los docentes y, ay, los malos escritores de hoy, desaparezcan y dejen paso a una sola España con una sola literatura, con o sin este nuevo género pero indudablemente con Rafael García Serrano.


 
 
 
 
http://www.elsemanaldigital.com/verano-de-sol-y-de-toros-en-un-pueblo-dorado-de-un-mundo-que-murio-131060.htm

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