lunes, 18 de agosto de 2014

Dos vidas, dos muertes. Por Miguel Ángel Loma


Unidos por la proximidad en la hora de sus muertes, han desaparecido dos hombres de vidas muy diferentes. Uno era un enfermero español, entregado desde muy joven a atender a los más necesitados; el otro, un importante actor de Hollywood, del que podría decirse que también se entregó a los demás, porque fue capaz de emocionarnos y divertirnos con sus películas.

El primero ha muerto con 75 años, contagiado por sus pobres enfermos de un virus mortal, pero decía que no quería morir aún, porque necesitaba tiempo para ayudar a más gente; el segundo, con 63, porque se ha suicidado, siguiendo la estela de tantos personajes de su planeta de estrellas, vencidos por el brillo de la fama, las drogas, el alcohol y la soledad. 

El primero se llamaba Miguel Pajares, y si nos hemos enterado de su existencia, ha sido precisamente por la causa de su muerte y su repatriación entre enormes medidas de seguridad. El segundo se llamaba Robin Williams y como era un actor muy famoso, su muerte ha tenido repercusión universal. Curiosamente, sobre el primero no nos han faltado voces criticando el gasto que supuso el fallido intento de su curación; y es que Miguel era también sacerdote (¡ay!) y misionero (¡ay, ay, ay!). Mientras que sobre el segundo, todo han sido palabras de comprensión y justificaciones con su suicidio, porque quizás padecería una depresión, o tenía una deuda económica, o no se sentía muy querido, o... vaya usted a saber. Y con estos criterios funcionamos.

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