sábado, 19 de julio de 2014

Crónica de un homenaje.

Al calor bochornoso de un 17 de Julio, quizás como el de aquel año trágico, se sumó la humedad ambiente que tantos arboles y tanta planta, cercando la glorieta de la fuente de mármol, daban al anochecer tardío del estío sevillano. Poco a poco, por los arcos vegetales fueron entrando gentes que venian a escuchar, a oir los poemas de Antonio y de Manuel, los Hermanos Machado, aquellos que en la España de antes de la guerra escribian juntos obras de teatro como La Lola se va a los puertos, o versos que andaban caminos de soleares. Convocados por las asociaciones culturales Fernando III y Ademán, se juntaron más de setenta personas que en torno a la banca corrida de piedra que nos sirvió de improvisado tablado, bajo el rótulo que da nombre a la glorieta, para seguir la lectura que, de boca en boca, fue alternando poemas de ambos escritores sevillanos. Antonio Rivero, Sol Cruz, Antonio Brea, Mercedes Valdivia, José Manuel Cansino y José Manuel Sánchez del Aguila, precedieron con sus lecturas de versos, las palabras finales, claras y sin complejos, del gran escritor aquilino Duque, que cerró el acto. Desagravio, ha dicho el periodista Francisco Correal, acto de justicia literaria, a los dos, juntos, como en aquel 1929, donde un joven José Antonio Primo de Rivera, ya intuyó la grandeza de los Machado en su discurso de homenaje en el Ateneo de Madrid. Desde entonces, el olvido para uno y la gloria para el otro. Ahora, en nuestra modestia, queremos devolver lo que siempre tuvo que ser, los dos, cada uno en su genio, al mismo nivel de nuestra historia.

Como una metáfora de la convivencia rota aquel verano, como un esfuerzo de la reconciliación necesaria, como una vuelta a la normalidad en la diversidad, donde todos, salvo los extremistas violentos, cabemos.







Fue en Sevilla, en el Parque de María Luisa, centenario y verde.
Javier Compás. A. C. Ademán

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