viernes, 14 de diciembre de 2012

Eugenio D'Ors. Un catalán olvidado (José María García de Tuñón en diarioya.es)





(José María García de Tuñón Aza)

Había estado leyendo hacía unos días a Eugenio d’Ors. Leí un libro que se publicó en Buenos aires en el año 1941 con el título, «Introducción a la vida evangélica. Cartas a una soledad», donde, quien lo haya leído recordará que hace alusión, en la primera página, a la frase de Santa Teresa, «Sólo Dios basta», y que d’Órs añade: «No, no es cierto que sólo Dios baste. Así piensan erróneamente los deístas. Tal vez los protestantes. Pero, éstos la proclamación de su recelosa exclusividad la compensan al menos con un cultivo apasionado de la presencia real de Cristo; y ello, hasta evaporar en su representación, la condición histórica. ¿Cabrá, sin embargo, apropiarse personalmente al Hijo mejor que el Padre?». Bien, ahora no trato de escribir ninguna crítica al libro pues después de tantos años de su edición me imagino que se habrán publicado muchas. Sólo quiero referirme a unas palabras que su biógrafo, Antonino González, ha escrito en su obra «Eugenio d’Ors. El arte y la vida» publicado hace un par de años. Opina Antonino González que sobre la figura de d’Ors «estamos asistiendo en los últimos tiempos a un creciente interés por su pensamiento de lo que es prueba la avalancha de reediciones de sus obras en diversas editoriales están llevando a cabo». Si bien hay que respetar todas las opiniones, creo que el autor de estas letras exagera un poco. Habría que preguntar cuántos estudiantes conocen a este también poeta, esto es, un creador, como muy bien lo califica el doctor en Filosofía, mi buen amigo el catalán Manuel Parra Celaya. Sería mejor decir, creo, que d’Ors está en el recuerdo de algunos y en el olvido de los más. Incluso su pasado falangista todavía cuenta para tenerlo relegado. O si se quiere, un escritor que está mal «plantado», en la cultura de hoy, a pesar de ser el autor de «La Bien Plantada» que es, entre otras cosas y como dice meu bon amic, «el símbolo de esa elegancia que guió toda su obra».


(Eugenio D'Ors dibujado por Ramón Casas)

 Se podían añadir más comentarios o puntos de vista sobre el silencio a que se ha sometido la obra de Eugenio d’Ors. Por ello,  no me resisto a añadir ni pasar por alto lo que un día  Pablo d’Ors, nieto del filósofo y poeta, escribía en el suplemento cultural Blanco y Negro del diario ABC, en el que hace referencia a que quizá fuera él como una reliquia del pasado, una especie de caballero medieval, obcecado, como don Quijote, .por defender un nombre y un ideal, un castillo, una idea, Ser d’Ors era para él eso; un horizonte, una consigna, una fortaleza. No es casual que lo considerase así. Ha habido demasiados ataques para que no lo considerase así. Por de pronto el nombre de su abuelo, Eugenio  –el ingenio de esta corte, ya caduca– , había sido sistemáticamente borrado de las enciclopedias y de los manuales escolares y universitarios de lengua y literatura españolas. También, como es natural, el de su obra, casi infinita. Y sublime. Se tomó la molestia de cotejar muchos de esos manuales colegiales, los que van desde la época así llamada nacional-católica hasta los de actualidad. Y comprobó con pesar cómo las muchas páginas dedicadas a su abuelo pasaban a ser pocas, y cómo pocas se degradaban hasta convertirse en muchas líneas, pero de una sola página, y cómo esas muchas líneas, ¡ay!, se transformaban en pocas, y esas pocas en tres, dos, una, ninguna. Y terminaba con estas duras palabras: «Nada. Eugenio d’Ors ya no existe en la mayoría de las historias de la literatura. Ni siquiera los catalanes, la puerta española hacia Europa, le mencionan. Los catalanes son los peores de todos, interesados, oportunistas, frívolos con avaricia, y por eso los odio con todo el odio que cabe en mi alma catalana, que es mucho».
                                                                            

Eduardo López Pascual escribe sobre 'Surcos'


Radiografía de un tiempo



(Eduardo López Pascual -*-)

Hace unos días  vi una película rodada justo sesenta y un años atrás. en 1951, lo cito solo para que tengamos en cuenta la fecha en que se hizo,  pleno régimen franquista, pero cuando todavía subsistía una referencia falangista, netamente falangista, comprometida con esa “revolución pendiente” que es verdad que tiene una crítica irónica, pero que sinceramente estuvo presente en la conciencia y en la emoción de muchos falangistas. La película se llama Surcos, y fue escrita por un director falangista -Jose Antonio Nieves Conde-, y escrita por autores falangistas como Gonzalo Torrente Ballester y Eugenio Montes, que desde la crudeza de sus imágenes, de la compleja situación de la sociedad de aquellos años, con las verdades de la España de los años cincuenta – pobreza, emigración, carencias no ocultadas-, - nos ofrece una muestra auténtica de un magnífico cine, que nos da un testimonio valiente y audaz de las condiciones reales de los españoles.


             Habría que decir entonces, que Surcos, desmonta – desde aquel mismo decenio, casi recién salido de la IIª Guerra Mundial y un aislamiento internacional, la idea de un desierto cultural y artístico o la de un encogimiento absoluto de sumisión intelectual al poder político. Lo había, claro, como ahora también se dice de artistas y escritores de vivir a costa de lo políticamente correcto; entonces también lo había, pero evidentemente quien conoce en serio la historia de esos años sabe perfectamente que hubo quienes desde su independencia, personal y artística, crearían obras de indudable calidad.  El cine nos da ejemplos irreversibles porque “Surcos” no es una obra aislada y casual, sino producto de una sensibilidad presente. Recodemos, a efectos de resumen, películas como Rojo y Negro, de Carlos Arévalo, Balarrasa, también de Nieves Conde, Bien venido Mister Marshall, de García Berlanga, Historias de la Radio de Sáez de Heredia, todos falangistas, entre otras y otros que podemos enumerar sin caer en el aplauso irracional, pero que demuestra palpablemente como la Falange, se quiera reconocer o no-, mantuvo una actitud muy comprometida con la preocupación de justicia social y la vocación cultural y artística.
                    Alguien habría dicho, con cierto retintín, como se pudo hacer una película como Surcos, o anteriormente Rojo y negro, - por ejemplo-, pero esto no deja de ser más que una pose hecha para desacreditar a una opción ideológica, pero la historia es como es y no como la pretenden manipular; lo cierto es que incluso en esos tiempos tan controvertidos, y difíciles, es verdad-, la Falange dio autores y obras de magnífico nivel de calidad y prestigio desde una convicción que desafió normas y reglamentos. Quizá no desearían que así fuera, más sus nombres y sus títulos están ahí, de forma que para mí, el  repaso a una cinta como Surcos, en los comentarios de catedráticos, escritores y sociólogos que pudimos escuchar, me han reconfortado porque al fin, la verdad se abre camino, la calidad prevaleces sobre la manipulación y hoy, a través de ese programa de televisión, se reconoce una verdadera obra cinematográfica, hecha por falangistas, de lo que uno se siente orgulloso. Las secuencias del campesino en la fragua, el emigrante ante las puertas del cuartel, la perversión de la chica del pueblo, prueban una vez más, que se hizo un buen cine, un magnífico cine, digan lo que digan.

(*) Eduardo López Pascual es escritor y profesor de Literatura


Rosa García Perea debuta como novelista


domingo, 2 de diciembre de 2012

Nuevo acto de ADEMAN y Fernando III: Presentación en Sevilla de ESPAÑA DEFENDIDA de Carlos Martínez-Cavas Arenas

Estimado/a migo/a de ADEMÁN:



La oportuna publicación del libro ‘La España defendida’ de Carlos Martínez-Cava coincidiendo con el desafío secesionista de parte de la clase política catalana nos ha animado a invitar al autor a presentar su obra. Es una oportunidad para debatir con él junto con vosotros y otros representantes de la sociedad civil sevillana.

Será el próximo 13 de Diciembre a las 20:00 horas en el marco acogedor de la Fundación Valentín de Madariaga.

Posteriormente tendremos oportunidad de desearnos una Feliz Navidad y próspero año nuevo.

Ninguno de nuestros eventos se justifican sin el interés de nuestros asociados y amigos. Por esa razón no sólo te animamos a asistir sino también a reenviar esta invitación a tus contactos y amigos.


Prada en Sevilla hallando a la División Azul, al fin


martes, 20 de noviembre de 2012

Camisas viejas, descamisados nuevos

En el día del 76 aniversario del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, publicamos este artículo del insigne escritor sevillano Aquilino Duque.
A. C. Ademán.
De José Antonio a Dionisio Ridruejo: homenaje Por Aquilino Duque
Copiado de: El manifiesto.com
Yo no voy a repetir lo que ya escribí en su día sobre Dionisio, tanto en prosa como en verso, por no hablar de las cartas que le mandé, que fueron algunas, o de las conversaciones, que fueron bastantes. Cuando publicó Escrito en España, en Argentina si mal no recuerdo, me decía en Madrid que con aquel libro pretendía algo así como echarle un pulso al régimen. El régimen podía impedir la publicación de un libro, pero no su difusión, y de la difusión de escritos como el de Ridruejo fuimos muchos los que nos ocupamos por activa o por pasiva.
Lo que Ridruejo pretendía con aquellos escritos tan inofensivos era lo mismo que otros buscaban con la acción directa. Uno que fue cocinero antes que fraile, Pío Moa, no tiene empacho en confesar que el propósito de él y sus amigos era que el régimen que blasonaba de paternalista no tuviera más remedio que mostrarse represivo. Hay que decir que éstos consiguieron lo que no consiguió Ridruejo ni conseguimos los que le seguíamos, aunque fuera a distancia. El régimen que templaba gaitas con la disidencia teórica no se anduvo con contemplaciones a la hora de hacer frente a la subversión práctica y procuró dar al terrorismo su merecido, aunque sólo fuera por asegurar la libertad y la seguridad de los que no estaban por la labor, que eran la inmensa mayoría de la nación.
La pluma y la bomba
En aquellas calendas, yo ejercía la disidencia desde la barrera, es decir, desde Ginebra, como por otra parte mi compadre Valente (llevé a la pila a una hija suya en representación de Vicente Aleixandre), y desde allá escribíamos versos mortíferos que publicábamos en “el interior” sin mayores dificultades. Unos eran más mortíferos que otros, desde luego, y cuando a Valente le publicaron los de la Revista de Occidente su libro La memoria y los signos, incluyó en él una elegía al poeta brigadista John Cornford que no le gustó a Robles Piquer, entonces al frente de la Censura, aunque no la prohibió, y una especie de sátira de la no violencia que no le pareció bien a Aleixandre, que vivía en Madrid, ni tampoco a mí y eso que vivía en Ginebra.
Con tiempo y democracia, el terrorismo lograría en “el interior” la respetabilidad de que ya gozaba en las naciones “civilizadas” y la Historia les daría la razón a los poetas que habían procurado hacer con sus plumas lo que los terroristas con sus bombas. Nada más lógico pues que en una España así, en una España de valores invertidos, se permita un currinche del estado mayor de la envidia –Ortega dixit– tratar de loco a Dionisio o a José Antonio, qué más da.
En vísperas de una Feria del Libro, me llamaron de un diario sevillano para que recomendara un título cualquiera y, sin pensarlo dos veces, recomendé Canciones, del poeta jerezano José Mateos. Me dijeron que ése ya lo habían recomendado otros y repliqué que el mío era un voto más a su favor. No valió mi argumento, pues preferían que cada entrevistado recomendara un libro distinto. “Pues entonces voy a recomendar un libro que con toda seguridad nadie ha recomendado: las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera”. – “Sí, desde luego que nadie ha recomendado ese título, y ¿nos puede decir en pocas palabras los motivos de su recomendación?” – “Pues porque su lectura haría mucho bien por la salud moral de un país que está muy necesitado de ella, y porque en ella aprenderían los españoles de hoy algo que no se encuentra por ninguna parte, a saber: limpieza de prosa y claridad de ideas.”
Un centenario sordo
Por los mismos días me encontré con un ingenuo que me preguntó si se celebraría con carácter oficial el entonces próximo centenario del nacimiento de José Antonio. José Antonio dio la vida por una España que conciliara la justicia social con el sentimiento nacional, y no tengo la impresión de que estén bien vistas esas cosas por unos políticos de ideas turbias y unos folicularios que, en la feria y fuera de ella, confunden la prosa con la broza.
Ese centenario se celebró por fin sin que muchos que habían hecho carrera con la camisa azul se rebajaran a participar en él, y eso explica que algunos que nunca vestimos camisa alguna, nos sumáramos a los que nunca cambiaron de camisa sin temor a que nadie nos tachara de oportunistas ni de aprovechados y sin otra finalidad que la de honrar con la mejor voluntad la memoria de uno de esos españoles que hacen bueno aquello de que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. Fruto de aquellas jornadas nació un libro que salió adelante entre las reticencias de los medios de confusión escrita y audiovisual y la antipatía o el desdén de la clase política en general y de sus intelectuales orgánicos, tránsfugas en muchos casos de las filas de Falange.
Como botón de muestra, mencionaré al director del Ateneo madrileño, antiguo jefe de centuria, que mandó retirar el retrato de José Antonio, aunque también es justo congratularse de que un notorio ex falangista que culminó su carrera en la presidencia de un sindicato vertical no protestara cuando alguien exhumó un rancio artículo suyo en Arriba sobre su amada –y provechosa- camisa azul, bien guardada en el desván de sus recuerdos o en el armario de sus esqueletos. Espero que por lo menos se tenga en cuenta el valor moral de rendir homenaje a José Antonio en una España que, por activa y por pasiva, reniega de sí misma, y nadie más valeroso que Jaime Suárez que, contra viento y marea y sin el menor apoyo oficial, sacó aquel libro adelante.
Dice Chesterton que “no es casualidad que la palabra “homenaje” signifique en realidad hombría”. “Homenaje”, según Corominas, es palabra que data más o menos de 1140 y procede del occitano antiguo omenatge, que significaba “vasallaje”, el vasallaje que se rinde a la “hombría”, que viene de “hombre”, como omenatge viene de ome. Cuando homenajeamos a alguien nos declaramos en cierto modo sus vasallos, pero al mismo tiempo que nos inclinamos ante su hombría afirmamos la nuestra, no sólo porque reconocemos los méritos de alguien que nos es superior, sino porque al hacerlo de modo libre, nos rebelamos contra eso que llaman la “opinión pública”, por otro nombre “envidia igualitaria”. Sería ingenuo e indecente esperar por ello ningún tipo de reconocimiento.
La filosofía que hay detrás de este concepto del homenaje es la del anónimo Soneto a Cristo crucificado: No me tienes que dar porque te quiera. Con esa idea se ha hecho a lo largo de tres mil años esa España grande que seguirá existiendo cuando nadie se acuerde de los sayones beodos que hoy se juegan a los dados su sagrada inconsutilidad.

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Premio nacional de literaturaAquilino Duque Gimeno, escritor español nacido en Sevilla el 6 de enero de 1931. Licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, amplió estudios en las Universidades de Cambridge (Trinity Hall) y la Southern Methodist University en Dallas, Tejas.
En 1975 fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura de España. Anteriormente había obtenido el Premio Leopoldo Panero de poesía en 1968, el Premio Ciudad de Sevilla de novela en 1970 y el Premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1972.

lunes, 19 de noviembre de 2012

PRADA ATRAPADO AL FINAL POR SU OBSESIÓN: LA FALANGE


“Volvían con camisas viejas y zurcidas de remiendos, pero la muerte, finalmente, no los había llevado, como a tantos otros que hacían guardia sobre los luceros, impasible el ademán, esperando la resurrección de la carne...”

De Prada hace ya mucho, ese tiempo lejano de afrentas literarias, aún a la sombra de Umbral del que desertó pese a llevarse su “fondo de comercio literario” (en definitiva, un modo casi industrial de hacer metáforas que escandalizaban y de adjetivos truculentos). Así apareció, en el mercado literario, su Coños, ese libro que no se atrevían a pedir en las librerías los casados llenos de escrúpulos e inhibiciones. El más que conservador Ricardo Senabre lo santificaba, y lo pregonaba, y lo exaltaba hasta límites indecorosos, desde su púlpito de cátedra en Salamanca y sobre todo desde su página abierta en el ABC cultural. Fue una obra sin duda bella, distinta, literariamente rompedora aunque le hubiera precedido en esa transgresión el Senos de Gómez de la Serna, aunque éste fuera mucho más edulcorado.

Luego nos llegaron sus relatos de patinadores y silencios en fangos literarios, preludio en alguna zona de la que luego fue la obra en la que ya me desmarqué del autor: Las máscaras del héroe. Ya Prada se comenzó a aproximar frente a frente a José Antonio (siempre José Antonio Frente a frente), algo de él le había dejado embaucado, acojonado (como habría dicho García Serrano) aunque en ese entonces y en esa novela quiso mostrar su acritud y su lejanía, y hasta su chanza (increíble, inverosímil esa escena de José Antonio vestido de smoking con copa de cócktail en la balconada de ABC enconándose con las masas proletarias; ya sé que es literatura, ficción, pero la literatura requiere una realidad que aunque ficcionalizada sea auténtica, y por ende, verosímil).

            En todo caso, hasta esa escena ya digo que inverosímil y opaca del José Antonio con smoking y chulería y todo eso en el paseo de la Castellana de Madrid, me entusiasmó como lector adictivo de todo lo que se refiriera a ese tiempo del que todo el mundo contaba mentiras o escribía con auténtica bellaquería. Luego me alejé de su obra, de la de Prada, claro, y tras el desengaño final de una obra que yo siempre estimé apalabrada con Planeta para un premio, La Tormenta, ya sólo lo seguí alguna que otra vez en prensa cuando iba a casa de mi padre (suscriptor del ABC como sevillano que se precie) con sus colaboraciones extrañas, y yo seguía buscando a veces sus ocurrentes adjetivos, esa herencia de Umbral, pero nada más.

            Hace unas noches mi amigo y conmilitón en ciertas aventuras culturales (decir camarada está mal visto, creo que ya ni la utilizan los compinches de Sánchez Gordillo cuando asaltan y roban supermercados y asustan y acojonan vivas a las chicas de la caja, estos comunistas anclados en lo soviético pero al estilo Chicago, en plan mafioso, lo que nos faltaba por ver), pues este conmilitón –qué coño, camarada- me habló de una última publicación de Prada con un título sugerente: Me hallará la muerte, ya era la tercera vez que se le amputaba al Cara al sol un verso para intitular una obra literaria. Pues este buen amigo, el profesor Cansino, me lanzó sin proponérselo al día siguiente a la librería más cercana a mi casa, la del buen profesor socialista que cuando escribe destroza a las casas del pueblo y los que viven de ellas, qué pena que no hubiera más gente así, profesores así, me refiero.

            Y sigo el consejo del camarada Cansino, ya ni conmilitón ni leches. Y el libro, tomazo de más de quinientas páginas, me va persiguiendo esta semana de viajes. Paro en una venta y mientras como un pepito de ternera leo el tomazo, y el sonsonete de la tele de fondo, mientras Rajoy nos sonríe con sus estafas y Griñán nos engaña con sus mentiras; con el libro a mano siempre, hasta ese café solo en Aguilar de la Frontera (ya sé que es una ordinariez, pero es inevitable echar mano del libro mientras uno disfruta de un cortado aunque sea de máquina); llego a casa y sigo con el libro, me duermo con él, ya son las tantas, menos mal que mañana es sábado.

            Y poco a poco me va deslumbrando lo que voy leyendo. No soy técnico en la materia, ni crítico literario, ni nada que se le parezca. Sólo puedo decir que, en cuanto a la forma, observo al Prada de siempre, con metáforas que ya no me impresionan como a Senabre en ese tiempo. La trama es buena, folletinesca obviamente, que si no, no se entenderían sus más de 500 páginas para vender a granel entre multitud de gente para sacar dinero y que haya negocio.

            Hasta allí todo bien. Pero lo inesperado es comprobar como ese autor que antaño se permitía mofarse de alguna manera de José Antonio (o zaherirle o menospreciarle), y su cocktail en la mano, y su smoking y todo eso, chulo ante las hordas proletarias por La Castellana mientras le increpaban; pues ese mismo José Antonio (ya ni chulo ni bravucón) pasa a ser ahora el referente de toda la novela, el ídolo al que se remitirá el autor muchas veces. En ese entonces del Prada neófito con la pluma, los falangistas eran señoritos chulos y pendencieros (tenía el legado de Umbral aún muy cerca) y ahora hay buenos falangistas, falangistas auténticos, héroes que lloran, héroes que tienen que vivir un destino muy duro, que jamás imaginaron. Por encima del magnífico protagonista central que elige Prada, un pobre golfo desgraciado que ni siquiera es falangista, están otros que ni mucho menos son secundarios, complementan al actor principal hasta hacer posible la fábula. Para mí son la clave de la novela. Con sus grandezas, sus errores y sus miserias.

            Por eso para mí, esta es la novela de los falangistas auténticos que jamás desertaron de su fe. La División Azul es uno de los telones de fondo y allí cuenta el autor todo el heroísmo de que fuimos capaces los españoles. Pero aquella guerra, y esa es otra clave que nos abre Prada para que la meditemos, fue la posibilidad de ese régimen (ya chupóptero, capitalista, corrupto, democristiano, del Opus, todo eso dice Prada o pone en boca de sus personajes) para quitarse de en medio a ese puñado de jóvenes idealistas y enloquecidos que a punto de morir en el frente, o tullidos tras alguna retirada, o de regreso en el Semiramis (ya tan tarde y todos se escondían menos Muñoz Grandes), soñaban con una España azul de justicia para todos que seguramente nunca encontraron. Esa España que aún nos falta. Para mí fue una novela tranxilium.

            Una cosa más: mi alegría tras leer tantas páginas fue que, al final, alguien tan hosco al principio con todos nuestros sueños y nuestra historia, había acabado entendiéndonos de una puta vez. Cosas que pasan, que a veces pasan, como esta vez.

            Sevilla, 18 de noviembre de 2012.
Fdo. José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga    

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Reseña de la conferencia "Las Campañas de Dionisio Ridruejo" en Sevilla

Con el salón principal del Excmo. Ateneo de Sevilla practicamente lleno, tuvo lugar el pasado día 9 de Noviembre el Acto Cultural en recuerdo a Dionisio Ridruejo organizado por las asociaciones culturales ADEMAN y Fernando III.

Intervinientes en el acto
Abrió el acto el vicepresidente del Ateneo, don Miguel Cruz Giráldez quien cedió posteriormente la palabra al profesor don Jose Manuel Cansino el cual, en una brillante, documentada y amena disertación, enmarcó la figura del poeta en su tiempo y sus controversias.

Aquilino Duque
 Posteriormente tomó la palabra el insigne escritor don Aquilino Duque, amigo personal del homenajeado,  el cual versó en una ponencia prolija y trufada de vivencias personales, la poliedrica personalidad del poeta soriano.

Aquilino Duque
 Concluyó el acto con un interesante coloquio a cargo de los ponentes y asistentes al acto.



Se adjunta enlace al audio completo de las conferencias y breve acompañamiento gráfico.

Presentación en Madrid de Menendez Pelayo, genio y figura

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lunes, 12 de noviembre de 2012

Dionisio Ridruejo, un siglo. Por Antonio R. Taravillo



No ha bastado su poesía, buena pero cincelada en mármol y por ello yerta con frecuencia, ni su excelente prosa. En España, para que te conmemoren has de ser de izquierdas: si desgobierna el PSOE, por sacar en andas a los propios y, sobre todo, quienes lo rebasan por la siniestra; si el PP, por tácito reconocimiento de inferioridad (las derechas suelen pensar más con la panza que con la inteligencia). El caso es que su centenario ha sido genuinamente español: con más pena que gloria.
            Prístino falangista, uno de los que arrimaron sílabas al himno más cantado en España durante décadas –no había tu tía–, Ridruejo estuvo siempre donde creía que debía estar, primero con esa figura sugestiva, José Antonio, y después contra Franco y su “acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules” (el primero dixit). A él no se le impuso una condena a muerte como a Hedilla (conmutada), pero sí el destierro, cosa también muy española desde el Cid a Unamuno.
            Una vez comí con García Berlanga: antes de saber que era librero y solicitarme ávida noticia de títulos sobre erotismo, una chispa como de hoguera antigua le saltó a los ojos al recordar sin remordimiento su paso por la División Azul, en la que conmilitó con Ridruejo. También aquel se sintió seducir una temporada por José Antonio, la encarnación española del fascismo y su inmediata superación. Los escritos del joven Primo de Rivera de 1935 (cuando lo conoció Ridruejo) y 1936 (luego ya no pudo evolucionar más, como muchos otros) lo acercan aunque con un fondo y puesta en escena bien distintos –eran los años treinta– a la idea que en los sesenta defendió Ridruejo: una suerte de democracia social.
Creía este que los españoles podían entenderse en un país más digno y justo. Y, traductor de El quadern gris de Pla, siempre favoreció el entendimiento del resto de España con Cataluña. Los mezquinos, los bobos le impidieron difundir cuando la toma de Barcelona octavillas en catalán como pretendía.
Hoy, en el Ateneo, Aquilino Duque disertará sobre Ridruejo, el escritor y el ejemplo de una forma de política no consistente en medrar sino en marchar por un ideal a Rusia o, purgado luego por nuestro Stalin menor, el Caudillo vitalicio, a la Siberia benigna de la serranía de Ronda. Allí, pienso, tendría presente al inmortal sordo de Fuendetodos, no por las corridas goyescas –posteriores–, sino por el recuerdo de esos compatriotas que en el cuadro famoso se atizan, obedientes en el lienzo al descalabro perpetuo de nuestra piel de toro.

(El Mundo, edición de Sevilla, 9-11-12)

viernes, 9 de noviembre de 2012

Juan Van-Halen obtiene el Ciudad de Melilla

El poemario premiado se titula «Bajo otro tiempo»


Juan Van-Halen obtiene el Ciudad de Melilla
Juan Van-Halen, en una imagen de archivo
ABC

El poeta Juan Van-Halen ha obtenido el XXXIV Premio Internacional de Poesía Ciudad de Melilla con su obra «Bajo otro tiempo». El galardón está dotado con 18.000 euros y la obra será publicada por las colecciones Visor de Poesía y Rusadir.
El jurado estuvo presidido por el catedrático de Literatura Antonio Garrido y concedió el galardón por unanimidad. El propio Garrido destacó «la novedad, el desgarro y la intensidad» del libro ganador. Van Halen ya ha obtenido con anterioridad importantes premios, como el Fray Luis de León, Francisco de Quevedo, Rabindranath Tagore, Rafael Alberti y Tiflos. Es vocal del Patronato del Instituto Cervantes.
El galardón melillense ha sido obtenido con anterioridad por un buen puñado de grandes poetas como Alfonso Canales, Luis Rosales, Luis Alberto de Cuenca, Almudena Guzmán, Pablo García Baena, Ángel García López, Clara Janés y Vicente Gallego, entre otros. 

Fuente: Diario ABC

sábado, 3 de noviembre de 2012


El próximo viernes 9 de Noviembre a las ocho de la tarde en el salón de actos del Ateneo de Sevilla, en la calle Orfila, las asociaciones culturales Ademán y Fernando III han organizado un acto cultural con motivo del centenario del nacimiento del poeta y escritor Dionisio Ridruejo. El acto, que será presentado por el profesor José Manuel Cansino, contará con la presencia, por parte del Ateneo, del profesor Miguel Cruz Giráldez y con la del escritor, académico y premio nacional de literatura, Aquilino Duque, amigo personal de Ridruejo, a cuyo cargo estará la conferencia principal.
La entrada es libre hasta completar aforo.

martes, 30 de octubre de 2012

Aquilino Duque, experto en Menéndez Pelayo

Por su interés reproducimos este artículo de Alfredo Valenzuela para Efe, publicado en el Correo Vasco.
Aquilino Duque
 
Alfredo Valenzuela
 
Sevilla, 27 oct (EFE).- El escritor Aquilino Duque, director del curso sobre la figura y la obra de Menéndez Pelayo que, en conmemoración del centenario de su muerte, se celebrará en Sevilla el lunes y el martes, considera que "cualquier otro país estaría orgulloso de tener una figura de su envergadura".
Aquilino Duque (Sevilla, 1931) ha lamentado, en conversación con Efe, que este centenario "en lo oficial, no haya merecido fastos ni ceremonias", ni un congreso que haya servido para revisar su figura, como si este silencio fuese continuación de una histórica actitud hostil hacia Menéndez Pelayo.
"Ortega le debe mucho y no pronunció su nombre jamás", ha recordado.
"La Generación del 98 también lo silenció, cuando eran jóvenes todos se metieron con él", ha añadido el escritor sevillano, quien sin embargo ha destacado la exposición de primeras ediciones de los escritores del 98 dedicadas a Menéndez Pelayo que se ha celebrado este año en Santander y que demuestra cómo ese distanciamiento se tornó veneración.
 
"La más emocionante de esas dedicatorias es la de Antonio Machado, que envía desde Baeza un ejemplar de 'Campos de Castilla', con dedicatoria del 20 de mayo de 1912; no se había enterado de que don Marcelino había fallecido la víspera", ha señalado Duque.
En el recién publicado "Menéndez Pelayo. Genio y figura" (Encuentro), del que Duque es coautor junto a César Alonso de los Ríos e Ignacio Gracia Noriega, el escritor sevillano apunta cómo también tuvo una "hostilidad juvenil" hacia un señor a quien no se había tomado "la molestia de leer".
Duque ha reiterado que aquella hostilidad de su época universitaria se debió a razones extraliterarias y extracientíficas, pero, ha añadido: "Como nos sucede a todos, una vez que nos acercamos a su obra, sucumbimos".
Duque ha rememorado que cuando Jorge Luis Borges dirigía la Biblioteca Nacional Argentina tenía dos libros de autores españoles sobre su mesa, "El Quijote" y la "Historia de los heterodoxos españoles", de Menéndez Pelayo, obra que ha considerado la más adecuada para adentrarse en la obra del sabio santanderino.
Menéndez Pelayo
 El especialista ha añadido que "Historia de los heterodoxos españoles" se lee como "una novela, es polémica y divertida, está bien escrita y es amena"; una narración que cuenta la vida del Padre Marchena y la de Servet, entre otros.
"En 'Los heterodoxos' está lo esencial de lo que hay que decir de cada personaje, también de Blanco White", añadió.
"A don Marcelino -escribe Duque en 'Genio y figura'- se le opusieron frontalmente todos aquellos que estimaban que toda la Historia de España era la historia de una equivocación, en la que, en nombre de un afán de unidad, se habían sofocado desde los siglos más remotos todos los brotes heterodoxos que podrían haber hecho de la piel de toro una piel de cocodrilo".
No obstante, el especialista señala que la obra del sabio santanderino "no se dirigía en exclusiva a sus compatriotas o correligionarios, sino a todos aquellos a quienes participasen en una tradición y una historia comunes, por más que habitasen en otros confines o profesaran ideas contrarias".
En el curso que el lunes y el martes se celebrará en la Academia de Buenas Letras de Sevilla, organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), intervendrán, además de Aquilino Duque, los catedráticos José Luis Comellas, Vicente Lleó y Francisco Rodríguez Adrados, y el periodista César Alonso de los Ríos, entre otros. 
EFE

No es problema

No es problema
Miguel Angel Loma
Erróneamente se podría pensar que en Cataluña deben ser ya muchos los que han perdido el seny, cuando alguien como el presidente del Grupo Nutrexpa, cuyos productos tienen como principales consumidores a todos los españoles, participa en una manifestación convocada para decirle al resto de España que ahí os quedáis, porque somos tan solidarios que, de vosotros, sólo admitimos vuestros dineros. Pero no, no es tan grave la cosa si atendemos a muy autorizadas voces. Como por ejemplo la del Príncipe de Asturias en la recepción ofrecida en el Palacio Real con motivo de la Fiesta nacional del pasado 12 de octubre, donde don Felipe de Borbón -en respuesta a un grupo de periodistas que le preguntó por la situación catalana- contestó que «Cataluña no es un problema», y que lo que está sucediendo lo pueden arreglar lo políticos y las instituciones si actúan con responsabilidad y siguiendo todos el mismo rumbo; que es algo muy parecido a aquello de que si mi abuela tuviera dos ruedas, un sillín y un manillar, en vez de mi abuela sería una bicicleta. Y  que también nos recuerda a aquel «Hablando se entiende la gente» que hace ya casi diez años le dijo su padre al republicano y secesionista Ernest Benach, presidente por aquel entonces del Parlamento catalán. Es lo que tiene ser rey o príncipe:  que se disfruta de una visión de Estado mucho más sosegadora y apacible de la que padecemos quienes no podemos observar la realidad desde excelsas atalayas. Pero no, no hay que preocuparse. Ni siquiera ahora que hasta un club de fútbol como el Español (o Espanyol, da igual) apuesta abiertamente por la internacionalización de las selecciones deportivas catalanas, y un joven obispo como Novell cree posible pescar en los charcos. Cataluña no es un problema, el príncipe no va desnudo y siempre nos quedará Cartagena.   
Miguel Ángel Loma 

Estelada

viernes, 26 de octubre de 2012

Genio y figura

Por su indudable interés reproducimos este artículo publicado en Diario de Sevilla.
Rafael Sánchez Saus
HOY presenciamos el lento suicidio de un pueblo que engañado mil veces por garrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan y, corriendo tras vanos trampantojos de falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada paso las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la historia los hizo grandes, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce". Cuando Marcelino Menéndez Pelayo pronunció estas palabras que nos traspasan corría el año de 1910, España asistía al agotamiento de la monarquía constitucional canovista, los separatismos irrumpían con fuerza creciente tras el desastre del 98 y al gran intelectual de la Restauración le quedaban menos de dos años de vida.

El centenario de la muerte de Menéndez Pelayo, más allá del preceptivo congreso de especialistas y del homenaje de su Santander natal, está pasando del todo inadvertido y por eso son más destacables dos acontecimientos, uno reciente, el otro inminente: el primero, la aparición en Encuentro de Menéndez Pelayo. Genio y figura, sabrosa colección de ensayos de tres maestros del género como son Ignacio Gracia Noriega, César Alonso de los Ríos y el gran patriarca de las letras andaluzas, Aquilino Duque. El inminente, la celebración del simposio, dirigido por este último, que se celebrará la semana que viene en la sede de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. No es mucho, pero sí muy bueno.

Es increíble que una personalidad como la de Menéndez Pelayo, considerado dentro y fuera de España como una de las cimas de la sabiduría europea, haya sido postergada de la forma que lo ha sido y lo es en su propia tierra, y que se haya privado de su huella a generaciones enteras de estudiantes de Letras, a pesar de que nadie se atreve a discutir su grandeza como historiador de las ideas, la literatura, la ciencia y el arte. Y este menosprecio inadmisible no es sólo el resultado de las banderías cainitas, sino ante todo de su olvido por la España que, también hoy, "en vez de cultivar su propio espíritu hace espantosa liquidación de su pasado". Dice César Alonso de los Ríos en el libro arriba mencionado: "Quizá si nuestros conservadores fueran, en general, un poco más cultos y tuvieran el coraje suficiente para asumir el pasado del que proceden… encontrarían en Menéndez Pelayo una respuesta reconfortante a los problemas que les plantea la asunción de su pasado". Me temo que don César pide demasiado.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Dónde están los curas

«Los curas tratan de paliar lo que los comunistas destrozasteis»

EL MUNDO

Salvador Sostres

Salvador Sostres.  
Un comunista asaltó el otro día el colegio de los Salesianos de Mérida al grito de "¿Dónde están los curas, que les vamos a quemar".
¿Cómo que dónde están los curas? ¿No sabes dónde están los curas, comunista? No me extraña. Y no me extraña porque están donde tú no estás ni nunca has estado. Mientras tú haces el ridículo con tu ideología de fracaso y de muerte, ellos están predicando el amor y la vida. Mientras tú te haces el héroe de pacotilla, ellos humildemente hacen lo que pueden y lo que no pueden para paliar el sufrimiento de tantas personas desamparadas. Mientras tú prodigas el odio, ellos practican la compasión.
 
Ayer y ahora, los curas tratan, en definitiva, de paliar lo que vosotros los comunistas destrozasteis. Tratan de propagar el amor como metáfora de la solución universal y de hacer llegar la caridad allí donde vosotros sembrasteis el desastre.
Siempre habéis querido quemar iglesias y a los curas, eso no es ninguna novedad. Tampoco es nuevo que asaltéis colegios y que tratéis de imponer vuestra brutalidad y vuestra ignorancia. Es lo único que sabéis hacer y lo único que habéis hecho a lo largo de vuestra funesta trayectoria.
 
Pero por suerte, al final, habéis perdido siempre. Todo lo vuestro se ha derrumbado de miseria y muerte. Y han tenido que venir los curas y otros hombres de Dios a remontar con mucho amor  y mucha generosidad vuestros destrozos, a restablecer la dignidad y la libertad que son los dos grandes dones de Dios y justo lo contrario de vuestra atrocidad igualitarista que niega los propósitos de la Creación y es contraria a los intereses de la Humanidad.
Mártires Salesianos
 ¿Dónde están los curas? Preguntas fríamente cómo amo la vida y no querrías escuchar lo que te diría un grito. Los curas están despojándose de ellos mismos para ser y crecer en los demás, para hacer que el reino de Dios sea de este mundo y para que haya Providencia para todos.
¿Los queréis quemar? Ya de vosotros no me extraña nada. Sois un tanque contra cada esperanza de la Humanidad.

martes, 23 de octubre de 2012

Dionisio Ridruejo, presente

"Se cumplen hoy 100 años del nacimiento del escritor y político soriano, un hombre bueno que asumió sus errores de juventud y evolucionó del fascismo a la democracia"  Ignacio F. Garmendia / Sevillla

. Junto al general Yagüe tras la toma de Barcelona en enero de 1939.  

"Cervantes, por infeliz, / Juan de la Cruz, por celeste, / por deslenguado, Quevedo, / Jovellanos, por decente, / por aguileño, Unamuno, / Marañón, por impaciente, / Besteiro, por conservar / todo su honor indeleble. / ¿Y tú, Dionisio, por qué, / por qué tantas veces huésped / de las cárceles de España? / Por heredar a esos siete". Fechado el 27 de noviembre de 1974, el poema fue compuesto por don Pedro Laín Entralgo en homenaje a su viejo amigo Dionisio Ridruejo, una hermosísima "décima arromanzada" que tituló -con más desparpajo de lo habitual en sus manifestaciones públicas- Españoles en chirona. A Laín lo fustigó Umbral reiteradamente -por ejemplo en una de sus mejores novelas, Leyenda del César visionario (1991), donde acuñó la expresión "los laínes" para referirse al círculo de escritores falangistas que merodeaban en torno al gobierno de Burgos- porque según parece le había negado su apoyo para ingresar en la Academia. Pero sin pleitos de por medio lo ha explicado mucho mejor Andrés Trapiello, cuando señala que las cartas inéditas que el médico y humanista aragonés incluyó en su tardío libro de memorias, Descargo de conciencia (1976), ya las podía haber publicado en vida de Franco, del que nunca se permitió disentir aunque a sus espaldas o de tapadillo apoyara postulados afines a la democracia cristiana.

Los versos citados, sin embargo, redimen a Laín de sus dudas acomodaticias o de su pusilanimidad de persona honesta, pero claudicante. Infeliz, celeste, deslenguado, decente, aguileño, impaciente u honrado son calificativos -para no hablar de los altos ejemplos que aduce- que cuadran perfectamente con una personalidad como la de Ridruejo, el centenario de cuyo nacimiento celebramos o deberíamos celebrar estos días. La figura del poeta y político de Burgo de Osma ha sido reivindicada por Jordi Gracia en varios libros que fructificaron en el reciente La vida rescatada de Dionisio Ridruejo (2008), donde recorre con excelente pulso narrativo buena parte de su singular trayectoria, pero no conviene olvidar las aportaciones de Antonio Machín Romero, Manuel Penella o Francisco Morente, que en Dionisio Ridruejo. Del fascismo al antifranquismo (2006) analizaba los pasos que recorrió el soriano desde su inicial fascinación por el fascismo -llegó a ser Jefe Nacional de Propaganda, el equivalente español de Goebbels- hasta convertirse en una de las cabezas visibles de la militancia antifranquista.
3. Con su mujer, Gloria de Ros, y sus hijos Gloria y Dionisio en 1953.

"Este hombre desmedrado que aquí veis, no ha hecho en la vida otra cosa que equivocarse". Umbral solía citar las palabras de Cela -dos grandes escritores que por su recalcitrante oportunismo se sitúan en los antípodas de Ridruejo- en el homenaje que se le tributó a Dionisio con motivo de la publicación de su maravillosa Guía de Castilla la Vieja (1974), aparecida en el invierno de su vida. Celebrado en una abarrotada librería madrileña en abril del 75, el acto fue aprovechado por el escritor -por entonces envejecido y enfermo- para insistir en la necesidad de un cambio político que clausurara para siempre el régimen nacido de la Guerra Civil: "Estamos cansados de una España para gigantes. Necesitamos una España acomodada al tamaño del ser humano, y desde la desesperación esperamos su advenimiento". Hubo quien lo proponía, no sin perspicacia, como futuro presidente del primer gobierno de la democracia restaurada, pero murió sin llegar a ver por unos meses el final de la dictadura que había contribuido a fundar y de la que se hallaba apartado desde hacía décadas. Su último "error", dejó escrito Umbral, era haberse muerto "cuando más falta nos hacía".

Dionisio Ridruejo fue un gran hombre y un poeta discreto, pero jamás presumió de lo primero ni se engañó respecto a lo segundo. Llegó a lo más alto siendo apenas un muchacho y tuvo toda la vida para arrepentirse. No trató demasiado a José Antonio, pero se decía que su hermana Pilar estaba enamorada del poeta y el hecho es que ella y su círculo lo protegieron siempre. A Franco le envió una carta que sólo él pudo escribir, en aquella España adocenada en la que nadie osaba toserle al dictador ni mucho menos enmendarle la plana. Cuando volvió de la División Azul, adonde lo habían llevado su temprana disidencia -todavía entonces, por su lealtad al fascismo- y la mala conciencia, compartida por otros señalados jerarcas, de no haber hecho la guerra ni pisado el frente más que para dar mítines, pesaba cuarenta kilos y hubo que repatriarlo casi a la fuerza. En Barcelona se enamoró de su futura mujer, Gloria de Ros, y de la lengua catalana, entró en contacto con el grupo de la revista Destino -falangistas, ellos sí, liberales, claramente aliadófilos- y fue poco a poco evolucionando hacia la socialdemocracia, proscrito por las autoridades pero engrandecido por la persecución, arrastrando con dignidad el estigma de la traición y sin perder nunca la condición y la fama de hombre bueno.
Con el llamado grupo de los Laínez
2. En 1942, confinado en Ronda

Confesó sus culpas de juventud sin que nadie le instara a ello. Vivió siempre de forma precaria y con grandes apuros económicos. Nunca habló mal públicamente -léase su póstumo e imprescindible Casi unas memorias (1976)- de sus antiguos camaradas de la Falange, aunque razones no le habrían faltado, ni rompió con los amigos personales por causa de la ideología. Intentó ver lo mejor de cada uno y a él se deben -aún impresiona leerlas- las primeras declaraciones públicas que defienden, pero de verdad y desde dentro, una definitiva reconciliación entre los españoles. Estuvo implicado en el famoso contubernio de Munich y trabajó por la democracia venidera cuando muy pocos lo hacían. Siempre lo guió el sentido del deber, una radical honestidad que superó todas las pruebas. Mientras otros se aplicaban al medro, él se desentendió de sí mismo y asumió el difícil partido de la moderación, dejando de lado las proclamas maximalistas o el mezquino afán de revancha. En Ronda, donde vivió el primero de sus muchos destierros, aún se aprecia su aura, acaso hermanada con la del poeta Rilke. Nuestra pobre vida política necesitaría muchos hombres como Ridruejo -no gigantes, sino personas generosas, cabales, despreocupadas del propio beneficio- para levantar el vuelo, pero con que hubiera uno solo podríamos albergar un cierto grado de esperanza.
Diario de Sevilla

martes, 16 de octubre de 2012

La dignidad de la pobreza

Debuta, salvo error u omisión, Pedro Cantero en el mundo de la ficción con esta novela ambientada en el periodo previo a la última guerra civil española. Y lo hace con algo más que dignidad y bastante pobreza de fatuas pretensiones formales. La novela del autor adoptivo visueño, recoge y refleja  la imagen fidedigna del campesinado de la baja Andalucía del periodo  de preguerra. Para ello Cantero ha desnudado su prosa de cualquier adorno que la distrajera y ha descendido al miserable ambiente de los braceros andaluces de aquella época en toda su crudeza.
La novela
Hambruna, niños famélicos desnudos, frío, enfermedades, hacinamiento y analfabetismo son tratados por Cantero con toda la dureza que exige el tema para lo cual no ha dudado en retorcer los tópicos al uso y así aumentar la perspectiva de aquella tremenda desigualdad social, auténtico polvorín de la España de los años treinta.
Braceros andaluces
 La novela transcurre en un pueblo ficticio en la campiña gaditana donde confluyen, familias de campesinos sin absolutamente nada con lo que sobrevivir tanto física como espiritualmente, con la abismal desigualdad de los terratenientes de la época. Constituye este ambiente de miseria, represión y explotación del hombre por el hombre, terreno abonado para el crecimiento del anarquismo y el comunismo revolucionario. Nuestro autor relata en boca de sus personajes, aquel clima de odio cainita que la situación de profunda injusticia social genera entre la población. Se suceden  y entremezclan las peripecias existenciales de los personajes, sus entrañables detalles cotidianos, con los ajustes de cuentas pretéritas, no solo entre los elementos de diferentes clases sociales, sino también entre personas con lazos familiares de sangre que piensan de otra forma como en el caso del matrimonio formado por el falangista y la hermana de líder libertario.
Anarquistas de la Baja Andalucía
Es precisamente en este turbulento ambiente donde surge un pensamiento nuevo, incomprendido y perseguido a diestra y siniestra que viene a redimir, desde el vértice de la tarea común de la construcción de una empresa superior, al hombre como verdadero portador de valores espirituales negados por las ideologías revolucionarias en boga en la época. Una ideología de redención del hombre por la nación cuya revolución, a la postre, sería birlada por aquellas oligarquías que usaron su sangre para seguir prevaleciendo.
El resto, puede imaginárselo el lector: odio, venganzas y matanzas previas a la debacle civil entre hermanos más sangrienta de nuestra historia.
Casas Viejas
 El avance del comunismo frente al extendido anarco-sindicalismo del campo andaluz es fielmente contado por el autor mediante una prosa austera, lacónica y comprometida; ausente de artificios, como corresponde al estilo del ideario falangista del escritor visueño.
Pedro Cantero
Cantero deja abierta la historia para una sucesiva entrega que, dado el buen sabor de boca que deja la primera ,a buen seguro creará impaciencia entre sus lectores.

E.L.S.

ADEMAN

jueves, 11 de octubre de 2012

Manifiesto Andaluz por España


Manifiesto andaluz del 12 de octubre

Rafael Sanchez Saus

NOS alcanza el 12 de octubre, fiesta nacional de las Españas, con un estado de ánimo más propio de velorios que de desfiles y proclamas. Me pregunto si nuestros bisabuelos vivieron el 98 con la misma sensación de fin de ciclo, de decadencia, de acabóse que hoy se percibe en cuanto se rasca levemente la coraza casi siempre alegre, al menos bulliciosa, que el español usa en sociedad.

Que en este ambiente un grupo nutrido de sevillanos se hayan resuelto a redactar un manifiesto a los españoles para afirmar que "es la hora de un gran acuerdo nacional que responda, sin complejos, a las amenazas, hasta ahora impunes, que desde las propias instituciones de la Nación se están llevando a cabo por quienes de una manera u otra han decidido socavar los cimientos de España" me parece un acto tan meritorio como simbólico. Recalco lo de sevillanos no sólo porque de Sevilla haya partido la iniciativa, también porque creo que en la actual situación de España, toda Andalucía, pero especialmente Sevilla por ser su capital histórica, tienen mucho que decir. De Andalucía partió la solución política al dilema que se planteó en los comienzos de la Transición en torno a las llamadas nacionalidades históricas. El rechazo de los andaluces a un trato discriminatorio en aquel momento decisivo de la configuración del Estado de las Autonomías tuvo un peso determinante. Y aquella protesta masiva, que no pudo ser desoída ni en Madrid ni en Barcelona, es la que recondujo la cuestión territorial al claveriano "café para todos".

A menudo me he preguntado qué hubiera pasado si Andalucía hubiera canalizado su demanda hacia la afirmación de la unidad y no hacia la instintiva reclamación de igualdad con los insaciables. Ahí ya estaba asumida la absurda carrera hacia la disgregación del sentimiento nacional que ha prevalecido en los últimos treinta años. Pero Andalucía podía entonces, y puede ahora, con su enorme peso político en el total español, convertirse en el adalid de la unidad de la que ella es principal beneficiaria. Pero no, nuestros políticos no tienen el corazón en esas cosas, sino en la obsesión de no ser, nunca, menos que nadie en su pueblo.

"Los españoles que cada día nos echamos la Patria a hombros estamos seguros de que nos espera y nos pertenece un porvenir alegre en el que, por encima de tierras, lenguas y credos, nos reconozcamos en una España ancha, resuelta en su identidad y repleta en libertades". Palabras así, dichas con acento andaluz, es lo que están necesitando oír los españoles en estas horas tristes.



 
MANIFIESTO PLATAFORMA CIUDADANA 12 DE OCTUBRE EN SEVILLA
Estimado amigo,
Convive, con la cotidiana lucha de familias y empresas españolas por salir adelante de esta crisis económica, el desafío de quienes, frente a los demás,  reivindican  una independencia que subvierta aquellos valores en los que los españoles nos reconocemos y encontramos: unidad, solidaridad, igualdad y libertad, recogidos ampliamente en nuestra Constitución. 
Abundan los representantes de las más altas Instituciones de los distintos Poderes del Estado que, como mucho, contraponen  una calculada abstención ante tal atentado contra la solidaridad entre españoles o recurren a meros  argumentos económicos para, sobre ellos, mantener la unidad de todos los españoles como si la Unidad de nuestra Nación, tan sólo dependiera del saldo de una cuenta de pérdidas y ganancias. En la España, esa en  la que nos reconocemos, que ha conseguido avanzar en la integración de todos cuantos han venido buscando un futuro digno, se le ha impuesto a nuestros hijos un adoctrinamiento que, impunemente, los va envenenando  en el odio al semejante a lomos de una historia local maniquea  y falsa que sólo busca levantar fronteras allí donde la tierra era llana.
Si educar en el odio al diferente es, afortunadamente, una práctica socialmente reprobada y judicialmente perseguible, ¿qué razón encontramos para permitir una educación que fomente e  inocula el odio entre los españoles según su residencia?
Las propias lenguas de España parece que han dejado su natural esencia de mecanismo social de entendimiento para ponerse al servicio del enfrentamiento y blandirse como obstáculos en el desarrollo vital de aquellos que han de procurarse su porvenir en otras tierras distintas de las que le vieron nacer.
Quienes impulsamos esta celebración del 12 de Octubre, hacemos un llamamiento, a todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, a las extraparlamentarias y a la sociedad civil en general, a trabajar juntos en alumbrar soluciones inmediatas ante la grave crisis económica, política, social y moral que invade nuestro país.
Pónganse los partidos políticos de acuerdo porque la sociedad ya lo está en defender este espacio de solidaridad y ayuda mutua que es España. Dejen de ser entes autistas incapaces de ponerse de acuerdo salvo cuando se trata de sacar adelante un plan financiero de ajuste impuesto por Bruselas. España no es  solo un puñado de cifras económicas ni una Nación que por única ley tenga el reglamento de un casino.
Es la hora de un gran acuerdo nacional que responda, sin complejos, a las amenazas, hasta ahora, impunes que desde las propias instituciones de la Nación se están llevando a cabo por quienes de una manera u otra han decidido socavar los cimientos de España y lo hacen, para mayor escarnio, con dinero público.
Es la hora inaplazable de replantearse  sin miedos ni servidumbres, la organización territorial del Estado. Una sociedad democrática y madura tiene derecho a plantearse si sus administraciones atienden eficazmente los servicios públicos y así, revisar y remover todas aquellas duplicidades y triplicidades que sólo sirven a los intereses de la clase política y a los intereses territoriales de partido cargando sobre los hombros de los españoles, el peso de  unos presupuestos hipertrofiados que nos hace pagar impuestos hasta la extenuación.
 
En Cataluña durante el pasado mes de septiembre hemos podido constatar que el nacionalismo, apoyándose en la máxima autoridad de dicha Comunidad Autónoma, ha desafiado al pueblo español solicitando expresamente una consulta popular soberanista que no ha recibido una respuesta clara y contundente por parte del Gobierno de la Nación. Es por ello, por lo que nuestro manifiesto toma aún más importancia, considerando que la movilización de la sociedad civil es vital para mantener la unidad nacional y para superar resueltamente esta crisis que nos angustia pero que no conseguirá vencernos. 
Si los políticos elegidos electoralmente continúan dimitiendo de su condición de representantes del pueblo español, se ahondará en esta sangrante realidad que nos muestra a España como una superposición de particularidades yuxtapuestas sin que nadie recuerde ni de dónde venimos ni si tenemos un futuro juntos.
La sociedad civil, los españoles que cada día nos echamos la Patria a hombros y con nuestro esfuerzo llenamos el plato de comida y las alforjas de esperanza, estamos seguros de que nos espera y nos pertenece un porvenir alegre en el que, por encima de tierras, lenguas y credos, nos reconozcamos en una España ancha, resuelta en su identidad y repleta en libertades.
Plataforma Ciudadana 12 de Octubre en Sevilla.
Sevilla, 10 de Octubre 2012.