Mostrando entradas con la etiqueta Rafael Sánchez Saus. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Rafael Sánchez Saus. Mostrar todas las entradas

lunes, 27 de noviembre de 2017

ACTO CON HERMAN TERTSCH EN SEVILLA

Reseña de María Fidalgo para www.sevillainfo.es

Ante un nutrido aforo, la Asociación Ademán organizó este jueves en el Club Antares una conferencia del periodista Hermann Tertsch titulada «España y Europa en la encrucijada»,  moderada por el periodista Romualdo Maestre. Presentó el acto Mercedes Valdivia, miembro de Ademán que resaltó el vigor de una asociación que tiene ya 40 años de antigüedad y que mantiene entre sus principios la defensa de los valores de España. Trestsch fue presentado por el catedrático de Historia, Rafael Sánchez Saus, que hizo una interesante y profunda semblanza sobre su trayectoria en la que parafraseó diferentes escritos del autor.
Hermann Tertsch, se ganó el seguimiento incondicional del auditorio “ desde el minuto uno” . Con soltura y gran carisma  hizo una intervención de altura, demostrando su gran capacidad de análisis y visión crítica. Aunque calificado por algunos como“ políticamente incorrecto” sus valores le distinguen entre el panorama periodístico español como una voz autónoma y discordante, pero fundamental e imprescindible para la comprensión de los convulsos tiempos que nos está tocando vivir.

(El público llenó el aforo del salón de actos del Club Antares)

El periodista, a lo largo de su ponencia, fue ofreciendo titulares contundentes. Comenzó haciendo una reflexión sobre la situación actual europea, incidiendo en el caso alemán y los diferentes pactos de Ángela Merkel en relación a la política migratoria. Criticó con dureza el futuro acuerdo de reunificación familiar y sus peligros para Europa, así como la falta de voces críticas y el pacto de silencio ante los desequilibrios sociales que provocan,  “ejemplificado en los 5 días de silencio de los medios de comunicación sobre la cadena de asaltos y violaciones de fin de año, o la impunidad con la que vivió una mafia pakistaní de explotación sexual de menores durante más de una década”, denunció.
Habló también de los países centroeuropeos como Hungría que no tienen pasado colonial y son homogéneos y que defienden su soberanía territorial ente el multiculturalismo, que para Terstch no es un valor cultural, sino contrario porque rompe las sociedades en ghettos.
Abordando el caso español, profundizó en que los problemas actuales vienen de la transición y el reparto de las competencias, generando poderes duplicados. Fue muy duro con la llamada “ partitocracia” y su falta de voluntad de reformar el estado, y demoledor se mostró con Rodríguez Zapatero, “el personaje que más daño ha hecho a este país desde la guerra civil. Alentó el revanchismo, es culpable de la radicalización y destruyó valores”. “Ahora muchos socialistas reniegan de él pero en su momento nadie rechistaba”.
Tertsch también fue crítico con la actuación del Gobierno ante el secesionismo catalán, ya que «ha desperdiciado otra gran oportunidad, junto a la que tuvo cuando tuvo mayoría absoluta» con la aplicación del artículo 155 para acabar con dos de los pies del separatismo: la televisión autonómica y el adoctrinamiento en la educación. Y parafraseó a Federico Jiménez Losantos que considera que “hay al menos seis comunidades que había que intervenir” entre ellas Baleares y Valencia donde no se respetan derechos fundamentales, o Galicia con una política de normalización lingúistica agresiva.
No sé casó con nadie. Tuvo palabras terribles para la derecha, pero también también para la izquierda. DePablo Iglesias a Monedero y de Soraya Saenz de Santamaría y Cristina Cifuentes, de actuaciones difícilmente calificables, a un coherente Pablo Casado.
La parte más esperanzadora del discurso fue su confianza en el poder de la Sociedad Civil y ponderó de sobremanera la figura de Felipe VI, «es absolutamente histórico que el Rey se haya puesto a la cabeza de las inquietudes de esa nación en contra de las posiciones del Gobierno”
Fuente original: https://www.sevillainfo.es/noticias-nacional/hermann-tertsch-zapatero-ha-sido-el-personaje-que-mas-dano-ha-hecho-a-espana-desde-la-guerra-civil/

(Tuit de agradecimiento de Herman Tertsch que incluye reseña en ABC)

martes, 15 de agosto de 2017

LA HISTORIA DE ESPAÑA Y AL-ANDALUS por RAFAEL SÁNCHEZ SAUS (CATEDRÁTICO DE HISTORIA MEDIEVAL DE LA UNIVERSIDAD DE CÁDIZ). Publicado en ABC el 12/8/2017

«La ideologización del actual debate sobre la forma en que al-Andalus puede y debe ser explicado en el conjunto de la historia de España no puede separarse, pues, del hecho de que es esta la que en estos momentos es discutida como nación, como proyecto común y hasta como marco histórico e identitario en contra de la voluntad consagrada por las generaciones y la evidencia que los siglos respaldan»

¿Qué lugar ocupa al-Andalus en la historia de España y en la conciencia histórica de los españoles? La cuestión arrastra el peso de debates culturales y políticos vivísimos en la actualidad y no ha dejado de hacerlo desde que emergió en el seno de la historiografía española. Estamos ante un problema de interpretación, de juicio histórico que hunde su raíz en la vida de España, reproduciendo en cada momento, con gran fidelidad, las tensiones y pasiones dominantes.



Lo cierto es que al-Andalus, su significación y su legado cultural, dejaron de formar parte de la realidad de España y del horizonte de sus habitantes ya en el siglo XVI, y de manera definitiva desde la expulsión de los moriscos hace más de cuatrocientos años. Desde entonces la memoria de al-Andalus, despegada en buena medida de la historia, lo convierte en un ente ambiguo, sujeto alternativo de idealización y denigración, cuando no de ambas cosas a la par, reflejo de un «otro» casi absoluto –«el moro»– que por oposición contribuye a la elaboración de la propia imagen. Y es que, desde hace siglos y hasta hoy, la imagen de al-Andalus y el lugar que se le reserva en la historia de España no dependen en buena medida de lo que aquel mundo desaparecido fue, ni de la verdad histórica, sino fundamentalmente de los avatares propios de la conciencia española y de la coyuntura política interna. Y esa conciencia, en su cambiante discurrir ha necesitado siempre, como consecuencia de la idiosincrasia hispana, de una continua reelaboración, de su adaptación a tiempos sucesivos de vigorosa afirmación o rabiosa negación, pasando por etapas de despegada indiferencia o escepticismo, quizá en una de las cuales hoy nos encontramos sumidos. En medio de esos avatares, sublimado o despreciado, integrado o rechazado, el «otro» –pues ese papel ha representado siempre el «moro» en la historia y percepción de los españoles– sigue cumpliendo hoy el papel asignado desde hace muchas generaciones.
Así fue siempre. Desde mediados del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, la corriente historiográfica que podríamos llamar liberal, representada por figuras de la talla de Modesto Lafuente, Rafael Altamira, Ramón Menéndez Pidal o Claudio Sánchez Albornoz, se ocupó en rastrear los elementos que habían compuesto la identidad colectiva de los españoles en su historia. En ella se resaltó todo lo que había de occidental y naturalmente hispánico, de lo que se derivó una interpretación de la conquista y dominación islámicas en la que los aspectos de ruptura con el pasado hispano-visigodo eran minimizados, de forma que al-Andalus podía ser presentado como continuador de ciertas constantes de la idiosincrasia hispana. En 1933, dos arabistas de la talla de Miguel Asín y Emilio García Gómez escribían: «Los estudios árabes son para nosotros una necesidad íntima y entrañable, puesto que […] se anudan con muchas páginas de nuestra historia, revelan valiosas características de nuestra literatura, nuestro pensamiento y nuestro arte...».
Las fisuras de esta visión integradora, aunque poco fiel, de al-Andalus en España comenzaron a percibirse con ocasión de los cambios historiográficos acaecidos en los años 70, pero no puede obviarse su absoluta sincronía con la mutación política e ideológica que se produce en España desde 1975. La Transición tuvo un efecto decisivo en la percepción de la historia de España a través de la implantación del régimen autonómico. En la nueva configuración política, y en correspondencia plena con aquél, el discurso esencialista y unitario de la historia de España es abruptamente sustituido por una visión regionalista, pronto teñida de nacionalismo agresivo contra la hasta entonces indiscutida patria común. Y en consecuencia, al-Andalus hubo de ser repensado.
Desde los años 80, tras los reveladores trabajos de Pierre Guichard, se evidenció que no es defendible la idea de que al-Andalus haya podido constituir una versión musulmana de un alma o genio español que hubiera podido sobrenadar los siglos y los distintos momentos históricos. El nuevo pensamiento al respecto, que ha implicado la desaparición de términos como «España musulmana» o «civilización hispanomusulmana», proclama, como constatación irrefutable, que al-Andalus fue una sociedad árabe e islámica semejante a las de Oriente o del norte de África.
Como no se le puede ocultar a nadie, este planteamiento, cuando se une a la discusión actual sobre el propio concepto de historia de España, en cuya demolición se trabaja activamente con verdadera irresponsabilidad, atrae problemas de enorme complejidad. Y es que parece claro que la muy lógica, desde el punto de vista científico, exclusión de al-Andalus de la historia de España propiamente dicha, tiene la consecuencia, impensable todavía hacia 1980 pero no ya hoy, de facilitar y, hasta cierto punto, justificar la reivindicación del legado y hasta del viejo territorio andalusí por sus herederos culturales, sociológicos y étnicos. A ello hay que añadir, por increíble que pueda parecer, que la desaparición histórica de al-Andalus no es un tema cerrado, al menos emocionalmente, para una parte de la actual comunidad científica que se ocupa en estas tareas, y así al-Andalus es hoy otro ámbito al que se pretende trasladar el inacabable ajuste de cuentas en que se ha convertido la vida intelectual y cultural española.
En ese sentido, su recreación en buena parte ficticia –recordemos la utilización del mito de «las Tres Culturas»– y su privilegiada exención de cualquier juicio histórico no son caprichosos, son armas al servicio de los debates generados por la actual crisis de la conciencia nacional española y los desenlaces que se adivinan en el horizonte. La ideologización del actual debate sobre la forma en que al-Andalus puede y debe ser explicado en el conjunto de la historia de España no puede separarse, pues, del hecho de que es esta la que en estos momentos es discutida como nación, como proyecto común y hasta como marco histórico e identitario en contra de la voluntad consagrada por las generaciones y la evidencia que los siglos respaldan.

jueves, 11 de julio de 2013

Buitres



Rafael Sánchez Saus

 

  11.07.2013



Buitres, por Rafael Sánchez Saus

ESTA mañana, sobre la alomada cresta del Verdugo, señor del gaditano Prado del Rey, se acumulan los buitres. Sólo desagradable en tierra y en los reportajes de La 2, el buitre es bello y majestuoso en vuelo, un vagabundo de grandes espacios que juega con el levante a ver quién llega más alto y más lejos. Las culturas antiguas y tradicionales eran y son ajenas a la repulsión que en Occidente nos suscita: para los egipcios representaba nada menos que la idea de la madre, vaya usted a saber por qué; los persas -nos cuenta Cirlot en su famoso diccionario de símbolos- exponían sus cadáveres en altas torres para que los buitres los devorasen y, de ese modo, propiciar su renacimiento, que ya hay que creer. Finalmente, los hindúes ven en ellos fuerzas espirituales protectoras que sustituyen a los padres -es de esperar que sólo a algunos, modelo Bretón- y los hacen emblema de abnegación y consejo. Ellos sí que saben.
Rafael García Serrano

Con tan multiculturales precedentes, no resultaría extraño que en España el buitre fuera siendo liberado de los ignorantes prejuicios que lo estigmatizan y se pueda convertir, poco a poco, en uno de nuestros símbolos tutelares. Basta leer las páginas inmortales de Rafael García Serrano -escritor al que se ha hecho desaparecer de la memoria, como al amor de su vida, la Falange, a fuerza de desprecio y ocultación- sobre los sanfermines de 1936 en su novela Plaza del Castillo, para darse cuenta de que el toro, no la juerga asociada, ya no es lo que era en Navarra ni en parte alguna de las Españas. El águila es hoy ave nefanda entre nosotros, retirada cuando no torpemente picada de escudos y fachadas. En cuanto al león, alegórico durante siglos de la Monarquía hispánica, desapareció justamente como imagen suya cuando ésta dejó de tener el sentido universal y católico que la sustentaba.

La cosa precede al símbolo y lo hace comprensible. Los españoles conocían y reverenciaban a leones, águilas y toros antes de que pueblos y reyes coincidiesen en elevarlos a emblemas superiores de la nación. Los buitres que hoy recrean la vista en Prado del Rey sólo comparten nombre con los que, a la espera del festín de sus despojos, se han adueñado de la bolsa, el honor y la esperanza de España, pero no se necesita más para llevar a las piedras armeras lo que ya está grabado en el alma resignada de un pueblo que ha entregado la cuchara. 
Publicado en Diario de Sevilla
 http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1562543/buitres.html#.Ud5H8_UGWlk.gmail

martes, 4 de junio de 2013

Conferencia de Sánchez Saus en Sevilla.

Este viernes, a las 20:30, en el Círculo  carlista Virgen de los Reyes de Sevilla, dará una interesante conferencia sobre la batalla de las Navas de Tolosa, Rafael Sánchez Saus, catedrático de historia medieval de la Universidad de Cádiz.
  
 Lugar: en la calle Mármoles nº 5, semisótano.

lunes, 6 de mayo de 2013

Aquilino Duque, por Rafael S. Saus

Aquilino Duque

Rafael  Sánchez Saus

COMO tantos, llegué a Aquilino Duque por la poesía. Aire de Roma andaluza fue quizá el primer libro de poemas de autor contemporáneo que compré por mi cuenta, muy joven aún. En él, entre otros versos que me han acompañado siempre, éstos de España en cruz con los que comienza: "Yo nunca usé tu nombre en vano./ Si hablé de ti fue sin querer./Oh, ríos, rayas de tu mano,/ pregunto:/ -España, ¿quieres ser?". Desde entonces, como lector fiel de su fecunda obra, he ido de gozo en gozo y de asombro en asombro. Disfrutando la belleza y aliento de su poesía; la prodigiosa cultura y la tersura del estilo que nutren sus ensayos y artículos; el ingenio, humor y agilidad cinematográfica de sus novelas de intención satírica o la hondura y fuerza dramática de las que, como la magistral El mono azul, recrean desde otra perspectiva la tragicomedia española. Asombrado también, aunque por razones bien distintas. Porque no deja de sorprenderme y espantarme la siempre renovada cicatería y negación de buena parte del mundo literario y de toda la cultura oficial, mantenida sin desmayo durante décadas, contra este escritor enterizo y cabal, rebelde sin impostura, al que nadie puede negar su lucidez intelectual, su honradez personal y su consecuencia vital.     
 


Por eso me ha alegrado tanto saber que el merecido homenaje que ninguna institución le ha dado nunca se lo van a ofrecer sus muchos amigos y admiradores la semana próxima en Sevilla, con la participación de personalidades de las letras como Jacobo Cortines, José Julio Cabanillas, Luis Alberto de Cuenca, José Alberich, Enrique García-Máiquez, Juan Lamillar, Carmelo Guillén, José Mateos o Francisco Bejarano. Serán tres intensos días para repasar con ellos la obra de Aquilino y descubrir con su lectura nuevos motivos de reflexión, deleite y diversión. Y es que Aquilino Duque, uno de los autores de más amplia cultura del panorama actual, uno de los pocos en los que es posible atestiguar un verdadero genio literario, una trayectoria, un proyecto, tiene al mismo tiempo la modestia de situar en primer plano el gusto del lector. Hace unos años, declaraba en una entrevista: "No me planteo tampoco el crear obras trascendentes, lo que persigo es que mi obra sea amena y fácil para el lector, que lo pase la gente bien. Y, si acaso, dar testimonio de una época". Gracias también por eso y felicidades, maestro.


Publicado en Diario de Sevilla

viernes, 15 de marzo de 2013

Donde dos o más. Por Rafael Sánchez Saus

Rafael Sánchez Saus


EL tren de Cádiz rompe la mañana bajo el sol joven, como impulsado por el viento del norte. El penúltimo temporal de este invierno tardío ha dejado la risa multiplicada del agua en todo, nunca demasiada en Andalucía. Desbordan los arroyos, rebosan carriles y besanas, la marisma vuelve por sus fueros y por unos días los ánades azulones recobran horizontes que hasta ayer les usurpaban la alondra y la cogujada. Brillan la mata del olivar, las pequeñas viñas familiares del borde marismeño, removidas por la savia nueva, y las lomas refulgen de un verde intenso que anuncia ya la explosión multicolor de la primavera, la mies mecida por el viento de mayo, los oros de junio. Hay en todo un gozo de vísperas contenido, y así ha de ser "pues la expectación ansiosa de la creación está aguardando la revelación de los hijos de Dios".

Bendito tren que, además de darnos ojos, aviva la memoria. Tenía apenas veinte años cuando pude seguir el primer cónclave que recuerdo, el posterior a Pablo VI que eligió al efímero papa Luciani. Para mi, entonces, la fe tenía más que ver con jóvenes y guitarras, con canciones pegadizas que hablaban de un amor capaz de iluminar caminos, de transformar la muerte en vida, que con fastos eclesiásticos, apenas entrevistos en versión cofrade e hispalense. Cómo me sorprendió y cautivó, tras leve resistencia, la belleza emanada del orden, de la jerarquía, del ritual, toda aquella liturgia extraña y remota en la que, sin embargo, asombrosamente, latía algo familiar y próximo, algo que la emparentaba misteriosamente con nuestros encuentros informales, a menudo sentados en el suelo, para hablar y rezar "con Jesús en medio", más aún con la misa de última hora de la mañana en la capilla de la Universidad, junto al Señor de la Buena Muerte. Hay muchas formas de sentir la alegría de la catolicidad, el orgullo legítimo de ser parte de la Iglesia y, en estos días de corazón en vilo y oración pronta, desde Roma nos llegan imágenes y sonidos arrancados a los siglos, símbolos poderosos que sostienen nuestra debilidad, que podemos traducir en razones, sobre los que fundamentar esperanzas. Siempre joven, siempre santa, sacudida por nuestros pecados pero nunca sometida por ellos, la Iglesia de Cristo sigue su caminar y confía porque "donde dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos". Por eso ha habido fumata blanca.
 http://cdn.revistagq.com/uploads/images/thumbs/201311/papa_francisco_i_1596_645x.jpg

Artículo extraído de Diario de Sevilla.

viernes, 26 de octubre de 2012

Genio y figura

Por su indudable interés reproducimos este artículo publicado en Diario de Sevilla.
Rafael Sánchez Saus
HOY presenciamos el lento suicidio de un pueblo que engañado mil veces por garrulos sofistas, empobrecido, mermado y desolado, emplea en destrozarse las pocas fuerzas que le restan y, corriendo tras vanos trampantojos de falsa y postiza cultura, en vez de cultivar su propio espíritu hace espantosa liquidación de su pasado, escarnece a cada paso las sombras de sus progenitores, huye de todo contacto con su pensamiento, reniega de cuanto en la historia los hizo grandes, arroja a los cuatro vientos su riqueza artística y contempla con ojos estúpidos la destrucción de la única España que el mundo conoce". Cuando Marcelino Menéndez Pelayo pronunció estas palabras que nos traspasan corría el año de 1910, España asistía al agotamiento de la monarquía constitucional canovista, los separatismos irrumpían con fuerza creciente tras el desastre del 98 y al gran intelectual de la Restauración le quedaban menos de dos años de vida.

El centenario de la muerte de Menéndez Pelayo, más allá del preceptivo congreso de especialistas y del homenaje de su Santander natal, está pasando del todo inadvertido y por eso son más destacables dos acontecimientos, uno reciente, el otro inminente: el primero, la aparición en Encuentro de Menéndez Pelayo. Genio y figura, sabrosa colección de ensayos de tres maestros del género como son Ignacio Gracia Noriega, César Alonso de los Ríos y el gran patriarca de las letras andaluzas, Aquilino Duque. El inminente, la celebración del simposio, dirigido por este último, que se celebrará la semana que viene en la sede de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras. No es mucho, pero sí muy bueno.

Es increíble que una personalidad como la de Menéndez Pelayo, considerado dentro y fuera de España como una de las cimas de la sabiduría europea, haya sido postergada de la forma que lo ha sido y lo es en su propia tierra, y que se haya privado de su huella a generaciones enteras de estudiantes de Letras, a pesar de que nadie se atreve a discutir su grandeza como historiador de las ideas, la literatura, la ciencia y el arte. Y este menosprecio inadmisible no es sólo el resultado de las banderías cainitas, sino ante todo de su olvido por la España que, también hoy, "en vez de cultivar su propio espíritu hace espantosa liquidación de su pasado". Dice César Alonso de los Ríos en el libro arriba mencionado: "Quizá si nuestros conservadores fueran, en general, un poco más cultos y tuvieran el coraje suficiente para asumir el pasado del que proceden… encontrarían en Menéndez Pelayo una respuesta reconfortante a los problemas que les plantea la asunción de su pasado". Me temo que don César pide demasiado.

jueves, 11 de octubre de 2012

Manifiesto Andaluz por España


Manifiesto andaluz del 12 de octubre

Rafael Sanchez Saus

NOS alcanza el 12 de octubre, fiesta nacional de las Españas, con un estado de ánimo más propio de velorios que de desfiles y proclamas. Me pregunto si nuestros bisabuelos vivieron el 98 con la misma sensación de fin de ciclo, de decadencia, de acabóse que hoy se percibe en cuanto se rasca levemente la coraza casi siempre alegre, al menos bulliciosa, que el español usa en sociedad.

Que en este ambiente un grupo nutrido de sevillanos se hayan resuelto a redactar un manifiesto a los españoles para afirmar que "es la hora de un gran acuerdo nacional que responda, sin complejos, a las amenazas, hasta ahora impunes, que desde las propias instituciones de la Nación se están llevando a cabo por quienes de una manera u otra han decidido socavar los cimientos de España" me parece un acto tan meritorio como simbólico. Recalco lo de sevillanos no sólo porque de Sevilla haya partido la iniciativa, también porque creo que en la actual situación de España, toda Andalucía, pero especialmente Sevilla por ser su capital histórica, tienen mucho que decir. De Andalucía partió la solución política al dilema que se planteó en los comienzos de la Transición en torno a las llamadas nacionalidades históricas. El rechazo de los andaluces a un trato discriminatorio en aquel momento decisivo de la configuración del Estado de las Autonomías tuvo un peso determinante. Y aquella protesta masiva, que no pudo ser desoída ni en Madrid ni en Barcelona, es la que recondujo la cuestión territorial al claveriano "café para todos".

A menudo me he preguntado qué hubiera pasado si Andalucía hubiera canalizado su demanda hacia la afirmación de la unidad y no hacia la instintiva reclamación de igualdad con los insaciables. Ahí ya estaba asumida la absurda carrera hacia la disgregación del sentimiento nacional que ha prevalecido en los últimos treinta años. Pero Andalucía podía entonces, y puede ahora, con su enorme peso político en el total español, convertirse en el adalid de la unidad de la que ella es principal beneficiaria. Pero no, nuestros políticos no tienen el corazón en esas cosas, sino en la obsesión de no ser, nunca, menos que nadie en su pueblo.

"Los españoles que cada día nos echamos la Patria a hombros estamos seguros de que nos espera y nos pertenece un porvenir alegre en el que, por encima de tierras, lenguas y credos, nos reconozcamos en una España ancha, resuelta en su identidad y repleta en libertades". Palabras así, dichas con acento andaluz, es lo que están necesitando oír los españoles en estas horas tristes.



 
MANIFIESTO PLATAFORMA CIUDADANA 12 DE OCTUBRE EN SEVILLA
Estimado amigo,
Convive, con la cotidiana lucha de familias y empresas españolas por salir adelante de esta crisis económica, el desafío de quienes, frente a los demás,  reivindican  una independencia que subvierta aquellos valores en los que los españoles nos reconocemos y encontramos: unidad, solidaridad, igualdad y libertad, recogidos ampliamente en nuestra Constitución. 
Abundan los representantes de las más altas Instituciones de los distintos Poderes del Estado que, como mucho, contraponen  una calculada abstención ante tal atentado contra la solidaridad entre españoles o recurren a meros  argumentos económicos para, sobre ellos, mantener la unidad de todos los españoles como si la Unidad de nuestra Nación, tan sólo dependiera del saldo de una cuenta de pérdidas y ganancias. En la España, esa en  la que nos reconocemos, que ha conseguido avanzar en la integración de todos cuantos han venido buscando un futuro digno, se le ha impuesto a nuestros hijos un adoctrinamiento que, impunemente, los va envenenando  en el odio al semejante a lomos de una historia local maniquea  y falsa que sólo busca levantar fronteras allí donde la tierra era llana.
Si educar en el odio al diferente es, afortunadamente, una práctica socialmente reprobada y judicialmente perseguible, ¿qué razón encontramos para permitir una educación que fomente e  inocula el odio entre los españoles según su residencia?
Las propias lenguas de España parece que han dejado su natural esencia de mecanismo social de entendimiento para ponerse al servicio del enfrentamiento y blandirse como obstáculos en el desarrollo vital de aquellos que han de procurarse su porvenir en otras tierras distintas de las que le vieron nacer.
Quienes impulsamos esta celebración del 12 de Octubre, hacemos un llamamiento, a todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria, a las extraparlamentarias y a la sociedad civil en general, a trabajar juntos en alumbrar soluciones inmediatas ante la grave crisis económica, política, social y moral que invade nuestro país.
Pónganse los partidos políticos de acuerdo porque la sociedad ya lo está en defender este espacio de solidaridad y ayuda mutua que es España. Dejen de ser entes autistas incapaces de ponerse de acuerdo salvo cuando se trata de sacar adelante un plan financiero de ajuste impuesto por Bruselas. España no es  solo un puñado de cifras económicas ni una Nación que por única ley tenga el reglamento de un casino.
Es la hora de un gran acuerdo nacional que responda, sin complejos, a las amenazas, hasta ahora, impunes que desde las propias instituciones de la Nación se están llevando a cabo por quienes de una manera u otra han decidido socavar los cimientos de España y lo hacen, para mayor escarnio, con dinero público.
Es la hora inaplazable de replantearse  sin miedos ni servidumbres, la organización territorial del Estado. Una sociedad democrática y madura tiene derecho a plantearse si sus administraciones atienden eficazmente los servicios públicos y así, revisar y remover todas aquellas duplicidades y triplicidades que sólo sirven a los intereses de la clase política y a los intereses territoriales de partido cargando sobre los hombros de los españoles, el peso de  unos presupuestos hipertrofiados que nos hace pagar impuestos hasta la extenuación.
 
En Cataluña durante el pasado mes de septiembre hemos podido constatar que el nacionalismo, apoyándose en la máxima autoridad de dicha Comunidad Autónoma, ha desafiado al pueblo español solicitando expresamente una consulta popular soberanista que no ha recibido una respuesta clara y contundente por parte del Gobierno de la Nación. Es por ello, por lo que nuestro manifiesto toma aún más importancia, considerando que la movilización de la sociedad civil es vital para mantener la unidad nacional y para superar resueltamente esta crisis que nos angustia pero que no conseguirá vencernos. 
Si los políticos elegidos electoralmente continúan dimitiendo de su condición de representantes del pueblo español, se ahondará en esta sangrante realidad que nos muestra a España como una superposición de particularidades yuxtapuestas sin que nadie recuerde ni de dónde venimos ni si tenemos un futuro juntos.
La sociedad civil, los españoles que cada día nos echamos la Patria a hombros y con nuestro esfuerzo llenamos el plato de comida y las alforjas de esperanza, estamos seguros de que nos espera y nos pertenece un porvenir alegre en el que, por encima de tierras, lenguas y credos, nos reconozcamos en una España ancha, resuelta en su identidad y repleta en libertades.
Plataforma Ciudadana 12 de Octubre en Sevilla.
Sevilla, 10 de Octubre 2012.




viernes, 27 de julio de 2012

Las verdades del barquero sobre la burbuja, por Sánchez Saus



Rafael Sánchez Saus

Lo que está pasando

Rafael Sanchez Saus 

JUAN Ramón Rallo es un economista todavía veinteañero al que, quizá porque su juventud le preserva de viejos vicios del gremio, se le entiende todo. A él se debe, en entrevista publicada en la página de Intereconomía, la que me parece más clara explicación de lo que ha pasado y nos pasa: "La situación actual de España es fruto de tres burbujas que fueron gestándose de manera sucesiva. La primera fue la burbuja financiera, creada por el sistema bancario europeo. La burbuja financiera rebajó artificialmente los tipos de interés en la economía, propiciando un sobreendeudamiento de familias y empresas para adquirir y construir viviendas, lo que generó la burbuja inmobiliaria: la economía española fue escorándose cada vez más hacia el ladrillo, concentrando en ese sector gran parte de su capacidad productiva. Y, por último, los ingresos fiscales extraordinarios a que dio lugar la burbuja inmobiliaria engendraron la burbuja del sector público: los políticos comenzaron a gastar sin freno toda esa milmillonaria recaudación tributaria extraordinaria y no recurrente, consolidando un nivel de gastos que años después se mostraría insostenible. Hoy las tres burbujas han pinchado, pero tanto banqueros, como promotores y políticos tratan de trasladarles al resto de ciudadanos y empresas eficientes el coste de sus errores".

Los datos sobre la génesis de la deuda española avalan esa secuencia. En este momento debemos 3,14 billones de euros, un insostenible 292% del PIB. En 2004, era de 1,8 billones y ahí empieza la carrera hacia el precipicio. En muy poco años los particulares, empresas y familias, aumentaron espectacularmente su endeudamiento, que en 2008 llegó a 2,38 billones, aunque desde entonces ha disminuido algo. Sin embargo, las administraciones públicas, cuyos débitos alcanzaban 0,43 billones en 2007, han alcanzado en 2012 los 855.000 millones, casi justamente el doble. Es decir, han recurrido al endeudamiento masivo para hacer frente a la caída de ingresos que la crisis ha provocado.

El grave error de Mariano Rajoy, económico y político, está siendo no afrontar la reconversión del Estado a que estas cifras obligan y confiarlo todo a la capacidad de sacrificio de las clases medias. Pero en un país en el que, según un reciente informe no oficial, pudiera haber más de 445.000 cargos públicos de muy diversa índole, más del doble que en Alemania, ningún sacrificio servirá para nada sin el desmontaje del aparato clientelar de los partidos, instalado en las Administraciones. Y es evidente que don Mariano no está en ello.


 http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1315780/lo/esta/pasando.html#.UBDknhDEcyI.gmail

lunes, 23 de julio de 2012

Recordemos Las Navas. Por Rafael Sánchez Saus

Recordemos Las Navas

Rafael Sánchez Saus

CON mucha más pena que gloria, en casi absoluto silencio, ha transcurrido la fecha del VIII centenario de la batalla de Las Navas de Tolosa, sin duda la más decisiva de todas cuantas se dieron a lo largo de la Reconquista y quizás una de las más trascendentes por sus consecuencias de toda la historia de España y de Europa. Una batalla que destruyó el poder del fanático imperio almohade, rompió definitivamente el inestable equilibrio entre cristianos y musulmanes en España, hizo posible la conquista castellana de Andalucía en las décadas siguientes y permitió la plena integración de la Península Ibérica en el marco geohistórico de la civilización occidental.

Pero es que la batalla de Las Navas, más allá de sus efectos hispánicos, se vivió como un acontecimiento de alcance mundial, en el que toda la cristiandad se sintió involucrada, sin duda porque el peligro que entonces se conjuró amenazaba a toda ella tras el ya inevitable fracaso de la aventura cruzada en Oriente. Tiempo después, cuando el poder turco, remontando el Danubio, llegó hasta las puertas de Viena, pudo apreciarse de nuevo el valor providencial de que el islam no pudiera contar con una base firme en España desde la que atenazar Europa.

¿Se salvó Europa, pues, en Las Navas? La superioridad de una civilización no se juega en una jornada, sino en el día tras día que acumula hallazgos, dinamismos intransferibles y valores nuevos. Pero antes es necesario que se haya garantizado el mundo en que deben desarrollarse. Sin Las Navas, España no habría sido plenamente Europa y ésta nunca hubiera respirado tranquila en su frontera sur. Y para qué hablar de Andalucía, que no hubiera dejado de ser un apéndice de los tiránicos poderes norteafricanos a los que desde el siglo XI estaba sometida.


Es penoso que todo esto se ignore o, peor aún, se oculte por un sentimiento vergonzante, ideologizado y torpemente oportunista de la propia historia. Sorprende una vez más la escasa sensibilidad del pueblo español y de las autoridades ante su pasado, el deseo inocultable de borrar la conciencia de qué somos, por qué lo somos y a qué lo debemos. No hubiera habido un futuro europeo para España en el caso de que los reyes unidos de Castilla, Aragón y Navarra, con ayuda de portugueses y franceses, hubieran fracasado aquel venturoso 16 de julio de 1212.

España no es Europa porque haya firmado unos tratados y pongamos una bandera azul en los balcones de los ayuntamientos, sino por días como el famoso lunes de Las Navas que, tan en solitario, quiero recordar en este Envío. 
 
 http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1310583/recordemos/las/navas.html