domingo, 12 de abril de 2020

EMBAJADORES EN EL INFIERNO (José María Ramírez en sevillainfo el 7 de febrero de 2020).es el


                                                   

(El autor del artículo) 

           Se habla hoy en día mucho de eso que llamamos "cine con valores". A riesgo de ser políticamente incorrecto (humildemente, ya uno está acostumbrado), diré que, para película con valores, "Embajadores en el infierno", dirigida por José María Forqué en 1.956.
José María Forqué y Verónica Forqué
(El director José María Forqué con su hija Verónica, luego afamada actriz)
            La película está basada en la novela histórica "Embajador en el infierno. Memorias del capitán Palacios (once años de cautiverio en Rusia)", de Torcuato Luca de Tena que relata, de forma novelada, pero casi como reportaje periodístico, el encarcelamiento de doce años, desde su detención en el sitio de Leningrado el diez de Febrero de 1.943 hasta Abril de 1.954, en los campos de concentración de Cherepovéts, Moscú, Súzdal, Oranque, Potma, Jarcof, Borovichi, Reída, Cherbacof y Vorochilgrado, de Teodoro Palacios Cueto, que marchó como Voluntario Falangista a la División Azul, a combatir el comunismo en Rusia, como Capitán de Infantería, quedando encuadrado en la 5ª Compañía del 2º Batallón del Regimiento número 262 y que fue hecho prisionero junto con treinta y cinco hombres más cerca de Krasny Bor, cuando se libraba la batalla que en adelante llevaría el nombre de esta localidad rusa.

(El capitán Palacios -izquierda- con el periodista Boby Deglané -centro- y Melchor Rodriguez)
            Cántabro de nacimiento, del bello pueblo de Potes, el capitán Palacios dejó sus estudios de medicina al producirse el Alzamiento Nacional y se incorporó en Palencia a una Bandera de Falange, combatiendo durante toda la guerra civil y alcanzando al final de la misma el empleo de Capitán Provisional, que revalidó luego en la Academia General Militar de Zaragoza.
            Cuando el día veintitrés de Junio de 1.941, a propuesta del entonces ministro de exteriores Ramón Serrano Suñer, el Consejo de Ministros aprueba en El Pardo enviar una división a Rusia para combatir el bolchevismo, se acogió con entusiasmo por los partidarios del Bando Nacional y, muy en particular, por los miembros de Falange, conocedores de la complicidad de Rusia en el caos que llevó a España a la contienda civil. El veinticuatro de Junio,  desde el balcón de la madrileña sede de Falange en la calle Alcalá, Serrano Suñer arengó a un nutrido grupo de fervorosos falangistas, casi todos estudiantes o miembros del SEU y de la Sección Femenina,  ansiosos por librar al mundo del comunismo y que se habían allí congregado, con las siguientes palabras: "Camaradas: no es hora de discursos. Pero sí de que la Falange dicte en estos momentos su sentencia condenatoria: ¡Rusia es culpable! Culpable de la muerte de José Antonio, nuestro fundador. Y de la muerte de tantos camaradas y tantos soldados caídos en aquella guerra por la agresión del comunismo ruso. El exterminio de Rusia es exigencia de la Historia y del porvenir de Europa".

(Cuadro representando a la División Azul obra de Augusto Ferrer Dalmau)

            Y así fue como comenzó la aventura heroica de tantos hombres y también mujeres, rebosantes de amor a la Patria y henchidos de fe (entre 1941 y 1943, cerca de 50.000 soldados españoles participaron en diversas batallas fundamentalmente relacionadas con el sitio de Leningrado. También formaron parte de la división ciento cuarenta y seis mujeres, todas ellas de la Sección Femenina, quienes viajaron como enfermeras en el recién creado “Cuerpo de Damas Auxiliares de Sanidad Militar” bajo la dirección de María de las Mercedes Milá Nolla).
            A los voluntarios se les ofrecía un doble sueldo: cobraban el mismo que los alemanes (según el rango), y de España cobrarían la misma paga que la legión. También se les ofrecieron otras ventajas, como que sus familias cobrarían un subsidio de siete pesetas y treinta céntimos y tendrían doble cartilla de racionamiento así como se les mantenían sus derechos laborales a la vuelta de Rusia....pero prácticamente todos los divisionarios marcharon dejando atrás estudios, trabajos, novias, familia....para luchar por un ideal y combatir contra lo que José Antonio Primo de Rivera calificó como "la invasión barbara": el comunismo.
            La película dirigida por Forqué e interpretada por el actor portugués Antonio Vilar, Rubén Rojo y Luis Peña, retrata, de manera bastante fiel, a pesar de estar lógicamente muy sintetizada, por motivos obvios, y con las concesiones propias al medio cinematográfico, la peripecia del Capitán Palacios narrada en su libro por Luca de Tena, que resume en su figura los valores de la mayoría de aquellos hombres que lucharon en la  helada estepa rusa contra un ejercito aguerrido y fiero. La valentía, la vocación de servicio, la humildad, la generosidad y la lealtad, entre otras, son las cualidades, tan difíciles de hallar en la misma persona y que percibimos adornando la personalidad de Teodoro Palacios Cueto. El mismo había narrado el relato de los hechos al mando militar con anterioridad a su colaboración con el escritor y periodista para la elaboración de la novela, como conocemos a través del blog del General Dávila, que publicó hace unos años fragmentos de aquella declaración jurada realizada por Palacios.
            Tanto el libro como la película reflejan una parte de lo que se contiene en esa declaración jurada que, perfectamente redactada aun con el lacónico estilo militar, aporta más datos aún que el propio libro y nos muestra el valor, la dignidad y el honor que supieron mantener, aun en las condiciones infamantes del cautiverio, aquellos soldados españoles, muchos de ellos no profesionales pero guiados por la fe y su lealtad a la palabra joseantoniana, que les impulsó, como queda de manifiesto en varios pasajes de esa narración, incluso al más generoso de los perdones: 

            
       

            En los doce años de paso por cárceles y campos de concentración rusos deja el capitán Palacios abundantes muestras de su coraje y liderazgo: condenado en repetidas ocasiones, por negarse a declarar desnudo, condenado por defender a un Teniente que había sido agredido por un centinela, condenado por encerrarse voluntariamente con un Alférez al que los rusos habían maltratado, condenado por escribir al gobierno soviético dos cartas, replicando un discurso de Vichinsky, condenado a muerte por las acusaciones de agitador político y saboteador, dirigiendo el mismo su propia defensa y la de sus compañeros ante el Tribunal Militar. Mantuvo tres huelgas de hambre y envió cuatro cartas al ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética. Por su cuenta realizó una Historia de España, escrita para el uso de los soldados prisioneros y creó una “Universidad” para el intercambio de idiomas entre los cautivos de diferentes países. También creó un servicio de ayuda alimenticia para los compañeros en situación de mayor debilidad o enfermos…
            Cuando muere Stalin acaba esa situación de confinación y cautividad, y en 1.954 un buque, el Semiramis, parte de Odesa con los presos españoles, del bando nacional y también algunos del bando del frente popular. El barco llega al puerto de Barcelona el  dos de Abril de ese año de 1.954. A su regreso a España Palacios contrajo matrimonio y en 1.967 se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando. A partir de su regreso de Rusia y tras el libro de Torcuato Luca de Tena y de la película Embajadores en el Infierno, fue conocido como el Héroe legendario de la División Azul. Cuando murió en Santander, el 27 de agosto de 1.980 fue ascendido, a título póstumo, a General de División.
            Dejaba atrás el testimonio de abnegación, sacrificio, coraje, entereza, orgullo e integridad  que, con el, dejaron todos aquellos hombres que abandonaron sus vidas en su patria para luchar en una contienda en tierras extrañas e inhóspitas por librar al mundo de la lacra comunismo, para pelear por la libertad de sus semejantes.
            Una huella de dignidad, valor y honor que no debe quedar en el olvido y que deberíamos reivindicar como patrimonio de todos los españoles. De una época en que se tenían creencias y valores elevados.
            Desde luego muy superiores a los que, hoy, desgraciada y lastimosamente, rigen en gran parte de nuestra sociedad.


           

sábado, 18 de enero de 2020

LA FAMILIA Y UNO MÁS (1962)

DE INTERÉS NACIONAL (José María Ramírez en sevillainfo.es)

La Navidad es un tiempo propicio, al menos para mí, para revisitar antiguas películas de esas que, casi siempre por estas fechas, se asoman a nuestras pantallas o recuperamos en cualquiera de los formatos al uso.
Esas películas suelen traernos bonitos y entrañables recuerdos. Recuerdos de otras Navidades, cuando todo estaba por pasar y casi nada era imposible.
Procuro verlas en familia, en un vano intento condenado al fracaso de aficionar a mis hijos, como hicieron mis padres con mis hermanos y conmigo, al cine. Y no solo al cine de superhéroes, de Harry Potter o La Guerra de las Galaxias, que es el único que ven ahora, sino al cine clásico, también al cine (y esto ya raya lo ilusorio) en ese glorioso blanco y negro de mi infancia, cuando todavía no había llegado el color a muchos hogares pero, aún así, la tele nos traía a casa mundos de fantasía, aventuras increíbles o historias llenas de buenos sentimientos. Con todo eso crecí yo. Y tantos otros.
Este año, uno de esos días navideños, quise que viéramos juntos ese, sin ser una obra maestra, ni siquiera una gran película, ya clásico del cine español que lleva por título “La gran familia”.
Si tienen mi edad o parecida seguramente la habrán visto una o varias veces.
En los títulos de crédito iniciales se señala que la película fue declarada “de interés nacional”… Y resulta lógico que así fuera. O debería parecérnoslo.
Supongo que, vistas hoy, muchas de las situaciones que se muestran en la película chocan a ciertas mentalidades. Que esos “colectivos” en la suma de los cuales  consiste la sociedad en que vivimos se soliviantarían ante ella. Hablo de feministas, partidarios del aborto libre… y unos cuantos más, que se llevarían las manos a la cabeza.
Pero yo, en cambio, llámenme carca (muchos otros me dirían facha, calificativo que vale hoy para todo el que se sale un milímetro de la ideología políticamente correcta… todo hoy tan irracional) pienso que esa sociedad era mejor, que los seres humanos éramos más humanos que ahora y que el mundo era un lugar más vivible. 


Ya, ya sé que las películas no son lo que llamamos “la vida real”, pero también es casi siempre verdad que reflejan el tiempo y la sociedad del tiempo en que se ruedan. No tenemos más que ver la gran mayoría de las películas que se hacen hoy para constatarlo.  
El año que se estrenó “La gran familia” fue el mismo en que yo vine al mundo, y España estaba en pleno desarrollismo. Era la época de comprar quizá el primer coche familiar, de comenzar a practicar la sana costumbre del “veraneo”… Había confianza en el futuro y esperanzas firmes de que todo solo podía ir a mejor. Entre otras cosas, las familias no tenían miedo a tener hijos, no pensaban, como ahora, ¿tendré que privarme de esto o lo otro si tengo otro crío? ¿Puedo tener un hijo si no sé si me despedirán el mes próximo?… y otras preguntas parecidas. 
Se tenían hijos y Dios proveería.
Así que, ya puestos, la familia Alonso, que así se llamaba, tenía quince hijos… y otro que vendría después. Y, para colmo, un abuelo que convivía bajo el mismo techo que esas otras diecisiete personas… Vista desde hoy, en una sociedad en que se margina al anciano, en la que se huye de problemas y complicaciones, puede parecerles a muchos ciencia ficción.
El abuelo era el enorme (por lo buen actor) Pepe Isbert, con su voz ronca y quebrada característica, y los que la hemos visto siempre recordaremos a ese abuelo gritando en un sollozo “¡Chencho, Chencho!” por toda la madrileña Plaza Mayor, repleta de kioscos navideños y con alumbrado festivo, porque el pequeño nietecillo Chencho se había perdido. Cuantas lágrimas derramadas por Chencho…


Todo acababa bien, porque en estas películas casi todo, siempre, acababa bien.
Y, al contemplarla, se nos llenaba el alma de alegría, de buenos sentimientos, de ganas de vivir… hasta de ganas de tener niños, muchos niños.
Tengo para mí que “La gran familia” marcó mi decisión, desde pequeñito, de tener familia numerosa… Más tarde, se cumpliría aquello de “ten cuidado con lo que deseas porque quizá se cumpla”, pero esa es otra historia. 
El incombustible Pedro Masó fue el autor de la idea, la fecunda idea, nunca mejor dicho, y la guionizó, y Fernando Palacios (El día de los enamorados, Tres de la Cruz Roja…) la dirigió. Unos deliciosos Alberto Closas y Amparo Soler Leal eran los felices y atareados padres. Y un grandioso José Luis López Vázquez era el padrino pastelero que siempre estaba ahí para echar una mano a esa gran familia.
 Y además la segunda parte de la película, en que la familia Alonso por fin se va de veraneo y los hijos descubren el mar, transcurre en una Tarragona amigable y hospitalaria donde el pretendiente de la hija rompecorazones le dice:  “Me llamo Jorge, que es un nombre muy común aquí en Cataluña”. Jorge, que no Jordi… añoranza de un tiempo que se fue y no volverá en tantas cosas…
Y para muchos niños de aquellos años, los veraneos de nuestra infancia y adolescencia se parecían a los de aquella gran familia que eran como amigos nuestros, como si los conociéramos de siempre…
En fin, que quieren que les diga, que soy un nostálgico.
Y que creo que hoy, en 2.020, más que entonces, en 1.962, habría que declarar “La gran familia” de INTERÉS NACIONAL. 

lunes, 27 de noviembre de 2017

ACTO CON HERMAN TERTSCH EN SEVILLA

Reseña de María Fidalgo para www.sevillainfo.es

Ante un nutrido aforo, la Asociación Ademán organizó este jueves en el Club Antares una conferencia del periodista Hermann Tertsch titulada «España y Europa en la encrucijada»,  moderada por el periodista Romualdo MaestrePresentó el acto Mercedes Valdivia, miembro de Ademán que resaltó el vigor de una asociación que tiene ya 40 años de antigüedad y que mantiene entre sus principios la defensa de los valores de España. Trestsch fue presentado por el catedrático de Historia, Rafael Sánchez Saus, que hizo una interesante y profunda semblanza sobre su trayectoria en la que parafraseó diferentes escritos del autor.
Hermann Tertsch, se ganó el seguimiento incondicional del auditorio “ desde el minuto uno” . Con soltura y gran carisma  hizo una intervención de altura, demostrando su gran capacidad de análisis y visión crítica. Aunque calificado por algunos como“ políticamente incorrecto” sus valores le distinguen entre el panorama periodístico español como una voz autónoma y discordante, pero fundamental e imprescindible para la comprensión de los convulsos tiempos que nos está tocando vivir.

(El público llenó el aforo del salón de actos del Club Antares)

El periodista, a lo largo de su ponencia, fue ofreciendo titulares contundentes. Comenzó haciendo una reflexión sobre la situación actual europea, incidiendo en el caso alemán y los diferentes pactos de Ángela Merkel en relación a la política migratoria. Criticó con dureza el futuro acuerdo de reunificación familiar y sus peligros para Europa, así como la falta de voces críticas y el pacto de silencio ante los desequilibrios sociales que provocan,  “ejemplificado en los 5 días de silencio de los medios de comunicación sobre la cadena de asaltos y violaciones de fin de año, o la impunidad con la que vivió una mafia pakistaní de explotación sexual de menores durante más de una década”, denunció.
Habló también de los países centroeuropeos como Hungría que no tienen pasado colonial y son homogéneos y que defienden su soberanía territorial ente el multiculturalismo, que para Terstch no es un valor cultural, sino contrario porque rompe las sociedades en ghettos.
Abordando el caso español, profundizó en que los problemas actuales vienen de la transición y el reparto de las competencias, generando poderes duplicados. Fue muy duro con la llamada “ partitocracia” y su falta de voluntad de reformar el estado, y demoledor se mostró con Rodríguez Zapatero, el personaje que más daño ha hecho a este país desde la guerra civil. Alentó el revanchismo, es culpable de la radicalización y destruyó valores”“Ahora muchos socialistas reniegan de él pero en su momento nadie rechistaba”.
Tertsch también fue crítico con la actuación del Gobierno ante el secesionismo catalán, ya que «ha desperdiciado otra gran oportunidad, junto a la que tuvo cuando tuvo mayoría absoluta» con la aplicación del artículo 155 para acabar con dos de los pies del separatismo: la televisión autonómica y el adoctrinamiento en la educación. Y parafraseó a Federico Jiménez Losantos que considera que “hay al menos seis comunidades que había que intervenir” entre ellas Baleares y Valencia donde no se respetan derechos fundamentales, o Galicia con una política de normalización lingúistica agresiva.
No sé casó con nadie. Tuvo palabras terribles para la derecha, pero también también para la izquierda. DePablo Iglesias a Monedero y de Soraya Saenz de Santamaría y Cristina Cifuentes, de actuaciones difícilmente calificables, a un coherente Pablo Casado.
La parte más esperanzadora del discurso fue su confianza en el poder de la Sociedad Civil y ponderó de sobremanera la figura de Felipe VI«es absolutamente histórico que el Rey se haya puesto a la cabeza de las inquietudes de esa nación en contra de las posiciones del Gobierno”
Fuente original: https://www.sevillainfo.es/noticias-nacional/hermann-tertsch-zapatero-ha-sido-el-personaje-que-mas-dano-ha-hecho-a-espana-desde-la-guerra-civil/

(Tuit de agradecimiento de Herman Tertsch que incluye reseña en ABC)

martes, 15 de agosto de 2017

LA HISTORIA DE ESPAÑA Y AL-ANDALUS por RAFAEL SÁNCHEZ SAUS (CATEDRÁTICO DE HISTORIA MEDIEVAL DE LA UNIVERSIDAD DE CÁDIZ). Publicado en ABC el 12/8/2017

«La ideologización del actual debate sobre la forma en que al-Andalus puede y debe ser explicado en el conjunto de la historia de España no puede separarse, pues, del hecho de que es esta la que en estos momentos es discutida como nación, como proyecto común y hasta como marco histórico e identitario en contra de la voluntad consagrada por las generaciones y la evidencia que los siglos respaldan»

¿Qué lugar ocupa al-Andalus en la historia de España y en la conciencia histórica de los españoles? La cuestión arrastra el peso de debates culturales y políticos vivísimos en la actualidad y no ha dejado de hacerlo desde que emergió en el seno de la historiografía española. Estamos ante un problema de interpretación, de juicio histórico que hunde su raíz en la vida de España, reproduciendo en cada momento, con gran fidelidad, las tensiones y pasiones dominantes.



Lo cierto es que al-Andalus, su significación y su legado cultural, dejaron de formar parte de la realidad de España y del horizonte de sus habitantes ya en el siglo XVI, y de manera definitiva desde la expulsión de los moriscos hace más de cuatrocientos años. Desde entonces la memoria de al-Andalus, despegada en buena medida de la historia, lo convierte en un ente ambiguo, sujeto alternativo de idealización y denigración, cuando no de ambas cosas a la par, reflejo de un «otro» casi absoluto –«el moro»– que por oposición contribuye a la elaboración de la propia imagen. Y es que, desde hace siglos y hasta hoy, la imagen de al-Andalus y el lugar que se le reserva en la historia de España no dependen en buena medida de lo que aquel mundo desaparecido fue, ni de la verdad histórica, sino fundamentalmente de los avatares propios de la conciencia española y de la coyuntura política interna. Y esa conciencia, en su cambiante discurrir ha necesitado siempre, como consecuencia de la idiosincrasia hispana, de una continua reelaboración, de su adaptación a tiempos sucesivos de vigorosa afirmación o rabiosa negación, pasando por etapas de despegada indiferencia o escepticismo, quizá en una de las cuales hoy nos encontramos sumidos. En medio de esos avatares, sublimado o despreciado, integrado o rechazado, el «otro» –pues ese papel ha representado siempre el «moro» en la historia y percepción de los españoles– sigue cumpliendo hoy el papel asignado desde hace muchas generaciones.
Así fue siempre. Desde mediados del siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, la corriente historiográfica que podríamos llamar liberal, representada por figuras de la talla de Modesto Lafuente, Rafael Altamira, Ramón Menéndez Pidal o Claudio Sánchez Albornoz, se ocupó en rastrear los elementos que habían compuesto la identidad colectiva de los españoles en su historia. En ella se resaltó todo lo que había de occidental y naturalmente hispánico, de lo que se derivó una interpretación de la conquista y dominación islámicas en la que los aspectos de ruptura con el pasado hispano-visigodo eran minimizados, de forma que al-Andalus podía ser presentado como continuador de ciertas constantes de la idiosincrasia hispana. En 1933, dos arabistas de la talla de Miguel Asín y Emilio García Gómez escribían: «Los estudios árabes son para nosotros una necesidad íntima y entrañable, puesto que […] se anudan con muchas páginas de nuestra historia, revelan valiosas características de nuestra literatura, nuestro pensamiento y nuestro arte...».
Las fisuras de esta visión integradora, aunque poco fiel, de al-Andalus en España comenzaron a percibirse con ocasión de los cambios historiográficos acaecidos en los años 70, pero no puede obviarse su absoluta sincronía con la mutación política e ideológica que se produce en España desde 1975. La Transición tuvo un efecto decisivo en la percepción de la historia de España a través de la implantación del régimen autonómico. En la nueva configuración política, y en correspondencia plena con aquél, el discurso esencialista y unitario de la historia de España es abruptamente sustituido por una visión regionalista, pronto teñida de nacionalismo agresivo contra la hasta entonces indiscutida patria común. Y en consecuencia, al-Andalus hubo de ser repensado.
Desde los años 80, tras los reveladores trabajos de Pierre Guichard, se evidenció que no es defendible la idea de que al-Andalus haya podido constituir una versión musulmana de un alma o genio español que hubiera podido sobrenadar los siglos y los distintos momentos históricos. El nuevo pensamiento al respecto, que ha implicado la desaparición de términos como «España musulmana» o «civilización hispanomusulmana», proclama, como constatación irrefutable, que al-Andalus fue una sociedad árabe e islámica semejante a las de Oriente o del norte de África.
Como no se le puede ocultar a nadie, este planteamiento, cuando se une a la discusión actual sobre el propio concepto de historia de España, en cuya demolición se trabaja activamente con verdadera irresponsabilidad, atrae problemas de enorme complejidad. Y es que parece claro que la muy lógica, desde el punto de vista científico, exclusión de al-Andalus de la historia de España propiamente dicha, tiene la consecuencia, impensable todavía hacia 1980 pero no ya hoy, de facilitar y, hasta cierto punto, justificar la reivindicación del legado y hasta del viejo territorio andalusí por sus herederos culturales, sociológicos y étnicos. A ello hay que añadir, por increíble que pueda parecer, que la desaparición histórica de al-Andalus no es un tema cerrado, al menos emocionalmente, para una parte de la actual comunidad científica que se ocupa en estas tareas, y así al-Andalus es hoy otro ámbito al que se pretende trasladar el inacabable ajuste de cuentas en que se ha convertido la vida intelectual y cultural española.
En ese sentido, su recreación en buena parte ficticia –recordemos la utilización del mito de «las Tres Culturas»– y su privilegiada exención de cualquier juicio histórico no son caprichosos, son armas al servicio de los debates generados por la actual crisis de la conciencia nacional española y los desenlaces que se adivinan en el horizonte. La ideologización del actual debate sobre la forma en que al-Andalus puede y debe ser explicado en el conjunto de la historia de España no puede separarse, pues, del hecho de que es esta la que en estos momentos es discutida como nación, como proyecto común y hasta como marco histórico e identitario en contra de la voluntad consagrada por las generaciones y la evidencia que los siglos respaldan.

viernes, 4 de agosto de 2017

Queipo y los zombis (artículo de Miguel Ángel Loma en Diario de Sevilla el 4/8/2017)


Un grupete de nostálgicos, dizque republicanos y antifascistas, se han manifestado en una «vigilia laica» (?) delante del Palacio Arzobispal de Sevilla,  reclamando la exhumación de los restos del general Queipo de Llano de la basílica de la Macarena. Esta nobilísima aspiración de vencer a un Queipo muerto, ya la propusieron hace unos años; y si ahora vuelven quizás sea porque no se les contestó oponiéndose con firmeza y rotundidad por quienes tendrían que hacerlo. Dicen que cuando un tonto coge una linde, la linde se acaba y el tonto sigue. Pues con el respeto que se merecen los discapacitados intelectuales involuntarios, aquí está sucediendo algo similar: algunos han cogido la macabra linde de los zombis y no pararán hasta vencer a todos sus enemigos muertos y enterrados. Aunque comprobando la debilísima oposición que todos estos zombis suelen recibir a sus macabras reclamaciones, nadie apostaría que los restos del general permanezcan bajo suelo macareno; por mucho que ello significara una ingratitud hacia quien, quiérase o no, fue el máximo responsable de la existencia de la actual basílica y Hermano Mayor honorario de su Hermandad. Pero peor aún: supondría una nueva victoria de los rescatadores del odio revanchista que, pese a mostrarse tan celosos con la pureza de huesos de los que yacen bajo santo suelo, se sienten herederos de quienes provocaron que la Esperanza acabase «refugiada» dentro de un cajón para salvarse de tan ardorosos hijos.   


(Queipo de Llano delante del paso de la Virgen de la Esperanza Macarena)



martes, 6 de junio de 2017

Los últimos de Filipinas, de Baler a Sanlúcar de Barrameda

La sombra de la parra que da cobijo en la entrada de Bodegas Piñero se agradece. Es mediodía de Junio en Sanlúcar de Barrameda (Cádiz) y el sol aprieta contra la cal de los muros, aunque una suave brisa que llega desde la orilla del mar, refresca e impregna el aire de notas salinas y yodadas que se mezclan con el inconfundible aroma de las botas de vino que reposan en la penumbra de las naves del casco de bodega.
Los suelos de albero retienen el frescor del Poniente y nos llevan, entre las andanas, al interior de ese misterio silencioso que, ajeno al ajetreo del mundo actual, obra el milagro del vino generoso andaluz. Disfrutamos de unas copas de manzanilla, nuestro paladar se llena, pleno y gustoso, de notas secas de velo de flor, de puntas salinas y aires que vienen, entre Doñana y Bajo de Guía, de la desembocadura del Guadalquivir, que allí se hace océano Atlántico.
Las bodegas de Jerez y Sanlúcar, ancestrales y acogedoras, despliegan su hospitalidad en la sacristía, sancta sanctorum donde los visitantes descansan agradecidos y rinden homenaje a los finos, manzanillas, palo cortados, amontillados, olorosos y pedros Ximénez, los milagros que salen, venencia mediante en arco volador y preciso, de las botas viejas de roble americano de Kentucky.
Allí acaba la visita a Bodegas Piñero y mientras el anfitrión se afana en agasajar a sus invitados, uno de ellos se fija en las viejas fotos y grabados de la pared. Entre antiguos y valientes toreros y fotos en blanco y negro de las faenas propias de la bodega, llama la atención del cronista un cuadro antiguo, retratos de militares con el uniforme colonial español, sus rostros decimonónicos, la filiación y la firma de cada uno. Son los héroes de Baler, “los últimos de Filipinas”, aquellos  que, más allá del mero cumplimiento del deber, defendieron hasta la extenuación un lejano trozo de España.
En medio de ellos un decreto gubernativo, que los ensalza y les rinde homenaje. Curiosamente, el texto (que reproduzco a continuación), no está escrito por el gobierno de la patria a la que han defendido, sino por el del enemigo, la recién nacida República de Filipinas. Qué lecciones nos da la Historia.

Por J. Compás

República de Filipinas

DECRETO

Habiéndose hecho acreedores a la admiración del mundo las fuerzas españolas que guarnecían el destacamento de Baler, por el valor, constancia y heroísmo con que aquel puñado de hombres aislados y sin esperanza de auxilio alguno, ha defendido su Bandera por espacio de un año realizando una epopeya tan gloriosa y tan propia del legendario valor de los hijos del Cid y de Pelayo; rindiendo culto a las virtudes militares, e interpretando los sentimientos del Ejército de esta República, que bizarramente les ha combatido, a propuesta de mi Secretario de Guerra y de acuerdo con mi Consejo de Gobierno.

Vengo en disponer lo siguiente:


Artículo único. Los individuos de que se componen las citadas fuerzas, no serán considerados como prisioneros, sino por el contrario, como amigos y en su consecuencia se les proveerá por la Capitanía General, de los pases necesarios para que puedan regresar a su país.


Dado en Tarlak a 30 de Junio de 1899.- El Presidente de la República, Emilio Aguinaldo. – El Secretario de Guerra, Ambrosio Flores.   

domingo, 28 de mayo de 2017

"Mi padre está en la lista de apestados de la señora Carmena" (Almudena Paso en Diario de Sevilla el 16/5/2017)

(Entrevista de Francisco Correal)

(Fotografía: A. Cámara)

-¿Qué le unía a Alfonso Paso con Andalucía?
-Sus dos paraísos eran Granada y El Escorial. Mi abuelo, Antonio Paso, su padre, que también era autor, nació en Granada y mi bisabuelo tenía un carmen en el Albaicín.
-Nace en 1926 y muere en 1978. Le cundió el tiempo.
-Murió muy joven, con 51 años. Escribió más de 250 obras de teatro, fue actor en cuatro de ellas: Querido profesorNerón-PasoPapaíto y Sosteniendo el tipo.
-¿Cómo surge la vocación de su padre?
-Estudió tres carreras: Arqueología, Periodismo y Psiquiatría. Roma era su pasión. A otros niños se les atraganta la historia, a mí me la convertía en cuentos. Mis primeras lecturas fueron las biografías de Nerón y Calígula.
-¿La gente pasa de Paso?
-La envidia es muy mala. La obra de mi padre está traducida a treinta idiomas. Se ha representado hasta en Japón. En la actualidad, hay obras suyas en cartel en Portugal, Alemania, Austria, República Checa, donde fue un acontecimiento, Hungría, Turquía, Argentina y México, país donde su obra El casado casa quiere se convirtió en la telenovela Familia de 10, varios años en antena.
-Nadie ha superado el récord de Enseñar a un sinvergüenza...
-Estuvo 23 años en cartel. Pepe Rubio era como de la familia. Ese récord sólo lo ha superado La ratonera, la obra de Agatha Christie en Londres.
-Fue prolífico en cine...
-37 películas basadas en sus obras: seis como director, 59 de guionista. 19 obras se llevaron a televisión en Estudio 1. Fue el único autor vivo español que estrenó en Broadway con El canto de la cigarra.
-¿Alfonso Paso y Alfonso Sastre son las dos Españas del teatro?
-Los dos empezaron muy jóvenes. Este país es muy dado a juzgar a la gente no por lo que hace. Es como si a un político lo juzgaran por cómo baila o a un futbolista por cómo escribe poesía. A mi padre hay que juzgarlo por lo que escribió y sólo Lope de Vega ha escrito más que él.
-¿Le pusieron la etiqueta de autor del régimen?
-Fue un autor odiado y olvidado por el régimen. No recibió una sola subvención, le cerraron dos veces el teatro, se arruinó. Los críticos y la censura lo machacaron. Una obra de teatro de 73 páginas la dejaron en sesenta y tuvo que escribirla de noche porque su gente, los actores, se quedaban sin comer. Su gente eran los actores y sus amigos el público que llenaba los teatros, porque mi padre escribía para el pueblo, para que se divirtiera y olvidara los problemas.
-¿Está en el callejero?
-Tiene una calle en Madrid porque se la pedí yo al alcalde Álvarez del Manzano y ahora está en la lista de apestados de la señora Carmena. En Granada tiene una plaza y una placa en la casa de El Escorial.
-Se habló de su padre en televisión con el equívoco entre su apellido y el tiempo verbal, paso, en un anuncio de televisión...
-Me lo dijo una amiga porque yo llevo 21 años viviendo fuera de España. Me resultó gracioso, pero me da mucha pena y les debería dar vergüenza. La obra de mi padre se estudia en universidades de Finlandia y Corea del Sur, sus obras están en la librería del Congreso de Estados Unidos.
-Marsillach en sus Memorias escribía que "algunos de los autores que hoy estrenan no tienen ni la mitad de olfato teatral...".
-Muchos de los actores que venían a mi casa son los que se olvidaron de él. No los voy a nombrar porque tengo educación. Cuando murió yo tenía trece años y lo veía apretarse los puños, morderse las encías, con dolores musculares de escribir para que su gente no se quedara sin comer.
-¿Viajó como sus obras?
-Decía que le gustaría ser como Marlon Brando, que sólo viajaba con un cepillo de dientes y que su sueño era vivir en un hotel.
-¿Una imagen?
-Después del estreno, medio teatro español pasaba por casa. Tengo fotos de niña con Antonio Garisa, Alberto Closas, Isabel Garcé.
-¿Una obra de su padre?
-Las más representadas fueron Vamos a contar mentiras y Cosas de papá y mamá, que ha vuelto a ponerse en Alemania y con la que está de gira María Luisa Merlo. Pero no todo era obras cómicas. Tiene alguna obra psiquiátrica.

Homenaje a un colchonero que vivía en el Bernabéu

Los pasos perdidos (Ediciones Barbarroja) es una recopilación de artículos de prensa de Alfonso Paso (1926-1978), con selección, edición y notas de Juan Vicente Oltra, profesor de la Politécnica de Valencia. Oltra reconoce la tarea de Almudena Paso (Madrid, 1964), hija del dramaturgo. El libro se presentó en Granada y hoy lo hace en Sevilla (La Revuelta (20:00). Artículos publicados en Abc, El Alcázar, Hoja del Lunes, Diario Madrid y revista Can Can, donde coincidió con Tono e Ibáñez. Tipo contra corriente, Paso era un colchonero que vivía junto al Santiago Bernabéu. 

sábado, 27 de mayo de 2017

Novedad editorial: La Conspiración de la calle del Pez (Eduardo López Pascual)


 El poeta y novelista Eduardo López Pascual (Baza, Granada 1939), autor de una extensa nómina de títulos en prosa y poesía,  acaba de presentar “La conspiración de la calle del Pez”, su última novela, publicada por la editorial madrileña P-r. Basada en un relato de rabiosa actualidad como es el desafío del separatismo catalán, la obra nos adentra en su entramado, con un argumento verdaderamente audaz y sorprendente. 

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A juicio de la editorial, “La Conspiración de la calle del Pez”, logra un clima de interés máximo, al tiempo que certifica la gravedad del intento rompedor de los nacionalistas de aquella hermosa región española. Es así que un grupo de españoles sin complejos, libres e independientes, aun con orígenes y simpatías josé antonianas, se ven inmersos en un proceso político y policial, respecto al grave incidente sufrido por el Presidente de la Generalitat catalana en su visita a Madrid. Si no fuera porque La Conspiración de la calle del Pez, está escrita desde finales del año pasado, todo parecería indicar que se hubiera inspirado en los recientes actos en la capital de España. Con un lenguaje claro y directo, Eduardo López Pascual nos acerca, fielmente, a unas situaciones resueltas en un final imprevisible.


La conspiración de la calle del Pez. Ed, P-r, no estará en los circuitos comerciales corrientes. Se puede adquirir directamente en la dirección. Paseo 26/30530-Cieza (Murcia). indicando “a la atención de Eduardo López Pascual). Precio, 10 Euros.

domingo, 22 de enero de 2017

"SILENCIO" de Ignacio Ruiz-Quintano en ABC el 19 de enero de 2017

La película «Silencio», de Scorsese, es asombrosa y también podría verse como una metáfora de nuestra Santa Transición

La película «Silencio», de Scorsese, es, como todas las suyas, asombrosa, y, si no, tratemos de imaginar esa historia en manos de Trueba y, en vez de Andrew Garfield, Luis Tosar.
Es el caso de unos jesuitas portugueses en misión por el Japón heroico y xenófobo (aquí sí) del XVII, donde son obligados, so pena de martirio, a apostatar: sólo han de poner su pie descalzo sobre una imagen de Cristo en el suelo, y todo les será dado.
Podría ser una metáfora de nuestra Santa Transición, cuando, en aras del consenso, veías a unos poner el pinrel sobre la estampa de Franco, y a los otros, sobre la estampa de Stalin, los dos contendientes de la Guerra Civil. Es una imagen que se te queda, y fue una cosa tan general que yo creo que la moda de ir en chanclas por Madrid viene de entonces.
–Mi padre, hoy, no podría rodar «Plácido». El productor le exigiría a Mario Casas y más ternura –dijo ayer el hijo de Berlanga.
Ternura… e igualdad, el tótem de nuestro tiempo.
La igualdad es una ideología falsa y, por tanto, objeto de promoción política. Es la igualdad totémica de Bárcenas y Pujol o de Rita Maestre y los de la librería Blanquerna. Un Pujol no va a la cárcel «porque tiene familia». Los de la librería Blanquerna van a la cárcel porque lo suyo «entraña intolerancia hacia la ideología catalanista». ¿Cómo discutirle al Supremo la superioridad moral del catalanismo ante el cristianismo?
El cristianismo puede ser odioso (ahí está Rita), pero el catalanismo, dicho por José Antonio Primo de Rivera, no pasa de ser un sentimentalismo orteguiano.
«Odio», tiene dicho Roger Scruton, es un equivalente a la «bruja» en el Salem del XVII (mismas fechas, ay, del «Silencio» de Scorsese):
–En todas las causas a las que se adscriben los optimistas sin escrúpulos se tiende a acusar a los oponentes de promover el «odio» y de esgrimir el «discurso del odio», aunque en realidad estos adversarios sean el objetivo del odio y no sus promotores.


sábado, 14 de enero de 2017

LO QUE ESCONDÍAN SUS OJOS (Por RAFAEL ZARAGOZA PELAYO Grupo de Estudios Historia Actual de la Universidad de Cádiz en ABC publicado el 13 de Enero de 2017))


 

En España, por fortuna, hace tiempo que hemos recuperado la libertad, pero la verdad histórica sigue ausente. A partir de los años 60, los perdedores de la Guerra Civil ganaron la guerra de la propaganda.

(Rafael Zaragoza)

La miniserie que Telecinco ha emitido recientemente, «Lo que escondían sus ojos», ha enrabietado a los habituales antifranquistas retrospectivos. Sin ir más lejos, Cristina Almeida declaraba hace poco en «la Secta» que no se puede tolerar que se emita una serie que idealiza a Serrano Súñer (mano derecha de Franco del 38 al 42), así como a la vida social y cultural de aquellos años 40.
Sin entrar en la hemiplejía moral de ésos que al mismo tiempo elogian la legión de películas que ensalzan al totalitario Frente Popular, llama la atención su ignorancia sobre los años 40, concebidos sólo como una época de militares y curas, y sin vida cultural. No es así.
La serie narraba los amores prohibidos entre Serrano Súñer y la marquesa de Llanzol, con la que tiene una hija secreta, la muy estilosa e inteligente Carmen Díez de Rivera, la llamada musa de la Transición. Carmen se enamora sin saberlo del hijo de Serrano, su hermanastro, hasta que es advertida y se marcha de misionera. Como amiga del Rey y Suárez, a su regreso, influye en la legalización del PC. Con el tiempo se afilia al PSOE. Muere muy joven, a los 57.
Pero no pretendo centrarme en la miniserie, sino responder a los falsos tópicos que como reacción a su emisión se han repetido sobre la política germanófila del régimen y la supuesta aridez cultural de los años 40.
Hay que recordar que el brillante Ramón Serrano Súñer encabezó a un solvente equipo de intelectuales y políticos falangistas que, ante la presión alemana, consiguió dar largas a la entrada de España en la Guerra Mundial. Sólo tras el ataque de Hitler a Rusia, y quizás para compensar esa negativa, enviaron allí a los voluntarios de la División Azul. Algunos de estos falangistas, en el transcurso de pocos años, se opondrían a Franco.
Cabe señalar que el primer falangismo fue un movimiento nuevo, vivido con tanto romanticismo como la izquierda vivió su utopía. En aquellos años no se conocía en qué iba a desembocar el fascismo, cosa que se sabía ya del comunismo, en vigor desde 1917 en Rusia. No entramos en lo que luego sería la violencia falangista, surgida como reacción a la revolucionaria, en especial de las JJ. SS. Desde luego, la Falange fue un movimiento antidemocrático, pero tal como lo fue la izquierda socialista y comunista. Como se ha visto recientemente en los documentos de ABC, el único intento de derrocar al caudillo con fines democráticos que hubo fue el de Don Juan.
Pero volvamos a los aspectos culturales de esa época, falsamente limitados al exilio. Es verdad que el estado franquista arrasó la disidencia. Pero la creatividad empezó a germinar desde muy pronto, eso sí, en medio de grandes dificultades. Ya en el año 40 se publica la revista «Escorial», dirigida por Laín Entralgo y Dionisio Ridruejo, que supuso un esfuerzo por reanudar la convivencia.
La propia Falange reunió a una gran pléyade de intelectuales, como Ridruejo, Sánchez Mazas (padre de los S. Ferlosio), A. de Foxá, Michelena, Miquelarena, José María Alfaro (los anteriores redactaron el «Cara al sol» junto a José Antonio), Tovar, Vivanco, L. Rosales, Torrente Ballester, Samuel Ros, Víctor de la Serna, G. Serrano, A. Cunqueiro, Edgar Neville, etc. El propio José Antonio presidió la tertulia «La Ballena Alegre», y se rodeó de su famosa corte literaria. Según Trapiello, fue amigo de Federico García Lorca, para disgusto de Ian Gibson.
El supuesto «páramo cultural» español de antes del 55 fue rebatido muy especialmente por Julián Marías (nada sospechoso de franquismo) en el año 76, en su artículo «La vegetación del páramo», donde se da cuenta de la frondosidad cultural de aquella España. Julián Marías demuestra que los grandes autores del 98, y de las generaciones siguientes, comienzan muy pronto a escribir: Menéndez Pidal, Azorín, Pío Baroja, Ortega y Gasset, Zubiri, Morente, Gerardo Diego, Dámaso Alonso, V. Aleixandre, Mihura y Marañón.
Sin entrar en otros terrenos artísticos o científicos, también muy productivos, Marías menciona un nuevo brote de poesía tras la Guerra Civil, como Celaya, L. Panero, Rosales, Buosoño, Ridruejo y Blas de Otero. También en esos años escriben nada menos que Cela, I. Agustí, C. Laforet, Gironella, M. Delibes, Aldecoa, José Luis Sampedro, Buero Vallejo, Laín Entralgo, Menéndez Pelayo, F. Chueca, Díez del Corral, J. A. Maravall, Lapesa, Díaz Plaja, y el propio Julián Marías. Yo añadiría nombres como los de M. Machado, J. M. Pemán, E. D´Ors, J. Camba y el mejor prosista catalán del siglo XX, Josep Plá.
En Cádiz también tuvimos la revista «Platero», de F. Quiñones, y «Postismo», de Carlos Edmundo de Ory. ¿Hay un panorama cultural remotamente parecido a esto en la actualidad?


En España, por fortuna, hace tiempo que hemos recuperado la libertad, pero la verdad histórica sigue ausente. A partir de los años 60, los perdedores de la Guerra Civil ganaron la guerra de la propaganda e hicieron desaparecer a muchos de estos autores de los medios de comunicación y de los manuales, al margen de su calidad literaria. En otras palabras, se fue sustituyendo el relato franquista por otra «verdad histórica» igual de deformada y tendenciosa. Y desgraciadamente, en ésas seguimos.