miércoles, 26 de septiembre de 2012

12 de Octubre. Día de la Hispanidad


Un nutrido grupo de españoles vienen sacrificando su tiempo y su esfuerzo por llevar a la calle dignamente la celebración del Día de Nuestra Patria. Superándose cada año, integrando a todos los sevillanos que sientan a España como la Patria común de todos, el empeño heredado por tantas generaciones que nos legaron un país grande y orgulloso que ha cubierto de páginas de gloria la historia de la humanidad.
Todos debemos acudir a los actos programados para ese día, populares, familiares, entrañables, con el único objeto de celebrar juntos el orgullo de ser españoles y, en estos momentos de incertidumbre, reafirmar nuestra españolidad y la integración de todos los pueblos que formamos este gran país. Allí estará Ademán y allí esperamos veros a todos.

 Nuestra Asociación va a colaborar humana y activamente con los actos conmemorativos del 12-Octubre en Sevilla.
 A ninguno se nos escapa la importancia de la defensa de la Unidad de España especialmente en estos años de continuo desafío independentista.
 Por eso nos dirigimos a ti para animarte a participar con tu asistencia a estos actos (cuya información detallada te haremos llegar) y para pedir que hagas una aportación económica en nuestra cuenta en Bankinter.
 El detalle es el Siguiente:

Asociación Cultural ADEMÁN:

0128-0713-81-0500002124

Muchas gracias por tu compromiso.

martes, 25 de septiembre de 2012

Son catalanes, y no les avergüenza su españolidad


Romualdo Maestre.

El nacionalismo separatista quiere hacer incompatible ambas realidades

Casi cuarenta años de silencio. De trágala con el movimiento más carca y reaccionario que aparecerá en los libros de nuestra reciente Historia. De envenenamiento continuo sobre leyendas inventadas, cocinadas a beneficio propio, cogidas con alfiler, sin ninguna base científica ni rigor histórico. De inventarse un enemigo allí donde no lo hay (nos roban, nos expolian, nos pisan…) para tapar sus vergüenzas, al 3 por ciento de comisión o de asalto a mano armada al Palau de la Música. Casi cuarenta años de chantaje a los dos grandes partidos nacionales sin mayorías absolutas, PP o PSOE, acudiendo al calor del poder central para demostrarle a su pueblo cautivo que sin ellos no conseguirían nada. De pulso continuo al Estado de Derecho pasándose por el arc de Berà todas las sentencias donde ponían en solfa la igualdad de derechos de sus administrados (léase oposiciones en la función pública, enseñanza en castellano o multas por rotular en español). De ambigüedad calculada, de tira y afloja, de lloro continuo y grito falso, de ahora toca tensar la cuerda o sacar las huestes a la calle para pedir la independencia. De falacias como que fuera de España Cataluña sería la Suiza europea, cuando ellos han despilfarrado y saqueado en las arcas públicas como todos. Casi cuarenta años dando la imagen de centristas moderados, de emprendedores responsables, de buenos gestores que apoyaban la iniciativa privada y el saber hacer catalán. Y miren por donde, vienen los tiempos difíciles, y los descubrimos. Ya no hay minorías en Madrid a las que chantajear, ni dinero para mantener el tinglado de embajadas de risa en el extranjero, ni paniaguados culturetas que viven a costa de los presupuestos. Ahora se trata de elegir: hospitales o cursos de inmersión lingüística; asilos o asociaciones de defensa de lo cateto-identitario; atender a los ciudadanos o al círculo de militantes, amigotes y parientes que han chupado de vuestros pechos pseudo románticos.
Y lo peor es que a este teatrillo de lo absurdo, del nacionalismo más retrógrado, se ha unido una izquierda que ha tragado el anzuelo. La misma que presumía de internacionalista, la que consideraba que los derechos de los trabajadores estaban por encima de sus fronteras naturales, ha dado un giro radical para mirarse el ombligo y convencerse a sí mismos que el suyo es muy diferente del del resto de los españoles, ya sean estos andaluces, murcianos o canarios. Qué lastima de socialismo taimado y cuatribarrado.
Contra esto, no vale luchar con las mismas armas del nacionalismo. Su odio a España hay que devolvérselo con infinito amor a Cataluña. Buscan esa finta, que nos pongamos a su misma altura, para engañarnos, para hacer creer a los suyos: “Lo veis, ya os lo avisamos, están contra nosotros”. Nada puede favorecer más al secesionismo que campañas a favor de que saquemos el dinero de sus cajas de ahorro o no consumamos cava por Navidades. Eso podrá asustar a su clase empresarial, como todas muy preocupada por las ventas, pero da alas al radicalismo. Tampoco es aconsejable la rabieta de “que se vayan”. No es la solución del problema sino el principio del fin. Que se vayan los que han mentido y engañado a su pueblo creando una falsa esperanza que nunca se podrá llevar a cabo. No se concibe a España sin Cataluña ni viceversa.
El próximo 12 de octubre, día de la Hispanidad, puede ser una oportunidad. Un grupo de jóvenes catalanes que se sienten españoles, sin un euro, sin apoyo de los partidos políticos, sin más medios que las redes sociales, quieren manifestarse a las 12 en la Plaza de Cataluña de Barcelona para decir alto y claro que no todos los catalanes son iguales. Que hay una inmensa mayoría, hasta ahora silenciosa y callada, que no traga con el nacionalismo segregador. Que prefieren vivir dentro de una comunidad, España, que ha jugado un papel determinante en Occidente, a la que pertenecen por derecho propio porque así lo decidieron hace más de 500 años. La misma que los ha encumbrado, ayudado y socorrido cuando ha hecho falta. Ellos se sienten tan catalanes como españoles y piden nuestra ayuda. Quieren que los apoyemos, que no les demos la espalda para que puedan celebrar su contra manifestación. No sabemos qué repercusión tendrá. Si irán mil, dos mil o cuarenta mil. Eso es lo de menos. Lo único importante es que no se sientan traicionados ni abandonados por defender unos colores en un territorio hostil que los ha condenado y estigmatizado cuando menos como fachas. El 12 de octubre puede ser una oportunidad única para poner un punto y aparte en estos casi cuarenta años de dictablanda -pero totalitarismo al fin y al cabo-, nacionalista.

Comenzamos temporada con nuevo acto literario


miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carrillo ante el Juez Supremo

Por su interés reproducimos el siguiente artículo de César Vidal sobre el último genocida comunista del siglo XX

 

Pequeño saquete de maldades

De esa manera calificó Felipe González a Santiago Carrillo en aquellos años de la Transición tan idealizados, y que con sus polvos nos trajeron los lodos en que ahora estamos enfangados. Felipe González, por supuesto, menospreciaba al adversario y, en especial, mostraba su resentimiento consustancial hacia alguien que le podía haber causado un daño enorme.
Pol Pot
 Carrillo procedía del PSOE, donde había entrado bajo los auspicios de su padre, Wenceslao, un socialista histórico, y de Largo Caballero, el Lenin español. Sin embargo, el joven Santiago se percató desde muy pronto de que aquel PSOE no iría muy lejos en el camino de la revolución proletaria. En 1934, el retrato que aparecía, lustroso y revelador, en el despacho de Carrillo no era otro que el de Stalin, el hombre que modelaría su vida. Cuando, en octubre de ese año, el PSOE, apoyado en los nacionalistas catalanes, se alzó en armas contra el Gobierno de la República, Carrillo se hallaba entre los golpistas, pero no dio –según contaron sus compañeros de filas– muestras de valor físico. Incluso alguno se atrevió a acusarlo de haber sufrido descomposición intestinal. Fuera como fuese, Carrillo corrió a esconderse, pero acabó dando con sus huesos, brevemente, en la cárcel. Salió con la victoria del Frente Popular, y a esas alturas ya era un submarino del PCE que procedió a unificar las juventudes socialistas y comunistas bajo el control de Moscú.
Stalin
 De su paso por la guerra, su camarada Líster diría que "nunca asomó la gaita por un frente". Era cierto, pero no fue la suya la labor típica del emboscado. Por el contrario, convertido en el equivalente al ministro del Interior de la Junta de Madrid, llevó a cabo las matanzas de Paracuellos. El tema es discutido aún por algún apologista de la izquierda, pero hace años que Dimitrov y Stepanov zanjaron la cuestión atribuyendo directamente a Carrillo el mérito de las matanzas masivas en la retaguardia. Tampoco él lo ocultó durante años. Carlos Semprún refirió al autor de estas líneas cómo Carrillo reconocía en privado que los asesinatos en masa se habían debido a sus órdenes, aunque lo hacía sin jactancia, explicando que la guerra era así.
Kim Jong-Il
 Cuando concluyó el conflicto, Carrillo formaba parte de los comunistas fanatizados aún creían en que Stalin descendería como deus ex machinapara arrebatar el triunfo militar a Franco. Con el despiste de no comprender lo sucedido y el ansia de ajustar las cuentas a todos, escribió una carta memorable a su padre, uno de los alzados contra Negrín en el golpe de estado de Casado, carta en la que renegaba de su condición de hijo y afirmaba que, de estar en su mano, lo mataría. Su progenitor le envió una respuesta que haría llorar a las piedras, disculpando a Carrillo y atribuyendo el episodio a Stalin. Los comunistas se habían batido como nadie contra Franco, pero, a la sazón, no pasaban de ser un montón de juguetes rotos, niños de la guerra incluidos. Stalin colocó a Pasionaria al frente del PCE, más por su servilismo que por su inexistente talento; a un desengañado Díaz se lo quitó de en medio en un episodio que nunca se supo si era suicidio o asesinato, y comenzó a buscar a alguien totalmente desprovisto de escrúpulos para encabezar el PCE futuro.
Gadafi
 A Carrillo le tocó la lotería del dictador georgiano simplemente porque reunía todas las cualidades: amoralidad, ausencia de afectos naturales, sumisión absoluta a Moscú, disposición a derramar sangre si así se le ordenaba... Décadas después, tras un programa de televisión en que participamos ambos, Jorge Semprún me diría que Carrillo era el único superviviente de aquella generación y que se iría con sus secretos a la tumba. No se equivocó. A cambio de ser el que tuviera las riendas del poder, Carrillo firmó un pacto absolutamente fáustico con Stalin en el que la sangre la pusieron otros.
Hermanos Castro
 Antes de acabar la guerra mundial, Carrillo desencadenó la estúpida operación de conquista del valle de Arán pensando que podría lograr en España lo que el PCI había conseguido en Italia o el PCF pretendía conseguir en Francia. Pero Carrillo no era Togliatti y las hazañas se limitaron a fusilar a unos pocos párrocos indefensos y a llamar a la sublevación armada a unas poblaciones hartas de guerra. El fracaso, a la staliniana, tenía que contar con responsables que cargaran con él como adecuados Cirineos. Así fue. Carrillo ordenó el asesinato de los presuntos culpables del desastre a manos de sus propios camaradas. Repetiría esa conducta una y otra vez, infamando a camaradas entregados como Quiñones o Comorera simplemente para que quedara claro que él no se equivocaba y que si los resultados no eran los esperados se debía a los traidores infiltrados. Y, sin embargo, ¿quién sabe? Carrillo y sus seguidores cercanos eran tan obtusos que, quizá, en lugar de chivos expiatorios de la ambición, las víctimas sólo fueron las paganas de la roma mentalidad de los comunistas. Así, nunca se sabrá si Grimau cayó en manos de la policía franquista porque Carrillo deseaba deshacerse de él o simplemente porque el PCE no daba más de sí.
Fidel Castro y Ceaucescu
 La invasión de Checoslovaquia por los tanques soviéticos enfrentó a Carrillo por vez primera con unas bases que no veían bien cómo legitimar una acción así simplemente porque derivara de las órdenes de Moscú. Apoyándose en Claudín, antiguo compañero de la guerra, y Semprún, el intelectual del PCE por eso de que, al menos, sabía idiomas, Carrillo adelantó las líneas maestras de una cierta renovación ideológica –no mucha– dentro del PCE. Semejante paso no significaba ni que fuera más flexible ni que tuviera intención de ceder el poder. En una secuencia extraordinaria de ¡Viva la clase media!, un José Luis Garci actor ponía de manifiesto cómo todos los activistas del PCE en España eran, a fin de cuentas, cuatro y el de la vietnamita, y la famosa huelga general pacífica que derribaría a Franco no pasaba de ser un delirio basado en el desconocimiento de la España que se pensaba redimir. Eran como los testigos de Jehová a la espera del fin del mundo, sólo que ellos esperaban que el paraíso vendría por la acción de unas masas entregadas al fútbol y a la televisión.
Reunión de disidentes camboyanos
 En un intento de cambiar el rumbo porque era obvio que Franco se iba a morir en la cama, Claudín y Semprún realizaron un nuevo análisis marxista de lo que sucedía. Carrillo hizo que los expulsaran del PCE tras una tormentosa reunión celebrada –y grabada– en el este de Europa, y en la que tuvieron que escuchar cómo Pasionaria, que sabía leer y escribir lo justito, los calificaba, a ellos, cabezas pensantes del partido, de "cabezas de chorlito". En adelante, Carrillo –retratado magníficamente en laAutobiografía de Federico Sánchez de Semprún– se dedicó a esperar el "hecho biológico" de la muerte de Franco mientras disfrutaba de la sofisticada hospitalidad de dictadores como Ceausescu e intentaba que los prosoviéticos como Ignacio Gallego o Julio Anguita –al que con muy mala baba calificó de "compañero de viaje"– no le estropearan el festín.
Manifestación libre contraria al comunismo en Vietnam
 De regreso a España, soñó –nunca mejor dicho– con llegar a un "pacto histórico" con Suárez que le permitiera convertir al PCE en la fuerza hegemónica de la izquierda. Pero la España de los setenta no era la Italia de los cuarenta. Estados Unidos decidió que la izquierda fetén no podía ser un PCE que propalaba un eurocomunismo cocinado en las zahúrdas del KGB y, a través de Alemania, se dedicó a financiar al PSOE de un joven abogado sevillano que respondía al nombre clandestino de Isidoro.
Disidente comunista Soltzsenitzin
 En su intento por lograr lo imposible y además por someter el PCE a su control stalinista, Carrillo sólo consiguió soliviantar a unos militantes del interior que, más allá del mito, encontraron totalmente insoportables a los comunistas regresados. En los años siguientes, aquellos comunistas se pasarían en masa al PSOE y al nacionalismo catalán –en ocasiones, a ambos–, buscando una iglesia más sólida y caritativa que la comunista.
 
Las derrotas electorales –la testarudez de los hechos que decía Lenin– obligaron a Carrillo a abandonar la Secretaría General de un PCE ya destruido –¡gracias de parte de todos los demócratas, Santiago!– mucho antes de que se desplomara el Muro de Berlín. Amagó con regresar al PSOE, insistió en que era comunista hasta la muerte y, por encima de todo, sufrió la conversión en espectro sin haber muerto. Ese fantasma, solo o en compañía de personajes emblemáticos de la izquierda como Leire Pajín, siguió apareciendo como quejumbroso contertulio de radios y engañador en memorias que, en la época de ZP, apoyó desde el pacto con los terroristas hasta la ley de memoria histórica, seguramente soñando con ganar de una vez las mil y una batallas que perdió a lo largo de su dilatada vida.
Paracuellos
  Al final, como señaló Solzhenitsyn en las páginas de conclusión dePabellón de cáncer, desapareció de la Historia. Por desgracia, como también señaló el disidente ruso, lo hizo después de haber causado la desgracia de millares de personas.

martes, 18 de septiembre de 2012

Ignacio Agustí o la fuerza de la españolidad de la mejor literatura catalana



Literatura española

‘La ceniza fue árbol’, el esfuerzo narrativo de Ignacio Agustí

La historia de la familia Ríus
Luís Martínez González
 
En términos literarios, se llama “novela-río” a aquella obra o conjunto de obras que narran la vida de una familia a lo largo de un periodo extenso de tiempo. El concepto procede del francés –”roman-fleuve”- y es precisamente en la literatura gala donde hallamos dos de sus más ilustres y extensos ejemplos: la ‘Comedia humana’ de Honoré de Balzac y ‘Los Rougon-Macquart’ de Émile Zola. En ambos casos, se trata de sagas muy largas pero no es necesario que ello sea así. Incluso hay novelas individuales que pueden inscribirse en este género.
Ignacio Agustí sitúa la obra en Barcelona. En la foto, Parque Güell de esa ciudad.
Ignacio Agustí situa la obra en Barcelona. En la foto, el Parque Güell de esa ciudad
Normalmente, además, este tipo de narraciones suelen encontrarse emparentadas con la novela histórica, pues, al tiempo que se cuentan las vicisitudes familiares, suele incidirse en los acontecimientos históricos que les sirven de marco e influyen en ellas.
En la literatura española, una buena muestra de novela-río que, además, constituye un gran esfuerzo narrativo es ‘La ceniza fue árbol’, del catalán Ignacio Agustí (Lliçá de Vall, Barcelona, 1913-1974), compendio de cinco relatos que cuentan la vida de la familia Ríus y, al tiempo, el desarrollo industrial de la Barcelona del siglo XIX y principios del XX. Abogado y periodista, Agustí se inició en la literatura en lengua catalana. De hecho, antes de la Guerra Civil ya había publicado una obra considerable que incluía teatro (‘L’Esfondrada’), poesía (‘El veler’) y novela (‘Bienaventurats els lladres’). Sería tras la contienda cuando comenzaría a escribir en castellano. Su primera obra en este idioma fue ‘Los surcos’, una suerte de narración poemática publicada en 1942.

Vendría después la primera entrega de ‘La ceniza fue árbol’: su título es ‘Mariona Rebull’ y se ambienta en la Barcelona de mediados del XIX. Narra los orígenes de la familia Ríus: Joaquín pretende prosperar socialmente y, para lograrlo, se casa con Mariona. Pero el matrimonio resulta desgraciado, ya que él se centra en los negocios y ella, insatisfecha, cae en brazos de Ernesto Villar, un play boy de medio pelo. Al tiempo, asistimos al desarrollo de la Revolución Industrial en la ya pujante ciudad catalana, con sus conflictos sociales, y a la vida de las clases más favorecidas (algo que aporta un ingrediente costumbrista a la obra).
Ignacio Agustí narra el atentado del Teatro del Liceo
Ignacio Agustí narra en la obra el famoso atentado del Teatro del Liceo (en la foto)
La segunda novela de la saga fue ‘El viudo Ríus’, que continúa la vida familiar y muestra las primeras huelgas textiles, el triunfo político de Solidaritat Catalana y desemboca en la Semana trágica de 1909. Con ‘Desiderio’, el foco central pasa al hijo del matrimonio Ríus, heredero de sus negocios, y la cuarta entrega, ‘Diecinueve de julio’, nos presenta el estallido de la sublevación de 1936 en Barcelona. Finalmente, la última novela de la saga, titulada ‘Guerra Civil’, se centra en el conflicto bélico y sus consecuencias.
Recorremos, así, a través de esta familia de la alta burguesía catalana todo un siglo de historia de la Ciudad Condal. Por ello, podemos considerar a ‘La ceniza fue árbol’ un excelente fresco histórico narrado con objetividad. En este sentido, es preciso señalar que Agustí es un novelista clásico, que se inscribe en los cánones del Realismo tradicional (narrador omnisciente, orden cronológico, caracterización física y moral de los personajes, etc). No obstante, su estilo revela al poeta que también era, ya que la prosa muestra tonos líricos, una abundante y acertada adjetivación e incluso algunas imágenes vanguardistas. Constituye, en suma, ‘La ceniza fue árbol’ un muy estimable esfuerzo narrativo y, sin duda, la mejor creación del escritor catalán, hoy injustamente olvidado. En los años setenta, sin embargo, las dos primeras novelas de la serie fueron llevadas a la televisión con el título de ‘La saga de los Ríus’ y dirección de Pedro Amalio López, un trabajo aceptable pero lógicamente incompleto.
Fuente: Biografías y Vidas.
Fotos: Guillaume Cattiaux y Draxus.

martes, 11 de septiembre de 2012

¿Qué es ser comunista?

Por su interés reproducimos este artículo de Ussía para La Razón que recoge el espíritu reivindicador de este blog.

¿Qué es ser comunista?

Alfonso USSÍA Domingo, 9 de septiembre de 2012









   Foto: Google
La Derecha española, democrática, libre y progresista, tiene que dejarse de complejos. Esa debilidad es la que anima a crecer el sectarismo de determinada Izquierda, nada democrática por cierto. ¿Es democrática la ignorante «seño» comunista que impide un homenaje a Agustín de Foxá? No lo puede ser.
El objetivo del comunismo nunca fue la libertad y la democracia, sino el poder. La libertad, en la España del último tramo republicano, en la URSS, en los países del Telón de Acero, en Cuba, en Corea del Norte, en donde hayan padecido la experiencia del comunismo, jamás existió. ¿Bienestar a cambio de libertad? Tampoco. El comunismo, económicamente, ha sido una ruina. Prisión y ruina. El bien supremo del ser humano, después de la vida, es el de la libertad. Hay que dejarse de complejos. Una buena parte de estos ignorantes que exteriorizan su memez y su incultura amparados en una norma prescindible, militan en el comunismo o el socialismo sectario porque se sienten enfadados con la vida. Sólo ellos son capaces de borrar el nombre de un héroe del siglo XIX español de una calle de Sevilla para sustituirlo por el de una actriz secundaria y de reparto cuyo único mérito ha sido liderar al sector más politizado del cine hacia el desprecio general.
Resulta penoso el sistemático silencio de la Derecha ante las humillaciones de una Izquierda alzada que somete su reacción. Un comunista no puede hablar de democracia. Un comunista no puede dar lecciones de libertad. Un comunista no tiene ningún fundamento para usar la imagen del progreso. Están ahí, estancados en su derrota y en su rencor. Pero son maestros en la manipulación y la propaganda, eso que tan rematadamente mal hacen los políticos de la Derecha. La Ley de la Memoria Histórica no contempla a Paracuellos del Jarama, por poner el ejemplo más sangriento de nuestra Guerra Civil. Y setenta años más tarde, prohíben un homenaje a un gran escritor que no mató a nadie. A Santiago Carrillo, el actual ministro de Educación, le hizo «Doctor Honoris Causa» dos años atrás. Y la reacción de la Derecha democrática fue respetuosa y tolerante.
La colaboración de Rafael Alberti en la tortura de presos en la checa de Bellas Artes ha pasado desapercibida. El Sistema no permite que un poeta comunista haya sido, además de prodigioso poeta, una mala persona. ¿Se figuran a José María Pemán, o al reconvertido Ortega y Gasset disfrutando del dolor de unos prisioneros republicanos? Son maestros en borrar las sombras de los suyos y los nubarrones de la Historia. La Guerra Civil fue una clamorosa reunión de canalladas, en un bando y en otro. Pero sólo se recuerdan y condenan las del lado de los vencedores. El victimismo de la derrota vende muy bien.
Agustín de Foxá era de derechas, como Dionisio Ridruejo, Eugenio Montes, Luis Rosales, Pedro Laín, Leopoldo Panero, Rafael Duyos, José María Pemán, José Luís López Aranguren, Rafael García Serrano y Ernesto Giménez Caballero. Escribieron y no mataron. No aceptarlos por su condición de «fascistas» desde el comunismo y el socialismo resentido, produce estupor y vergüenza ajena. Póngase fin, ya es hora, al complejo de inferioridad y al silencio. Ningún comunista puede dar lecciones de libertad, vida y democracia a nadie.

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* Ildefonso María Ciriaco Ussía Muñoz-Seca, más conocido como Alfonso Ussía es un periodista, columnista y escritor español. (1948 - ....)

lunes, 10 de septiembre de 2012

Encuentro de Literatura Fantástica



Durante los días 5 y 6 de Octubre (2012) se celebrará en la biblioteca pública de Dos Hermanas (Sevilla) un encuentro sobre Literatura fantástica, donde la editorial Jirones de Azul tendrá presencia con el escritor José Carlos Blandino, a propósito de su novela Lilith.

Si necesita más información o contactar con el autor para una posible entrevista, puede ponerse en contacto con nosotros.

Editorial Jirones de Azul
Tigris 36 1º
Sevilla 41020

Teléfono: 954286120 629817136

sábado, 8 de septiembre de 2012

La movida sigue menguando


BONEZZI, IN MEMORIAM
                                                                                                                      A. Brea

Me pide mi amigo Javier Compás que dedique unas líneas en La Clave Cultural a la prematura desaparición del prolífico compositor  Bernardo Bonezzi. Petición que me pone en un pequeño brete, puesto que Bonezzi jamás ha formado parte de mi particular Olimpo musical, contrariamente a lo que el presidente de la asociación que promueve este blog haya podido suponer por causa de un breve panegírico fúnebre que publiqué en una red social, a las pocas horas del anuncio de la defunción del conocido músico. En realidad, si algo me condujo a ello fue la conmoción producida por la muerte de una popular figura de mi generación, la nacida en los años sesenta del pasado siglo, que ha dejado de ser joven para adentrarse en las tranquilas aguas de la madurez.
A diferencia de otros artistas de su época, recientemente desaparecidos, como Enrique Urquijo o Antonio Vega, la falta de carisma y dotes vocales de Bonezzi le impidieron hacer grandes aportaciones a la historia del Pop hispano. Con una notable excepción, la simpática Groenlandia, canción imprescindible en innumerables fiestas, que lanzara hace más de treinta años al frente de su grupo Los Zombies, coincidente en nombre con una de las mejores bandas del beat británico de los Sesenta. Precisamente fue la nostalgia de los Sesenta, mezclada con la provocación post-punk y una cierta reivindicación gay, una de las características de aquella Movida -versión española de la New Wave anglosajona- en la que Bernardo Bonezzi participó activamente, antes de aprovechar sus indiscutibles habilidades musicales para desarrollar una notable carrera como autor de bandas sonoras de películas y series de televisión.
Como colofón a su trayectoria vital, la coincidencia de su muerte con la de Carlos Larrañaga, protagonista de Farmacia de Guardia, el serial televisivo más popular entre aquellos a los que Bonezzi prestó su música, fue un curioso guiño del destino que reforzó, de forma recíproca, el impacto mediático de dos noticias que nos recordaron, tristemente, la fugacidad de nuestra propia existencia.

jueves, 6 de septiembre de 2012

El deseo como adicción

El deseo como adicción

Almudena Sánchez -
15/06/2012
"Deseo" de Liam O'Flaherty. Un conjunto de relatos que rescatan al escritor Irlandes: un libro que alcanza a hacernos comprender que los humanos no somos propietarios de la naturaleza.
Sucede al leer a Liam O'Flaherty que, con una frase tan sencilla como "Vio la formidable magnitud del mundo que se extendía tras la ventana" alcanza a hacernos comprender que los humanos no somos propietarios de la naturaleza, que su belleza no nos pertenece. Tan solo está ahí, resplandenciente tras los cristales. Nos reconocemos en ella, la divisamos de lejos aunque no podamos capturarla. En ocasiones nos atraviesa un rayo de luz, nos empapan sus gotas de lluvia o se extingue el eco de nuestra voz al fondo de un acantilado. Esta, quizá, sea la definición que más se ajusta a este libro de relatos: la terrible capacidad de O'Flaherty para hacernos dar cuenta de lo pequeños que somos ante la inmensidad del paisaje. Apenas seres minúsculos, caminando a través de "arboledas con muchos pájaros" o "por jardines floridos y valles remotos, hasta las cimas de las montañas en el extremo del cielo, y aún más arriba, hasta encontrarse ante el ojo de Dios."
Liam O'Flaherty es un escritor irlandés muy poco conocido fuera de Irlanda y recientemente traducido al español. Un magnífico trabajo el de Nórdica Libros al publicar este Deseo y extraer así al autor de su ámbito local para darlo a conocer en España (como también hizo Libros del Asteroide con su novela El Delator) e, imaginamos, un arduo proceso de traducción el de Antonio Rivero Taravillo (que se ocupó de ambos libros) y que ha tenido que enfrentar los originales en gaélico. O'Flaherty (agosto de 1896 - septiembre de 1984) era un hombre de ideas fijas: hablaba el gaélico y escribía casi todas sus obras en gaélico. Seguramente, por éste y otros motivos, no se le conoce más allá de sus fronteras a pesar de estar considerado por críticos y expertos como uno de los mejores escritores del siglo XX y una de las voces más personales de la cultura irlandesa.
Además de toda la carga sensorial que contiene Deseo -las imágenes se suceden unas a otras como en un álbum de fotos, la mezcla de olores recrea perfumes, evoca recuerdos y una mezcla de sabor a mar y tierra envuelve por completo cada una de sus páginas - Liam O'Flaherty da unidad a sus cuentos a través de un hilo conductor común: el deseo. Esa es la hebra que le sirve para que cada uno de sus relatos esté relacionado y para crear un particular tira y afloja que encierra al lector, sumiéndolo en un estado permanente de tensión que se resuelve con el fracaso (la no consecución del deseo) o con el logro del deseo (y su esperado estallido de felicidad). ¿Qué nos llena más que alcanzar algo que hemos deseado, que hemos imaginado, que hemos soñado? Bien, esa es la propuesta -nada fácil- a la que se enfrenta este convulso escritor irlandés.
Un bebé que gatea por primera vez hacia un rayo de sol; una escena entre el gato y el ratón que ansía cazar; entre el sediento y la botella de cerveza; la relación que se crea entre una vaca y su ternero, son claros ejemplos de ese deseo a flor de piel que nace del estadio primero que forma nuestra naturaleza humana, el más primitivo de nuestros instintos animales. Un deseo que late y que no deja dormir por las noches, más salvaje que civilizado, de una lógica puramente irracional y que poco o nada tiene que ver con el pensamiento y sí con una pulsión interior extraña y, la mayoría de veces, poco reconocible. Se trata de un material frágil y transparente o como lo describe O'Flaherty: "la superfície del mar desgarrándose en las profundidades."
Aunque el tema requiere de su complejidad por ser casi una cuestión filosófica, las narraciones de O'Flaherty son sencillas, sin disquisiciones retóricas ni digresiones ensayísticas o notas a pie de página. A este escritor irlandés tan sólo le hace falta un paisaje y unos personajes o actores -se basta con animales o fenómenos naturales como las olas del mar- y ante todo el deseo que flota en el aire como un material radioactivo a punto de explotar. Como afirma él mismo en una de sus páginas "cualquier cosa dura más que el hombre" y el deseo es sin duda una de esas cosas.
El deseo como adicción

Enlaces de interés

Deseo

Deseo

  • Editorial: Nórdica Libros
  • Autor: Liam O´Flaherty
  • Año de edición: 03/2012
  • Número de páginas: 192
  • Comprar el libro: 
  •  http://www.elcorteingles.es/tienda/libros/browse/productDetailCultural.jsp?productId=A5916579&categoryId=999.535&isProduct=true&trail=&trailSize=1&navAction=jump&navCount=0&brandId=

viernes, 24 de agosto de 2012

El verdadero Aragon de Tolkien.

Roy Campbell. España salvó mi alma
Libros Libres
¿Por qué proclamó el poeta surafricano Roy Campbell (1901-1957) que España había salvado su alma? Porque fue en Altea donde en 1935 completó su conversión al catolicismo. Porque el sacerdote que le bautizó fue luego asesinado en odio a la fe. Porque en 1936, en Toledo, vio caer mártires a sus amigos carmelitas. Porque ellos le confiaron en custodia los manuscritos de San Juan de la Cruz. Porque se jugó la vida para impedir su destrucción por los milicianos. Porque tradujo al inglés con belleza aún no igualada los versos místicos del santo. Porque vació su espíritu en el más intenso poema sobre la guerra civil, Flowering Rifle. Porque apoyó al bando nacional ante la amenaza que suponía el comunismo para la civilización cristiana. Roy Campbell conoció el Oxford de una época literariamente irrepetible. Se vinculó a Virginia Woolf y el círculo de Bloomsbury y se desvinculó después ante el desprecio de aquel progresismo decadente hacia las virtudes más elementales. Su mismo matrimonio con Mary Garman, a pesar de que se amaron sin fisuras hasta el final, lo sufrió en sus propias carnes. Y fue amigo de C.S. Lewis, Evelyn Waugh, TS Eliot y JRR Tolkien, quien vio representado en él uno de sus personajes de El Señor de los Anillos: nada menos que Aragorn. Una vida, pues, que valía la pena contar, y que la contase un biógrafo de renombre como Joseph Pearce, rescatando para España la memoria de un hombre que la amó hasta sus últimas consecuencias.

jueves, 23 de agosto de 2012

Luis Rosales en la Biblioteca Nacional

La Biblioteca Nacional afronta un mes de septiembre cargado de actos culturales.
lainformacion.com
La inauguración de dos exposiciones, la primera dedicada al fotógrafo hispano húngaro Juan Gyenes, y la segunda, 'El libro como...', en la que el protagonista principal es el público, marcan la programación cultural de la Biblioteca Nacional de España en el mes de septiembre.
El día 13 se inaugurará 'Gyenes. Maestro fotógrafo', que reúne las imágenes más relevantes de Juan Gyenes (1912 - 1995), uno de los fotógrafos más importantes de la segunda mitad del siglo XX, cuya cámara fue testigo de los más importantes acontecimientos políticos, culturales y sociales de su época.
La muestra, que estará expuesta hasta el 18 de noviembre, se articula en cinco apartados: fotos icónicas, álbum personal, retratismo, artes escénicas y rarezas. Gyenes retrató en blanco y negro la España del siglo XX, importándole más la luz que las ideologías.
Por otro lado, el jueves 27 se abrirá al público la exposición 'El libro como...', organizada por la BNE y Acción Cultural Española (ACE), que se podrá visitar hasta mediados de enero del próximo año.
En ella se plantea una intervención interactiva a partir de objetos y libros de artistas de la BNE, cuya percepción será modificada y completada a través de sonidos, imágenes de vídeo y olores, alcanzando la transmisión de experiencias sensoriales por medio de los libros, en un intento de reflexión sobre el futuro del libro como soporte artístico.
VOCABULARIO PROVINCIAL AMERICANO
El martes 18 se presentará el libro 'Vocabulario provincial americano y otros léxicos' de Bartolomé José Gallardo, con introducción y transcripción de Francisco Calero y Valentín Moreno. Editado por la Biblioteca de Extremadura, dentro de los actos Extremadura en las Cortes de 1812, es el número 6 de su colección Alborayque Libros.
Coincidiendo con la exposición 'El mito trágico de Raquel Meller' (1888 - 1962), el miércoles 19 a las 18:30 horas , se proyectará la cinta Carmen, de Jacques Feyder, con la colaboración de la Filmoteca Española. El jueves 27 se celebrará la conferencia Luis Rosales: un poeta en su selva a cargo de Luis Rosales Fouz. Se trata de un homenaje a Luis Rosales con motivo del Tricentenario de la BNE.
Por otro lado, los martes y viernes de septiembre, a las seis de la tarde, continuará el ciclo de cine homenaje a Tarzán, con motivo del centenario de la publicación de la primera novela del personaje, creado por Edgar Rice Burroughs en 1912. Se verán en versión original las películas 'Tarzán de los monos', 'Tarzán y su compañera', 'La fuga de Tarzán' y 'Greystoke, la leyenda de Tarzán, el rey de los monos'.
En septiembre continúan las visitas guiadas al Museo de la Biblioteca (de martes a viernes, de 11 a 14 horas), al Museo y al Salón de Lectura (para grupos, los martes a las 17:30 h, y los miércoles y jueves a las 17:00 h. Para el público en general, martes y viernes a las 17:00 h, y el último sábado del mes a las 12:00 h), y a la BNE (para grupos especiales de profesionales y universitarios, organizadas en función de sus intereses específicos, previa petición).

domingo, 19 de agosto de 2012

La Tristeza del Samurái de Víctor del Árbol.

Basura literaria. 
La deriva de Círculo de Lectores hacia la literatura más ramplona y comercial, salvo honrosas excepciones de muy buenas ediciones, es, ni más ni menos, lo que padecemos desde hace unos años en el mundillo literario, no sólo en esa revista de venta a domicilio, sino en otrora prestigiosas cadenas de librerías. No se educa al público, ¿para qué? es más fácil echarle carnaza en blanco sobre negro para seguir aumentando la superficialidad y los lugares comunes de los best sellers al uso. 
Y como en verano uno se echa en la mochila casi cualquier cosa para pasar el rato, consideré La Tristeza del Samurái, una posible buena opción de entretenimiento para ratos playeros. Lamentablemente, la citada novelita ha tenido, además, la desgracia de caer en mis manos entre un Vila Matas y un Sándor Márai, demasiado para el body, que diría mi prima Elena. La historia que narra Víctor del Árbol es una antología de lo políticamente correcto: protagonista lesbiana, visión desastrosa del matrimonio y la familia tradicional, supuesto "realismo sucio" y un burdo maniqueísmo donde, una vez más, se muestra a los vencedores de la Guerra Civil, como malos malísimos, no, más, no son solo malos, son una colección de monstruos sádicos, retorcidos, asesinos sin alma ni corazón, etc. , etc. Pero aquí se da un paso más, a los patéticos personajes creados por el autor se unen nombres de personas reales, en una abracadabrante trama que mezcla a los frikis creados por el autor con personas reales de la historia reciente de España.
Pero admitamos la libertad de creación del autor y su derecho a inventar la historia que quiera, pero es que además, todo está envuelto en una escritura torpe, pretenciosa, con unas metáforas y comparaciones ridículas, cuando no cursis e intrascendentes. Pero es que además el autor aplica mal adjetivos y sustantivos, inventándose incluso algunos de ellos, inexistentes, creo, en lengua española.
Si a lo largo del verano hemos recomendado algunas lecturas, permitannos que esta vez le recomendemos la NO lectura de esta enrevesada historieta de fascistas sádicos.

A. C. Ademán

lunes, 13 de agosto de 2012

Sánchez Gordillo de falangista hedillista a diputado de IU

En 1967 el hoy diputado de Izquierda Unida pidió información para ingresar en la guardia civil, además de ser simpatizante y acudir a actos del falangismo hedillista.

Por Ana Burrieza
Juan Manuel Sánchez Gordillo, el hombre del momento y conocido ahora por el gran público por su acción mediática de asaltar supermercados y ocupar tierras en una suerte de Robin Hood de izquierdas, no siempre fue así. En 1967 pidió información para ingresar en la guardia civil, hacia la que mostraba una gran simpatía, y simpatizaba con el falangismo hedillista tal y como recuerdan algunos falangistas sevillanos de la época. Casualmente su ahora bestia negra, el presidente andaluz José Antonio Griñán, también tuvo un pasado azul muy similar, como desveló Diario El Aguijón.
EXCLUSIVA DIARIO EL AGUIJÓN: El pasado falangista de José Antonio Griñán, actual presidente del PSOE, al descubierto
Ana Burrieza.11.08.12. El alcalde de Marinaleda (Sevilla) y ahora diputado de Izquierda Unida no siempre fue de izquierdas, o al menos no lo fue de la forma actual. El 16 de marzo de 1967, con quince años de edad, pidió información  junto a otros dos amigos, Francisco González y José Arjona, en la Comandancia de Sevilla de la Guardia Civil sobre lo necesario para ingresar en el cuerpo de la Benemérita, tal y como figura en los registros de la época, donde se hacían informes detallados de todos los movimientos y accesos a las instalaciones y motivos de la visitas. De haberse materializado el ingreso en el Instituto Armado, probablemente podría haber sido incluso uno de los guardias con los que negoció los desalojos de las tierras ocupadas en “Las Turquillas” , en lugar de uno de los ocupantes. Pero la vida da muchas vueltas y no fue así, y el camino que muchos andaluces escogieron como medio de vida, no fue finalmente el elegido por Sánchez Gordillo, quien años más tarde, en las elecciones municipales del 1979 alcanzaría la alcaldía de Marinaleda, donde permanece instalado desde entonces.

El falangista que ya entonces quería hacer la reforma agraria
Algunos amigos sevillanos de aquellos años recuerdan bien aquel pasaje sobre la petición de información para ingresar en la Guardia Civil, y otro no menos curioso: su filiación al falangismo hedillista. Ambos hechos resultan sorprendentes, especialmente hacia quien se ha querido presentar como un ejemplo viviente de la viabilidad de las fórmulas más autogestionarias, y especialmente centrado en reivindicar la reforma agraria y la entrega de las tierras a los campesinos andaluces. No parece casualidad que esa bandera fuera también esgrimida por el falangismo hedillista con mucha fuerza en Andalucía, y que la reforma agraria fuera uno de los puntos fundamentales del falangismo original de José Antonio. En 1970 se celebró en Sevilla un pequeño acto en el Hogar Cisneros de la OJE organizado por los falangistas de Sevilla y Huelva del Frente Sindicalista Revolucionario (FSR) al que acudió el médico gaditano Narciso Perales, uno de los firmantes del Manifiesto de los 100 que daría lugar al nacimiento de Comisiones Obreras y uno de los cabecillas de la disidencia falangista al franquismo*. A ese acto, también acudió Juan Manuel Sánchez Gordillo, según han recordado para Diario El Aguijón Alfonso Sotomayor y Enrique Alfonso ambos falangistas, y que estuvieron en ese acto. Allí, Narciso Perales, que fuera uno de los amigos personales de José Antonio, y lider de la fracción hedillista y antifranquista del falangismo, desgranó los puntos fundamentales que reivindicaban para Andalucía. Y entre ellos, la de la reforma agraria, la nacionalización de la banca y el reparto de tierras entre los campesinos, para que estos pasaran a ser propietarios de su propio medio de producción, o lo que es lo mismo, la autogestión basada el modelo yugoslavo. No se sabe bien si aquellas ideas se le quedaron grabadas a Sánchez Gordillo por aquel acto o por otros parecidos, pero lo que no hay ninguna duda es que 40 años después, Sánchez Gordillo sigue defendiendo en la práctica aquellos lemas, aunque bajos banderas bien distintas.


*Falangista contra el Caudillo. Gustavo Morales. Editorial Sepha.2007.

viernes, 10 de agosto de 2012

La controversia falangista de Ridruejo vista por El País

Ridruejo, la desesperación del exilio

Las cartas escritas desde París corroboran el irreversible desmarque de la dictadura del ex-falangista

Gloria de Ros y Dionisio Ridruejo en un viaje a Paris en el año 1962.

Dionisio Ridruejo había roto con el régimen que él ayudó a montar. El franquismo no se lo perdonó y le persiguió con saña. Franco aprovechó el ruido del contubernio de Múnich (en el que el exfalangista había participado y del que ahora se cumple medio siglo) para aislarle en París, donde el autor de Escrito en España vivió, desde 1962, dos años de exilio en los que combinó su rabia de expatriado con la preocupación familiar por la precaria situación en que vivían su mujer, Gloria de Ros, y sus dos hijos, Gloria y Dionisio, que habían nacido en 1947 y 1949.
Ahora publica la Fundación Banco de Santander las cartas que él le escribió a su mujer en ese periodo de su vida. Cartas íntimas desde el exilio, que han sido compiladas por los críticos Jordi Gracia y Jordi Amat. Coinciden, además, con la publicación en RBA de Ecos de Múnich, que recogen los escritos de Ridruejo relacionados con aquel contubernio en el que por primera vez participaron vencedores y vencidos de la Guerra Civil.
El “contubernio” (expresión con la que el régimen trató de desprestigiar la reunión), “ha salido en conjunto mejor de lo que era razonable esperar e incluso el inmenso beneficio de la reacción del Gobierno me parece una gracia caída de los cielos”, le dice Ridruejo a Gloria en la primera de estas cartas íntimas. Se le había abierto la posibilidad del destierro en España, pero Ridruejo no quiso aceptar esa oportunidad. “Lo que se ha hecho es lo único que puede dar confianza a la gente sobre el porvenir y yo no cejaré hasta llevar las cosas a sus mejores consecuencias”. Esa fue la razón “por la que no me apresuro a volver ni a aceptar la residencia en Fuerteventura —que es una isla dura pero preciosa— o en Carabanchel. Tengo mejores cosas que hacer por el momento. Cuando estas cosas estén hechas, volveré a España seguramente y que ellos tomen la responsabilidad”.
Volvió a España dos años más tarde. Después de algunas peripecias que narra con el pulso del poeta que fue, sorteó a la Guardia Civil en la frontera y se presentó de improviso en la casa de Madrid. “Parecía un fantasma”, dice su hijo Dionisio, que ahora tiene 63 años. Se fue de inmediato a su escritorio y le escribió una carta al director general de Seguridad, que era Carlos Arias Navarro. “No podía resignarme a quedarme extrañado de mi patria indefinidamente, haciendo creer, por añadidura, que mi pasividad significa iba asentimiento a esta situación anormal y penosa. No se trataba por mi parte de un desafío a la autoridad sino de una modesta reivindicación de derecho, que considero indeclinable, sin perjuicio de las medidas que el Gobierno pudiera considerarse en el deber de aplicar en consideración de mis actitudes políticas”. El Gobierno tomó represalias. Como había ocurrido antes, en condiciones menos dramáticas, lo encarcelaron y luego lo sometieron a una vigilancia que no se relajó hasta la muerte del general…

'Querida Gloria'

París, 2 de mayo de 1963
“Acabo de recibir el escrito y todo estaría bien si no fuera por el primer punto de la rectificación, que es un disparate. He escrito todo un libro para explicar cómo y por qué he dejado de ser falangista. ¿Cómo puedo ahora dejar decir que lo sigo siendo, invocar la División Azul y todo lo demás? Joaquín [Ruiz-Giménez] se ha equivocado: no necesito la defensa del disidente desde dentro sino la justificación de mis actos. Si 'Arriba' publica ese párrafo hará un inmenso daño a todo lo que he querido hacer y me presentará como un monigote. No tendré más remedio que evitar una aclaración, lo que me revienta pues es penoso para ti, que es quien firma. (...) En fin, tú no tienes la culpa y el culpable soy yo por no haberte advertido. Mi táctica no es la de echar agua al vino y escurrir el bulto. Estoy a la ofensiva y no a la defensiva”.
En aquella carta a Arias Navarro, Ridruejo le contó al que luego sería sucesor de Franco en la interinidad de la Transición los detalles de su viaje del exilio a su país. “Como V.I. debe saber, algunos agentes de ese servicio (policial) me raptaron en las proximidades de Bilbao, y después de mantenerme en su coche con los pretextos más ingeniosos y el trato más cortés, me devolvieron a territorio francés a la vista de San Juan de Luz. Explicaré que he empleado la palabra ‘rapto’ en sentido técnico y no peyorativo para indicar que no hubo ni detención ni identificación formales, ni pasaje por comisaría alguna, ni aceptación de mi deseo de que mi caso (…) fuera consultado con la superioridad, ya que mi intención no era la de disimularme”.
Se entregaba, tácitamente. “Y lo metieron en el trullo”, dice ahora su hijo. Su exilio lo pasó combinando oficios (editor, traductor, escritor), simulando ante Gloria, que una vez fue con los hijos a París, un bienestar inestable del que se quejó muy poco. Las cartas procuran una estabilidad familiar que en algún momento estuvo a punto de saltar por los aires. Fue en mayo de 1963, cuando el diario Arriba, del movimiento, lo acusó de favorecer “al partido del crimen, la checa y la tortura”. Su mujer, aconsejada por el exministro de Franco Joaquín Ruiz-Giménez, escribió una carta exculpatoria, aludiendo a los servicios prestados por Ridruejo en la Falange y en la División Azul. A él esa carta lo llenó de indignación, y respondió con una carta íntima, pero incendiaria. Esa carta tiene un alto valor documental, pues marca para siempre la voluntad de Ridruejo de desmarcarse de veras del régimen que contribuyó a crear. Jordi Gracia lo subraya así, explicando cómo se sale de la lectura de estas cartas: “Se sale con el ánimo tonificado por el equilibrio entre el sacrificio y el deber. Ridruejo asume costes humanos muy altos y se siente responsable de haber contribuido a una enorme catástrofe”.
Es la crónica personal de un exilio, señala el antólogo, “que muestra el precio que Dionisio Ridruejo tuvo que pagar por un orden civil o moral más justo”. Y ese testimonio, la carta de reproche a Gloria de Ros, simboliza mejor que cualquier otro documento esa ruptura que el Ridruejo demócrata quiso oponer al Ridruejo falangista. “Fue un hombre de bien”, dice el hijo. Los compañeros de colegio de este escucharon, como él, cómo se llamaba traidor a Ridruejo. “Y mi padre no fue un traidor, fue un hombre de bien”. En París, en medio de la desolación del exilio, tranquilizó a Gloria, contándole planes: “Terminar las negociaciones españolas comenzadas en Múnich; montar una fabriquita de propaganda y, por de pronto, una revista intelectual; (…) volver a España, incluso clandestinamente, cuando el aparato esté montado en forma”. Era un poeta; las cartas revelan, además, a Ridruejo como padre de familia, vulnerada su esperanza pero incólume su decisión. “Me parecería (…) indecente —incluso ante vosotros— desertar y abandonar el campo”. Era el precio que pagaba, dice Jordi Gracia, y dice su hijo, por resolver las cuentas del Ridruejo que ganó la guerra



http://cultura.elpais.com/cultura/2012/06/24/actualidad/1340571438_857999.html

miércoles, 8 de agosto de 2012

Lecturas al sol (V): DIVISIONARIOS por Jose Luis Orella

Aquella generación de jóvenes españoles que partieron voluntarios a luchar contra el comunismo en 1941

Divisionarios, un testimonio gráfico


José Luis Orella.  El libro Divisionarios. Testimonio gráfico de los combatientes españoles de la wehrmacht, de Pablo Sagarra, Oscar González y Lucas Molina de la Esfera de los libros, es una lectura muy agradable para estos días de verano. En un espléndido formato, trata de la vivencia de aquella generación de jóvenes españoles que partieron voluntarios a luchar contra el comunismo en 1941.
37 de aquellos supervivientes, de diferentes rincones de España y de distintos oficios, nos retratan a través de las entrevistas realizadas, cuales fueron los motivos por los que fueron a combatir, y las experiencias que tuvieron en aquellos lejanos páramos. Los autores, ya curtidos en obras del periodo, han sabido canalizar muy bien las vivencias de estos voluntarios, para que nos resulte una narración verídica, entretenida y apasionante de leer. 
El libro, configurado como un álbum de fotos, reúne de colecciones privadas una serie numerosa de fotos inéditas sobre aquella participación militar española, conocida, pero en la actualidad muy mal explicada por algunos profesionales. 
Esta obra, completa junto a otras de reciente aparición, la verdadera epopeya de unos hombres que fueron a luchar para abatir un sistema totalitario, que fue definitivo cuarenta años después como “el imperio del mal”. Sus experiencias, sus vivencias, anécdotas, su trato con la población rusa, sus diferencias y contradicciones con el apartheid implantado por el régimen nazi en las zonas de ocupación, muestran un frente del Este duro, donde se decidió la Segunda Guerra Mundial, y donde casi cinco mil españoles dejaron su vida en aquel combate. 
Un libro que ayuda a poner luz sobre unos hechos muy enjuiciados, pero menos tratados. Los testimonios de los supervivientes y el testimonio gráfico de las imágenes de sus colecciones privadas son una importante aportación al descubrimiento de la verdad histórica, de lo que fue la última epopeya de los españoles en un conflicto internacional.

El atril de economía del profesor Cansino. Sanidad pública olímpica

Sanidad pública olímpica; por José Manuel Cansino


«La llamada de atención que hizo Boyle al sacar a escena a la sanidad pública justo cuando su supervivencia está fuertemente amenazada por la crisis, convive con la demagogia política»
«El Estado del Bienestar no ha existido siempre y por esa                    razón cabe preguntarse si durará ‘eternamente’»
7 Agosto 12 - - José Manuel Cansino
Si no fuese por lo grave del asunto, este artículo podría recordar a un chiste en el que –pongamos por caso– un británico, un sueco y un español de comienzos del siglo XIX viajan a través del tiempo y se dan de bruces con la reciente ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de Londres.

En mitad de su aturdimiento contemplan el espectáculo sobre el que reflexionarán los días posteriores.

Así, ayudados por solícitos intérpretes, se preguntarán por la escena en la que unas señoras uniformadas –enfermeras le aclaran los intérpretes– bailan junto a unas camas de hospital en las que unos niños saltan jubilosamente. Es el homenaje a la sanidad pública que ha querido tributar Danny Boyle, vuelven a aclarar los intérpretes acerca de la escena incluida en el evento por su director.

El británico, el sueco y el español con el rostro demudado en sorpresa se miran y, cada cual en su lengua materna se preguntan, ¿la sanidad qué?

Pública, les aclaran, la sanidad pública. El Estado garantiza la sanidad pública gratuita. Ustedes saben, el Estado del Bienestar, en fin, que si usted enferma, puede acudir a un centro de salud pública y allí le atienden gratuitamente.

La sorpresa ahora es doble. La de los ciudadanos decimonónicos «teletransportados» que no entienden cómo la corona (así se lo han traducido) paga la asistencia sanitaria de todo el mundo, y la de los traductores que no salen de su asombro al contemplar cómo unos tipos se sorprenden ante el hecho cotidiano de que el Estado financie la atención sanitaria.

Charles Wolf aclaraba esta escena en su libro «Mercados o gobiernos. Elegir entre alternativas imperfectas», traducido al español por el Instituto de Estudios Fiscales en 1995.

Wolf explicaba que la demanda de bienes públicos por los ciudadanos tenía un componente diferente de la demanda de bienes privados. La diferencia tal consistía en que los ciudadanos estaban convencidos de que tenían derecho a la asistencia pública, desde la cuna hasta la tumba y que tal derecho era consustancial a su condición de ciudadano.

Sin embargo, no sólo la sanidad sino también la educación pública, la prestación por desempleo o el resto de prestaciones, son aportaciones del siglo XX. El Estado del Bienestar o el estado providencia –los adjetivos nos son inocentes– no ha existido siempre y, por esa razón, cabe preguntarse si durará «eternamente».

Efectivamente y centrándonos en el caso de la sanidad, por ser el caso elegido por Danny Boyle para «su» ceremonia de inauguración, sólo se implantó en el Reino Unido tras el impulso del Informe Beveridge presentado en 1942.

En el caso de Suecia, el origen del Estado del Bienestar se retrotrae a 1918 con la nueva Ley de los Pobres. Finalmente, en el caso de España, la Seguridad Social (sobre la que se desarrolló nuestro actual Sistema Nacional de Salud) arranca sustancialmente en 1938 con el Fuero del Trabajo y continúa en 1963 con la Ley de Bases de la Seguridad Social.

Además, no sólo la sanidad pública universal es una herencia del siglo XX sino que es ideológicamente de origen muy variopinto. Así, en el caso británico, las aportaciones previas del conservador Benjamín Disraeli resultan cruciales para entender cómo se llega al Informe Beveridge. En Suecia, la aludida ley de 1918 fue aprobada por un Gobierno de coalición entre liberales y socialdemócratas.

Por último, la Seguridad Social española hay que atribuirla al sector falangista de Régimen franquista, destacando las figuras de los ministros Pedro González Bueno y José Antonio Girón.
Un relato similar hubiéramos podido hacer si los ciudadanos decimonónicos «teletransportados» a la Londres olímpica, fuesen franceses, antiguos prusianos (hoy alemanes), italianos o irlandeses.

La llamada de atención que hizo Danny Boyle  al sacar a escena olímpica a la sanidad pública justo cuando su supervivencia está fuertemente amenazada por la crisis económica, convive con la demagogia política con la que demasiados políticos se exhiben ante su electorado conscientes de que –como decía Wolf– este entiende que la sanidad pública es consustancial a su condición de ciudadanos.

La sanidad o el conjunto de prestaciones del Estado del Bienestar (terminología anglosajona) o providencia (terminología francesa), como toda obra humana es perecedera. Es cierto que el envejecimiento de la población europea la hace financieramente difícil de sostener. Pero, no es menos cierto, que en el momento de su origen, la II Guerra Mundial se había llevado por delante a millones de ciudadanos en edad laboral y con ellos, reducido la tasa de natalidad de los años venideros.

Sorprende que nadie hable de favorecer la natalidad como política crucial de cualquier país. Quizá porque olvidemos –como dice Wolf– que este «derecho», como cualquier otro, hay que pagarlo y bien gestionarlo si queremos mantenerlo.


José Manuel Cansino
Profesor titular de Economía de la Universidad de Sevilla

martes, 31 de julio de 2012

La estupidez del "páramo cultural" desmantelada por Aquilino Duque


Aquilino Duque


 Los nombres propios del supuesto "páramo cultural" de la postguerra
Carmelo López-Arias

La idea de que durante el régimen de Franco España habría vivido en un "páramo cultural" cuajó en la Transición, a pesar de que era absurda y contradecía la experiencia personal de millones de españoles. Pero era útil a la izquierda y lo sigue siendo, no sólo por denigrar al "régimen anterior", sino porque convertía en tótem a unos escritores (los del exilio) y menguaba el valor de otros (los de dentro).

No hay muchos que osen desmontar esa tramoya, tan cómoda para todos. Aquilino Duque, Premio Nacional de Literatura y finalista del Premio Nadal (autor él mismo de obras maestras como El mono azul o Mano en candela), sí. Porque además es de los pocos lectores auténticamente desprejuiciados ante ámbitos literarios tan distantes. Joven en los años cincuenta y sesenta, residente largas temporadas en Europa, le tentó primero el virus contestatario, trató personalmente a casi todos los ilustres del exilio, y gozó con su literatura (lo mejor de ella –por cierto- escrita antes de 1936).

Nombres señeros...

Pero eso no significaba despreciar nombres como los que incluye en Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra (CEU): José María Pemán, Ramón Gómez de la Serna, Wenceslao Fernández Flórez, Vicente Risco, Lorenzo Villalonga, Rafael Sánchez Mazas... Ellos y otros muchos dieron tono a las dos décadas posteriores a la guerra, y desde luego ese tono no fue gris, sino vivo en todos los colores de la paleta, como muestran las glosas, interpretaciones, e incluso dimes y diretes de estos genios (y de sus amigos y adversarios y referentes...) recogidos en estas páginas.

En torno a esos focos de atención, y conforme al talento peculiar de Aquilino Duque para mostrar la coralidad de la vida real (el trasiego de conocidos, la interrelación entre los escritos, las referencias cruzadas), contemplamos la historia literaria de la España de postguerra, con valoraciones certeras del autor -casi nunca conformes al diktat de la izquierda caviar- sobre obras y autores.

...y una buena guía de obras maestras

El bosque animado de Fernández Florez es, por ejemplo, "uno de los mejores libros de prosa, sino el mejor, de la segunda mitad de siglo". La familia de Pascual Duarte, Viaje a la Alcarria y La colmena, de Camilo José Cela, "obras sólidas y envidiables". También recuerda que en los años sesenta, cuando surgió la gran narrativa hispanoamericana, la plataforma que le dio fama mundial fue Barcelona, que en aquella época llegó "a sustituir en actividad editorial a los grandes emporios que habían sido México y Buenos Aires". Vicente Risco, con La puerta de paja, contribuyó como lo harían el mismo Fernández Flórez o Álvaro Cunqueiro a reaccionar "contra el deprimente realismo dominante en la Península". También se sumó a esa "literatura antidepresiva" Rafael Sánchez Mazas con La vida nueva de Pedrito de Andía, una literatura costumbrista hecha "para alegrar la vida, distraer y divertir", y que por tanto sentó muy mal a quienes no soportaban evocar el pasado –la infancia del protagonista, en este caso- "si no es para ensañarse con él". Y ahí está también Lorenzo Villalonga con su Bearn o La Sala de las Muñecas, mal vista en su momento por la progresía por ser su autor "aristócrata, católico y falangista", pero una obra sobre la que aún se medita y se interpreta.

En toda esta panorámica de la floreciente literatura española de esos veinte años, Aquilino Duque aprovecha para valorar lo que otros críticos desprecian, desde esa literatura que, en vez de hundir la moral del lector, le reconcilia con la vida, hasta la conexión popular de la que gozaba, por ejemplo, José María Pemán, tan envidiada por sus censores en la izquierda.

Con todo, lo más bonito de esta obra de Duque es que enamora al lector de los libros de los que habla, incluso de los que apenas menciona de pasada, de estos autores o de otros. Un buen consejo es ir apuntando las novelas que aquí aparecen, e ir leyendo las que uno desconozca y releyendo las ya visitadas. Al final de ese ejercicio, a uno no le cuelan ya la milonga del "páramo".


viernes, 27 de julio de 2012

Las verdades del barquero sobre la burbuja, por Sánchez Saus



Rafael Sánchez Saus

Lo que está pasando

Rafael Sanchez Saus 

JUAN Ramón Rallo es un economista todavía veinteañero al que, quizá porque su juventud le preserva de viejos vicios del gremio, se le entiende todo. A él se debe, en entrevista publicada en la página de Intereconomía, la que me parece más clara explicación de lo que ha pasado y nos pasa: "La situación actual de España es fruto de tres burbujas que fueron gestándose de manera sucesiva. La primera fue la burbuja financiera, creada por el sistema bancario europeo. La burbuja financiera rebajó artificialmente los tipos de interés en la economía, propiciando un sobreendeudamiento de familias y empresas para adquirir y construir viviendas, lo que generó la burbuja inmobiliaria: la economía española fue escorándose cada vez más hacia el ladrillo, concentrando en ese sector gran parte de su capacidad productiva. Y, por último, los ingresos fiscales extraordinarios a que dio lugar la burbuja inmobiliaria engendraron la burbuja del sector público: los políticos comenzaron a gastar sin freno toda esa milmillonaria recaudación tributaria extraordinaria y no recurrente, consolidando un nivel de gastos que años después se mostraría insostenible. Hoy las tres burbujas han pinchado, pero tanto banqueros, como promotores y políticos tratan de trasladarles al resto de ciudadanos y empresas eficientes el coste de sus errores".

Los datos sobre la génesis de la deuda española avalan esa secuencia. En este momento debemos 3,14 billones de euros, un insostenible 292% del PIB. En 2004, era de 1,8 billones y ahí empieza la carrera hacia el precipicio. En muy poco años los particulares, empresas y familias, aumentaron espectacularmente su endeudamiento, que en 2008 llegó a 2,38 billones, aunque desde entonces ha disminuido algo. Sin embargo, las administraciones públicas, cuyos débitos alcanzaban 0,43 billones en 2007, han alcanzado en 2012 los 855.000 millones, casi justamente el doble. Es decir, han recurrido al endeudamiento masivo para hacer frente a la caída de ingresos que la crisis ha provocado.

El grave error de Mariano Rajoy, económico y político, está siendo no afrontar la reconversión del Estado a que estas cifras obligan y confiarlo todo a la capacidad de sacrificio de las clases medias. Pero en un país en el que, según un reciente informe no oficial, pudiera haber más de 445.000 cargos públicos de muy diversa índole, más del doble que en Alemania, ningún sacrificio servirá para nada sin el desmontaje del aparato clientelar de los partidos, instalado en las Administraciones. Y es evidente que don Mariano no está en ello.


 http://www.diariodesevilla.es/article/opinion/1315780/lo/esta/pasando.html#.UBDknhDEcyI.gmail