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domingo, 18 de enero de 2015

Presentación en Sevilla de la novela Con la piel de cordero.


Se presentó el pasado jueves 14 de Enero en la Sala Cultural La Revuelta, la novela de Josele Sánchez, Con la piel de cordero. El mismo autor, presente en el acto, estuvo comentando los aspectos más destacados de la obra, leventando la expectación del numeroso público que llenó la sala. Sánchez demostró sus dotes de comunicación, es periodista además de escritor, captando el interés de los presentes con su lenguaje claro y sin pelos en la lengua. Su novela, aunque se guía por una trama de ficción, se basa en un profundo y documentado estudio sobre la vida, los hechos y la personalidad del líder comunista Santiago Carrillo.
Josele Sánchez, apuntó detalles de la narración muy interesantes y reveladores, como los asesinatos realizados por milicianos comunistas durante la Guerra Civil bajo el mando del joven Carrillo, hombre de Stalin en España, su participación en la condena al líder de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, su directa responsabilidad junto con el pintor méxicano Diego Rivera y el poeta chileno Pablo Neruda en el asesinato del dirigente comunista León Trosky o la posible trama de los asesinatos de los abogados laboralistas durante la Transición española que fueron escusa para la legalización del Partido Comunista, con la posible connivencia no ya del gobierno de Adolfo Suárez, sino incluso de la misma Corona.
Un relato trepidante que viaja desde la Guerra de Iraq hasta el pasado más reciente de la historia de España.
A. C. Ademán

viernes, 12 de diciembre de 2014

Santiago Carrillo estranguló a su primera mujer

En la novela «Con la piel de cordero», el periodista Josele Sánchez documenta un catálogo de atrocidades del dirigente comunista

 «Santiago Carrillo estranguló a su primera mujer»ABC

Día 07/12/2014

En la «Apología», Guillermo de Orange acusa a Felipe II de asesinar a su hijo Carlos y a su mujer, Isabel de Valois. Minucias. En «Con la piel de cordero», el periodista Josele Sánchez cuenta cosas peores de Santiago Carrillo. Hay muchas más víctimas. Con nombres, apellidos y piolets. Se trata de una novela documentada históricamente. «Llevo dos años estudiando a Carrillo. Son hechos demostrables porque si no, ahí están los juzgados. Evidentemente tengo que tener muy documentado lo que afirmo sobre Santiago Carrillo para hacerlo con esa contundencia. Santiago Carrillofue un genocida, un asesino y, además, absolutamente despreciable como ser humano. Y ha pasado a la historia como todo lo contrario», dice Josele Sánchez en conversación telefónica con ABC.
El protagonista de la novela editada por Círculo rojo y que sale a la venta el 19 de diciembre no es Carrillo. Es Marcos Larrazábal, un periodista que debe investigar al dirigente comunista y se va encontrando con los datos que sostiene en esta entrevista Josele Sánchez (Buñol, 1964). «Tenía una primera mujer que se llamaba Asunción, Chon, asturiana, que le acompañó en su huída de España. Primero a Francia y luego la dejó en Uruguay y a sus camaradas, encargados de que no la dejaran regresar a Europa. Pero vuelve y se la encuentra en Francia. Tienen una fuerte discusión en la casa de Dolores Ibarruri. La asesina, la estrangula y la entierra en el chalet de la Pasionaria. La historia estaba en “Así destruyó Carrillo el PCE”. El libro de Líster se publicó quitando esa parte».
Además, Josele Sánchez asegura que Santiago Carrillo fue el máximo responsable del asesinato de Leon Trotski en México. «Es una orden directa de Stalin. Santiago Carrillo es el supervisor de toda la operación. En la novela aparecen todos los detalles históricos. Diego Rivera y Pablo Neruda ofrecieron la cobertura necesaria para que Ramón Mercader asesinara a Trotski, después de un primer intento».
«Ya no se trata solo de lo que ocurrió en Paracuellos. En este libro se habla de una campaña selectiva de exterminio de militantes comunistas que discrepaban de su línea estratégica. Salen 122 nombres en España y 43 en territorio francés. Nombres, apellidos, lugar de ejecución, fecha de ejecución... Y la mayoría de ellos están considerados por el Ministerio de Cultura como asesinados por el franqusimo, como represaliados».
También aparece en la muerte de José Antonio Primo de Rivera. «Se produce una reunión en Valencia el 17 de noviembre del 36, donde intervienen Indalecio Prieto, el fiscal y el juez que tenían que llevar el proceso. Se presenta desde Madrid Santiago Carrillo, consejero de Orden Público, que nada tenía que ver con esa reunión. Llega con la orden clara de Stalin de que José Antonio sea fusilado. Y consigue cumplirla». Según el autor, hay un pacto previo a la Transición para proteger a Santiago Carrillo y blanquearle el pasado. «El único exiliado que no pudo volver a España fue Segundo Serrano Poncela, número dos de Carrillo en Paracuellos. Eso no fue casual».
Por lo demás, «Con la piel de cordero» es una novela con argumento. Con nudo, con desenlace. Y hasta con una historia de amor. Del periodista Larrazábal, no de Carrillo.

 http://www.abc.es/estilo/gente/20141207/abci-santiago-carrillo-estrangulo-primera-201412061750.html

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Carrillo ante el Juez Supremo

Por su interés reproducimos el siguiente artículo de César Vidal sobre el último genocida comunista del siglo XX

 

Pequeño saquete de maldades

De esa manera calificó Felipe González a Santiago Carrillo en aquellos años de la Transición tan idealizados, y que con sus polvos nos trajeron los lodos en que ahora estamos enfangados. Felipe González, por supuesto, menospreciaba al adversario y, en especial, mostraba su resentimiento consustancial hacia alguien que le podía haber causado un daño enorme.
Pol Pot
 Carrillo procedía del PSOE, donde había entrado bajo los auspicios de su padre, Wenceslao, un socialista histórico, y de Largo Caballero, el Lenin español. Sin embargo, el joven Santiago se percató desde muy pronto de que aquel PSOE no iría muy lejos en el camino de la revolución proletaria. En 1934, el retrato que aparecía, lustroso y revelador, en el despacho de Carrillo no era otro que el de Stalin, el hombre que modelaría su vida. Cuando, en octubre de ese año, el PSOE, apoyado en los nacionalistas catalanes, se alzó en armas contra el Gobierno de la República, Carrillo se hallaba entre los golpistas, pero no dio –según contaron sus compañeros de filas– muestras de valor físico. Incluso alguno se atrevió a acusarlo de haber sufrido descomposición intestinal. Fuera como fuese, Carrillo corrió a esconderse, pero acabó dando con sus huesos, brevemente, en la cárcel. Salió con la victoria del Frente Popular, y a esas alturas ya era un submarino del PCE que procedió a unificar las juventudes socialistas y comunistas bajo el control de Moscú.
Stalin
 De su paso por la guerra, su camarada Líster diría que "nunca asomó la gaita por un frente". Era cierto, pero no fue la suya la labor típica del emboscado. Por el contrario, convertido en el equivalente al ministro del Interior de la Junta de Madrid, llevó a cabo las matanzas de Paracuellos. El tema es discutido aún por algún apologista de la izquierda, pero hace años que Dimitrov y Stepanov zanjaron la cuestión atribuyendo directamente a Carrillo el mérito de las matanzas masivas en la retaguardia. Tampoco él lo ocultó durante años. Carlos Semprún refirió al autor de estas líneas cómo Carrillo reconocía en privado que los asesinatos en masa se habían debido a sus órdenes, aunque lo hacía sin jactancia, explicando que la guerra era así.
Kim Jong-Il
 Cuando concluyó el conflicto, Carrillo formaba parte de los comunistas fanatizados aún creían en que Stalin descendería como deus ex machinapara arrebatar el triunfo militar a Franco. Con el despiste de no comprender lo sucedido y el ansia de ajustar las cuentas a todos, escribió una carta memorable a su padre, uno de los alzados contra Negrín en el golpe de estado de Casado, carta en la que renegaba de su condición de hijo y afirmaba que, de estar en su mano, lo mataría. Su progenitor le envió una respuesta que haría llorar a las piedras, disculpando a Carrillo y atribuyendo el episodio a Stalin. Los comunistas se habían batido como nadie contra Franco, pero, a la sazón, no pasaban de ser un montón de juguetes rotos, niños de la guerra incluidos. Stalin colocó a Pasionaria al frente del PCE, más por su servilismo que por su inexistente talento; a un desengañado Díaz se lo quitó de en medio en un episodio que nunca se supo si era suicidio o asesinato, y comenzó a buscar a alguien totalmente desprovisto de escrúpulos para encabezar el PCE futuro.
Gadafi
 A Carrillo le tocó la lotería del dictador georgiano simplemente porque reunía todas las cualidades: amoralidad, ausencia de afectos naturales, sumisión absoluta a Moscú, disposición a derramar sangre si así se le ordenaba... Décadas después, tras un programa de televisión en que participamos ambos, Jorge Semprún me diría que Carrillo era el único superviviente de aquella generación y que se iría con sus secretos a la tumba. No se equivocó. A cambio de ser el que tuviera las riendas del poder, Carrillo firmó un pacto absolutamente fáustico con Stalin en el que la sangre la pusieron otros.
Hermanos Castro
 Antes de acabar la guerra mundial, Carrillo desencadenó la estúpida operación de conquista del valle de Arán pensando que podría lograr en España lo que el PCI había conseguido en Italia o el PCF pretendía conseguir en Francia. Pero Carrillo no era Togliatti y las hazañas se limitaron a fusilar a unos pocos párrocos indefensos y a llamar a la sublevación armada a unas poblaciones hartas de guerra. El fracaso, a la staliniana, tenía que contar con responsables que cargaran con él como adecuados Cirineos. Así fue. Carrillo ordenó el asesinato de los presuntos culpables del desastre a manos de sus propios camaradas. Repetiría esa conducta una y otra vez, infamando a camaradas entregados como Quiñones o Comorera simplemente para que quedara claro que él no se equivocaba y que si los resultados no eran los esperados se debía a los traidores infiltrados. Y, sin embargo, ¿quién sabe? Carrillo y sus seguidores cercanos eran tan obtusos que, quizá, en lugar de chivos expiatorios de la ambición, las víctimas sólo fueron las paganas de la roma mentalidad de los comunistas. Así, nunca se sabrá si Grimau cayó en manos de la policía franquista porque Carrillo deseaba deshacerse de él o simplemente porque el PCE no daba más de sí.
Fidel Castro y Ceaucescu
 La invasión de Checoslovaquia por los tanques soviéticos enfrentó a Carrillo por vez primera con unas bases que no veían bien cómo legitimar una acción así simplemente porque derivara de las órdenes de Moscú. Apoyándose en Claudín, antiguo compañero de la guerra, y Semprún, el intelectual del PCE por eso de que, al menos, sabía idiomas, Carrillo adelantó las líneas maestras de una cierta renovación ideológica –no mucha– dentro del PCE. Semejante paso no significaba ni que fuera más flexible ni que tuviera intención de ceder el poder. En una secuencia extraordinaria de ¡Viva la clase media!, un José Luis Garci actor ponía de manifiesto cómo todos los activistas del PCE en España eran, a fin de cuentas, cuatro y el de la vietnamita, y la famosa huelga general pacífica que derribaría a Franco no pasaba de ser un delirio basado en el desconocimiento de la España que se pensaba redimir. Eran como los testigos de Jehová a la espera del fin del mundo, sólo que ellos esperaban que el paraíso vendría por la acción de unas masas entregadas al fútbol y a la televisión.
Reunión de disidentes camboyanos
 En un intento de cambiar el rumbo porque era obvio que Franco se iba a morir en la cama, Claudín y Semprún realizaron un nuevo análisis marxista de lo que sucedía. Carrillo hizo que los expulsaran del PCE tras una tormentosa reunión celebrada –y grabada– en el este de Europa, y en la que tuvieron que escuchar cómo Pasionaria, que sabía leer y escribir lo justito, los calificaba, a ellos, cabezas pensantes del partido, de "cabezas de chorlito". En adelante, Carrillo –retratado magníficamente en laAutobiografía de Federico Sánchez de Semprún– se dedicó a esperar el "hecho biológico" de la muerte de Franco mientras disfrutaba de la sofisticada hospitalidad de dictadores como Ceausescu e intentaba que los prosoviéticos como Ignacio Gallego o Julio Anguita –al que con muy mala baba calificó de "compañero de viaje"– no le estropearan el festín.
Manifestación libre contraria al comunismo en Vietnam
 De regreso a España, soñó –nunca mejor dicho– con llegar a un "pacto histórico" con Suárez que le permitiera convertir al PCE en la fuerza hegemónica de la izquierda. Pero la España de los setenta no era la Italia de los cuarenta. Estados Unidos decidió que la izquierda fetén no podía ser un PCE que propalaba un eurocomunismo cocinado en las zahúrdas del KGB y, a través de Alemania, se dedicó a financiar al PSOE de un joven abogado sevillano que respondía al nombre clandestino de Isidoro.
Disidente comunista Soltzsenitzin
 En su intento por lograr lo imposible y además por someter el PCE a su control stalinista, Carrillo sólo consiguió soliviantar a unos militantes del interior que, más allá del mito, encontraron totalmente insoportables a los comunistas regresados. En los años siguientes, aquellos comunistas se pasarían en masa al PSOE y al nacionalismo catalán –en ocasiones, a ambos–, buscando una iglesia más sólida y caritativa que la comunista.
 
Las derrotas electorales –la testarudez de los hechos que decía Lenin– obligaron a Carrillo a abandonar la Secretaría General de un PCE ya destruido –¡gracias de parte de todos los demócratas, Santiago!– mucho antes de que se desplomara el Muro de Berlín. Amagó con regresar al PSOE, insistió en que era comunista hasta la muerte y, por encima de todo, sufrió la conversión en espectro sin haber muerto. Ese fantasma, solo o en compañía de personajes emblemáticos de la izquierda como Leire Pajín, siguió apareciendo como quejumbroso contertulio de radios y engañador en memorias que, en la época de ZP, apoyó desde el pacto con los terroristas hasta la ley de memoria histórica, seguramente soñando con ganar de una vez las mil y una batallas que perdió a lo largo de su dilatada vida.
Paracuellos
  Al final, como señaló Solzhenitsyn en las páginas de conclusión dePabellón de cáncer, desapareció de la Historia. Por desgracia, como también señaló el disidente ruso, lo hizo después de haber causado la desgracia de millares de personas.