miércoles, 22 de mayo de 2013

LA PALABRA DE PEPE LUIS

En la hora final del gran torero Pepe Luis Vázquez, reproducimos el artículo de Aquilino Duque publicado en ABC de Sevilla.
D.E.P., Maestro.

Aquilino Duque: «El analfabetismo de los políticos ayudó a que se leyera a Foxá»
Aquilino Duque, foto de Raúl Doblado

En una entrevista concedida al diario ABC el 15 de agosto de 1990, al cumplirse el medio siglo de su alternativa, el torero Pepe Luis Vázquez decía lo siguiente: «Queda en la televisión el recuerdo de las imágenes, pero no es la única manera de recordar, ni la definitiva… Para mí lo mejor es lo que queda en el pensamiento. Lo que no se borra; la fiabilidad de lo que uno mismo recuerda.» En otro orden de cosas, al evocar las veces que iba a La Punta del Diamante a tomar café con Chicuelo, abundaba el torero de San Bernardo: «Es que de las conversaciones queda el rescoldo, que es lo más bonito.»
En un mundo como el de hoy, sometido al imperio de la imagen, no deja de ser alentador este homenaje al pensamiento y a la memoria por parte del oficiante de un arte eminentemente visual y efímero, que al fin y al cabo debe a la fotografía y al cine una semblanza de perennidad.
Hay hombres parcos en palabras que dan lecciones de buen decir al escritor más pintado. En todos los ánimos está la respuesta de Juan Belmonte a Valle Inclán, y yo no estoy ahora mismo haciendo otra cosa que glosar unas breves palabras de Pepe Luis Vázquez a un periodista que lo entrevistaba.
El rescoldo que queda de las conversaciones, el recuerdo que queda de una buena faena, no se explican sin una filosofía de la vida, una filosofía que hunde sus raíces en la tierra de una cultura agraria. Por eso, hablar del toreo de Pepe Luis Vázquez, un hombre que sabe lo que conforta un rescoldo y lo que revive un recuerdo, es hablar de toda una cultura agraria, de una cultura de la tierra de la que ese toreo fue una manifestación. Ya sé que decir «cultura agraria» es redundancia, pues cultura es lo mismo que cultivo, y solemos llamar culto al hombre cultivado.
Por eso, el concepto de cultura es indisociable del concepto de naturaleza, y de naturaleza viene naturalidad, una naturalidad que el hombre de campo debe a su i dea cíclica del tiempo, a esa rotación de las cuatro estaciones, a ese eterno retorno de las faenas agrícolas. La elegancia ignorándose en la naturaleza. Ese verso lapidario con el que Gerardo Diego resumía el toreo de Pepe Luis podría aplicarse al estilo con que muchos labradores andaluces se plantan ante su tierra. Pero es que hay otra cosa en la naturaleza, y es que la naturaleza no engaña, la naturaleza no hace trampa, la naturaleza es de fiar. Solemquis dicet falsumau de at?, pregunta Virgilio en sus Geórgicas. ¿Quién se atreve a poner al sol por embustero? Y alguien que predicaba el retorno a la tierra, la vuelta al campo, solía decir: «La tierra no miente.» La tierra puede ser rica o pobre, avara o generosa, pero lo cierto es que no da más que lo que promete. Y una de las cosas que da nuestra tierra española es la fiesta brava; de ahí que nadie que la ignore puede hablar con autoridad de cultura ni de cultivo. A esa cultura de la tierra es nada menos el sol el que l e pone su broche de oro.
Alguna vez he dicho que es la economía lo que mejor ilustra el arte y el estilo de Pepe Luis. Nada en él fue nunca excesivo, y en él fue el arte de torear una ciencia exacta. Los que tuvimos la suerte de verlo en la plaza, tanto en sus tardes de gloria como en sus tardes de abulia, vemos en nuestro pensamiento la gracia sobria con que resolvía las ecuaciones de la lidia. Esa economía suya que, vuelvo a decir, era también economía de su persona o, dicho de otro modo, instinto de conservación, es la misma economía que luego hemos encontrado en sus palabras. «Se torea como se es», decía Belmonte. Habría que añadir: «Se habla como se torea.» Acaso el tópico que más daño nos hace a los andaluces sea el de presentarnos, y a los sevillanos muy en particular, como chistosos y dicharacheros. No niego que haya demasiados andaluces de este tipo, de esos que dan vergüenza ajena, pero es que hay un estilo andaluz campero de hombre que para saber la hora sólo tiene que mirar la posición de las estrellas. Ese hombre es hombre de pocas palabras, pero todas son de oro, y hay en sus ademanes una elegancia natural que no se aprende ni se enseña en ningún pal acio. En su poema coral Los toros, hace Agustín de Foxá decir al torero: 

¿No me has visto al sembrar hacer el gesto del pase natural, con la semilla? ¿Y en el lento ondular de los trigales no estaba mi cintura entre verónicas?

Esa naturalidad de movimientos que sólo da el campo andaluz, se corresponde con una manera de expresarse. Por eso era la palabra, la palabra viva de Pepe Luis lo que, a los cincuenta años de su alternativa, seguía dándonos una idea cabal de lo que era su toreo. Y esa palabra fue, con la claridad de pensamiento, la última facultad que conservó cuando ya había perdido todas las demás, incluidas la vista y el oído. A un amigo que lo visitaba, José Utrera Molina, le dijo: «Ya solo veo por dentro». ¡Qué no verá ahora que ha cerrado los ojos para siempre! 
Aquilino Duque

lunes, 20 de mayo de 2013

Aquilino Duque, el disidente

CULTURA | Homenaje al escritor en su 80 cumpleaños
El escritor Aquilino Duque, fotografiado en su domicilio en Sevilla. | Esther LobatoEl escritor Aquilino Duque, fotografiado en su domicilio en Sevilla. | Esther Lobato
  • Discípulos de Duque ensalzan los valores de su obra y su coherencia vital
  • 'Por ir casi siempre a la contra, renunció al papel central que merece'
  • 'Con su oído privilegiado, puede acercarse a cualquiera de las bellas artes'
El poeta, ensayista, narrador y traductor Aquilino Duque ha recibido un homenaje, al cumplir su 80 cumpleaños, con el que poetas y escritores que se reconocen discípulos suyos intentan acercarlo al público, del que tal vez le haya alejado su fama de disidente con el sistema político ahora predominante.
Traductor de Camoens y Mandelstam, amigo de Rafael Alberti, a quien siempre ha considerado un prodigio poético y del que nunca se dejó separar por posicionamientos políticos diametralmente opuestos, Duque ha contado para este homenaje con el respaldo de la Casa de los Poetas y de la Real Academia de Buenas Letras de Sevilla, y de la editorial Pre-Textos.
Además de con un simposio sobre su obra poética, narrativa y ensayística, el homenaje ha consistido en paseos por la ciudad de Sevilla siguiendo algunos de sus poemas, y en la colocación de un azulejo con versos suyos en los Jardines del Valle.

'Casi siempre a la contra'

El poeta Juan Lamillar ha dicho del autor que "por el meritorio empeño de defender unas ideas, casi siempre a la contra, ha tenido que renunciar al papel central que por su obra literaria le corresponde en el panorama español y a todo lo que ese papel conlleva: premios institucionales, estudios sobre su obra, páginas en los manuales...".
Según Lamillar, "disidente de las diversas disidencias oficiales, aparece como un solitario, un escritor marginal" aunque lo es "culto, políglota, cosmopolita" y posee "claridad de ideas y calidad de página, con rigor en los datos y amenidad en las anécdotas".
"La característica que cruza toda su obra es la poesía, y todo poeta verdadero, por más que se le agrupe en generaciones o camarillas, sigue siendo un solitario", ha concluido Lamillar.

'Un poeta que no pertenece a su generación

Luis Alberto de Cuenca, que ha analizado la poesía de Duque, ha dicho que se trata de un poeta "que no pertenece a su generación" por ser "una poesía libre, desvinculada, postmodernista, y marcada por la nostalgia, el cultivo elegíaco de la infancia y el cosmopolitismo, con una evidente confluencia con Foxá".
"Con su oído privilegiado, Aquilino Duque puede acercarse a cualquiera de las bellas artes, maneja las estrofas clásicas y populares, maneja la rima sin retórica, con la naturalidad que le es propia, y siendo un poeta andaluz por los cuatro costados convierte ese apego al terruño en un lenguaje universal", según De Cuenca.
"Su poesía es contenida, no torrencial, porque su concepto poético es de obligatoriedad, de necesidad, no de escribir por escribir; y es un mérito que toda su obra poética esté en un volumen que no supera las quinientas páginas", ha agregado de Cuenca.

Polipolemista

El poeta Enrique García-Máiquez, que ha analizado la ensayística del homenajeado, lo ha calificado de "ensayista de raza" y de "polipolemista" por "la diversidad de sus intereses y de objetos de estudio; todo nace de un mismo venero, su poesía, lo queda claro en el primer párrafo que escribe".
García-Maíquez ha dicho que "resulta muy fácil, en toda su ensayística, encontrar el nexo con ese conservacionismo conservador que le caracteriza; el suyo es un pensamiento coherente y sistemático, aunque aparezca tan variado y multitemático".
También en declaraciones a Efe, José Julio Cabanillas, que ha intervenido en la mesa que ha abordado la novelística de Aquilino Duque, ha asegurado que es de esa estirpe de narradores que "tienen la capacidad de nombrar el mundo, como hizo Adán en el Edén".
La obra narrativa de Duque se caracteriza, según Cabanillas, "por el afán de contar; ha construido una enorme comedia humana con cientos de personajes, muchos de los cuales quedan como gentes de paso en meandros argumentales; y también por el afán de conseguir un lugar que una la hermosura, la belleza y la verdad de las cosas antes de que se hayan roto".


Artículo publicado en la edición de Andalucía de El Mundo.

viernes, 17 de mayo de 2013

Los muros de Cataluña. Presentación en Sevilla.


800Books y la librería Beta se complacen en invitarle a la presentación del libro
Los muros de Cataluña
Javier Montilla
Presentará el acto
Álvaro Ybarra
director de ABC Sevilla
Jueves, 23 de mayo
19:30 horas
Librería Beta
C/ Sierpes, 25. SEVILLA


lunes, 13 de mayo de 2013

Uno por libre. Aquilino Duque visto por José Antonio Gómez Marín


    


 

13 de mayo de 2013 


Le han hecho un homenaje cumplido a Aquilino Duque entre varias instituciones de Sevilla, un homenaje merecido a quien muy probablemente es el escritor señero que la ciudad tiene en esta generación. He seguido a Aquilino desde que, hace mucho, mi maestro Maravall me recomendara vivamente un texto suyo que iba a salir en la Revista de Occidente, o quizá desde poco antes, cuando Eladio Cabañero me regalara una antología en la que asomaba un poema hermoso que Aquilino considera un “pecado de juventud”, y después no he dejado de leer sus ensayos y, sobre todo, sus novelas, esa memoria viva e insobornable de la vida española ilustrada con el eco cuidadoso de la europea que él –en Austria, en Italia, en Inglaterra…– tuvo ocasión de conocer de cerca sin intérpretes ni mediaciones. Pocos espíritus he conocido tan independientes, tan cimarrones –mi abuelo decía “trescarajistas”—como el de Aquilino Duque, un liberal-conservador, así como entreverado de Valera y Alcalá Galiano, indiferente a la crítica, cosmopolita discreto y narrador implacable en el que no es difícil percibir, sin embargo, un franco sentimiento compasivo. Se puede ser hombre de bien sin ser demócrata y a Aquilino, una cierta pulsión aristocrática le permite, yo diría que lo impulsa a proclamarlo, como quien no quiere la cosa, no me cabe duda de que desde la más clara conciencia. ¿Quién, excluidos los cafres y los paniaguados nostálgicos, osa decir hoy públicamente que, bien mirado, el franquismo dejaba al menos una salida y que esta partitocracia no pasa de ser, como diría Valle, “un albur o un barato”? Desde posiciones muy distintas, a muchos no nos queda otro remedio que respetar esa insolencia que más que irritar debería contribuir a una autocrítica en línea con el orteguiano “No es esto, no es esto”.
Aquilino vive en el campo, enterrados en libros y rodeado de frutales, como antes ha vivido en las Europas de la postguerra, fiel a su obsesiva vocación debeladora, a su intenso gusto por la memoria, esa guía irrenunciable, que el maneja como un entomólogo, clavando el alfiler de su ironía en la cabeza de nuestra malconocida mariposa. Firme, intransigente incluso, áspero cuando se tercia (que se tercia), fino siempre desde su medida diplomacia, solícito o despectivo, según, memorioso siempre. Y libre. Tiene derecho a replicar, como Camus a Simone de Beauvoir, “si la Verdad es de derechas, yo soy de derechas”. ¿Y qué, a ver?


Artículo publicado en la edición de Sevilla de El Mundo.

La Sevilla de Aquilino Duque. Por Antonio Burgos


 
Cuando conocí a Aquilino Duque, yo estudiaba todavía Bachillerato y él acababa de llegar de Cambridge, donde creo que fue únicamente para poder retratarse con un bombín y un paraguas, como un inglés. El encuentro fue en los altos del Club La Rábida, en la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de la calle Alfonso XII, donde había nacido la revista "Aljibe", con él, Juan Collantes, Antonio Gala, Ángel Medina, Fernando Quiñones, Serafín Pro... Allí leyó aquella tarde fragmentos de una novela que nunca publicó, aunque ganó con ella el premio Ciudad de Sevilla: "Las torres de San Cayetano". Luego nos citamos en el saloncito de Los Corales donde Belmonte y El Gallo hacían tertulia. Le llevé para que me lo firmara su primer libro, "La calle de la Luna". Y me dio dos consejos que nunca he olvidado: que Sevilla es una deliciosa flor carnívora con la que hay que tener mucho cuidado, porque te devora en cuanto te descuidas; y que para sentir Sevilla hay que leer "Ocnos", el libro de Cernuda cuya primera edición él había encontrado en un baratillo londinense. Tuve en cuenta lo de la floristería carnívora y leí inmediatamente "Ocnos" en la edición de Ínsula, en aquellos tiempos en que decías "Cernuda" y la gente en Sevilla creía que te referías a Neruda con errata. Aquí no conocían a Cernuda más que Aquilino, Higinio Capote, Joaquín Romero Murube (que le escribió su responso difícil en ABC) y el académico Carlos García Fernández, que formó parte del grupo Mediodía y se carteaba con él. He evocado aquellos años y aquel Aquilino cuando he visto con alegría (y una cierta preocupación que al final diré) que uno de los poemas de "La Calle de la Luna" (1958), "Colegiala del Valle" ha sido colocado como homenaje en el que fue jardín del colegio. Como tantos otros poemas de "La Calle de la Luna", me sé de memoria ese soneto, y lo transcribo sin la errata de "curva" por "cuna" del ceramista: "Va entornando la cuna del tranvía/tus ojos soñolientos, colegiala". (En aquel tiempo, los tranvías entornaban los ojos de las enamoriscantes niñas del Valle y todo, y no como ahora, que no entornan absolutamente nada cuando pasan por la Avenida con la esquila del Muñidor de la Mortaja.) Soneto sentimental y precioso, que remata así: "Salta al jardín de las desilusiones,/colegiala sin flores ni ciudades,/a jugar a la comba con tus trenzas". 

Entre consulados del más allá , guías apasionadas de Doñana, monos azules y ruedas de fuego, el insobornable Aquilino Duque, que es como su España, Uno, Grande y Libre, ha escrito más que El Tostado. Mas si se hubiera quedado en poeta de un solo libro, con esa "Calle de la Luna" hubiera ya sido digno de toda recordación, cerámica o no. Ese libro es una guía sentimental de Sevilla y tiene poemas antológicos. Que lo digan a mí, que los incluí en mi antología de poesía popular "Rapsodia Española". Hablamos de Juan Sierra como poeta excelso de la Semana Santa, de la flor carnívora, pero anda que Aquilino... En ese libro primerizo viene el poema impresionante del Cachorro: "Esta noche, Manuel, tú sobre el puente". Y el soneto a la Esperanza de Triana: "Arriba la Esperanza trianera, viva la plata y viva la alegría". El de la Macarena: "Ni azahares ni luna te pondría". El de la Amargura, "Vengo del río allá, de la otra orilla,/ para verte llorando en tus varales". Y más Sevilla, con "Las huertas de Gelves": "La marisma es un ruedo sin fronteras;/es la plaza de toros donde Fernando el Gallo/le cortas las orejas al toro de San Lucas". Y el Patio de la Montería del último rey moro. Y los seises: "¿Qué voz os congregaba,/pájaros al Altísimo?". Y soleares del mejor corte: "Reloj de arena tu cuerpo,/te abrazaré la cintura/para que no pase el tiempo". Y el final rotundo: "Tienen los andaluces por patria el universo". El universo de Sevilla es la patria de Aquilino Duque. 

Ojalá el alcalde no lea "La Calle de la Luna". Porque con lo que le gusta una cerámica de zapata y zapatazo, puede poner Sevilla entera alicatada con azulejos de versos de Aquilino.


Antonio Burgos.


Publicado en ABC de Sevilla.

jueves, 9 de mayo de 2013

Homenaje al escritor Aquilino Duque

El pasado martes 7 se celebró la primera jornada del merecido homenaje al escritor sevillano Aquilino Duque. El primer acto del homenaje fue escenificado en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, con la sala de actos llena de público, en el magnífico marco de la Casa de los Pinelo, de la calle Abades de Sevilla, la directora de la Academia, Enriqueta Vila, dio la bienvenida a los presentes y tuvo unas breves palabras para el homenajeado para, a continuación, tras las breves intervenciones de los directores de la Fundación de Cultura Andaluza y de la Casa de los Poetas, dar la palabra a los tres ponentes que dictarían sendas conferencias sobre la obra novelistica de Duque. El primero en intervenir fue el poeta y profesor de literatura Jacobo Cortines, quién se fijó en la nueva entrega de las memorias del escritor, La Invención de la Pólvora, que edita Renacimiento y estará en breve a la venta. Original fue la intervención de José Julio Cabanillas, quien remarcó algunas características personales de la prosa del autor homenajeado. Por último, José Alberich realizó un repaso de la obra prosistica del autor, cerrando el acto el homenajeado con, una vez más, un discurso brillante y de inteligente humor.
La segunda parte del homenaje se trasladó a La Carbonería, local de histórica tradición cultural en la hostelería sevillana, donde Alicia Serna interpretó diversos palos flamencos con letras de Aquilino Duque, fue acompañada a la guitarra por el tocador Juan Jesús Bermúdez.
Al día siguiente el Alcalde de Sevilla, descubrió una placa en honor de Aquilino Duque en los sevillanos Jardines del Valle. Por la tarde, las veladas literarias se trasladan a la Casa de los Poetas, en el Casino de la Exposición, para tratar la obra ensayística y la poesía de Aquilino Duque.
La Asociación Cultural Ademán ha estado presenta en estos actos, celebrando el reconocimiento de la ciudad a tan insigne intelectual, que, no ha dejado de recordar en sus entrevistas de estos días, su labor junto a la Asociación como el sonado acto literario de homenaje al escritor Agustín de Foxa.
A. C. Ademán.

José Mª Antón gana el ‘Luys Santamarina’

un poemario que será publicado por el sello editorial madrileño Vitrubio

José Mª Antón gana el ‘Luys Santamarina’

El poeta leonés afincado en Murcia, JOSÉ Mº ANTÓN  MORLA, ha sido el ganador de la XVIII edición del premio internacional “Luys Santamarina” con " LA URDIMBRE DEL TIEMPO", un poemario que será publicado por el sello editorial madrileño Vitrubio.

Antón es profesor de literatura y la obra ganadora será presentada en la Universidad de Murcia. El jurado del “Luys Santamarina” ha concedido también un primer accesit a  Buscando a Lorca en Nueva York y un segundo a Rituales de claridad y silencio, de los autores Noemí T. Giacomelli, de Barcelona, y Juan Manuel López, de Copenhague (Dinamarca) respectivamente.
El jurado ha estado presidido por el profesor José Luis Martínez Valero y han formado parte del mismo los profesores Julia Muñoz, Bartolomé Marcos, los escritores José Manuel Sánchez del Águila y Soren Peñalver, así como el poeta Eduardo López, presidente de “Pueblo y Arte”.

Esta edición es la primera en la que la Asociación Cultural ADEMÁN colabora en este afamado premio internacional que concede anualmente la Asociación Cultural “Pueblo y Arte” de la localidad murciana de Cieza.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Aquilino Duque: "El analfabetismo de los político ayudó a que se leyera a Foxá" (Jesús Álvarez en ABC 8/5/2013)



(Aquilino Duque. Fotografía de Raúl Doblado para ABC)
Traductor, narrador, poeta y ensayista, Aquilino Duque (Sevilla, 1931) ha construido una brillante carrera literaria que le ha reconocido laReal Academia Sevillana de Buenas Letras, que dirige Enriqueta Vila, y a la que homenajeará la Casa de los Poetas. También se descubrirá un azulejo con su nombre en los Jardines del Valle.
El autor sevillano, enfrentado desde siempre a la dictadura de la corrección política, que le ha obsequiado con un estruendoso silencio oficial durante las últimas décadas, asegura en una entrevista con ABC que «tengo que agradecer al analfabetismo de nuestros políticos que, por ejemplo, se leyera a Foxá, tras ser prohibido un homenaje en Sevilla por una delegada municipal y estoy dispuesto a ser testigo de "descargo" por el favor tan extraordinario que me hizo».
Duque reconoce que «no soy de templar gaitas, siempre digo lo que pienso, aunque no sea simpático al orden cultural establecido». Y añade, satisfecho: «Gracias a Dios no necesité de la literatura para vivir».
Aunque declara sentirse un «hombre de suerte», Aquilino Duque recuerda que algunos libros suyos tardaron en publicarse más de diez años en España. «Con Franco sufrí censura, como tantos otros, pero después escribí, por ejemplo, un poema dedicado a Miguel Hernández en el 50 aniversario de su muerte, que las editoriales no se atrevían a publicar».
El autor sevillano, que ha utilizado la ironía y el sarcasmo como dos armas literarias en todos sus escritos, se declara «reaccionario», en tanto defiende «valores tradicionales, considerados arcaicos». Y añade: «Lo que sí me molesta es que me llamen conservador porque no soy partidario de conservar nada de lo que hay ahora. La modernidad, como decía Octavio Paz, no es progreso sino retroceso, y no hay nada más que leer las cartas de Manuel Rojas Marcos sobre Cambó y Cataluña de hace un siglo para darse cuenta».

lunes, 6 de mayo de 2013

Aquilino Duque, por Rafael S. Saus

Aquilino Duque

Rafael  Sánchez Saus

COMO tantos, llegué a Aquilino Duque por la poesía. Aire de Roma andaluza fue quizá el primer libro de poemas de autor contemporáneo que compré por mi cuenta, muy joven aún. En él, entre otros versos que me han acompañado siempre, éstos de España en cruz con los que comienza: "Yo nunca usé tu nombre en vano./ Si hablé de ti fue sin querer./Oh, ríos, rayas de tu mano,/ pregunto:/ -España, ¿quieres ser?". Desde entonces, como lector fiel de su fecunda obra, he ido de gozo en gozo y de asombro en asombro. Disfrutando la belleza y aliento de su poesía; la prodigiosa cultura y la tersura del estilo que nutren sus ensayos y artículos; el ingenio, humor y agilidad cinematográfica de sus novelas de intención satírica o la hondura y fuerza dramática de las que, como la magistral El mono azul, recrean desde otra perspectiva la tragicomedia española. Asombrado también, aunque por razones bien distintas. Porque no deja de sorprenderme y espantarme la siempre renovada cicatería y negación de buena parte del mundo literario y de toda la cultura oficial, mantenida sin desmayo durante décadas, contra este escritor enterizo y cabal, rebelde sin impostura, al que nadie puede negar su lucidez intelectual, su honradez personal y su consecuencia vital.     
 


Por eso me ha alegrado tanto saber que el merecido homenaje que ninguna institución le ha dado nunca se lo van a ofrecer sus muchos amigos y admiradores la semana próxima en Sevilla, con la participación de personalidades de las letras como Jacobo Cortines, José Julio Cabanillas, Luis Alberto de Cuenca, José Alberich, Enrique García-Máiquez, Juan Lamillar, Carmelo Guillén, José Mateos o Francisco Bejarano. Serán tres intensos días para repasar con ellos la obra de Aquilino y descubrir con su lectura nuevos motivos de reflexión, deleite y diversión. Y es que Aquilino Duque, uno de los autores de más amplia cultura del panorama actual, uno de los pocos en los que es posible atestiguar un verdadero genio literario, una trayectoria, un proyecto, tiene al mismo tiempo la modestia de situar en primer plano el gusto del lector. Hace unos años, declaraba en una entrevista: "No me planteo tampoco el crear obras trascendentes, lo que persigo es que mi obra sea amena y fácil para el lector, que lo pase la gente bien. Y, si acaso, dar testimonio de una época". Gracias también por eso y felicidades, maestro.


Publicado en Diario de Sevilla

Aquilino Duque, por A.Rivero Taravillo




Nunca fue acomodaticio, y desde hace varias décadas es una inteligencia molesta; es decir, muy necesaria. No levantaré ahora un censo de los escritores sevillanos, pero para mí que es el decano de todos nosotros, y ostenta el puesto, mal que a muchos les pese, en plenitud de forma mental y aun física.
            La semana entrante recibirá un homenaje organizado por Casa de los Poetas y la Fundación de Cultura Andaluza. Es de justicia. Si el gobierno de la Junta de Andalucía no confundiera churras con merinas (la ideología con la excelencia), ya tendría la medalla de oro de la región. Otra, diaria (o mejor vespertinamente), recibe sobre la torre de su casa aljarafeña: el sol que se pone en el occidente hacia esos Zufre e Higuera de su infancia tan hermosamente rediviva en su libros memorialísticos.
            Duque, sevillano de 1931, ha publicado novela, ensayo y poesía, además de traducción literaria, y todo lo ha hecho bien, con tino y con hondura. Cuando tuve posibilidad, reedité dos novelas suyas, El mono azul y Los consulados del más allá. Ojalá hubieran sido más.
Me recuerdo en el hotel en que Cernuda se alojaba en sus viajes a México leyendo entre sorbo y sorbo de una cerveza helada el manuscrito de la más reciente, Caza mayor, que luego publicó Abelardo Linares en Renacimiento. Una de aquellas tardes hablé con la viuda de Octavio Paz acerca de las cartas que su marido había recibido del autor de La realidad y el deseo. En la posdata de otra que Paz escribió en agosto de 1982 a Pere Gimferrer, el mexicano escribió: “Olvidé algo sobre lo que hacía tiempo quería hablarte. Más bien dicho, alguien: Aquilino Duque. Me visitó hace años en la India y, después de un silencio muy largo, empezó a escribirme y a enviarme sus artículos, algunos con citas mías. Ahora pasó por aquí y me visitó varias veces. Me contó que había sido amigo tuyo y que, aunque ya no se ven, su estimación hacia ti no había cambiado. Me contó también que tú te habías molestado con él porque en una novela suya había una sátira en contra mía (me conmovió doblemente, por tu gesto amistoso y por tu discreción –nunca me lo dijiste). Te confesaré que, a pesar de todo esto, Aquilino Duque me parece inteligente y que encuentro que sus juicios políticos y literarios son, casi siempre, acertados. Es apasionado pero no mezquino –creo. Ahora me ha dejado una colaboración para Vuelta que publicaremos en un número próximo. Pero el personaje me ha interesado y quisiera saber más de él."
En Sevilla podremos saberlo estos días.

(Publicado en El Mundo, edición de Sevilla, el 3-5-13)

miércoles, 1 de mayo de 2013

JORNADAS DE HOMENAJE A AQUILINO DUQUE

JORNADAS DE HOMENAJE A AQUILINO DUQUE

Organizan:

FUNDACIÓN DE CULTURA ANDALUZA (FUNDECA)
INSTITUTO DE LA CULTURA Y LAS ARTES DE SEVILLA (ICAS) CASA DE LOS POETAS


7 de mayo

20:00 horas.
Real Academia Sevillana de Buenas Letras (C/ Abades, 14)
La novela de Aquilino Duque
Intervienen: Jacobo Cortines, José Julio Cabanillas, José Alberich

21:30 horas
La Carbonería (C/ Levíes, 18)
Recital de Flamenco de Alicia Serna

8 de mayo

12:30 horas
Jardines del Valle
Descubrimiento de un azulejo

20:00 horas
Casa de los Poetas y las Letras (Casino de la Exposición)
La obra ensayística de Aquilino Duque
Intervienen: Enrique García Máiquez, Juan Lamillar, Francisco Bejarano

9 de mayo

11:30
C/ Betis, frente al Restaurante Abades.
Paseo literario con textos de Aquilino Duque.

20:00 horas
Casa de los Poetas y las Letras (Casino de la Exposición)
La poesía de Aquilino Duque
Intervienen: José Mateos, Carmelo Guillén, Luis Alberto de Cenca.






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Adriano Duque
Dept. of Romance Languages & Literatures
800 E. Lancaster ave. SAC 349
Villanova, PA  19085

Nota a la información de @evadiazperez para @elmundoandaluci

Como apostilla a la excelente información de Eva Díaz ( @EvaDiazPerez ) en El Mundo de Sevilla 
 ( @elmundoes ), relativa a la presentación del último libro de Javier Castro-Villacañas,( @claveactualidad ) "El Fracaso de la Monarquía"; este blog añade -por elusiones- que dicho acto fue organizado por la Asociación Cultural ADEMAN ( @laclavecultural ) y por la asociación cultural Fernando III, ( @ACFERNANDOIII ) junto a la editorial Planeta y tuvo lugar en la Librería Beta de Sevilla.




ADEMAN

martes, 30 de abril de 2013

Éxito de la presentación de 'El fracaso de la Monarquía' de Javier Castro-Villacañas

El Salón 'Foro Cívico' de la Librería Beta en la céntrica calle Sierpes de Sevilla ha acogido tanto la presentación de la segunda edición de "El fracaso de la Monarquía" (Ed. Planeta) de Javier Castro-Villacañas como la mesa redonda titulada ¿Y después de Juan Carlos I, qué?.


(El autor del libro, Javier Castro-Villacañas)

Tras la introducción del acto por el presidente de la A.C. ADEMÁN -Javier Compás- y ante un público que llenaba completamente el aforo, condujo el acto y moderó la mesa redonda el escritor y abogado sevillano, José Manuel Sánchez del Águila.

Un público variopinto en edad y procedencia, profesores universitarios, alumnos, profesionales libres, curiosos atraídos por el tema y gente de la cultura sevillana, acompañaron a los intervinientes participando además en un interesante debate que se alargó espontáneamente y continuó en la calle.


(Fotografía panorámica de la concurrencia en el Foro de la Librería Beta)

Pudimos ver al presidente de la Asociación Cultural Fernando III departiendo con el profesor Luis F. Rull (Catedrático de Física y miembro del Consejo Editorial de El Mundo) y con el polifacético abogado sevillano, José María Font. Ambos acompañaron al autor y a José Manuel Sánchez del Águila en un acto oportuno sobre un libro imprescindible.


(De izquierda a derecha, José María Font, Sánchez del Águila, Castro-Villacañas y el profesor Rull)

La ampliación de la Democracia, la lucha contra la corrupción y la necesidad de reforzar la unidad de España fueron los principales mensajes transmitidos por Javier Castro-Villacañas que orló su presentación con referencias a los poetas León Felipe, Antonio Machado y Angel María Pascual.

lunes, 22 de abril de 2013

Presentación del libro “El fracaso de la Monarquía”




Estimado/a amigo/a de ADEMÁN:

Nos complace invitarte el próximo 29 de Abril a la presentación del libro “El fracaso de la Monarquía” (Ed. Planeta) del que es autor el abogado y periodista Fco. Javier Castro-Villacañas.

A la intervención del autor le sucederá una mesa redonda que girará en torno a la desafiante pregunta ¿Y DESPUÉS DE JUAN CARLOS I, QUÉ?.

La mesa será moderada por el abogado y escritor José Manuel Sánchez del Águila y, además del autor del libro, contará con la participación del catedrático de la Universidad de Sevilla Luis F. Rull y por el también abogado José María Font.

Adjuntamos cartel con todos los datos.

Día 29 de Abril (lunes)
19’00 horas.
Salón de Actos de la Librería Beta (C/ Sierpes).

Un cordial saludo.

Javier Compás.
Presidente de la A.C. ADEMÁN.

martes, 16 de abril de 2013

Agustín de Foxá, el conde maldito


  • Agustín  de Foxá, el conde malditoJOSE JAVIER ESPARZA
    Se pondrán como quieran los mandarines de la dictadura ideológica que padecemos, pero el hecho objetivo es que Foxá es uno de los grandes. Puede discutirse que como novelista o como poeta, por ejemplo, su obra no alcanzó la dimensión que él hubiese deseado (en parte por circunstancias ajenas y en parte por pereza propia).Sea como fuere, es indiscutible que en un género literario básico del siglo XX, como es el columnismo de periódico, Foxá ha sido uno de los grandes clásicos de nuestra literatura, como González Ruano. Y así lo proclamó, por ejemplo, otro maestro del género: Francisco Umbral. Pero vamos a ver quién era Foxá: qué hizo y por qué tiene que estar, de manera inexcusable, en cualquier biblioteca disiden El “Cara al sol”
    Agustín de Foxá es un hijo directo de la edad de plata de la literatura española. No andaremos descaminados si en su árbol genealógico subrayamos los nombres de Valle-Inclán y Ramón Gómez de la Serna. Eso en lo que concierne a su genealogía literaria, porque la otra, la biológica, también merece mención: Agustín de Foxá y Torroba, tercer conde de Foxá y cuarto marqués de Armendáriz, hijo de la nobleza madrileña (en la capital nació en 1903), educado en el Colegio del Pilar, encaminado a la carrera diplomática… Foxá era lo que entonces se llamaba “un señorito”. Un señorito, eso sí, dotado de una agudísima sensibilidad poética y una curiosidad estética sin límites. Y también, por cierto, de un hondo desdén hacia las necedades de la oligarquía.
    Foxá debutó muy pronto: aparte de los versos escolares en la revista del colegio, antes de los treinta años ya tenía un nombre como articulista en La Gaceta Literaria, que era el laboratorio de las vanguardias españolas en los años 20, en Héroe y en Mundial, entre otras revistas. En 1930 se estrena como articulista en ABC, medio para el que seguiría publicando durante toda su vida. Amigo del gran Edgar Neville, el joven conde traba también relación con Ramón Gómez de la Serna y María Zambrano. En ese momento, ya diplomático, es destinado a Sofía y a Bucarest. En 1933 aparece su primer libro de poemas, La niña del caracol, editado y prologado por otro gran nombre literario del momento: Manuel Altolaguirre.
    Nuestro autor, que ante todo es un literato, no carece de inquietudes políticas: nadie en la España de los años treinta carecía de ellas. De familia monárquica y convicciones conservadoras, su mundo afectivo está en los antípodas de la República proclamada en 1931. Sin embargo, no es un tradicionalista: por una parte, le atrae demasiado el mundo de las vanguardias y, por otra, ha aprendido a mirar con ojos muy críticos el mundo viejo, que estaba muriendo por sus propios méritos.
    Con esas hechuras, era inevitable que terminara acercándose a un movimiento que otro hijo de buena familia, José Antonio Primo de Rivera, está empezando a levantar con una combinación de conceptos políticos tradicionales y formas sociales renovadoras: Falange Española. Como Foxá, otros muchos escritores entran en la órbita joseantoniana: Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, José María Alfaro, Jacinto Miquelarena, Pedro Mourlane Michelena… Con algunos de ellos escribió Foxá la letra del “Cara al sol”.
    Sus episodios nacionales
    Agustín de Foxá apenas participó en las convulsiones políticas de la preguerra: sus ocupaciones diplomáticas le mantenían alejado de ellas. La guerra le sorprende precisamente en el momento en que acaba de ser destinado al consulado español en Bombay. Finalmente no marcha a Bombay, sino a Bucarest. Allí se encuentra en una situación difícil: funcionario al servicio de un Gobierno que no ignora sus inclinaciones políticas, y en un clima de guerra civil. Finalmente logra abandonar Bucarest, vuelve a España y entra en la zona sublevada, poniéndose al servicio del gobierno de Franco. Pocos meses antes había publicado su segundo libro de poemas: El toro, la muerte y el agua, con prólogo de Manuel Machado.
    Es en ese ambiente de guerra civil cuando Foxá publica la novela que más fama le daría (y que la izquierda española no le ha perdonado aún): Madrid, de corte a checa, uno de los grandes libros sobre la guerra de 1936. Escrito, evidentemente, desde el lado de los sublevados, Foxá retrata aquí la irresponsable frivolidad de los monárquicos de 1931, las turbulencias de los años republicanos y la persecución roja en el Madrid del Frente Popular.
    La obra abunda en retratos de personajes de la época, pero es, sobre todo, una mirada tan estetizante como desolada al desgarro general de un país. Madrid, de corte a checa tenía que haber sido la primera de una serie de novelas, al estilo de los Episodios nacionales de Galdós. Foxá escribió otras dos: Misión en Bucarest y Salamanca, cuartel general. Sólo apareció, sin embargo, la primera de ellas, y eso después de la muerte del autor. La tercera, la salmantina, nunca se encontró.
    Es interesante, porque Foxá, siendo un hombre que tomó partido decididamente por uno de los bandos de la guerra civil, no tomó nunca una actitud de aniquilación frente al enemigo. Hay unos versos suyos que son una oda al dolor de un país desgarrado. Dicen así: “Una línea de tierra nos separa./ Pero estamos tan lejos…/ Para llegar hasta vosotros, trenes,/ rutas extrañas, playas extranjeras/ y, sin embargo, hermanos enemigos,/ ¡qué cerca nuestra sangre!, que aclararon/ las mismas frutas, que encendieron, roja,/ primaveras y labios parecidos”.
    Foxá escribió otras muchas cosas: más poesía, como los libros El almendro y la espada, Poemas a Italia y El gallo y la muerte, y también teatro en prosa y en verso: Cui-Ping-Sing, El beso a la bella durmiente, Baile en capitanía, Gente que pasa… Colaboró de manera muy directa en las publicaciones culturales del régimen del 18 de julio, como Vértice y Jerarquía, y dirigió la publicación bilingüe hispano-italiana Legiones y Falanges. Sin embargo, se hace difícil calificarle como un escritor del franquismo. ¿Antifranquista, entonces? Desde luego que no. Como les ocurría a otros muchos escritores falangistas de su generación, Foxá se sentía atrapado entre sus deseos y la realidad: la mayoría de ellos veía el régimen de Franco como un enojoso aparato demasiado conservador para su gusto; pero, al mismo tiempo, todos sabían perfectamente que en aquella España de posguerra no había otra opción.
    Instalado en esa incomodidad, Foxá va a ir quemando su vida en distintos destinos diplomáticos durante la segunda guerra mundial. Es en ellos donde se labra esa fama de personaje agudo, sarcástico, brillante y algo cínico que iba a acompañarle para siempre; ese talento para crearse legiones de enemigos por una frase brillante que su verbo afilado no podía reprimir. Representó al régimen de Franco en Roma y en Helsinki. Aquí conoció al escritor italiano, fascista primero y antifascista después, Curzio Malaparte. Malaparte retrató a Foxá con trazos poco agradables en su novela La piel (una gran novela, por otro lado). Foxá, cuando le preguntaron por Malaparte, contestó que prefería a Bonaparte.
    Y cuando terminó la segunda guerra mundial, nuestro autor continuó en sus tareas diplomáticas, ya fuera en Buenos Aires o en Cuba o en Filipinas. Enfermo de los pulmones, el clima filipino estuvo a punto de matarle. Cuentan que cuando se le retiraba de Manila en camilla, a bordo del avión que le devolvería a España, susurró: “Soy el último de Filipinas”.
    Melancolía del desaparecer
    Nuestro autor no tenía la menor inquietud política. No hizo el menor esfuerzo por labrarse una carrera en el régimen. Su mundo seguía siendo otro: el de las palabras y los conceptos, una visión esencialmente estética de la vida y del mundo. De su paso por América dejó unas crónicas sencillamente sublimes, recogidas en el volumen Por la otra orilla. Se trata de una compilación de artículos de tema americano y en ellos -en todos ellos- brilla intensamente su ingenio agudo y melancólico. Es una obra maestra del articulismo como género literario.
    Murió en 1959, con sólo 56 años. “Soy gordo, soy conde, soy diplomático… ¿cómo no voy a ser reaccionario?”. Esa frase se le atribuye, entre otras, para definir su perfil. Pero quizás es más precisa la que él se dedicó a sí mismo: “Gordo. Con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo. Poético pero glotón. Con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro. Bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana. Mi virtud: la imaginación. Mi defecto: la pereza”.
    Enfrentado a la muerte, Foxá escribió unos versos que sobrecogen. Su “Melancolía del desaparecer” se ha citado mil veces, pero vale la pena repetirla, porque pocas veces el alma poética ha tocado con más profundidad el temor a la incertidumbre y el dolor por la vida que se va”. Dicen así:
     “Y pensar que después que yo me muera,/ aún surgirán mañanas luminosas,/ que bajo un cielo azul, la primavera,/ indiferente a mi mansión postrera,/ se encarnará en la seda de las rosas./ Y pensar que, desnuda, azul, lasciva,/ sobre mis huesos danzará la vida,/ y que habrá nuevos cielos de escarlata,/ bañados por la luz del sol poniente/ y noches llenas de esa luz de plata,/ que inundaban mi vieja serenata,/ cuando aún cantaba Dios, bajo mi frente./ Y pensar que no puedo en mi egoísmo/ llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja;/ que he de marchar yo solo hacia el abismo,/ y que la luna brillará lo mismo/ y ya no la veré desde mi caja”.
    Es a este prodigio al que unos oscuros concejales comunistas de Sevilla quiesiron prohibir. Porque no les gustaba lo que Foxá fue; no les gustaba el conde maldito. Quizá lo que no les gustaba era saber que, frente a ellos, sigue existiendo la sombra de alguien tan grande.



    http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/cultura/agustin-foxa-conde-maldito-20130329

    domingo, 7 de abril de 2013

    ESTRENO DE LA PELÍCULA CRISTIADA

    Juan Manuel de Prada
    ABC



    Se estrena, al fin, en los cines españoles For Greater Glory, la película sobre la Guerra Cristera o Cristiada (1926-1929), desatada en México después de que el gobierno del laicista Plutarco Elías Calles cometiera los más inicuos atropellos contra los católicos, incluidas matanzas de sacerdotes y fieles. La película, de factura técnica más que notable, incorpora un elenco de campanillas (con nombres tan vistosos como los de Andy García, Eva Longoria, Peter O’Toole o Rubén Blades) y denota un esfuerzo de producción en verdad llamativo. Se trata de una obra de declarada militancia católica; pero muy alejada del temible tono empalagoso –cuando no aciagamente buenista— que suele lastrar las películas que se presentan bajo este marbete.


    For Greater Glory es una película épica al modo clásico, llena de lances heroicos y pasajes conmovedores, muy alejada del cine de acción de los últimos años, donde las pirotecnias y aspavientos propios del género enmascaran argumentos vacuos y personajes sin encarnadura. En For Greater Glory no faltan, desde luego, las secuencias trepidantes, los tiroteos y escaramuzas bélicas; pero, al hilo de tales secuencias, se nos plantean conflictos humanos vigorosos y desgarradores y se nos presenta una panoplia de personajes de lo más variopinto. Desde el Beato Anacleto González Flores, un líder católico que acaudilló la resistencia pacífica contra Calles antes de ser martirizado, al aventurero Victoriano Ramírez, alias “el Catorce”, cuyas hazañas sanguinarias lo envolverían en una aureola de leyenda. Desde el niño José Sánchez del Río, también beatificado por la Iglesia, quien fuera martirizado del modo más sañudo, al cura cristero José Reyes Vega, responsable de ordenar incendiar un tren sin evacuar antes a los pasajeros. Y, por encima de todos, el general Enrique Gorostieta, comandante del ejército cristero, un hombre más bien descreído que acabaría convirtiéndose, impresionado por la fe de sus soldados. For Greater Glory, que se permite ciertas licencias en la reconstrucción biográfica de sus protagonistas (así, por ejemplo, en la relación entrañable que se entabla entre el general Gorostieta y el niño José Sánchez del Río, que tal vez ni siquiera llegaran a conocerse), no escamotea sin embargo los aspectos de su personalidad más vidriosos o problemáticos, que deja al juicio del espectador; tampoco, oculta, por cierto, las disensiones en el seno del bando cristero, y aun de la propia jerarquía católica.

    Pero si hay algo que For Greater Glory no oculta es que la Cristiada fue, en su esencia y por encima de otras circunstancias políticas o económicas, una guerra religiosa, desatada por odio a la fe católica. El “¡Viva Cristo Rey!” que los cristeros lanzan, a modo de proclama inquebrantable, antes de entrar en la batalla, y que sus mártires repiten ante sus ejecutores, después de haberlos perdonado, así nos lo recuerda constantemente. En España también tuvimos otra guerra en la que muchos inocentes murieron lanzando ese grito, pero ninguna película los conmemora. En este sentido, For Greater Glory resultará para muchos espectadores españoles una película incómoda; no sólo para los laicistas satisfechos de su hegemonía, sino también para los tibios, los “políticamente correctos” y demás faunas gallináceas autóctonas. Al resto, la película no les defraudará: disfrutarán de casi dos horas y media de un cine épico y vibrante que ya no se estila; y saldrán de la sala oscura conteniendo a duras penas la emoción que les anuda la garganta y preguntándose por qué una película así es inconcebible en España. Si alguno llegara a responder esta pregunta, ya no dejaría de llorar.

    jueves, 4 de abril de 2013

    CATALONIA IS NOT SCOTLAND


    Jesús Laínz.


    Aunque de vez en cuando se arranquen por modelos kosovares o canadienses, parece claro que la gran excusa del plan de Artur Mas en los próximos meses va a ser Escocia. La brumosa tierra de William Wallace, además de no formar parte de una Britannia romana de la que quedó separada por el muro de Adriano, fue un reino independiente hasta 1707; independiente y hostil a Inglaterra, reino que intentó conquistarla militarmente en varias ocasiones. En 1603 Jacobo VI de Escocia heredó el trono inglés, con lo que las dos coronas se posaron en la misma cabeza. Pero los dos estados no se fundieron en uno hasta que en 1706 los dos parlamentos acordaron, mediante el Treaty of Union, crear el Reino Unido de la Gran Bretaña. El año siguiente ambos parlamentos ratificaron el tratado en sendas Acts of Union.
    Cataluña, por el contrario, formó parte de la Hispania romana (con capital precisamente en Tarragona) y de la visigoda (con capital precisamente en Barcelona antes de trasladarse a Toledo). Nunca exisitió un reino de Cataluña, nunca ningún hostil reino de España intentó conquistarla militarmente y nunca ningún parlamento de un reino catalán ni ningún parlamento de un reino español acordaron ningún tratado para unirse de mutuo acuerdo. Al contrario, los catalanes participaron, como los demás cristianos, en la reconquista y en la unificación de España mediante el matrimonio de los reyes de Castilla y Aragón. Nunca existió un estado catalán que tomase la decisión de unirse al español y que ahora pudiese revocarla. Y, por mucho que mientan los separatistas, Cataluña no fue conquistada por España en 1714, sino que en dicho año fueron vencidos, en su último reducto de Barcelona, los últimos partidarios del archiduque Carlos al trono de España.
    Por lo tanto, ni histórica ni jurídicamente tienen el caso escocés y el catalán el menor parecido. ¿Por qué, entonces, tanta insistencia en compararlos? Porque se pretende hacer pasar por bueno un enorme fraude: que Cataluña tiene el mismo derecho histórico y jurídico que Escocia a decidir unilateralmente su secesión. En cuanto a la argumentación jurídica, bien fácil es comprender que la legislación británica no puede ni tiene por qué trasladarse a un caso totalmente distinto. Lo que establezca la Constitución no escrita británica y lo que hayan acordado el parlamento y el gobierno británicos a la vista de las Acts of Union aprobadas en su día es materia del parlamento y del gobierno británicos y será desarrollado según la legislación británica, pero en modo alguno tiene por qué ser exportable a ningún otro lugar del mundo. Desde luego no a España, el artículo 1.2 de cuya Constitución establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español, sin posible fragmentación territorial alguna.
    Además, la querencia de los separatistas catalanes por el modelo escocés es arbitraria. Ya que tanto les gusta fabular con la Edad Media, ¿por qué no alegan como modelo el de los siete reinos –estos sí existentes, no como el inexistente reino de Cataluña– en que durante medio milenio estuvo dividida Inglaterra? ¿Quizá porque si a los habitantes de los actuales territorios de Northumbria, Mercia, East Anglia, Essex, Kent, Sussex y Wessex se les ocurriese autoproclamarse “por razones de legitimidad democrática, carácter de sujeto político y jurídico soberano”, sesenta millones de británicos se morirían de risa? ¿Por qué no cruzar el canal y escoger como modelo el francés? ¿Quizá porque las carcajadas iban a ser todavía mayores en la République Une et Indivisible si a los regidores de los departamentos de Alto Rhin, Córcega del Sur o Pirineos Orientales se les ocurriese semejante idea? ¿O por qué no apelar al ejemplo de un Estado federal, ese modelo tan valorado últimamente por algunos, y apuntarse al mismo derecho de secesión del que gozan los Estados de Baden-Württemberg, Baviera o Schleswig-Holstein? O, mejor aún, al de Virginia, Georgia y Tennessee. Seguro que Artur Mas podrá contar con el apoyo de los descendientes de Lincoln.
    El ejemplo escocés también sirve para otras reivindicaciones, no por ajenas a lo jurídico, de menor peso propagandístico. Pues el hecho de que Escocia, Irlanda del Norte, Gales e Inglaterra jueguen los campeonatos internacionales de fútbol en selecciones separadas es utilizado por nuestros separatistas como argumento para reclamar las suyas con el deseo, no de fomentar el deporte, sino de ponerlas a su servicio como embajadas volantes y pruebas ante el mundo de la existencia de sus pretendidas naciones. Además, en el otoño del muy simbólico año de 2014, que los separatistas catalanes presentan fraudulentamente como el tercer centenario de la conquista española, se celebrará el referendo ansiado por el partido de Alex Salmond, que ha escogido dicho momento no por casualidad. Pues en dicho año coinciden el séptimo centenario de la batalla de Bannockburn, en la que los escoceses de Robert the Bruce preservaron su independencia venciendo al ejército inglés de Eduardo II, y los 20º Juegos de la Commonwealth en Glasgow, en los que se enfrentarán los equipos de Inglaterra y Escocia. Y los partidarios de la independencia pretenden aprovechar ambos acontecimientos para agitar el fervor patriótico de sus paisanos.
    Pero el motivo por el que existen dichas cuatro selecciones no es nada relacionado, como hubieran deseado nuestros separatistas, con ningún derecho de autodeterminación, sino con el hecho de que el fútbol fue inventado por británicos. La asociación futbolística inglesa se fundó en 1863, la escocesa en 1873, la galesa en 1876 y la irlandesa en 1880. El primer encuentro entre los equipos escocés e inglés se celebró en 1872. Cuando se creó la FIFA en 1904, los cuatro equipos llevaban jugando entre ellos más de tres décadas, y dada tan consolidada tradición, se les concedió el privilegio extraordinario de seguir existiendo, lo que no sucede en ningún otro país del mundo. Por otro lado, la elección de los equipos futbolísticos por parte de nuestros separatistas es, una vez más, interesada y arbitraria. ¿Por qué no escogen como modelo al equipo olímpico británico, único para ingleses, escoceses, galeses y norirlandeses?
    Y en cuanto a la representación política exterior, para hablar de cosas serias, ¿nunca han caído en la cuenta de que no hay embajadas de Inglaterra, Escocia y Gales, sino sólo del Reino Unido de la Gran Bretaña?
    La respuesta es fácil: sin el perpetuo falseamiento el nacionalismo catalán no tendría ni motivos, ni excusas, ni explicaciones, ni justificaciones, ni razones, ni argumentos.

    miércoles, 3 de abril de 2013

    Crónica de la presentación del libro La Batalla de Gibraltar




    El pasado miércoles 20 de Marzo en el salón principal de la Fundación Valentín de Madariaga, tuvo lugar la presentación del nuevo libro del periodista José María Carrascal, La Batalla de Gibraltar, donde el autor narra todo el proceso de negociaciones y desencuentros de la diplomacia española con las autoridades británicas, que aún mantienen la situación colonial de la Roca, a pesar, de las resoluciones de la ONU a favor de una negociación con España para la resolución del problema.

    El amplio y bello salón del antiguo consulado estadounidense, se llenó en su totalidad, más de cien personas que siguieron atentamente la presentación. Abrió el acto el Gerente de la Fundación Valentín de Madariaga, Luis García de Tejada, tras él Javier Compás, presidente de la Asociación Cultural Ademán, agradeció a los presentes su asistencia, a la Fundación Madariaga por acoger el acto y al presentador del autor, a éste y a la editorial, por su colaboración en la presentación, tras lo cual dedicó unas breves palabras al presentador del autor, el jefe de informativos de la Cadena COPE, Eusebio Pérez, quien, a su vez, hizo la presentación del autor.

    José María Carrascal, autor del libro, expuso el proceso de documentación y elaboración del texto, todo trufado con sus jugosas anécdotas vividas a lo largo de su dilatada experiencia profesional como periodista en las zonas más candentes del panorama internacional a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.
     
    Tras las intervenciones de presentadores y autor, se inició un animado debate suscitado por las preguntas del público, muy interesado en el tema de la recuperación de este trozo de España en manos extranjeras, con cuestiones planteadas incluso por gente muy joven que asistió al acto.

    A la conclusión, Luis Valiente, de editorial Actas, el autor, José María Carrascal y miembros de la Asociación Cultural Ademán, compartieron una agradable cena en el sevillano restaurante Jabalón, donde se siguió con la animada tertulia y con las anécdotas y vivencias de tan magnífico comunicador cual es José María Carrascal.

    ADEMAN