lunes, 16 de abril de 2012

Una novela llamada a ser la inspiración para revitalizar el patriotismo



Enrique de Diego

 

Las Navas de Tolosa

Una novela llamada a ser la inspiración para revitalizar el patriotismo


El periodista y escritor Enrique de Diego recrea en su novela "Las Navas de Tolosa" (Editorial Rambla) la batalla de la que se conmemoran ochocientos años y que fue la más decisiva de la Reconquista y al nivel de Las Termópilas o Waterloo en cuanto a su influencia en el devenir histórico de la humanidad.
El conocido periodista ha reflejado la epopeya en una novela coral, en la que refleja la movilización general de todos los sectores de la sociedad de los reinos de España, sitúa el cantar del Mío Cid como un texto de propaganda para la movilización hacia Las Navas, rinde homenaje a las órdenes militares, que tan relevante papel tuvieron en el campo de batalla, y se introduce en el mundo de la frontera con las milicias concejiles.
Por de pronto, Castilla había sufrido pocos años antes la derrota de Alarcos y supo sobreponerse, cuestión que el autor destaca como un ejemplo de esfuerzo común y de lucha contra las adversidades. En Las Navas de Tolosa estuvieron presentes, con sus ejércitos, tres reyes, Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra, así como nobles portugueses y leoneses, bajo el ideal común de la Cristiandad y bajo la ideología gótica, de respuesta de España a la invasión musulmana, como resaltó en su libro "Hechos de España", don Rodrigo Ximénez de Rada, que ocupó un lugar destacado en el hecho histórico, como encargado de la logística, y que es recuperado en la novela como una de las figuras egregias de nuestra historia común.



Especial relevancia tienen los personajes femeninos, mujeres de la frontera, como Araceli, y también los miembros de las Órdenes militares. Enrique de Diego ha dado vida a templarios que piensan y actúan como tales, que rezan y combaten. Personajes de la fuerza del mariscal del Temple, Álvar Mozo. También ha encarnado a la Órden de Calatrava, vanguardia de la frontera, y se detiene en la Órden de Santiago, la única que admitía casados, a través de la relación entre un padre y un hijo santiaguistas.
La novela "Las Navas de Tolosa" está llamada a ser una fuerte inspiración para una revitalización del patriotismo, desde la comprensión de nuestra historia con pleno rigor, porque quizás no son de suficientemente conocidas cuestiones como que los vascos, con su señor de Vizcaya, don Diego López de Haro, entraban en vanguardia en el combate, honor concedido por su condición de ser los más castellanos, con Vizcaya como cuna de Castilla. O que los navarros, infantes del Valle del Baztán, tuvieron un papel muy destacado en la batalla. En ese sentido, los protagonistas de la novela siempre se mueven con los canones mentales de la época.
"Las Navas de Tolosa" no es una novela sobre la batalla, sino la novela sobre la batalla. Amanece el 16 de julio de 1212: tres reyes cabalgan hacia la muerte o hacia la gloria...

Adjuntamos enlace con interesante entrevista al autor para el diario digital El Aguijón.


sábado, 14 de abril de 2012

Censura también en Valladolid, otro "caso Foxá"

El próximo lunes 16 de abril se presenta en Valladolid el libro sobre Onésimo Redondo, "En los albores de la Falange" escrito por Luis Miguel Villegas y con prólogo de Alfonso López Gradolí.
Estaba previsto que la presentación se realizara en el Centro Cívico Zona Sur, pero la presión de los "tolerantes de siempre" ha obligado a trasladar el acto a la siguiente dirección:
Hotel Silken Juan de Austria, Paseo de Zorrilla, 107 - Valladolid (muy cerca del centro cultural). La hora sigue siendo las 19:30h
Los que estéis en Valladolid o podáis acercaros, no dejéis de apoyar este acto y a sus organizadores.
El libro está editado y disponible a través de la editorial Barbarroja .- http://www.libreriabarbarroja.com - info@libreriabarbarroja.com
Desde la Asociación Cultural Ademán nos solidarizamos con los organizadores de este acto literario y recordamos la censura que sufrió nuestro homenaje literario al escritor Agustín de Foxá en un centro cívico sevillano por parte del entonces gobierno municipal social comunista. Ahora, en Valladolid, con un ayuntamiento del PP, se repite un hecho de vejación a la libertad de expresión y al uso de un espacio público al servicio de todos los ciudadanos.
A. C. Ademán

viernes, 13 de abril de 2012

ANTONIO TOVAR. EL FILOLOGO QUE ENCONTRO EL IDIOMA

 Adjuntamos el enlace a esta novedad editorial.

http://www.santosochoa.es/detalleproducto/detalleproducto.asp?EAN=978849396088


domingo, 8 de abril de 2012

La otra Literatura en 'Aportes'

Acaban de ver la luz los números 73 y 74 de la Revista de Histórica Contemporánea Aportes.
En esta ocasión, Alfonso Bullón de Mendoza -director- y Rafael Ibáñez -Coordinador- dedican la revista a 'La otra memoria en la Literatura'.
La revista aparece a los pocos días de conocerse la sentencia sobre el 'Caso Foxá'.


Firmas como la de Juan van Halen, Gabrielle Morelli, María Ángeles Varela o María Saavedra, se ocupan con extraordinaria solvencia de autores como José María Hinojosa,  Roy Campbell o Pedro Muñoz Seca.
Imprecindible la narración de Manuel Maristany sobre cómo escribió la exitosa novela 'La enfermera de Brunete'.

+ info en www.actashistoria.com

martes, 3 de abril de 2012

Fallece Antonio Mingote a los 93 años.

                                                                              Antonio Astorga (ABC)
Antonio Mingote ha fallecido a los 93 años, 59 consagrados a ABC. Dibujante, escritor, académico, marqués de Daroca, un ser de luz admirable. Nadie derramó tanto prodigio en vida. Nadie fue tan generoso con el prójimo.
Murió rodeado de lo suyos: su alma y esposa Isabel Vigiola, su hijo Carlos, su nieto Pablo... su familia, a la que adoraba. Dios ha llamado a su reino a su Ángel Antonio Mingote en la tierra. La vida le ha vencido en el Hospital Gregorio Marañón, donde llevaba ingresado desde hace unos días, y se despertó un par de veces para despedirse de los suyos.
Hoy, el pueblo de Madrid, la gente a la que él historió y quería como nadie, le brindará un multitudinario y emotivo último adiós en la capilla ardiente que se instalará esta tarde a las 19 horas en los Jardines de Cecilio Rodríguez, en el Parque del Retiro de Madrid. La capilla volverá a abrirse mañana (entre las 10 y las 19 horas) y, tras el cierre, Mingote será incinerado en una ceremonia íntima y familiar.
Antonio Mingote era un extraterrestre que amerizó desde la constelación Trabaja, Idiota, y No Pares.
—Jajaja. Sí, ¡qué barbaridad! Pues tendré que parar. Ya me parará, supongo, la fisiología. De un momento a otro, de un momento a otro, pero bueno; es lo que toca...
Hace meses, le importunábamos en su sanctasanctorum:
—¡Buenos días, maestro!
—Ya ve, aquí me tiene, atado al duro banco. ¡Hasta que el cuerpo aguante! Acérqueme la grabadora.
—¿Por qué don Antonio?
—Es que antes tenía una voz de barítono... y ahora una voz de ¡gilipollas!
Fue su última entrevista. Compartir con él y con Isabel unos días maravillosos —en un documental que pueden disfrutar en ABC.es—, en su casa, en su estudio, en el Museo de ABC, en el Retiro, del que es alcalde honorario y donde hace muchos años sembró un abeto que hoy se desangra en dolor por la muerte de su plantador. Nos confesó que le faltaba hierro: —¡No se preocupe, usted es de madera de boj!, le animamos.
Y se despidió de nosotros con una sonrisa, esa con la que cada mañana subía a su azotea, y con exquisita educación saludaba: «¡Buenos días, gente!». Sentía Mingote la vida ora con la tierna timidez del niño que observaba gamusinos mientras acudía a misa de doce cada domingo ora con la bendita paciencia del domador de fieras. Su humor era el pánico de los alindongados, amohinados, barbilindos, currucatos, chisgarabises, fifiriches, golillas, lechuguinos, mojigatos, pisaverdes, pudibundos, zangolotinos y zascandiles.
Resumía un editorial en una viñeta desde su independencia y su amor por la libertad, el auténtico bálsamo de fierabrás contra conjuros, exorcismos, hechicerías, encantamientos, demonios familiares, brujerías, maleficios... Desde esa azotea observaba día a día lo que en tiempos de Pío Baroja fue una enorme extensión de trigales verdes que llegaban hasta el Cerro de los Ángeles, resquebrajada únicamente por las dos filas de casas para pobres construidas a la altura de Pacífico. Eran los desheredados, los humildes, los ninguneados de la Historia, los hombre solos, que Mingote esculpía.
Nació este doncel harto curioso, de nombre Ángel Antonio Julián Orson Dulce Nombre de María Mingote Barrachina en Sitges, en casa de los abuelos. Vino al mundo el 17 de enero de 1919, día de San Antonio Abad. Hijo del músico Ángel Mingote y de Carmen Barrachina. Pesó dos kilos setecientos gramos.
Pasó la niñez en Calatayud y Daroca, —de donde fue nombrado marqués por el Rey—, entre la nieve de la montaña, el castillo, las murallas, y su primer colegio, los Escolapios en la Puerta Alta. Un día, al salir precipitadamente, Mingote dio con su cabeza en una piedra del quicio. Y la cicatriz nunca le abandonó.
En 1927, los Mingote se trasladan a Teruel. Allí es tiple solista en el coro del Colegio de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, y empieza a alcanzar éxito como dibujante. Vuelve a tropezar con la segunda piedra: se rompe la nariz contra un árbol del patio, lo que escachifolla irreparablemente su natural belleza, la del árbol, se refería. Con el tiempo se convertirá en barítono.

Toma de Barcelona...

En 1929 principia su Bachillerato con los Padres Franciscanos de Teruel. Descubre su amor, su pasión por el teatro, y comete su primer pecado mortal —contemplado en el Sexto Mandamiento—, del que se confiesa con el padre Ramón Gorriti Pedrés. Recibe una reprimenda severa y una penitencia grande.
En el Instituto, Mingote pasa de alumno libre a alumno (lo que le hace más libre). Vive años felices porque su madre le instruye, su padre matiza sus estudios y descubre la riqueza literaria del 98 y el 27. El 17 de julio de 1932, con trece años, Mingote dibuja en Teruel al conejo «Roenueces» y lo envía al suplemento infantil «Gente Menuda», de Blanco y Negro, que lo publica.
Y en su casa, frente al Instituto, descubre a la chica que será su primera novia, con la que hace manitas a escondidas, algo que estaba terminantemente prohibido: «Nos amenazaban con enviarnos al infierno. Los curas nos hicieron mucho daño. ¿Cómo vas a hacer caso al Infierno cuando eres joven y tienes a tu lado a una preciosidad de mujer? ¡Además, eso del Infierno es un invento perverso», arreciaba.

1936-39
Con 16 años, Antonio Mingote se pregunta perplejo qué es la guerra, a lo que nunca logró responder. Nieto por parte de padre y de madre de dos veteranos carlistas, e hijo de un difuso derechista, deriva en requeté. Se alista. Lo destacan en el Tercio de Santiago en la Sierra de Albarracín (Orihuela del Tremedal). Teruel es ocupada por el ejército entonces llamado rojo. Reconquistada la ciudad, acude con la esperanza de poder encontrar noticias de sus padres y hermana. Teruel es una escombrera humana y solo tres o cuatro personas deambulan entre las ruinas. Meses después recibe noticias a través de Cruz Roja. Viven sus tres familiares, pero su padre ha sido encarcelado.
Como alférez provisional, Mingote hace la campaña de Cataluña. Le llegan noticias de que su madre y su hermana están en Barcelona, en el piso de su tío Samuel Barrachina, en la calle Muntaner (su padre permanece en la cárcel en Valencia). Y Mingote emprende la conquista de Barcelona. Su abuelo, que era carlista, no se movió de Sitges; era un sabio respetado por todo el mundo, seguía con su cuello de pajarita, sombrero, bastón, y había sido maestro de veinte generaciones de sitjetanos. Pero su tío Samuel sí era político, de derechas, y se fue.
Cuando llega a Barcelona Antonio Mingote es ya un bravo alférez provisional de la Quinta de Navarra, del Cuarto Batallón de Infantería del Regimiento de Zamora número 29, lo cual recordaba siempre con mucho cariño. La tropa para en el Tibidabo y al final de la calle Montaner, que está en cuesta, vivía su madre, a la que no veía desde hacía tres años, y probablemente su hermana.
Mingote le implora a su superior, apellidado Trapero: «Mi comandante, tengo que bajar a esa calle». Trapero le pregunta si está loco. Mingote insiste: «Bajo, veo a mi madre y me vuelvo...» Le dio tanto la lata a Trapero, que al final cedió. «Mi comandante, no se enterará», le promete. Antonio Mingote toma a su asistente, Miguel Flores, asturiano, grande, alto, de su quinta y edad, y baja decidida y marcialmente por la calle Muntaner.
La gente le mira extrañada, en silencio, por su uniforme e insignias que no le son familiares. Mingote llega a la casa de su tío Samuel, llama, sale una señora, le pregunta por Doña Carmen Barrachina, y le informa que se ha ido a Sitges tres días antes. Devuelve Barcelona y retorna al Tibidabo. Esa fue su guerra. Mingote portaba un pistolón que había sido de un comandante rojo, una zamarra de cuero, y una boina con estrella.

...y devolución de Barcelona

El joven alferez regresa y le notifica a Trapero: «¡Ya he devuelto Barcelona!» Y repiquetea: «Comandante, ahora yo le pido permiso para ir a Sitges porque mi madre está en Sitges». Trapero transige a regañadientes. Mingote se acurruca en el remolque de un camión hasta un puente, y de allí cuarenta kilómetros, casi una maratón, hasta Sitges.
Soldado en Salamina. Es de noche, llovizna, la carretera abotargada de charcas y ni un alma a la redonda, en plena Guerra Civil, sitiada Barcelona. Ni un guardia, ni una patrulla. Mingote y su asistente amanecen en la localidad costera. Asoma un sereno y Mingote pesquisa: «Oiga, ¿dónde está la casa de don Esteban Barrachina?» (su abuelo). Y el sereno le notifica: «Esta mañana le hemos enterrado».
Mingote se desploma por la pérdida de una persona esencial en su vida. Luego se enteró de que, como don Esteban había sido carlista, Franco hizo tenientes a todos los veteranos de la guerra carlista; unos requetés le llevaron una boina roja a su abuelo con las estrellas de teniente, se la puso, fue a una misa de campaña, hacía frío, llovía, se enfrió y don Esteban se murió.
Mingote persiste, llega a la casa de su tío Samuel, un caserón con una puerta grande de madera, aporrea la aldaba, y se escucha una voz desde dentro: «¡Mi hijo!, mi hijo». Era su madre la que gritaba emocionada, bajó, le abrió, y se fundieron en el abrazo del alma. Mingote vuelve al batallón, que había tomado Barcelona. Cuando se incorpora se había producido un encontronazo con muchas bajas. Y de ahí hasta la frontera, con Montserrat en lontananza. La Prensa alaba la magistral operación de la toma de Barcelona; Mingote, que la conquistó como un hombre solo, sonríe escéptico.
Con la paz tras el marasmo de la tragedia, Mingote se traslada a Zaragoza y se incorpora a la familia, que ya vive allí. Tiempos difíciles. Se matricula en la Facultad de Filosofía y Letras, donde estudia dos cursos. Ingresa en la Academia de Transformación de Infantería, en Guadalajara, y se transforma en militar profesional.
Los ratos de claro en claro los aprovecha para escribir novelas policiacas, con el pseudónimo de Anthony Mask, como «Ojos de esmeralda», que sitúa en Nueva York; y del Oeste, «Los revólveres hablan de sus cosas». Cuando le destinan brevemente a Guipúzcoa mantiene relaciones con una joven de Tolosa. Pasean y hacen manitas; él sobre el caballo y ella a lomos de una bicicleta. Dadas las dificultades para culminar un amor tan raro, se devuelven los regalos.

La vida, qué esplendor

1944. Mingote llega a Madrid, vive en una calle de genios —Blasco de Garay—, dibuja y escribe cuentos mientras cuida de su madre, inmovilizada por una embolia. Y se lanza a la aventura alada de La Codorniz. A finales de 1946, un compañero de pensión, amigo del alma codornicesca Álvaro de Laiglesia, le lleva a la redacción a presentarle junto a sus dibujos. Es admitido.
La Codorniz dejó en ridículo y en evidencia todas las cursilerías, la ranciedad y lo viejo que quería ponerse de moda. Fue la otra generación del 27. La madre de Antonio Mingote muere en abril de 1947. Un año después publica «Las palmeras de cartón», novela ilustrada por Goñi, para él uno de los grandes dibujantes. Estrena una revista musical, y le dice adiós al Ejército y a las armas, que no gastó.
Tertulias de café —Varela, Comercial, Gijón...—, y charlas interminables con Carlos Clarimón, Rafael Azcona, Manuel Alcántara sobre el esplendor de la vida. Lo raro era vivir, y mientras hablaban Antonio dibujaba en la mesa del café usando como pincel una servilleta de papel enrollada, empapada en los restos de la taza. Era un dibujante como una catedral.
La incorporación de Antonio Mingote a ABC se produce en 1953. Torcuato es el primero de los Luca de Tena a quien debía tanto agradecimiento. El segundo en su cronología sentimental será el padre, Juan Ignacio; el tercero, don Guillermo, el inolvidable patrón. Publica un chiste diario: más de 24.000 dibujos. Nadie se desprendió tan generosamente de tanto talento en vida.
En 1955, Antonio Mingote se casa por vez primera y el 29 de noviembre nace su hijo Carlos. El genio dirige con magistral pulso «Don José», y un artículo suyo reforzado con chistes en la revista y en ABC hiere la sensibilidad de unos comerciantes de comestibles. Le denuncian por injurias, se sienta en el banquillo, le piden un millón de pesetas de multa y el destierro, recauda doce pesetas de sus admiradores, le defiende Luis Zarraluqui, le absuelven, apelan los comerciantes al Supremo, llegan a una entente cordial, Mingote dice que no tenía ánimo de injuriar, los tenderos le regalan un jamón, y Santas Pascuas.
Nuestro héroe peregrina con el jabugo a aguas de Almería, donde queda decimotercero en el Campeonato de Andalucía de Pesca Submarina; en la báscula presenta un mero de cinco kilos, tres doradas, un salmonete y una señora entrada en carnes que se bañaba por ahí. La buena mujer es rechazada por el jurado y Mingote pierde el premio y la licencia. Le ganamos para el humor.
Antonio conocería a su alma, su orden, su maravillosa compañera Isabel Vigiola en casa de Edgar Neville, de quien era secretaria. Un día, Isabel llamó a Antonio para felicitarle por un chiste muy divertido en ABC. Él estaba casado, y ella tenía novio. Antonio se separa, se hacen amigos, pero no hay flechazo. Año y medio después de separarse, a Antonio le operan de vesícula. Tono le dice a Isabel que Mingote está muy grave, y a su novio le sienta muy mal que llame a Antonio, que se ponga al teléfono y hable con ella.
«Yo creo que ahí ya debía haber algo por parte de él. Cuando acabé con mi novio y le cuento a Antonio mis penas, me dice: ¿Por qué no me ayudas? Él tenía un follón descomunal de papeles. Y por las tardes le ordenaba su despacho», recuerda Isabel, su orden, su alma. A los cuatro meses descubren que están enamorados, y se casan en 1966. Isabel le abre cartas a Antonio que él tenía sin desprecintar desde 1955.
Mingote se quejaba del orden de Isabel, pero ella siempre le decía que si no se hubiera enamorado de él jamás habría sido su secretaria. ¡Porque como jefe no se le podía aguantar de desordenado, de desigual, de arbitrario!, le susurraba. Un buen día Antonio le dice a Isabel que no tienen dinero para comer. Isabel abre un cajón y halla 50.000 pesetas, él no se acordaba de que las guardaba. Y ha seguido sin saber lo que valen las cosas. No llevaba suelto en el bolsillo. Genio y Mingote.
Guionista de cine —como «Vota a Gundisalvo», personaje político extraído de sus chistes, ¿y a usted qué más le da?—, en 1974 estrena su comedia musical «El oso y el madrileño» con notable éxito, y Narciso Ibáñez Serrador le encarga para televisión «Ese señor de negro», conducida por Antonio Mercero. Mingote dirigirá su propia película, rodada en súper 8 en Marbella, con los grandes de la comedia: «La vuelta al mundo en ochenta espías». El filme es joya de coleccionista, alguna matahari lo debe poseer.
La dirección de «Don José» le reporta a Mingote la amistad de Tono, dibujante fabuloso, humorista rompedor no apreciado en lo que tuvo de innovador junto con Mihura. Y gracias a Mingote nace una generación de nuevos creadores —Ballesta, Puig Rosado, Abelenda, Máximo, Madrigal, Cebrián...—. La amistad era sagrada para él: Ildefonso Manuel-Gil, Luis Sánchez Pollack, Tip, Alfonso Ussía... y así más de un millón de amigos... Mingote fue un hombre libre.
En la radio, Antonio preside el «Debate sobre el Estado de la Nación», bajo la dirección de su amigo Luis del Olmo, que hoy llora su pérdida destrozado. Antonio iluminó el Quijote —el sueño de su vida— con 600 dibujos que son puro prodigio; Cervantes era, para él,padre de todo el humor español, aunque al manco le negaran el pan y la sal por ser humorista. Lo crucificaron... Y en España el humor es despreciado. Si los cursis que se hacen los trascendentes pudieran hacerlo prohibirían el humor, sospechaba. Sería como prohibir el amor. La vida es libertad, humor y amor.
Es elegido académico en enero de 1987. Juan Rof Carballo le dijo que le habían nombrado no porque fuera «listo» sino para que, dada sus amistad con el alcalde, consiguiera plaza de aparcamiento para los insignes doctos. Esa noche, Mingote cenó al lado del edil Juan Barranco, le contó la historia y a la mañana siguiente los del Ayuntamiento ya estaban poniendo la señal de VADO en la RAE. El día que ingresó llovía a mares, y el todo Madrid, desde marquesas de pitiminí a pobres de portal, daban la vuelta al viejo caserón de la calle Felipe IV. A Mingote le encomendaron la tesorería, y multiplicó las codornices y los panes académicos.
Era un artista en falsificar cuadros; tenía todo el Prado en su casa y, créanme, nos daba gato por Meninas y nosotros, pobres paletos desarrapados, ni nos enteraríamos. Descreía Mingote del fanatismo patriótico, «que es la lepra», y denunciaba al nacionalismo como el obstáculo principal para que España no sea una nación cómoda, simpática, alegre y cordial.
De solo pensar que con su lápiz de dibujante podía convocar el levantamiento de millones de piadosos creyentes, musulmanes, fervorosos, adversos al cerdo y abstemios declarados, Mingote se sentía tan «ridículamente poderoso» que se ponía a llorar «abrumado».
Al marqués de Daroca una vez le dio quijotesca. Se subió a una mula, se armó con un taco de billar, irrumpió en el Casino de Peralejo, donde jugaban a las cartas y al dominó unos lugareños, y al grito de «¡Atrás, follones!» los desalojó del recinto. Don Mingote de la Mancha no volvió a probar el anís. Historió a la gente en una sublime epopeya que nació en Blanco y Negro, y talló poesía (de la experiencia): «Soy un vate de domingo», se autorretrataba Mingote, un Dios que quería a todo el mundo, un extraterrestre por el que hoy romperemos nuestros garrotes de trogloditas. Hay días en los que a uno no se le ocurre nada que escribir. Ni que decir.

lunes, 2 de abril de 2012

Empleo, Renta y Administración Eficiente


Empleo, Renta y Administración Eficiente, por José Manuel Cansino

«Es posible que un gobierno socialista con el apoyo de la coalición comunista, juegue a ser el ‘enfant terrible’ de las autonomías, pero la Ley de Estabilidad habilita al Gobierno a cerrar el grifo»
Crear una «banca pública»              –trasnochada para los expertos– excede las competencias de la administración autonómica
2 Abril 12 - -
Pedir a la Administración Pública que resuelva todos los problemas económicos sólo tiene sentido en una economía de planificación central. Así pues, desde la caída del muro de Berlín en 1989 y la descomposición del bloque soviético, seguir poniendo las esperanzas de recuperación económica en el sector público es un error de partida, particularmente en aquellas economías en las que el sector privado es el actor económico principal.

Eso es lo que ocurre en España y Andalucía. La proyección de la OCDE para 2013 es que el sector público español represente el    39,7% de nuestra economía, cifra que con ser importante, deja el 60,3% restante en manos privadas.



¿Podemos entonces decir que al próximo gobierno autonómico de Andalucía sólo podrá exigírsele resolver el 40% de los problemas económicos que azotan la región? Sería un razonamiento tramposo, como también lo sería atribuirle toda la responsabilidad.

Sobre lo que sí se debe poner el énfasis es en tres retos acuciantes en materia económica: la creación de empleo, la mejora en la renta per capita andaluza y en el logro de una Administración Pública eficiente. Ninguno de estos retos son nuevos salvo acaso el último al haberse instalado mayoritariamente en la sociedad –de derechas y de izquierdas– la sensación de tener una Administración autonómica salpicada por la malversación de caudales públicos.

Pocas dudas hay a la hora de señalar que el primer problema económico de la región es el de los 1.250.000 parados que arroja la Encuesta de la Población Activa. Un dato que, cuando se estiliza, se muestra más crudamente, pues la tasa de paro del 31,23% en Andalucía supera en más de 8 puntos la media nacional, ¡y en más de 20 puntos la media de la Europa de los 27!

Asociado con el problema del desempleo está el salario medio que cobra un trabajador en Andalucía (1.497/mes), y que se sitúa en los últimos lugares del «ranking» nacional. No sólo hay más parados en Andalucía sino que los que tienen la suerte de trabajar lo hacen a cambio de sueldos más bajos. Si durante los años del «boom inmobiliario» el mileurista era un estigmatizado, hoy día es motivo de envidia para muchos empleados. Detrás de esto no es difícil encontrar como causa, los pobrísimos resultados arrojados para la educación en Andalucía por el Informe PISA.
El tercer reto es el de conseguir una Administración Pública eficiente que, necesariamente, tendrá que hacer lo mismo o más, con menos.



De entrada, el nuevo gobierno regional tendrá que reducir el déficit desde el 3,22% del año pasado al tope del 1,5% para este año fijado por el Ministerio de Hacienda. Es posible que un gobierno socialista con el apoyo de la coalición comunista, juegue a ser el «enfant terrible» de las autonomías españolas pero la Ley de Estabilidad Presupuestaria habilita al Gobierno de la Nación a cerrar el grifo de las transferencias (los anticipos a cuenta) y a nombrar interventores llegado el caso. Así pues, una hipotética política expansiva de gasto a lo keynesianismo rancio, apenas tendrá recorrido en esta legislatura.

El gobierno tendrá que hacer frente también al pago de la deuda con sus proveedores. Una deuda que, en el caso del Servicio Andaluz de Salud, va camino de eternizarse.
En auxilio de esta angustia presupuestaria aparece la posibilidad de recurrir al instrumento de financiación que permitirán los «hispanobonos», esto es, el atajo a través del cual la deuda pública autonómica –calificada al nivel del bono basura para no pocos analistas– podrá encontrar compradores en los mercados de deuda al emitirse con la garantía del Estado español. Este es el escenario apresurado al que se tendrá que enfrentar un previsible gobierno de socialistas y comunistas que vendrá marcado por las reticencias de buena parte de estos últimos que ya dejaron sus exigencias por escrito ante notario. Es en ese documento en el que debemos detenernos para hacer alguna previsión sobre la gobernabilidad de los próximos cuatro años.

En primer lugar, la Ley de Renta Básica e Inclusión Social que exigirá la coalición comunista, obligaría a un desembolso presupuestario muy elevado salvo que nazca vacía de contenido al definir al grupo de beneficiarios de manera muy restrictiva.

La Ley Integral de Agricultura y Soberanía Alimentaria, en lo que de trasfondo tiene de haberse propuesto a raíz del último acuerdo de la Unión Europea con Marruecos, excede de las competencias de la Junta de Andalucía puesto que la política comercial exterior está residenciada en la Unión Europea. Es poco previsible que esta ley, de salir adelante, tenga contenido sustantivo.
Camarada Sánchez Gordillo
La demanda de crear una «banca pública» en Andalucía –trasnochada para los expertos económicos pero aplaudida por miles de ciudadanos– también excede de las competencias de la Administración autonómica. Otra cosa es que tan pomposo nombre acabe atribuyéndose a una suerte de Agencia Pública del tipo IDEA convertida en expendedora de subvenciones y créditos baratos. En este caso se estaría al resultado del marketing político pues, técnicamente, no podría hablarse de «banca pública» para referirse a una entidad que no puede «crear dinero». Lo que no sería cosmética y sí tendría sustancia política y presupuestaria, sería la aprobación de la «Carta de Derechos de la Ciudadanía» que convertiría derechos como el de acceso a la vivienda, en derechos subjetivos exigibles ante la Administración Pública. Si esta demanda del compromiso ante notario del candidato comunista sale adelante, el colapso presupuestario está servido. Si no hay recuperación económica rápida en los próximos años, y nada hay que apunte en sentido tal, es posible que retos tan cruciales como el empleo, la renta o la gestión correcta del dinero de todos sean eclipsados por una triada de «antis» rancia: anticlericalismo, antiamericanismo y antinuclearimo. Pero, esta historia, ya nos la conocemos.
José Manuel Cansino
Profesor Titular de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Letras efímeras de Gómez Marín

Por su indudable interés , reproducimos a continuación esta interesante columna de Jose Antonio Gómez Marín en El Mundo, el día 13 de Febrero de 2012.

El escritor onubense J.A. Gómez Marín

Letras efímeras

Escucho al profesor Rogelio Reyes, uno de los talentos más ecuánimes entre los conocedores de nuestra literatura, airear la figura medio olvidada de Pemán antes las damas de la ejemplar Asociación “Julia Rómula”. Sencillamente, sin recortar perfiles incómodos, sin exageraciones ni encogimientos, expone la memoria en trance de perderse de quien fuera tal vez el más brillante articulista de toda una época, y se lamenta de ese olvido que él extiende, con razón, a otros varios sepultados por esas “razones de la fama” que, como sabía por experiencia Quevedo, mucho tienen de razón política, citando ante todo a Azorín, el auténtico renovador de la prosa española y uno de los críticos literarios más finos que hemos tenido, cuya “Castilla” cumple el año próximo, si no me equivoco, un siglo como paradigma del retrato al natural de un país y de una cultura. Nada más dañino para la memoria literaria que el prejuicio político, como acaba de demostrarse hasta el ridículo en Sevilla con la prohibición municipal de un acto para recordar a Agustín de Foxá, a cuya prosa le han encasquetado una camisa azul los hijos y nietos de los intransigentes que antes se había ocupado de vestir con ella a escritores tan finos como Eugenio Montes, Muñoz Rojas, y ya puestos a sabios sin comparación posible como don Marcelino Menéndez y Pelayo. Este es un país tan raro que en él puede ocurrir que se ensaye la ruina de un monumento historiográfico como el de Menéndez Pidal bajo el solo dictado de “castellanista” o, del otro lado, que se menosprecie el talento de un Clarín o de un Pérez de Ayala, convictos ambos de un presunto anticlericalismo que, quienes los hemos estudiado, sabemos bien que hay que mirar con lupa antes de aceptarlo como tal. Quemamos a calzón quitado nuestras generaciones al tiempo que conservamos en el formol del convencionalismo más banal prestigios desmesurados. A Pemán mismo lo liquida hoy la desmemoria sólo por su relación con la dictadura, por más que a nadie se le ocurra descalificar a nadie por lo contrario. Admiramos, faltaría más, a quien escribió una oda a Líster, el carnicero que remataba a sus propios heridos para no dejarlos en la retaguardia. Valle-Inclán diría que “así es la España” y, en efecto, así es.
Volviendo a Pemán, querido Rogelio, la verdad es que hoy lo tendría más difícil en medio de esta ruidosa barahúnda que atruena el templo desde el peristilo, como lo tendrían más difícil los maestros que escribían sus extensas reflexiones en “El Sol” y otros periódicos frente al rifirrafe tertuliano. España es carne política, maestro, caldereta ideológica con la que los jayanes se confirman, cucharada y paso atrás.

sábado, 31 de marzo de 2012

En la izquierda no hay machismo

                    
                      Blanca Alcantara (PSOE)                 Diego Valderas (IU)


La columna de Loma
 
A L coordinador general de IU y candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Diego Valderas, tras el acto de cierre de campaña electoral de las elecciones autonómicas andaluzas, le pillaron un comentario sobre el actual cargo político de una mujer a la que identificaba como «la de las tetas gordas».

En realidad, y al margen de la muy conocida hipocresía que marca los cauces del discurso políticamente correcto, las palabras de Valderas no dejan de resultar una metedura de pata (o de boca) sin mayor trascendencia; un tipo de comentario que se le puede escapar a cualquier hombre en una conversación privada, por más que quede feo cuando procede de un candidato a presidente.
Debe de ser por eso, y también porque Valderas es probado prohombre comunista y progresista, por lo que su desliz verbal ha tenido un limitado recorrido mediático, tratándose al final como una simple anécdota electoral, incluso simpática. Y es que no están las cosas como para criticar y censurar a quien se ha convertido en dueño de las llaves del futuro Gobierno andaluz de progreso.

Pero ¿qué habría sucedido en la hipótesis de que la calificación mamaria hubiese procedido de la boquita de un candidato a presidente no progresista, por ejemplo del PP? Pues pocas dudas caben de que en este caso se habría producido una automática campaña de encendidas denuncias de protesta y rechazo hacia el bocazas por los múltiples colectivos feministas y progresistas, que habrían protagonizado el contenido de la jornada de reflexión. No habría que esperar al final del escrutinio para haber sabido que el político en cuestión sería castigado duramente en las urnas. Y es en esta (no hipotética, sino real y comprobada) diferencia de trato hacia unos y otros, donde se demuestra que las «espontáneas» campañas de acoso y derribo que se ponen en funcionamiento según cada caso, están perfectamente orquestadas y organizadas por quienes manejan los hilos del cotarro.

Lo que a su vez explica el extraño fenómeno de que lo mismo que a unos les mata electoralmente, a otros les engorda.

Miguel Ángel Loma