sábado, 22 de enero de 2011

CENSURA CULTURAL TAMBIÉN EN FRANCIA

No sólo en España se censuran homenajes literarios, también en la laicista y liberal República de Francia, se veta el homenaje a uno de sus más grandes novelistas.
Todo un ministro de Cultura del gobierno derechista de Sarkozy cede ante la presión del lobby judío y retira del programa oficial del Estado el homenaje a uno los escritores galos más reconocidos, innovador y modernizador de la escritura francesa y mundial.
De nuevo, se esgrimen motivos ideológicos y políticos para censurar a un escritor. ¿Qué haríamos en España con la memoria de Quevedo y su odio a judíos y moros, qué haríamos con Alberti y sus loas a Stalin, a sus juergas en el Madrid de las checas, que le censuró Miguel Hernández?.
Si Céline, en vez de mostrarse antisemita, hubiese hecho mofa de, por ejemplo, la religión católica, del Papa y de los cristianos, no sólo no sería censurado, sino que probablemente sería celebrado como un progresista luchador de la libertad?, así le va a Europa.
Por cierto, Miltus Hindus, gran admirador y estudioso de su obra, era norteamericano...y judío.


A. C. Ademán

Francia retira los actos de homenaje a Céline por su antisemitismo.

El gobierno francés ha decidido retirar los actos de homenaje previstos para este año con motivo del 50º aniversario de la muerte del escritor Louis-Ferdinand Céline (1894-1961), debido a las presiones de grupos judíos.

Serge Klarsfeld, presidente de la asociación de hijos de Judíos deportados de Francia (FFDJF), y un famoso cazador de nazis, ha mostrado esta semana su indignación al conocer los actos de homenaje previstos en homenaje a Céline, autor de textos antisemitas.

"Después de mucho reflexionar y sin actuar bajo la influencia de la emoción, hemos decidido no incluir los actos de homenaje a Celine", ha declarado el ministro de Cultura, Frédéric Mitterrand, este viernes.

El listado de celebraciones nacionales, que contiene decenas de personalidades y eventos, es publicado anualmente por el Ministerio de Cultura y elaborado por un comité presidido por el historiador Jean Favier.

"Esto no es un rechazo contra Jean Favier y el resto de miembros del comité que elaboran el listado, pero si un punto de inflexión (...) Asumo la responsabilidad," ha manifestado Mitterrand.

Celine es autor de 'Voyage au bout de la nuit' ('Viaje al fin de la noche') y 'Mort á crédit' ('Muerte a crédito'). También escribió folletos de carácter antisemita.

"Es un alivio", ha manifestado Klarsfeld después de la decisión del ministro. "Quiero felicitar a Frederic Mitterrand, por tener la valentía de solucionar esta metedura de pata".

Henri Godard, gran especialista en Céline, que había redactado la reseña sobre el escritor en la selección para 2011, admitía "las objeciones" a homenajear a "un hombre de un antisemitismo virulento". Sin embargo, Godard recordaba también que se trata de uno de los más importantes escritores franceses de la primera mitad del siglo XX.

"Es un inmenso escritor francés, el más traducido y difundido en el mundo después de Proust. Está en la pléyade, muy leído en bolsillo. Aparte de eso, es un auténtico cabrón", resumía.

jueves, 20 de enero de 2011

Biografía de Sánchez Mazas


Una excelente biografía de Rafael Sánchez Mazas lo reivindica como figura clave de la cultura vasca contemporánea.

JON JUARISTI
Día 09/01/2011


COMO inesperado regalo de Año Nuevo, me llega la biografía de Rafael Sánchez Mazas que acaba de publicar una editorial de Bilbao, Muelle de Uribitarte, bajo los auspicios de la Fundación Bilbao 700-III Millenium. Este Rafael Sánchez Mazas. El espejo de la memoriaes obra de Alfonso Carlos Saiz Valdivielso, historiador del periodismo vasco, crítico taurino y biógrafo avezado (autor de una clásica biografía de Indalecio Prieto). La de Sánchez Mazas se incluye en una colección de Bilbaínos Recuperados que cuenta ya, por lo que veo, con una abultada nómina: desde Aranaz Castellanos, que fue un estupendo costumbrista crítico, forzado a dar salida a sus libros en editoriales madrileñas, hasta el gran escultor Quintín de Torre, pasando por el pintor Adolfo Guiard o el poeta Juan Larrea. Son precisamente los nombres excluidos del canon de la cultura vasca por un nacionalismo cegato, y es un buen síntoma que la Bilbao del tercer milenio los reivindique y recupere.
Con todo, la condición de bilbaíno irrecuperable no me parece tan penosa. Bilbao ha cumplido en los tiempos modernos una función semejante a aquella que tuvo en el imaginario medieval la mítica isla de Escandia, una matriz de pueblos que se desparramaron por el continente creando reinos desde Rumanía a Toledo. No se sabe el porcentaje exacto de humanidad con ancestros bilbaínos, pero debe de ser elevadísimo. Vargas Llosa nos recordó, por ejemplo, que la feminista y revolucionaria francoperuana Flora Tristán tenía raíces en el Bochito. Los bilbaínos dan mucho juego cuando se vuelven turcos.
Sánchez Mazas fue un bilbaíno nacido en Madrid, como para ilustrar el famoso axioma de que los bilbaínos nacen donde les da la gana. Tal desliz no habría bastado para negarle el padrón étnico, pero tuvo la debilidad de hacerse falangista, con el carnet número cuatro. Más camisa vieja, imposible. Como observó Andrés Trapiello, ganó la guerra pero perdió la paz. Estas cosas marcan. Si te apuntaste a Falange en 1933, pongamos por caso, ello quiere decir que toda tu vida anterior no fue sino una propedéutica al fascismo y la posterior queda igualmente vista para sentencia, porque la crítica de izquierdas aborrece la ambigüedad. Yo probé un poco de este jarabe de palo en una polémica con el difunto Ernest Lluch, que me acusó de fascista retrospectivo porque sostuve que La vida nueva de Pedrito de Andía, de Rafael Sánchez Mazas, era una de las novelas más hermosas del siglo XX español. Sigo pensando lo mismo.
Saiz Valdivielso ha escrito una biografía excelente, con un impresionante repertorio gráfico. Ilustra la portada del libro el retrato que hizo de Sánchez Mazas y de Pedro Mourlane Michelena, vestidos ambos a la moda romántica, el pintor bilbaíno Aurelio Arteta. Un vestigio de la ciudad literaria de los años de la Gran Guerra, en la que los maurrasianos de la Escuela Romana del Pirineo, nacionalistas vascos como Jesús de Sarría y Alejandro de la Sota y socialistas como Arteta y Julián Zugazagoitia se movían en los mismos círculos y colaboraban en las mismas publicaciones surgidas al rebufo del noucentismecatalán y del vorticismo inglés. Así fue, aunque no guste a algunos que se recupere ese episodio de la historia cultural vasca.

martes, 18 de enero de 2011

Presentación de "La Playa de los Alemanes"

Sevilla, 18 de Enero de 2011

Con una sala llena de público se presentó anoche la novela de Javier Compás La Playa de los Alemanes en el incomparable marco de la Fundación Valentín de Madariaga.


Rosa y Esperanza García Perea de la editorial Jirones de Azul, organizaron y presentaron el acto. La presentación del autor y su obra corrió a cargo, realizando una muy brillante intervención, del escritor, traductor y editor, Antonio Rivero Taravillo.
Entre el numeroso público asistente se encontraban relevantes personajes de la cultura sevillana como los escritores Fernando Iwasaki y Aquilino Duque, así como representantes de diversos sectores de la sociedad hispalense.


Al final de las intervenciones Javier Compás firmó numerosos ejemplares de su libro a todos los presentes que se acercaron para ello.


Tras el acto de presentación, todos los asistentes pudieron compartir unos momentos de distendida charla en el claustro del edificio, degustando los magníficos vinos de Bodegas Beronia.

miércoles, 12 de enero de 2011

Novedad editorial de Plataforma 2003

Aquí hubo una Guerra. Otra Memoria histórica. Otra Antología

Antología de más de un millar de textos, referidos al proceso histórico y político que arranca de 1936 y del que se puede deducir tanto la razón (¿de donde venimos?) como las características de dicha herencia española.
Se trata en buena parte , de textos poco conocidos, olvidados o escondidos (algunos de ellos rigurosamente inéditos como la memoria sobre el diario Arriba o el testimonio de Carlos Arias sobre su encuentro con el General Gutiérrez Mellado). Los textos suponen la cita de medio millar de personas datadas y están documentados con la máxima precisión en más de mil notas de pie de página.
Los textos, producto de una larga, paciente y heterogénea colección, están enlazados por reflexiones y memorias personales, en un discurso lineal y autobiográfico, de modo que, como se dice en la dedicatoria, el conjunto da cuenta del proceso mental de quien, siendo un joven joseantoniano en la inmediata posguerra, es hoy, por ley del tiempo, un anciano que contempla el curso ideológico de su vida y de la sociedad en que vive, revisando las palabras que le afectaron en cada tiempo.
En este marco y con aquella visión personal, Aquí hubo una guerra comprende cuatro observaciones principales: La Guerra, La Falange, El Franquismo y la Transición.
La idea dominante es la necesidad de objetivar aquellos análisis sobre la base de que los tratamientos del pasado, y en suma de la herencia española, son parciales o tendenciosos en la medida de que no se parta, en cada caso, del hecho fundamental de que aquí hubo una guerra.
La Guerra es la explicación que no se puede postergar, y menos aún olvidar, si se quieren entender cabalmente, por encima de los apasionamientos, todas su consecuencias en cuanto fenómeno de instalación histórica en la que estamos desde 1939, sin solución de continuidad, a pesar del cambio de las formas políticas.
Tal tesis, tan paradójica a primera vista, se documenta con testimonios de autoridad, preferentemente universitaria, que son soporte y argumento de la Antología.
(Texto tomado de la Explicación, pág. 9)

340 páginas. Encuadernación: rústica con solapas. Portada a todo color
Pedidos a : pedidos@plataforma2003.org ; Tlf.: 91 535 42 45 y fax: 91 536 24 34.
PVP: 36 €

domingo, 9 de enero de 2011

Una Ciudad Literaria

Día 09/01/2011 - 08.40h
Los lectores tenemos manías difíciles de explicar. Prefiero leer a escritores en español antes que a los de otras lenguas, aunque si son de mi edad (entre cuarenta y cincuenta) los leo también aunque sean birmanos. Y cuando leo en castellano le doy prioridad a los autores hispanoamericanos, a no ser que se trate de escritores españoles que quiero y admiro. Por otro lado, casi siempre leo por trabajo (reseñas, prólogos, encargos) y me reservo para las noches y los viajes las lecturas por placer, dejando para las horas muertas los compromisos ineludibles. Sin embargo, a medida que transcurren los años crece cada vez más el número de libros de escritores sevillanos o residentes en Sevilla, que antes me obligaba a leer para estar simplemente al día y que hoy disfruto porque me conciernen como habitantes de una ciudad literaria.
Doy por sentado que todos conocemos a José María Vaz de Soto, Salvador Compán, Julio Manuel de la Rosa, Juan Eslava Galán, Hipólito G. Navarro, Aquilino Duque, Antonio Rodríguez Almodóvar, Diego Carrasco, Juan Ramón Zaragoza, Antonio Álamo, Eliacer Cansino, Fito de Cózar, José María Conget, Juan Bonilla o Eduardo Jordá, escritores con una trayectoria larga y contrastada, para concentrarme en los narradores que comenzaron a publicar a partir del año 2000. Pienso, más bien, en Luis Manuel Ruiz, Eva Díaz Pérez, Enrique Baltanás, Isaac Rosa, Francisco Pérez Gandul, Nerea Riesco, Paco Robles, Juan Carlos Palma, Carmen Camacho, José Luis Rodríguez del Corral, Braulio Ortiz Poole, Javier Mije, Juan Antonio Maesso, José Carlos Carmona, Manuel Gregorio González, Iñigo Ybarra, José Antonio Francés, Jesús Cotta, Soledad Galán, Javier González, Alejandro Luque, Andrés González Barba, Sara Mesa, Antonio Rivero Taravillo, Laura Rosal y Andrés Pérez Domínguez, entre otros que he venido leyendo durante los últimos diez años. Y los he citado sin ningún orden y sin consignar fechas de nacimiento, porque sólo me interesaba dejar claro que en Sevilla existe una comunidad de escritores, que sin duda es más numerosa porque mi enumeración no es exhaustiva.
Por otro lado, durante los últimos años han surgido en Sevilla nuevas editoriales como Metropolisiana, El Mono Azul, Isla de Siltolá, Los Papeles del Sitio, El Olivo Azul, Paréntesis, Point de Lunettes, Cangrejo Pistolero, Jirones de Azul, RD o Ultramarina Cartonera, que le han dado visibilidad a nuevos poetas y narradores; por no hablar del programa de Jesús Vigorra en Canal Sur o del maravilloso trabajo de Lucía Cobos y Nuria Lupiáñez al frente de Edere Comunicación, una empresa que ha puesto a Sevilla en el mapa de las movidas literarias de España.
Y sin embargo, Sevilla se está quedando sin librerías, las páginas de cultura desaparecen de los periódicos y la literatura ha dejado de interesar en nuestra ciudad. Quizá los escritores sevillanos deberíamos zurrarnos más a menudo, porque las trifulcas literarias dan mucho juego. O hacernos ateneístas en mogollón, tomar el poder en la primera asamblea y decretar que sólo puedan ser Reyes Magos los mecenas de la cultura.

viernes, 7 de enero de 2011

Presentación de La Playa de los Alemanes



El próximo lunes 17 de enero a las 20:30 en la Fundación Madariaga, la editorial Jirones de Azul presentará la novela de Javier Compás, La Playa de los Alemanes.
Intervendrán en el acto el escritor Antonio Rivero Taravillo, así como las editoras Esperanza y Rosa García Perea, y el propio autor.
Al termino del acto se servirá una copa de vino español cortesía de Bodegas Beronia (D. O. C. Rioja)



miércoles, 5 de enero de 2011


RAFAEL GARCÍA SERRANO

Juan Van Halen.-

(La Gaceta. 19-7-2010)

Le caí bien y desde aquel momento se notó. Ya entonces supe que la entrevista la salva el entrevistado y la cobra el entrevistador.Rafael García Serrano estaba siempre en guardia, como si mantuviese la alerta del parapeto. Tenía una mirada interrogante, muy viva. Era culto, acogedor y sin dobleces. Atesoraba una coherencia vital que inquietaba a los acomodaticios y una sinceridad que molestaba a los mentirosos. Ya entonces su reino no era de este mundo y no quiero pensar cómo se sentiría ahora en esta España de pinochos zigzagueantes. A lo mejor la muerte le vino a su tiempo y además para bien, evitándole disgustos, aunque él no se hubiese acoquinado.Rafael producía una cierta incomodidad en ciertas personas que él conocía de antiguo, desde antes del diluvio, pero nunca sintió la necesidad de complacer a los complacientes. No tuvo que descargar su conciencia –Descargo de conciencia tituló Laín el libro en el que entonó su mea culpa político– pidiendo perdón a quienes nunca piden perdón. No había por qué. Jamás calló aunque por ello recibiera papirotazos y sinsabores; de los primeros se defendió con su bien afilada pluma; supo recibir los segundos con indulgencia que no dañaba su entereza. Era un idealista sin complejos, como el del soneto de Ángel María Pascual, su amigo. Como buen navarro, le encantaba la fiesta de los toros –es delicioso su libro de relatos Los toros de Iberia– y nunca apostó por los cabestros.Luego le seguí como articulista acerado de prosa impecable. Era un tiempo de grandes articulistas, algunos de ellos raptados ya por la muerte, otros ninguneados por el olvido, y no pocos, vivos y muertos, tiznados por la envidia, que es el vicio nacional. Rafael García Serrano tenía a veces asperezas de legionario y su estilo literario no admitía tributos a la ñoñería; escribía “a trancas y barrancas y echando el carro por el pedregal” como aconsejaba Azorín, escritor con el que no podrían encontrársele afinidades apreciables. Parecía escribir cabalgando, como Garcilaso.Lo primero que leí de Rafael fue Eugenio o la proclamación de la primavera, una novelita –el diminutivo atiende sólo a su extensión– militante, ilusionada, sin concesiones a la melancolía. La novela de los diecinueve y veinte años. Dice que Eugenio, su amigo y protagonista de la narración, es “el muerto que yo hubiera querido ser”. Afortunadamente no lo fue, aunque estuvo a un paso de serlo; recibió una herida de guerra y convaleciente en un hospital avanzó en la construcción de su Eugenio, la historia de un muchacho que nada tiene que ver con el ideal que parece desear Marina Geli, consejera de Salud de Cataluña.La novela más conocida de Rafael es La fiel infantería, luego llevada al cine, y con numerosas ediciones. Recibió el Premio Nacional de Literatura, lo que no la libró de ser retirada de las librerías por la censura. Así se movían quienes se empeñaban en ser más papistas que el Papa. La fiel infantería y Madrid, de Corte a checa, de Foxá, son las dos grandes novelas de la Guerra Civil desde la perspectiva de los nacionales. Foxá es otro personaje políticamente incorrecto. Se ejerce sobre él una persecución post mórtem por los sucesores ideológicos de quienes fueron a su casa para darle matarile en las tapias de la Casa de Campo y le dejaron en paz cuando enseñó su pasaporte diplomático y su nombramiento de cónsul de la República en Bombay. Un miliciano se dirigió a sus colegas: “Vámonos, casi nos cargamos a un indio”. Tal cual.Rafael García Serrano publicó una obra muy interesante en el mimo de las palabras, Diccionario para un macuto, que debería haberle abierto las puertas de la Real Academia, aunque esa venerable institución no ha cambiado demasiado desde que se meó en sus tapias el joven Alberti. A veces, como el lago Ness, es más conocida por sus monstruos que por sus bellezas. Pienso en Galdós, derrotado en su primer intento de ingresar en la Academia por un señor Commelerán, que en nombre y fama literaria no ha resultado inmortal, pero que ganó aquella votación.Como novelista brilla en las descripciones, en el andamiaje de las situaciones y en el retrato de sus personajes. Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, Cuando los dioses nacían en Extremadura, entre otras, son grandes novelas.Recuerdo a Rafael en su salsa de gran conversador; hablamos mucho. Aprendí de él y conocí su generoso apoyo a los jóvenes que queríamos abrirnos camino al olor de las linotipias como él lo había hecho de muchacho al olor de la pólvora.

LOS FIGURONES MAGOS

Francisco Robles

(ABC de Sevilla, 4-1-11)

El humo del tabaco mata y el humo del incienso atonta. Si el Gobierno ha prohibido el primero en toda España, en la muy aduladora ciudad de la ojana no hay nadie que sea capaz de regular el segundo. El incienso, que debería destinarse para crear esas volutas barrocas que anteceden a las Imágenes con mayúscula cuando salen a la calle, se repartirá a granel durante estos días en el centro y en los barrios. Porque no hay collación o barriada que se libre de una cabalgata de reyes magos, o de un cartero real precedido de los guerreros de las galaxias, o de un heraldo que anuncia lo que todo el mundo sabe que va a ocurrir. En este punto y hora uno no tiene más remedio que hacerse la pregunta del millón de caramelos que se tirarán y que en muchos casos se quedarán pegados al suelo: ¿por qué hay tantos reyes magos en Sevilla?
La erótica del poder se ha trasladado de la política a la ficción, de la poltrona al trono, del coche oficial a la carroza. El figurón hispalense necesita revestirse de lo que sea para ser alguien en la ciudad. Por eso se multiplican las cabalgatas hasta el hartazgo. No hay distrito municipal, asociación de vecinos, hermandad o cofradía, tertulia cofradiera o peña futbolera que no monte algún sarao relacionado con el hondo y bellísimo misterio de la Epifanía. Y los políticos, los primeros. Mucho laicismo de boquilla, pero estos progres de guardarropía se desviven por ponerse las barbas de Melchor o por teñirse de Baltasar.
Tocamos aquí la segunda causa de la proliferación de cabalgatas por los barrios: el clientelismo político. La cabalgata de barrio es carne de demagogia. La financia el mismo concejal que sale de rey mago. Se apuntan los dirigentes vecinales que quieren hacer carrerita política a la sombra del partido. Y se lanzan soflamas en el ambigú que sirve para ponerse púos de botellines de mangazo tras la mascarada: «Nosotros organizamos cabalgatas para el pueblo, para que todos los niños puedan salir en una carroza, que ya está bien de que sólo puedan hacerlo los fachas del centro…» ¿O es que alguien piensa que la política sevillana es de alto vuelo?
Con tanta cabalgata ambulante, con tanto heraldo y tanto cartero, lo difícil en esta ciudad del incienso y la ojana, del figuroneo y el disfraz, es no haber salido nunca a la calle con una barba postiza o con la cara pasada por el betún de Judea. Tan es así, que más de uno habrá sentido la tentación de encargar una tarjeta de visita con el subtítulo de rigor: «Nunca ha salido de rey mago o similar». Porque de rey mago no se sale. Es el más hermoso oficio que se pueda ejercer en la intimidad del hogar. Y el premio no tiene nada que ver con la adulación ni con el oropel, sino con los ojos de ese niño que en la mañana de la Epifanía nos devuelve al territorio inmaculado de la infancia.
NUEVA ACTUALIZACIÓN DE"GACETA DISIDENTE". --

NOVEDADEDITORIAL: PROCESO A JOSÉ ANTONIO, FALANGE COMO SERVICIO, ESPAÑA COMO DESTINO,VV.AA.--

NOVEDAD EDITORIAL: DE CADA CUATRO CAYERON TRES, PERSECUCIÓN Y MUERTEDE LA FALANGE FUNDACIONAL, DE CRISTÓBAL CÓRDOBA--

GRANADA, 2 DE ENERO DE 2011, PRESENTACIÓN DEL LIBRO: SUEÑO QUE SOY PIEDRA,DE GUILLERMO ROCAFORT--

+ info en http://gacetadisidente.blogspot.com/

LA FUNDACIÓN BANCO SANTANDER MUESTRA UN AGUSTÍN DE FOXÁ DESCONOCIDO Y SIN PREJUICIOS
Entrevista a Jordi Amat en Canal Fundación Banco Santander
http://www.youtube.com/watch?v=BLFU6qHil1s
—Teatro, papeles personales y artículos dan una luz distinta de uno de los autores españoles más atípicos del siglo XX. Andrés Trapiello y Luis Alberto de Cuenca revelarán aspectos desconocidos del personaje en la presentación del volumen al público—

para leer + http://www.fundacionbancosantander.com/media/docs/Notaprensa%20Foxá.pdf

lunes, 3 de enero de 2011

NUEVO LIBRO DE PACO ROBLES

El escritor y periodista Francisco Robles nos deleita con estas crónicas "rancias" desde la Gran Manzana, impresiones de sus viajes a Nueva York. Robles nos deleito con sus palabras a todos los asistentes al homenaje literario que la Asociación Cultural Ademán organizó recientemente en Sevilla.


Un rancio en Nueva York

Autor: Francisco Robles

Editorial: Jirones de Azul

Año: 2010

Género: Narrativa

ISBN: 978-84-92868-31-5



La muy noble, leal, invicta, heroica y mariana ciudad duerme la siesta.

En Nueva York es la generosa y cóncava mañana, que diría Borges. El rancio se prometió a sí mismo que volvería como la oscura golondrina que se empeña en regresar al lugar de la vida. Y lo hizo. Al año siguiente se plantó otra vez en la roca madre de Manhattan para demorarse en el gozo de la relectura: una ciudad se lee con los pies, no se olvide jamás este aserto. Hoy, al tercer año, el rancio resucita las impresiones de aquellos dos viajes para que todo quede en la nada de este libro. Lorca escribió “Poeta en Nueva York”. Uno, que es mucho más humilde, le ha colocado el artículo para no arrogarse la categoría, para quedarse en la soledad del individuo: “Un rancio en Nueva York”.

Sobre el autor:

Francisco Robles (Sevilla, 1963) es licenciado en Filología Hispánica y profesor de Lengua Española y Literatura en excedencia. Su primer libro fue Tontos de capirote, retratos irónicos sobre los personajes que pululan alrededor de la Semana Santa de Sevilla. Posteriormente haría algo parecido con sus novelas Las ferias de las vanidades y Monipodio. Cuando no toca la ironía le gusta concentrarse en los poetas para divulgar su obra, de ahí sus dos ensayos y antologías de dos paisanos suyos: Cernuda para jóvenes y Poesía eres tú: Bécquer, el poeta y su leyenda. En 2006 publicó Historia de Sevilla junto a Álvaro Pastor Torres, fruto de una serie de televisión homónima. También es autor de la compilación Semana Santa. Una antología literaria, así como Mester de Progresía (2006), Hijos de la Logse (2008), Trío de capilla (2008) Juan Ramón y el Flamenco (2009) o Sevilla, ciudad eterna.

En la actualidad es articulista de ABC de Sevilla, colaborador de Canal 10 en “Noche 10” y “Curri y compañía” y en Onda Cero con “Herrera en la Onda”. Director de la revista Pasión en Sevilla y del Aula de Cultura de ABC de Sevilla. Está casado y tiene, por orden de aparición, dos hijos y un perro.

La guerre d’Espagne – L’histoire face à la confusion mémorielle


La guerre d’Espagne, qui divisa si profondément l’opinion publique à la veille de la Deuxième Guerre mondiale, n’a jamais cessé de hanter la mémoire collective et de nourrir les interprétations les plus diverses. Au lendemain de la dictature franquiste, pendant les mémorables années de la « Transition démocratique », les historiens purent s’adonner librement aux recherches du domaine de leur connaissance. Un certain consensus émergea lentement sur les principales conclusions à tirer des événements. Mais très vite, l’accord fragile vola en éclats, victime des coups de boutoir de politiciens, de journalistes et de pseudo-historiens inconscients.

Voilà déjà plus de dix ans que les controverses violentes sont de retour. La guerre civile espagnole est à nouveau un lieu privilégié d’affrontements partisans et de manipulations idéologiques ; elle est un véritable enjeu culturel pour les hommes politiques de la Péninsule.

Paradoxalement, il est redevenu pressant de faire le point de façon sereine, rigoureuse et désintéressée, par-delà les thèses irréconciliables, partielles et réductrices. Le professeur Stanley Payne est de ceux qui se consacrent à rétablir les vérités les plus outrageusement bafouées. Historien prestigieux, reconnu internationalement comme l’un des meilleurs, sinon le plus grand, dans sa spécialité, il répond de manière dépassionnée et systématique aux questions les plus polémiques. Son livre est d’autant plus indispensable que le grand public français n’a jamais disposé jusqu’ici d’un semblable ouvrage de synthèse.

lunes, 20 de diciembre de 2010

ENTREVISTA A JAVIER COMPÁS, AUTOR DE "LA PLAYA DE LOS ALEMANES"

Javier Compás
Escritor, presidente de la A. C. Ademán, Sumiller.

Entrevista de Félix J. Machuca. ABC 20-12-2010

No hace tiempo de playa. Pero sí lo hace para adentrarse en aquellos litorales gaditanos donde se esconden secretos nazis. Esa es "La Playa de los Alemanes" que acaba de escribir Javier Compás. (Jirones de Azul).

Con Vargas Llosa

Paseando por el centro, en el escaparate de la librería Céfiro, Javier Compás vió su novela "La Playa de los Alemanes" justo al lado de la última de Vargas Llosa y por encima de la de Eduardo Mendoza. Eso no se ve siempre. Y para que conste en acta fotografió el escenario y se lo envió a su editora, Rosa G. Perea (Jirones de Azul) como una de esas bromas que nos deparan el deseo y la realidad cuando se guiñán el ojo y se vuelven amables cómplices de los sueños de autor. Compás prepara ya su próxima entrega, que va de arte, pintores y antigüedades mientras me insiste en un aspecto de su reciente novela: no es solo un relato de nazis. Sevilla, la Sevilla del centro histórico, es también un personaje que aparece en la novela y no solo como un escenario.


- En la portada de su novela hay un trozo de costa y, arriba, amenazante, la cruz gamada. ¿Está ud. en disposición de asumir ciertos riesgos?

—Llevo asumiéndolos bastante tiempo. Y siempre es ingrato moverse en una situación liberal, abierto a todo, a criticarlo todo y a poner bien, aunque sea políticamente incorrecto, al que haya que poner bien.

—Se lo digo porque estoy convencido de que algunos, que no leen mucho e interpretan sesgadamente, intentarán crucificarlo…

—Un libro que en la portada tiene la cruz gamada puede ser que defienda o ataque lo que representa ese símbolo. Últimamente es usual criticar lo que representa esa cruz. Para descubrir lo que pasa en mi libro con esa bandera habrá que leerlo.

—Dejemos el tema y vayamos a su novela. ¿Realidad, ficción, fifty fifty, literatura al fin y al cabo?

—Literatura al fin y al cabo, con sustrato de realidad, pasajes históricos reales pero con una poderosa aportación fantástica creada por mi calenturienta mente.

—Pero siempre ha existido ese runrún de nazis escondidos en la costa y en la sierra andaluza, tras la caída de Hitler. ¿Ud bucea históricamente en aquellas peripecias?

—Algunas noticias tengo de ellos. Pero de escondidos nada. Vivían a cara descubierta, habían sido aliados durante la guerra civil y España fue pro eje hasta la mitad de la segunda Guerra mundial, cuando le empezó ir mal a Alemania.

—No se ocultaban pero tampoco lo pregonaban…

—Si es así. León Degrelle fue reclamado por el gobierno belga para ser juzgado y por una cosa o por otra nunca fue entregado a los aliados. Se quedó aquí, en Constantina.

—Es capaz de adelantarme un título periodístico sobre aquellos nazis en Andalucía más real que literario…

—La costa andaluza fue un refugio de antiguos nazis tras la segunda guerra mundial.

—Por cierto, usted sigue siendo miembro y ahora presidente del grupo cultural «Ademán», últimamente empeñado en la loable tarea de derribar ciertos mitos guerracivilistas entre los escritores literarios de la época. ¿Se entiende ese deseo o no?

—El que haya asistido a nuestros actos culturales de este año y ha escuchado lo que allí se ha dicho, no tendrá la menor duda de que, efectivamente, tenemos ese espíritu: el de superar antiguas rencillas culturales por motivos políticos y normalizar el mundo literario en España.

—¿Están ustedes agradecidos a la intolerancia absoluta de IU municipal que boicoteó un homenaje literario a Foxá y os proyectó, en cambio, como asociación cultural?

—No. Yo hubiera preferido que se hubiera tratado a «Ademán» con todos sus derechos de asociación cultural y, por tanto, de libre acceso a un centro cívico, antes de que se nos amordazara por sectarismo político.

—Los Tribunales también han hablado contra aquella arbitraria decisión y han condenado a la señora Medrano a pagar una seria fianza…

—«Ademán» jamás juzgará la decisión de un juez. Pero qué duda cabe que un político que se dice al servicio de los ciudadanos debe velar por los derechos cívicos y jamás cercenarlos

—Creo haberle oído al señor Torrijos que esa decisión jurídica le parece desproporcionada y no propia de estos tiempos…

—Lo que no es propio de estos tiempos es censurar actos culturales.

—Pero IU entiende que sus apuestas culturales son actuales y progresistas.

—La base de la posición de IU para prohibir el acto de homenaje a Foxá fue por motivos ideológicos. Y yo creo que por motivos ideológicos no se debería prohibir ningún acto cultural, salvo que exaltara el odio y la violencia, cosa que sí hacen grupos extremistas de ideas aberchales invitados a actuar en Sevilla.

—¿Le parece que olvidemos el asunto? Por qué no me indica un buen vino para brindar por su novela…

—(Risas) Para que no se enfade nadie y ya que estamos en Andalucía, un buen Tio Pepe frío sería aconsejable.

—¿Y otro para brindar por la buena literatura?

—El que más me gusta para leer es un buen amontillado

—Y, por favor, con este no se corte: recomiéndenos uno muy español para brindar por la libertad y contra las falsas alarmas…

—Lo voy a sorprender con un vino muy español: un cava catalán. Es el que mejor cuadra a estas fechas.

lunes, 6 de diciembre de 2010

La sonrisa del bárbaro


Boris Vian dio cuenta en 'Vercoquin y el plancton' del triunfo de lo irracional, de lo imprevisto, del absurdo y de la ferocidad de las vanguardias de principios del siglo XX.

Manuel Gregorio González

En Boris Vian se cruzan, de modo natural, dos violencias opuestas: la vocación demoledora de las vanguardias, su alegre desmembramiento de la tradición narrativa, y la agonía existencial de la posguerra. También florecerá en su obra aquella violencia, celérica y masiva, de la gran novela negra americana. Así, si en las tres primeras décadas del XX, la literatura se ocupó de fracturar cuanto de razonable, de premeditado, había en la escritura, la dilatada mortandad de los 40 abrirá un precipicio (el precipicio del interior humano), en el que el hombre ronda sus zonas abisales, hasta toparse con el absurdo. Es la hora de Beckett y Cèline, de Camus y de Sartre. Sin embargo, Vian es previo -en ningún caso ajeno- a este encapsulamiento literario. En Vercoquin y el plancton, como en Lobo-hombre en París, como en Escupiré sobre vuestras tumbas, lo que se ventila es una enérgica remoción del mundo, un fenomenal combate, pero nunca el abandono del hombre a sus propias y menguadas fuerzas.

Quizá la característica más obvia de Boris Vian sea la ferocidad. Una ferocidad que comparte, salvando las distancias, con el Henry Miller de los Trópicos y La crucifixión rosada. Si Miller, que también escribe al filo de los años 40, ha encontrado en el sexo una suerte de beatitud, de íntima vulneración del orden anodino y mostrenco de las cosas, en Vian encontramos que el sexo, junto con la violencia, son las rendijas humorísticas por las que el mundo recupera su esplendor: un esplendor, en cualquier caso absurdo, excesivo, salubre, en el que el hombre vindica su antiguo señorío, la primacía individual sobre la masa, ordenancista y mezquina. El referente inmediato de ambos es, obviamente, Rimbaud; aquel Rimbaud de las Iluminaciones que escribe: "Un día senté a la belleza en mis rodillas. Y la encontré amarga. Y la injurié". De igual modo, Vercoquin y el plancton es una refutación de lo bello usual, de las delicias mundanas, que acaba y comienza con el vértigo disparatado de una Surprise-party. La semana pasada, Braulio Ortiz daba noticia aquí, en este suplemento, de la reedición de algunas obras de Jardiel Poncela. En Amor se escribe sin hache, en ¡Espérame en Siberia, vida mía!, en Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes?, escritas una década antes que Vercoquin..., lo que Jardiel nos ofrece es la juvenil trepidación de la Europa de entreguerras. Una trepidación hecha de copas tintineantes y profundos escotes, sobre un fondo movedizo de sport-men, yatch-clubs y hermosos descapotables. Ese mundo crepuscular, burbujeante, nacido de la fugacidad, es el mismo que asoma en estas páginas, o aquél que se rigoriza y vive, con calidades metálicas, en la pintura de Tamara de Lempicka.

Pasada la Segunda Guerra Mundial, sin embargo, la literatura y el hombre prestarán atención a otros asuntos. Desde esta perspectiva, Vercoquin y el plancton, escrita en el 43, no deja de ser una anomalía, o la última brasa de una Europa extinta. Aunque en el París de los 50 aún existieran las jazz-band (Vian era trompetista en una de ellas), el jazzbandismo de Gómez de la Serna había quedado sepulto bajo los escombros. No obstante, es el humor de Apollinaire, de Alfred Jarry, de Jacques Vaché, de Arthur Cravan, lo que asoma a esta novela, cuya naturaleza disolvente radica, no tanto en la mordacidad y el desenfreno con que se dirigen sus protagonistas, como en el carácter irreal, maleable, congestivo y amorfo, con que la realidad se nos presenta. Sin duda, Vercoquin y plancton es una novela de amor. Pero un amor que participa, como el amor fou de Breton, de una ingente capacidad destructiva. Se trata, en suma, del triunfo de lo irracional, de lo imprevisto, sobre el apacible orden mesocrático. Las páginas dedicadas a la unificación de criterios, al fantasmal organismo de la CNU, donde trabaja el protagonista, son admirablemente absurdas. Y el vigoroso entusiasmo de las Surprise-party, transmite al lector una alegría salvaje. La alegría de demoler, destruir, laminar, de dar a luz un mundo nuevo... Esa fue la propuesta de las vanguardias, apenas empezado el XX. Vercoquin y el plancton es un magnífico y tardío ejemplo de ello. Luego, el siglo les daría la razón, innumerablemente.

EN RESPUESTA A HENRY KAMEN


FÉLIX MADERO
Día 06/12/2010

POR razones que los historiadores españoles soportan, son los británicos los que se empeñan en seguir contando nuestra historia. El empeño en el caso del hispanista Henry Kamen no sólo se queda en lo que hemos sido, sino en lo que somos y lo que no. Lo de Kamen resulta excesivo para un pueblo que es incapaz de digerir su historia, su gran historia. Puede que sea ésta la causa por la que desde fuera nos explican existencia y carácter. El caso es que Kamen, un hombre nacido en el mismo año en que nuestros abuelos decidieron darse garrotazos con los pies y el cerebro bajo la arena, nos dice ahora que España no es un país, que ni siquiera tenemos héroes. Curiosa forma de descubrir al lector lo poco que sabe de nosotros el autor de un libro que tituló Imperio, la forja de España como potencia mundial. Que alguien que ha entrado en las vidas de Gonzalo Fernández de Córdoba, Carlos I, Pizarro, Hernán Cortés o el Duque de Alba nos venga ahora con esto, con que desde la cuna nos acompaña un sentimiento de inferioridad, o que aún no nos hemos enterado de que ya no vivimos en el siglo XVI, dice mucho de aquellos que pretenden escribir nuestra historia.
Escribo desde Sevilla, y frente a mí tengo el río Guadalquivir, que me ayuda a imaginar qué fue esta ciudad en 1600. Quizá Kamen debería hacer lo mismo para, a continuación, tomarse un vaso de vino por el centro a ver qué hay de nuestro complejo de inferioridad, qué del reloj que se paró en el siglo XVI. Kamen, que se muestra resuelto y seguro, al decir que los españoles carecemos de una ética del patriotismo —¿cómo lo sabrá, él que nació en Birmania?— cree que nuestra vidas caminan en torno a El Cid —¡una ficción del pueblo español!— y el antihéroe don Quijote de La Mancha. Y eso si que ya no estoy dispuesto a aceptarlo. Primero porque Rodrigo Díaz de Vivar no es un invento, y segundo porque el Caballero de la Triste Figura no es sólo la concreción del antihéroe, es la esencia bien perfilada de la grandeza del ser humano. Y si me lo permite Kamen, del español. Es el olvido de Don Quijote lo que nos delata. Aunque resulta evidente que el historiador británico no sabe explicarlo.
Sin embargo el autor de Los desheredadosexplica que al no superar los españoles la Guerra Civil permanecen vivas las divisiones, y eso hace que nunca podamos ser una familia. No seremos una familia, pero supongo que Kamen no nos hurtará la condición de pueblo. Desde ahí bien podría buscar las raíces de un heroísmo compartido que nos permite estar unidos desde hace treinta y dos años. Más allá del pueblo, más allá de nosotros, están los que gobiernan. Pero esa es otra historia que, cada vez tiene menos que ver con el pueblo. ¿Me entenderá el venerable Henry Kamen?

domingo, 5 de diciembre de 2010

El historiador Henry Kamen afirma que "España no es un país, no tiene ni un sólo héroe"



Periodista Digital

"España no es un país, no tiene ni un sólo héroe", afirma a Efe el historiador británico Henry Kamen, quien lamenta que sigan existiendo los dos bandos surgidos hace dos siglos y que defiendan sus ideas con la misma "ferocidad" y "visceralidad".

Kamen (Birmania, 1936) hace esta reflexión en una entrevista al hilo la publicación de su nuevo libro, "Poder y Gloria. Los héroes de la España Imperial" (España), y lo hace con "tristeza" ante la evidencia de que "ni unos ni otros quieren cambiar su enfoque en la manera de ver la historia de su propio país".

El problema que subyace, en su opinión, es "una falta de patriotismo": "Si compartieran los mismos ideales, la misma bandera y el mismo himno, los españoles aceptarían sus divisiones como ocurre en las familias. España no es una familia".

España adolece de una "ética del patriotismo", dice, y, por eso, al héroe, añade, se le ha negado "un papel reconocible".

Los españoles se han sentido más atraídos por las ficciones ideológicas, como El Cid, o los personajes salidos de la literatura antiheroica, como el archifamoso Don Quijote de la Mancha, señala.

Para sacar a los héroes potenciales de la negación histórica, Kamen, especialista de la historia de Europa y de América, recupera la vida y obra de diez "héroes", diez personajes que tuvieron un papel protagonista en el Imperio Español de los siglos XVI y XVII.

Se trata, y por este orden, de El Gran Capitán, Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Carlos V, Fernando Álvarez de Toledo, Duque de Alba; Don Juan de Austria, Alessandro Farnese, Ambrogio Spinola, el Cardenal Infante Fernando de Austria y el duque de Berwick.

"Esos hombres tuvieron un papel excepcional, fueron héroes y dejaron su huella en la historia", subraya Kamel, autor de una veintena de obras, entre ellas "El enigma de El Escorial".

Los diez tienen además en común el haber sido hombres de armas, muchos de ellos extranjeros, cuyas hazañas y reputación traspasaron fronteras, ya que los campos de batalla y los intereses del imperio español se encontraban sobre todo en Europa y también en América.

"Quería insistir en el tema militar -explica- porque interesa, muchos se identifican con militares de la misma manera que lo hacen con futbolistas porque son gente que juega a la vista de todos".

Algunos de los personajes que Kamen eleva al altar de héroe cayeron en el olvido o sus logros no fueron reconocidos en su época.

Para ver el alcance de su fama, al final de cada capítulo el autor refleja la iconografía que han dejado en la historia del arte.

Los museos son "las hemerotecas del pasado, aunque por desgracia -dice- no hay tantos retratos de estos personajes pero siempre son interesantes, y curiosamente casi todos son obra de extranjeros".

Las vidas de los diez héroes de Kamen se suceden cronológicamente y, aunque algunos son coetáneos, con cada capítulo el relato va avanzando en la historia, desde el inicio del imperio hasta su fin.

Y de la mano de historiador y atrapado por la apasionante vida de los protagonistas, el lector recorre Venecia, Nápoles, Milán, Túnez, Barcelona, Madrid y cruza el Atlántico para desembarcar y guerrear en México y Perú.

De Gonzalo Fernández de Córdoba, "El Gran Capitán" (1453-1515), Kamen destaca que es "el gran olvidado de la historia de Europa y de España", mientras que a Hernán Cortés (1484?-1547), el artífice de la conquista de México, le califica de "auténtico héroe", que "mereció más de lo que al final consiguió".

Francisco Pizarro (¿?-1541) es, dice, "un gran misterio", "logró una gran hazaña y desapareció en un baño de sangre, y al final no hizo mucho", pues la creación del virreinato de Perú fue después.

Carlos V (1500-1558), por contra, fue "un gran hombre: humanista, artista, guerrero, amante de muchas mujeres, con una visón espléndida de las posibilidades de ser emperador. Fue un fuera de serie", subraya.

El Duque de Alba (1504-1582) fue "un gran militar, pero con una mente muy cerrada. Su regla básica era obedecer y al final lo único que consiguió fue que todo el mundo le odiara".

"Una gran estrella, pero una estrella fugaz" fue Juan de Austria (1547-1578), "un hombre -señala- con muchas posibilidades que nunca llegó a desarrollar porque murió muy joven".

El italiano Alessandro Farnesse (1545-1592) fue "el general más importante de España del siglo XVI y uno de los más admirados de su tiempo. Pasó su vida sirviendo a España pero sin ser reconocido".

Su compatriota Ambrogio Spinola (1569-1630) tuvo, por su parte, la mala fortuna de presidir "el derrumbe del imperio, pues dirigió el ejercito cuando todos los factores eran negativos".

El Cardenal Infante Fernando (1609-1642) fue, según Kamen, "el único soldado que España produjo" en el siglo XVII.

Y por último, James FitzJames, primer duque de Berwick, fue un "gran soldado internacional que amó tres países, Inglaterra, Francia y España, y acabó sin gloria en ninguno de ellos".

EL VALLE DE LOS CAIDOS, DOS ESTRELLAS MICHELÍN


Pedro Luis Serrera Contreras.

Unas consideraciones sobre el Valle de los Caídos
Como está de actualidad la suerte de este Conjunto, vamos a dedicarle unas líneas, las cuales prescinden del aspecto estrictamente político y del religioso, para centrarnos en la faceta monumental que también presenta.
Y decimos esto porque en la conocida Guía Michelin dedicada a España, ya en la edición de 1962 escrita en francés, se incluía a aquel Valle entre las curiosidades monumentales, y ese Conjunto se calificaba con dos estrellas. En aquel texto se leía que allí reposaban los restos de muertos en la Guerra civil, católicos de condición y cualesquiera que hubieran sido sus opiniones políticas. Lo primero resultaba congruente con el enterrarse en una Basílica cristiana, y lo segundo significaba que eran de ambos bandos los fallecidos.
La calificación con dos estrellas no era poca cosa. Por establecer una comparación piénsese que en aquella Guía, de todas las ciudades de nuestra Andalucía, solamente Sevilla, Córdoba y Granada merecían tres estrellas; dos se asignaban a las poblaciones de Úbeda, Baeza y Ronda; y nada más. Capitales tan bellas e importantes como Málaga o Cádiz aparecían con una sola estrella.
II. Cuando un conjunto o monumento se calificaba con dos, aquella Guía aclaraba que el visitarlo bien merecía dar un rodeo. Y ciertamente en la autopista de Madrid a La Coruña, a la altura de Guadarrama, un desvío a la izquierda era el que llevaba al Valle que nos ocupa. En el mismo lugar otro desvío semejante nos conduce al Monasterio de El Escorial. Esta construcción, obra de Juan de Herrera y calificada por algunos como la octava maravilla del mundo, se levantó en tiempo de Felipe II y para conmemorar la victoria de San Quintín frente a los franceses.
Pero, ¿fue buen Rey Felipe II? Posiblemente alguno contestará negativamente. Y ello aunque en su reinado, y más tras la unión de Portugal, pudo decirse con verdad que en sus dominios no se ponía el sol. De otro lado, aquel Monasterio fue enriquecido con un valiosísimo patrimonio pictórico y bibliográfico, fruto de las aficiones renacentistas de aquel severo monarca.
Más cerca de nosotros en el tiempo y en el espacio, tenemos en Sevilla el ejemplo del precioso puente de Isabel II que une Sevilla y Triana. ¿Fue buena aquella Reina que le dio nombre? Algo bueno haría, y concretamente de su tiempo, el tercio central del siglo XIX, data la modernización de España. Pero su reinado no terminó normalmente, sino con la Revolución de 1868, la llamada Gloriosa, que la expulsó del trono.
Y vamos al caso quizá más significativo, el del Museo del Prado. Se inició en tiempos de Carlos III por el arquitecto Juan de Villanueva y para destinarlo a gabinete de Historia natural. Pero el edificio fue concluido por Fernando VII, inaugurado en 1819 en su primera etapa absolutista y dedicado ya a pinacoteca. A ésta incorporó la valiosa colección real de pintura, base tan fundamental de este Museo que hoy es orgullo de Madrid y de toda España. Y si nos preguntamos qué clase de rey fue el fundador de tal Museo, la respuesta aquí es unánime. Fernando VII fue un mal rey. Pero ello no obsta a que aquella su actuación fuera una espléndida realidad. Y es que es necesario disociar a la obra de su autor.
III. Volvamos ahora al Valle de los Caídos. Ediciones más modernas de aquella Guía Michelin, ahora en español, le siguen atribuyendo las dos estrellas. Se pondera la belleza del emplazamiento en plena sierra de Guadarrama, la grandiosidad de la Basílica excavada cuya profundidad supera bastante a la de San Pedro del Vaticano, las esculturas impresionantes obras de Juan de Avalos, y la magnífica Cruz que corona el conjunto.
Es un monumento más de los muchísimos que España tiene. Y esta nuestra extraordinaria riqueza artística es también fuente importante para la economía nacional, en cuanto que fomenta y atrae una enorme corriente turística tanto nacional como extranjera.
Ante esa realidad no puede extrañar que el artículo 148 de la Constitución española enuncie entre las competencias que atribuye a las Comunidades autónomas la relativa al Patrimonio monumental que sea de interés para las mismas (en el presente caso, la de Madrid). Y a su vez el artículo 149 establece que el servicio de la cultura ha de considerarlo el Estado como deber y atribución esencial. Es quizás la única materia en la que las dos Administraciones se encuentran vinculadas por igual.
Creemos pues que el conjunto monumental que motiva estas líneas requiere toda la atención y cuidado; y ello con independencia, en este como en cualquier otro caso, del tiempo en que se levantó. Porque tampoco sería lógico el pensar en dinamitar los embalses o pantanos construidos en el régimen anterior por ser obra de aquella época. Esto último recordaría el bombardeo en Afganistán que hicieron los talibanes de las esculturas de Buda talladas en la ladera de una montaña.
Cuidar nuestro rico patrimonio monumental es algo necesario, en lo que además, como se ha dicho, nos jugamos mucho. Al menos esa es la opinión y el deseo del que escribe estas líneas.

martes, 30 de noviembre de 2010

Agustín de Foxá sin clichés


Un volumen recopila artículos, cartas y teatro del autor de la novela más reverenciada por el bando franquista

TEREIXA CONSTENLA - Madrid - 16/11/2010
Agustín de Foxá se cruzó en la calle con Luis Buñuel. El cineasta le invitó a la proyección de La edad de oro. Foxá declinó la propuesta, ya tenía planes. Iba al teatro de la Comedia a la puesta de largo de un nuevo partido al que acabaría regalando versos para un himno llamado Cara al Sol.
Agustín de Foxá se cruzó en la calle con Luis Buñuel. El cineasta le invitó a la proyección de La edad de oro. Foxá declinó la propuesta, ya tenía planes. Iba al teatro de la Comedia a la puesta de largo de un nuevo partido al que acabaría regalando versos para un himno llamado Cara al Sol. El filólogo Jordi Amat recuerda el encuentro en el libro Agustín de Foxá. Nostalgia, intimidad y aristocracia, editado por la Fundación Banco Santander, con la intención de ofrecer, según Javier Aguado, director de la colección Obra Fundamental, "una nueva mirada de Foxá al margen de clichés".
El volumen recopila el material más desconocido de Agustín de Foxá (Madrid, 1906-1959): la obra de teatro Cui-Ping-Sing, cartas escritas entre 1936 y 1951, un centenar de páginas de su dietario de guerra y varios artículos publicados en Abc, incluidos los de su visita al frente de Leningrado en 1942, acompañado por el escritor Curzio Malaparte. "Foxá es conocido por una novela que no explica todo Foxá. Y es más conocido a veces por sus anécdotas que por su labor", señala Amat, que lo considera un autor "desubicado" y un hombre "desterrado" por el progreso. "Es muy difícil pasar de una época a otra. Yo creo que he estado enfermo de los nervios por el pecado de haber ido de niño en coche de caballos y de diplomático en avión supersónico", confiesa el autor de Madrid, de corte a checa, esa novela que no explica el todo Foxá y que sin ella no se le entiende. Finalizó su escritura en septiembre de 1937. Para entonces era un inspector de la Falange que se movía en terreno nacional, al que había llegado tras espiar para el bando franquista desde la legación diplomática de Bucarest adonde le había destinado la República al comienzo de la Guerra Civil. En el 39 era un escritor más famoso que en el 36. Madrid, de corte a checa fue la novela que necesitaban los suyos. "Su éxito en la zona y en el exterior fue inmediato, apoteósico. Pero el propio Foxá debió de sospechar que la obra no era todo lo buena que dijeron, ya que contravenía la primera norma de un novelista moderno: no se puede leer si no es con entusiasmo y no se puede escribir si no es con escepticismo. Foxá la escribió con entusiasmo. Es lógico que hoy se lea con escepticismo", sostiene Andrés Trapiello, en su ensayo Las armas y las letras.
Fue la novela natural de un aristócrata monárquico que se había muerto de miedo en el Madrid rojo. "El día 21 de julio estuve a punto de ser fusilado. Eran las cuatro de la tarde cuando oí gritos y blasfemias y empezaron a golpear la puerta con las culatas. Di orden al ama que abriera y entraron ocho facinerosos que me apuntaron", escribe a su hermano, en una carta incluida en el volumen presentado ayer.
Madrid, de corte a checa fue la obra cumbre de un autor que una tarde de 1933 se despidió de sus coqueteos con literatos que exploraban formas nuevas (García Lorca, Alberti...) y abrazó decididamente el credo que le acercaba a un mundo perdido. "José Antonio mejoró mi espíritu. Lo maduró y me salvó del peligro de las tertulias derrotistas y sovietizantes", afirmó. Foxá, recuerda Luis Alberto de Cuenca, que prologó una antología de poemas en 2005 para Renacimiento, echaba de menos el aroma del antiguo régimen: "Pensaba que la Revolución Francesa lo había echado todo a perder, era un reaccionario en el sentido clásico".

lunes, 29 de noviembre de 2010

Ayala impone 22.000 euros de fianza a Medrano por el caso Foxá


ABC de Sevilla 29/11/2010
El Juzgado de Instrucción número 6 de Sevilla ha dictado auto de apertura de juicio oral y ha impuesto como medida cautelar el pago de una fianza de 22. 000 euros a la concejal de Participación Ciudadana del Ayuntamiento, Josefa Medrano (IU), para quien la Fiscalía solicita siete años de inhabilitación para empleo o cargo público por impedir la celebración de un homenaje en octubre de 2009 al escritor Agustín de Foxá en el centro cívico Tejar del Mellizo de la capital hispalense.
En el auto de apertura de juicio oral, dictado el pasado día 23 de noviembre y al que ha tenido acceso Europa Press, la juez Mercedes Alaya argumenta que, "atendidas las penas solicitadas en los escritos presentados, así como, en su caso, la cuantía en que se cifran las responsabilidades civiles, es procedente adoptar las medidas cautelares interesadas por el Ministerio Fiscal y las acusaciones particulares" que ejercen las asociaciones Fernando III y Ademán.
En este sentido, la juez declara abierto juicio oral contra Josefa Medrano por un delito relativo al ejercicio de los derechos fundamentales y libertades públicas y por un delito de prevaricación, al tiempo que acuerda, como medida cautelar, que se requiera a la acusada a fin de que preste fianza por importe de 22. 000 euros "para garantizar las responsabilidades civiles y costas, y si no las hiciera efectivas en término de una audiencia se embarguen bienes de su propiedad suficientes" para cubrir dichas responsabilidades, "o en su caso se acredite su insolvencia total o parcial".
Conviene recordar que la Fiscalía de Sevilla ha solicitado siete años de inhabilitación para empleo o cargo público por un presunto delito de prevaricación para la concejal de Participación Ciudadana, Josefa Medrano (IU), ya que la concejal acordó denegar el espacio solicitado por las asociaciones Fernando III y Ademán "de forma arbitraria, sin motivar, teniendo conocimiento de la legalidad de la autorización ya concedida --dada previamente por la directora del centro cívico--, y dada la ideología ligada a la Falange y al franquismo del escritor".
En este sentido, relata que la asociación cultural Fernando III solicitó por escrito el día 14 de septiembre de 2009 una sala en el Tejar del Mellizo para un homenaje a Foxá a desarrollar el 6 de octubre, una solicitud que fue autorizada el 23 de septiembre por la directora del centro cívico, Cristina Paloma Torrego, al entender que "la entidad solicitante era una asociación cultural y debidamente inscrita". No obstante lo cual, la concejal imputada "acordó, de forma arbitraria, sin motivar y teniendo conocimiento de la legalidad de la autorización ya concedida", denegar el espacio solicitado, "dando instrucciones" al jefe de Servicio de Participación Ciudadana "para que comunicara" a Cristina Paloma Torrego la denegación, "y para que ésta a su vez se lo comunicara a la asociación Fernando III, manifestándole que cualquier reclamación al respecto debería hacerse a través de la Delegación Provincial de Participación Ciudadana".
Al hilo de ello, asevera el fiscal que, "siguiendo las instrucciones de la inculpada", el 6 de octubre se denegó el uso de la sala, "que se encontraba a las 20, 00 horas del referido día cerrada y vacía", por lo que los organizadores "decidieron celebrar el homenaje en el patio", añadiendo que este acto "tenía carácter literario, como constaba en los escritos de invitación al acto, e intervinieron los escritores Aquilino Duque y Antonio Rivero Taravillo". "El acto fue consentido por los encargados municipales presentes en el centro cívico, desarrollándose sin incidencia alguna", concluye la Fiscalía.
Petición de cárcel
De su lado, las acusaciones particulares que ejercen las asociaciones Fernando III y Ademán han solicitado hasta dos años de prisión y once de inhabilitación para la concejal de Participación Ciudadana, pues entienden que ha incurrido en un delito de prevaricación y en otro contra el ejercicio de los derechos fundamentales y las libertades públicas, ya que la imputada basó su decisión "en motivos políticos e ideológicos, porque el poeta Agustín de Foxá estuvo relacionado con la Falange".
Así, la asociación cultural Fernando III, representada por el letrado Angel Bordas, solicita para Medrano la inhabilitación especial para empleo o cargo público por ocho años por un delito de prevaricación; dos años de cárcel, multa de 24 meses e inhabilitación por tres años por el delito contra el ejercicio de los derechos fundamentales y las libertades públicas, así como el pago de una indemnización de 3. 000 euros por los daños morales ocasionados a la asociación. Por su parte, el abogado de la asociación Ademán, José Manuel Sánchez del Aguila, solicita para la concejal la inhabilitación por siete años por un delito de prevaricación, así como 20 meses de prisión, 18 meses de multa a razón de 50 euros diarios e inhabilitación durante dos años por el delito contra el ejercicio de los derechos fundamentales y las libertades públicas, además de una indemnización de 300 euros por los perjuicios sufridos.

PRESENTACIÓN DEL LIBRO "REQUETÉS. De las trincheras al olvido"


El próximo viernes 3 de Diciembre, a las 19:30, se presentará el libro “Requetés. De las trincheras al olvido” en el hotel NH Viapol, C/ Balbino Marrón nº 9 de Sevilla.

En el acto de presentación intervendrán, D. Domingo Fal-Conde Macías (Consejero Nacional de C.T.C), D. Luis Hernando de Larramendi Martínez (Vicepresidente de la Fundación Ignacio Larramendi), D. Sixto de la Calle Jiménez (ex-combatiente del Tercio Virgen de la Merced) y D. José Herrera Sánchez (ex-combatiente del Tercio Virgen de los Reyes).
El libro viene a llenar un hueco importante, ya que a pesar de la amplia bibliografía existente sobre la Guerra Civil española, quizás faltaba un texto como éste donde se documenta ampliamente la participación de los tradicionalistas en el conflicto que algunos consideran como la 4ª Guerra Carlista.
Cerca de 1.000 páginas de gran formato, con un gran repertorio fotográfico y testimonios de soldados que vivieron la guerra encuadrados en los tercios del Requeté.
Editado por la editorial La Esfera de Los Libros y con el trabajo de Pablo Larraz y Víctor Sierra-Sesúmaga, con prólogo de Stanley G. Payne y epílogo de Hugh Thomas.
Un testimonio, quizás, de los que más perdieron con la victoria.

domingo, 28 de noviembre de 2010

EXPOSICIÓN DE PINTURAS DE PEPE CALA.


El próximo viernes 3 de Diciembre se inaugura, a las 20ºº, una exposición pictórica de José Cala Fontquernie, Pepe Cala para la historia de los personajes sevillanos (ver la entrada en este blog sobre El último maldito).

Será en el espacio cultural La Caja Habitada, en la calle Crédito, nº 20, junto al teatro Alameda.

La exposición permanecerá abierta hasta el 6 de Enero de 2011, con un horario de apertura de 18ºº a 21ºº horas, de lunes a viernes.

Ana María Matute, Premio Cervantes.


La escritora Ana María Matute ha sido galardonada con el Premio Cervantes 2010. La autora es, tras María Zambrano y Dulce María Loynaz, la tercera mujer en ganar el máximo galardon de las letras hispanas.

Matute es miembro de la Real Academia Española, autora de casi una veintena de novelas y otros tantos relatos y cuentos. Tiene, entre otros muchos, el Premio Nacional de Literatura y el Nacional de las Letras Españolas.

Ana María Matute nació el 26 de julio de 1926 en Barcelona y se crió en el seno de una familia adinerada y conservadora que influyó en la obra y la ideología de la autora.

En 1954, ganó el Premio Planeta por Pequeño Teatro y se confirmó en el mundo literario. A partir de entonces, se ha dedicado por entero a la escritura, influida, entre otras cosas, por su experiencia durante la Guerra Civil, que estalló cuando era niña.

LA PUERTA DE LA LUNA

La escritora catalana cumple 85 años en activo y publica La Puerta de la Luna (Destino), una recopilación de todos los cuentos de su carrera en los que afloran, entre otras cosas, su lucha contra la injusticia, y es que no se muestra "nada orgullosa de pertenecer a la especie humana".

En una entrevista concedida a Europa Press en su casa de Barcelona con motivo del lanzamiento de su última novela, Matute habló de su infancia --"la recuerdo mejor que lo que hice hace cuatro días"--, de su obsesión por el tiempo y de los malos recuerdos de la Guerra Civil y la posguerra, algo que marcó profundamente su obra: "Fue una tragedia inmensa para todos los españoles".

"Los lápices de colores me chiflan", confiesa la escritora, que debido a su "mala salud de hierro" --ha entrado 11 veces en quirófano-- ha tenido que renunciar a otra de sus grandes pasiones: la carpintería.

Su obra Luciérnagas (1949) quedó finalista del Premio Nadal.

"El peor censor acabas siendo tú", ha confesado Matute, a quien en los 70, antes de la muerte de Franco, ya le "daba igual todo" y escribía sin demasiados miramientos.

Defensora a ultranza de los niños, critica que en la literatura española el niño haya sido tratado como "un ser inferior", y todavía le "molesta" escuchar eso de que un niño es "un proyecto de hombre". La escritora ha lamentado no haber tenido nietos, sobre todo por el placer que le daría leerles sus cuentos.

EL PLACER DE ESCRIBIR

"Para mí la vida y la literatura es lo mismo", ha confesado la novelista, que odia releerse por si se lleva algún "disgusto", ha dicho. Matute ve el mundo "a través de los ojos de la escritora", porque, según ha comentado, "puede surgir un libro de la cosa más inesperada".

De lo que no puede prescindir es del placer de escribir, y es que, aunque en 2008 dijo que Paraíso inhabitado sería su última novela, ya tiene entre manos la próxima, de la que no ha querido desvelar nada. La escribirá como suele hacer, en su máquina electrónica y por las mañanas. De la tarde no le gusta "ni el nombre", lo único, la siesta. "Un premio no hace a un escritor, hace lectores", ha indicado la autora.

El Premio Cervantes, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura pretende rendir anualmente testimonio de admiración a la figura de un escritor que, con el conjunto de su obra, haya contribuido a enriquecer el legado literario hispánico.

lunes, 22 de noviembre de 2010

XXXIII FERIA DEL LIBRO ANTIGUO Y DE OCASIÓN DE SEVILLA


22-Noviembre-2010
La Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Sevilla va camino de su edición XXV, que no es poco, veintitrés años de feria la ha consolidado como una de las más importantes de España. No es extraño en una ciudad donde dicen que hay más librerías de viejo que de las nuevas ediciones.
El tipo del gran bigote del cartel de este año es el escritor norteamericano Samuel Langhorne Clemens, conocido por su seudónimo, Mark Twain, famoso autor de Las Aventuras de Tom Sawyer y de Las Aventuras de Huckleberry Finn, del cual se cumple este año el centenario de su muerte.
Mi librero de viejo de cabecera, Luis, cierra esta semana su chiringuito en el famoso mercadillo de El Jueves para ponerse bajo techo en una de las casetas de la feria. Allí también está, fiel a su cita anual con nuestra ciudad, la valenciana librería Al Tossal, que tiene a bien cada año enviarme un catálogo de sus fondos, librito azul fabricado de manera más bien artesanal que ya de por si tiene su encanto, en realidad me recuerda a los libritos que nos daban los padres salesianos con las canciones del colegio. De Triana la librería Don Cecilio, quien no conozca su local habitual no debe perderselo, en la calle Castilla, frente a la parroquia de la O, un amplio bajo comercial donde perderse entre pasillos llenos de libros, tebeos, discos de vinilo, etc.
Normalmente lo más interesante de las casetas está en las estanterías interiores, aunque algunas de ellas, como la leonesa El Camino de Santiago, exponen al alcance del público que pasa interesantes obras, principalmente de temática sobre la IIª República y la Guerra Civil española, temas muy demandados entre los buscadores de joyas editoriales del pasado.
No faltan nunca las colecciones Austral, los libritos de aquella colección RTVE y otras clásicas de antaño. Junto a ellas podemos encontrar desde una edición con cubiertas de terciopelo de la obra de uno de esos bohemios malditos de principios del siglo XX, Alejandro Sawa, una primera edición del Diccionario para un macuto de Rafael García Serrano, y hasta aquellas crónicas de guerra de El Tebib Arrumi, de nombre Víctor Ruiz Albéniz, abuelo del actual alcalde de Madrid.
Hasta el ocho de Diciembre se puede visitar la Feria en la Plaza Nueva de Sevilla, para comprar o por el simple placer de trastear entre los libros, quién sabe qué sorpresa nos puede deparar el entretenimiento.
A.C. Ademán

domingo, 21 de noviembre de 2010

Foxá, por Ignacio Ruiz Quintano









Ignacio Ruiz Quintano // Agustín de Foxá

Vuelve Foxá a las andadas, ahora con una recopilación de cosas suyas perdidas y halladas entre la alfalfa de la cultura oficial, con la que, por fortuna, nada tiene que ver el Foxá que nos importa, que es el que decía Umbral:

-Yo aprendí a hacer artículos en usted, don José María (Pemán), si es que he aprendido, y en otros escritores del ABC, desde los monárquicos a los falangistas, que todos escribían muy bien: Foxá, Sánchez Mazas, Montes, Mourlane, D?Ors, Ruano y todo eso.

Vienen casi a afearle a Foxá que lo mejor suyo apenas diera para una novela y mucho periodismo. ¿Y cuál fue el sueño de todos los muchachos del nuevo periodismo americano? «El periodismo -en resumen de Tom Wolfe- era el motel donde pasar la noche camino del destino: la Gran Novela.»

La gran novela de Foxá es la gran novela del Madrid que va de la Monarquía a la guerra pasando por la República: Madrid de Corte a checa. La infancia, el tiempo, el amor y la muerte son sus temas. La muerte de Agustín en los brazos de su madre, diría luego Ruano, es como un místico y mítico nacimiento: le envidio su destino final: desnacer en los brazos donde se ha nacido: Dios da premios así.

-Y pensar que, después que yo me muera, / aún surgirán mañanas luminosas; / que, bajo un cielo azul, la primavera, / indiferente a mi mansión postrera, / florecerá en la seda de las rosas.

El retrato supremo de Foxá lo hace su amigo Malaparte: «Es falangista del mismo modo que un español es comunista o anarquista, esto es, al modo católico.»

-La Falange es una hija adulterina de Carlos Marx e Isabel la Católica -le dice un día Foxá a Juan Ignacio Luca de Tena.

Otro día, comiendo con Luca de Tena y con Sánchez Mazas, cuando se habla de los peligros del comunismo para el mundo libre, Foxá, «con gran enfado de Sánchez Mazas», confiesa que lo que menos le perdona al comunismo es que le haya impulsado a hacerse falangista. Y pensar que, después que yo me muera...

miércoles, 17 de noviembre de 2010

EL ÚLTIMO MALDITO, PEPE CALA


Por Antonio Rivero
Juan Manuel de Prada, que tantas páginas memorables ha ido dejando sobre autores “desgarrados y excéntricos”, como él los llama, debería ocuparse de este último especimen contemporáneo de aquella caterva literaria, tan lucida. Así, a las estampas de Pedro Luis de Gálvez o Buscarini, u otros no sólo fijados en su novela Las máscaras del héroe, sino también en las puntuales (ay, hasta que cesaron) entregas en la revista Clarín, luego recogidas en libro, debería sumar la de este extraño vate y peculiar pellejo.
José Cala Fontquernie es el nombre completo del poeta más pertinazmente inédito del parnaso sevillano. Ha de tener una edad que ya supera con creces la cincuentena, pero él, tan frágil y de cristal, con sus ojos vivísimos tras de sus gafas, tan frecuentador de actos literarios en los que se codea con despistados escritores en ciernes, parece más joven sin duda. El rasgo más sobresaliente de su cabeza era la raya que, en medio, peinaba esa planchada cabellera que se iba haciendo rala. Ahora su cabello va cortado al cepillo, y una barba hirsuta le da algún espesor al flaco rostro.
Id a cualquier convocatoria poética y allí estará Pepe Cala, siempre con su máquina de fotografiar con la que inmortaliza las lecturas, las poses y comparecencias públicas de los otros, ya que no las suyas. Dije que los resultados de su trato con la musa permanecen sin publicar, y los organizadores de una u otra velada, jornadas, lecturas, se han acostumbrado tanto a su figura omnipresente que no se detienen a cruzar con él más que las palabras estrictamente necesarias, saludos que saben se repetirán en el próximo acto al que Pepe Cala, sin duda, asistirá también. ¿Ignoran que escribe, o prefieren ignorarlo para que no les recite sus versos?
El álbum fotográfico de Cala debe de contar con centenares —¿millares?— de retratos de poetas célebres y oscuros, de imágenes de todos los salones de Sevilla susceptibles de ser utilizados para una lectura, de momentos que ya los protagonistas han olvidado. Tal archivo documental bien valdría no sólo para una historia de la poesía sevillana en el último cuarto, o más, del siglo XX. También sería de provecho para el más amplio horizonte de la lírica nacional, pues es un hecho objetivo —el de su omnipresente cámara— que no hay bardo o vate, poeta o poetastro, que habiendo bajado al Sur y la capital del Betis no haya sido inmortalizado por Pepe Cala.
Pero esta vasta obra gráfica suya no nos debería hacer olvidar su poesía, de la que se tienen noticias pero no ejemplos. ¿Quién ha leído los versos de este hombre? Muy pocos, sin duda; y quienes lo han hecho no creo que tengan inconveniente en reconocer que los pocos frutos conocidos del poeta son, en caprichosa mezcolanza, buenos y malos. Éstos no deberían hacer sombra a aquéllos, y me atrevo a pronosticar que una antología exigente de los versos de Cala redundaría en un hermoso libro, perfectamente publicable. Lo que al protagonista de esta estampa le pierde no es lo que de más ganga pueda haber en su poesía, sino más bien él mismo, el personaje: un tipo torvo y gris, y como tantos muy dignos poetas, con menos magnetismo personal que una brújula descacharrada.
Cala está poblado de fantasmas y tribus enteras de contradicciones que campan a sus anchas por su menudo cuerpo. Franquista y creyente en el tarot, escurialense y pitonísico, mantiene con Sevilla la misma relación de amor y odio que Cernuda, y su Arcadia es un Jerez de la Frontera que ha encarnado como nadie Francisco Bejarano. Cenceño como pocos, inteligente, afilado, la suya es una estampa digna de la bohemia de principios de siglo. No podría uno ridiculizarlo aunque quisiera. Cierta imagen romántica quiere que un poeta sea más el personaje que su obra. Esto es lo que ha mitificado a muchos. Si un poeta es alguien que no vive en paz consigo mismo, Cala lo es, y de los grandes.

martes, 16 de noviembre de 2010

La casa encendida, por Francisco Robles


Porque todo es igual y tú lo sabes, has vuelto al territorio donde confluyen la juventud y la ilusión, el asombro que te hacía abrir los ojos de par en par porque no querías perder ni una gota del mundo, porque estabas obsesionado con esa extraña luz de la belleza, porque tus ojos no se cansaban de mirar el prodigio del arte ni de descifrar los misterios de la poesía, como si eso fuera posible. Porque todo es igual y tú lo sabes, ese verso de Luis Rosales ha regresado a tu casa encendida con el libro que alguien te ha enviado como se manda un cesto donde las cerezas se encadenan, y de Rosales vas a Lorca, y de Lorca a la tragedia que algunos están empeñados en resucitar como si la muerte valiera la pena de ser resucitada.
Como bien dijo Petón en un homenaje a estos dos poetas en el que tuviste el privilegio de participar, Rosales tuvo que llevar sobre sus hombros la cruz de la insidia y de la calumnia por haber defendido a Lorca, su amigo. En España los buitres tienen dos alas, siempre dos alas, y cuando no vuelan por la diestra lo hacen por la siniestra. Y a Rosales lo prendieron las dos astas del astifino toro que no deja de derrotar por un pitón y por el otro. Rosales, ese poeta que te ha guiado por las galerías del alma, que te ha moldeado el oído con la música que brotan de sus versos en cuanto las sílabas florecen en tus labios mudos. Sí, Rosales, que siempre llevó a Lorca consigo, como si le hubiera alquilado su casa encendida a Federico mientras él se conformaba con vivir al raso del insulto y la infamia.
Como en el poema de Rosales, has sentido los pasos de la Historia antes de entrar en tu casa, los odios acumulados que regresan para descoser las heridas que la Transición logró cauterizar. Y no es eso, no es eso… No podemos consentir que los muertos sean los títeres que cuatro vivos manejan para conservar el poder que se les va de las manos. Porque Lorca no es de nadie, ni siquiera de sus viuditos apócrifos que viven de los despojos que nada tienen que ver con su obra luminosa.
Hoy has regresado a la casa encendida, como si Rosales estuviera a tu lado para enseñarte lo mejor de Federico, para recitarte al oído aquel verso que le escuchaste en La clave, sí, cuando la televisión pública se hacía para promover la cultura y no para entontecer a la gente en esta Andalucía de los nuevos caciques. Hoy has vuelto a estremecerte con aquel verso en la voz sutil y ceceante de Rosales, con aquel mar de Poeta en Nueva York que recordó, ¡de pronto!, los nombres de todos sus ahogados. Y has regresado a tu casa, la casa encendida donde leíste los sonetos del amor oscuro, publicados por Blanco y Negro: «Que lo que no me des y no te pida / será para la muerte, que no deja / ni sombra por la carne estremecida».
Vuelve la voz de tu padre, que no ha muerto como bien señala Borges en su soneto sobre la lluvia, para decirte que vayas al quiosco. Y tú, que sigues siendo el niño que te sostiene por dentro, le enseñas este artículo para agradecerle que no inoculara el odio en tus entrañas, como si la palabra pudiera traspasar el río que os separa, como si aquella casa aún estuviera encendida, porque todo es igual y tú lo sabes.

Berlanga o el esperpento piadoso por Ignacio Camacho


EL tiempo había agrandado su leyenda con la corona de bruma que aura a los genios, y más que un hombre había empezado a ser un concepto, un adjetivo, una categoría. Lo berlanguiano es un modo de entender desde el humor y una cierta compasión orgullosa ciertos rasgos de la identidad española, a medias entre el ridículo, el casticismo, la exageración y la parodia. Es el esperpento contemporáneo, el espejo satírico de la gran histrionada nacional, la deformación de ese trazo grotesco y agrandado que nos convierte en sujetos de un quijotismo burlón y estrafalario. Lo berlanguiano una cicatriz de la psicología colectiva que cruza el rostro de un país marcado por los demonios de su historia, a los que siempre termina asomándose con la bizarría de los viejos hidalgos trasnochados que ya asoman en la picaresca del Siglo de Oro. Lo berlanguiano es la antípoda de la posmodernidad, una caricatura de la vieja España esencialista y atrabiliaria que permanece emboscada detrás de los esfuerzos por ponerse al día; un retrato más tierno que ácido, más jocoso que vitriólico, más indulgente que canalla, de esa eterna pasión tan nuestra por la desmesura, el exceso y la extravagancia.
Berlanga era nuestro Fellini, otro tipo que también logró derivar su apellido en una cualidad. Hay un hilo conceptual que va de Quevedo a Cela pasando por Goya, por Larra, por Galdós, por Solana y por Valle; una visión cáustica, ennegrecida, grotesca y mordaz de lo español que en Berlanga se remansa con un toque compasivo, humanitario, piadoso y una pizca de orgullo identitario exento de remordimientos y empapado de una cierta cordialidad complaciente y divertida. Los retratos berlanguianos son más dulces que crueles porque nacen de una visión tolerante de nuestros defectos congénitos. El alcalde de Villar del Río, el marqués de Leguineche, el verdugo pequeñoburgués o los milicianos de «La vaquilla» son personajes de una íntima familiaridad dibujados con más condescendencia que amargura. Alrededor de ellos gira un mundo chocante, fallero y estrambótico pintado con brocha de pelo gordo para endulzar por contraste su humanidad casi conmovedora de perdedores históricos y crepusculares. Así era, en el fondo, su propio autor: un hombre poliédrico, contradictorio, torrencial, un genio espontáneo cuyo carácter sublimaba mediante el humor la tragedia de un siglo marcado —también en su propia biografía familiar y personal— por la violencia, la discordia y el desencuentro. Berlanga es pura españolidad: exuberancia, paradoja, contraste, plétora y disparate. Farsa, sainete, burla autocrítica contra un destino trágico. Y un toque de aristotélica piedad para escapar a través de la risa del túnel de nuestros largos despropósitos.