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lunes, 3 de noviembre de 2014

A propósito de Luis Rosales y el uso partidista de la Literatura por esa izquierda arcaica

¿Tiene la Literatura entidad ideológica o sexual? (Tomado de http://revistaletralibre.blogspot.com.es/2014/11/a-proposito-de-luis-rosales-y-el-uso.html )


(Luis Rosales)
Llevo mucho tiempo reflexionando sobre este tema, y hace un par de días, me acordé de Luis Rosales, ese gran maestro y poeta olvidado, fiel amigo de otro gran maestro, Federico, al cual el autor de La Casa Encendida, poco debe “envidiar” (En 1937, el poeta de lo cotidiano, Rosales, publica en el diario Patria de Granada, el poema «La voz de los muertos», probablemente uno de los más importantes escritos durante la guerra civil, elegía a todas las víctimas de ambos bandos, en el que quedan fuera cualquier expresión de triunfalismo o exaltación) encasillado y destinado a un baúl de los recuerdos, triste y penosamente, por parte de esa izquierda que cree estar en posesión de la verdad absoluta, por el simple hecho de pertenecer al otro “bando”. La literatura no pertenece a ninguna fantasía ideológica o idiotez sexual, pertenece a su creador, la literatura simplemente es universal, a pesar de los pesares de esos “intelectuales” de hoy mal llamados progresistas, cuando en realidad están disfrazados en trajes delirantes de un neofascismo populista como arrogantes unicornios invisibles.

Conocí al autor de Abril (1935) a mis 17 años, “enamorándome” intensamente de esos versos tan libres e inmensamente individuales, llenos de amor invencible, y hoy ya han pasado más de 27 años, y aún sigo sintiendo la misma turbación vibrante al recordar esos composiciones vanguardistas, claras, humildes, evidentes y cotidianas, y al venir él de nuevo a mi memoria, vuelvo a sentir que lo que prevalece en la literatura es la libertad del individuo, la persona, sin importar si está a la izquierda o la derecha, sin importar a cual “maldito” bando perteneció, sin la discriminación de ser heterosexual, gay, blanco o negro, etc. La literatura, la poesía, la prosa, no es ni debe ser partidista, porque de lo contrario nos induciría al sectarismo. A nadie ni a mí, le deben afectar los bandos y con quién “leches” te acuestes, lo que debe imperar es el arte y las emociones que te produce el hecho de leer. Luis Rosales, ha sido, es aún, y será un gran maestro literario entre las maravillas de nuestros genios.

Y junto a esa determinación imparcial e injusta de esos “literatos” megas, hipers y chupis progresistas, he llegado a leer “barbaridades” tales como que San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús eran, respectivamente homosexual y lesbiana, pero lo más extraño –a estas alturas de la vida, sencillamente, no me debería extrañar ya nada de esta “troupe”- es que estas afirmaciones proceden de un filólogo hispánico, y joven, perteneciente a esa rama de “cuotas floreros” del socialismo español. Y se queda tan ancho y tan pancho. ¿Dónde están las fuentes? Y en el caso que fuese verdad, qué? Por el simple hecho de tener una u otra orientación sexual, ya eres “lo más-in-divino”? Tanta obsesión y victimismo me cansan, pero me cansan demasiado, y lo curioso es que estas “cosas” no me escandalizan, simplemente, me producen bochorno ajeno. No soporto en la cuarentena que he pasado estas imbecilidades; no soy amigo del sectarismo y el totalitarismo del incansable progresismo. Amo la libertad, y en mayúsculas.

Tan solo me quedo con las palabras de D. Luis, Premio Nacional de Poesía 1951 y Premio Cervantes 1982, entre otros: "No he creído ni volveré a creer en la política, no he creído ni volverá a creer en la sociedad, solo creeré en las amistades" (a raíz de la muerte de Lorca).

Lo que siempre queda es el arte, y eso es lo que verdaderamente importa, lo que prevalece es el individuo, su libertad individual. Lo demás, son imbecilidades inventadas por esa ideología arcaica.

Me volverán a clasificar como un fascista, neoliberal, ultraliberal, homófobo, sodomita y católico,- sigan inventándose “basura”-, pero yo volveré a reírme, y reírme, y siempre, siempre, seguiré riéndome, condescendientemente, porque frente a la manada me elevo como un Individuo libre, una persona, ni más ni menos.
Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

domingo, 1 de enero de 2012

LOS ARQUITECTOS QUE FUERON VANGUARDIA (diariovasco.com)


José Ángel Medina recupera en un libro la vida de José Manuel Aizpurua y Joaquín Labayen 
29.12.11 - 02:04 - 

El mítico Le Corbusier, padre de la arquitectura contemporánea, se desplazó en otoño de 1930 desde París hasta San Sebastián sólo para ver el edificio del Náutico, recién inaugurado. Quería ver con sus propios ojos la obra de los arquitectos José Manuel Aizpurua y Joaquín Labayen, un trabajo que en poco tiempo se convirtió en uno de los iconos del racionalismo europeo.
Aizpurua y Labayen escribieron «las páginas más brillantes de la modernidad en Guipuzkoa». Así lo entiende José Angel Medina Murua, profesor de la Universidad de Navarra que ayer presentó el libro que reconstruye la obra y la apasionante vida de los dos arquitectos guipuzcoanos. El volumen, editado en colaboración por el Colegio de Arquitectos y la Diputación de Gipuzkoa, se inscribe en la colección dedicada a los arquitectos guipuzcoanos, y será completado en febrero con una exposición en el Koldo Mitxelena con sus «proyectos no realizados», tal como adelantó ayer Santos Bregaña, que se ha ocupado de la edición del libro y preparado la muestra.


(Labayen y Aizpurua en 1931)
El donostiarra Aizpurua y el tolosarra Labayen empezaron a colaborar en la Escuela de Arquitectura de Madrid y trabajaron conjuntamente hasta que el primero, militante falangista, fue fusilado en San Sebastián en 1936 antes de que el llamado bando nacional entrara a la ciudad. En sólo nueve años de colaboración realizaron pequeños proyectos para Donostia (como la decoración de la pastelería Sacha, en la Avenida de San Sebastián) y una obra como el Náutico, inaugurado en 1929, que les introdujo en los manuales de arquitectura.
Ese 'barco de hormigón' fue rápidamente incluido en publicaciones internacionales de la época como Cahiers d' art, Werk o el catálogo de la exposición del Moma 'The International Style'.
Pero además de su trabajo como punta de lanza de la arquitectura europea de vanguardia Aizpurua y Labayen agitaron la escena cultural donostiarra con su grupo, el Gatepak, y la sociedad Gu. Su estudio en la calle Prim se convirtió en parada obligatoria de artistas consagrados y de otros que empezaban, como Oteiza. Apoyaron el grupo La Barraca de García Lorca y colaboraron con el Ministerio de Instrucción de la República para idear escuelas y hospitales. «Creían que la arquitectura podía cambiar la sociedad y hacer más feliz a la gente», recordaba ayer Lorenzo Goicoechea, el presidente en Gipuzkoa del COAVN.
La guerra frustró esa aventura. Aizpurua, hombre tanto de reflexión como de acción, se alistó en la Falange de su amigo José Antonio Primo de Rivera. En junio de 1936 es detenido y fusilado en San Sebastián el 6 de septiembre. Este año se han cumplido 75 años de su muerte. Labayen siguió trabajando y, en palabas de Medina, «lejos de aprovecharse de ser el socio de un fundador de la Falange fusilado, se traslada a Tolosa y pasa a desempeñar un trabajo alejado de la efervescencia. Seguirá trabajando prácticamente hasta su muerte, en 1995».
El libro, basado en la tesis doctoral que José Ángel Medina realizó en su momento, destripa tanto la vida de los dos profesionales como sus proyectos, y se convierte también en crónica de una época de San Sebastián. El volumen incluye también algunas fotografías tomadas por el propio Aizpurua, el 'artista total' que se interesó también por la música o el teatro, e imágenes actuales realizadas por Aitor Ortiz.

martes, 6 de septiembre de 2011

Entrevista con Fernando de Artacho, autor de "La Segunda Bandera" (tomado de diarioya.es)


Diario YA- Fernando de Artacho, abogado e historiador de prolífica actividad editorial, acaba de publicar “La segunda bandera” (Ed. Guadalturia ediciones); una obra dedicada a estudiar la actuación de los voluntarios falangistas sevillanos enrolados en esa bandera al mando del comandante Pérez-Blázquez. La actuación de estos milicianos falangistas, en minoría de 1 a 9 frente al ejército de la República, fue determinante en el desenlace de la Batalla de Brunete y, a la postre, de la última Guerra Civil española.

Diario Ya. Vd. Acaba de publicar un libro sobre los milicianos falangistas de la Segunda Bandera de Sevilla ¿es de los que piensan que convocar elecciones el 20-N es pura casualidad?

Fernando de Artacho. No es una fecha elegida al azar, opino que su significado pretende ir más allá. Los símbolos pueden movilizar a personas en sentidos muy diferentes. Aunque no creo que, con las gravísimas carencias que estamos sufriendo todos los españoles por la nefasta gestión pública de los gobiernos Zapatero, ese caprichoso “detalle” vaya a pesar en algún sentido

Ya. Con más de veinte libros a sus espaldas y notable éxito escribiendo sobre el siglo de oro, ahora hace una incursión en la Guerra Civil analizando una acción crucial de los voluntarios falangistas; ¿busca la provocación?

FdA. En absoluto, busco exponer la verdad, analizo hechos irrefutables de la época y cuento una hazaña militar desconocida, que cambió el rumbo de la Batalla de Brunete, y, por ello, de la Guerra Civil. Quien lea el libro verá como ensalzo la valentía de los que lucharon por unos ideales, a la vez que deploro la espuria actuación de algunos “camaradas” de retaguardia que nunca pisaron el frente. Tampoco es mi primera incursión sobre la Guerra Civil, la segunda novela que escribí, “Las dos verdades”, tenía como fondo la contienda del 36.

Ya. ¿Cómo cree Vd que ve un jovencito JASP de las Nuevas Generaciones del PP el comportamiento del comandante Pérez-Blázquez, protagonista de su libro?

FdA. Salvo excepciones, ni están preparados para comprenderlo, ni lo entenderían. La sociedad de hoy no educa en la sobriedad, y menos en el sacrificio, más si en ello pude ir la vida propia. El hedonismo, el exigir los derechos huyendo de las obligaciones, la falta de interés por el conocimiento, llevan a una actitud de egoísmo y desidia que solo intentan atenuar buscando el placer inmediato en todos los terrenos. Ello justifica que sea difícil entender hechos que, a lo largo de siglos, hicieron de España un Imperio.

Ya. Vd. No se corta al escribir sobre la heroicidad y la mezquindad del frente ¿resulta ponderado poner al general Varela ejemplificando lo segundo?

FdA. No hay duda alguna que el general Varela fue un gran militar, tampoco que fue un acérrimo enemigo declarado de la Falange. Pueden existir personas serias que cometan errores, lo que necesariamente no les lleva a convertirse en mezquinos; un hecho en sí puede ser mezquino, pero ello no califica a la persona en su totalidad. Sin embargo, en este caso cometió una gran injusticia a sabiendas, pues él mismo declaró -entre otros muchos expertos militares de ambos bandos- que la resistencia de Villanueva de la Cañada fue la clave para ganar la batalla. Sólo me remito a los hechos tal como fueron, la batalla, la hazaña de los sevillanos y la conocía la postura de Varela contra la Falange, que negó la Laureada a quien le hizo ganar esa batalla. Son datos irrefutables.

Ya. En la correspondencia epistolar con su familia que Vd desvela, el comandante falangista reivindica un tipo de política social que debió asustar mucho a los conservadores de la época ¿se imagina hoy al joven Pérez-Blázquez en una acampada del 15-M o de voluntario en la próxima JMJ?

FdA. Creo que inquietaría más a los conservadores de la época que hoy calificaríamos como la derecha más liberal, pues los conservadores católicos tenían muy presente la preocupación por la situación social. El comandarte era un fervoroso católico, sería de los primeros en estar junto a S.S. el Papa. Si con catorce años rompía con su sable la capa de hielo que cubría el agua del lavabo de la Academia Militar, a las seis de la mañana, para el aseo, creo que no tendría inconveniente alguno en estar en cualquier acampada por muy dura que fuese.

Ya. Benedicto XVI ha animado a los profesores universitarios a buscar la Verdad con humildad. Entre quienes se ocupan de la Historia Contemporánea española, ¿cuánto hay de investigación sectaria y cuánto de rigurosidad?

FdA. Salvo honrosas excepciones, el sectarismo se plantea en los historiadores que dependen del “pesebre”, la mayoría con puestos conseguidos por la militancia política o por la complacencia en la Historia que desea reescribir o reinventar el Gobierno. Creo recordar que hace años leí en Ricardo de la Cierva lo que él calificaba como el “frentepopulismo de la cultura”, profesores que en cordadas afines de ideologías políticas se habían apoyado y subido académicamente, pero ese peaje siempre hay que pagarlo, y ahora vemos las consecuencias en los enseñantes y en la enseñanza.
Presentación del libro en el Ateneo Sevillano

Ya. Vistos precedentes como “Amar en tiempos revueltos” o “La República”, ¿aceptaría Vd escribir un guión para una serie de la época en TVE 1?

FdA. Sí, siempre que se aceptara la verdad objetiva, sin manipulaciones, ni tergiversaciones o engaños, sin quitar una sola coma del guión presentado; pero hoy por hoy, eso es más que una quimera. 

LA MIRADA MODERNA (del blog Hispaniarum)


La modernidad de Aizpúrua empieza con el gusto por las jazzband, tan de la época, y puede seguir por la costumbre de vestir a veces elkaiku y otras la chaqueta que se encargó en Balenciaga para la inauguración del Náutico. Y era aquella actitud la que hará a su compañero Luis Moya compararlo con un Leonardo joven o un Villanueva "...su idea de la vida y del mundo no era la nuestra, pues se desarrollaba en otro espacio y otro tiempo que éstos en que estamos inmersos. Era un mundo liberado de las cargas convencionales que en éste nos condicionan."
Aunque la medida de la genialidad puede que sea otra y es que su obra más significativa, a orillas de la playa de la Concha, sea capaz de resistir con cierta dignidad el tener el interior de los salones que Aizpúrua ideara con los últimos muebles racionalistas, decorados ahora como una cafetería con pretensiones unos, o como una imitación de club inglés otros.

En 1930 su amigo y camarada Juan Cabanas Erauskin retrata a nuestro arquitecto con los atributos que le son propios, los planos y el metro plegable. En el paisaje de fondo suerte de rompimiento de gloria el Club Náutico de San Sebastián. (Ol./lz. 78x68 cm.)

viernes, 3 de junio de 2011

Cuando los dioses nacían en Extremadura de Rafael García Serrano




(Tomado de Criteria Libros)







"Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español- hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo".(Del prólogo del autor)


El argumento se lo encontró Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de Méjico. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español- hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo.... Quien quiera, que pase a la historia de aquel tiempo virgen y fabuloso en que los hombres buscaban la fuente encantada de la eterna juventud, de aquel tiempo en que las cataratas del Niágara, pura belleza, no producían equis millones de kilovatios al día. El tiempo español: cuando los dioses nacían en Extremadura. (Del prólogo del autor).


Sobre el autor
Rafael García Serrano


Rafael García Serrano nace en Pamplona en 1917. En la capital de Navarra cursa sus estudios de Bachillerato. Durante sus primeros años universitarios en Madrid, donde estudia Filosofía y Letras , se afilia a la Falange Española. Como falangista y alférez provisional de Infantería combate en la Guerra Civil.
Su extensa obra literaria comienza con Eugenio o proclamación de la Pirimavera y culmina con Quinto Centenario, novela publicada poco antes de su muerte el 12 de octubre de 1988.
Rafael García Serrano simultaneó su pasión literaria con su profesión periodística, en la que también destacó como uno de los más grandes del siglo xx español llevando a la crónica periodística la calidad de su prosa, jamás cuestionada ni siquiera por sus más enconados enemigos políticos.
Dirigió el diario Arriba, del que antes fue corresponsal en Roma durante la Segunda Guerra Mundial, el semanario cinematográfico Primer Plano, la revista 7 Fechas y la agencia de noticias Pyresa.

miércoles, 5 de enero de 2011


RAFAEL GARCÍA SERRANO

Juan Van Halen.-

(La Gaceta. 19-7-2010)

Le caí bien y desde aquel momento se notó. Ya entonces supe que la entrevista la salva el entrevistado y la cobra el entrevistador.Rafael García Serrano estaba siempre en guardia, como si mantuviese la alerta del parapeto. Tenía una mirada interrogante, muy viva. Era culto, acogedor y sin dobleces. Atesoraba una coherencia vital que inquietaba a los acomodaticios y una sinceridad que molestaba a los mentirosos. Ya entonces su reino no era de este mundo y no quiero pensar cómo se sentiría ahora en esta España de pinochos zigzagueantes. A lo mejor la muerte le vino a su tiempo y además para bien, evitándole disgustos, aunque él no se hubiese acoquinado.Rafael producía una cierta incomodidad en ciertas personas que él conocía de antiguo, desde antes del diluvio, pero nunca sintió la necesidad de complacer a los complacientes. No tuvo que descargar su conciencia –Descargo de conciencia tituló Laín el libro en el que entonó su mea culpa político– pidiendo perdón a quienes nunca piden perdón. No había por qué. Jamás calló aunque por ello recibiera papirotazos y sinsabores; de los primeros se defendió con su bien afilada pluma; supo recibir los segundos con indulgencia que no dañaba su entereza. Era un idealista sin complejos, como el del soneto de Ángel María Pascual, su amigo. Como buen navarro, le encantaba la fiesta de los toros –es delicioso su libro de relatos Los toros de Iberia– y nunca apostó por los cabestros.Luego le seguí como articulista acerado de prosa impecable. Era un tiempo de grandes articulistas, algunos de ellos raptados ya por la muerte, otros ninguneados por el olvido, y no pocos, vivos y muertos, tiznados por la envidia, que es el vicio nacional. Rafael García Serrano tenía a veces asperezas de legionario y su estilo literario no admitía tributos a la ñoñería; escribía “a trancas y barrancas y echando el carro por el pedregal” como aconsejaba Azorín, escritor con el que no podrían encontrársele afinidades apreciables. Parecía escribir cabalgando, como Garcilaso.Lo primero que leí de Rafael fue Eugenio o la proclamación de la primavera, una novelita –el diminutivo atiende sólo a su extensión– militante, ilusionada, sin concesiones a la melancolía. La novela de los diecinueve y veinte años. Dice que Eugenio, su amigo y protagonista de la narración, es “el muerto que yo hubiera querido ser”. Afortunadamente no lo fue, aunque estuvo a un paso de serlo; recibió una herida de guerra y convaleciente en un hospital avanzó en la construcción de su Eugenio, la historia de un muchacho que nada tiene que ver con el ideal que parece desear Marina Geli, consejera de Salud de Cataluña.La novela más conocida de Rafael es La fiel infantería, luego llevada al cine, y con numerosas ediciones. Recibió el Premio Nacional de Literatura, lo que no la libró de ser retirada de las librerías por la censura. Así se movían quienes se empeñaban en ser más papistas que el Papa. La fiel infantería y Madrid, de Corte a checa, de Foxá, son las dos grandes novelas de la Guerra Civil desde la perspectiva de los nacionales. Foxá es otro personaje políticamente incorrecto. Se ejerce sobre él una persecución post mórtem por los sucesores ideológicos de quienes fueron a su casa para darle matarile en las tapias de la Casa de Campo y le dejaron en paz cuando enseñó su pasaporte diplomático y su nombramiento de cónsul de la República en Bombay. Un miliciano se dirigió a sus colegas: “Vámonos, casi nos cargamos a un indio”. Tal cual.Rafael García Serrano publicó una obra muy interesante en el mimo de las palabras, Diccionario para un macuto, que debería haberle abierto las puertas de la Real Academia, aunque esa venerable institución no ha cambiado demasiado desde que se meó en sus tapias el joven Alberti. A veces, como el lago Ness, es más conocida por sus monstruos que por sus bellezas. Pienso en Galdós, derrotado en su primer intento de ingresar en la Academia por un señor Commelerán, que en nombre y fama literaria no ha resultado inmortal, pero que ganó aquella votación.Como novelista brilla en las descripciones, en el andamiaje de las situaciones y en el retrato de sus personajes. Plaza del Castillo, Los ojos perdidos, Cuando los dioses nacían en Extremadura, entre otras, son grandes novelas.Recuerdo a Rafael en su salsa de gran conversador; hablamos mucho. Aprendí de él y conocí su generoso apoyo a los jóvenes que queríamos abrirnos camino al olor de las linotipias como él lo había hecho de muchacho al olor de la pólvora.

LA FUNDACIÓN BANCO SANTANDER MUESTRA UN AGUSTÍN DE FOXÁ DESCONOCIDO Y SIN PREJUICIOS
Entrevista a Jordi Amat en Canal Fundación Banco Santander
http://www.youtube.com/watch?v=BLFU6qHil1s
—Teatro, papeles personales y artículos dan una luz distinta de uno de los autores españoles más atípicos del siglo XX. Andrés Trapiello y Luis Alberto de Cuenca revelarán aspectos desconocidos del personaje en la presentación del volumen al público—

para leer + http://www.fundacionbancosantander.com/media/docs/Notaprensa%20Foxá.pdf

lunes, 27 de septiembre de 2010

POEMAS DEL OPROBIO

El joven periodista y escritor Alberto García Reyes, gana el XI Premio Joaquín Romero Murube con el artículo 'Poemas del oprobio' en el que revindica la figura de literatos proscritos como Agustín de Foxá, Luis Rosales o el propio Romero Murube.

Lea el artículo compleo en

http://www.abcdesevilla.es/informacion/sevilla/recursos/pdf/2010/poemas-oprobio.pdf

viernes, 16 de abril de 2010

Recuerdan el apoyo de Romero Murube a Miguel Hernández


ABC, Viernes , 16-04-10
Las asociaciones culturales Ademán y Fernando III pudieron ayer celebrar, sin problemas, el acto «Miguel Hernández y los poetas sevillanos», después del desagradable recuerdo del pasado mes de octubre, cuando el Ayuntamiento vetó a estas mismas instituciones la organización de un homenaje a Agustín de Foxá por cuestiones ideológicas.
Bajo la vigilancia de algunas patrullas de la Policía Nacional, que en la parte exterior del edificio, la Fundación Valentín de Madariaga albergó este homenaje a Miguel Hernández en el que participaron el escritor Aquilino Duque y el jefe de la sección de Edición de ABC de Sevilla, Romualdo Maestre.
Tras una intervención inicial de Javier Compás, de la Asociación Cultural Ademán, tomó la palabra Maestre, quien hizo un certero retrato sobre la amistad que mantuvo el creador de «Nanas de la cebolla» con algunos poetas sevillanos que estaban en las antípodas de su pensamiento político -pertenecían a la Falange-, pero que, sin embargo, intentaron ayudarlo cuando el bando republicano perdió la Guerra Civil. En ese sentido, el periodista resaltó el papel desempeñado por Joaquín Romero Murube o Eduardo Llosent: «Miguel Hernández tuvo un enfrentamiento con Alberti porque no estaba de acuerdo en cómo se gastaba el dinero en la retaguardia, además Alberti quería ser el único poeta de la revolución. Ni éste ni Neruda lo incluyeron en la lista de la embajada de Chile, algo que le hubiera salvado». Por eso, Maestre quiso recordar el esfuerzo de intelectuales falangistas como Sánchez Mazas, Laín Entralgo, Romero Murube, Llosent o José María Cossío, entre otros, para salvar la vida del poeta.
Por su parte, el escritor Aquilino Duque, glosó la figura del autor de «El rayo que no cesa» a través de la lectura de varios de sus poemas, como la «Égloga a Garcilaso de la Vega». Durante su intervención, recordó el relato que le contó Romero Murube sobre cómo Miguel Hernández llegó a un Alcázar de Sevilla en donde Franco celebraba el triunfo al final de la guerra. También narró la forma en que diferentes intelectuales falangistas trataron de ayudarlo para que saliera de España, aunque el poeta fue hecho prisionero cuando quiso volver a Orihuela para ver a su esposa y conocer a su hijo.

La casa encendida A finales de la década de los 40 Luis Rosales publicó un libro que ejerció y ejerce una honda influencia en la poesía española.

José Manuel Caballero Bonald
Escritor (Diario de Sevilla, anuario 2010)
Esta próxima primavera se celebrará el primer centenario del nacimiento de Luis Rosales. Los poetas que, como él, rondaban los 25 años al comenzar la guerra civil, vivieron una inolvidable y traumática experiencia. Herederos en buena medida de las dos generaciones anteriores –la del 98 y la del 27-, no será difícil advertir cómo esa ascendencia se filtra con una manifiesta perseverancia dentro de la evolución cíclica de nuestra poesía, alternando las secuelas simbolistas con las pautas más reconocibles del realismo. Pero la guerra truncó bruscamente ese programa. A unos los sustrajo violentamente de la realidad; a otros los sumergió en una especie de mutismo acomodaticio, y a otros en fin los instaló en una voluble evasión “a lo divino”. Lo que Dámaso Alonso calificó de poesía “arraigada” supuso sin duda la angustiosa necesidad de buscar una apoyatura entre los escombros de la desolación.

Poco antes de la guerra civil, la mayoría de estos poetas había publicado su primer libro: Rosales, Abril; Miguel Hernández, El rayo que no cesa; Vivanco, Cantos de primavera; Ridruejo, Plural; Carmen Conde, Júbilos; Muñoz Rojas, Versos del retorno; Bleiberg, Sonetos amorosos... Referidos a ciertas zonas clasicistas de la generación anterior, estos libros muestran en parte una significativa sustitución del modelo: el barroco Góngora ha sido desplazado por el renacentista Garcilaso. Todo lo que sonara a aventura estética se neutraliza ante las ordenanzas de la tradición. La pericia ornamental reemplaza a la misma indagación expresiva. Como por decreto, esta postura tiende a fomentarse a escala nacionalista, y no sólo desde un punto de vista estético, sino desde un severo ángulo doctrinal.

En la posguerra inmediata, los poetas más juvenilmente envueltos en su trágico balance, afrontan obviamente un confuso aluvión de revisiones. Entre La poesía en guerra, de Hernández, y la Poesía en armas, de Ridruejo, cabe un río de sangre. El enfrentamiento con la propia experiencia personal era ineludible. Algunos poetas adoptan entonces lo que vino a llamarse “realismo intimista trascendente”, basado en una tramitación de la experiencia que toma de Rilke su valor existencial y de Machado su bergsoniana filosofía del tiempo. El registro en la materia de la propia vida se acerca ya mucho a la necesidad de encontrar asideros morales, fijados en la recuperación de la infancia, el enraizamiento en la tierra materna, los recursos religiosos.

Pero algo va a experimentar un brusco viraje poético justo a los diez años de finalizada la guerra civil. Me refiero a La casa encendida, de Rosales, sin duda el mejor poema en su género, junto con Espacio de Juan Ramón Jiménez, publicado en nuestro medio en cualquier época. Siempre he confesado mi predilección por este texto excepcional. Su innovación expresiva, su capacidad indagatoria marcan efectivamente un cambio sustancial en el desarrollo de toda nuestra poesía del siglo XX. La sugestión textual del poema, su intenso poder de fascinación, han perseverado hasta hoy mismo de modo impecable, sin acusar apenas el desgaste azaroso de la moda.

Rosales inaugura efectivamente con La casa encendida una poética de la introspección. Sus precedentes calas neoclásicas apenas afloran entre el despliegue narrativo y la pericia estructural de este libro singular. “La carne y el alma [...] están viviendo la identidad de lo que ven”, dice el autor en la nota previa del poema. Y eso ya es mucho decir. Sugiere por lo pronto una nueva actitud, una nueva expansión moral del pensamiento, lo que podría llamarse la ética del infortunio. Su notorio realismo, evidente en muchos casos, queda trascendido por los propios aparejos ilógicos del lenguaje. Aunque no lo manifieste, parece claro que el poeta también ha atravesado por una crisis o, al menos, por una serie de contradicciones entre la razón y la credulidad. La experiencia se convierte así en el hilo conductor de la poesía. Una introversión acumulativa, obstinada, agobiante por momentos, va sacando a flote escenas del pasado, hechos aparentemente triviales de la cotidianeidad: la familia, los amigos, los paisajes interiores, la inmovilidad de los objetos, “porque todo es igual y tú lo sabes”. Recordar también es un aprendizaje de la vida.
El ingenio descriptivo, la adjetivación insólita, la inventiva semántica, los adverbios desusados, van creando en La casa encendida una atmósfera entre testimonial y quimérica, cuyo itinerario ronda siempre algún secreto emocionante. Así como puede pasarse del coloquialismo a un cierto acorde irracionalista, también el registro meditabundo alterna con el ingenio y el retrato psicológico con la ironía. Dentro de ese monólogo dramático que unifica La casa encendida, es la enseñanza de la vida, en tanto que flujo entrecortado de la memoria, la que estabiliza el despliegue global del poema, le da sentido y lo hace autosuficiente. Recordar su vigencia a los sesenta años de haber sido publicado, siempre es un acto justiciero.

miércoles, 14 de abril de 2010

Miguel Hernández como la cebolla


POR FERNANDO IWASAKI
ABC Miércoles , 14-04-10

Tras dedicar sendos homenajes a las figuras de Agustín de Foxá y Leopoldo Panero, las Asociaciones Culturales «Ademán» y «Fernando III» han decidido dedicarle a Miguel Hernández la nueva edición de sus actos, corroborando así su vocación plural y libre de sectarismos. Y como me va a ser imposible asistir, me haría ilusión hacer algunos apuntes sobre Miguel Hernández, con la finalidad de animar a los lectores a acudir a la conferencia que tendrá lugar en la Fundación Valentín de Madariaga, mañana jueves 15 a las 20.00 horas.
A diferencia de Lorca o Alberti, Miguel Hernández ha sido un poeta más bien discreto, hasta el punto que su figura apenas ha convocado hagiógrafos, discípulos o estudiosos. Al socaire de su centenario, Eutimio Martín acaba de publicar un polémico libro —«El oficio de poeta» (Aguilar, 2010)— y por eso mismo me gustaría decir que la biografía de José Luis Ferris —«Miguel Hernández: pasiones, cárcel y muerte de un poeta» (Temas de Hoy, 2002)— me sigue pareciendo el estudio más neutral y riguroso acerca del poeta de Orihuela.
Por otro lado, sus compañeros de generación —con excepción de Aleixandre— mantuvieron cierta distancia hacia Hernández y su obra, aunque por razones más bien diversas. Cernuda, por ejemplo, escribió: «De todos modos había en Hernández, y hasta en exceso, todos los dones primarios que indican al poeta; le faltaban los que constituyen el artista, y no creemos que, de haber vivido, los hubiese adquirido. Porque era un tipo de poeta que suele darse en España: fogoso y de retórica pronta, en el cual, en el entusiasmo inspirado que lo posee, concierta de instinto ambas cualidades, fogosidad y retórica, hallando así el camino franco hacia su auditorio, tan entusiasta como él» («Estudios sobre poesía española contemporánea», 1957, p. 228). Sin embargo, las razones de Alberti y María Teresa León fueron —más bien— personales e ideológicas.
En efecto, a Miguel Hernández le indignaban el lujo y la frivolidad que Alberti y su mujer derrochaban en el Madrid republicano, celebrando fiestas de disfraces y zampándose los alimentos que escaseaban. Una de esas lujosas noches Miguel Hernández soltó la frase explosiva que le mereció la enemistad de Alberti y la bofetada de María Teresa León —«Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta»—, admitida por ella misma en su «Memoria de la melancolía» (1979, p. 335). Aquel episodio fue la verdadera razón del desamparo de Miguel Hernández en Madrid, abandonado por sus «amigos» Neruda y Alberti.
Así, la reciente edición de las memorias inéditas del diplomático chileno Carlos Morla Lynch —«España sufre. Diarios de guerra en el Madrid republicano»— demuestra que Morla sí le ofreció asilo al poeta y que ni Alberti ni Neruda lo incluyeron en la lista de los compañeros que merecían protección diplomática. Y si la conducta de Alberti —que ya se había negado a llevarlo hasta Alicante cuando huyó con María Teresa León— ya fue deplorable, la de Neruda fue simplemente abyecta, pues en sus memorias «Confieso que he vivido» se despachó así: «Miguel Hernández buscó refugio en la embajada de Chile... El embajador en ese entonces, Carlos Morla Lynch, le negó el asilo al gran poeta, aun cuando se decía su amigo» (p. 175).
El poeta Miguel Hernández, recibió más ayuda de poetas falangistas como Eduardo Llosent y José María de Cossío, que de los exquisitos poetas republicanos, quienes siempre lo menospreciaron por ser como la cebolla: cerrado y pobre.

lunes, 22 de febrero de 2010

'L´ángel del no-res'. La interesante novela de Carles Marín


[Diario de Mallorca] Pese a codearse con gente tan conocida como Concha García Campoy o Manuel Campo Vidal, Carles Marín, oriundo de Felanitx, es un periodista sin ínfulas. Que haberlos, haylos. No va de literato y dice que es "un periodista que escribe". Tras seis años de trabajo, el editor Lleonard Muntaner le acaba de publicar L´àngel del no-res, una historia en cartas que arranca en Mallorca el 28 de julio de 1936, en los primeros días de la Guerra Civil. La novela se centra en las vivencia de Salvador, el protagonista de la novela epistolar, un simpatizante de la Falange que es llamado a filas y debe decidir si se enrola o no en el ejército para luchar en la contienda. El otro protagonista de la obra es su mujer, que es republicana y roja. La tensión está servida, entonces. (...) (Fotografía: Diario de Mallorca)


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