

Carlos Muñoz (El Correo de Andalucía).
(Extracto del artículo publicado por José Mª García de Tuñón Aza en la revista Altar Mayor nº 141 / Junio 2011)
—Picasso decía que había conocido mujer con catorce años, ¿no es un poco pronto?
—Nunca es pronto si la dicha es buena… El sexo es como la canción italiana: «No tengo edad para amarte…».
—¿Han contado con usted para la exposición sobre «Picasso y las mujeres»?
—No, no, no. No cuentan conmigo para nada. Para determinadas gentes que se hicieron dueñas de Picasso, Olano es muy molesto. A los únicos que no resulto molesto es a los dos hijos de Françoise Gilot, la única mujer que dejó a Picasso, una gran pintora y una gran mujer a la que Picasso no se mereció.
—¿Le han invitado alguna vez al Museo Picasso de Málaga?
—No, no, no. Fui yo, pero no me invitaron para nada. Málaga se portó mal con Picasso y yo lo he dicho. Él, sin embargo, siempre me preguntaba por Los Percheles y por la Costa del Sol.
—¿Tiene algún picasso?
—Sí, claro que tengo picassos, y no hay picasso menor. Son dibujos y alguna cerámica. Los voy a donar, y no al museo de Málaga ni al de París, sino al Museo Dalí, en Figueras. Dalí es el personaje más completo de la historia universal.
—¿Y algún dalí?
—Claro, tengo el único que hizo abstracto.
—¿Quién era más generoso, Picasso o Dalí?
—Los dos eran el colmo de la generosidad, aunque a Picasso se le atribuía una tacañería que no tenía. Picasso compraba pinceles todos los días y los guardaba bajo llave, cosa que también hacía con las coca-colas, pero eso era reflejo de cuando lo pasó tan mal y de cuando pasó hambre; de la época en que, en París, llegó a quemar dibujos suyos para prender una estufa con que calentarse. A los dos les gustaba que se hablara mal de ellos, y Dalí disfrutaba con lo de «Avida dollars».
—¿Y más celoso?
—Ninguno. Dalí era teatral y Picasso puro teatro. Picasso era como un niño y se inventaba los celos.
—¿Y quién era menos insoportable, Fidel o el Ché?
—Eran insoportables los dos y lo sé porque los conocí en buen momento. El Che era más amable, y fue amigo mío. A Fidel lo hicieron comunista los americanos, que le ayudaron a hacer la revolución y luego le pusieron pegas.
—¿Y quién más llevadero, Sartre o Camus?
—Indudablemente Camus. Jean Cau, que fue secretario de Sartre, fue el mejor de los tres. En Sevilla debían hacerle un monumento, y ponerle una placa en todas las plazas de toros. A Sevilla iba siempre que podía, y es el que más hizo por los toros en España y en Francia.
—¿Los Alberti eran tan pesados como decía Picasso?
—Eran pesadísimos, entre otras cosas. Picasso los quería mucho pero, cuando salían de su casa, respiraba.
—¿A Picasso sólo le fatigaba el descanso?
—Es que no descansaba nunca y podía pasarse la noche entera pintando. Con vocación, uno no se cansa.
—¿Es cierto que Franco estaba dispuesto a recibir y exhibir el Guernica?
—Naturalmente. Franco se adelantó en todo. Dominguín le advirtió que no se trataba de un exiliado y Franco dispuso que adonde llegara se le recibiera con honores y no se le pidiera la documentación. Los desencuentros los provocan los tontos y los mediocres. Picasso fue amigo de José Antonio.
—¿El Guernica, como decía el pintor comunista Pepe Díaz, es en realidad una corrida de toros?
—Es que sólo es una corrida de toros inspirada en la muerte de Sánchez Mejías, y como le pidieron algo para la Exposición Universal, adaptó ese cuadro, y al Gobierno de la República no le gustó, se avergonzó y lo arrinconó. Picasso no salió de París en la ocupación porque los alemanes lo respetaron y protegieron.
—Si las mujeres son, al decir de Picasso, «máquinas de sufrir», ¿los hombres son máquinas de...?
—Máquinas de sufrir por las mujeres. Conocí personalmente a todas las mujeres de Picasso. Picasso me dijo un día que por qué le haría tantas cabronadas a las mujeres y yo le contesté que porque sería un cabrón.
—Picasso prohibió su libro «Picasso íntimo», pero usted lo publicó ¿siguieron siendo amigos?
—Fue porque incluí una foto en la que cogía del talle a Lucía Bosé, y Jacqueline se puso celosa. Le dije a Picasso que si tenía que elegir entre Lucía Bosé y él, prefería a Lucía. Pero seguimos siendo amigos, y él adoraba ese libro.
—¿Qué es lo más secreto que incluyó en la «Guía secreta de la Costa del Sol»?
—Fui pionero de la Costa del Sol porque íbamos Edgar Neville, Hohenlohe y el Marqués de Soriano y se nos estropeó el coche en la Costa del Sol, y nos quedamos y la descubrimos.
—¿Sigue frecuentándola?
—Ya no porque no hay ocasión, pero antes iba todos los veranos y estaba en el perejil de todas las salsas.



Renacimiento publica un ensayo de Manuel Aznar Soler en torno a la literatura comprometida con los ideales revolucionarios de los años 20 y 30 en Espa
Hace ya tiempo que los escritores falangistas, aunque algunos no se hayan enterado, fueron rehabilitados en tanto que escritores, al margen de la militancia política que durante un tiempo les aseguró la nombradía y después, cuando cambiaron las tornas, los condenó al ostracismo. También los comunistas, largamente silenciados, vivieron su momento de gloria tras la restauración de la democracia, pero no puede decirse que en la actualidad disfruten, salvo casos contados, de gran predicamento. El problema, en definitiva, es que damos demasiadas cosas por sabidas. Que nadie o casi nadie lee ya a la mayoría de los escritores de anteguerra. Que mientras discutimos acaloradamente a propósito de la memoria histórica, no tenemos una idea demasiado precisa de lo que ocurrió en aquellos años. Por fortuna, hay todavía estudiosos que se acercan a ellos y reúnen el conocimiento suficiente para trazar, de primera mano, el fresco de un tiempo trágico que tuvo su fiel reflejo en la literatura.
Este libro rescata una parte de esa historia, la referida al nacimiento y evolución de una forma de literatura radicalmente comprometida, cultivada por una o varias generaciones de escritores que apelaban al pueblo y defendieron en libros, editoriales, periódicos y revistas los principios revolucionarios en cualquiera de los diferentes credos disponibles, sobre todo el de los comunistas -el espejismo soviético aún mantenía un enorme ascendiente sobre la izquierda internacional- que desempeñaron un papel de avanzadilla. Fundador y director del Grupo de Estudios sobre el Exilio Literario de 1939 e impulsor, junto con Isaac Díaz Pardo, José Esteban y Abelardo Linares, de la benemérita Biblioteca del Exilio, Manuel Aznar Soler (Valencia, 1951) lleva décadas investigando los trabajos y los días -las obras y las vidas- de la España transterrada, pero también ha estudiado la época de las vanguardias, la literatura combativa de los años de la República y la política cultural durante la Guerra Civil. Todo ese caudal de conocimientos ha revertido en este vasto panorama, que recorre el "hilo rojo" de las letras españolas desde el Ultraísmo -no del todo inmune al resplandor de Octubre- hasta la victoria definitiva de los nacionales y el comienzo de la diáspora.
República literaria y revolución se abre con un retrato de Max Estrella, el inmortal personaje de Valle-Inclán, y acaba con una evocación de los últimos años de Antonio Machado. Ambos, Valle y Machado, eran escritores de la generación modernista, dos hombres, por lo tanto, del tiempo viejo, pero no por ello se vieron libres de las "utopías radicales" que anunciaban, conforme a un estado de opinión ampliamente compartido, el declive de la cultura burguesa. Aznar Soler divide su ensayo de interpretación en tres tramos históricos, correspondientes a la década de las vanguardias, el sexenio de la República y los años de la guerra. A lo largo de este tiempo, un grupo no desdeñable de escritores e intelectuales, en un contexto general de progresiva radicalización política, se desentendió del experimentalismo formal y optó por una literatura "rehumanizada" que en bastantes casos se adhirió abiertamente a las consignas del Partido Comunista. Como militantes activos o como compañeros de viaje, estos escritores lideraron el Frente Popular de la cultura española, republicano, revolucionario y antifascista.
Aznar Soler documenta exhaustivamente la ideología pugnaz y el ambiente exaltado de la izquierda revolucionaria, la retórica ardorosa, el fervor colectivista, la dimensión europea e hispanoamericana de un movimiento que alcanza su máxima resonancia en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en plena guerra. El discurso del autor no es indiferente ni lo pretende, pues desde el principio se propone combatir el "edificio de tópicos" cansinamente reiterado por muchos historiadores y críticos literarios, aunque tampoco elude la mención a los "errores y miserias de la política cultural comunista". Su posición es de clara simpatía por la causa, pero todo lo que nos cuenta está rigurosamente contrastado. Aznar Soler ejerce de historiador militante, pero ello no impide al lector apreciar los frutos admirables de su esfuerzo investigador. "Todo resistente es fundamentalmente un testigo, un hombre leal que se ha comprometido en la transmisión fidedigna de lo mejor de una idea", dice en su prólogo José-Carlos Mainer. Eso, lo mejor de una idea, es lo que podemos seguir en este libro, que permite comprender cómo aquellos años, pese a todo, siguen siendo un poderoso referente en el imaginario de las izquierdas.








Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963), escritor, traductor, ensayista y poeta español, es un reconocido celtista, autor de las antologías Antiguos poemas irlandeses y canciones gaélicas. En 2005 coordinó el volumen Cien años y un día: "Ulises" y el Bloomsday. Ha traducido a autores como Pound, Tennyson, Graves, Shakespeare, Marlowe, Keats, Donne, Melville y otros, así como la selección Poe y otros cuervos: primeros poetas norteamericanos. Es autor de varios libros de viaje, de dos poemarios (Farewell to Poesy, El árbol de la vida y Macedonia de rutas), de los ensayos Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda "inglés" y Los siglos de la luz: héroes, mitos y leyendas en la épica y la lírica medieval y de la excepcional biografía Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938). Ha sido galardonado en 2005 con el Premio Andaluz a la Traducción Literaria y con el Premio Archivo Hispalense. Su biografía sobre Luis Cernuda obtuvo el XX Premio Comillas, concedido por la editorial Tusquets.
El ESTUDIO DEL ACTOR 135, de Sevilla,
presenta a su Compañía
135 COMEDIANTES
con su producción
KARMEN
de Pedro Casablanc. Obra basada en la Carmen de Mérimée, tamizada, actualizada y vilipendiada por estos cómicos de la legua.
La pone en escena los próximos dias
19,20,21,22 y 26,27,28,29 de Mayo, a las 21 horas (sábados a 22h),
en el Teatro Clásico, en calle Juan de Vera, 14 (zona Amador de los Rios).
Reservas de localidades 699298847 / 954425739
Se trata de la más disparatada e intelegente versión de la famosísima Carmen.
¿Qué importa que Karmen trabaje en una fábrica de tabacos o en unos grandes almacenes ?
Es una mujer con ganas de todo. Ganas de hombre, ganas de placer, ganas de ser conocida, ganas de ser querida, y sobre todo, ganas de ser libre.
El Teatro Clásico es una nueva sala, con capacidad para 100 espectadores, íntima y muy acogedora, que se está abriendo camino en nuestra ciudad con programación variada y que aspira a convertirse en un referente cultural del barrio de
Puerta Osario/Santa Justa y de la ciudad en general.
