lunes, 13 de junio de 2011

JORNADAS HISTÓRICAS SOBRE LA BLAU


domingo, 12 de junio de 2011

NUEVO LIBRO DE JOSÉ ANTONIO MARTÍN "PETÓN"



"El fútbol tiene música" (Editorial Córner) es el nuevo libro del periodista y escritor José Antonio Martín Otín "Petón".


Es un libro de fútbol, si, y es un libro culto, ameno y bien escrito. Por sus cincuenta historias pululan, como no, futbolistas y gente del fútbol, y cantantes y escritores y lugares como el pub Falkrik, junto a Glasgow o una plaza de la Boca bonaerense. También una foto del torero Ignacio Sánchez Mejías con la camiseta del Betis, del que fue presidente.


Otra foto maravillosa, el portero Platko, al que Alberti hizo inmortal, con Samitier y Carlos Gardel.


A veces, las historias de Petón casi parecen realismo mágico, unas divierten y otras ponen un nudo en la garganta, siempre bien escritas, bien descritas.


Golazo Petón.

A. C. Ademán

ENTREVISTA A LA EDITORA ROSA GARCÍA PEREA

Carlos Muñoz (El Correo de Andalucía).


Tras la directora de la editorial 'Jirones de azul' hay una mujer impulsiva, ecléctica, divertida y “llorona, con el corazón en la mano todo el día”.
"Un amigo dice que soy ecléctica, que es la manera fina de decirme canalla. Lo mismo escucho Soleá dame la mano que después a Dylan ". A Rosa García Perea (nacida en Coria del Río hace 46 años y directora de la editorial Jirones de azul ) se le pueden poner mil y un adjetivos que, tras una charla distendida en la que abundan las carcajadas, se resumen con los versos de Machado: "Yo soy en el buen sentido de la palabra, bueno".

-Jirones de azul celebra su quinto aniversario, ¿eso es un milagro con los tiempos que corren?
-Sin lugar a dudas, y no sólo por los tiempos que corren, sino también por el sector en el que estamos, que vive un momento de cambio. Hay dos factores para sobrevivir o ya morirte del todo. Por un lado está la crisis. Se han recortado las ayudas, ayudas que, por otra parte, nosotros pensamos que no deben de existir. Los sectores deben sobrevivir por sí mismos, no subvencionados. Y, además, estamos en plena transición al mundo digital, para lo que se necesitan inversiones. Para esto sí que debería haber financiación (créditos ICO, por ejemplo), no ayudas.

-Pero la editorial tiene casi tantos años como la crisis que padece el país, ¿cuál ha sido la clave para sobrevivir?
-[Los ojos claros le brillan, como cada vez que se dispone a contar una de las anécdotas que salpican la entrevista] Un día quedo con mis hermanas para preguntarles cómo se monta una empresa y, mientras las estoy esperando, veo las primeras noticias de la crisis y pienso: ‘qué tontería, esto es lo de siempre'. Y ¡pum, por todos lados! La crisis es buena porque nos ha enseñado a ser austeros, a optimizar cada euro que entra, a pensar mucho cada título que publicamos. Nos equivocamos, por supuesto. Ninguno de los que estamos aquí somos del sector editorial. Yo venía de ser directora de marketing de una empresa de electrodomésticos. La única forma de aprender ha sido equivocándonos. Ha sido un aprendizaje brutal.

-¿Por qué ese giro tan radical?
-Ya me habían publicado y, bueno, en un momento dado, cuando cumplo los 40 años, mi editora, Luz María Jiménez, me anima: ‘tienes que hacer algo en Sevilla, eso va contigo'. Y me dije, como en la Expo, ‘ahora o nunca'. Aparte, nunca pude publicar en Sevilla porque no encontraba hueco para lo que yo escribía y conocía a gente que tenía grandes cosas guardadas en los cajones. Pensé que había que crear un trampolín para esas propuestas.

-¿Por qué Jirones de azul?
-Ahora es cuando yo me apuro... Es el nombre de mi primer libro, pero no había ningún interés en que fuera así. Yo ya había hecho una revista digital ("nosotros no entramos en el mundo digital, volvemos", apostilla) y un amigo informático que me estaba haciendo la página web me llamó para pedirme un nombre para el dominio. ‘¡Que me pide un nombre!', le decía yo a mi hermana Esperanza, y ella me contestó: ‘ponle Jirones de azul mismo', y así es como llamamos a la editorial cuando la pusimos en marcha, para mantener a aquellos que ya conocían la revista digital.

-¿Cuál ha sido la mayor satisfacción en estos cinco años?
-Ha habido varias. Al libro El hombre que esculpió a Dios le tengo un especial cariño. Esta obra me la leí en una noche en la pantalla de la blackberry cuidando a un familiar enfermo. Tiene muchas implicaciones sentimentales y ha funcionado muy bien. Otro de los momentos es con Pesadillas de cofrade. Este libro lo colocamos en Navidad. Un día, mi hermana Esperanza y yo nos fuimos a visitar librerías y vimos en la Casa del Libro a un chico con estética cani mirándose en la mano si tenía bastante dinero para comprarse el libro. Yo hice verdaderos esfuerzos por no irme para él y decirle: ‘vente que te voy a dar una caja ahora mismo'. Fue un subidón tremendo. Tuvimos la satisfacción de ver que habíamos hecho leer a ese niño.

-Su catálogo lo conforman obras de temática sevillana pero alejada de esa Sevilla recalcitrante. ¿Eso es difícil en una ciudad como ésta? ¿Le dio vértigo?
-Tengo un amigo que me dice que le levanté la falda a Sevilla y enseñé sus bragas. Y me lo dijo en el Ateneo... Me encantó, me encantó. Vértigo me da cuando lo pienso ahora. Somos impulsivos, que no valientes. Yo estoy convencida de que hay otra Sevilla, de que se pueden presentar las mismas cosas de siempre de otra manera. Pero no estamos haciendo nada nuevo, lo que ocurre es que tenemos muy mala memoria. Esto ya lo empezó a hacer el grupo Mediodía en los años 30. Nos hemos vuelto muy cutres y somos todos como Carmen la de Mérimée. ¡En Sevilla cabe de todo!, lo que hay es que espabilarla.

-¿Hay mercado para las editoriales que hay en Sevilla?
-Somos la única ciudad donde hay editoriales que se dedican a la literatura de Sevilla para Sevilla. Y esto no se concibe en otro sitio. Hay público, lo que hay es que encauzarlo bien.

-¿Es tan apocalíptica como los que auguran el final del libro en papel por el electrónico?
-Lo mejor que nos podría pasar a los editores [bromea por enésima vez] es que desapareciera el libro en papel. ¡Es muy caro! No, en serio, no va a desaparecer. El libro de papel tiene un componente fetichista muy importante. Ambos formatos van a convivir. Hay libros que son de usar y tirar, que los lees una vez y ya no los vuelves a abrir más. Para ésos, el formato electrónico es muy bueno. Otros libros están destrozados de tanto como los has usado. Terminará ajustándose la producción.

-Serán más selectivos.
-No crea. El monedero es el mismo, tenemos lo mismo para gastar. En el papel vamos a hacer lo mismo, pero en digital se abrirán más posibilidades, podremos producir más.

-¿La política cultural va bien encauzada?
-Hay una descoordinación absoluta. No hay competencia, y esto es lo peor que le puede pasar a un sector. Cuando llegué a este gremio vi que todo el mundo comía del pan fácil. Ése es el cáncer. A mí no me tienen que dar dinero. Yo soy empresaria y, si me equivoco, me equivoco yo. Merezco irme al paro. Es la única forma de que crezcamos. Para nosotros, la crisis ha sido la clave para sobrevivir.

-Y para los próximos años, ¿diversificación, quizás el mercado infantil?
-Yo soy disléxica. Aprendí a leer con mi hermana mayor y recuerdo que me acostumbré a leer libros que no eran de niños: Lorca, Bretch, droga dura, vamos... Ahora veo que hay niños a los que se le está retrayendo. No hay que ponerles Bob esponja a todas horas. Pueden conocer cosas que van más allá. Hecho en falta una literatura cultural distinta para ellos.

jueves, 9 de junio de 2011

V Jornadas de Historia en el Instituto de Estudios Históricos-CEU


Las V Jornadas de Historia, que este año versarán sobre la División Azul a propósito de su 70 aniversario, y cuya organización corre a cargo de el Foro Historia en Libertad que dirige Ángel David Martín Rubio, ha reunido a los mejores expertos sobre la materia. Entre los conferenciantes se encuentran: Fernando Paz, Pío Moa, Luis E. Togores, José Luis Jerez Riesco, Carlos Caballero, Gustavo Morales, Rafael Ibañez, José Gabriel Storch de Gracia y Asensio, Pablo Sagarra Renedo, José María Blanco Corredoira y Juan Negreira Parets.

Las Jornadas tendrán lugar en el Instituto de Estudios Históricos-CEU (Palacio del Infantado. Carretera de San Francisco, 2), el viernes 24 y sabado 25 de junio.

miércoles, 8 de junio de 2011

LUYS DE SANTAMARINA Y JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

(Extracto del artículo publicado por José Mª García de Tuñón Aza en la revista Altar Mayor nº 141 / Junio 2011)

Luys Santa Marina declaraba un día que era montañés y de vieja familia montañesa. Nació en Colindres (Cantabria) el 4 de enero de 1898. Comenzó Derecho en la Universidad de Oviedo, pero lo dejó porque no le gustaba. Un buen día se instala en Barcelona donde encuentra trabajo en un negocio de publicaciones que era de unos parientes suyos: los Canosa Gutiérrez. En esta ciudad pasó la mayor parte de su vida y murió en ella el día 15 de septiembre del año 1980. En 1924 publica su primera obra que llevará por título Tras el águila del César. Elegía del Tercio (1921-1922), que «vino a ser prohibido tanto por la Dictadura como por la Dictablanda, igual por la República que por el Estado nacido un 18 de Julio». Así pues, esta prohibición parece, a primera vista, una «sentencia»difícil de entender, y que, sobre todo, haya podido salir de ese Estado, pero esta medida, fuera de toda lógica, tampoco debiera sorprender a nadie porque algunos textos del mismo José Antonio Primo de Rivera ya habían sido prohibidos en 1937, incluso antes de la Unificación. Después vendrían otros títulos como Tetramorfos, y Domus, que siguen la misma línea. Labras heráldicas montañesas, que demuestra su interés por la Heráldica, y Estampas de Zurbarán, etc.Era también un buen poeta cuyos poemas están recogidos, en su mayoría, en sus dos únicos libros: Primavera en Chinchilla (año 1939) y el que tituló Halladas (año 1940). En la ciudad condal funda y dirige en 1932 la revista literaria Azor (resucitada después de la Guerra Civil), en la que colaboraría el novelista, autor teatral, crítico y poeta Max Aub, gran amigo suyo a pesar de las diferencias que podía haber entre ambos desde el punto de vista político.

Algunos amigos lo recuerdan en las tertulias nocturnas del Lyon d’Or que el propio Luys presidía y que solían tener continuación en los Caracoles, donde asistían los que más tarde fueron académicos, el citado Martín de Riquer, Guillermo Díaz Plaja y José María de Cossío, cuando iba por Barcelona. También otros como Max Aub, Samuel Ros, José Jurado, Javier de Salas –que llegó a ser director del Museo del Prado–, etc. Por otra parte, Santa Marina cuando iba por Madrid, una vez finalizada la guerra, vuelve a «La Ballena Alegre, tan llena de recuerdos» de aquellos días, no tan lejanos, que había pasado en aquel lugar cuando aún vivía José Antonio; evoca las pinturas que allí vio siempre: el banquete jovial de arponeros y mozas rubicundas, la nave alterosa de castillos, el burlón cetáceo con sus dientes de sierra. Ve que las cosas siguen cada una en su sitio, el espejo mágico para ver fantasmas, la fragata colgada del techo marcando rumbos y rumbos, las mismas mesas, los mismos divanes y, «cerca de la esquina, su sitio preferido». Santa Marina tiene la sensación, cada vez que por allí va, de que ve a José Antonio «inclinado hacia delante en aquel nordismo que tanto le placía». Inmóvil quedaba mirando al vacío, y cuando más absorto se encontraba, se acerca el camarero y le dice: «Usted venía cuando don José Antonio», y sin alzar la mirada, ni darse cuenta tan siquiera de quien le hablaba, contesta de manera distraída: «Sí…».

El compromiso que Santa Marina tenía con Falange, a la que consideró como la gran generadora de España, le lleva a tener contactos con falangistas que se ocupaban de cuestiones políticas como era el caso de José María Fontana con quien realiza reuniones con miembros de la CNT por orden de José Antonio Primo de Rivera. Dato éste que pocas veces quiere ser reconocido por muchos historiadores a pesar de las evidencias que existen de la corriente de simpatía que hacia los anarco-sindicalistas moderados sentían los falangistas de aquella época.

Esa simpatía también era propia de Santa Marina y así lo demostró intentando salvar –consiguiéndolo en algún caso– la vida a muchos de ellos y a uno en especial –como veremos más adelante– que había sido ministro durante la República. «Defendió –nos dice Rafael García Serrano– a los viejos cenetistas, muchos de ellos amigos suyos, ante la justicia nacional». Pero también le valieron estos actos para que una vez terminada la guerra fuera combatido por la oligarquía. Sin embargo nada le importaba, él seguía impertérrito con sus hechos pensando en los falangistas de primera hora perdidos por todas las tierras de España y a los que dedicaba su lucha diaria. Estaba derrotado, pero no vencido, y seguía su caminar para que no le ahogara la suciedad y la cochambre.

(para leer artículo completo http://www.hermandaddelvalle.org/article.php?sid=6194 )

"La Codorniz" de aniversario.




ANTONIO ASTORGA
Día 07/06/2011



ANTONIO MINGOTE





En un Madrid gris marengo circa 1941, de hambre y olor a repollo en el tragaluz de la escalera, de estraperlo y libros prohibidos que se leían en la trastienda de los cafés; en una España de tedio plateresco y tópico mediopensionista, un puñado de seráficos estaban a punto de arrancarle a muñonazos la sonrisa a la ametralladora de la vida. Era domingo, y el calor derretía las meninges. El 8 de junio de 1941, con un simple ave gallinácea de papel, humor puntiagudo, ironía en espolón, pico de oro, dichosos serafines pusieron en jaque a la mesnada bienpensante. Mihura, Tono, Herreros, Neville, De Laiglesia, Jardiel, Fernández Flórez, Perdiguero, Halcón, Borrás, Aznar, Miquelarena, Marqueríe, Ros, Calvo Sotelo, López Rubio, Delgado, De Vega, Serny, Picó, Lázaro, primera alineación galáctica, y luego Mingote y muchísimos otros... (hasta su último vuelo, en 1978)... bienhechores y filántropos de nuestra salud mental lucharon contra la cursilería, se burlaron del encorsetamiento que se imponía a la infancia, enseñaron lo que de inútil y vulgar hay en los sentimentalismos al uso.
En la portada príncipe (se vendieron 35.000 ejemplares a 50 céntimos), Antonio de Lara Tonodibuja un pretendido ser humano encarnado en un trapecio isósceles con sombrero, una señora muy hinchada, unos círculos con ojos, que eran supuestos niños, y dos pequeñas codornices en el suelo. Al fondo, la foto real de un camión. Y un pie «intolerable» para el «respetable público», o sea, aquellos señores para quienes lo intolerable era lo que ellos no toleraban. La señora oronda le espeta al señor:


«—Caramba, don Jerónimo, está usted muy cambiado.
—Es que yo no soy don Jerónimo.
—Pues más a mi favor.»


Tópicos patrióticos, religiosos, literarios, históricos, lo que Wenceslao Fernández Flórez, desde su bosque animado, llamó las infinitas garambainas que se ponen en octavas reales, fueron picoteados a discreción. Como recuerda Don Mingote de la Mancha, si los censores hubieran sido tipos inteligentes y no fanáticos del dogmatismo y la decencia, le habrían puesto un férreo cepo a aquella inocente y bienquerida ave literaria, una Cordorniz, bendita sea, que caricaturizaba lo que el preboste de turno consideraba respetable e intangible. Los herrumbrosos censores se perdían en tapar escotes y alargar faldas sin pensar en la labor de prodigiosa derrumbe de esta genial generación de dinamiteros coñones.
Enrique Herreros, autor de 807 portadas y 45 contras de los 1898 números de La Codorniz, dibuja a un viajero asomado a la ventanilla del tren, que se dirige al jefe de estación parado en el andén:


«—Yo viajo para instruirme. ¿Me quiere usted decir cuántas son 21 por 13?»
Y suma y sigue el gran Herreros: un viajero jamelgo aparece sentado encima del cabezón de un señor mío con bigote, y se justifica:
«—Perdone que me haya sentado aquí; pero como no había ningún sombrero puesto...»
Un caballero pide en la ventanilla larriana del «Vuelva usted mañana»: «—Deme un billete para Vigo.
-¿Ida y vuelta?
-No. Vuelta nada más. No me voy».
Y un tipo valleinclanesco con sombrero le pregunta al jefe de estación:
«—¿Me deja ir a Burgos sin pagar? Le prometo que vuelvo en seguida».


Cuenta Antonio Mingote que los socios de muchos casinos padecieron serios trastornos oyendo a los jóvenes comentar La Codorniz. Así, un distinguido pedagogo de Tejeruela de la Empastación murió de congestión fulminante. Antes confesó en una carta: «No se culpe a nadie de mi muerte. Ha sido Herreros».
Aquellos humoristas, según López Rubio «la otra generación del 27», fueron los primeros hombres de la historia en contemplar en su totalidad las pantorrillas de las mujeres bailando el charlestón, evoca Mingote. Y se encontraron de repente el sombrío mundo de posguerra. La transición del viejo humor de chascarrillo al nuevo codornicesco no fue un salto circense de trapecio a trapecio. Fue un malabar de ingenio. La Codornizno glorificó a nadie, ni publicó consignas ni impartió doctrinas. Tuvo un éxito feraz entre una enorme minoría de jóvenes ansiosos por respirar un aire limpio de farfolla rimbombante.


El «no huevo de Colón»


Cierto comentarista, que pontificaba con el paño de la frivolidad en el púlpito, lanzó la especia picante de que la revista publicó el dibujo de un huevo a toda página con el título: «El huevo de Colón», y en el número siguiente otro huevo igual: «El otro huevo de Colón, lo que le valió a la revista el cierre de no recuerdo cuántos meses», añadió. No es raro que ese sesudo comentarista, que pontificaba desde la rutina, no lo recuerde, aclara Mingote, puesto que «eso del huevo de Colón, como tantas otras cosas soeces o vulgares de humorismo barato de hoja de calendario que se atribuyen a La Codorniz, no se publicó jamás».
El pájaro de papel cumplió, sin desfallecer y con éxito, con la misión de destruir el tópico y la rutina. Fue una revolución que, como decía su himno, tenía un pico en la nariz. La Codorniz, bendita sea. Palabra de Mingote.

lunes, 6 de junio de 2011

Interesante entrevista a Antonio D. Olano por Alfredo Valenzuela

DR. LIVINGSTONE,... SUPONGO Antonio D. Olano Escritor


«Los Alberti eran pesadísimos»


Amigo íntimo de Picasso y Dalí, autor de «Las mujeres de Picasso» y «Picasso íntimo», ha publicado más de cien libros. Fue compañero de Cocteau y de Jean Cau, trató a Sartre y a Camus, conoció a Fidel Castro y al Che y es autor de una «Guía secreta de la Costa del Sol». Ahora sigue escribiendo...



ALFREDO VALENZUELA





DR. LIVINGSTONE,... SUPONGO Antonio D. Olano Escritor






—Picasso decía que había conocido mujer con catorce años, ¿no es un poco pronto?


—Nunca es pronto si la dicha es buena… El sexo es como la canción italiana: «No tengo edad para amarte…».


—¿Han contado con usted para la exposición sobre «Picasso y las mujeres»?


—No, no, no. No cuentan conmigo para nada. Para determinadas gentes que se hicieron dueñas de Picasso, Olano es muy molesto. A los únicos que no resulto molesto es a los dos hijos de Françoise Gilot, la única mujer que dejó a Picasso, una gran pintora y una gran mujer a la que Picasso no se mereció.


—¿Le han invitado alguna vez al Museo Picasso de Málaga?


—No, no, no. Fui yo, pero no me invitaron para nada. Málaga se portó mal con Picasso y yo lo he dicho. Él, sin embargo, siempre me preguntaba por Los Percheles y por la Costa del Sol.


—¿Tiene algún picasso?


—Sí, claro que tengo picassos, y no hay picasso menor. Son dibujos y alguna cerámica. Los voy a donar, y no al museo de Málaga ni al de París, sino al Museo Dalí, en Figueras. Dalí es el personaje más completo de la historia universal.


—¿Y algún dalí?


—Claro, tengo el único que hizo abstracto.


—¿Quién era más generoso, Picasso o Dalí?


—Los dos eran el colmo de la generosidad, aunque a Picasso se le atribuía una tacañería que no tenía. Picasso compraba pinceles todos los días y los guardaba bajo llave, cosa que también hacía con las coca-colas, pero eso era reflejo de cuando lo pasó tan mal y de cuando pasó hambre; de la época en que, en París, llegó a quemar dibujos suyos para prender una estufa con que calentarse. A los dos les gustaba que se hablara mal de ellos, y Dalí disfrutaba con lo de «Avida dollars».


—¿Y más celoso?


—Ninguno. Dalí era teatral y Picasso puro teatro. Picasso era como un niño y se inventaba los celos.


—¿Y quién era menos insoportable, Fidel o el Ché?


—Eran insoportables los dos y lo sé porque los conocí en buen momento. El Che era más amable, y fue amigo mío. A Fidel lo hicieron comunista los americanos, que le ayudaron a hacer la revolución y luego le pusieron pegas.


—¿Y quién más llevadero, Sartre o Camus?


—Indudablemente Camus. Jean Cau, que fue secretario de Sartre, fue el mejor de los tres. En Sevilla debían hacerle un monumento, y ponerle una placa en todas las plazas de toros. A Sevilla iba siempre que podía, y es el que más hizo por los toros en España y en Francia.


—¿Los Alberti eran tan pesados como decía Picasso?


—Eran pesadísimos, entre otras cosas. Picasso los quería mucho pero, cuando salían de su casa, respiraba.


—¿A Picasso sólo le fatigaba el descanso?


—Es que no descansaba nunca y podía pasarse la noche entera pintando. Con vocación, uno no se cansa.


—¿Es cierto que Franco estaba dispuesto a recibir y exhibir el Guernica?


—Naturalmente. Franco se adelantó en todo. Dominguín le advirtió que no se trataba de un exiliado y Franco dispuso que adonde llegara se le recibiera con honores y no se le pidiera la documentación. Los desencuentros los provocan los tontos y los mediocres. Picasso fue amigo de José Antonio.


—¿El Guernica, como decía el pintor comunista Pepe Díaz, es en realidad una corrida de toros?


—Es que sólo es una corrida de toros inspirada en la muerte de Sánchez Mejías, y como le pidieron algo para la Exposición Universal, adaptó ese cuadro, y al Gobierno de la República no le gustó, se avergonzó y lo arrinconó. Picasso no salió de París en la ocupación porque los alemanes lo respetaron y protegieron.


—Si las mujeres son, al decir de Picasso, «máquinas de sufrir», ¿los hombres son máquinas de...?


—Máquinas de sufrir por las mujeres. Conocí personalmente a todas las mujeres de Picasso. Picasso me dijo un día que por qué le haría tantas cabronadas a las mujeres y yo le contesté que porque sería un cabrón.


—Picasso prohibió su libro «Picasso íntimo», pero usted lo publicó ¿siguieron siendo amigos?


—Fue porque incluí una foto en la que cogía del talle a Lucía Bosé, y Jacqueline se puso celosa. Le dije a Picasso que si tenía que elegir entre Lucía Bosé y él, prefería a Lucía. Pero seguimos siendo amigos, y él adoraba ese libro.


—¿Qué es lo más secreto que incluyó en la «Guía secreta de la Costa del Sol»?


—Fui pionero de la Costa del Sol porque íbamos Edgar Neville, Hohenlohe y el Marqués de Soriano y se nos estropeó el coche en la Costa del Sol, y nos quedamos y la descubrimos.


—¿Sigue frecuentándola?


—Ya no porque no hay ocasión, pero antes iba todos los veranos y estaba en el perejil de todas las salsas.

Tercera de ABC en recuerdo a Pedro Laín





Recordando a Pedro Laín Entralgo




«Recordar a Pedro Laín Entralgo significa evocar a uno de nuestros pensadores que más voluntad puso en emplear el conocimiento y la razón para comprender y reconciliar al ser humano y, más específicamente, a aquella porción de humanidad que llamamos España»





Día 06/06/2011




HOY se cumplen diez años del fallecimiento de Pedro Laín Entralgo. Posiblemente los esfuerzos que se inviertan en conmemorarle sean escasos o inexistentes. Sin embargo, Laín fue una de las primeras figuras intelectuales españolas del siglo pasado. En su novela Leyenda del cesar visionario, Francisco Umbral convirtió a Laín en uno de sus personajes, siempre reunido en torno a la tertulia de intelectuales falangistas que trabajaron en Burgos durante la guerra civil como propagandistas del bando franquista. Laín y los «laines», como Dionisio Ridruejo o Gonzalo Torrente Ballester, entre otros: jóvenes intelectuales llamados a ocupar un lugar de excepción en el panorama cultural de la posguerra. Pero al menos Laín, Ridruejo y Torrente Ballester recorrieron un camino que les condujo desde su inicial y plena adhesión al régimen, pasando por una etapa intermedia de distanciamiento hasta ofrecer su apoyo expreso a la transición democrática, no sin antes interponer un sincero y muy doloroso ejercicio previo de arrepentimiento público por su posicionamiento político de juventud. El mismo Laín escribió con ese propósito unas memorias de título esclarecedor: Descargo de conciencia(1976). Allí se revelará que la caricatura de los «laines» compuesta por Umbral en la novela antes citada resultó enormemente injusta.

Catedrático de Medicina, ensayista, crítico literario, autor de varios dramas, miembro de las Reales Academias de Medicina, Historia y de la Lengua Española (de la que fuera presidente), además de rector la Universidad Complutense, Laín fue tejiendo a lo largo de su vida una obra inmensa, más propia de un sabio que de un genio, cierto, aunque no por eso menos valiosa. Dada la diversidad de temas abordados en sus estudios no cabe sintetizarlos en una mera nota conmemorativa, ni tampoco es el lugar idóneo para hacerlo. En cambio, sí es posible y oportuno apuntar los principales atributos de la actitud ejemplarísima con la que Laín afrontó su vida. Dos condiciones indujeron esa actitud. La primera una curiosidad intelectual y una acumulación de conocimientos verdaderamente desbordantes. De un lado, Laín procuró mantenerse al día sobre los avances producidos en las ciencias naturales en una época en que éstas ya progresaban a ritmo de vértigo. Por otra parte, su sensibilidad humanista le orientó igualmente al estudio de la literatura, de la historia política y de la ciencia (sus aportaciones a la historia de la medicina serían mundialmente reconocidas) y más profundamente aún al cultivo de la filosofía, recibiendo una intensa influencia de los autores de la generación del 98 y de la fenomenología y el existencialismo, de Unamuno y Ortega, y sobre todo de su gran amigo Xavier Zubiri.

La segunda condición que determinó el pensamiento de Laín fue un patriotismo que podría llamarse trágico. Visto desde la distancia que da el tiempo es posible que se dejara cautivar por la idea de una España bronca destinada al enfrentamiento permanente de sus hijos: tierra de Caín y Abel, viejo mito de nuestro pasado que ha sido denunciado, entre otros, por el historiador Fernando García de Cortázar. No obstante, ¿qué otra idea podía encajar mejor con la personal vivencia de Laín de una guerra civil en la que tomó parte y de una dictadura a la que inicialmente respaldó como intelectual orgánico pero a la que no tardó en abandonar por oponerse a persistir en el clima de enfrentamiento entre las «dos Españas»? No es de extrañar entonces que quien oficiara simultáneamente de médico y patriota diagnosticara a su país una enfermedad fratricidaque habría venido impidiendo un estado de convivencia serena y satisfecha.

D A lo largo de su muy longeva trayectoria intelectual Laín daría sucesivas explicaciones a la citada enfermedad fratricida de los españoles, conectando cada una de ellas con una de las tres necesidades y potencias humanas a las que dedicó gran parte de sus reflexiones filosóficas: las necesidades de creer, esperar y amar. Así, Laín comenzó por interpretar que el problema de España era una cuestión de creencias, aquéllas que ponían en conflicto a los españoles, impidiéndoles reconocerse como herederos de una cultura común y como miembros de una sola nación. Esta posición se tradujo, por parte del Laín propagandista, escritor y académico en un intenso y sostenido esfuerzo por reivindicar la obra y las ideas de numerosos autores a los que el régimen franquista había condenado como enemigos de España. En segundo lugar, cuando más tarde abandonó sus disquisiciones en torno a las esencias de la patria, tan deudoras de su etapa falangista, Laín pasó a contemplar el problema español partiendo de un diagnóstico distinto. Si España es conflictiva —dirá entonces— debe serlo por una variedad de factores que inducen división de opiniones y proyectos políticos. Algunos de esos factores sería de tipo histórico e ideológico, otros serían de índole socioeconómicos y, por último, estarían también los relacionados con los tradicionales conflictos regionalistas y nacionalistas. Pretender disolver esas divisiones imponiendo una concepción única y esencialista de España comienza a parecerle a Laín un ejercicio tan absurdo como vano. La desunión sólo podría solventarse partiendo de una idea menos metafísica de nación, como la que había dado ya Ortega: nación como proyecto sugestivo de vida en común. Únicamente un proyecto colectivo que ilusionara a los españoles podría aunar sus voluntades y contribuir a su reconciliación, pensará Laín. Ahora bien, si el fracaso de convivencia que supuso la guerra civil había sido fuente de desilusión su superación demandaría una nueva actitud

hacia el futuro, una actitud esperanzada. La respuesta al problema de España, por tanto, había de conectarse con otro de los principales temas antropológicos abordados por Laín, especialmente en uno de sus ensayos más hermosos, La espera y la esperanza(1956). Y la esperanza para España la va a fundar Laín sobre las mismas bases en las que ya insistieran los regeneracionistas, Ramón y Cajal y, otra vez, Ortega: un proyecto de integración nacional y de integración en Europa, de asimilación de lo mejor de la cultura occidental como su tensión hacia la libertad y el cultivo del conocimiento científico (para el cual se pedirá un superior esfuerzo).

Finalmente, Laín comenzará a ocuparse en el estudio de las relaciones humanas, analizadas con profundidad en otros dos libros fundamentales: Teoría y realidad del otro (1961) y Sobre la amistad(1972). Según su punto de vista, en España se habría resuelto mal el problema del Otro, de ahí la frecuente caída en sectarismos de diversa índole y ese «macabro deporte», tan frecuente entre españoles, consistente en «lanzar los propios muertos contra el rostro del adversario». Pero Laín reflexionaría sobre la amistad para poner de manifiesto que aquélla (la forma más deseable y productiva de trato humano) resulta factible incluso entre individuos o grupos que discrepan entre sí por su condición social, su ideología o su origen. La falsa oposición entre amistad y discrepancia se corresponde con la conocida dialéctica «amigo-enemigo» a la que el jurista alemán Carl Schmitt quiso reducir toda relación política: en esencia el mismo tipo de dialéctica que había propiciado la conversión de la guerra civil en un «habito psicosocial», toda una mentalidad «guerracivilista» que debía ser arrumbada si de verdad se pretendía alcanzar la concordia sustraída. Aunque no por primera vez, Laín pronunciaría estos juicios en 1978, año de nacimiento de la actual Constitución.

En suma, recordar a Pedro Laín Entralgo significa evocar a uno de nuestros pensadores que más voluntad puso en emplear el conocimiento y la razón para comprender y reconciliar al ser humano y, más específicamente, a aquella porción de humanidad que llamamos España. O como ha señalado el profesor Diego Gracia: «Uno de los españoles del siglo XX que con más ahínco ha empeñado su vida en la tarea de unir e integrar ideas, personas, corazones». Quien pone estas líneas aún se acuerda cómo hasta sus últimos días, abrumado por los dolores de la vejez, Laín siguió ejercitando aquella tarea, tan ardua como necesaria.

LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ ES PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

sábado, 4 de junio de 2011

ONÉSIMO REDONDO. LOS ALBORES DE LA FALANGE


Onésimo Redondo
Los albores de la Falange
Luis Miguel Villegas
Prólogo de Alfonso López Gradolí
Ediciones Barbarroja, 2011
Madrid
Formato: 15 x 21 cm
328 págs.
P.V.P.: 18’00 €

De la época de la falsificación de la Falange (entiéndase el franquismo) nos viene la costumbre, triste costumbre, de que para exaltar la figura de José Antonio Primo de Rivera, se ningunea la de los otros iniciadores del movimiento nacionalsindicalista: Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma y Julio Ruiz de Alda. Al régimen del general Franco, y más concretamente a Ramón Serrano Suñer y a sus adláteres, les convino la exaltación, hasta el paroxismo de un José Antonio deformado y manipulado a conveniencia de sus bastardos intereses. Fabricaron a un José Antonio a su menguada estatura y ocultaron al verdadero revolucionario. Dieron culto al mitin del Teatro de la Comedia y olvidaron la evolución revolucionaria de Primo de Rivera, que se explicita en el mitin del Cine Madrid, por ejemplo. Y olvidaron interesadamente, también, la importancia que en esta evolución tuvieron sus compañeros

[Luis Miguel Villegas]


viernes, 3 de junio de 2011

Cuando los dioses nacían en Extremadura de Rafael García Serrano




(Tomado de Criteria Libros)







"Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español- hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo".(Del prólogo del autor)


El argumento se lo encontró Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de Méjico. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español- hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo.... Quien quiera, que pase a la historia de aquel tiempo virgen y fabuloso en que los hombres buscaban la fuente encantada de la eterna juventud, de aquel tiempo en que las cataratas del Niágara, pura belleza, no producían equis millones de kilovatios al día. El tiempo español: cuando los dioses nacían en Extremadura. (Del prólogo del autor).


Sobre el autor
Rafael García Serrano


Rafael García Serrano nace en Pamplona en 1917. En la capital de Navarra cursa sus estudios de Bachillerato. Durante sus primeros años universitarios en Madrid, donde estudia Filosofía y Letras , se afilia a la Falange Española. Como falangista y alférez provisional de Infantería combate en la Guerra Civil.
Su extensa obra literaria comienza con Eugenio o proclamación de la Pirimavera y culmina con Quinto Centenario, novela publicada poco antes de su muerte el 12 de octubre de 1988.
Rafael García Serrano simultaneó su pasión literaria con su profesión periodística, en la que también destacó como uno de los más grandes del siglo xx español llevando a la crónica periodística la calidad de su prosa, jamás cuestionada ni siquiera por sus más enconados enemigos políticos.
Dirigió el diario Arriba, del que antes fue corresponsal en Roma durante la Segunda Guerra Mundial, el semanario cinematográfico Primer Plano, la revista 7 Fechas y la agencia de noticias Pyresa.

jueves, 2 de junio de 2011

Nuevo libro de Manuel Aznar editado por Renacimiento

El hilo rojo


Renacimiento publica un ensayo de Manuel Aznar Soler en torno a la literatura comprometida con los ideales revolucionarios de los años 20 y 30 en Espa








Pintura alegórica de la Segunda República Española.


zoom

República literaria y revolución (1920-1939). Manuel Aznar Soler. Renacimiento. Sevilla, 2011. 414 + 998 páginas. 40 euros.



Hace ya tiempo que los escritores falangistas, aunque algunos no se hayan enterado, fueron rehabilitados en tanto que escritores, al margen de la militancia política que durante un tiempo les aseguró la nombradía y después, cuando cambiaron las tornas, los condenó al ostracismo. También los comunistas, largamente silenciados, vivieron su momento de gloria tras la restauración de la democracia, pero no puede decirse que en la actualidad disfruten, salvo casos contados, de gran predicamento. El problema, en definitiva, es que damos demasiadas cosas por sabidas. Que nadie o casi nadie lee ya a la mayoría de los escritores de anteguerra. Que mientras discutimos acaloradamente a propósito de la memoria histórica, no tenemos una idea demasiado precisa de lo que ocurrió en aquellos años. Por fortuna, hay todavía estudiosos que se acercan a ellos y reúnen el conocimiento suficiente para trazar, de primera mano, el fresco de un tiempo trágico que tuvo su fiel reflejo en la literatura.

Este libro rescata una parte de esa historia, la referida al nacimiento y evolución de una forma de literatura radicalmente comprometida, cultivada por una o varias generaciones de escritores que apelaban al pueblo y defendieron en libros, editoriales, periódicos y revistas los principios revolucionarios en cualquiera de los diferentes credos disponibles, sobre todo el de los comunistas -el espejismo soviético aún mantenía un enorme ascendiente sobre la izquierda internacional- que desempeñaron un papel de avanzadilla. Fundador y director del Grupo de Estudios sobre el Exilio Literario de 1939 e impulsor, junto con Isaac Díaz Pardo, José Esteban y Abelardo Linares, de la benemérita Biblioteca del Exilio, Manuel Aznar Soler (Valencia, 1951) lleva décadas investigando los trabajos y los días -las obras y las vidas- de la España transterrada, pero también ha estudiado la época de las vanguardias, la literatura combativa de los años de la República y la política cultural durante la Guerra Civil. Todo ese caudal de conocimientos ha revertido en este vasto panorama, que recorre el "hilo rojo" de las letras españolas desde el Ultraísmo -no del todo inmune al resplandor de Octubre- hasta la victoria definitiva de los nacionales y el comienzo de la diáspora.

República literaria y revolución se abre con un retrato de Max Estrella, el inmortal personaje de Valle-Inclán, y acaba con una evocación de los últimos años de Antonio Machado. Ambos, Valle y Machado, eran escritores de la generación modernista, dos hombres, por lo tanto, del tiempo viejo, pero no por ello se vieron libres de las "utopías radicales" que anunciaban, conforme a un estado de opinión ampliamente compartido, el declive de la cultura burguesa. Aznar Soler divide su ensayo de interpretación en tres tramos históricos, correspondientes a la década de las vanguardias, el sexenio de la República y los años de la guerra. A lo largo de este tiempo, un grupo no desdeñable de escritores e intelectuales, en un contexto general de progresiva radicalización política, se desentendió del experimentalismo formal y optó por una literatura "rehumanizada" que en bastantes casos se adhirió abiertamente a las consignas del Partido Comunista. Como militantes activos o como compañeros de viaje, estos escritores lideraron el Frente Popular de la cultura española, republicano, revolucionario y antifascista.

Aznar Soler documenta exhaustivamente la ideología pugnaz y el ambiente exaltado de la izquierda revolucionaria, la retórica ardorosa, el fervor colectivista, la dimensión europea e hispanoamericana de un movimiento que alcanza su máxima resonancia en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en plena guerra. El discurso del autor no es indiferente ni lo pretende, pues desde el principio se propone combatir el "edificio de tópicos" cansinamente reiterado por muchos historiadores y críticos literarios, aunque tampoco elude la mención a los "errores y miserias de la política cultural comunista". Su posición es de clara simpatía por la causa, pero todo lo que nos cuenta está rigurosamente contrastado. Aznar Soler ejerce de historiador militante, pero ello no impide al lector apreciar los frutos admirables de su esfuerzo investigador. "Todo resistente es fundamentalmente un testigo, un hombre leal que se ha comprometido en la transmisión fidedigna de lo mejor de una idea", dice en su prólogo José-Carlos Mainer. Eso, lo mejor de una idea, es lo que podemos seguir en este libro, que permite comprender cómo aquellos años, pese a todo, siguen siendo un poderoso referente en el imaginario de las izquierdas.

miércoles, 1 de junio de 2011

PRESENTACIÓN DE "LA SEGUNDA BANDERA" DE FERNANDO DE ARTACHO.




El jueves 9 de junio, (D.m.), en el Excmo. Ateneo de Sevilla, a las 8´30 de la tarde, tendrá lugar la presentación del nuevo libro de Fernando de Artacho, "LA SEGUNDA BANDERA".
Trata sobre la hazaña heroica que trescientos jóvenes falangistas sevillanos protagonizaron contra varias divisiones internacionales, nutridas con miles de hombres, que les atacaron por sorpresa. Es el comienzo de la famosa Batalla de Brunete. Batalla que, al decir de ambos bandos, sería definitiva, se afirmaba que quien venciera en Brunete ganaría la guerra.
Gracias a este reducido número de falangistas sevillanos, con un valor temerario que les condujo al mayor de los sacrificios heróicos, el sentido de la batalla cambió.
Ya en aquella época, oscuros intereses de unos y otros -en el libro denunciados-, silenciaron aquella hazaña que ahora se revela con todos sus detalles.

LOS DÍAS DE JARDIEL EN HOLLYWWOD



La editorial Rey Lear recupera en el volumen 'A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin' los escritos en los que Jardiel Poncela dio cuenta de su irrepetible periplo hollywoodiense.

Pablo Bujalance (Diario de Sevilla).

A 40 kms del Pacífico y a 30 de Charles Chaplin. Enrique Jardiel Poncela. Rey Lear. Prólogo de Evangelina Jardiel Poncela. 168 páginas. 16 euros.

Un simple vistazo a la hemeroteca basta para confirmar el abismal cambio en la atención prestada en los últimos años a Enrique Jardiel Poncela (Madrid, 1901-1952). Cuando Sergi Belbel estrenó en 2001 su aplaudido montaje de Madre, el drama padre, casi todas las referencias en prensa hablaban de Jardiel como de un escritor olvidado, maltratado por la crítica, denostado y apartado por prácticamente todos los movimientos literarios posteriores a la Guerra Civil. Pero incluso en 2009, cuando Juan Carlos Pérez de la Fuente puso en pie Angelina o el honor de un brigadier, las acepciones eran similares, por más que aquel espectáculo propició un verdadero punto de inflexión y abrió las puertas a un paisaje distinto confirmado después por una significativa actividad editorial. Ésta, claro, ha empleado sus esfuerzos en su narrativa: la editorial Blackie Books continúa el rescate de sus novelas, género al que Jardiel en realidad dedicó sólo cuatro años (desde 1928 a 1932, periodo en el que publicó cuatro títulos: Amor se escribe sin hache, ¡Espérame en Siberia, vida mía!, Pero... ¿hubo alguna vez once mil vírgenes? y La tournée de Dios), mientras que el sello Rey Lear ha lanzado hasta el momento otras dos obras, ambas conjuntos de relatos, en su colección Breviarios: las Novísimas aventuras de Sherlock Holmes en dos volúmenes (uno dedicado en exclusiva a la pieza más larga de la saga, Los 38 asesinatos y medio del Castillo de Hull) y Ventanilla de cuentos corrientes. Esta contribución aporta una connotación especial a la reivindicación de Jardiel Poncela: el autor es rescatado pero también, y especialmente, desde la narrativa, cuando la crítica y la historia lo han saludado casi unánimemente como autor teatral. Su éxito (relativo en el fondo), de hecho, se debió a la escena, a la que llegó a adaptar sus Once mil vírgenes en Usted tiene ojos de mujer fatal. Pero él mismo, aunque señaló Angelina como su trabajo predilecto poco antes de su muerte, ya se había encargado de advertir que su verdadero genio descansaba en sus novelas.

Así que, quién lo iba a decir, en esta segunda década del siglo XXI se puede hablar de Enrique Jardiel Poncela como un autor de plena actualidad, cuyas obras compiten entre las novedades de las librerías. Semejante motivo de alegría constituye además un síntoma decisivo de cierta tendencia de cambio en la literatura española: si nuestro hombre, cuyas novelas fueron prohibidas por la Guerra Civil en ambos bandos, apenas encajaba en la tradición de las letras castellanas de la segunda mitad del siglo XX, empeñada en un realismo rancio que condenó al humor al ostracismo hasta considerarlo un elemento antiliterario (¿Qué podía hacer un tipo que había proclamado su intención de reírse de absolutamente cualquier cosa ante los atormentados y muy serios escritores del tremendismo sino guardar silencio?), parece que este nuevo paradigma, que poco a poco va liberándose de tan aciago yugo, está encontrando en Jardiel un referente y un mentor. Así, al menos, se deduce de ciertos lectores, editores y también, lo que es aún más reconfortante, escritores. Pero prudencia: todo este pandemonium anda aún en pañales.

Ahora, es la editorial Rey Lear la que ofrece un nuevo episodio de este idilio con el volumen A 40 km del Pacíficoy 30 km de Charles Chaplin, que reúne los textos que Jardiel Poncela dedicó a sus dos estancias en Hollywood, de septiembre de 1932 a mayo de 1933 y de julio de 1934 a abril de 1935. Durante estos periodos, el escritor fue contratado como guionista por la Fox Corporation, a donde llegó animado por su amigo y también guionista José López Rubio. En Hollywood, Jardiel trabajó en los guiones de películas como Seis horas de vida, La melodía prohibida, El señor de los gitanos y Señora casada necesita marido, pero además llegó a dirigir su propia película, nada menos que la versión (en el estricto verso del texto original) de Angelina o el honor de un brigadier. El mismo autor anunció en 1935 su intención de contar toda su experiencia en la Meca del cine en un libro que finalmente no llegó a terminar. Sí escribió algunos artículos, publicados primero en periódicos y semanarios como Nuevo Mundo y reunidos como volumen por primera vez en 1943 bajo el título Exceso de equipaje, a cargo de la editorial Biblioteca Nueva. Este nuevo A 40 km del Pacífico y 30 km de Charles Chaplin (coordenadas exactas en las que Jardiel sitúa a Hollywood) incluye un prólogo de la hija del autor, Evangelina Jardiel Poncela (extraído de su libro Enrique Jardiel Poncela: mi padre, publicado también por Biblioteca Nueva en 1999), quien a su vez reproduce algunas de la cartas que recibió de su progenitor desde Estados Unidos siendo niña (conmovedoras y hondamente reveladoras del tránsito entre el escritor y el hombre); y el monólogo Intimidades de Hollywood, que Jardiel escribió para la actriz Catalina Bárcena en 1932, cuando ambos regresaron a Madrid de su primer viaje a los estudios de la Fox. Como ocurriera en las crónicas neoyorquinas de Julio Camba (publicadas también por Rey Lear con el título Un año en el otro mundo), el asombro se vuelve pintoresco, gentil, casi naïf: Jardiel Poncela escribe sobre los actores de Hollywood, los pormenores de la industria, los teatros y su segregación racial, los restaurantes, las fiestas, los larguísimos viajes en barco, los niños, las mujeres y los pieles rojas con una inocencia incisiva, una magistral economía de medios a la hora de describir mucho con muy poco y un humor entrañable por la que el madrileño demuestra que nada le es ajeno. Hay también una mirada sensible a la España que pudo ser y no fue, vista desde fuera, admirada en contrastes ajenos. Asistimos, por tanto, a una lectura más que recomendable, divertida siempre, que sirve en bandeja una de las facetas menos conocidas de uno de los mayores genios de las letras españolas del siglo pasado; al cabo, otra más. Quién sabe cuánto de Jardiel Poncela queda aún por rescatar, por redimir, por afirmar con una devoción aún mayor.

miércoles, 25 de mayo de 2011

La visión de la actualidad política española de Antonio Muñoz Molina


Por su interés y actualidad, reproducimos este artículo de Antonio Muñoz Molina publicado en su blog.



http://antoniomuñozmolina.es/2011/05/hora-de-despertar/

Hora de despertar

He pensado desde hace muchos años, y lo he escrito de vez en cuando, que España vivía en un estado de irrealidad parcial, incluso de delirio, sobre todo en la esfera pública, pero no solo en ella. Un delirio inducido por la clase política, alimentado por los medios, consentido por la ciudadanía, que aceptaba sin mucha dificultad la irrelevancia a cambio del halago, casi siempre de tipo identitario o festivo, o una mezcla de los dos. La broma empezó en los ochenta, cuando de la noche a la mañana nos hicimos modernos y amnésicos y el gobierno nos decía que España estaba de moda en el mundo, y Tierno Galván -¡Tierno Galván!- empezó la demagogia del político campechano y majete proclamando en las fiestas de San Isidro de Madrid aquello de “¡ El que no esté colocao que se coloque, y al loro!” Tierno Galván, que miró sonriente para otro lado, siendo alcalde, cuando un concejal le trajo pruebas de los primeros indicios de la infección que no ha dejado de agravarse con los años, la corrupción municipal que volvía cómplices a empresarios y a políticos.
Por un azar de la vida me encontré en la Expo de Sevilla en 1992 la noche de su clausura: en una terraza de no sé qué pabellón, entre una multitud de políticos y prebostes de diversa índole que comían gratis jamón de pata negra mientras estallaban en el horizonte los fuegos artificiales de la clausura. Era un símbolo tan demasiado evidente que ni siquiera servía para hacer literatura. Era la época de los grandes acontecimientos y no de los pequeños logros diarios, del despliegue obsceno de lujo y no de administración austera y rigurosa, de entusiasmo obligatorio. Llevar la contraria te convertía en algo peor que un reaccionario: en un malasombra. En esos años yo escribía una columna semanal en El País de Andalucía, cuando lo dirigía mi querida Soledad Gallego, a quien tuve la alegría grande de encontrar en Buenos Aires la semana pasada. Escribía denunciando el folklorismo obligatorio, el narcisismo de la identidad, el abandono de la enseñanza pública, el disparate de un televisión pagada con el dinero de todos en la que aparecían con frecuencia adivinos y brujas, la manía de los grandes gestos, las inauguraciones, las conmemoraciones, el despilfarro en lo superfluo y la mezquindad en lo necesario. Recuerdo un artículo en el que ironizaba sobre un curso de espíritu rociero para maestros que organizó ese año la Junta de Andalucía: hubo quien escribió al periódico llamándome traidor a mi tierra; hubo una carta colectiva de no sé cuantos ofendidos por mi artículo, entre ellos, por cierto, un obispo. Recuerdo un concejal que me acusaba de “criminalizar a los jóvenes” por sugerir que tal vez el fomento del alcoholismo colectivo no debiera estar entre las prioridades de una institución pública, después de una fiesta de la Cruz en Granada que duró más de una semana y que dejó media ciudad anegada en basuras.
El orgullo vacuo del ser ha dejado en segundo plano la dificultad y la satisfacción del hacer. Es algo que viene de antiguo, concretamente de la época de la Contrarreforma, cuando lo importante en la España inquisitorial consistía en mostrar que se era algo, a machamartillo, sin mezcla, sin sombra de duda; mostrar, sobre todo, que no se era: que no se era judío, o morisco, o hereje. Que esa obcecación en la pureza de sangre convertida en identidad colectiva haya sido la base de una gran parte de los discursos políticos ha sido para mí una de las grandes sorpresas de la democracia en España. Ser andaluz, ser vasco, ser canario, ser de donde sea, ser lo que sea, de nacimiento, para siempre, sin fisuras: ser de izquierdas, ser de derechas, ser católico, ser del Madrid, ser gay, ser de la cofradía de la Macarena, ser machote, ser joven. La omipresencia del ser cortocircuita de antemano cualquier debate: me critiacan no porque soy corrupto, sino porque soy valenciano; si dices algo en contra de mí no es porque tengas argumentos, sino porque eres de izquierdas, o porque eres de derechas, o porque eres de fuera; quien denuncia el maltrato de un animal en una fiesta bárbara está ofendiendo a los extremeños, o a los de Zamora,o de donde sea; si te parece mal que el gobierno de Galicia gaste no sé cuántos miles de millones de euros en un edificio faraónico es que eres un rojo; si te escandalizas de que España gaste más de 20 millones de euros en la célebre cúpula de Barceló en Ginebra es que eres de derechas, o que estás en contra del arte moderno; si te alarman los informes reiterados sobre el fracaso escolar en España es que tiene nostalgia de la educación franquista.
He visto a alcaldes y a autoridades autonómicas españolas de todos los colores tirar cantidades inmensas de dinero público viniendo a Nueva York en presuntos viajes promocionales que solo tienen eco en los informativos de sus comarcas, municipios o comunidades respectivas, ya que en el séquito suelen o solían venir periodistas, jefes de prensa, hasta sindicalistas. Los he visto alquilar uno de los salones más caros del Waldorf Astoria para “presentar” un premio de poesía. Presentar no se sabe a quién, porque entre el público solo estaban ellos, sus familiares más próximos y unos cuantos españoles de los que viven aquí. Cuando era director del Cervantes el jefe de protocolo de un jerarca autonómico me llamó para exigirme que saliera a recibir a su señoría a la puerta del edificio cuando él llegara en el coche oficial. Preferí esperarlo en el patio, que se estaba más fresco. Entró rodeado por un séquito que atascaba los pasillos del centro y cuando yo empezaba a explicarle algo tuvo a bien ponerse a hablar por el móvil y dejarnos a todos, al séquito y a mí, esperando durante varios minutos. “Era Plácido”, dijo, “que viene a sumarse a nuestro proyecto”. El proyecto en cuestión calculo que tardará un siglo en terminar de pagarse.
Lo que yo me preguntaba, y lo que preguntaba cada vez que veía a un economista, era cómo un país de mediana importancia podía permitirse tantos lujos. Y me preguntaba y me pregunto por qué la ciudadanía ha aceptado con tanta indiferencia tantos abusos, durante tanto tiempo. Por eso creo que el despertar forzoso al que parece que al fin estamos llegando ha de tener una parte de rebeldía práctica y otra de autocrítica. Rebeldía práctica para ponernos de acuerdo en hacer juntos un cierto número de cosas y no solo para enfatizar lo que ya somos, o lo que nos han dicho o imaginamos que somos: que haya listas abiertas y limitación de mandatos, que la administración sea austera, profesional y transparente, que se prescinda de lo superfluo para salvar lo imprescindible en los tiempos que vienen, que se debata con claridad el modelo educativo y el modelo productivo que nuestro país necesita para ser viable y para ser justo, que las mejoras graduales y en profundidad surgidas del consenso democrático estén siempre por encima de los gestos enfáticos, de los centenarios y los monumentos firmados por vedettes internacionales de la arquitectura.
Y autocrítica, insisto, para no ceder más al halago, para reflexionar sobre lo que cada uno puede hacer en su propio ámbito y quizás no hace con el empeño con que debiera: el profesor enseñar, el estudiante estudiar haciéndose responsable del privilegio que es la educación pública, el tan solo un poco enfermo no presentarse en urgencias, el periodista comprobando un dato o un nombre por segunda vez antes de escribirlos, el padre o la madre responsabilizándose de los buenos modales de su hijo, cada uno a lo suyo, en lo suyo, por fin ciudadanos y adultos, no adolescentes perpetuos, entre el letargo y la queja, miembros de una comunidad política sólida y abierta y no de una tribu ancestral: ciudadanos justos y benéficos, como decía tan cándidamente, tan conmovedoramente, la Constitución de 1812, trabajadores de todas clases, como decía la de 1931.
Lo más raro es que el espejismo haya durado tanto.


sábado, 21 de mayo de 2011

Javier Compás en la feria del Libro de Sevilla




La Feria del Libro de Sevilla 2011 ha servido para la presentación de la segunda edición de la novela de Javier Compás La Playa de los Alemanes, editada por Jirones de Azul, en cuya caseta de la Feria el autor ha estado firmando ejemplares de su libro al numeroso público que, aprovechando la magnífica y soleada mañana de sábado, ha llenado la Plaza Nueva de Sevilla.


En la foto podemos ver al autor junto con la editora de Jirones de Azul, Rosa García Perea.




A. C. Ademán




jueves, 19 de mayo de 2011

PRESENTACION DE LA NOVELA DE IGNACIO DEL VALLE AMBIENTADA EN LA DIVISION AZUL

Con un lleno absoluto, a pesar de las inclemencias del tiempo, transcurrió en el magnífico salón principal de la fundación Valentín de Madariaga el acto de presentación de la novela "El tiempo de los emperadores extraños" del escritor ovetense Ignacio del Valle a cargo del periodista Alfonso Arteseros.




















Abrió el acto el director Gerente de la Fundación, Luis García de Tejada que cedió la palabra al profesor Jose Manuel Cansino quién glosó la brillante trayectoria del joven novelista ovetense.







A continuación fue Alfonso Arteseros quién, con profusión de datos históricos, ilustró con amenidad pero exhaustivamente la historia de la gesta de la división azul.






Ignacio del Valle
relató la historia de la trilogía del teniente Arturo Andrade resaltando la heroicidad de aquella gesta. También contó numerosas anécdotas del rodaje de la película que será estrenada proximamente en el festival de cine de San Sebastián.












El acto concluyó con un interesante debate donde el público intervino con preguntas y experiencias personales.

miércoles, 18 de mayo de 2011

ENTREVISTA AL ESCRITOR IGNACIO DEL VALLE




Entrevista realizada por Euleón de laclavecultural, al autor de El tiempo de los emperadores extraños, Ignacio del Valle, que estará presente en Sevilla en el acto organizado en la Fundación Madariaga el jueves 19 a las 20:00 horas.




E. L.- Me parece admirable por arriesgado -y porqué no decirlo, valiente -el hecho de que decidieras enmarcar la trama de ETEE en la división falangista que luchó junto a la Wehrmatch en Rusia¿Porqué la división azul, Ignacio? ¿No te preocupó que el marco ocultara al cuadro?
I. V. - Muchas gracias, sí, había cierta aventura, pero qué es la literatura sin un poco de riesgo. Lo cierto era que hacía cuarenta años que no se escribía una novela sobre ese episodio de la historia, y que estaba un poco harto de los clichés de republicanos angelicales y falangistas de bigotito y malos malísimos. La realidad es mucho más compleja, y el oficio de escritor está para desentrañarla en la medida de lo posible.

Han pasado 4 años desde la publicación de la novela y ya se puede decir que no sólo ha envejecido bien sino que es un libro atemporal, traducido al francés, inglés, portugués y en breve al polaco, ¿en qué crees que reside la clave para una historia desarrollada en una guerra tan oculta por la historia moderna oficialista, como fue la que mantuvo España contra la URSS, se mantenga fresca con el paso del tiempo?
La prudente distancia de las ideologías. Cuando cuentas tienes que centrarte en la condición humana, en hablar de nuestros odios, ambiciones, deseos, frustraciones… y respecto a las formas políticas, limitarte a estudiar sus dinámicas y mecanismos. Es cuando yo creo que los textos quedan a salvo del moho del tiempo.

¿Nunca tuviste la tentación de buscar un escenario más "amable", más políticamente correcto para Arturo Andrade?
Jaja… me temo que Arturo Andrade morirá siendo un azote para lo políticamente correcto. La esencia de mi protagonista es la contracorriente, la contradicción.

Imagino que te has acercado en la medida de lo posible a los supervivientes de la división 250 para documentarte. Con la objetividad que te dan tu juventud y la distancia del tiempo, ¿qué opinión te merece aquel pasaje de nuestra historia? Me refiero no tanto al hecho político en sí, como al aspecto humano de sus componentes.
Una hazaña oculta, como tú bien has dicho, por la historia moderna oficialista, tanto por un bando como por el otro. Es un hecho que incomoda, que no produce réditos, pero al cabo una gesta, una proeza que aquellos hombres aguantasen carros y carretas en aquellas temperaturas salvajes y ante aquel enemigo prodigioso. Me sigo quitando al sombrero.

Ignacio, ¿has quedado satisfecho con la adaptación al cine del libro?
Sí, en un porcentaje muy alto. Es un proyecto muy potente, con todas las papeletas para ser algo importante. De todas formas, hay que tener en cuenta que la historia nos demuestra que las novelas no han de ser trasladadas literalmente a imágenes, sino interpretadas. Por eso siempre digo que mi novela es mía, pero la película es de Gerardo Herrero.

¿Cómo ha sido tu experiencia en Lituania?


Heladora, estuvimos a 24 grados bajo cero la mayor parte del tiempo, así que Juan Diego Botto y Carmelo Gómez no necesitaron demasiado método para meterse en la piel de los divisionarios. Pero a la vez muy gratificante, he sido testigo de mucho oficio, de mucha pasión durante los días que compartí con el equipo. Estoy muy ilusionado. Se puede seguir el periplo en unos cuadernos de rodaje que hice para periódicos, El espíritu de la nieve.

Recientemente hemos vivido el éxito editorial de La Playa de los Alemanes, de Javier Compás (Jirones de Azul 2010) Una historia negra ambientada también entre nazis huidos en España. ¿No crees que el público premia el acercamiento a la historia sin apriorismos ni clichés prestablecidos? ¿Puede ser éste un síntoma de madurez de la sociedad española harta de la corrección política al uso?


Probablemente. De todas maneras aún queda mucho para deshacerse de tópicos y arquetipos sedimentados por demasiados años de propaganda de uno y otro lado. No obstante, la literatura puede ayudar a acelerar el proceso.


¿Cuánto hay de Arturo Andrade en Ignacio del Valle?


Cierto concepto del honor y la lealtad, la misma pasión, las mismas ganas de vivir, similar forma de pactar con tus contradicciones.

Por último Ignacio, ¿Te gusta que tus lectores te sugieran nuevas aventuras para Arturo Andrade? y al hilo de esta última pregunta:¿cuales son tus proyectos literarios más inmediatos?
Por supuesto, es muy importante la interacción entre nosotros, y que la tecnología ha facilitado extraordinariamente. Espero ideas en mi Facebook, Twitter o página web. En referencia a mis proyectos, he terminado una novela contemporánea, coral, que intenta retratar la sociedad en la que vivimos, y en breve publicaré un libro de cuentos. No todo ha de ser Arturo Andrade.


Gracias y hasta pronto.

martes, 17 de mayo de 2011

El realismo mágico lo fundó Cunqueiro


Homenajes en dos lenguas al autor de «Merlín y familia» y reedición en dos felices tomos de su obra literaria.

ALFONSO ARMADA / MADRID
Día 14/05/2011

PPÁNFILA DE LOS DORIA, DOÑA: Viuda rica genovesa. Tenía su casa en Corfú y amarraba sus naves en el muelle de la Cigüeña. También tenía tienda de efectos navales. Los dos primeros maridos se le perdieron en naufragios en las Sirtes, y el tercero se le escapó con una contorsionista napolitana y una goleta cargada de cebada croata. Le gustaba encandilar a sus pilotos enseñándoles las piernas. Finalmente se apasionó de su enano negro un día que lo vio en el baño».

Dicen que Álvaro Cunqueiro, nacido en la levítica y medieval ciudad de Mondoñedo en 1911 (es decir, hace la humorada de un siglo), que murió en la industriosa y cainita ciudad de Vigo en 1981. Pero como prueba el breve apunte biográfico de la famosa Doña Pánfila de los Doria, extraído de su novela «Las mocedades de Ulises», está más vivo que nunca. Hagan si no la prueba. Los dos primorosos tomos de las «Obras literarias» que acaba de reeditar la Biblioteca Castro pueden servir para jugar a un Talmud cunqueiriano: ábranlo por cualquier página y se encontrarán con frases como cometas. Leer a Cunqueiro es como hacerse a la mar cualquier día al atardecer, con mar levemente rizada, bajo pabellón otomamo y cielo turquesa, los ojos de un niño deslumbrado por los aparejos y el bregar de marinos australes y de ébano soltando amarras y todas las expectativas de Simbad, Merlín, Ulises, Orestes, Fanto Fantini Della Gherardesca y demás familia. Basta con asomarse a los índices onomásticos de sus once novelas para encontrar compañía con la que platicar en las noches de luna llena en los bosques que sitian el cementerio de Mondoñedo (donde duerme, entre mirlos, el sueño de los justos). Pero tambien en el balcón de su casa de Vigo, en el que le gustaba calarse hasta los huesos, o en las madrugadas de cuarzo de Madrid, donde a las dos de la madrugada, en el ABC de la calle de Serrano, si la censura levantaba una página, allí estaba Cunqueiro. En una hora escasa, dejaba niquelada una nuevecita y a salvo de los custodios del orden, con los que el gallego no acabó de entenderse, a pesar de haber llegado a la capital disfrazado de falangista. Sería por eso.

La no poco propalada teoría de que los verdaderos inventores del realismo mágico no nacieron ni en Macondo ni en Comala, sino en Mondoñedo y en Ferrol (el Castroforte del Baralla que Gonzalo Torrente Ballester hacía levitar en «La saga/fuga de J. B.»), volvió a salir a colación el jueves en la sala Valle-Inclán del Círculo de Bellas Artes de Madrid, en el primero de los diez «faladoiros» (mesa redonda en «enxebre») organizados por la Xunta de Galicia para celebrar el «centenario cunqueirán». Los debates seguirán por tierras gallegas, junto a la exposición que recrea la vida y la obra de Cunqueiro y que hasta el 18 de este mes se puede ver y pasear en el auditorio Pascual Veiga.

El periodista Carlos Reigosa, que a pesar de hacer de maestro de ceremonias casi agota vidas y obras del homenajeado, empezó convocando al fantasma de Francisco Umbral, más partidario de Cunqueiro que de García Márquez. Recordó Reigosa que el propio Cunqueiro dijo que «el realismo fantástico» (así lo llamaba) lo había practicado Torrente en «El viaje del joven Tobías». Otro de los «falantes» del «faladoiro», el poeta Vicente Araguas, reconoció el semiolvido en que su generación tuvo a «Don Álvaro, en la universidad sesentayochista, tan prejuiciosa», para acabar evocando su época de Voces Ceibes cantando el arranque de un poema de Cunqueiro musicado (sin permiso del vate) por Luis Emilio Batallán, «Quen puidera namorala» (Quien pudiera enamorarla), y que habla de que en el nido nuevo del viento hay una paloma dorada.

Resalta Miguel González Somovilla en el prólogo a uno de los volúmenes con papel de sándalo, color marfil batido en confitería de Lugo y aroma de vainilla e imprenta anarquista, que «lejos de resentirse o devaluarse con el paso del tiempo» la obra de Cunqueiro —que ha sufrido «de olvido e incluso de menosprecio»— revive. Basta hacerse a la mar y leer para comprobarlo.

lunes, 16 de mayo de 2011

ACTO LITERARIO JUEVES 19 DE MAYO



El próximo jueves 19 de Mayo se presentará la novela de Ignacio del Valle "El tiempo de los emperadores extraños" que acaba de ser adaptada al cine, contando con la participación de los actores Juan Diego Botto y Carmelo Gómez.


El acto, que tendrá lugar en la sede de la Fundación Madariaga a las 20:00 horas, contará con la participación del autor y del presentador del programa España en la Memoria, Alfonso Arteseros, que conducirá el evento.


El acto es de libre entrada hasta completar aforo.


A. C. Ademán





Antonio Rivero Taravillo premiado por la Feria del Libro de Sevilla 2011


La Asociación Feria del Libro de Sevilla ha concedido un año más sus tradicionales premios como reconocimiento al trabajo y dedicación de personas y entidades por el libro, la lectura y la cultura, dentro y fuera de Sevilla. Así, los galardones, que se entregarán el próximo lunes 23 de mayo a las 19,00 horas en la Carpa instalada en la Plaza Nueva de la capital hispalense, recaen este año, entre otros, en Antonio Rivero Taravillo, por sus trabajos como traductor y por su reconocida labor biográfica sobre Luis Cernuda, en la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, por sus continuados e innovadores trabajos en el fomento de la lectura, y en el Proyecto El Vacie de TNT/Atalaya.

Antonio Rivero Taravillo (Melilla, 1963), escritor, traductor, ensayista y poeta español, es un reconocido celtista, autor de las antologías Antiguos poemas irlandeses y canciones gaélicas. En 2005 coordinó el volumen Cien años y un día: "Ulises" y el Bloomsday. Ha traducido a autores como Pound, Tennyson, Graves, Shakespeare, Marlowe, Keats, Donne, Melville y otros, así como la selección Poe y otros cuervos: primeros poetas norteamericanos. Es autor de varios libros de viaje, de dos poemarios (Farewell to Poesy, El árbol de la vida y Macedonia de rutas), de los ensayos Con otro acento. Divagaciones sobre el Cernuda "inglés" y Los siglos de la luz: héroes, mitos y leyendas en la épica y la lírica medieval y de la excepcional biografía Luis Cernuda. Años españoles (1902-1938). Ha sido galardonado en 2005 con el Premio Andaluz a la Traducción Literaria y con el Premio Archivo Hispalense. Su biografía sobre Luis Cernuda obtuvo el XX Premio Comillas, concedido por la editorial Tusquets.

jueves, 12 de mayo de 2011

KARMEN

El ESTUDIO DEL ACTOR 135, de Sevilla,

presenta a su Compañía

135 COMEDIANTES

con su producción

KARMEN

de Pedro Casablanc. Obra basada en la Carmen de Mérimée, tamizada, actualizada y vilipendiada por estos cómicos de la legua.

La pone en escena los próximos dias

19,20,21,22 y 26,27,28,29 de Mayo, a las 21 horas (sábados a 22h),

en el Teatro Clásico, en calle Juan de Vera, 14 (zona Amador de los Rios).

Reservas de localidades 699298847 / 954425739

Se trata de la más disparatada e intelegente versión de la famosísima Carmen.

¿Qué importa que Karmen trabaje en una fábrica de tabacos o en unos grandes almacenes ?

Es una mujer con ganas de todo. Ganas de hombre, ganas de placer, ganas de ser conocida, ganas de ser querida, y sobre todo, ganas de ser libre.

El Teatro Clásico es una nueva sala, con capacidad para 100 espectadores, íntima y muy acogedora, que se está abriendo camino en nuestra ciudad con programación variada y que aspira a convertirse en un referente cultural del barrio de

Puerta Osario/Santa Justa y de la ciudad en general.

  • ESTUDIO DEL Actor 135
  • C/ JUAN DE VERA, 14 (ZONA AMADOR DE LOS RÍOS)
  • SEVILLA
  • 699 298 847 / 954 425 739
info@estudiodelactor135.com

miércoles, 4 de mayo de 2011

NUEVO ACTO EN SEVILLA


El joven escritor Ignacio del Valle presenta la película "Sangre en la nieve" ambientada en la División Azul.

El próximo jueves 19 de Mayo el periodista Alfonso Arteseros y el escritor Ignacio del Valle (en la imagen) participarán en el acto de presentación de la película inspirada en la novela del segundo "El tiempo de los emperadores extraños".
La película cuenta con los actores Carmelo Gómez y Juan Diego Botto entre el reparto y está inspirada en la trilogía de novelas de Ignacio del Valle en las que el personaje principal es el teniente divisionario Arturo Andrade.
El acto está organizado por las asociaciones culturales ADEMÁN y Fernando III.

Hora: 19.30
Lugar: Fundación Valentín de Madariaga (Avda. María Luisa s/n, antiguo consulado de EE.UU.)