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sábado, 30 de agosto de 2014

Nueva York. Relato de Enrique Jardiel Poncela

Una buena narración de un magnífico relato. Su autor -Enrique Jardiel Poncela- es otro de los autores olvidados por la cultura "oficial".

http://youtu.be/OW5Pzh2jHRo

lunes, 18 de junio de 2012

Jardiel Poncela, aquel cachondo mental

Rey Lear recupera «Diez minutos antes de la medianoche», genial prólogo de «Los ladrones somos gente honrada»


Jardiel Poncela, aquel cachondo mental
ABC
Enrique Jardiel Poncela fue un cachondo mental. Dicen que un puntito misógino, pero de un humor tan fino y atemporal que incluso en estos tiempos de grosería y zafiedad generalizadas los diálogos de sus obras de teatro resultan chispeantes, chocantes, pura esgrima humorística.
Bajo la amable apariencia de comedia de todas sus obras, Jardiel servía siempre unas gotitas de arsénico, tanto por compasión como porque, hombre descreído, la sociedad no le gustaba generalmente ni un pelo.

Manostijeras de la República y de Franco

Jardiel creció en un ambiente culto (de visita semanal obligada al Prado), estudió en la Institución Libre de Enseñanza, triunfó pronto, conoció Hollywood, escribía como un pachá en los cafés madrileños (esos a los que ahora finiquitan), se anticipaba a Noel Coward, la Guerra Civil le gastó una broma pesadísima (preso en una checa por una acusación infundada), y tras la contienda vio cómo sus obras (en especial «La tournèe de Dios») le hacían tan poca gracia a la censura de Franco como años atrás le ocurriera con la tijera republicana.
Murió demasiado joven, a los 50 años, en 1951, a consecuencia de un cáncer de laringe que, junto a un rosario de fracasos artísticos y monetarios le amargaron los últimos días de su vida a este hombre que tanto hizo reír a los botarates de sus congéneres.
Jardiel Poncela, aquel cachondo mental
Jorge Arranz
Portada de «Diez minutos antes de la mediancoche»
En 1939 (vaya tiempos para andarse con bromas), Jardiel publicó una obrita de teatro en una colección llamada «Los novelistas, otro absurdo como los de sus piezas, titulada «Diez minutos antes de la medianoche», subtitulada, como era habitual en la época, «Novela para muchachas y para hombres tímidos», y que a la postre se convertiría en el prólogo de una de sus obras más geniales, «Los ladrones somos gente honrada». La obra la recupera ahora en bella edición Rey Lear.

Cacos de buen corazón

Un asunto recurrente, el del caco de buen corazón, que no mata ni una mosca, y que solo quiere apañarse un poco la vida con unos ingresillos extra y alguna aventurilla, figura a la que el cine pronto rendiría tributo en títulos como «Atraco a las tres» («un admirador, un amigo, un esclavo, un siervo», frase absolutamente jardilesca) de José María Forqué, o «Rufufú», de Mario Monicelli.
De hecho, Jardiel Poncela había escrito dos artículos sobre la figura del ladronzuelo como «Consejos para ser un buen ladrón» («El libro del convaleciente. Inyecciones de alegría para hospitales y sanatorios») y «El concepto sociológico del ladrón».
Innovadora y rompedora como casi siempre, y como bien recuerda en el epílogo Fernando Valls, «la obra tiene un arranque cinematográfico, pues el narrador actúa como si se tratara de una voz en off, pero también como una cámara que va barriendo el espacio por donde trnascurrirá la acción, partiendo de un plano general para llegar al lugar preciso de los hechos. Más curioso resulta observar de qué modo se transgrede el espacio realista animándolo, pues los cisnes comen ranas y las estatuas del jardín adquieren durante la vida noche propia, refugiádose en el invernadero o estufa como el algunas versiones de Don Juan».
Estimados lectores, si este mundo cutre y bilioso en que vivimos no les ha ensuciado el corazón, a buen seguro que se partirán los cromosomas con este Jardiel mínimo pero gigantesco. Esto es solo el principio: «La acción, en un país, en el que la gente es tan inteligente que nadie allí, a excepción de los gobernantes, se ocupa de la política». Más contemporáneo que la prima de riesgo.

Diez cachondadas de Jardiel

domingo, 10 de julio de 2011

Jardiel Poncela en América

'A 40 KMS DEL PACÍFICO Y 30 DE CHARLES CHAPLIN'

Jardiel Poncela en América
Por Alejandro García Ingrisano
 
Contratado por la Fox, Enrique Jardiel Poncela (o Ponsella, como se resignó a que le llamaran) acudió en los años treinta a Hollywood para trabajar de guionista. A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin –Los Ángeles, para que nos entendamos– es la crónica de la peripecia americana del genial escritor español.
Jardiel aprovecha el viaje a California para hablar de las estrellas –las cósmicas– con guapas señoritas, escribir poesía, maravillarse ante la profusión de automóviles en los Estados Unidos (uno por cada seis habitantes. A principios de los 60, cuando Foxá se pasea por la otra orilla, hace la misma observación: entonces los norteamericanos salen a coche por tres habitantes) y disfrutar de innumerables fiestas que acaban muy pronto por la mañana. De todo, menos aprender inglés. Y es que no hay frase en este idioma que esté correctamente escrita en el libro, tampoco en el prólogo de su hija, que consigue cometer faltas en la traducción de dos de tres novelas de su padre.

Perdonados estos detalles, que a alguno podrán descentrar, la edición es divertida, llena de fotografías, recortes y dibujos; y con esa escritura jardeliana que no comete ese contemporáneo error de confundir ingenio con falta de hondura.

Un tren atraviesa de pronto una calle. ¿No mata a nadie? Sí; todos los días mata a ocho o diez personas; pero, pasando ese tren por en medio de la ciudad, las verduras llegan cinco minutos antes.

Ecos de escritores que en España apenas existen y que desde luego no se leen. De Mihura, de Edgar Neville, de Wenceslao Fernández Flórez... Sólo Jardiel parece estar recibiendo la atención editorial que merece, y al menos por eso hay que congratularse.

En su viaje a California, Jardiel pasa por París, El Havre, el transatlántico, Nueva York y Chicago. En la travesía, Jardiel anota:

Miss Joërgen me dice que su marido no la comprende.

(Esto significa que le va a engañar en cuanto pueda).

Pero el marido no deja ni a sol ni a sombra a su mujer.

(Lo que significa que, en realidad, la comprende perfectamente).

Ya en los Estados Unidos, Jardiel nos ofrece una mirada sincera, como de paleto consciente de serlo, capaz de ver en los estadounidenses tanto su energía como su ingenuidad. Nos dibuja Nueva York, "la ciudad menos parecida a Madrid que más se parece a Madrid", con una mezcla de admiración e indiferencia, como el que lee la noticia de un avión de pasajeros supersónico y tiene el buen gusto de no emocionarse demasiado.

La evocación que hace del Hollywood de los años treinta no es, desde luego, paradigmática. Al contrario, la prosa es puro Jardiel, y el libro está mucho más indicado para los admiradores de su escritura que para alguien interesado en la época y el lugar, a quien podría gustar más Some Time in the Sun, la obra de Tom Dardis acerca de la inmersión de grandes escritores –Fitzgerald, Faulkner, Nathanael West– en el mundo del cine. A 40 kms del Pacífico y 30 de Charles Chaplin contiene observaciones geniales a propósito de aspectos muy concretos de la experiencia hollywoodiense, sobre todo de la tropa española que trabajó allí y que luego se pasaría por los estudios Joinville de París, antecediendo a la pléyade de artistas del celuloide que hoy en día cruzan el Charco.

Se agradece esta visión particular, pues cuanto más universales son las observaciones de Jardiel, menos interesantes nos parecen, por ser lugares comunes. Creador de un universo propio que se ríe del nuestro, siempre nos quedaremos con sus anuncios inventados, imposibles de ver en nuestro mundo pero que no existirían sin él.

"Tacos de billar automáticos: para ser campeón usted no necesita saber jugar".

"Thompson, la mejor ametralladora para casos de huelga".

"Por cuatro dólares sabrá usted el día y la hora de su muerte: garantizamos puntualidad".

Y así, jugando en la frontera entre lo casi real y lo demasiado real, se nos muestra un autor que no por proferir extravagantes burlas está hablando de entes ficticios: se ríe de nosotros.
ENRIQUE JARDIEL PONCELA: A 40 KMS DEL PACÍFICO Y 30 DE CHARLES CHAPLIN. Rey Lear (Madrid), 2011, 168 páginas.

miércoles, 8 de junio de 2011

"La Codorniz" de aniversario.




ANTONIO ASTORGA
Día 07/06/2011



ANTONIO MINGOTE





En un Madrid gris marengo circa 1941, de hambre y olor a repollo en el tragaluz de la escalera, de estraperlo y libros prohibidos que se leían en la trastienda de los cafés; en una España de tedio plateresco y tópico mediopensionista, un puñado de seráficos estaban a punto de arrancarle a muñonazos la sonrisa a la ametralladora de la vida. Era domingo, y el calor derretía las meninges. El 8 de junio de 1941, con un simple ave gallinácea de papel, humor puntiagudo, ironía en espolón, pico de oro, dichosos serafines pusieron en jaque a la mesnada bienpensante. Mihura, Tono, Herreros, Neville, De Laiglesia, Jardiel, Fernández Flórez, Perdiguero, Halcón, Borrás, Aznar, Miquelarena, Marqueríe, Ros, Calvo Sotelo, López Rubio, Delgado, De Vega, Serny, Picó, Lázaro, primera alineación galáctica, y luego Mingote y muchísimos otros... (hasta su último vuelo, en 1978)... bienhechores y filántropos de nuestra salud mental lucharon contra la cursilería, se burlaron del encorsetamiento que se imponía a la infancia, enseñaron lo que de inútil y vulgar hay en los sentimentalismos al uso.
En la portada príncipe (se vendieron 35.000 ejemplares a 50 céntimos), Antonio de Lara Tonodibuja un pretendido ser humano encarnado en un trapecio isósceles con sombrero, una señora muy hinchada, unos círculos con ojos, que eran supuestos niños, y dos pequeñas codornices en el suelo. Al fondo, la foto real de un camión. Y un pie «intolerable» para el «respetable público», o sea, aquellos señores para quienes lo intolerable era lo que ellos no toleraban. La señora oronda le espeta al señor:


«—Caramba, don Jerónimo, está usted muy cambiado.
—Es que yo no soy don Jerónimo.
—Pues más a mi favor.»


Tópicos patrióticos, religiosos, literarios, históricos, lo que Wenceslao Fernández Flórez, desde su bosque animado, llamó las infinitas garambainas que se ponen en octavas reales, fueron picoteados a discreción. Como recuerda Don Mingote de la Mancha, si los censores hubieran sido tipos inteligentes y no fanáticos del dogmatismo y la decencia, le habrían puesto un férreo cepo a aquella inocente y bienquerida ave literaria, una Cordorniz, bendita sea, que caricaturizaba lo que el preboste de turno consideraba respetable e intangible. Los herrumbrosos censores se perdían en tapar escotes y alargar faldas sin pensar en la labor de prodigiosa derrumbe de esta genial generación de dinamiteros coñones.
Enrique Herreros, autor de 807 portadas y 45 contras de los 1898 números de La Codorniz, dibuja a un viajero asomado a la ventanilla del tren, que se dirige al jefe de estación parado en el andén:


«—Yo viajo para instruirme. ¿Me quiere usted decir cuántas son 21 por 13?»
Y suma y sigue el gran Herreros: un viajero jamelgo aparece sentado encima del cabezón de un señor mío con bigote, y se justifica:
«—Perdone que me haya sentado aquí; pero como no había ningún sombrero puesto...»
Un caballero pide en la ventanilla larriana del «Vuelva usted mañana»: «—Deme un billete para Vigo.
-¿Ida y vuelta?
-No. Vuelta nada más. No me voy».
Y un tipo valleinclanesco con sombrero le pregunta al jefe de estación:
«—¿Me deja ir a Burgos sin pagar? Le prometo que vuelvo en seguida».


Cuenta Antonio Mingote que los socios de muchos casinos padecieron serios trastornos oyendo a los jóvenes comentar La Codorniz. Así, un distinguido pedagogo de Tejeruela de la Empastación murió de congestión fulminante. Antes confesó en una carta: «No se culpe a nadie de mi muerte. Ha sido Herreros».
Aquellos humoristas, según López Rubio «la otra generación del 27», fueron los primeros hombres de la historia en contemplar en su totalidad las pantorrillas de las mujeres bailando el charlestón, evoca Mingote. Y se encontraron de repente el sombrío mundo de posguerra. La transición del viejo humor de chascarrillo al nuevo codornicesco no fue un salto circense de trapecio a trapecio. Fue un malabar de ingenio. La Codornizno glorificó a nadie, ni publicó consignas ni impartió doctrinas. Tuvo un éxito feraz entre una enorme minoría de jóvenes ansiosos por respirar un aire limpio de farfolla rimbombante.


El «no huevo de Colón»


Cierto comentarista, que pontificaba con el paño de la frivolidad en el púlpito, lanzó la especia picante de que la revista publicó el dibujo de un huevo a toda página con el título: «El huevo de Colón», y en el número siguiente otro huevo igual: «El otro huevo de Colón, lo que le valió a la revista el cierre de no recuerdo cuántos meses», añadió. No es raro que ese sesudo comentarista, que pontificaba desde la rutina, no lo recuerde, aclara Mingote, puesto que «eso del huevo de Colón, como tantas otras cosas soeces o vulgares de humorismo barato de hoja de calendario que se atribuyen a La Codorniz, no se publicó jamás».
El pájaro de papel cumplió, sin desfallecer y con éxito, con la misión de destruir el tópico y la rutina. Fue una revolución que, como decía su himno, tenía un pico en la nariz. La Codorniz, bendita sea. Palabra de Mingote.

domingo, 6 de febrero de 2011

Nuestros célines



Abc de Sevilla Día 06/02/2011
En uno de sus artículos más brillantes —«Los réprobos» (El País, 30.01.11)— Mario Vargas Llosa puso el dedo en la llaga de la incoherencia del gobierno francés, que denuesta a Louis-Ferdinand Céline por antisemita mientras celebra que Polanski ya no tenga que comparecer ante los tribunales americanos por violación y pederastia. Vargas Llosa dejaba claro cuánto le repugnaban las ideas pro-nazis de Céline, mas sin dejar de reconocer su genialidad como novelista. Y como aquel artículo era irreprochable desde la primera hasta la última palabra, otros escritores y columnistas españoles se han apuntado con entusiasmo a la defensa de la memoria del autor de «Viaje al fin de la noche». Uno celebra el reconocimiento del talento a pesar de las discrepancias ideológicas, pero me pregunto si en las letras españolas no existirá más de un caso como el de Louis-Ferdinand Céline.
Pienso en Alvaro Cunqueiro —el único escritor español que resiste la comparación con Borges—, preterido por su pasado falangista. Pienso en Wenceslao Fernández-Flórez, maestro del humorismo y narrador extraordinario, de quien apenas se habla por culpa de su amistad con Franco. Pienso en Leopoldo Panero —amigo y discípulo de César Vallejo— ridiculizado por Neruda y por su propia familia. Pienso en Tomás Borrás —autor de «Checas de Madrid» (1940)— cuyo nombre todavía es anatema. Pienso en Enrique Jardiel Poncela, un autor desopilante que tocó todos los palos, arrumbado entre los autores menores por culpa de sus ideas. Pienso en Rafael Sánchez Mazas —autor de «La vida nueva de Pedrito de Andía» (1951)— cuyo rescate literario le costó a Javier Cercas más de un menosprecio. Pienso en Agustín de Foxá, quien gracias a la prohibición de un homenaje literario orquestada por el ayuntamiento de Sevilla, disfruta hoy de un «revival» editorial. Y pienso —por supuesto— en César González Ruano, sin duda el más parecido al peor Céline, pero que sigue siendo el mejor articulista español de todos los tiempos.
Es decir, que constato que desde España es más sencillo criticar la política cultural francesa, en lugar de predicar con el ejemplo dentro de nuestras propias fronteras. Ninguno de los autores convocados tuvo que exiliarse, pero eso no los convierte en autores menores o mediocres; de la misma forma que no todo escritor por su condición de exiliado fuera sublime, genial y memorable. De hecho, se podía ser franquista y decente, de la misma forma que los hubo exiliados y canallas. Bastaría con repasar la biografía de Miguel Hernández para constatar cómo se portaron con el poeta pastor, tanto sus correligionarios republicanos como los poetas falangistas.
A mí me alegra que una discusión surgida a propósito de la memoria de Louis-Ferdinand Céline promueva una discusión nacional, pero para no quedarnos en una mera pirueta retórica, deberíamos buscar a nuestros Célines e intentar un desagravio a la manera de «Reivindicación del Conde don Julián» (1976) de Juan Goytisolo, donde tengan cabida los genios más miserables de nuestras letras, sin distinción de ideologías.

sábado, 5 de febrero de 2011

Enrique Jardiel Poncela en el Lope de Vega



NOTA DE LA REDACCIÓN:


Este se año se cumplen 110 años del nacimiento del escritor y genial creador humorístico, Enrique Jardiel Poncela. El teatro municipal Lope de Vega de Sevilla, acogerá estos días la representación de su obra "Angelina o el honor de un brigadier".
Jardiel Poncela estuvo preso en una checa en el Madrid republicano durante la Guerra Civil, consiguió salir de España y, a través de Sudamérica y Portugal consiguió llegar a la zona nacional.
Como suponemos que será considerado un personaje "franquista", a pesar de sufrir durante toda su carrera la censura de la época, es más que probable que la concejal Medrano de IU, edil Ayuntamiento titular del teatro, no asista a ninguna representación.
Andrés González-Barba. ABC
El 2 de marzo 1934 Enrique Jardiel Poncela estrenó en el Teatro Infanta Isabel de Madrid su obra «Angelina o el honor de un brigadier». Se trataba de una comedia en verso ambientada en 1880, quizás por ello no se representó lo que debiera en detrimento de otras obras suyas más famosas como «Eloisa está debajo de un almendro». A pesar de ello, la compañía de Juan Carlos Pérez de la Fuente mostró su empeño en recuperar este clásico que ahora llega al Teatro Lope de Vega y que permanecerá desde mañana hasta el próximo día 13.

Aunque en su tiempo esta obra tuvo una buena acogida, pronto dejó de representarse pues, en palabras del director del Lope de Vega, Antonio Álamo, «Jardiel fue arrinconado por motivos espurios, por lo que es un autor a reivindicar, pues no se le suele montar en determinados teatros».

Entre el reparto de los 12 actores que forman parte de esta obra, destaca Soledad Mallol, muy conocida por ser integrante del dúo cómico Las Virtudes. Para esta actriz «es un honor hacer esta obra porque la función es una maravilla». Asimismo, esta intérprete destacó el hecho de que esté escrita en verso, «y a pesar de que dura una hora y media y no tiene descansos, no aburre nada y muchos espectadores desearían que fuera más larga».

Para Mallol, que encarna el papel de Marcela, la mujer del brigadier, «se trata de una tragicomedia, pues aunque hay muchos puntos cómicos, los actores llevan la tragedia por dentro». Además reconoció que «Jardiel es uno de los mejores autores y estoy conforme en que estuvo denostado».

Además reconoció que «es el papel más dramático que he hecho». A este respecto, preguntada por si se veía identificada con los roles más cómicos, la actriz dijo que «con tal de que me den trabajo, que me encasillen».

Por su parte, el actor Chete Lera, que hace de don Marcial, el brigadier, explicó en la presentación de esta obra que su personaje es un hombre «de honor y valores inviolables al que todo se le desbarata. Su hija, que se iba a casar con un poeta, es raptada por una persona que además le engañaba con su mujer». Igualmente, este intérprete destacó que este espectáculo «pasa muy rápido, con carcajadas continuas, algo que nos ha permitido obtener un lleno en casi todas las plazas en las que hemos actuado desde hace más de un año».

Esta obra de Jardiel Poncela fue llevada al cine en el año 1935También subrayó Lera el trabajo tan intenso que han realizado con el director y escenógrafo, Juan Carlos Pérez de la Fuente, que ha hecho «algo maravilloso». Por eso, a pesar de que «nos ha machacado durante los ensayos y nos ha exigido mucho, luego nos ha dado una pista enorme para viajar por toda España».

En cuanto al éxito que tuvo esta obra, cabe considerar el hecho de que ésta se estrenara como película en Hollywood del año 1935. En el filme intervinieron actores tanto de origen mexicano como italiano. «Creo que Jardiel Poncela se adelantó mucho a su tiempo, por eso creo que se le prestó tanta atención por parte de Hollywood», manifestó Soledad Mallol.

Además de estos dos actores, hay que subrayar un elenco en el que participan intérpretes de la talla de Jacobo Dicenta (Germán, el amante) o Carolina Lapausa (Angelina).

De difícil representación
En todo caso, ambos actores reconocieron la dificultad que supone representar una obra en la que participan un total de 12 actores sobre el escenario. Además, la escena presenta unos telones que han sido pintados a mano. Otro de los factores que supone mayor dificultad para su representación es que esté ambientada en el año 1880, lo cual obliga a usar trajes de aquella época.

Por otra parte, hay que subrayar el empleo en esta obra de un sentido del humor que no era cómodo para ciertos sectores del público. Así, al principio el autor se mete con los banqueros, algo que criticaron tanto los de izquierda como los de derecha.

A pesar de que esta comedia no es de las más conocidas de este dramaturgo, el propio Poncela adoraba este texto y decía que era el que más satisfacción le producía.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Recordando a Papá (Almuneda Paso)


Presentar la figura de Alfonso Paso, hace unos años, hubiera sido ridículo. Comparado con Lope de Vega por su prolífica escritura, autor de teatro sobre todo, si, pero también hombre de cine, escritor de ensayo y novela, actor, cantante... Alfonso Paso debería ser recordado hoy, treinta y dos años después de su muerte, mucho más que lo que nuestra sociedad lo hace. Pero cuestiones ajenas a las bambalinas lo tienen castigado, casi expulsado de los manuales de teatro.
La fortuna ha querido que nos encontremos con su hija Almudena, y ésta generosamente nos permite que tengamos una pequeña intervíu sobre la figura de su padre.
Pregunta. Almudena, tu padre era alguien verdaderamente polifacético: además de autor de teatro, fue articulista, novelista, ensayista, hombre de cine, actor, escribió guiones de fotonovelas (con Karina y Junior), series de TV...escribió canciones ¡y grabó al menos un disco!. ¿Con que actividad crees que disfrutaba más?
Respuesta. Sin duda con la de autor de teatro, le gustaba escribir, lo disfrutaba. Debo decirte a este respecto que otra cosa que disfrutaba tremendamente era la arqueología. Era licenciado en Filosofía y Letras en la rama de arqueología, y creo que de no haber sido autor hubiera sido arqueólogo. Viajó extensamente por todas las partes del mundo donde podía meterse de lleno en esta pasión. Libia, Egipto, Roma, México, todos esos países le cautivaban.
P. En los años 40, el teatro está dominado por Benavente, Arniches, Marquina, Álvarez Quintero, Juan Ignacio Luca de Tena, Fernández Ardavín, Adolfo Torrado... de los tres grandes renovadores, Lorca, Casona y Jardiel, solo queda activo y en España el último. Parecía lógico pues que se aproximara a esa sombra. Con Medardo Fraile, Pérez Puig y otros, formaba parte de los que se llamaban "los jóvenes de Jardiel", como recordaba en una entrevista Eva Jardiel, quien fuera durante unos años su esposa. Al en esa época llamado "FonFón" ¿como crees que le influyó la cercanía a Enrique Jardiel Poncela? Hay quien incluso le acusó de plagiarlo, cosa ridícula simplemente observando el volumen de su producción, pero no creo que pueda negarse su influjo. ¿Cómo lo ves tú?
R. Creo que Jardiel y papá son autores completamente distintos. Ambos grandes autores, pero el hecho de que ambos tuvieran comedias de enredo no significa que papa le plagiara a él o a nadie. Sus influencias venían de muchas otras partes y tocó muy diversos temas en sus obras.
P.Como concesión a las preguntas típicas en toda entrevista, aunque no carente de interés ¿qué obra prefieres de tu padre? ¿El canto de la cigarra, Vd. puede ser un asesino, Querido profesor...
R. Pues tengo tres, por diferentes razones. Vamos a contar mentiras por ser, sin duda, la mas divertida, Cosas de papá y mamá por su ternura y Enseñar a un sinvergüenza por los recuerdos. Fue una obra que estuvo mas de veinte años en cartel y yo crecí viéndola todos los fines de semana, cuando iba al teatro con papá y mamá, y adoraba estar entre los actores y ver la obra. Especialmente recuerdo momentos maravillosos con Pepe Rubio, al que adoro.
P.Recuerdo una entrevista a tu hermana Antonia donde se disparó un buen titular. Preguntada por si era fácil dedicarse al teatro apellidándose Paso, dijo que "Los malos recuerdos que pueda tener el apellido te los llevas tu". ¿Que malos recuerdos crees que puede traer tu apellido?
R. En esto solo puedo dar mi experiencia propia no la de los demás. Los recuerdos de mi apellido son los mejores y no puedo estar mas orgullosa de él. Llamarme Paso es mi mayor orgullo.
P.De niño conoció a Ortás, a Riquelme, a Mariano Azaña, a José Isbert, a Bonafé, relacionados con su padre, gran autor. Muy temprano, antes del bachillerato, ya desea ser escritor. ¿Realmente crees que tenía otra alternativa en ese ambiente?
R. Papa era un hombre tremendamente inteligente, con dos carreras terminadas y una sin terminar. Dada su inteligencia y sabiduría podría haberse dedicado a muchas otras cosas, y de hecho las hizo, como su carrera de periodista la cual ejerció, como bien sabes. Pero sin duda disfrutaba del teatro y disfrutaba escribiendo. Por eso se concentro más en ello.
P.Esa carrera sin terminar fue Ingeniería Aeronáutica. No es el único escritor que se matricula inicialmente en escuelas de ingeniería: Echegaray si acaba los estudios. Jacinto Benavente y tu padre no. ¿Crees que hubiera sido hombre de teatro también de acabar una carrera tan exigente en tiempo con éxito, o fue precisamente el abandono de la carrera una consecuencia de su mayor amor al teatro?
R. Como ya te he dicho, tenia dos carreras terminadas y una de ellas la ejerció, si se dedico llenamente al teatro, era por el amor y la pasión que sentía hacia esta faceta.
P. Mientras los autores españoles solo reparaban en los extranjeros cuando los plagian, Paso lee y relee a Prietsley y a otros. Monta y dirige obras de teatro de Lorca, Valle-Inclán, pero también de Tennesse Williams, Recrea una obra de Sartre, "Hui-Clos", Para preparar su estética, estudia a Quevedo y a Arniches, pero también a Beckett, Anouilh, y claro, a Prietsley, aunque confiesa que le aburre Adamov (y a mi también, si me guardas el secreto). Todo esto me hace pensar que no solo tenía inspiración, sino que hacía buena la máxima de Édison que añade a ésta, para el éxito, la transpiración. Esto es, creo ver que tu padre podía dar la imagen de vago, de bohemio, como muchos de su generación, pero en realidad era un trabajador incansable.
R. Sin duda un trabajador incansable. El escribía de noche, mientras el mundo dormía. Estuviera donde estuviera, sus ocho horas de trabajar escribiendo no se las robaba nadie. Recuerdo una cosa siempre a este respecto. Mamá le esperaba levantada leyendo o hablando por teléfono con varios actores. A veces, como todo crío pequeño, me despertaba por la noche y la llamaba a mamá para que me diera agua o me llevara al baño, y recuerdo entonces ella diciéndome, “entra en el despacho a dar un beso a papa” yo medio dormida entraba y siempre tendré en la memoria el cambio en el gesto de papa. Al abrir la puerta veía a un hombre concentrado, consumido en su trabajo, que de pronto levantaba la cabeza y al verme, cambiaba con la mayor naturalidad el gesto por uno de ternura infinita. Jamás he visto a un hombre irradiar más ternura y más amor en un solo gesto.
P. Lo cierto es que el "genio", eso necesario para hacer teatro de calidad vivía en él. Confiesa que recibe la inspiración de los modos más diversos, desde el libro leído de forma pausada a la forma más iconoclasta de inspirarse viendo la jaula de los monos.
R. Qué razón tienes en citar esto. Papa siempre me decía, “hija escucha a todo el mundo, sin hacer diferencias de clase social, trabajo, religión o raza. Todo el mundo tiene algo que contar y siempre vas a aprender algo”. Se inspiraba en todo tipo de gentes y de situaciones vividas.
P. La ingratitud. A partir de 1958 la fecundidad de Alfonso Paso y la masiva aceptación de sus obras por el público evitó que muchas compañías se disgregaran, que muchos teatros se convirtieron en almacenes o garajes y que muchos cómicos se encontraran en paro forzoso. Todo esto ha sido olvidado por quienes menos debían: los directamente beneficiados. Él, nada contracorriente, compra el cine Panorama y lo convierte en el Teatro Arniches. Mientras algunos le acusan de repetirse, otros viven, literalmente, gracias a él. ¿Alguno de los que tanto te ha mostrado que no lo ha olvidado?
R. A mí no me tienen que demostrar nada, pero debían demostrárselo a el a su memoria: ha dado de comer a tantos, a tantos que le han rogado una obra porque querían trabajar y hoy no solo no se dignan a reconocerlo si no que ni siquiera le quieren nombrar. A mi los cobardes no me van y prefiero ignorarlos. Bastante tienen esos con vivir en su miseria y su desagradecimiento. Yo no soy quien para perdonarles, sólo Dios puede perdonar, pero no olvido, jamás olvidare al que me haga daño a mi o a los míos
P. Aunque sus obras de humor amable son las que la gente recuerda con más cariño, hay que recordar que fue autor de grandes obras con trasfondo histórico, como Neron-Paso, aunque después de leer como él negaba que su obra "Preguntan por Julio César", que siempre catalogué también como de recreación histórica lo fuera, aduciendo que existen anacronismos intencionados, que lo único que pretendía era una partitura donde escribir con la soltura que acostumbraba, me queda la duda ¿estamos con Nerón-Paso ante "una partitura que permita al autor mostrarse como actor"?
R.Papá tenia absoluta pasión por el imperio romano y especialmente por la figura de Nerón, la cual me ha pasado y he leído muchísimo sobre esta parte de la historia. Nerón ha sido catalogado de monstruo por los ignorantes o los que jamás han cogido un libro. Sin duda papá hizo su versión de Nerón, era un personaje que le apasionaba y sin duda en este caso no era tanto mostrarse el como actor si no meterse en su personaje favorito de la historia./p>
P. Una pasión compartida. Pero sigamos. Yo soy pesimista. Esta generación, no solo de público sino incluso de actores, que no conocen a Rodero, a Carlos Lemos, y menos aún a López Rubio o a Alfonso Paso creo que es incapaz de distinguir entre el buen teatro y las obras que pisan escenarios solo para cobrar subvención. Y no, no voy a preguntarte si tu padre cobró alguna vez subvenciones para estrenar. Quisiera conocer tu punto de vista sobre la situación actual.
R. Pues a pesar de que no me lo preguntes es algo que quiero contestar. Alfonso Paso jamás recibió una subvención de la época franquista, en la cual vivió. Que esto quede tremendamente claro, Paso jamás recibió una subvención.
P. Paso no es un autor solitario. Colabora con otros, por ejemplo con el genial Peliche en "Diga ud. treinta y tres". Pero donde su capacidad de trabajo en equipo adquiere toda su dimensión es el el cine, colaborando con guionistas y directores como Benito Perojo, Lazaga, Dibildos, Mariano Ozores, o el gran Rafael Salvia... no da pues la imagen de ser un hombre poco dispuesto a dar su brazo a torcer, que es capaz de aceptar otros criterios por el bien de una obra. ¿Era así realmente?
R. Papá no tenia ningún problema en colaborar con otros autores o guionistas. Tenia buenos amigos en la profesión y colaborar con ellos era siempre un placer. Respecto a criterios, supongo que unas veces daría el su brazo a torcer y otras veces lo harían los otros.
P. "Vivimos en una época de compromiso y, por tanto, vivimos un teatro de compromiso. Una obra bien hecha no basta". Esa es una frase de tu padre. Y predicaba con el ejemplo, por ejemplo con "La corbata", una obra con sentido social con aire de sátira. Además de calidad literaria y técnica dramática, Paso se reafirma en que "Un teatro de espaldas a los problemas es un teatro perdido". No es, sin embargo, la imagen que queda hoy de él. Como autor de teatro, como director de cine, se le ve como un creador de cine y teatro popular, lo que no es en absoluto malo. ¿Con cual de las dos visiones te quedas?
R. Pues me quedo con las dos facetas por diversas razones. Creo que es importante para un autor algunas veces profundizar en temas sociales, pero por otra parte no hay nada más bello que hacer reír al público. ¿Sabes cual es una de las frases que el decía siempre? “Yo escribo para el pueblo, para que los teatros se llenen de gente que solo quiere divertirse un rato, quiero que mis comedias las entiendan todas las gentes”.
P. A pesar de que Evangelina Jardiel en su breve biografía que, si me permites, no trata demasiado bien a tu padre, dice que ignoraba sus ideas políticas, lo cierto es que su segundo libro de ensayo, de historia, aunque él modestamente niega que sea ensayo a aunque está mucho mejor construido que obras de "profesionales" de la materia, es "Los demonios familiares", publicado por Vassallo de Mumbert en 1978, en la colección "España continente nuestro", un texto que no puede dejar indiferente a nadie en una editorial nada dudosa en lo político. ¿Le pasó quizá a tu padre, hijo de alguien que se definía como republicano, que, a pesar de no interesarse especialmente en la política, una vez muerto Franco, y como dijo mi querido y llorado Fernando Vizcaíno Casas sobre sí mismo, no aguantaba ver a tanto valiente alancear a moro muerto?. Hay que decir que no catalogo a Paso dentro de lo que despectivamente se llama "la carcundia". El díjo una vez que "Me siento mucho más cerca de los melenudos de Carnaby Street que de tanto y tanto señor serio con el porvenir asegurado que veranea, come bien y ve la televisión", y la verdad es que una lectura rápida a algunas de sus obras basta para mostrarnos que es así, rezuman rebeldía.
R.Sin duda era un rebelde, no se iba a callar nunca e iba a exponer toda tipo de denuncia social o simplemente contestar a los denostadores. Papá me dedico varios de sus artículos a mí, los cuales son uno de mis mayores tesoros, y en uno de ellos me dice, con referencia a los que le hacen daño, a los que le intentan hundir “A este si vaya, a este le contesto”. Y muchas veces utilizaba sus obras para ello, ridiculizando ciertos personajes de la sociedad, por ejemplo.
P. Casi enlazando con lo anterior, hay un punto de su biografía, siendo exactos más bien en la de su padre, que resulta chocante: el como abandonan el apellido Afán de Ribera, ilustre y cargado de historia, por el de Paso, en homenaje a un hermanastro de don Antonio. Como estoy vinculado familiarmente a la familia Afán de Ribera es algo que me veo casi obligado a sacar a colación, a no dejarme en el tintero. ¿Nunca tuvo la tentación de revertir ese paso que se dio en el BOE de 13 de noviembre de 1923?
R. Si lo hizo, se que intento volver a tener su apellido original, estaba tremendamente orgulloso de ser Afán de Ribera, ni te imaginas la de veces que me hablaba de ello, de donde provenía nuestra familia, de nuestros antepasados. Siempre que viajábamos por España, bien en vacaciones o bien en giras con las compañías de teatro, si había algún punto de esa ciudad ligado a nuestra historia, se preocupaba de contármelo todo. No recuerdo bien la razón por la cual no pudo volver a tomar su autentico apellido, pero sé que hubo una.
P. Nos dejamos muchas cosas en el tintero. Hemos sobrevolado muchos aspectos suyos, Nos dejamos casi sin rozar al Paso actor debutante en "Sosteniendo el tipo", al Paso cantante en Florida Park en 1970, local donde poco después se vería con Íñigo en sus programas de la entonces omnipresente TVE, al Paso que fue capaz de escribir en 1950 "La opinión de Bolivar sobre España"... nos dejamos Paso para rato, Para cien entrevistas más. Pero hay que poner un fin a todo y este es un momento estupendo para agradecerte tu amabilidad.
R. Yo también quiero agradecer tu admiración por papá. Para el mundo Paso era un autor, para mi era algo más grande, algo sin igual, era mi padre, el mejor padre del mundo. Es y será siempre mi héroe, mi gran inspiración. Me enseñó tanto, me inculcó tantas cosas buenas. Le echo de menos a diario, y todo lo que hago en esta vida lo hago para que se sienta orgulloso de mí desde el cielo, para seguir distribuyendo su obra por el mundo y para que ustedes puedan disfrutar de su trabajo.
Juan V. Oltra