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miércoles, 19 de marzo de 2014

SOBRE OLAGÜE Y LA UNIVERSIDAD ACTUAL



Corría el año 2006 cuando en el transcurso de una mesa redonda sobre la Ley para la Recuperación de la Memoria Histórica, incluida en el programa de la X Universidad de Verano de la Fundación José Antonio, tuve que defender la figura del arabista Emilio González Ferrín de los ataques de un participante que le denostaba por poner en duda las interpretaciones historiográficas más extendidas sobre la conquista islámica de la Península Ibérica.
Como manifesté en aquella ocasión, González Ferrín, con quien había compartido un apasionante viaje a Marruecos al que he rendido reciente homenaje en mi novela Once nombres de mujer, no tenía otra culpa que la de suscribir la tesis enunciada por Ignacio Olagüe en su obra La Revolución islámica en Occidente.
Cabe recordar que Ignacio Olagüe (1903-1974), intelectual próximo al nacionalsindicalismo de primera hora, lanzó a fines de los años sesenta del siglo pasado una revolucionaria tesis por la que la invasión musulmana de la Península Ibérica en la Alta Edad Media no fue tal, sino un proceso combinado de aculturación y emigración, en el marco de la descomposición de la monarquía visigoda, desgarrada ideológicamente por la lucha entre un catolicismo trinitario y un arrianismo unitario que serviría de puente para la islamización de la población peninsular. 
En aquella mesa redonda, nunca imaginé que casi ocho años después sufriría en mis propias carnes públicas descalificaciones por el mismo “pecado” cometido por González Ferrín. 
Descalificaciones que han llegado a mis oídos gracias a una llamada del arqueólogo Luis Iglesias, que me puso sobre aviso de las durísimas páginas que me dedica el profesor de Historia Medieval de la Universidad de Huelva Alejandro García Sanjuán, en su estudio La conquista islámica de la Península Ibérica y la tergiversación del pasado.
El profesor García Sanjuán, a quien conocí personalmente cuando ambos éramos unos simples becarios de un extinto plan de formación del personal bibliotecario de la Universidad de Sevilla, se permite en su obra mi pública crucifixión, atribuyendo indebidamente una serie de propósitos a una reseña literaria que publiqué en la lejana fecha de enero de 2005 en la prestigiosa revista de fomento de la lectura Mercurio: Panorama de libros en Andalucía.
En las páginas de su ensayo, el profesor García Sanjuán, que en un colosal ejercicio de desmemoria afirma ignorar mi perfil profesional, me sitúa entre los partidarios del “negacionismo” propugnado por Olagüe, proclama con jactancia no haber leído una sola de mis publicaciones, me describe como “aficionado e indocumentado” y me acusa de ocultar la ideología política de Ernesto Giménez Caballero y Ramiro Ledesma Ramos, amigos de juventud de Ignacio Olagüe y a los que me refiero, según sus palabras, “con deleite”.
Debo decir, en honor a la verdad, que contrariamente a lo afirmado por García Sanjuán, jamás he hecho mía la tesis de Ignacio Olagüe, sobre cuya veracidad estoy lejos de poder opinar con rigor al no ser especialista en el período medieval. Debo aclarar al profesor García Sanjuán que la reseña que le ha servido  para lucirse a mi costa fue un encargo profesional para la promoción del libro de Olagüe, por lo que mis elogios al mismo, de los que no me desdigo en una sola coma por cierto, estuvieron siempre condicionados  por dicha finalidad, sin que hubiera por mi parte la menor intención de inmiscuirme en una polémica historiográfica propia de medievalistas.
No me gustaría cerrar este escrito sin informar al desmemoriado García Sanjuán que, contrariamente a la supuesta condición de aficionado e indocumentado que me atribuye, soy autor de diversos artículos de investigación sobre los períodos de la Dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República, al alcance de cualquier especialista en dichas materias. En uno de ellos me refiero precisamente a Ledesma Ramos y Giménez Caballero, cuya ideología política es tan conocida que es irrisorio pensar que haya pretendido ocultarla y de quienes, efectivamente, escribo con deleite, ya que son personajes de una talla intelectual que ya quisieran para sí algunos investigadores universitarios de nuestros días que dedican parte de sus tesis a elucubraciones carentes del menor sentido.

Antonio Brea

jueves, 29 de agosto de 2013

Pancho Cossío, el pintor de la Falange.

Pancho Cossío

jose antonioPor Adaucto Pérez.

“…porque él pintó lo que hasta él no era:/la evidencia real  de la pintura”

Sobre el nacimiento de Pancho Cossío  son dos los posibles años que figuran en sus biografías: 1894 (partida de bautismo, literalmente “…que dijeron haber nacido el 20 de Octubre de 1894”)) o 1889 que es la que comúnmente se atribuye al pintor. Sobre su vida y obra existe un excelente texto de Juan Antonio Gaya Nuño recomendado ya desde aquí.

Cuando en 1895 el guerrillero cubano negro Quintín Banderas tomó la localidad de Pinar del Río   su actitud fue altamente compasiva, según las normas salvajes de aquella guerra civil (¿hay otras?) con el alcalde y su familia. Se atribuye la magnanimidad de no cortarles el cuello, práctica habitual de Banderas, al hecho de que el mandatario municipal, Genaro Gutiérrez,  se había adelantado en la concesión de libertad a sus esclavos negros y ese hecho le procuró la salida  de él, su mujer  y de sus seis hijos rumbo a España, abandonando el negocio de almacenamiento de hojas de tabaco en que se sustentaba la economía familiar. 

Se establecieron en su región de origen, en Renedo, en el Valle de Cabuérniga. A los cinco años, Francisco Cossío sufría un percance, su madre, en un desgraciado accidente que le pesaría de por vida, le provocaba una rotura que dejaría como secuela una fuerte cojera, compañera inseparable y distintiva durante toda su vida (“el cojo de la bicicleta”). Junto a esta invalidez,  estrabismo y  joroba que crearon para el arte hispano un Toulouse Lautrec ibérico, genial también. Trasladada la familia a la capital cántabra recibió clases de pintura, comenzó y abandonó los estudios de Comercio y fue directivo del Racing de Santander. Con 20 años de edad  (cuatro más, cuatro menos,) en 1914 se trasladaba a Madrid a la calle Barquillo y comenzaba a estudiar con el gran maestro Cecilio Plá. Simultaneaba su trabajo en el estudio de la calle de Fernando el Santo con exposiciones  y se relacionaba con un círculo de amigos  intelectuales que ya apuntaban como era el caso de Gerardo Diego. Esta amistad llevó a encasillar a Cossío dentro del movimiento ultraísta en donde junto a Diego se encontraban Juan Larrea o Vicente Huidobro o Jorge Luis Borges y que era el lugar  del péndulo oscilante de la cultura, ahora en contra del modernismo de Rubén Darío. Pero esa adjudicación no satisfizo al completo a Cossío : 

 “Mi clasificación por la tendencia en que milito es la de postimpreionista. Una vez lo digo para siempre. A los susodichos que me llaman ultraísta y otras cosas, y a muchos más que si no me lo llaman, sería lógico que me lo llamasen, les continuaré diciendo que se asomen a los Pirineos y desde allí contemplen el panorama estético de Europa y  entonces comprenderán  y por último amarán muchas cosas que hoy son arcanos para ellos…Ruego que no se nos tome por iconoclastas. No lo somos. Solamente somos hombres que honradamente intentamos crear un nuevo valor estético por insignificante que sea. Para conseguirlo seguiremos trabajando aunque los perros ladren.”

De sus andanzas con las vanguardias, con aquella tropa de la Residencia de Estudiantes, de la bohemia parisina y del surrealismo quedó constancia con su participación en dos películas de Luis Buñuel ; en    Un perro andaluz -1929-(en donde podemos verle desde el  16´ 29´´ hasta el  17´52´´) http://www.youtube.com/watch?v=371P8O3hf_8

Y en La edad de oro-1930- (en donde podemos volverle a ver desde el  4´ 21´´ al 7´57´´) http://www.youtube.com/watch?v=Fcm5fODZgg0 . Con anterioridad, en 1926, tuvo un paso muy fugaz por el film Carmen, del belga  Jacques Feyder y con Raquel Meller de protagonista.

Participó en el Salón de Otoño de París de 1925 y recibió los apreciados elogios del crítico René Jean. En 1929 en Cahiers d´Art el galerista y crítico  Cristhian Zervos señalaría que para Cossío “…una bella pintura consiste en formas comunes expresadas con medios muy sobrios”, es en  ese año  cuando comienza su fase de “las formas ovales”. De su paleta decía “Waldemar George” (Waldemar Jarocinsky): “Pinta el viento, el cielo, el viento marino y el movimiento de las olas. Los verdes glaucos de reflejos metálicos y los blancos lechosos, opacos, que constituyen la base de su paleta, engendran una armonía de la más rara calidad”. Pintura que se condensa en una “atmósfera sorda” en expresión del hispanista y crítico de arte Jean  Cassou. No se contagió de cubismo ni de surrealismo;  en cuanto al primero hay quien quiere ver reflejos de los ritmos curvos  de Braque en su pintura y poco más; en cuanto a lo segundo  aunque admiraba a Dalí o a Miró pero no discurrió su quehacer por la senda de estos pintores.

Su estancia en Paris, el ambiente cultural en el que está inmerso le condujeron a posiciones políticas cercanas a la izquierda radical,  pero con su vuelta a España en 1931  entenderá que la vanguardia, lo nuevo, lo moderno no está ahí, sino en los núcleos favorables a la revolución nacional, una postura en donde  la relación mantenida  con Eugenio Montes no puede ser olvidada. Comienzan unos años  en los que su producción pictórica se achica,  son los que coinciden con su participación política y, luego, con la guerra. ¿Correlación o causalidad? Ahí queda la pregunta junto a la tarea iconoclasta, destructora- que la hubo- contra algunas de las obras del “pintor fascista” durante la España en llamas.  Tras contactar con Ledesma Ramos fue encargado en 1932 de la creación de las JONS en Santander, a donde trasladó  la idea del jefe consista para que, en el núcleo inicial de la formación política,  fueran la mayoría deportistas. Cossío junto con Manuel Yllera y jóvenes procedentes de los legionarios de España de Albiñana formarán, entre el mes de Agosto y Septiembre de 1932, el primitivo núcleo de las JONS con 32 militantes..  

En el  primer triunviro provincial  están Cossío, Yllera y Guillermo de la Llama. En varias ocasiones Pancho Cossío será el orador político en las reuniones que se establecieron en aquella provincia. De sus andanzas políticas cuenta José María Alfaro que en las charlas de La Ballena Alegre resonaban, en las escaleras del Café Lyon, los golpes de su bastón y de su  bota de cojo Asistió también a los problemas internos de FE de las JONS y en Marzo del 35 el divorcio entre el mando provincial santanderino  y un gran número de militantes va a llevar, de la mano de José Antonio, a Manuel Hedilla a ser responsable de la Falange de Santander con el apoyo de Cossío : “Lo que afirmaba Hedilla en sus intervenciones como orador se veía que era patrimonio de su espíritu. El verbo sencillo y tajante estaba acorde con el hombre”.   Quien será el II Jefe Nacional de FE de las JONS relata que, por encargo de José Antonio, Pancho Cossío poco antes del 18 de Julio  recibió la misión de volver a atraerse a Ledesma Ramos.   Estallada la guerra civil, Cossío se esconde hasta la liberación de Santander por las tropas nacionales en el verano del 37; había evitado su detención -y  posiblemente salvado la vida gracias- al hueco que su madre, primorosamente, realizó en un colchón. Posteriormente,  miembro del Partido único se verá  sometido a expediente disciplinario y  su vida política entró en vía muerta, no así  su fidelidad ideológica mantenida hasta su muerte. El gusto estético que el franquismo va a crear no iba  por los derroteros elegidos por Cossío ,  el régimen se conducirá por el  camino academista y lo que podría haber sido una brecha en la creación de un arte falangista autónomo, diferente, no tendrá desarrollo.  

Su participación en la revista Escorial, de la mano de Dionisio Ridruejo, será frustrante, acabaría en pocos meses y con gran disgusto para el pintor falangista: “Allí en la revista Escorial hice amistad con un grupo de hombres que después fueron los más funestos de mi vida. Esa fue mi primera siembra de amistad en mi cuarta etapa madrileña y esa fue la cosecha recogida”.  

Su pintura  se compone de  grandes masas planas de color. Hay quien ve en sus barcos características  “fantasmáticas” o “turnerianas”  y en la de objetos y/ o retratos son características unas  motas blancas que pueden interpretarse como la manifestación del pintor para resaltar  el carácter virtual que es la representación en  lienzo. En cuanto a los temas: barcos, pescadores, toreros, niños con cometas, bodegones, naturalezas muertas (así llamadas por error en la traducción) y portentosos retratos como el de su madre, el de José Antonio Primo de Rivera, el de Ledesma Ramos o el de algún otro político. A esta “galería azul”, de indudable simpatía  ideológica, habría que añadir el excelente Flecha con espigas, una de las más soberbias realizaciones de Cossío. Sobre este género pictórico, el del retrato,  la postura del pintor era concluyente,  el interés residía cuando se producía una real intimidad entre el pintor y el modelo y bien claro quedó en casos donde el modelo, por importante que fuera, carecía de empatía con el retratista.   

Para  José Hierro las características de su españolidad se cimentaban en una trilogía:-Tonos terrosos y grises;  una actitud más ética que estética y la materia pictórica. Pintor magistral de la distancia corta, no encontraría la misma proyección en los grandes lienzos que, para la iglesia de Santa Teresa y San José de los carmelitas de la Plaza de España, realizó. Sin quitarle mérito a la Apoteosis histórica de Santa Teresa y a la Apoteosis mística del Carmelo, el resultado es que no es lo mismo.

¿Qué opinaba él de su pintura? Que la hacía “un viejo hidalgo de Cantabria venido a bohemio pintor”.  ¿Cuáles habían sido para él sus influencias, sus maestros? Observemos la claridad definitoria que  daba, porque en cuatro patas asentaba al completo  el edificio de su pintura: “La transparencia de mi manera creo que es veneciana; de mi admiración  hacia los maestros flamencos me viene la gravedad y la densidad grasa de mis óleos; su gracia y su abstracción, la modernidad ,en suma, de París, indudablemente. Y todo ello sobre una temperamental sobriedad española”.

El 16 de Enero de 1970 en la Clínica Vistahermosa de Alicante, en la habitación 217 y acompañado de su hermana de sus sobrinos, de su ahijada y del luchador Saludes moría Pancho Cossio. Su cadáver fue trasladado a su casa estudio en su residencia del edificio Ulises en la Albufereta de la capital alicantina (y sobre esto algún familiar de pintor residente en Alicante y que lee estas páginas algo podría decir y contar, desde aquí le convoco).   Juan Francisco María Gutiérrez Cossío, o sea, Francisco Gutiérrez Cossío, o sea,  Pancho Cossío tuvo sus últimas panorámicas vitales  en la Sierra de Aitana o en el Mar Mediterráneo,  que son los horizontes respectivos de ambos lugares, aunque no fue su luz la que acompañó su producción. Trasladado, luego, su cuerpo a Santander, camaradas   falangistas le acompañaron y dieron sepultura. A su muerte, su amigo Gerardo Diego le dedicaría este soneto

Éste, que ya no veis, amigo ido
Aquí está-expuesto, íntegro,  valiente-
En cada copo, en cada nada ausente
Transfigurada en velo acontecido

Pintó, sí, como hay Dios y a Él le pido
Que le deje seguir pintando en mente
Polifemo al trasluz de inmensa frente
Arrebatado al ansia y al sentido.

Pintó la santidad del irse a pique
Y el naipe y el sorbete y la venera
Y la madre en su nieve de hermosura

Nadie remede su frontal tabique
porque él pintó lo que hasta él no era:
La evidencia real de la Pintura.

martes, 23 de julio de 2013

Juventudes por Ignacio Ruiz Quintano

 Juventudes

Ignacio Ruiz Quintano
Abc

    Las juventudes las inventó Carmen Romero, cuando, bendita esposa, entonces, de Gonzalón, dijo en Cádiz aquello de “jóvenes y jóvenas”.

    Como dice mi ensayista, uno puede recorrer todos los tomos clásicos de filosofía sin encontrar una atención a lo que pensara gremialmente la “juventud”. Los estudiantes salen en las novelas picarescas, no en los tratados de Derecho público, cosa que no sabe don Juan Soler, el estricto corregidor de Getafe.

    –El Rencimiento o la Reforma se juegan entre humanistas y frailes cuarentones. La Ilustración, entre filósofos maduros. Y no se concibe una égloga pastoril-ideológica donde Salicio, en vez de llorar los desdenes de Galatea, llorara la ineficiencia de la Universidad.
    
Alfredo Valenzuela ha sacado a colación el caso de la joven novelista granadina Cristina Morales, que en su novela “Los combatientes” intercaló textos, sin citar la procedencia, del “Discurso a las juventudes de España” de Ramiro Ledesma Ramos, con el resultado de que críticos y reseñistas los han identificado como ideario del 15M.

    Morales, procedente de la Fundación Antonio Gala para jóvenes creadores, es licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, y recibió por “Los combatientes” el premio Injuve de Narrativa 2012 que otorga el ministerio del ramo de la Igualdad, cuyas autoridades le pidieron que en el acto de entrega leyera uno de los párrafos de la novela pertenecientes a Ledesma Ramos (¡los que les gustaban!).
    
–En ese momento –dijo Morales a Valenzuela– estuve a punto de desvelar la autoría de esas palabras, pero pensé que eso correspondía a los críticos y a los lectores.
    
Si algo tiene la juventud es tiempo.
    
Pero, “jóvenes y jóvenas”, nada sucedió hasta que un comentario anónimo en un suplemento cultural hizo saltar la liebre, que era un matacán, lo que lleva a la sospecha de que aquí, leer, lo que se dice leer, sólo leen… los fachas.
    
En “El Cultural” dicen que es el futuro (Morales, no los fachas).
Publicado el jueves, 11 de julio de 2013 en ABC
http://salmonetesyanonosquedan.blogspot.com.es/2013/07/juventudes.html 

domingo, 30 de junio de 2013

Joven autora granadina, Ramiro Ledesma y el 15 M.

Por Alfredo Valenzuela.
Sevilla, 29 jun (EFE).- La escritora Cristina Morales (Granada, 1985) ha intercalado textos, sin citar la procedencia, de Ramiro Ledesma Ramos, cofundador de Falange y teórico del fascismo español, en su novela "Los combatientes", de modo que críticos y reseñistas los han identificado como parte del ideario del movimiento 15M.
Cristina Morales ha dicho a Efe que ha introducido en su novela los textos de Ledesma Ramos -pertenecientes a su "Discurso a las juventudes de España" (1935)- como "una trampa literaria", pero que su intención no ha sido provocar equívocos, por más que le haya sorprendido que "hayan sido tantos, tan flagrantes y tan desvergonzados".
Licenciada en Derecho y Ciencias Políticas, Morales conoció por sus estudios ese "Discurso" de Ledesma Ramos, del que ha dicho que contiene "algo de verdad, algo que sigue siendo activo y movilizador", y del que ha añadido: "Diría que es un texto que tiene razón, sobre todo si se lo desvincula del contexto, que es de 1935 y fue escrito por el fundador de las JONS" (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista).
"El texto de Ledesma encajaba en el mío; el mío tenía un hermano en ese texto, y si escogí ese discurso y no otro es porque en el artefacto literario que es mi novela ése funcionaba mejor con los propósitos de mi novela", ha explicado la autora.
El colmo, ha considerado Morales, fue en diciembre pasado, cuando al recoger el premio Injuve, que otorga el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, le pidieron que en el acto oficial, al recoger el galardón, leyera uno de los párrafos de la novela que pertenecen a Ledesma Ramos.
En ese momento, ha confesado, estuvo a punto de desvelar la autoría de esas palabras, pero pensó que eso correspondía a los críticos y a los lectores, lo que no ha sucedido hasta que un comentario anónimo en un suplemento cultural ha terminado desvelándolo.
Acerca de la posibilidad de que los equívocos hayan sido originados porque en la solapa de su novela se habla de "una asamblea de indignados" para referirse a los integrantes del grupo juvenil de teatro que protagoniza "Los combatientes", Morales ha asegurado que la solapa es responsabilidad de la editorial, pero que en su novela no se menciona ni el 15M ni la palabra "indignados".
"El lector que lee la novela, sin puntos de sutura, se desliza por un discurso radical, que está fuera de su tiempo y de su ideología, pero cae dentro de él, porque la retórica política del 15M no es muy distinta de la de hace ochenta años... los mismos epítetos, los mismos enaltecimientos", ha señalado.
Morales ha asegurado que no pretende decir que "el 15M es parafascista" sino que "parte de su discurso estaba ya inventado".
Ramiro Ledesma

La autora, no obstante, no comparte ninguna simpatía con el 15M, del que considera que "bajo una apariencia revolucionaria, no es sino pienso para el sistema", y que está integrado por jóvenes que "no quieren perder la comodidad, que son aspirantes a burgueses; aunque es muy legítimo aspirar al piso y al coche, y no hay nada malo en eso".
"De ahí a considerarlo una revolución que integra a todos los estamentos de la sociedad, hay mucha diferencia", ha añadido.
La novela ha sido publicada por la editorial Caballo de Troya, nombre que parece cerrar el círculo de "la trampa literaria" de "Los combatientes" -cuyo título, en cierto modo, se debe a los que saltan a la comba-.
El director de Caballo de Troya, Constantino Bértolo, ha dicho a Efe que era consciente de que la novela insertaba textos ajenos a la escritora, pero que desconocía su autoría.
Morales ha añadido que su novela también integra fragmentos de canciones y citas de otros autores, sin citar a ninguno, excepto a Antonio Tabucchi.

sábado, 4 de junio de 2011

ONÉSIMO REDONDO. LOS ALBORES DE LA FALANGE


Onésimo Redondo
Los albores de la Falange
Luis Miguel Villegas
Prólogo de Alfonso López Gradolí
Ediciones Barbarroja, 2011
Madrid
Formato: 15 x 21 cm
328 págs.
P.V.P.: 18’00 €

De la época de la falsificación de la Falange (entiéndase el franquismo) nos viene la costumbre, triste costumbre, de que para exaltar la figura de José Antonio Primo de Rivera, se ningunea la de los otros iniciadores del movimiento nacionalsindicalista: Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma y Julio Ruiz de Alda. Al régimen del general Franco, y más concretamente a Ramón Serrano Suñer y a sus adláteres, les convino la exaltación, hasta el paroxismo de un José Antonio deformado y manipulado a conveniencia de sus bastardos intereses. Fabricaron a un José Antonio a su menguada estatura y ocultaron al verdadero revolucionario. Dieron culto al mitin del Teatro de la Comedia y olvidaron la evolución revolucionaria de Primo de Rivera, que se explicita en el mitin del Cine Madrid, por ejemplo. Y olvidaron interesadamente, también, la importancia que en esta evolución tuvieron sus compañeros

[Luis Miguel Villegas]


martes, 30 de marzo de 2010

ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO Y LA EDAD DE PLATA


En el año 1927 ve la luz por primera vez la revista La Gaceta Literaria, empeño cultural de Ernesto Giménez Caballero, que, a partir de su firma como Gecé en varias de sus creaciones artísticas, será conocido por tal apodo.
Gecé nació en Madrid en 1899, su padre tenía una humilde imprenta en la madrileña calle Huertas que él consigue convertir en un prospero negocio de artes gráficas.
Ernesto se licencia en Letras en la Universidad de Madrid en 1919 y continúa sus estudios de Filosofía. Tras pasar el curso 1920-21 como profesor en la Universidad de Estrasburgo, es llamado a filas y será destinado a Marruecos inmediatamente después de producirse el “desastre de Annual”, a su vuelta, en 1923, publica Notas marruecas de un soldado con notable éxito.
De nuevo en Estrasburgo, conoce a la hermana del cónsul de Italia, Edith Sironi, con la que se casará en Madrid el 4 de Mayo de 1925; la relación con su esposa será muy importante para su acercamiento a Roma e Italia. También se va desarrollando su sentimiento de hermandad con los pueblos hispanoamericanos.
El 1 de Enero de 1927 aparece por primera vez La Gaceta Literaria, germen y origen de la que será llamada “Generación del 27”. La revista, quincenal, será portavoz de las nuevas vanguardias, en ella colaboraran figuras tan señeras como: Ramón Gómez de la Serna, Edgar Neville, García Lorca, Alberti, Pedro Salinas, Neruda, Rosa Chacel, Ramiro Ledesma, Vicente Alexandre, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Ramón Gaya, y otros autores no menos significativos.
El 15 de Febrero aparece una entrevista con el poeta italiano Marinetti, inspirador del Futurismo y del Fascismo, cada vez se implica más con la Italia fascista a la que viaja de nuevo en 1928, lo que originará su libro Circuito Imperial.
La Gaceta fue vivero cultural donde se editaron libros, se organizaron exposiciones, se promovieron banquetes y se promovió La Galería, donde se promovió la arquitectura moderna y funcional, el mueble metálico y la artesanía española. Curiosamente en el local de La Galería se creó ya en tiempos de la república el restaurante Or-Kom-por, donde nacería el himno falangista Cara al Sol.
En definitiva La Gaceta Literaria fue precursora del Vanguardismo en literatura, arte y política, de ella saldrían los inspiradores tanto del Comunismo como del Fascismo español.
A partir de 1930, el evidente acercamiento de Giménez Caballero al Fascismo italiano, hizo que muchos autores fueran abandonando su colaboración.
En torno a la revista gira la exposición “La Generación del 27 ¿Aquel momento es ya una leyenda” en la sevillana sala Santa Inés. En la exposición se muestran obras originales del mismo Gecé, de Lorca, Dalí, Picasso, Juan Ramón, Falla, Hinojosa, etc.
En La Gaceta publicaron sus trabajos la mayoría de los autores de la llamada “Edad de Plata” de la cultura española, cuyo punto de arranque es el homenaje que se celebra en el Ateneo de Sevilla en torno al tercer centenario de la muerte de Góngora, jornadas culturales auspiciadas por el mecenazgo del torero y literato Ignacio Sánchez Mejías. El mismo cartel de la exposición es una obra de Gecé titulada “Universo de la literatura española contemporánea”, donde el autor, a modo de cuerpos celestas, compone las constelaciones de la literatura y el pensamiento españoles de la época, abarcando la Generación del 98, del 14 y del 27.
En la exposición se puede ver el curioso documental “El deseo y la realidad”, donde se pueden ver las únicas imágenes en movimiento que existen de Luís Cernuda y de otros autores del momento.


Del vanguardismo de Giménez Caballero dan fe su obra gráfica expuesta, así como un original de su texto “Yo, inspector de alcantarillas”, probablemente la primera publicación surrealista española y su “Hércules jugando a los dados”.
En Marzo de 1928 publica “Eoántropo. El hombre auroral del Arte Nuevo” en la Revista de Occidente de Ortega y Gasset, ensayo literario que compone la nómina del cuadro de honor del vanguardismo español.
Giménez Caballero fue dos veces Premio Nacional de Literatura.
En 1930 crea el primer cine club existente en España, entre otras actividades, estrenará la obra surrealista de Dalí y Buñuel “Un perro andaluz”.
Tras estos dos fecundos años de creación y desarrollo cultural, los jóvenes autores, acordes con el desarrollo de la vida española del momento, van politizando cada vez más sus posiciones, lo que originará caminos divergentes entre ellos.
Giménez Caballero aparece como el más destacado introductor en España de las corrientes políticas de la Italia del momento. Participa en la creación de la revista La Conquista del Estado, junto con Ramiro Ledesma Ramos.
En 1932 publica su Genio de España.
En 1933 es uno de los impulsores de El Fascio. En octubre participa en la fundación de Falange Española, colaborando después habitualmente en la revista F.E.
El estallido de la Guerra Civil le coge en Madrid, consigue ir a Italia y desde allí pasar a la España Nacional, donde sería alférez provisional.
Los viejos compañeros de creación, los colaboradores de aquella fecunda fuente de cultura que fue La Gaceta Literaria se miraban unos desde ambos lados del campo de batalla, otros, en el extranjero, miraban los toros desde la barrera.

viernes, 19 de marzo de 2010

ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO EJE DE LA EXPOSICIÓN SOBRE LA GENERACIÓN DEL 27



En la sala Santa Inés de Sevilla se puede ver hasta Junio, una exposición que revive la eclosión artística y literaria que dió lugar a la que se conoce como Edad de Plata de la cultura española.


El cartel de la muestra es un diseño de Ernesto Giménez Caballero titulado El Universo de la literatura española.


Entre la gran cantidad de documentos expuestos, figuran reproducciones de gran tamaño de la revista La Gaceta Literaria, dirigida también por Gecé (Giménez Caballero), que jugó un papel fundamental en la difusión de las nuevas corrientes y que apareció por primera vez el 1 de Enero de 1927, en cuyas páginas colaboraron firmas como las de Azorín, Baroja, Ortega y Gasset, Buñuel, Begamín, Ramiro Ledesma Ramos, Alberti, Neruda, Ramón Gómez de la Serna, Lorca, Pedro Salinas, Falla, Dalí, Max Aub y otros más, que forman una verdadera galaxia creativa como la recreada por Gecé en su cartel.


La Gaceta Literaria es la columna vertebral de la exposición, mostrando la evolución de las vanguardias entre 1927 y 1928, como el Surrealismo y el neofuturismo. Curiosamente, de los jóvenes autores que convivieron en la revista, surgirian, a partir de 1930, divergencias ideológicas que conducirian a unos al comunismo y a otros al fascismo, pero ambas corrientes con espíritu regenerador de una España que creian necesitada de una revolución regeneradora que trajera mayor justicia social, los dos caminos que se bifurcaron desde 1930, acabarian regando los campos españoles de su sangre joven en un enfrentamiento fraticida.


En la muestra se podrá ver un documental, El deseo y la realidad, que muestra las únicas imágenes existentes de Luís Cernuda y otros poetas de su generación