miércoles, 30 de marzo de 2011
Otra visión del libro de Martinez Reverte sobre la División Azul
lunes, 28 de marzo de 2011
Libro sobre la División Azul
domingo, 27 de marzo de 2011
Echando pan a los patos
domingo, 20 de marzo de 2011
FOXÁ, LA HISTORIA SE REPITE

Pero no todo fue así ni tan sencillo. Durante algunos de esos recitales, los poetas entusiastas fueron acosados y perseguidos por una turba de comunistas exasperados y violentos, que, en cuatro de los veintitrés espectáculos poéticos que protagonizaron, se vieron agredidos incluso físicamente (aun con violencia de “puños y pistolas”) por aquellos tataradeudos de los que ahora se dicen tan tolerantes y amigos de las libertades.
De aquella arriesgada aventura poética quedan testimonios escritos de esos cuatro temerarios jinetes literarios. Pero, sin duda, el más elocuente es el de Foxá. Nos basta leer la carta que éste le dirige a su madre en marzo de 1950: “Sobre todo en Venezuela tuvimos la sensación del atentado. Los periódicos comunistas saludaron así nuestra llegada “Ocultos en el hotel Waldorf, de Caracas, se encuentran desde hace dos días los poetas franquistas responsables de actos muy graves: Rosales fue el delator de Federico García Lorca. Foxá, director general de seguridad (donde se caracterizó por su fría crueldad). Todos responsables de la muerte de sabios e intelectuales republicanos. La juventud cubana los arrojó de La Habana; esta tarde, a las seis, darán un recital en el Hogar Americano”.
El vitalista Foxá convertido, por arte de la mentira más grosera, en cruel director general de seguridad; increíble, puro surrealismo. Las mentiras de siempre, ya sabemos. Y eso se atrevían a decir de él en ese entonces, de él y de esos atrevidos poetas, con esa flagrante mendacidad.
Pero a Foxá todo aquello le importaba muy poco, todo le importaba muy poco, en realidad. Y siguió viviendo con su buen malvivir, sabiendo que se moría. Da la impresión de que esos comunistas de Caracas, o los que heredaron su saña instalando su campamento en una ciudad al sur de España, nunca le olvidaron y le siguieron la pista, hasta muchos años después de su muerte. Las alimañas carroñeras son así: degustan los cadáveres con voracidad hasta el último hueso.
Pero él, Foxá, tuvo que saber o hubo de tener premoniciones. Si no, no se entiende lo que le dice a su madre en plena persecución: “Todo esto ha servido para dar a nuestro viaje una aureola heroica, o una resonancia inusitada”. Es su carta desde Managua de 9 de febrero de 1950. Como imaginando el futuro, eso que muchos años después hubo de pasar.
Yo ahora me refiero al otro viaje de Foxá, el de hace poco, cuando algunos quisieron regresarlo a la historia y otra vez Caracas. La historia que se repite. Parece cosa de magia. Pero se repite, está visto. La aureola heroica y la resonancia inusitada. Al menos eso quedó.
José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga.
miércoles, 16 de marzo de 2011
Miguel Hernández y sus versos más 'personales' (del Blog Bokabulario)
Con motivo de una memez zapaterina sobre el poeta Miguel Hernández, me permito recordar algunos de sus versos y citas, que sin duda serán censurados por el Imperio Progre cuando, eliminados los fumadores, se empiecen a expurgar las bibliotecas. ¿Le salvará haber sido comisario político?
Por El País, ese períodico cuyos tribunos venían de Arriba (como los funcionarios del franquismo Laín Entralgo y Antonio Tovar), me entero de lo siguiente:
La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo ha notificado la sentencia que reconoce que la condena a muerte del poeta Miguel Hernández se produjo por motivos "políticos e ideológicos", fue "radicalmente injusta" y carece en la actualidad de "vigencia jurídica".
¡Noticias frescas! Ahora a ver si el Supremo hace la misma sentencia para los miles de asesinados por los rojos, muchos de los cuales eran rojos.
Para celebrar hecho tan importante, traigo un extracto de un poema de Miguel Hernández dedicado a Rusia, donde los comunistas ya habían asesinado a millones de personas.
Aquí está Rusia entera vestida de soldado,
protegiendo a los niños que anhela la trilita
de Italia y de Alemania bajo el sueño sagrado,
y que del vientre mismo de la madre los quita.Dormitorios de niños españoles: zarpazos
de inocencia que arrojan de Madrid, de Valencia,
a Mussolini, a Hitler, los dos mariconazos,
la vida que destruyen manchados de inocencia.
Si un ciudadano español, le dice mariconazo a alguien, según la ley que desean aprobar Always Marruecos, Bibiana y Leire, podrá ser multado y humillado mediante denuncia anónima.
Si un poeta de izquierdas llama mariconazo a alguien, ¿entonces se acepta la palabra?
Miguel Hernández también menospreció a las putas y a los hijos de puta, al aplicar esos calificativos a Rafael Alberti y María Teresa León, como ha recordado Fernando Iwasaki.
(...) a Miguel Hernández le indignaban el lujo y la frivolidad que Alberti y su mujer derrochaban en el Madrid republicano, celebrando fiestas de disfraces y zampándose los alimentos que escaseaban. Una de esas lujosas noches Miguel Hernández soltó la frase explosiva que le mereció la enemistad de Alberti y la bofetada de María Teresa León —"Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta"—, admitida por ella misma en su Memoria de la melancolía (1979, p. 335). Aquel episodio fue la verdadera razón del desamparo de Miguel Hernández en Madrid, abandonado por sus amigos Neruda y Alberti.
Además Alberti, esa pésima persona recuperada por Luis María Ansón para ABC, y Pablo Neruda no incluyeron a Hernández en la lista de quienes iban a recibir protección diplomárica en cuanto lsa tropas nacionales entrasen en Madrid.
¡Qué maravillosos guionistas tiene el Imperio Progre! El PSOE paró el 23-F, el genocida Carrillo luchó por la democracia y la izquierda reivindica al poeta al que ella abandonó.
Ah, en la guerra Miguel Hernández fue comisario político: arengaba a los milicianos a matar sin piedad para implantar el mayor horror de la humanidad mientras él se quedaba en retaguardia. Si sacamos el pasado, saquemos TODO el pasado.
¡Que Hernández y tantos otros muertos de la guerra descansen en la paz y el amor de Dios!
AGUSTÍN DE FOXÁ
Que ya sabéis que me encanta. Por fortuna no soy el único. Su poema Trincheras del frente de Madrid:
¿No sentís a la Patria temblorosa
que por los pies os mete sus metales
amasados de huesos y raices,
que por el cielo claro, azul y extremo,
trae campanas y el humo de la aldea
donde nacisteis? ¿No sentís a España
que está en el pan y el hierro y la amapola
en la espiga, en la voz y en nuestra carne?
domingo, 13 de marzo de 2011
Sombra y Luz de Cuaresma
Prevenido estaba el azahar, prevenido el suelo de adoquines de Gerena para soportar el paso suave, leve, de los pasos que Lo llevan. La salvación está en Él, en esa muerte como un sueño de tres días que acaba en Gloria, un sueño del que despertamos deslumbrados por la luz reflejada en la cal blanca que nos deslumbra, en el azul celeste que nos cobija, en las hojas verdes de los naranjos que motean las calles de nuestro más querido interior y arropan el aliño de primavera en los que macera nuestra ilusión, con especias, incienso de oriente, cera de abeja, humo gris de nuestros pecados, madera añeja de viejos bancos donde derramamos unas lágrimas de arrepentimiento y contrición. Pero la lluvia no quiso que viera, por primera vez, sobre filigranas imposibles de caoba, los violetas de lirios ajados por la noche de Marzo. Entre cuatro hachones de luz barroca, te quedaste esperando frente a tu Madre, Soledad, pisar las calles estrechas del barrio. Las espadañas esperaban asomarse para ver tu cabeza coronada de dolor, tus pies sangrantes soportando, clavados en el madero, las culpas del mundo.
El retablo de dorados estípites, de retorcidas columnas salomónicas, se apagó de pronto, y quedaste Tú, amparado por los cirios de llama oscilante, iluminando el silencio de tu verdad absoluta. Dentro de poco, volveré a arrodillarme en tu rincón en penumbras de la nave lateral, cercano, mis ojos mirarán tus clavos, tus manos y tus pies sangrando, tu costado abierto, que, goteando, formarán claveles en la jarra de plata preparada.
Odio que hiere de muerte a la cultura
Alberto García Reyes
Día 11/03/2011
Ante la reaparición de un fascismo que, como todos los sevillanos vemos cada día, nos atosiga por las calles sin dejarnos casi ni respirar, Josefa Medrano protagonizó la heroicidad de prohibir a unos fachas la celebración de un homenaje al falangista Agustín de Foxá en un centro público ganado para el pueblo por la revolución. Pero la Justicia, que es ejemplarizante cuando absuelve a Lolo Silva, ha sido «surrealista y escandalosa» en su procesamiento a esta pasionaria sevillana. Los cuatro compañeros que le quedan a Medrano en ese mundo irreal de caudillos por doquier acusan a la Audiencia Provincial de Sevilla de querer sentar en el banquillo a su heroína «mientras curiosamente los asesinos del régimen franquista siguen libres y sus herederos gozando de grandes fortunas». ¡Viva la Transición! Estos valientes que han necesitado 40 años de distancia para echarle valor a la dictadura, porque mientras Franco vivía se casaban en el Gran Poder en lugar de defender sus ideas en la vía civil, están empeñados en imponer su peculiar sentido de la justicia. Que es la venganza. El odio. El enfrentamiento como modus vivendi.
El comunicado del Partido Comunista de Sevilla contra la Audiencia Provincial tras la confirmación de que Medrano será procesada por aquel veto infame sobrepasa todos los límites de la obsolencia y, peor aún, de la insolencia. Acusa a las asociaciones que programaron el famoso acto literario de «ocultar su único y verdadero propósito», que sería el ensalzamiento de una «reputada figura» del régimen franquista. Se habla de genocidio, de muertos en las cunetas y de otras historias que a quienes hemos nacido ya en democracia nos suenan a chino mandarino. Y todo porque los impulsores del gulag sevillano están convencidos de que desde estas posturas radicales, distorsionadoras y teóricamente gallardas consolidan sus votos. He aquí los intrépidos paladines de la batalla contra la derecha cavernaria y carpetovetónica. Los que se enfrentan al fascismo imperante. Los que se abanican con la tricolor. Los demócratas de mayor pedigrí. Ellos son los libertadores que de veras sostienen los pilares del Estado de Derecho. Por eso no tienen recato en atacar a la Justicia cuando son señalados por ella. Porque Josefa Medrano es una especie de Némesis de inspiración griega. La diosa de la venganza y de la justicia distributiva. Aquella que castigaba a quienes no pensaban como los poderosos. Véanla en esta imagen junto a sus ídolos clásicos, Torrijos y García. En la realidad inexistente que se han inventado es fundamental la presencia de la cruz gamada, el colorido republicano y el discurso de la clase obrera oprimida por los liberales. En la realidad que vivimos los demás sevillanos, los opresores son precisamente aquellos que impiden leer por cuestiones ideológicas y abusan de su poder con la peor corrupción posible, que no es la pecuniaria, sino la nacida del odio, de la ignorancia y de la falta de respeto al pueblo que vota. Si la Justicia es «surrealista» por defender la libertad de quienes sólo pretendían repasar la obra literaria de Foxá, cómo puede calificarse a quienes habitan en esa ficción antinazi en la que los abanicos esparcen un aire de rencor irrespirable. Vivir del pasado, o, mejor dicho, de la deformación casi paródica del pasado, es mayor pena que la que pueda imponer la Justicia. En el pecado llevan la penitencia.
miércoles, 9 de marzo de 2011
La Audiencia confirma el procesamiento de Medrano por el "Caso Foxá" (ABC de Sevilla)

En un auto emitido el pasado día 1 de marzo, al que ha tenido acceso Europa Press, la Sección Cuarta de la Audiencia Provincial rechaza de esta manera el recurso de apelación presentado por la representación jurídica de Medrano contra el auto de incoación de procedimiento abreviado dictado el pasado día 30 de septiembre por la juez de Instrucción número 6, Mercedes Alaya, que imputa a la concejal de IU los delitos de prevaricación y contra el ejercicio de los derechos fundamentales y libertades públicas.
De este modo, Medrano había solicitado que este auto se dejara sin efecto y que se acordara, en su lugar, el archivo de las actuaciones, ya que entendía que su actuación no era constitutiva de delito alguno, ya que argumentaba que no revocó la autorización concedida el 23 de septiembre de 2009 para la realización del homenaje al escritor, "sino que se limitó a denegar la utilización del espacio solicitado", así como que la revocación no se basó en motivos políticos o ideológicos porque Foxá estuviera relacionado con la Falange.
Asimismo, argumentó que desconocía que el acto proyectado se tratara de un homenaje literario; que no se efectuó ninguna reclamación en vía administrativa por los convocantes del acto, y, por último, que el homenaje tuvo finalmente lugar en la fecha prevista en los exteriores del centro cívico.
No obstante, la Audiencia dice que el recurso "no debe prosperar" y subraya que, de lo actuado, "resulta indiciariamente que la imputada dio orden expresa de revocar la autorización ya concedida de una sala en el centro cívico para la celebración de un acto de homenaje de carácter literario a Foxá".
«Motivos políticos»
Al hilo de ello, la Audiencia añade que, "indiciariamente, aparece que tal decisión habría obedecido a motivos políticos y, en particular, a la recepción de numerosos correos electrónicos y llamadas quejándose de la celebración de un acto de homenaje a un escritor vinculado a la Falange", al tiempo que pone de manifiesto que la alusión de Medrano a que con la celebración del acto podrían haberse producido disturbios "no resulta en principio causa suficiente para la revocación de una autorización previamente concedida por cumplirse con todos los requisitos necesarios para su concesión".
"El acto, finalmente, se celebró en el exterior del centro cívico, sin que conste se produjeran problemas de orden público, pudiendo haberse acudido a vigilancia policial para evitar problemas, como es habitual hacer con la celebración de cualquier tipo de acontecimiento público", según prosigue la Audiencia, que concluye diciendo que, "en definitiva, no puede descartarse a priori que la revocación de la autorización concedida a las entidades convocantes -Fernando III y Ademán-, revocación que se hizo sin motivación alguna, no fuera de carácter arbitrario e injusto, y por ello constitutiva de delito".
Por último, la Audiencia Provincial rechaza la petición subsidiaria efectuada por la representación jurídica de la imputada para que, en el caso de seguir adelante con el procedimiento, se excluya del mismo como acusación particular a la asociación Ademán, pues defendía que la misma no solicitó el uso de una sala del centro cívico. Pues bien, la Audiencia rechaza esta petición, ya que dice que Ademán "también fue convocante, junto con Fernando III, del acto de homenaje a Foxá, para cuya celebración se había solicitado una sala del centro cívico finalmente denegada por Medrano", por lo que "debe concluirse que la referida entidad tiene legitimación para intervenir en la causa".
El fiscal pide siete años de inhabilitación
Conviene recordar que la Fiscalía ha solicitado siete años de inhabilitación para empleo o cargo público por un presunto delito de prevaricación para la concejal, ya que acordó denegar el espacio solicitado por las asociaciones Fernando III y Ademán "de forma arbitraria, sin motivar, teniendo conocimiento de la legalidad de la autorización ya concedida -dada previamente por la directora del centro cívico-, y dada la ideología ligada a la Falange y al franquismo del escritor".
‘Playa de los Alemanes’ (Reseña de Juan Carlos Arias en Cambio16)

miércoles, 2 de marzo de 2011
Número extraordinario de Altar Mayor

miércoles, 23 de febrero de 2011
Caza Mayor, nueva novela de Aquilino Duque

20 minutos.
El escritor sevillano Aquilino Duque revela "historias paralelas" a la I y II Guerra Mundial en 'Caza mayor', algunas de ellas concernientes a la Familia Real inglesa de comienzos del siglo XX y otras a otros muchos personajes, reales y ficticios, que interactúan en esta obra publicada por la Editorial Renacimiento.
Según ha manifestado a Europa Press Duque, el libro se inicia y cierra con un episodio de caza que tiene lugar en el Parque Nacional de Doñana, y es que, asegura el autor, 'Caza mayor' es "un relato entre paréntesis, un paréntesis que se abre en Jerez de la Frontera (Cádiz) y se cierra en Doñana en el año de gracia de 1927, antes de que la máquina del tiempo proyectara el gran documental del siglo XX".
En este sentido, el escritor sevillano ha señalado que el contenido de la obra supone "un repaso general a la historia secreta de las dos guerras mundiales, sobre todo la segunda, en la que los príncipes de Inglaterra desarrollan un papel muy importante, teniendo en cuenta que gran parte de la Familia Real inglesa es alemana".
Asimismo, Duque ha mencionado que el personaje central, que contempla elementos autobiográficos, es un estudiante que evoca relaciones con algunas de las personas reales del relato, si bien las aventuras que rigen el hilo conductor de la novela son reales entremezcladas con la ficción.
Al hilo de esto, ha indicado que parte de la historia se desarrolla en Jerez, aprovechando toda la documentación con la que el escritor cuenta acerca de la visita del entonces príncipe heredero a la Corona de Inglaterra, visita que realizó junto a los Reyes de España, don Alfonso XIII de Borbón y doña Victoria Eugenia, momento a partir del cuál "partió la idea de escribir 'Caza mayor' para ponerle un marco a este cuadro histórico".
Aquilino Duque nació en Sevilla el 6 de enero de 1931, pero su infancia y adolescencia transcurrió en las localidades onubenses de Zufre e Higuera de la Sierra. Cursó estudios medios y superiores en Sevilla y amplió estudios en Inglaterra y Estados Unidos. Cultivador de géneros diversos, tiene el premio Washington Irving de cuentos, el Leopoldo Panero y el Fastenrath de poesía, así como el Nacional de Literatura por su novela 'El mono azul'.
Duque es individuo de número de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras y ha residido en diversos países como profesor visitante y como funcionario internacional. Otras novelas suyas son 'Las máscaras furtivas', 'El piojo rojo', 'La loca de Chillán', o 'La operación Marabú y otros relatos' y 'Entreluces', estas dos últimas de la Editorial Renacimiento.
martes, 22 de febrero de 2011
Entrevista "Im-pertinente" con Aquilino Duque
"Si me pierdo, que no me busquen en Dallas"
-¿Alguien que en Sevilla decide decir lo que piensa es impertinente, inconsciente o alguien sincero?
-Sincero. En mi caso no tengo nada que perder. Me he montado la vida de manera que siempre he dicho lo que he querido. Tanto en la época anterior como en la actual. No he estado en ningún sitio donde pudiera sufrir represalias laborales. Cada vez digo más lo que pienso.
-¿Ese sentido de la libertad es muy difícil de ejercer en Sevilla?
-Aquí y en todos sitios la gente tiene cuidado de no herir ciertas sensibilidades cuando hay intereses materiales por medio. Vivimos en sociedad. Somos muy radicales cuando juzgamos a los demás. Pero lo que es evidente es que la gente tiene que comer. Quien no se pliega al poder establecido no trinca subvenciones. Si yo tuviera más cuidado, quizás me iría mejor en la vida literaria, pero hace tiempo que acepté que no voy a vivir de la literatura. Yo procuro llevarme bien con todo el mundo, claro. Pero para mí es mucho más importante acostarme con la conciencia tranquila, no tragando sapos continuamente.
-¿Fuera le ha pasado igual?
-En todas partes. En Italia he tenido experiencias análogas. Publiqué una novela que sentó muy mal a la gente biempensante. No fue bien recibida. Iba a contracorriente de la época en la que fue escrita.
-En su caso esta actitud es una constante de su trayectoria.
-Siempre he sido refractario a todas estas cosas. Tanto asociaciones de tipo religioso como político, o cofradías. Es cuestión de carácter.
-¿Ha perjudicado esto su obra?
-Creo que mi obra está reconocida. Lo que no está es remunerada. La gente me conoce y yo creo que me consideran. Se habla de mi fama negativa... pero al fin y al cabo es fama. Hay gente que menciona mi nombre como símbolo de todo lo reaccionario. Ciertos políticos. En fin, también hay políticos cultos. Pocos. Algo se les pega.
-¿No se ha planteado cambiar?
-Es el precio que hay que pagar por ejercer la libertad.
-No hay mucha gente así.
-No crea. Pero es gente de la que no se habla. Conozco escritores que después de publicar hasta diez libros no han recaudado ni 5.000 euros de beneficios. La libertad de criterio tiene su coste. Hay que pagarlo y conformarse. Es así.
-¿Sevilla no se ha portado bien ?
-No me puedo quejar. En su día me premió el Ayuntamiento, la Diputación, la Maestranza me encargó el pregón taurino. Ni de la ciudad ni de las instituciones tengo quejas. Pero lo que yo no puedo es ponerme al servicio de las instituciones para decir lo que a ellas les gusta oír. Comprendo que haya cosas que a mucha gente les chirríe cuando hablo. Alabado sea Dios. Lo siento. Pero yo duermo tranquilo. Para mí esto es fundamental.
-El crítico José Luis García Martín le reprochaba en una crítica a su libro 'Poesías incompletas' que contaminase su propia literatura con su "cruzada antiliberal".
-Él valora mi literatura pero me recomienda hacer literatura de evasión, que es lo que, en otros tiempos, le decían a los llamados poetas sociales. "Sería mejor si su poesía no se ocupase de los garbanzos", decían. El mismo reproche que se hacía a quienes estaban en contra del sistema me lo hacen a mí porque estoy en contra del actual. Yo estoy en contra de todos los sistemas porque es bastante difícil estar de acuerdo con la situación en la que se vive. El entusiasmo de las revoluciones dura sólo una semana. El político y el intelectual a veces hacen camino juntos durante un trecho, pero cada uno tira por su lado. Uno se adapta a la realidad y el otro, si sigue buscando la verdad... La verdad no es rectilínea, sino sinuosa. Comprendo a los políticos pero ellos no me comprenden a mí.
-Usted escribió un libro sobre la ciudad: 'Sevilla bajorrelieve'.
-Fue un libro que me encargó Jesús Aguirre, muy amigo mío, cuando la Expo 92. Quería presentar una urbe amable, abierta al mundo, mejorada en sus infraestructuras. Eso fue lo mejor que tuvo la Expo.
-Alfonso Grosso decía de usted: "Aquilino fue el primero que se fue [de Sevilla] y fue el primero que volvió. ¿Por qué se fue?
-Me fui en 1954 porque me dieron una beca. El ambiente era muy provinciano no sólo en Sevilla, también en Madrid. Quería conocer otros países. Cuando conseguí entrar en Naciones Unidas siempre tuve la idea de no hacer toda mi carrera administrativa como funcionario internacional, sino venirme antes. Me fui por una aspiración cultural. Más de una vez me decían: "¿Prófugo político?". Y yo contestaba. "No, prófugo económico". En Naciones Unidas se ganaba lo que no se ganaba aquí. Como estudié Derecho las perspectivas eran o irse a un bufete y a los juzgados u opositar al cuerpo diplomático. No quise imponerle ese sacrificio a mi padre y, como creía que podría vivir de la literatura... Sabía que si no viajaba y veía otros mundos mi visión sería estrecha. Un poeta provinciano. Luego me metí a diplomático de complemento, como yo lo llamo, que es trabajar de funcionario internacional. El diplomático titular está sujeto al gobierno de turno. Debe cumplir sus instrucciones, acatar traslados. Yo, en cambio, he elegido siempre mis destinos: Ginebra, Roma, Viena, Nueva York.
-Se fue primero a Inglaterra.
-A Cambridge, que me marcó profundamente. López Estrada, el catedrático, me habló de unas becas que daba el Instituto Británico, del que yo era alumno. Conseguí la beca y me fui a Inglaterra. Luego hice la tontería de coger otra para ir a Estados Unidos en vez de quedarme en Inglaterra y hacer un doctorado. Me fui a Dallas. No era lo mismo. Lo que lamenté yo aquello. ...
-¿Lo pasó mal?
-No sentí el choque cultural. Dejé de vivir en casa de mis padres. Mi primera liberación en este sentido fueron las prácticas de milicia: ganaba un sueldo y vivía fuera de casa sin tener que dar explicaciones. Es importantísimo. En Inglaterra, igual. Fue maravilloso por los contactos y las actividades culturales. La vida no podía compararse.
-Estábamos con lo de Dallas.
-Sí. En Dallas... Un compañero mío, canadiense, me dijo que allí daban unas becas. En aquella época atravesar el charco era como ir a la luna. Otro mundo. Pasé allí un año, hice un máster, me trataron bien pero yo lo pasé muy mal. Me metí en muchos líos.
-¿Qué líos?
-Bueeeeeno. A esas edades se enamora uno con facilidad de quien no debe. La beca coincidía con la milicia. Logré a través del jefe de Estado Mayor, que era poeta, que me dejaran marcharme y hacer el resto al regreso. Me dieron la segunda beca y no dije nada: me fui a Estados Unidos. Cuando llevaba allí un año me llamaron diciendo que me degradaban y que tendría que empezar desde el principio. Y me vine para acá, cosa que me salvó. Si no... Lo tengo muy claro: si me pierdo, que no me busquen en Dallas. Lo de Kennedy vino después.
-¿Por qué vuelve para quedarse?
-Eso fue en 1975. Todavía vivía Franco. Yo iba y venía con frecuencia. El año anterior me dieron el Premio Nacional de Literatura. Era mi etapa de máxima rebeldía. Quería que España fuera igual que los países en los que había estado. Mi primer empleo fue en la base de Morón, con los americanos. En realidad volví por una cuestión de identidad: mis hijos no iban a saber de dónde son. El eje de mi vida era la literatura en español. Lo natural era volver. Tenía amigos.
-Y tenía nostalgia.
-La tierra tira. El flamenco. Amigos como Fernando Quiñones. Pero fue una decisión adoptada como otra cualquiera, sin traumas ni historias. He vivido bien en el extranjero. En Italia lo pasé fantásticamente. Lo que pasa es que mi mujer es norteamericana y siempre ha vivido en el campo. La ciudad no le gusta, aunque sea Roma, que es un sitio para quedarse siempre.
-¿Sevilla no?
-Hombre, yo adoración por Sevilla no tengo. Me ha gustado mucho. Estando fuera la he añorado más que ahora. Pero es como la mujer con la que te casas. Todos los días la ves. No creo en el divorcio, así que no me voy a divorciar en Sevilla. Pero si me preguntan qué ciudad andaluza me gusta más yo diría que Cádiz. Cada vez que la piso es por algo bueno.
-¿Nota Sevilla muy cambiada?
-Muchísimo. Cuando volví y buscaba donde vivir fui a un caserón en Castilleja a hablar con el sobrino de la dueña. Eran los años de la piqueta. El hombre me dijo que había que ponerse al día y ser moderno. Era director de banco, claro. Tan malamente me sentó que no llegamos a un acuerdo. Hay cambios que no me gustan nada. Han desaparecido muchas cosas, el Hotel Madrid, el Hotel de la Generación del 27, donde yo también paraba. Aquí tengo azulejos del Palacio de Sánchez-Dalp. Romero Murube me dijo que los cogiera porque iban a tirarlos. Están en la cocina.
-Su imagen de Sevilla es...
-Yo nací en la calle Betis. La ciudad era pequeña. En Alfonso XII, donde vivía, tenía a dos pasos el Club La Rábida y la Escuela Hispanoamericana, la Universidad estaba en Laraña; mi colegio, en la calle Rosita, junto al Molviedro. La Escuela de Artes y Oficios, en Zaragoza. Todo estaba cerca. La gente se conocía. En los 50 ya empezó la gran dispersión, cuando el centro se quedó vacío. Yo he conocido la Sevilla agraria y tradicional. Los grandes ritos eran más accesibles. No había masificación. Sevilla la veo cambiada. No es que me parezcan mal ciertas cosas. El progreso material es incontestable. Entonces no había ni restaurantes. Los sitios se contaban con los dedos de una mano.
-Su obra está llena de ironía y de humor. ¿El sevillano sabe reírse de sí mismo?
-Se toma demasiado en serio. Recuerdo una anécdota sobre Lorca. Pemán se lo encuentra cuando había estrenado El maleficio de la mariposa, con subvención de Fernando de los Ríos. Y le pregunta: "¿Tu obra estará mucho tiempo en cartel?". Lorca le dice: "Hasta que pase por el teatro todo Madrid, uno por uno". No tenía más de un espectador cada noche. El sentido del humor no depende de la ideología. Lo que pasa es que cuando uno es muy militante se toma demasiado en serio. Compara a Paul Morand con gente como Zola o Sartre, siempre enfadados. O Goytisolo, Valente, Ángel González, Gil de Biedma, enfadados con la gente que les rodeaba, que les rendían pleitesía. Siempre con gesto de reproche. Con esa actitud de que la gente les debía algo. A mí la sociedad no me debe nada. Estaré en deuda yo por lo que he tomado de los demás, pero yo no le reprocho nada a nadie. Ese aire de de superioridad enfurruñada es muy propio del intelectual a la gauche. Con los franceses se da mucho. Son intratables.
-En Sevilla...
-Yo en Sevilla procuro no ser un sevillano oficial. Un sevillano oficial es la cosa más cargante del mundo. Sienta mal en otras capitales andaluzas, que tienen complejo con Sevilla. El sevillano está bien mientras no ejerza de chistoso. La gente tiene de verdad gracia cuando se expresa naturalmente y no se propone dedicarse a contar chistes.
-¿Por qué se vino al Aljarafe?
-Era el campo. Había mosquitos. Ahora no hay quien lo conozca. Casi me voy al barrio de Santa Cruz. Pero los pisos eran chicos, encajonados. Romero Murube me dijo que había dos sitios donde vivían los árabes y los romanos: los naranjales de Brenes y el Aljarafe. Aquí estoy cómodo. Quieren hacer una ciudad deportiva ahí al lado. Pero no vamos a ser eternos. Con esos condicionamientos, vivimos.
-¿Cuando reeditó sus 'Crónicas Extravagantes' se sintió igual de vetado que Agustín de Foxá?
-Al principio no fue nada divertido. Estaba en Viena y mi hijo me dijo que se había armado un gran revuelo. Algunos me llamaban fascista y, curiosamente, muchos evitaban coger el ascensor conmigo.
-¿Facilidad para escandalizarse?
-Toda la prensa estaba contra mí. Fernando Ortiz se partió el pecho en mi defensa. Ahora ha pasado al revés. Con lo de Foxá todo el mundo estaba en contra de las autoridades. Les estoy agradecido. Nos hicieron un favor. Si no llega a ser por ellos nadie se entera que Foxá existía. Las cosas son así. No les tengo rencor. Son coherentes con su manera de pensar. Alguien decía: "Parece mentira que unos demócratas hagan esto". Éstos tienen de demócratas lo mismo que yo. La metedura de pata jurídica es otro tema. IU, por lo demás, se ha portado bien conmigo: me pusieron un azulejo en Zufre. Claro que cuando presenté el libro por segunda vez redoblé la ración de la pócima.
-¿Usted es cofrade?
-Ese mundo me ha atraído siempre como espectador. La vida de una cofradía, no. Cuando yo he escrito alguna cosa lo he hecho porque lo sentía. Ahora, lo del pregón... Ir allí y echarle por obligación un piropo a todas y cada una de las cofradías. Decir lo que cada uno quiere oír. ¿Para qué hablar entonces?
-¿Es difícil ser uno mismo?
-Pues bastante, oiga.
http://www.diariodesevilla.es/article/entrevistasimpertinentes/891316/si/me/pierdo/no/me/busquen/dallas.html
jueves, 17 de febrero de 2011
sábado, 12 de febrero de 2011
España Cainita

En España ningún tiempo pasado fue mejor, pero quizá fueron mejores quienes nos precedieron.
La Falange y su entorno supo germinar grandes escritores, desde Agustín de Foxá a Eugenio D'Ors, cuyos nombres siguen proscritos. Pocos, como César González Ruano consiguieron superar los estigmas de su clasificación previa gracias a su perseverancia productiva. González Ruano murió en diciembre de 1965 y el día de su muerte apareció aquí, en ABC, su último artículo, en el que nos enseñó que «morir no es sino perder la costumbre de seguir viviendo». Mientras la perdía, con su propia mano y su estilográfica de siempre, hilvanó las palabras de la colaboración que, pieza a pieza, le permitía ir tirando en lo económico y haciendo piruetas con las ideas.
Hace solo unos días se ha despedido de nosotros Ismael Medina, otro de los grandes de la pluma azul. Digo bien, se ha despedido porque cuando sintió llegar la hora le dictó a uno de sus hijos la última columna para su sección, «Corazón sin corazón», en El Correo de Burgos. Es un preciso y didáctico testamento profesional: «La opinión debe construirse desde el conocimiento de los hechos comprobados y no de la rumorología y los cotilleos de salón». En España ningún tiempo pasado fue mejor y a la vista están los resultados, pero quizá fueron mejores, más cabales y comprometidos, quienes nos precedieron, quienes desde las dos —¿inamovibles?— Españas, limpiaron mucha de la mugre del pasado para que hoy pueda ponerse en pie una España, renqueante y empobrecida, mejor que su precedente. La reflexión sobre ese pasado que se trata de ignorar por unos y revindicar por otros, dos formas de insensatez, puede ayudarnos a construir el futuro que, sin contumacia cainita, será rotundamente mejor.
(Escribo esta líneas en memoria de Jaime Campmany, que me predicó esas ideas, ganó un Cavia por su necrológica de César y era amigo de Medina)
domingo, 6 de febrero de 2011
Nuestros célines

Abc de Sevilla Día 06/02/2011
sábado, 5 de febrero de 2011
Enrique Jardiel Poncela en el Lope de Vega

Aunque en su tiempo esta obra tuvo una buena acogida, pronto dejó de representarse pues, en palabras del director del Lope de Vega, Antonio Álamo, «Jardiel fue arrinconado por motivos espurios, por lo que es un autor a reivindicar, pues no se le suele montar en determinados teatros».
Entre el reparto de los 12 actores que forman parte de esta obra, destaca Soledad Mallol, muy conocida por ser integrante del dúo cómico Las Virtudes. Para esta actriz «es un honor hacer esta obra porque la función es una maravilla». Asimismo, esta intérprete destacó el hecho de que esté escrita en verso, «y a pesar de que dura una hora y media y no tiene descansos, no aburre nada y muchos espectadores desearían que fuera más larga».
Para Mallol, que encarna el papel de Marcela, la mujer del brigadier, «se trata de una tragicomedia, pues aunque hay muchos puntos cómicos, los actores llevan la tragedia por dentro». Además reconoció que «Jardiel es uno de los mejores autores y estoy conforme en que estuvo denostado».
Además reconoció que «es el papel más dramático que he hecho». A este respecto, preguntada por si se veía identificada con los roles más cómicos, la actriz dijo que «con tal de que me den trabajo, que me encasillen».
Por su parte, el actor Chete Lera, que hace de don Marcial, el brigadier, explicó en la presentación de esta obra que su personaje es un hombre «de honor y valores inviolables al que todo se le desbarata. Su hija, que se iba a casar con un poeta, es raptada por una persona que además le engañaba con su mujer». Igualmente, este intérprete destacó que este espectáculo «pasa muy rápido, con carcajadas continuas, algo que nos ha permitido obtener un lleno en casi todas las plazas en las que hemos actuado desde hace más de un año».
Esta obra de Jardiel Poncela fue llevada al cine en el año 1935También subrayó Lera el trabajo tan intenso que han realizado con el director y escenógrafo, Juan Carlos Pérez de la Fuente, que ha hecho «algo maravilloso». Por eso, a pesar de que «nos ha machacado durante los ensayos y nos ha exigido mucho, luego nos ha dado una pista enorme para viajar por toda España».
En cuanto al éxito que tuvo esta obra, cabe considerar el hecho de que ésta se estrenara como película en Hollywood del año 1935. En el filme intervinieron actores tanto de origen mexicano como italiano. «Creo que Jardiel Poncela se adelantó mucho a su tiempo, por eso creo que se le prestó tanta atención por parte de Hollywood», manifestó Soledad Mallol.
Además de estos dos actores, hay que subrayar un elenco en el que participan intérpretes de la talla de Jacobo Dicenta (Germán, el amante) o Carolina Lapausa (Angelina).
De difícil representación
En todo caso, ambos actores reconocieron la dificultad que supone representar una obra en la que participan un total de 12 actores sobre el escenario. Además, la escena presenta unos telones que han sido pintados a mano. Otro de los factores que supone mayor dificultad para su representación es que esté ambientada en el año 1880, lo cual obliga a usar trajes de aquella época.
Por otra parte, hay que subrayar el empleo en esta obra de un sentido del humor que no era cómodo para ciertos sectores del público. Así, al principio el autor se mete con los banqueros, algo que criticaron tanto los de izquierda como los de derecha.
A pesar de que esta comedia no es de las más conocidas de este dramaturgo, el propio Poncela adoraba este texto y decía que era el que más satisfacción le producía.
viernes, 4 de febrero de 2011
Ismael Medina "In memoriam"

Como muestra ajustada de su calidad humana y profesional, extraemos de Vistazoalaprensa el siguiente documento:
NOTA DE LA REDACCIÓN:
ISMAEL MEDINA tuvo el coraje de despedirse de sus lectores cuando se veía ya iniciando su último viaje y dictó el texto que sigue a su hijo. Le encargó que lo enviase al Diario de Burgos, publicación con la que también colaboraba, pero no le dio tiempo a terminar su despedida para los lectores de Vistazoalaprensa. Por tal motivo, nos permitimos reproducir a continuación su última columna en el periódico burgalés que consideramos también su adiós a nuestros lectores:
"ÉSTA es la última columna de Corazón sin Coraza. La escribe mi hijo al dictado de mis emociones. Yo he de partir hacia un destino soñado: el del reencuentro con mis dos hijas, Miriam y Esther, y el amor de mi vida, Conchita. Ante eso ya no hay crisis, ni dislates políticos, disparates legislativos, incongruencias administrativas o francachelas mundanas que me retengan. Me voy en paz con la vida, pues las satisfacciones y las alegrías pueden más que los embates del dolor, la incomprensión y las difíciles experiencias que ésta me ha deparado. Creo honestamente que he sido consecuente con mis ideas y en todo momento sincero con mis lectores, a los que he ofrecido mi punto de vista sin otra pretensión que llevarles a la reflexión y ayudarles a decidir por sí mismos. He callado lo que pensaba que debía callar; y he dicho lo que creía que había que contar, siempre en posesión de información y nunca desde la especulación. La opinión debe construirse desde el conocimiento de los hechos comprobados y no de la rumorología y los cotilleos de salón. Y ello ha constituido siempre la base de mi independencia profesional, que creo haber mantenido hasta el final a pesar del excesivo coste personal que en ocasiones me he visto obligado a pagar. Sé que en estos días se dirán muchas cosas de mí. Unas buenas y otras malas. No me preocupa. Nunca me ha preocupado. Siempre he pensado que es mejor no hacer caso, antes que iluminar a los ignorantes con la verdad. Allá ellos. Me quedo con lo mejor, con la familia y los amigos, a los que tengo verdadera devoción. Porque, créanme, es lo que realmente merece la pena en la vida: el amor de los tuyos. Éste es el equipaje con el que emprendo mi último viaje hacia el reencuentro ya anunciado, embarcado en la fe de lo que me voy a encontrar. Lo único que siento es no poder volver a ocupar este espacio para contarles mi experiencia. No me queda otra que despedirme con un simple y entrañable A Dios."
lunes, 31 de enero de 2011
EL PESO DEL PESIMISMO
El doctor en Historia y columnista de EL IMPARCIAL Rafael Núñez Florencio ha impartido este miércoles una conferencia en el Centro Cultural del Círculo de Lectores de Madrid, donde ha presentado su libro "El peso del pesimismo", acompañado por Fernando García de Cortázar.26-01-2011
En el marco español esa semilla hipercrítica, que raya en ocasiones en el nihilismo, fructifica en efecto con especial vigor. Estaba el terreno abonado para ello. La característica hispana será que ese talante reprobatorio se dirigirá contra el propio país, su cultura, su historia y sus habitantes hasta conformar un negativismo exacerbado. No es, como se dice a veces, consecuencia del 98. Basta fijarse como había arraigado desde mucho antes como verdad incontrovertible la noción de decadencia. En 1854 el Cánovas historiador presentaba la decadencia española como asunto colosal, sin parangón en la historia universal. No era extraño por tanto, sino congruente con ello, que el Cánovas gobernante considerara que los españoles simplemente eran... “los que no podían ser otra cosa”.
Es cierto que la pérdida de Cuba y sobre todo la humillante derrota ante los Estados Unidos intensificará esa falta de autoestima colectiva, pero a menudo se asimila impropiamente como “literatura del desastre” planteamientos que son anteriores. Baste consignar en este sentido el dato de que “Los males de la patria”, de Lucas Mallada, una obra que pasa por ser clave del regeneracionismo, aparece en 1890. Pero en todo caso es incuestionable que en las primeras décadas del siglo XX, se extiende como una epidemia intelectual la lamentación, el fatalismo y hasta un cierto masoquismo nacional (que puede representar muy bien la figura de Joaquín Costa).
De este modo, la nación “sin pulso” (Silvela), agonizante (Maragall), absurda (Ganivet), sumida en el marasmo (Unamuno), tristísima (Azorín), cainita (Machado) y mezquina (Baroja), llega a la sima de su declive. Ortega recogerá el testigo y diagnosticará contundentemente en España invertebrada “que de 1580 hasta el día cuanto en España acontece es decadencia y desintegración”.
Si la historia de España entera es, como afirma el filósofo, la historia de una decadencia interminable, todos los acontecimientos terminan ahormados a ese diagnóstico, que acaba siendo una profecía que se autocumple. En cierto sentido no era necesario esforzarse mucho para sostener esta percepción de las cosas: la nueva aventura colonial de España, esta vez en suelo africano, se salda con una serie de reveses que, en consonancia con la predisposición descrita, se viven como una sucesión de “desastres”, del Barranco del Lobo a Annual. Así las cosas, al español consciente que todavía se resistía a suicidarse, sólo le quedaba la mueca siniestra de la burla implacable. “España es una deformación grotesca de la civilización europea” dice Valle-Inclán en Luces de Bohemia. Aquí sólo cabe el esperpento: reír para no llorar.
España pobre, seca, árida, desolada: hasta en el análisis del medio físico se cargan las tintas y se derrama una sensibilidad plañidera. En contraste con el locus amoenus de la cultura clásica y de nuestros vecinos transpirenaicos -agua, árboles, cultivos, frescura, verdor- aquí sólo hay planicies polvorientas, montañas ásperas, calor infernal o frío extremo. Cielo inclemente y tierra avara son las coordenadas en las que se dibuja la indigencia del campesino español. Castilla en escombros titula su análisis Julio Senador. Con razón aquí no hay tradición de pintura de paisaje: el español nunca ha creído que merezca la pena nada de lo que le rodea. Y cuando al fin, siguiendo la estela de Haes y Beruete, los lienzos reflejan la realidad española, el resultado es la España sombría de Zuloaga o el país sórdido de Gutiérrez-Solana.
Al fin y al cabo, ése es también el espacio quijotesco. Se mantiene y acentúa así una tradición, cuyo punto de partida es la novela cervantina reinterpretada ahora en clave nacional: el hidalgo es España entera, que ha perdido la razón y que se destroza inútilmente luchando contra molinos y gigantes en un mundo cada vez más ajeno a sus cuitas e ideales. La interpretación se hace tan recurrente que se convierte en un tópico que luego repetirán incansablemente los visitantes extranjeros. Don Quijote sustituye a Carmen como representación del “alma española”, desde Dos Passos a Kazantzakis.
En este contexto la guerra civil se presenta para muchos observadores extranjeros -y no pocos españoles lo terminarán asumiendo así- como la tragedia a la que está abocado un pueblo como éste, brutal, primitivo, fanático. Cela, por ejemplo, hará de estos mimbres la materia de algunas de sus obras más reconocidas (San Camilo 1936, Pascual Duarte). Sin llegar a esos extremos, el propio Azaña en La velada en Benicarló había inaugurado el análisis de la guerra civil como un inmenso fracaso colectivo. Por esa senda caminarán luego muchos, tanto dentro del país (Laín Entralgo) como en el exilio (el Max Aub del Laberinto mágico).
La noción de fracaso, con todo lo que ello implica, vendrá a la postre a sustituir al antes omnipresente concepto de decadencia. Se impone una vez más una interpretación esencialista, según la cual los reveses de España no son casuales, sino el resultado de un mal profundo, llámesele como se le quiera llamar. Así, María Zambrano dirá que “inteligencia” y España son términos antitéticos. Otros se fijarán en el “fondo atávico” del español para dictaminar que éste es un pueblo nacido para la muerte, que hace de la sangre derramada su “fiesta nacional”: es la resurrección de la España negra, con Franco ahora como nuevo Torquemada y el nacionalcatolicismo como nueva Inquisición. Así al menos se lamentan los poetas: tierra anegada en sangre (Miguel Hernández), las “llagas de España” (Rafael Alberti), España madrastra (Cernuda), país del rencor (León Felipe), vieja y seca España (José Hierro).
En teoría, la consecución de un régimen democrático vendría a poner punto final a tal estado de cosas. En el terreno que aquí se considera, el paradigma de la normalidad sustituye a las nociones de inferioridad, fracaso y excepcionalidad. No hay que olvidar empero que en el ámbito ideológico las cosas no son tan lineales y sencillas. Es sintomático que el estado de ánimo más característico de la transición a la democracia no fuera la euforia, ni siquiera la satisfacción por los logros alcanzados, sino el llamado “desencanto”. Y es que no se pueden dar muchos pasos en una determinada dirección y luego intentar dar la vuelta, como si nada hubiera pasado. En conjunto, puede decirse que los españoles sólo aceptaron sin ambages un balance favorable de la transición cuando ésta adquirió categorías de modélica en la estimación foránea. Aun así, el rasgo más destacado de nuestros días es la enésima revisión (negativa) de ese tránsito en términos de olvido, traición y vergonzoso “pacto de silencio”.
Pese a que se ha llegado a una innegable equiparación con nuestros vecinos europeos en todos los aspectos, la historiografía española sigue recurriendo insistentemente a los términos de postración, amargura y desengaño como estigmas que acompañan nuestra trayectoria reciente. Una de las obras históricas más aclamadas y citadas en los últimos tiempos, consagrada al estudio del nacionalismo español del XIX, lleva el revelador título de Mater dolorosa. En la más reciente historia general de España, en el volumen dedicado al liberalismo, Josep Fontana ofrecía como síntesis del período esta demoledora sentencia: “Todo cuanto existe en España es contrario a la existencia de la libertad”. Bajo el título de “La España de los desengañados”, Ricardo García Cárcel -un historiador no precisamente pesimista en sus tomas de posición habituales-, hacía un repaso de la historia hispana de los últimos siglos, concluyendo que el desengaño es la médula espinal de nuestro devenir, desde Saavedra Fajardo, pasando por Jovellanos, siguiendo por Larra, continuando con el 98 y culminando con la guerra civil.
El valor de la cita estriba en que proviene, como las anteriores, de reputados historiadores de hoy mismo, no de trasnochados regeneracionistas del siglo anterior. Hoy mismo, en efecto, siguen publicándose artículos, comentarios y análisis de la misma índole. A veces, basta sólo con citar el título: “¿Otro 98?” (Andrés Ibáñez), “Otra vez dolor de España” (Manuel Ramírez), España, historia de un fracaso (Fernando de Orbaneja). En este último libro se citan elogiosamente unos fragmentos de El corazón helado, novela de gran éxito de Almudena Grandes: “Este país está mal hecho y hay que volver a hacerlo entero, de arriba abajo”. Y, más adelante: “Este país no ha hecho más que degenerar..., no es un país civilizado”. Y es que, como dice agudamente el antes citado Ibáñez, en nuestro idioma no existe un adjetivo para decir que algo tiene éxito (“exitoso” es palabra rara y bastante forzada), y las palabras positivas (ilusionarse, soñar, progresar) se prestan con facilidad a la burla o el desdén.
A muchos españoles les sigue pasando que sólo se encuentran cómodos cuando despotrican de “este país”, cuyo mero nombre les repele más que a Drácula las ristras de ajos. Aquí no se juzga la pertinencia de tales actitudes, sino que se constata su existencia como factor fundamental que determina percepciones y actitudes. Una determinada visión de la realidad termina también siendo un elemento real con el que hay que contar. La percepción de los hechos se convierte a su vez en hecho insoslayable. La crítica desesperanzada no es sólo una valoración, es un ingrediente con peso específico que configura la circunstancia histórica. Y, en definitiva, todo ello tiene un precio. Como en su día escribió Julián Marías, el pesimismo sobre España en su conjunto, la inveterada interpretación de nuestra historia como un rosario de errores, lleva al desaliento, propicia las impresiones de fracaso, inferioridad y desorden. De ahí, en última instancia, se nutre la desconfianza en el porvenir.
Desde el siglo XVII, el pesimismo ha sido más determinante que las posiciones contrarias en la cultura española. Sea por el substrato católico -valle de lágrimas-, la trayectoria histórica -el temprano esplendor-, nuestra excentricidad respecto al núcleo europeo o por otras causas (o todas ellas juntas), los efectos han sido -y siguen siendo- una concepción doliente de la vida, una desengañada visión del mundo y una negativa consideración de nuestra convivencia.



