martes, 15 de enero de 2013

Desde Rusia con amor, por Antonio R. Taravillo




Desde Rusia con amor


Me hallará la muerte

Juan Manuel de Prada

Destino, 2012. Colección "Áncora & Delfín"

ISBN: 978-84-233-3921-1

592 páginas

22,50 €





Antonio Rivero Taravillo

El de Juan Manuel de Prada es un caso curioso. Estando dotado como muy pocos novelistas de su generación, su abierta confesionalidad, su señalada pertenencia a una ideología -más reaccionaria que conservadora-, le resta el aplauso crítico y aún de buena parte del público. A ese desapego contribuye en parte él mismo mediante el despliegue de un estilo apabullante, en el que un amplísimo léxico, rescatado en sus maestros y aliado con un regusto arcaizante, se vuelve a veces excesivo. Esto sucede, como veremos, en no pocas páginas de Me hallará la muerte, la novela con la que se confirma en el género y que, con Las máscaras del héroe es, a mi juicio, la mejor suya. Como en la primera, aparece en el telón de fondo la atractiva figura de José Antonio Primo de Rivera, ya no visto por los ojos acanallados de Pedro Luis de Gálvez sino ahora a través de algunos seguidores suyos. A nadie se le escapará que el título procede del tercer verso del Cara al sol, el himno falangista, una suerte de "renga" en la que intervinieron varios escritores próximos a José Antonio (esta estrofa, en concreto, fue obra del propio hijo del dictador, más Agustín de Foxá y José María Alfaro), y como comprobará el lector de la novela de Prada se trata de un lema nada gratuitamente escogido, a tenor de la trama.

La obra, como la Galia de César, se halla dividida en tres partes o actos de un drama en el que intervienen varias ideas motrices, a saber: si es posible alcanzar un bien mediante la realización de un mal o incluso de muchos; el juego de las identidades y los fingimientos; la lealtad a los ideales y la transacción vergonzante con lo práctico, haciendo dejación de los escrúpulos.

Reúne muchos registros la novela, esta amplia novela moral, desde los rasgos picarescos de la pareja protagonista de la primera parte, que se desarrolla en el Madrid de la posguerra, al relato bélico de la segunda (con pasajes que remiten a las narraciones también ambientadas en el Frente del Este del recién desaparecido Sven Hassel) o al folletín o la novela bizantina que se despliega, con lances de contrabando y crímenes, tesoros escondidos y 'quêtes' en su región más extensa, desarrollada cronológicamente a mediados de los años cincuenta.

Creo que no hay autor de prosa que escriba ahora en España con una capacidad como la de Prada para forjar el símil, tender la comparación y mostrar la epifanía de la metáfora. Sucede, sin embargo, que a veces se sobrepasa, como llevado por un prurito de iluminar con no menos de una frase brillante cada párrafo. Y está, además, el lastre de ciertas reiteraciones que parecen decir: “una vez recuperada esta palabra infrecuente, voy a emplearla a discreción, como para amortizarla”. Lo que sucede es que entonces el autor deja de ser discreto y se permite el abuso, lo mismo de voces que en esas comparaciones que continuamente está elaborando con pasmosa facilidad. Ahí está la recurrencia de “tiparraco”, “ricacho”, “bofia”, “tabuco”, o el dichoso “corazón autónomo” que es la mancha en el rostro de uno de los personajes, el falangista Cifuentes, junto con el también alistado en la División Azul Mendoza, islas de integridad en esta historia… Pero son leves manchas en una prosa llena de enjundia, que se manifiesta sin desmayo, como cuando al referirse al Palacio de Invierno de Leningrado (la antigua San Petersburgo) escribe: “aún conservaba su aire augusto y solemne, como una marquesa arruinada que se abanica los sofocos con las papeletas de desahucio”. Destellos expresivos como este los hay a puñados.

Peca a veces de maniqueísmo, incluso cuando lo denuncia: un traidor llamado Camacho monta entre los divisionarios prisioneros un “Grupo Artístico Español” que representaba “farsas teatrales” “protagonizadas por capitalistas sacamantecas y obispos inquisitoriales en proterva alianza por la opresión del proletariado y la desfloración de tiernas doncellas” (aquí, tal vez Prada esté pensando más que en aquellas “piezas repescadas del repertorio de alguna de las compañías que recorrían el frente republicano durante la Guerra Civil” simplemente en el cine español de las últimas décadas, más algunas series televisivas que cojeaban del mismo pie).

Hay homenajes a las obras de otros escritores, como ese Madrid, “ciudad que era un cementerio con un millón de muertos”, en eco manifiesto de Dámaso Alonso. Pero lo que en verdad hay es un constante aroma shakespeareano, que brota en varias alusiones a Macbeth y, aunque no se la cite, a La comedia de los errores, con la que comparte el tema de la confusión, del pasar uno por otro, en un elaborado enredo.

Prada ha sabido reflejar muy bien la España de los casi tres lustros que abarca la novela: los fogosos camisas viejas falangistas; los acomodaticios arrimados al Movimiento; los alistados a la División Azul, en los que había muchos idealistas pero también otros poco menos que indigentes y -como en la Legión- tipos que querían dejar atrás un pasado (así, el Antonio Expósito protagonista); los blandos democristianos; los chupópteros del régimen que también querían hacerse olvidar su pasado de flirteos con el Eje; las “mujeres del partido”, los herederos del estraperlo y la riqueza turbia.

La novela está muy bien construida, con minuciosa atención al detalle, al ensamblaje de piezas, para que ninguna quede huérfana al final de la composición del rompecabezas. Salvo por esas indulgencias que el mismo Juan Manuel de Prada se concede, es una novela espléndidamente escrita y, no obstante, entretenida, comercial, de suspense, de amor y deseo, de guerra, culpa e infortunios. Tiene su tesis religiosa, sí, pero no es necesario frecuentar las iglesias para disfrutarla: basta ser amigo de librerías y bibliotecas.

Artículo publicado en el blog Crítico Estado

domingo, 13 de enero de 2013

NUNCA SABRÁ QUE NOS HEMOS IDO (Por José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga *)



(El autor del relato, José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga. La fotografía, en blanco y negro, alimenta la biografía desafiante de un autor ciertamente interesante)

La ciudad empezó a atosigarnos. Antes, nos había enamorado: cuando el paseo aquel con la novia y cuando recorríamos nuestros primeros kilómetros en el coche del padre, recién estrenado el carnet de conducir. Entonces la ciudad no dejaba de impresionarnos y la saboreábamos en cada esquina, en cada tarde y en cada beso. Y la verdad era que nos llegó a resultar atractiva con sus semáforos, y sus gentes con prisa, y sus luces de neón. Nos resultaba acogedor su tráfico incesante, sus comercios encendidos y sus pasos de peatones; en otoño, las pocas castañeras que iban quedando, y en verano, la soledad que dejaba la fuga de tantos. Despacio, como la excitante nicotina de nuestros primeros cigarrillos de juventud, aquella ciudad fue entrando en nuestra sangre hasta quedarse con nosotros; y el humo de sus coches y sus pecados se fue haciendo habitual en nuestros bronquios, en nuestras vidas, en nuestras pequeñas biografías. Hasta que la ciudad, toda entera, acabó penetrando en nosotros como una grave infección, pretendiendo unirse inseparablemente a nuestro futuro.
            Así, sin que llegáramos a entenderlo del todo, con nuestro amor y nuestra entrega, fuimos llegando a un punto sin retorno en el que ya no pudimos pasar sin ella, sin sus tiendas, sin su orden, sin la sombra protectora de sus edificios y sin su estridente vulgaridad.


            Pero hubo un día en el que llegamos a perder el entusiasmo y hasta el respeto. Pronto nos decepcionó su rutina; nos cansó la noche del viernes cuando aquella conversación banal en un bar de copas; pronto nos pareció que el paseo de la mañana de un sábado cualquiera en busca del aperitivo acababa siendo muy poca cosa. Fue entonces cuando nosotros, que ya nos sabíamos secuestrados, trocamos nuestra adhesión en una suerte de rebeldía y desesperación. Entonces nos dimos cuenta del engaño y quisimos escapar hacia una soledad que, por esta vez, no era castigo y nos acercaba a la luz. Un día nos levantamos y no le encontramos la gracia; nos negamos a entenderla, a seguir siendo fieles a todo aquello que nos había empujado al vacío, a esa lucha desesperada y moderna del éxito, del todos contra todos. Esa ciudad, esa lucha, otra selva, justificaba a Hobbes y su hombre, lobo de hombres y de lobos. Desde siempre habíamos querido algo más, como el anuncio, o, al menos, algo distinto.



            También fue entonces cuando nos empezó a cansar esa geometría de bloques iguales impuesta por la sinrazón de unos extraños arquitectos. Nos parecieron irrazonables y absurdas esas rondas de circunvalación que llevaban las prisas de muchos a la insatisfacción de unos hogares en los que olía a rancio y sonaba en la televisión, inevitable, la media naranja de la rutina y la zafiedad, Almodóvar puro en cinco metros cuadrados de salón-comedor-estar-televisor-singer. El cuadro nos aterrorizaba. Queríamos escaparnos; necesitábamos huir, buscar asilo en la diferencia.
            Y al final, casi sin esfuerzo, nos acabamos escapando; queriendo encontrar la luz y la vida con mayúscula en horizontes más abiertos y en cielos distintos. Nos fuimos a la vida difícil y bella de un atardecer de silencios en una geografía de árboles, y de arroyos, de colinas y de colores. Ya era de noche y, sólo con levantar la vista, se nos ofrecían, titilando, todas aquellas estrellas que no acabábamos de encontrar en las noches iguales de la ciudad de bloques y distancias.
            Aunque fuese una ilusión de fin de semana, aunque sólo disfrutáramos de régimen abierto, comenzamos a cifrar la alegría y la belleza en una tienda de campaña plantada en medio de un claro de bosque y de luna; en nuestra dura caminata hacia las pequeñas cumbres que en febrero se cubrían de nieve. La vida empezó a sabernos distinta en el frío y la esperanza que nos sacudía al amanecer, cuando reavivábamos el fuego que nos calentó, que nos acercó en la noche.
            Nos volvimos entusiastas de nuestro descubrimiento. Llegamos a sentirnos nuevos, felices. De este modo, y sin pretenderlo, nos acabamos vengando del repartidor de propaganda de las últimas ofertas de aquel hiper, que ensuciaba nuestros buzones y nuestra economía; del camión de la basura que interrumpía nuestros sueños a las tres de la mañana; del semáforo siempre rojo que nunca acababa de encenderse, y del niñato aquel –me quedé con tu cara- que estrellaba la litrona vacía y su frustración contra un pavimento lleno de papeles, de colillas, de paseos tristes y de cacas de perro; todo un detritus que acabaría siendo endémico, definitorio de una ciudad a la que, posiblemente, nunca llegaríamos a entender y que nunca sabrá que nos hemos ido.
(*) José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga es abogado y escritor

GUÍA PARA EXPLORAR MEJOR EL LIBRO "HISTORIA MEDIEVAL DE LA TIERRA DE MÁLAGA. MUSULMANES Y CRISTIANOS EN EL VALLE DE ARDALES"


(El autor: Francisco Ortiz)

El historiador Francisco Ortíz Lozano, tras el éxito de su primera incursión en la Historia, vuelve ahora con "Musulmanes y cristianos en el Valle de Ardales", un libro que hereda del primero su minuciosidad y rigor.

El propio autor ofrece una guía para su lectura en su blog http://olibros.blogspot.com

viernes, 11 de enero de 2013

ADEMAN apoyando el Premio de Poesía Luys Santamarina

Enviar los originales hasta el 1 de Marzo

Relanzan el Premio Internacional de poesía Luys Santamarina

Luys Santamarina

El reputado premio internacional de poesía Luys Santamarina alcanza en 2013 su décimo octava edición; un ejemplo de la colaboración entre la sociedad civil y la Universidad. Su promotor es la Asociación Cultural Pueblo y Arte de la murciana localidad de Cieza y con el premio colabora la Universidad de Murcia.
Ahora, coincidiendo con la nueva convocatoria, el premio recibe un nuevo impulso fruto del acuerdo entre la Asociación Pueblo y Arte y la Asociación Cultural Ademán, radicada en Sevilla.
XVIII Premio internacional de Poesía Luys Santamarina
Eduardo López Pascual, presidente de la Asociación
Asociación Cultural Pueblo y Arte Cieza
 El acuerdo se fraguó hace unos días entre el representante de “Pueblo y Arte”, el poeta y catedrático de literatura Eduardo López Pascual y el presidente de la Ademán, el escritor y empresario, Javier Compas.
La colaboración supone la presentación del premio también en la ciudad Hispalense y la incorporación en el jurado del escritor José Manuel Sánchez del Águila.
Luys Santamarina pertenece al grupo de literatos españoles silenciados por su vinculación a la Falange Española, hecho que según López Pascual y Compás proscribe en los libros de textos a escritores y artistas de gran calidad como Agustín de Foxá, Samuel Ros, Gonzalo Torrente Ballester, Rafael Sánchez Mazas, Leopoldo Panero, Rafael García Serrano, José María Alfaro o Mercedes Formica, entre otros. En opinión de los impulsores del premio, la calidad literaria debe estar al margen de las filiaciones políticas de cualquier autor.
Precisamente la Asociación Ademán llevó a los tribunales a la concejal comunista del Ayuntamiento de Sevilla, Josefa Medrano, por intentar prohibir un acto de homenaje a Agustín de Foxá. Un acto de censura político que provocó el rechazo de intelectuales y personalidades del mundo del arte, la política y los medios de comunicación.
El plazo para enviar los originales al premio Luys Santamarina finaliza el 1 de Marzo. Los interesados pueden enviar sus obras a Asociación  Cultural “Pueblo y Arte”, Apdo. 217/ 30530-Cieza (Murcia)

martes, 8 de enero de 2013

Poetas con pistolas

"Mientras el primero aportaba versos al ‘Cara al sol’, el segundo componía odas a Stalin. Toda su obra está salpicada por las circunstancias y su posicionamiento político."

  por Kiko Méndez-Monasterio


 Para Agustín de Foxá los versos de Rafael Alberti, de Cernuda, de Miguel Hernández, es decir de casi todo el 27, “son poemas de laboratorio, sin fuerza ni hermosura, equívocos, cobardes, llorones”. Por eso declina la invitación de Luis Buñuel para asistir al estreno de la Edad de Oro, esa tarde prefirió acudir a un mitin de José Antonio. Con esa elección, al abismo estético se une la confrontación política.
Desde entonces, las figuras de Foxá y de Alberti están condicionadas por el tiempo fratricida que vivieron. El primero contribuyó con algunos versos al himno falangista –“Cara al sol con la camisa nueva, que tú bordaste en rojo ayer”–; el segundo prefería dedicarle poemas a Stalin –“Padre y maestro y camarada”–.

Agustín de Foxá: mucho más que anécdotas
Para hacerse una imagen adecuada de él, nada mejor que su autorretrato: “Gordo; con mucha niñez aún palpitante en el recuerdo. Poético pero glotón. Con el corazón en el pasado y la cabeza en el futuro. Bastante simpático, abúlico, viajero, desaliñado en el vestir, partidario del amor, taurófilo, madrileño con sangre catalana”.
Nació en Madrid casi con el siglo, en 1903. Además de conde de Foxá y marqués de Armendáriz fue periodista, diplomático, autor teatral, académico y poeta. Sólo escribió una novela, pero es legado suficiente como para considerarlo uno de los mejores prosistas de la pasada centuria. Ahora no tiene el hueco debido en el mausoleo cultural porque nunca le han perdonado su orgullo reaccionario, su cuna aristocrática, su versátil talento y su vinculación con la Falange.
Cincuenta años después de su muerte, además de las polémicas por la necia censura con la que pretenden silenciarle, queda de Foxá su Madrid, de Corte a checa, una novela maestra por la fuerza de su estilo, como La educación sentimental, de Flaubert, pero que además se puede leer como libro de aventuras, como crónica intelectual de la época o incluso, a pesar de ser un enemigo declarado del romanticismo, como continuación de Las memorias de ultratumba de Chautebrieand, por ese guiño melancólico de quienes han conocido la dulzura de vivir del antiguo régimen.
Él contaba que logró salir de aquel Madrid chequista gracias a que se comió, mano a mano con el secretario de un ministro, los últimos cochinillos de la ciudad. Le dieron un puesto como representante de la República en Bucarest, y allí acudió, previo paso por la zona nacional, claro, para ponerse al servicio del gobierno de Burgos.
Llegó la paz aquí y la guerra al resto de Europa, y todavía, prisionero de su ingenio, se metió en líos tan gordos como él mismo llegaría a ser: diplomático en la Italia de Mussolini, fue declarado persona non grata por el Régimen: unos dicen que a causa de sus bromas inadecuadas hacia el conde Ciano; otros que por decirle a la embajadora alemana, delante de varios jerarcas fascistas, que el Reich demostraba gran valor al elegir a sus aliados. Y es que, además de su novela, su teatro, sus artículos y sus poemas, a Foxá le sobreviven sus anécdotas, tan innumerables como sus apariciones en sociedad, porque no hay quien le haya conocido y no cuente de él alguna ocurrencia genial. Eso sí, imposibles de contrastar.
Fue en Chile, dando una conferencia en la que afirmaba que en España aún se moría por honor, donde un exaltado le interrumpió diciendo que allí sólo se moría por la democracia. “Ya –contestó rapidísimo el conde–, pero eso es como morir por el sistema métrico decimal”. En España, en una tertulia, algún pelota institucional tuvo la osadía de decir que el Espíritu Santo inspiraba los discursos del Caudillo. “Mañana mismo me hago de Tiro al pichón”, apostilló Foxá.
Tenía de diplomático la carrera y la condición, pero la incontinencia de su vivísimo ingenio creó más de un problema, como cuando en una cena oficial una dama norteamericana se quejaba de que en España se criticaba mucho a los EE UU, pero gustaban mucho más los dólares. “Señora –respondió el conde–, también nos gusta el jamón y no por ello nos revolcamos con los cerdos”.
Renegar no renegó nunca, pero ya instalado en la figura de epicúreo senador romano, miraría con cierta condescendencia su etapa más juvenil: “Todas las revoluciones han tenido como lema una trilogía: libertad, igualdad, fraternidad, fue de la Revolución francesa; en mis años mozos yo me adherí a la trilogía falangista que hablaba de patria, pan y justicia. Ahora, instalado en mi madurez proclamo otra: café, copa y puro”.
Murió en 1959 sin haber pronunciado el discurso de ingreso en la Real Academia. Para la ocasión hubiese servido su mejor poema, Melancolía de Desaparecer: 


“Y pensar que después de que yo me muera,
aún surgirán mañanas luminosas,
que bajo un cielo azul, la primavera,
indiferente a mi mansión postrera,
encarnará en la seda de las rosas. (...) 
Y pensar que no puedo en mi egoísmo
llevarme al sol ni al cielo en mi mortaja,
que he de marchar yo solo hacia el abismo
y que la luna brillará lo mismo
y ya no la veré desde mi caja.”

domingo, 6 de enero de 2013

Juan Marsé (Artículo publicado en ABC -Andalucía- por Miguel Ángel Loma el 5/1/2013)




(El escritor Juan Marsé)

El escritor Juan Marsé, en la entrevista publicada en ABC del pasado 30 de diciembre, al ser preguntado respecto a su preocupación sobre la enseñanza pública, contestaba que «Este es uno de los focos cancerígenos más graves que sufre España. La escuela debe ser laica, como debe ser y dice ser, pero no es, el Estado. La enseñanza no debe actuar según parámetros confesionales. Mientras no se legisle eso, España no será un país moderno ni una democracia creíble». 

¡Vaya tela! O sea que Marsé nos descubre que el grave problema de la enseñanza pública en España radica en que no es laica, sino que «actúa... según parámetros confesionales» (?). Y eso lo dice en un país como el nuestro donde las ofensas al cristianismo son moneda habitual, y en un sistema educativo en el que la asignatura de religión es optativa y exclusivamente para aquellos que eligen cursarla. 

Ante un hallazgo tan impresionante como el que nos denuncia Juan Marsé habría que indagar un poco más y preguntarle cuáles son esos centros públicos donde impera la temible y castradora confesionalidad que denuncia... Pero sus palabras cobran su auténtico significado al leer otras declaraciones anteriores de Marsé donde decía que «La realidad me interesa poco, de modo relativo. Tiendo a una realidad elaborada... Adoro la verdad inventada». 

Ahora sí que se le entiende todo.

Miguel Ángel Loma

jueves, 20 de diciembre de 2012

Artículo en exclusiva de Carlos Martínez-Cava para La Clave Cultural


 




NO HE DE GUARDAR SILENCIO

La dispersión de empeños, el silencio de los disidentes o la elección equivocada en su posicionamiento, ha llevado a muchos españoles muy sensibles con la crítica situación nacional a una esterilidad política  todavía no fructificada.

Algún día, sociólogos o psicólogos de masas deberán preguntarse cómo fue posible que en un escenario de seis millones de parados, más de nueve millones de pobres y fractura territorial, no se alzaran voces autorizadas en España con la suficiente fuerza como para cuestionar todo el entramado surgido en 1978.

Curiosamente, como si de un ejercicio de exorcismo interior se tratara, se hacen públicas las palabras de protagonistas de entonces. Otero Novas, por un lado, Muñoz Machado por otro. Ambos van haciendo público como fue posible resquebrajar lo que parecía firme. Y, ambos, en ese camino que llega hasta hoy, advierten como el viejo marino de Julio Verne que gritaba "¡Maelstrom!", que estamos al borde mismo del colapso y naufragio.

Más no vendrá de ellos la solución. Como tampoco llegara de banqueros reconvertidos a profetas mediáticos. Esta vez es la hora del Pueblo. Y la hora de quienes han guardado silencio pese a llevar consigo un caudal de ideas que no han sido, todavía, confrontadas.

Estos días atrás. En todos estos días transcurridos desde que "España Defendida" vio la luz, he podido visualizar a quienes importa España y a quienes duele la ausencia de Justicia. Lejos de constituir grupos homogéneos, en mi recorrido expositivo de los textos que conforman ese ensayo, he ido descubriendo cristianos de izquierdas - de aquella izquierda anti franquista educada en torno a un Tierno Galván o de un disidente Ridruejo; a personas aisladas en territorios confundidos por el fantasma identitario y secesionista; a jóvenes decididamente anti sistema no casados con ninguna opción ; a falangistas sin falange, decididamente apartados de toda nostalgia estéril. Nada en común entre ellos, ni por sus orígenes económicos, familiares o sociológicos.

Advertí que no será del español "instalado" de donde venga la reacción, la protesta o el llamamiento a la viraje profundo. No será de esos seguidores de la partitocracia que acuden, cada cuatro años a una cita con las urnas tan estéril como inútil.

Todo ese conjunto de náufragos que descubrí, habrán de unirse por encima de orígenes y antiguas pertenencias ( a veces, ninguna ) en un barco que todavía esta por construir y ser fletado. Tengo presentes, siempre, aquellas palabras de resonancias kennedyanas que nos llamaban a la unión en momentos de grave crisis nacional.

No podemos apelar sólo a la Nación, ni sólo a situaciones de injusticia social. Se apelará a la Comunidad soberana como única fuerza capaz de romper el nudo gordiano que constituyen las autonomías, los partidos, la ley electoral, la organización del trabajo, y nuestra relación misma con Europa.

Ya no es momento de análisis periodísticos o crónica política. Es la hora de recomponer los fragmentos de la espada del Almirante Cervera, hundidos en la Bahía de Santiago de Cuba y hacerlos brillar al nuevo Sol.

Vamos a cuestionar ese sistema del 78. Vamos a pasar del silencio a la propuesta inteligente activa y resuelta. Sin más bandera que la común que nos hermana.

Toda la crítica a la ausencia de representación política de movimientos como el 15-M, al dominio del poder financiero sobre las decisiones; todo ese entramado elaborado para desunirnos como Nación propio de los defensores de las taifas autonómicas  ; toda forma de propaganda del odio y la mentira sobre nuestro origen y nuestro caminar en la Historia...todo eso va a tomar forma de un movimiento que va a enfrentarse al artificial montaje impuesto a los españoles.
Jóvenes condenados al desempleo o al trabajo esclavo. Desahuciados. Españoles discriminados y atemorizados. Familias que no pueden serlo. Expoliados por los impuestos o por las tasas. Pero sobre todo y por encima de todo, españoles dolientes de serlo.
Nuestra Nación ni ha muerto ni es una invención de gobernantes cercanos.
No más política que aquella que lo sea para el Bien Común.
No más patriotismo que aquel que nos hermana en la solidaridad real de la justicia social.
Defenderles es afirmar nuestro sentido en esta tierra y esta vida.
Seguir silentes es tener la peor de las muertes posibles.

Carlos Martínez-Cava Arenas

viernes, 14 de diciembre de 2012


"Las verdades del pasado nos permiten comprender y desenmascarar las mentiras del presente y reconstruir nuestro futuro".
Son palabras del autor de este interesante libro Enigmas y misterios de los Almogávares", Guillermo Rocafort.

CRONICA DE LA PRESENTACION DE "ESPAÑA DEFENDIDA"

En el magnífico escenario del salón principal de la Fundación Madariaga tuvo lugar el día 13 de Diciembre la presentación del libro de Carlos Martínez-Cavas Arenas, "España Defendida"



La presentación de los conferenciantes corrió a cargo de Eusebio León de la Asociación Cultural Ademan, quien dió paso al militar retirado d. Juan María del Pino, Vicepresidente de FECAPA el cual repasó los mejores momentos del libro en cuestión.

Juan María del Pino acompañando al autor
Aspecto del salón principal
 Numerosas personalidades de la cultura y los medios de comunicación hispalenses, así como de otros ámbitos, escucharon con atención las tesis del abogado madrileño que brillantemente y con un lenguaje sencillo y renovado diseccionó los principales males que afectan a nuestra nación, exponiendo a su juicio las posibles soluciones.
Posteriormente se entabló un interesante debate con los asistentes que mostraron un vivo interés por la situación de inestabilidad político, económica y moral que vive España.

Carlos Martínez-Cavas Arenas

 Al terminar el acto, el numeroso público asistente adquirió casi toda la remesa de libros, pasándolo a la firma del autor quién departió amablemente uno por uno con los asistentes.
Desde aquí dejamos constancia de nuestro agradecimiento a la Fundación Madariaga que amablemente acogió este acto y a todos los asistentes al mismo.
ADEMAN

'Mártires por la FE' nuevo libro de Fernando de Artacho


(Reproducimos el texto de la invitación remitida)

Guadalturia Ediciones tiene el placer de invitarle a la presentación del libro

Mártires por su Fe
durante la Guerra civil, 1936

de Fernando de Artacho

que estará a cargo del
Doctor don José Domínguez León, Profesor de Historia Contemporánea.
ediciones
Guadalturia
Fernando de Artacho quiere, con este libro, hacer justicia a
quienes dieron testimonio de Cristo hasta las últimas consecuencias

Lugar: Círculo Mercantil (C/ Sierpes, 65. Sevilla)
Día: Miércoles 19 de Diciembre de 2012
Hora: 20,30 h