martes, 13 de diciembre de 2011

Los viejos escritores falangistas superados

 


Encandilados por la clarividencia y la fina de ironía del autor, traemos hoy a Laclavecultural este demoledor analisis literario de la transición a cargo de  Martín Miguel Rubio Esteban publicado por El Imparcial.

 Los viejos escritores falangistas superados

08-12-2011

Una de las grandes hazañas espirituales de la excelsa democracia juancarlista de la que disfrutamos en todos los órdenes — morales, culturales y económicos - es la muy poblada nómina de egregios escritores de raza que milagrosamente ha parido, verdaderas cariátides de la fachada de esta rutilante Democracia que con su celante cuidado no paran de engrandecer. En contadas épocas anteriores de la Historia de España la lengua española ha llegado a tan altas cotas de sublimidad retórica merced a esta Literatura rutilante de la actualidad. Numerosas estrellas de la pluma alumbran hoy el manto de terciopelo de nuestro cielo español. ¿Cómo no quedar ciegos ante el lampo luminoso que rasga el cielo de estrellas como Javier Marías, Antonio Muñoz Molina, Boris Izaguirre, Juan José Millás, José Carlos Somoza, Eduardo Mendoza, Ángeles Caso, Lucía Echevarría, José Antonio Marina, Carlos Ruiz Zafón, Julia Gallo, J.J. Benítez, Fernando Savater, Carmen Posadas o González Santoja? Sólo gracias a gente como ellos la literatura juancarlista ha conseguido sacudirse la nefanda y mediocre literatura anterior, la literatura falangista. Por lo que respecta a la Literatura, la época de Don Juan Carlos podría compararse con el siglo de Octavio Augusto.
Porque veamos. ¿Quién es Eugenio D´Ors ante ese pozo de ciencia y sabiduría moral y democrática que es Fernando Savater? Su Glosari es un juguete balbuciente ante ese insuperable Amador savateriano, con el que se catequiza noblemente a nuestros alumnos de Ética y Ciudadanía. ¿Cómo podemos comparar esa escritura tan bien organizada de la bella Carmen Posadas con el ingenio satírico, melancólico, contradictorio, tremendista y apasionado de Agustín de Foxá? Una sola hoja de Pequeñas Infamias vale más que todo Madrid de corte a checa, el drama Cui-Ping-Sing o Baile de capitanía.
El pobre Rafael Sánchez Mazas palidece ante la exuberante-exuberante prosa ardiente de Lucía Echevarría. Pedro Laín Entralgo es un párvulo anémico ante la profunda filosofía inédita que representa José Antonio Marina. El vanguardista Ernesto Giménez Caballero no es nadie ante la soberbia construcción narrativa de Ángeles Caso. El soriano Dionisio Ridruejo se hace evanescente frente a ese señero novelador de la Historia que es Arturo Pérez Reverte ( Por cierto, que un falangista como Dionisio Ridruejo haya sido el traductor al castellano del mejor escritor español del siglo XX ( Josep Pla ) tiene un hondo sentido histórico, que malbarata sin duda la calígine neblinosa del zapaterismo ). La prosa de Eugenio Montes debe inclinarse, como el rudo Ennio ante Virgilio, ante esa gracia anacolútica que es Javier Marías. El santanderinísimo Víctor de la Serna se oscurece ante la luz penetrante y cegadora de Boris Izaguirre. El olvidado Mourlane se hunde ante la fuerza académica de Antonio Muñoz Molina. El fino helenista, comentador de los grandes stásima de la tragedia griega, Antonio Tovar, es un mero recuerdo caliginoso ante el sol esplendente de José Carlos Somoza. Gonzalo Torrente Ballester, con toda su Saga-Fuga de J.B., apenas puede ser más que el nombre de una calle salmantina ante la ironía genial y mediterránea de Eduardo Mendoza. García Serrano es un aprendiz balbuciente de escritor ante ese río enorme, enciclopédico, calepínico casi y tempestuoso que es la obra de Carlos Ruiz Zafón.
No pongo en la nómina a Cela, porque era tan amigo de Millán Astray que de hecho era millanista.
¿Y qué decir de los ecos olvidados del simbolista valenciano Samuel Ros, el poeta santanderino Luys Santa Marina, el poeta y ensayista burgalés José María Alfaro Polanco, el pensador zamorano Ramiro Ledesma Ramos, el periodista granadino Juan Aparicio, el religioso cascarrabias Fermín de Yzurdiaga, el fulgurante poeta granadino Luis Rosales, el poeta madrileño Luis Felipe Vivanco — también elegantísimo prosista y magnífico crítico de arte inédito -, el sevillano Manuel Díez Crespo, el hondo poeta Ángel María Pascual, el poeta leonés Leopoldo Panero, el aragonés Ángel B. Sanz, el sonetista Carlos Foyaca, el arqueólogo Martín Almagro, el vallisoletano taurófilo José María Cossío, Alberto Puig Palau, y de tantos otros miembros del movimiento cultural de la Falange? Sólo ecos infumables por su calidad inane y de baja estofa moral. Bien es verdad que también son un arroyo de montaña muy rico de cielo y fondo, cabrilleante pero con muchos argumento de arenas, guijarros, verdines, pececillos y pozas de misterio; no exactamente la “sorella acqua” de San Francisco.
Mientras, la nueva Falange que son nuestros partidos políticos, artífices sin duda de nuestra deslumbrante libertad política y moralidad pública (caso Urdangarín ), asistidos por el sistema educativo egresado de la LOGSE, cuya referencia pedagógica es el constructivismo marxista de Vigostsky, despreciador de la Memoria, Madre de las Musas, seguirá poniendo en marcha al pueblo hacia las cumbres de la más refinada estética literaria y artística y del buen gusto.
“Gocen otros del gobierno del mundo y sus monarquías…”

Martín-Miguel Rubio Esteban
 Doctor en Filología Clásica, autor de ensayos sobre literatura latina, política e historia y Catedrático de Instituto.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Entrevista en La Razón al profesor José Manuel Cansino. Autor de "La Economía Fingida"

11 Diciembre 11 - - N. Acedo Castelló
SEVILLA- Entre las causas de la crisis que vivimos está para José Manuel Cansino la «popularización de la especulación». Y se explica: «Aquí todo el que tenía un poco de dinero sobrante compraba sobre plano y ‘daba el pase’ antes de que llegara el momento de subrogar la hipoteca, vendiendo la vivienda que había comprado por un 15 o 20 por ciento más del dinero que le costó. La especulación se multiplicó, la banca se enladrilló y ahora tiene créditos incobrables. Mientras está ocupada en salvarse de la quema, a lo último a lo que está dispuesta es a dar créditos». Es un profesor vocacional que está acostumbrado a hacerse entender en materias complejas. He aquí una muestra:

–En ese contexto, ¿cuáles cree que son las principales debilidades de la economía andaluza?

–Andalucía parte con una tasa de desempleo estructural muy alta. Además, existe una demonización del concepto de empresario que llega hasta el punto de que nos hemos tenido que inventar un término nuevo como es el de emprendedor, internacionalmente inexistente, porque nadie quiere que se le estigmatice como «empresario-sinvergüenza». Cuando pregunto en un clase de Empresariales cuántos quieren serlo, levantan la mano no más del 3%. Esto es parte de la explicación de lo que pasa en Andalucía. Desde el lado de la formación, si miramos los informes PISA que publica la OCDE, la preparación de quien no ha llegado a la Universidad es, en términos comparativos, de las peores en relación a nuestro entorno. Y lo es en particular en aquellos aspectos técnicos que luego son los que mandan en las empresas. Ya en la Universidad, ninguna andaluza está entre las 100 primeras del ranking de Shangai, el más reputado. Sin embargo, desde Gran Bretaña o Portugal vienen aquí a contratar a médicos y enfermeras, desde Alemania o Noruega ingenieros... Es decir, a pesar de todo, se nos considera bien preparados.
–Hay buenos profesionales pero no tejido empresarial real...

–Quien está cualificado no piensa en montar una empresa. Esto afecta incluso al conjunto de Europa en algunos aspectos. Si se mira el ranking de las principales empresas en EE UU, aparecen Microsoft, Apple, Google... ninguna existía hace 75 años. Muchas son «empresas garaje» que montaron jóvenes y que ahora son líderes mundiales. En Europa las grandes empresas son las mismas de hace 75 años: Siemens, BMW.... En Andalucía las que dicen liderar el cambio como Abengoa o Airbus Military son también las mismas y no son capaces de dar trabajo a todos los demandantes.

–¿Considera que la Junta ha logrado el cambio de modelo productivo que propugna José Antonio Griñán?

–Ése es un lenguaje tramposo que procede de la segunda mitad del siglo XIX. La Administración pública se cree que todavía puede planificar el modelo económico y esto es una gran mentira. Una Administración en una economía de mercado no puede planificar un modelo energético ni económico. Si alguien quiere hacerlo, tiene que modificar las reglas del juego. Estamos en un sistema de mercado, no en el de dirección central que cayó a finales de los 90. No se puede hablar en esos términos sólo porque suena bien, ya que se está engañando. La Junta no puede cambiar de modelo ni le corresponde hacerlo.

–¿Cuál debería ser su papel?

–Doble, en mi opinión: facilitar la creación de empresas, porque el mercado nacional se ha fragmentado en un proceso inverso al que se ha recorrido en Europa; y ordenar la actividad. Cuidar aspectos dañinos como los efectos contaminantes, los abusos laborales... Pero la Junta no puede decidir qué se puede o no producir y con qué tecnología. Eso lo hacen las empresas, que son también las que deben captar las oportunidades de negocio, y a las que la Junta tiene que abrir puertas. Extenda es un ejemplo de parte de la Administración que funciona muy bien, tanto en el criterio de financiación, como en el de cómo ayudar a las empresas. Presta un buen servicio, se conoce los sectores, te lleva a las ferias internacionales propias del producto que intentas comercializar, te enseña a negociar... Lo hace, pero cobra, y la empresa lo valora porque paga una parte. Por contra, un ejemplo de algo que no funciona es la certificación de calidad ambiental que concede el Instituto de Tecnología de Andalucía. La empresa obtiene algo positivo para su imagen corporativa y subvencionado. Eso es una economía fingida e irreal. Si lo tuvieras que pagar no lo harías. De otro lado, en Andalucía tenemos una Administración obsesionada por ideologizar, éste es su principal objetivo. Con la sanidad, con la educación, con la cultura... No se puede utilizar el dinero de la gente para eso, en lugar de prestar servicios de calidad. La Junta está para administrar los recursos que los andaluces pagamos con nuestros impuestos y esfuerzo, no para repartir ayudas con ese fin.

–¿Cambiaría algo en la relación del Ejecutivo regional con el mundo empresarial?

–Hay empresas que están más preocupadas por ver a quién conocen o a quién tienen que llegar en la Administración para conseguir un contrato, que en presentar una buena oferta. Esto es malísimo para el sistema productivo porque hace que las empresas no sean competitivas. No se puede ignorar que aquí, además de una buena oferta, tienes que tener capacidad de influencia si tu cliente final es la Administración. Pesa mucho más la preocupación por hacer «lobby», que el que un producto o servicio sea competitivo. Eso es letal porque hemos malacostumbrado al sistema productivo. Un modelo así, protegido de la competencia, no puede salir fuera porque, influencias aparte, tu producto no es bueno.

–¿El sector público andaluz está sobredimensionado?

–Hay un ejemplo claro: cuando sale el Decreto de reordenación del sector público, ¿cuántas fundaciones y empresas públicas desaparecen? Más del 50 por ciento. Prueba evidente de que se podía prescindir de ellas. Existía un entramado tipo «tela de araña», donde había quien vivía del dinero público, parapetado en fundaciones perfectamente prescindibles, con unos sueldos que no correspondían a su categoría profesional. Esto sale del bolsillo de todos y es inaceptable. Como lo es que este sistema se use para quien pierde las elecciones en su pueblo, tenga un colchón que el resto de trabajadores no. La sociedad no puede ser asimétrica, no puede depender del campo en el que juegues, el tener siempre un colchón de retiro o la calle.

–La CEA reclama auditorías para el personal de las administraciones, donde dicen no se han recortado suficientes gastos, ¿está de acuerdo?

–Se tiene que avanzar en un concepto fundamental: la evaluación de la calidad de las políticas públicas. Ya hay parte de la Administración que ha empezado a hacerlo. Por ejemplo, los grandes hospitales generalistas funcionan con una herramienta de gestión que se llama contrato-programa, donde parte de su dotación presupuestaria depende de que alcancen o no los objetivos que han pactado con el sector público. Eso está basado en indicadores que son lo más objetivo posible. Pero es la minoría. Ahora bien, también los empresarios tendrían que pensar si su forma de financiación es la más adecuada. En España, no sólo financiamos con nuestros impuestos las cuatro administraciones convencionales que tenemos –la Seguridad Social, la local, la regional y la central–, además pagamos una estructura de entes privados que funcionan con criterios públicos: sindicatos, organizaciones empresariales y partidos políticos. Son entes de derecho privado, pero la financiación mediante las cuotas de los afiliados es mínima. Es más, en el caso de los empresarios, ¿qué sentido tiene tener una estructura bicefálica de cámaras de comercio, por una parte, y de confederaciones empresariales, por otra? Al final, todo redunda en el bolsillo de la gente y en la libertad de elegir del ciudadano, que no puede invertir ese dinero en lo que quisiera. Tenemos un sector político que entra hasta la cocina de tu casa, que lo tutela todo, en vez de ocuparse de ordenar lo que debe, de prestar servicios de calidad y con un justo precio. La Administración tiene que ser ejemplar, sobre todo en el momento del pago.

–¿Tiene que ver esa falta de ejemplaridad de la Administración con la economía sumergida?

–Sí. Sólo así se explica el nivel de fraude y de economía sumergida que tenemos en España, uno de los más elevados de Europa, junto al de Italia o Grecia. Tenemos casi el 25% del Producto Interior Bruto (PIB) de economía sumergida. Se trata de un mecanismo de compensación social. Psicológicamente funciona así: si yo puedo y me prestan un servicio sin IVA lo voy a hacer porque estoy viendo que tú, representante de la Administración pública, te estás llevando 400.000 euros en un ERE irregular. Y si puedo ocultar parte de mi renta y no pagarla en el IRPF, o no dar de alta a la persona que tengo en mi casa, lo voy a hacer. Esto es terrible para una economía pero es un mecanismo de compensación. Si el ciudadano ve que alguien se lleva su dinero de forma impune e ilegal, intentará que se lleve lo menos posible. En países como Noruega o Dinamarca, donde los informes de transparencia internacional dicen que la calidad del Gobierno es mejor, el nivel de fraude es menor. El ciudadano sabe que sus políticos no se «lo van a llevar calentito».

–¿Qué le parece que los Presupuestos de la Junta crezcan, en la coyuntura económica actual?

–Va a ser el último que vaya en sentido contrario a los Presupuestos Generales del Estado. Estoy casi convencido de que el nuevo Gobierno recuperará la Ley de Estabilidad Presupuestaria en los términos en los que se aprobó en 2001. En Europa quedan 5 minutos para que cambien las reglas del juego. Francia y Alemania seguirán poniendo dinero encima de la mesa para quienes cedan la competencia en política fiscal. Los techos de déficit o de gasto ya no van a estar en la regiones, ni siquiera en los estados. Si España quiere estar en ese club tiene que ordenar sus cuentas y dejar que las vean. Eso impedirá situaciones como que en Andalucía tengamos un Presupuesto expansivo, cuando en el resto de España es contractivo, sólo porque alguien tiene elecciones en marzo...