martes, 13 de septiembre de 2011

El padre (falangista) de Paco Umbral y el "problema" de su poesía


 Del blog de Juan Fernandez Krohn, resaltamos este interesante artículo dónde el autor sostiene, reitera y argumenta su teoría de la paternidad biológica de Francisco Umbral por parte del falangista de la primera hora Anselmo de la Iglesia y el condicionante que ello pudo tener en la obra del escritor vallisoletano.

 El padre (falangista) de Umbral y el "problema" de su poesía


La Casa del Libro de Espasa Calpe en plena Gran Vía madrileña es un poco como una catedral neogótica o neorrenacentista del libro en lengua española y punto de paso obligado a lal vez para mí cada vez que vuelvo a España por pocos días que duren mis visitas; como me habrá ocurrido ahora ayer sin ir más lejos pasándome las horas muertas (y no exagero) delante de un libro póstumo de Francisco Umbral que recoge una selección de sus poemas, en parte inéditos y en parte ya anteriormente publicados. ¿Umbral poeta? En "Francisco Umbral, el frío de una vida" -de su biógrafa (no autorizada) Ana Caballé-se recogían dos poemas autobiográficos del autor que me impresionaron -como a su biógrafa- por su hondura autobiográfica y por su "música" -que él tanto apreciaba en poesía- y me decepcionaron no poco en cambio por su lentitud, y por lo torpe o escaso de su ritmo en resumidas cuentas.
Y se me antoja de pronto que si Umbral no sabía hacer danzar sus versos como tan bien sabía hacerlo en cambio con las escenas y episodios -por no dar que un solo género de ejemplo- de sus novelas guerracivilistas, ello se debía a la tradición poética de la que con tanta insistencia se reconocería tributario a lo largo de su vida y en particular a dos hitos de poesía contemporánea a los que rendiría siempre fervorosa pleitesía y me estoy refiriendo al 27 y a la poesía de Pablo Neruda. Lorca seria sin duda la excepción, pero está claro para mí que del poeta granadino Umbral heredaría poco si no fue el culto (guerra/civilista) de martirologio que le profesó hasta su muerte, a acaecida ( "nota bene") poco antes del desenlace de la operación de recuperación de los restos de aquél, o en otros términos del fiasco (apoteósico) con el que aquella se vería concluida.

Hay no obstante en esta recopilación reciente de poesía umbraliana una brillante y vistosa -y encandilante- excepción, botón de muestra sin par de poema rítmica, que su presentador, el critico literario Miguel García Posada, amigo del autor- incluye entre "las cumbres" de esa selección de versos y poemas umbralianos. "Totovía, pájaro extraño que me suena todavía/de cuando los campos niños/y las niñas en la vía/totovía" Y todo así, por el estilo, en este brillante (y breve) poema, que tiene de fuente principal de inspiración, no el poeta (comunista) chileno ni sus homólogos (ideológicos) españoles de la generación/fatídica sino el refranero castellano que Umbral despreciaba -y vetaba- abiertamente en sus columnas y en sus novelas como una muestra fehaciente de de un atraso cultural propio (según él) del mundo rural y campesino; y también tal vez por verse indisociablemente ligado -como lo ilustra el poema que cito (y recito) más arriba a la infancia vallisoletana -medio urbana y medio campesina del autor, que rechazaba a todas luces por unos motivos de filiación (o a/filiacion) que ya habré abundantemente abordado y analizado a lo largo de mis entradas.
Estuve leyendo hace unos días las póginas que dedicó a Umbral hace unos días el diario el Mundo en el cuarto aniversario de su muerte y confieso que me invadió una sensación de decepcion profunda, de encontrarme ante los mismos tópicos y trivialidades que se vienen vertiendo por cuenta suya en la prensa desde el momento de su muerte, como un (sombrío) presagio o vaticinio de lo que sera sin duda la tónica del congreso que la fundación que lleva su nombre esta preparando para el próximo mes de octubre. Y no puedo verme libre tampoco de la impresión nitida que abordando por mi cuenta como aquí lo hice -y también en la tesis (fallida) de doctorado que le dediqué en el marco de la Universidad Libre de Bruselas- le puse sin duda sin querer una lapidad inamovible al tema central -así me lo parece al menos- de su vida como de su obra.
Porque creo que después de haberse leído todo lo que tengo dedicado al tema ningún umbraliano -y mucho menos los de filiación o de etiqueta "falangista"- me podrá negara que la hipótesis que yo defiendo del padre/biológico falangista de Umbral se encuentra en relación directa con el guerracivilista (anti-falangista) de una gran parte de su obra y en especial de la que aborda mas o menos directamente la guerra civil española.

Porque si es cierto que el padre (verdadero) de Umbral, como yo aquí lo pretendo, lo fue el lugarteniente de Onesimo Redondo, Anselmo de la Iglesia, todo se explica. Y si no nada se explica (del todo), ya digo, ni de su vida ni de su obra.

http://blogs.periodistadigital.com/juanfernandezkrohn.php/2011/09/12/p301763#more301763

martes, 6 de septiembre de 2011

Entrevista con Fernando de Artacho, autor de "La Segunda Bandera" (tomado de diarioya.es)


Diario YA- Fernando de Artacho, abogado e historiador de prolífica actividad editorial, acaba de publicar “La segunda bandera” (Ed. Guadalturia ediciones); una obra dedicada a estudiar la actuación de los voluntarios falangistas sevillanos enrolados en esa bandera al mando del comandante Pérez-Blázquez. La actuación de estos milicianos falangistas, en minoría de 1 a 9 frente al ejército de la República, fue determinante en el desenlace de la Batalla de Brunete y, a la postre, de la última Guerra Civil española.

Diario Ya. Vd. Acaba de publicar un libro sobre los milicianos falangistas de la Segunda Bandera de Sevilla ¿es de los que piensan que convocar elecciones el 20-N es pura casualidad?

Fernando de Artacho. No es una fecha elegida al azar, opino que su significado pretende ir más allá. Los símbolos pueden movilizar a personas en sentidos muy diferentes. Aunque no creo que, con las gravísimas carencias que estamos sufriendo todos los españoles por la nefasta gestión pública de los gobiernos Zapatero, ese caprichoso “detalle” vaya a pesar en algún sentido

Ya. Con más de veinte libros a sus espaldas y notable éxito escribiendo sobre el siglo de oro, ahora hace una incursión en la Guerra Civil analizando una acción crucial de los voluntarios falangistas; ¿busca la provocación?

FdA. En absoluto, busco exponer la verdad, analizo hechos irrefutables de la época y cuento una hazaña militar desconocida, que cambió el rumbo de la Batalla de Brunete, y, por ello, de la Guerra Civil. Quien lea el libro verá como ensalzo la valentía de los que lucharon por unos ideales, a la vez que deploro la espuria actuación de algunos “camaradas” de retaguardia que nunca pisaron el frente. Tampoco es mi primera incursión sobre la Guerra Civil, la segunda novela que escribí, “Las dos verdades”, tenía como fondo la contienda del 36.

Ya. ¿Cómo cree Vd que ve un jovencito JASP de las Nuevas Generaciones del PP el comportamiento del comandante Pérez-Blázquez, protagonista de su libro?

FdA. Salvo excepciones, ni están preparados para comprenderlo, ni lo entenderían. La sociedad de hoy no educa en la sobriedad, y menos en el sacrificio, más si en ello pude ir la vida propia. El hedonismo, el exigir los derechos huyendo de las obligaciones, la falta de interés por el conocimiento, llevan a una actitud de egoísmo y desidia que solo intentan atenuar buscando el placer inmediato en todos los terrenos. Ello justifica que sea difícil entender hechos que, a lo largo de siglos, hicieron de España un Imperio.

Ya. Vd. No se corta al escribir sobre la heroicidad y la mezquindad del frente ¿resulta ponderado poner al general Varela ejemplificando lo segundo?

FdA. No hay duda alguna que el general Varela fue un gran militar, tampoco que fue un acérrimo enemigo declarado de la Falange. Pueden existir personas serias que cometan errores, lo que necesariamente no les lleva a convertirse en mezquinos; un hecho en sí puede ser mezquino, pero ello no califica a la persona en su totalidad. Sin embargo, en este caso cometió una gran injusticia a sabiendas, pues él mismo declaró -entre otros muchos expertos militares de ambos bandos- que la resistencia de Villanueva de la Cañada fue la clave para ganar la batalla. Sólo me remito a los hechos tal como fueron, la batalla, la hazaña de los sevillanos y la conocía la postura de Varela contra la Falange, que negó la Laureada a quien le hizo ganar esa batalla. Son datos irrefutables.

Ya. En la correspondencia epistolar con su familia que Vd desvela, el comandante falangista reivindica un tipo de política social que debió asustar mucho a los conservadores de la época ¿se imagina hoy al joven Pérez-Blázquez en una acampada del 15-M o de voluntario en la próxima JMJ?

FdA. Creo que inquietaría más a los conservadores de la época que hoy calificaríamos como la derecha más liberal, pues los conservadores católicos tenían muy presente la preocupación por la situación social. El comandarte era un fervoroso católico, sería de los primeros en estar junto a S.S. el Papa. Si con catorce años rompía con su sable la capa de hielo que cubría el agua del lavabo de la Academia Militar, a las seis de la mañana, para el aseo, creo que no tendría inconveniente alguno en estar en cualquier acampada por muy dura que fuese.

Ya. Benedicto XVI ha animado a los profesores universitarios a buscar la Verdad con humildad. Entre quienes se ocupan de la Historia Contemporánea española, ¿cuánto hay de investigación sectaria y cuánto de rigurosidad?

FdA. Salvo honrosas excepciones, el sectarismo se plantea en los historiadores que dependen del “pesebre”, la mayoría con puestos conseguidos por la militancia política o por la complacencia en la Historia que desea reescribir o reinventar el Gobierno. Creo recordar que hace años leí en Ricardo de la Cierva lo que él calificaba como el “frentepopulismo de la cultura”, profesores que en cordadas afines de ideologías políticas se habían apoyado y subido académicamente, pero ese peaje siempre hay que pagarlo, y ahora vemos las consecuencias en los enseñantes y en la enseñanza.
Presentación del libro en el Ateneo Sevillano

Ya. Vistos precedentes como “Amar en tiempos revueltos” o “La República”, ¿aceptaría Vd escribir un guión para una serie de la época en TVE 1?

FdA. Sí, siempre que se aceptara la verdad objetiva, sin manipulaciones, ni tergiversaciones o engaños, sin quitar una sola coma del guión presentado; pero hoy por hoy, eso es más que una quimera. 

LA MIRADA MODERNA (del blog Hispaniarum)


La modernidad de Aizpúrua empieza con el gusto por las jazzband, tan de la época, y puede seguir por la costumbre de vestir a veces elkaiku y otras la chaqueta que se encargó en Balenciaga para la inauguración del Náutico. Y era aquella actitud la que hará a su compañero Luis Moya compararlo con un Leonardo joven o un Villanueva "...su idea de la vida y del mundo no era la nuestra, pues se desarrollaba en otro espacio y otro tiempo que éstos en que estamos inmersos. Era un mundo liberado de las cargas convencionales que en éste nos condicionan."
Aunque la medida de la genialidad puede que sea otra y es que su obra más significativa, a orillas de la playa de la Concha, sea capaz de resistir con cierta dignidad el tener el interior de los salones que Aizpúrua ideara con los últimos muebles racionalistas, decorados ahora como una cafetería con pretensiones unos, o como una imitación de club inglés otros.

En 1930 su amigo y camarada Juan Cabanas Erauskin retrata a nuestro arquitecto con los atributos que le son propios, los planos y el metro plegable. En el paisaje de fondo suerte de rompimiento de gloria el Club Náutico de San Sebastián. (Ol./lz. 78x68 cm.)

jueves, 1 de septiembre de 2011

Vargas Llosa admite que Occidente necesita del catolicismo, tras el éxito de la JMJ

Por su interés, reproducimos un artículo de Mario Vargas Llosa publicado en El País dónde se argumenta sobre el enriquecimiento social que supone la tolerancia religiosa.

"La prueba de que la Iglesia de Cristo mantiene su pujanza y su vitalidad, de que la nave de San Pedro sortea sin peligro las tempestades que quisieran hundirla."

La fiesta y la cruzada

PIEDRA DE TOQUE. Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos del éxito de la visita del Papa a Madrid. Mientras no tome el poder político la religión no solo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática

MARIO VARGAS LLOSA 28/08/2011

Bonito espectáculo el de Madrid invadido por cientos de miles de jóvenes procedentes de los cinco continentes para asistir a la Jornada Mundial de la Juventud que presidió Benedicto XVI y que convirtió a la capital española por varios días en una multitudinaria Torre de Babel. Todas las razas, lenguas, culturas, tradiciones, se mezclaban en una gigantesca fiesta de muchachas y muchachos adolescentes, estudiantes, jóvenes profesionales venidos de todos los rincones del mundo a cantar, bailar, rezar y proclamar su adhesión a la Iglesia católica y su "adicción" al Papa ("Somos adictos a Benedicto" fue uno de los estribillos más coreados).

Ninguna iglesia podría ser democrática sin renunciar a sí misma y desaparecer
La cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías
Salvo el millar de personas que, en el aeródromo de Cuatro Vientos, sufrieron desmayos por culpa del despiadado calor y debieron ser atendidas, no hubo accidentes ni mayores problemas. Todo transcurrió en paz, alegría y convivencia simpática. Los madrileños tomaron con espíritu deportivo las molestias que causaron las gigantescas concentraciones que paralizaron Cibeles, la Gran Vía, Alcalá, la Puerta del Sol, la Plaza de España y la Plaza de Oriente, y las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que, animadas por lo que Rubén Darío llamaba "un blanco horror de Belcebú", rezaban el rosario con los ojos cerrados.

Hay dos lecturas posibles de este acontecimiento, que EL PAÍS ha llamado "la mayor concentración de católicos en la historia de España". La primera ve en él un festival más de superficie que de entraña religiosa, en el que jóvenes de medio mundo han aprovechado la ocasión para viajar, hacer turismo, divertirse, conocer gente, vivir alguna aventura, la experiencia intensa pero pasajera de unas vacaciones de verano. La segunda la interpreta como un rotundo mentís a las predicciones de una retracción del catolicismo en el mundo de hoy, la prueba de que la Iglesia de Cristo mantiene su pujanza y su vitalidad, de que la nave de San Pedro sortea sin peligro las tempestades que quisieran hundirla.

Una de estas tempestades tiene como escenario a España, donde Roma y el gobierno de Rodríguez Zapatero han tenido varios encontrones en los últimos años y mantienen una tensa relación. Por eso, no es casual que Benedicto XVI haya venido ya varias veces a este país, y dos de ellas durante su pontificado. Porque resulta que la "católica España" ya no lo es tanto como lo era. Las estadísticas son bastante explícitas. En julio del año pasado, un 80% de los españoles se declaraba católico; un año después, solo 70%. Entre los jóvenes, 51% dicen serlo, pero solo 12% aseguran practicar su religión de manera consecuente, en tanto que el resto lo hace solo de manera esporádica y social (bodas, bautizos, etcétera). Las críticas de los jóvenes creyentes -practicantes o no- a la Iglesia se centran, sobre todo, en la oposición de ésta al uso de anticonceptivos y a la píldora del día siguiente, a la ordenación de mujeres, al aborto, al homosexualismo.

Mi impresión es que estas cifras no han sido manipuladas, que ellas reflejan una realidad que, porcentajes más o menos, desborda lo español y es indicativo de lo que pasa también con el catolicismo en el resto del mundo. Ahora bien, desde mi punto de vista esta paulatina declinación del número de fieles de la Iglesia católica, en vez de ser un síntoma de su inevitable ruina y extinción es, más bien, fermento de la vitalidad y energía que lo que queda de ella -decenas de millones de personas- ha venido mostrando, sobre todo bajo los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.




Es difícil imaginar dos personalidades más distintas que las de los dos últimos Papas. El anterior era un líder carismático, un agitador de multitudes, un extraordinario orador, un pontífice en el que la emoción, la pasión, los sentimientos prevalecían sobre la pura razón. El actual es un hombre de ideas, un intelectual, alguien cuyo entorno natural son la biblioteca, el aula universitaria, el salón de conferencias. Su timidez ante las muchedumbres aflora de modo invencible en esa manera casi avergonzada y como disculpándose que tiene de dirigirse a las masas. Pero esa fragilidad es engañosa pues se trata probablemente del Papa más culto e inteligente que haya tenido la Iglesia en mucho tiempo, uno de los raros pontífices cuyas encíclicas o libros un agnóstico como yo puede leer sin bostezar (su breve autobiografía es hechicera y sus dos volúmenes sobre Jesús más que sugerentes). Su trayectoria es bastante curiosa. Fue, en su juventud, un partidario de la modernización de la Iglesia y colaboró con el reformista Concilio Vaticano II convocado por Juan XXIII.
Pero, luego, se movió hacia las posiciones conservadoras de Juan Pablo II, en las que ha perseverado hasta hoy. Probablemente, la razón de ello sea la sospecha o convicción de que, si continuaba haciendo las concesiones que le pedían los fieles, pastores y teólogos progresistas, la Iglesia terminaría por desintegrarse desde adentro, por convertirse en una comunidad caótica, desbrujulada, a causa de las luchas intestinas y las querellas sectarias. El sueño de los católicos progresistas de hacer de la Iglesia una institución democrática es eso, nada más: un sueño. Ninguna iglesia podría serlo sin renunciar a sí misma y desaparecer. En todo caso, prescindiendo del contexto teológico, atendiendo únicamente a su dimensión social y política, la verdad es que, aunque pierda fieles y se encoja, el catolicismo está hoy día más unido, activo y beligerante que en los años en que parecía a punto de desgarrarse y dividirse por las luchas ideológicas internas.

¿Es esto bueno o malo para la cultura de la libertad? Mientras el Estado sea laico y mantenga su independencia frente a todas las iglesias, a las que, claro está, debe respetar y permitir que actúen libremente, es bueno, porque una sociedad democrática no puede combatir eficazmente a sus enemigos -empezando por la corrupción- si sus instituciones no están firmemente respaldadas por valores éticos, si una rica vida espiritual no florece en su seno como un antídoto permanente a las fuerzas destructivas, disociadoras y anárquicas que suelen guiar la conducta individual cuando el ser humano se siente libre de toda responsabilidad.


Durante mucho tiempo se creyó que con el avance de los conocimientos y de la cultura democrática, la religión, esa forma elevada de superstición, se iría deshaciendo, y que la ciencia y la cultura la sustituirían con creces. Ahora sabemos que esa era otra superstición que la realidad ha ido haciendo trizas. Y sabemos, también, que aquella función que los librepensadores decimonónicos, con tanta generosidad como ingenuidad, atribuían a la cultura, esta es incapaz de cumplirla, sobre todo ahora. Porque, en nuestro tiempo, la cultura ha dejado de ser esa respuesta seria y profunda a las grandes preguntas del ser humano sobre la vida, la muerte, el destino, la historia, que intentó ser en el pasado, y se ha transformado, de un lado, en un divertimento ligero y sin consecuencias, y, en otro, en una cábala de especialistas incomprensibles y arrogantes, confinados en fortines de jerga y jerigonza y a años luz del común de los mortales.

"Las pequeñas manifestaciones de laicos, anarquistas, ateos y católicos insumisos contra el Papa provocaron incidentes menores, aunque algunos grotescos, como el grupo de energúmenos al que se vio arrojando condones a unas niñas que… rezaban el rosario con los ojos cerrados".

La cultura no ha podido reemplazar a la religión ni podrá hacerlo, salvo para pequeñas minorías, marginales al gran público. La mayoría de seres humanos solo encuentra aquellas respuestas, o, por lo menos, la sensación de que existe un orden superior del que forma parte y que da sentido y sosiego a su existencia, a través de una trascendencia que ni la filosofía, ni la literatura, ni la ciencia, han conseguido justificar racionalmente. Y, por más que tantos brillantísimos intelectuales traten de convencernos de que el ateísmo es la única consecuencia lógica y racional del conocimiento y la experiencia acumuladas por la historia de la civilización, la idea de la extinción definitiva seguirá siendo intolerable para el ser humano común y corriente, que seguirá encontrando en la fe aquella esperanza de una supervivencia más allá de la muerte a la que nunca ha podido renunciar. Mientras no tome el poder político y este sepa preservar su independencia y neutralidad frente a ella, la religión no sólo es lícita, sino indispensable en una sociedad democrática.

Creyentes y no creyentes debemos alegrarnos por eso de lo ocurrido en Madrid en estos días en que Dios parecía existir, el catolicismo ser la religión única y verdadera, y todos como buenos chicos marchábamos de la mano del Santo Padre hacia el reino de los cielos.


© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.

lunes, 22 de agosto de 2011

La "Kultura" de los "luchadores por la libertad"

El triste legado del gobierno actual del PSOE, aparte de una catastrofe social traducida en 5 millones de parados y España a la cola de los paises desarrollados en cuanto a productividad, educación, etc. Será la resurrección del enfrentamiento entre los españoles. Una pesadilla felizmente superada durante la Transición, regresa de la mano de Zapatero y Rubalcaba, al fin han conseguido que esos odios rebroten no sólo en el mundo de la historiográfia, la cultura o el periodismo, ya se han dado episodios de enfrentamientos físicos, hay están los sucesos de Poyales del Hoyo, y las recientes agresiones a menores y monjas en la Puerta del Sol.
Esos autotitulados defensores de la libertad y la democracia, han dado una nueva muestra de su fanatismo intolerante y totalitario, atacando fisicamente a jóvenes nacionales y extranjeros por el mero hecho de participar en un acto cristiano.
Y todo ello ante la pasividad, si no es que algo más, del gobierno socialista.
Reproducimos la crónica de los hechos acaecidos en la Puerta del Sol durante la JMJ, narrados de primera mano por el periodista de El Mundo, Fernando Lázaro.

Fernando Lázaro (El Mundo)

Cuando tengo que ocuparme de informar sobre manifestaciones acudo con

mucha antelación para empaparme del ambiente. El miércoles no fue una

excepción. Cogí el Metro. Y vi un Metro tomado por jóvenes, muy jóvenes. Y

vi un ambiente festivo, desde Cibeles hasta Sol. Madrid era peregrino y

multicolor. Pasé por el Kilómetro 0 y vi una plaza repleta de

peregrinos-turistas. Y me acerqué hasta Tirso de Molina, lugar de donde

arrancaba la manifestación laica, anti Papa y, por lo que se vio, anti

peregrinos.



Inicialmente el despliegue policial era discreto, quizá demasiado. Apenas

una veintena de agentes de las Unidades de Intervención Policial acompañaba

a la cabecera de la manifestación. Y, como era de esperar, el punto caliente

fue Sol, con la llegada de los manifestantes al cruce con la calle Carretas.

La Policía había abierto un pasillo de anchura suficiente para que la

manifestación atravesara la zona. Fue allí donde los más radicales de la

manifestación y los peregrinos cruzaron gritos: El «pederastas», «nazis» e

«hijos de puta» era contestado por los pocos jóvenes que había en la zona

con gritos a favor del Papa. Que nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.



La Policía puso un leve cordón de separación en esa esquina, pero poco

más. Y los manifestantes iban ganando metros. Su intención era clara. Los

más radicales querían tomar la plaza. «Esta es nuestra plaza» y gritos de

«fuera, fuera; menos rezar y más follar». El tono fue adquiriendo un aire

amenazador tremendo. Las caras de los radicales estaban completamente

desencajadas, fuera de sí. Había a quien la vena del cuello ya no se le

podía agrandar más. Llevo más de 20 años haciendo información sobre

seguridad y terrorismo, pero hacía muchos años que no veía tanta inyección

de sangre en ojos de manifestantes. No eran todos, ni mucho menos, pero

algunos daban miedo. Muchos estaban fuera de sí. «Os vamos a quemar como en

el 36», gritaban a los jóvenes de la JMJ. Que nadie me lo cuenta, que yo

estaba allí.



En el esquinazo de la polémica no había más de un centenar de peregrinos.

No era para nada una contramanifestación. No ocupaban la zona por la que

tenía que atravesar la marcha laica. Esos peregrinos eran extranjeros. Allí

había italianos, belgas, australianos, franceses, italianos, egipcios. Y

algún español, sobre todo voluntarios. La media de edad, menos de 18 años.

Que nadie me lo cuenta, que estaba allí y lo vi en primera persona.



El Ministerio del Interior ya estaba avisado de que era una zona de

riesgo, que no era recomendable autorizar esa marcha y menos por ese

recorrido. Los informes apuntaban a que podía haber una importante

infiltración de radicales en la manifestación de laicos.



Porque, eso sí, el grupo de radicales, violentos, que se comportaron como

energúmenos, no superaría el millar en una marcha que congregó a varios

miles de asistentes. La visceralidad de los ataques de esos radicales fue

intensa. Poco a poco fueron tomando la Puerta del Sol. Bordearon el cordón

policial por derecha y por izquierda. La siguiente maniobra, ante la inicial

pasividad de los agentes, fue rodear a los pequeños grupos de peregrinos y,

mediante empujones, gritos, insultos y patadas, sacarlos de la plaza.

También tuve que sufrir esos empujones y patadas. Peregrinos, periodistas.

qué más les daba, la plaza tenía que ser suya. Sobrábamos los demás. Que

nadie me lo cuenta, que yo estaba allí.



Primero actuaron contra un grupo de apenas media docena de australianos.

Después les llegó la hora a los franceses. Los italianos no se quedaron al

margen. A los egipcios también les tocó.



Algunos peregrinos, veteranos, hacían frente a los insultos de los

autodefinidos como indignados, que buscaban el cuerpo a cuerpo. Y así, al

grito de «ésta es nuestra plaza», los radicales que participaron en la

manifestación ocuparon de nuevo la Puerta del Sol. Durante estas maniobras

de desalojo de peregrinos la pasividad policial fue total. No pude evitarlo.

Ya al cuarto incidente de acoso, hostigamiento y empujones contra peregrinos

me acerqué a los policías, que permanecían en los alrededores del edificio

de la Comunidad de Madrid, para advertir de que la situación estaba tomando

un sesgo extremadamente peligroso. Silencio. Que nadie me lo cuenta, que yo

estaba allí.



Una vez expulsados de la plaza, los radicales dirigieron sus esfuerzos a

controlar el Metro. Por allí salían decenas de jóvenes peregrinos que se

dirigían a cenar. No menos de 500 personas se concentraron en la puerta del

suburbano. Allí se montó la mundial. Este grupo, de nuevo incontrolado,

comenzó a arremeter contra todos los peregrinos. Insultos, coacciones (ya

sabéis, eso de gritarte a la cara a menos de 15 centímetros), escupitajos.

La escena era tremenda. Auténticos cafres lanzando gritos y amenazas a los

jóvenes (por cierto, la mayoría mujeres) que salían del Metro.



Vi mucho pánico en los ojos de los peregrinos y vi a muchas, digo bien, a

muchas que al ver el espectáculo rompieron a llorar de puro miedo. Aún tardó

la Policía en llegar a la zona. Abrió un pasillo para que los peregrinos

salieran de Sol. Los radicales eran los dueños del Kilómetro 0. Se

envalentonaron más y arremetieron contra la Policía. Y un radical con

numerosos antecedentes dio el pistoletazo de salida a los incidentes.



Una botella contra los agentes y la Policía cargó. Antes, las mochilas

naranjas, los crucifijos y hasta los alzacuellos eran una «provocación» para

esos radicales. «Es que nos están provocando», «es que están rezando», se

justificaba uno de los empujadores profesionales. Y se me ocurrió preguntar

por qué les provocaban. «Porque están aquí, porque existen, porque les vamos

a prender fuego otra vez, como en el 36». Madrid era hasta ahora una ciudad

donde cabían todos los pensamientos. En Sol, eso se acabó.



martes, 9 de agosto de 2011

CONGRESO INTERNACIONAL JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS.


CONGRESO INTERNACIONAL JOSÉ ANTONIO MUÑOZ ROJAS.

UNIVERSOS DE VIDA Y CREACIÓN 60 ANIVERSARIO DE LA PRIMERA EDICIÓN DE LAS COSAS DEL CAMPO

Organizado por Universidad CEU San Pablo de Madrid. Departamento de Filología.

En colaboración con:
Departamento de Lengua Española, Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Facultad de Filología. Universidad Complutense de Madrid.
Área de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Facultad de Filosofía y Letras. Universidad de Málaga.

El 29 de septiembre de 2009, a punto de cumplir los cien años, nos dejaba el gran poeta antequerano José Antonio Muñoz Rojas. Destacado miembro de la “Generación del 36”, vinculado afectiva y literariamente a muchos de los autores del 27, escritor de rica humanidad, oteador de horizontes, anclado siempre al terruño por este tirón del campo labrador, Muñoz Rojas nos ha legado una obra cuya riqueza y hondura se acrecientan con el paso del tiempo.

Al conmemorarse el 60 aniversario de la publicación de Las cosas del campo, este congreso pretende rendir un merecido homenaje a su creación literaria y al mecenazgo cultural por él desempeñado. Será también una magnífica oportunidad para recorrer de nuevo sus textos y, en particular, este espléndido poemario en prosa que marca un hito en la andadura de la poesía española del siglo pasado.



De esta manera, aspiramos a hacer efectivas las palabras del autor:

¿Qué sería de la obra poética si solo dependiera del poeta? La obra, como es bien sabido, se recrea en los demás. Los demás van poniendo en ella continuamente, añadiéndola, enriqueciéndola, recreándola.

FECHAS DE CELEBRACIÓN
28 y 29 de Noviembre de 2011

LUGAR DE CELEBRACIÓN
Salón de Grados de la Facultad de C.C. Económicas.
C/ Julián Romea, 23.
28040 Madrid

CONTACTO
Secretaría del Congreso:
vicedehum2@ceu.es

La historia hace a los hombres sabios. LA OTRA MEMORIA.

Alfonso Bullón de Mendoza
Luis E. Togores (coords.)

Entre 1936 y 1939 en España hubo una guerra civil, una guerra en la que se combatía por implantar sobre el mismo territorio modelos de estado y sociedad antagónicos e incompatibles. Una guerra que además no surgía de la nada, sino que se había ido incubando en los cinco turbulentos años de la Segunda República y, muy especialmente, a partir del fracasado golpe de estado socialista de octubre de 1934. Durante varios años los discursos de algunos líderes políticos habían hecho hincapié en la necesidad de la victoria, y no de la concordia, de la imposición de sus ideologías, y no del diálogo. Cuando en julio de 1936 se llegó finalmente a la confrontación armada el nivel de movilización política de la sociedad española era alto, y muchos fueron a la guerra con entusiasmo, con el deseo de acabar de una vez con una situación de enfrentamiento endémico y conseguir imponer sus criterios sobre el odiado enemigo.
La guerra civil fue, por tanto, una guerra cruel, una guerra donde en ocasiones se buscaba no sólo la derrota sino también el exterminio del adversario, y por ello nos hallamos ante un conflicto donde las víctimas de la represión fueron tantas o más que las caídas en los combates.

Formato............. 16,5 x 25 cm

Volumen............. 837 páginas

Encuadernación Tapa dura con sobrecubierta

P.V.P...................36 euros

miércoles, 3 de agosto de 2011

Entre el feísmo y la pudibundez


Por su interés e indudable actualidad, reproducimos este interesante artículo del profesor Parra Celaya publicado en la revista Mástil Digital. 
Entre el feísmo y la pudibundez

Manuel Parra Celaya

Confieso haber llegado a una edad en la que, sin considerarme viejo en absoluto ni de cuerpo ni de espíritu, tampoco puedo blasonar de joven más que en términos irónicos y amables. Las ventajas de este momento de mi vida son muchas y variadas, y añadiría que superan a los inconvenientes. Entre las primeras, está, poder expresar, en cada momento, la opinión racional y razonada sobre los modestos ámbitos de mi cultura y el importarme un ardite si estas opiniones no coinciden con los de esa "inmensa mayoría" que decía el poeta y en la que no creía ni él. 

Veo a los jóvenes, por lo tanto, desde fuera - no desde arriba - y encuentro en ellos igual surtido de virtudes y defectos que supongo que cada generación juzgó de la siguiente, ni más ni menos. Por otra parte, cada día soy más reacio a emplear el término "juventud" para designar una realidad muy heterogénea, cajón de sastre social en el que caben desde los "ni-ni" hasta el abnegado voluntario en tierras de misión, incluida España.

A efectos de entendimiento, no obstante, voy a generalizar demasiado para destacar dos rasgos, contradictorios y paradójicos, que he detectado, por ejemplo, entre mis alumnos de Secundaria: el "feísmo" y la pudibundez.
El primero consiste en ostentar una apariencia que antes se denominaba, “purriana": un ir "cuidadosamente descuidado", que pasa, según los grados y los individuos (sin distinción de sexo), por calzarse unos tejanos con grandes desgarros y rotos (más caros, por cierto, que cualquiera de mis pantalones), por aborrecer el uso del peine (sustituido por largas horas ante el espejo trazándose una cresta con los dedos mojados), por no admitir que ninguna, prenda, camiseta o camisa, deje de ondear sus faldones por encima de la cintura y bajo el suéter, y por el uso desenfadado y  desvergonzado del lenguaje. 

El segundo rasgo, la tremenda pudibundez que roza el puritanismo, surge a la vista cuando oyen palabras, expresiones o juicios alejados de los parámetros de la "corrección política" imperante; es decir, que habrán sido mal educados pero muy bien adiestrados. Me centro en el campo del lenguaje, que es el mío, y dejo el de la moda en el vestir, calzar o peinar para los más expertos…

Es curioso que, entre ellos, el empleo de la expresión malsonante está generalizada como "gracia"; no tienen el menor inconveniente en interpelarse con las mismas palabras que Sancho Panza usa para catalogar al buen vino, sin considerarlo en absoluto como un insulto. Pero sus tacos están lejos del donaire sanchopancesco, así como de la intención expresionista de un Cela o del clamor crítico y noventayochista-de 1998
-de Pérez-Reverte: son, por el contrario, espantosamente vulgares y fuera de contexto, hasta el punto de que, en ocasiones, asimilo a una ursulina la rotundidad de un sargento de la Legión en pleno cabreo en compartición con alguno de mis alumnos. Pues bien, se sorprenden y escandalizan hasta el máximo ante lo que se aparta del "canon" social y político. Vean, como ejemplo, algunos casos recientes sacados de la vida diaria del aula. 


Explico en clase de Lengua que las palabras tienen "género" gramatical y no sexo, con casos de evolución del mismo a lo largo del tiempo, y aclaro, festivamente, que las personas tienen "sexo" y no "género"; añado intencionadamente: "lo diga quien lo diga". Inmediatamente, una alumna levanta la mano y me espeta: "Pero hay que respetar a los gays y a las lesbianas". Le pregunto en qué he faltado yo al respeto a nada ni a nadie, sea o no sarasa, y se queda callada. En su mente juvenil (4º de ESO) había funcionado el condicionamiento pauloviano y la autocensura, que viene dada por la deconstrucción del lenguaje y de la cultura, producida por el bombardeo mediático.


Otro día, reparto un recorte periodístico para comentar; se trata de una colaboración de Manuel Vázquez de Prada sobre el tabaco (estoy en 2º de Bachillerato). Cuando me devuelven sus comentarios, leo en varios trabajos la indignación: "¿Y cómo le dejan decir eso?". Al día siguiente, pregunto a los censores: "¿Y quién le tiene que dejar decir o no decir?"; "No sé..., el gobierno, los políticos..." Es decir, que daban por sentado que debería de haber "algo" que se encargara de reprimir la expresión pública de lo que no coincide con lo “políticamente correcto". El reflejo condicionado y la censura estaban bien interiorizados en mis rebeldes alumnos aspirantes a universitarios. 


Como dejó dicho Aldous Huxley, el verdadero Estado Totalitario es aquel que no necesita de coacción sobre los ciudadanos porque éstos "aman la servidumbre"; se ha logrado mediante los inteligentes procedimientos que un día lejano surgieran de la mente de Gramsci, aunque mis alumnos no sepan quién fue.

Me temo que voy a seguir siendo piedra de escándalo, debido a mi edad y a mi falta de complejos consiguiente. Bien mirada, mi estrategia se basa en "deconstruir lo deconstruido", es decir, en volver a construir entendimientos juveniles, para despertar en ellos la anulada capacidad crítica y la casi prohibida disposición para la reflexión.

 Animo a todos los lectores a que hagan lo propio, ya sea en el aula o en la tertulia apresurada a la hora del café (por supuesto, sin humo de tabaco, que también está prohibido).


Aldous Huxley


(De la revista Mástil Digital nº 15, Boletín de la Hermandad Doncel)

martes, 2 de agosto de 2011

EL TRINEO DE FOXÁ

  Del magnífico blog de Antonio Rivero taravillo, Fuego con Nieve, extraemos éste interesante artículo.

 El trineo de Foxá


De manera casual, mientras -Tántalo tan redivivo como resignado- trataba hoy de ponerme al día en mis lecturas, he dado con el relato de Curzio Malaparte en que éste cuenta una de las anécdotas más exactas y conmovedoras sobre el carácter de Agustín de Foxá y de los duros tiempos en los que le tocó vivir, a veces con más protagonismo del que, amante de los lujos, él hubiera deseado. Cuando se levantó la famosa polvareda que levantó con su coz cierta concejal de Sevilla al vetar un homenaje al escritor en el cincuentenario de su nacimiento, leímos un artículo en que se mencionaba el gesto del conde de Foxá al tratar de evitar la muerte a un grupo de dieciocho españoles que -apenas unos críos, combatientes en el Ejército Rojo tras haber llegado a Rusia como niños de la guerra- habían sido capturados por los finlandeses en 1942 durante el asedio de Leningrado, la antigua San Petersburgo.
El dato lo había exhumado el gran periodista sevillano Alfredo Valenzuela en una entrevista -culta, jugosa, afilada- que hizo al biógrafo del autor de Madrid, de corte a checa, y se hicieron eco de él Ignacio Ruiz Quintano y Aquilino Duque.
Nunca leí la obra de Malaparte en que se incluye (Diario de un extranjero en París), y hoy, pasando angustiadamente y con inapetencia ("¡a ver si acabo!") las páginas del número de 28 de julio de la London Review of Books, en condiciones más placenteras de las que casi setenta años antes vivieran los personajes del relato, mis ojos se han posado en el nombre de Foxá y he leído la traducción al inglés de este lance, que no tiene desperdicio (existe una edición española de los años setenta en Plaza & Janés).
Emerge de él un Agustín de Foxá que, a más de cuarenta grados bajo cero, acude a en su trineo a las llamadas de Malaparte y a regañadientes primero y luego de corazón trata de convencer a unos tercos muchachotes comunistas, compatriotas suyos y a los que por raro que sea representa como diplomático, de que se dejen repatriar a España, para lo cual primero ellos han de reconocer a Franco, cosa de la que ellos no quieren in oír hablar.

¡Qué estupendo escritor es Malaparte! Cómo mantiene el ritmo de la narración, con esos viajes recurrentes de Foxá, un carámbano más, por la nieve, y cómo borda ese instante en que uno de los españoles muere y es enterrado: "Cuando bajaron el ataúd a la tumba, los soldados fineses, todos protestantes, dispararon una salva de honor. El general Endqvist y los oficiales y soldados fineses saludaron todos llevándose la mano a la visera, como hice yo; el embajador de Foxá saludó brazo en alto y con la palma extendida, a la manera fascista; y los camaradas del difunto también levantaron los brazos, pero con el puño cerrado."
No desvelaré cómo acaba la historia, no sé si del todo cierta; si algo hay en ella espurio, no importa, pues si non è vero è ben trovato.
El fin es tremendo, y si muestra una salida de ingenio de Foxá, quizás apócrifa, también enseña toda la dureza de la posguerra española y la crueldad que hubo en ella, que no se dulcifica con un chiste, tan foxiano, dicho con sordina en la lejana Helsinki.


viernes, 29 de julio de 2011

ENTREVISTA A RIVERO TARAVILLO EN DIARIO YA

lunes, 25 de julio de 2011

ENTREVISTA A JOSÉ MANUEL CANSINO EN ABC

Reproducimos la entrevista realizada al profesor Cansino en diario ABC, sobre su nuevo libro "La Economía Fingida"

Sevilla / José Manuel Cansino, economista y profesor de la hispalense

«España tiene la mayor tasa de economía sumergida, con Italia y Grecia»
Félix J. Machuca (ABC)

Con un lenguaje claro, directo y comprensible para el más lego, ha dado forma a un libro que titula «La Economía Fingida» (editorial Paréntesis), un intento logrado de explicarnos la economía actual.


—¿Por qué repunta en estos meses el empleo en Andalucía y en Sevilla se sigue destruyendo?

—Primero porque los extranjeros que entran por el aeropuerto de Málaga no encuentran playas en Sevilla y segundo porque no pocas multinacionales con delegaciones en Sevilla, están replegándose a una única oficina en Madrid o Barcelona.

—Pero hay quien mantiene que esos datos no son reales…

—Junto con la italiana y la griega, son las que mayor tasa de economía sumergida tienen. Hasta un por 23,3 ciento. Casi uno de cada cuatro euros que se producen es «tax free».

—¿El caso de Contsa tiene similitudes en el extranjero o es un fenómeno típicamente sevillano?

—No sé si se refiere al timo piramidal. Si es así, el premio parece que se lo ha llevado Bernard Madoff. Y la cosa no llega a más porque mucho del dinero que buscaba estas rentabilidades tenía menos papeles que un conejo de monte. No sé si me explico.

—¿Cómo crearía empleo en Andalucía?

—A lo mejor hay que preguntarse ¿dónde debe buscar trabajo un desempleado andaluz? Encontrar empleo pasa por moverse. Pero ya puestos, comencemos por modificar el IVA haciendo que se pague por facturas cobradas y no por emitidas. Luego usemos los créditos ICO para que las administraciones salden sus deudas con las empresas a las que deben dinero; luego apostemos por la inversión agrícola. Con una demanda creciente de los países emergentes y la presión de los biocarburantes, la agricultura tiene posibilidades y, además, puede emplear a mano de obra que antes trabajaba en la construcción. Sigamos por la obra civil; tenemos buenos ingenieros que ganan proyectos gigantescos en Panamá, Reino Unido, etc Pero hay que coger la maleta. Hoy la élite de la albañilería está levantando rascacielos en los Emiratos Árabes.

—¿Cree en los programas de formación para los desempleados o se declara ateo al respecto?

—La evidencia empírica arroja resultados muy discretos sobre la empleabilidad y los salarios de quienes siguen cursos para desempleados. En cambio ha sido terreno abonado para el abuso y el mangazo. Al Tribunal de Cuentas me remito. Sin formación de calidad no puede haber empleos de calidad.

—Una buena fórmula durante estos años para encontrar trabajo ha sido la de ser hermano, primo o amigo de un alto cargo. ¿Se puede entender esa tendencia como economía solidaria?

—Las relaciones personales siguen siendo el principal método para encontrar empleo en España.

—¿Lehman Brother, la burbuja inmobiliaria y vivir por encima de las posibilidades reales forman parte de un mundo que se creyó rico?

—Obscenamente rico.

—¿Ha existido el milagro español o fue todo una farsa?

—Hasta un 10 por ciento del crecimiento del último decenio lo fue por el boom inmobiliario.

—Pero las colas en los comedores de Cáritas son ya tan numerosas como las del paro…

—Y menos mal que aún supervive la red familiar pese a los intentos legales de triturarla.

—Pero la política no hace nada o no sabe qué hacer. Para pagar lo que debemos se carga contra las clases medias pero no contra los gastos enloquecidos de un Estado con diecisiete administraciones y sus respectivas diputaciones…

—Porque en España falta conciencia de contribuyente. Como dijo esa eminencia; «el dinero público no es de nadie» y venga a meter la mano en el bolsillo del contribuyente.

—¿Hay razón para atacar a los bancos, para pedirles consideración con las hipotecas de los que se quedaron parados?

—Sin la connivencia del sector financiero la burbuja hubiera sido imposible, así que si aplicamos «el que contamina paga» para quien emite CO2 pues también para quien vende activos tóxicos.

—¿Se cree el giro a indignado que ha dado Rubalcaba?

—Rubalcaba es un claro exponente de un sistema cupulocrático.


Un placer


Escucharle es abrir una puerta a la realidad. Leerle abrir otra al conocimiento. Es de Paradas y enseña economía en la Universidad sevillana. Ha publicado una gran cantidad de artículos y este libro, «La Economía Fingida», sale de la reflexión que hace sobre la crisis económica más fuerte vivida por el mundo en ochenta años. ¿La sobreviviremos? ¿Es acaso el final de un modo de vida? Cansino da en esta entrevista unas breves pinceladas sobre cómo guarecernos del huracán y apunta sin remilgos hacia la escasa conciencia política de un sistema como el español superdependiente de lobbys políticos. Creo, y es una opinión personal, que lo único que le entretiene más que su profesión es el llamador de la Virgen de los Dolores…

viernes, 22 de julio de 2011

Don Adolfo, el libertino de Jacinto Miquelarena


 Reproducimos, acontinuación un interesante artículo sobre Jacinto Miquelarena aparecido en Diario Ya
¡Qué país Miquelarena!                                

Don Adolfo, el libertino de Jacinto Miquelarena


  Diario Ya
Javier Paredes
Si sólo comento muy pocas novelas, es porque la mayoría de las que se publican no me llaman la atención. Con todo lo que hay que hacer, me parece una pérdida de tiempo leer las ocurrencias de buena parte de los novelistas, que además de escribir regular, tienen poco contendido de fondo. Y habiendo libros de historia, la realidad siempre me interesó más que la ficción. Por todo ello son pocas las novelas que empiezo y muchas menos las que acabo, porque es raro que suela pasar de la página veinte. Por eso se quedaron muy sorprendidos en mi familia, cuando hace unos días les dije que no estaba para nadie hasta que acabase la novela de Jacinto Miquelarena, titulada Don Adolfo el libertino. La he leído con mucho gusto y con mucha risa. No recuerdo haberme divertido tanto leyendo un libro como con este de Jacinto Miquelerana, una pluma para mi desconocida y de la que me he convertido en un entusiasta partidario.
Don Adolfo el libertino es una historia llena de humor y ternura –a veces entre carcajada y carcajada, se le pone a uno un nudo en la garganta- situado en la España de principios del siglo XX, la España de la Belle Época y de los contrastes entre las casas de los nobles y las modestas pensiones como la de doña Penélope de la calle de Caballero de Gracia, donde vive como puede para sacar adelante a sus cuatro hijos, desde que su marido –apodado don Ulises- marchó a América y la dejó con un niño, al que ella añadió desde su ausencia otros tres embarazos transatlánticos.
Don Adolfo es hijo de un duque al que Miquelarena en esta novele le concede el título de marqués de Solocoeche. Don Adolfo es un joven frívolo y divertido que comparte protagonismo con su fiel criado Carpóforo. El joven noble es un don Juan novecentista, al que le salva una vez más el amor, porque como manifiesta Jacinto Miquelarena en la introducción de su novela “el diablo no me ayudado lo bastante. El diablo ha perdido una excelente ocasión para hacer publicidad del infierno”.
El libro tiene una buena introducción de la estudiosa y nieta del autor, Leticia Zaldívar, en la que se cuentan los principales rasgos de este gran escritor, olvidado injustamente, a pesar de ser una de las plumas más brillantes de la literatura y muy particularmente del periodismo deportivo. Pero el autor fue falangista, amigo de José Antonio y uno de los integrantes de la tertulia de La Ballena Alegre y en consecuencia… marginación y silencio ¡Qué país Miquelarena!

Ediciones Nueva República reedita El Fascismo de Benito Mussolini




«El Fascismo»


Benito Mussolini
[Prólogo de José Antonio Primo de Rivera]
[Epílogo de Julio Ruiz de Alda]

● 1ª edición, Barcelona, 2011
● 13×20 cms., 108 págs.
● Cubierta a todo color, con solapas y plastificada brillo

● PVP: 12 euros

Orientaciones
En 1934 se editaba en España el libro de Benito Mussolini “El Fascismo”, publicado en Italia en 1932. Esta primera edición aparecía con un prólogo de José Antonio Primo de Rivera y contaba con un epílogo de Julio Ruiz de Alda, siendo ambos, como es conocido, dirigentes de Falange Española.
En su edición española, autorizada por Mussolini, el libro se dividía en dos partes claramente diferenciadas.
Una primera, que constaba de una “Introducción a la Doctrina del Fascismo”, seguida del escrito de Mussolini; y una segunda, donde se reproducían distintas normas legislativas del Estado fascista.
En 1935 la editorial italiana “Vallecchi” editaba nuevamente en español el texto de Mussolini, pero sin la introducción, ni las normas legislativas, ni el prólogo y epílogo de los líderes falangistas. Una segunda edición vería la luz en 1937. También en 1944 se editaba un folleto titulado “Qué cosa es el fascismo”, en el cual se reproducía parte del libro de Mussolini, en concreto el capítulo “Las Ideas Fundamentales”.
Habría que esperar a 1975 para que la editorial argentina “Milicia” publicara el texto de Mussolini, aunque sin la introducción publicada para la edición española en 1934, e incorporando, eso sí, algunos textos del fascismo fundacional.




Esta misma edición sería editada un año más tarde en España por la editorial barcelonesa “Bausp”.
Ediciones Nueva Republica se complace en reeditar la primera edición en español de “El Fascismo”, incluyendo la introducción que para esta edición se hizo, y publicando, por su interés, el prólogo de José Antonio Primo de Rivera y el epílogo de Julio Ruiz de Alda. Hemos decidido, eso sí, obviar las normas legislativas contenidas en la primera edición, con el fin de hacer más fácil la lectura y más comprensible el contenido.


Pedidos:
Tlf:

617 21 31 49