«ME ALEGRA QUE NO HAYAN DADO CON MI TÍO»
LO DICE Vicenta Fernández-Montesinos, una de los seis sobrinos vivos de Lorca. En su fosa no hay nadie. 'Crónica' ya adelantó que el cuerpo pudo ser desenterrado
JAVIER CASTRO VILLACAÑAS (20-12-09)
EN FAMILIA. Lorca, en 1935, con sus sobrinos Manuel (izqda.) y Vicenta. Ella, a sus 78 años, es la mayor de los seis sobrinos vivos del poeta.
Huerta de San Vicente, verano de 1935. El instante que ha fijado la fotografía recoge la imagen de Federico García Lorca vivo y feliz en compañía de dos niños: Vicenta y Manuel Fernández-Montesinos García. Son sus sobrinos, hijos de su hermana Concha y su cuñado Manolo. La niña acaba de cumplir 5 añitos, y su hermano tan sólo es un año menor. El gesto tierno de Vicenta (Tica) agarrando a su tío por el brazo con las dos manos simboliza, además del cariño de una niña hacia un familiar tan cercano, un intento de retener junto a ella a alguien que desaparecería para siempre un año después. Manuel Fernández Montesinos, padre de las dos criaturas y alcalde de Granada, fue fusilado el 16 de agosto de 1936 en las tapias del cementerio de esta ciudad junto a varios concejales y militantes socialistas. Apenas dos días después tuvo lugar la caza, captura, fusilamiento y desaparición del tío Federico.
Setenta y tres años después, sólo nos quedan las emotivas palabras de la mayor de los sobrinos del poeta. Tica Fernández Montesinos no se ha podido contener, ni ser más sincera en sus declaraciones a Crónica: «Estoy personalmente contenta de que no se hayan encontrado los restos de mi tío».
La búsqueda de los restos mortales de Federico Garcia Lorca no ha tenido éxito. El viernes, la consejera de Justicia de Andalucía, Begoña Álvarez, se daba por vencida y declaraba finalizadas las labores de localización de los restos del poeta en la fosa de Alfacar en Granada. «No se ha encontrado ningún resto humano», han reconocido los responsables de la excavación. La recuperación del cadáver del autor de Poeta en Nueva York se había convertido en un paradigma dentro de la aplicación de la llamada Ley de Memoria Historia. En contra de todos los pronósticos, la expectación generada por los políticos ha pinchado en roca.
Los herederos del poeta siempre se mostraron contrarios a la realización de estos trabajos. Para el otro niño que aparece en la foto, el hoy casi septuagenario Manuel Fernández-Montesinos, «lo que hay que hacer con Lorca es leerlo y saber por qué está en una fosa común». «No nos parece necesario exhumar tumbas para saber que los generales levantiscos eran unos criminales».
EL ÚLTIMO VIAJE
Al igual que sucedió con la mayoría de las familias españolas, la Guerra Civil marcó para siempre el destino de los Lorca. «No quiero volver a este jodido país en mi vida», sentenció Federico García Rodríguez, padre del poeta, al despedirse para siempre de España en 1940. Cinco años después moría en Nueva York. Su mujer, Vicenta Lorca Romero, regresó a España en 1951, falleciendo en Madrid en 1959. Nunca quiso regresar a su Granada. Junto a Federico, que fue el mayor, tuvieron otros tres hijos: Francisco, Concha e Isabel García Lorca.
La guerra, el exilio y el regreso a la España de Franco no fueron las únicas desgracias para la familia. En 1956 fallecía en accidente de automóvil Concha García Lorca, precisamente cuando se dirigía desde Madrid a la localidad de Fuente Vaqueros. Del matrimonio entre Concha y Manuel Fernández-Montesinos nacieron tres hijos: Vicenta, en 1931 (publicó recientemente un libro Notas deshilvanadas de una niña que perdió la guerra); Manuel, en 1932 (fue senador socialista por Granada en 1977 y es portavoz de la comunidad de herederos del poeta. En 2008 publicó su biografía Lo que en nosotros vive) y Concha (quien vino al mundo en 1936, unos meses después de ser asesinado su padre, y que estudió arquitectura).
Francisco García Lorca, hermano de Federico, fue escritor, profesor y crítico literario. Se casó en 1944 en EEUU con Laura de los Ríos Ginés (hija de Fernando de los Ríos y de Gloria Ginés) y tuvieron tres hijos: Gloria, en 1945 (pintora); Isabel, en 1947 (actriz y bailarina) y Laura, en 1954 (estudió arte dramático en Nueva York y es la actual presidenta de la Fundación García Lorca). La hermana pequeña de Federico, Isabe, fue la primera presidenta de la Fundación, pero no tuvo descendencia. Murió en Madrid en 2002.
La saga de los García Lorca ha tenido siempre fama de ser gente con mucho carácter y, quizá por eso, jamás han dejado de controlar directamente su pasado. Quizá por ello, también han gestionado de manera muy privada muchos de sus recuerdos. Empezando por su patrimonio. Desde Nueva York y durante la década de los 40 fueron sus padres quienes tramitaron la declaración de herederos del poeta para poder repartir su herencia y gestionar los derechos de autor sobre sus obras. Para ello tuvieron que conseguir un certificado de defunción fechado en Granada el 21 de abril de 1940 que suponía un mero trámite legal, ya que los dos testigos que afirmaban haber visto el cadáver de Federico el día 20 de agosto de 1936 eran, en realidad, el alguacil del juzgado y el primer escribiente del mismo. Una mentira más dentro de una versión oficial plagada de oportunas cortinas de humo.
Esta visión patrimonialista de la familia de Federico respecto de la herencia del poeta ha sido muy criticada, sobre todo durante los últimos años, a partir de que se abriera la posibilidad de localizar sus restos. Ian Gibson, su biógrafo más conocido y, a día de hoy, también el más afectado ante la falta de éxito de las excavaciones, no ha cesado de criticar la actitud de los herederos de Lorca y su negativa para encontrar su cadáver. Este comportamiento «obstruccionista», para muchos no suficientemente explicado, es lo que ha alentado todo tipo de teorías, muchas de ellas verosímiles, respecto al conocimiento que tendría la familia en relación con un desenterramiento del poeta ocurrido después de su fusilamiento. [Ver Crónica del domingo 13 de diciembre de 2009].
Sin embargo no siempre la familia ha permanecido unida en relación con este asunto. En septiembre 2008, los seis herederos de Lorca dieron un giro radical a su postura de oposición y, tras una reunión celebrada en la Residencia de Estudiantes, determinaron aceptar el derecho de las familias de dos de los tres compañeros de martirio de su tío (Dióscoro Galindo y Francisco Galadí) para que se abriera la fosa donde, supuestamente, estarían enterrados junto a Federico. Posteriormente, Manuel Fernández-Montesinos criticó el intento de Baltasar Garzón de abrir desde la Audiencia Nacional la fosa de Alfacar, calificando de «profanación» esta iniciativa. Cuando en 2009 la Junta decidió tomar el relevo y liderar esta iniciativa, los Lorca no dieron su brazo a torcer, calificaron de «circo mediático» todo lo que se iba a organizar, pero finalmente accedieron a la búsqueda de los restos mortales con la condición de que, en caso de encontrarse, no se identificara el cadáver de Federico ni se moviera jamás de ese lugar donde, en teoría, había permanecido más de siete décadas.
Para muchos, el desenlace de esta historia ha venido a dar la razón a los herederos del poeta: la excavación compulsiva de las seis fosas de Alfacar ha dañado la memoria del poeta. Antes se contaba con un lugar de culto, recuerdo y reivindicación, mientras que ahora lo que se tiene es un parque agujereado que lleva su nombre, además de muchas incógnitas que se multiplican respecto a lo que en realidad pudo suceder antes y después de su asesinato.
Mientras que los familiares de los fusilados junto a Lorca han reconocido estar desilusionados al no hallarse ningún tipo de restos, los sobrinos de Federico no disimulado su particular satisfacción ante un desenlace tan vacío. Este jodido país, que diría seguramente el padre del poeta, no deja en paz a los vivos, ni a los muertos más sagrados.
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miércoles, 3 de febrero de 2010
domingo, 31 de enero de 2010
LAS OTRAS TRES EXTRAÑAS MUERTES DE GARCÍA LORCA por JAVIER CASTRO VILLACAÑAS (Publicado en el diario El Mundo)
TRAS 73 AÑOS de misterio y disputas, la fosa donde se cree que yace el poeta se abrirá, se supone, en septiembre. «Crónica» reúne todas las teorías sobre la suerte de Lorca. ¿Estará en el nicho?
Misterio, miedo y fantasía rodean, desde hace 73 años, un puñado de tierra en Alfacar (Granada). Dice el consenso, que tiene sus contradictores, que allí yace Federico García Lorca, al que habrían dado el paseíllo la madrugada del 19 de agosto de 1936. Una decisión política de la Junta de Andalucía pondrá fin, presumiblemente en septiembre, a ese nicho de leyendas, a esa incógnita en la Historia de España.
Un misterio blindado por las circunstancias veladas de su detención y posterior asesinato. Un miedo que ha ocultado la culpabilidad de los que participaron en su crimen y que nunca tuvieron el valor de admitir su responsabilidad. Y, finalmente, una fantasía que inunda de forma mágica todo lo que conlleva el inabarcable universo lorquiano.
Pese a la oposición de los descendientes de Lorca, la autoridad regional ha decidido exhumar los restos de esa zanja que sigue abierta en la memoria, aunque aquella noche de cuchillos largos la cubriera de tierra, para salvarse él del hoyo, Manuel Castilla, Manolo el comunista.
Nadie sabe a ciencia cierta si bajo esas paladas descansa el esqueleto del desaparecido más universal de nuestra guerra. El cuerpo de Federico García Lorca no fue enterrado inmediatamente tras su asesinato, en la madrugada del 19 de agosto de 1936. Permaneció varias horas, algunos investigadores afirman que incluso hasta más de un día, abandonado en el mismo lugar de su fusilamiento. Los que le ejecutaron esperaban enterrar junto a él todas las circunstancias del crimen. Confiaban en que ese agujero de la sierra granadina pasaría al olvido. Una tumba sin nombre, sin memoria y sin historia. Sólo consiguieron que, durante tres cuartos de siglo, hayan circulado las más diversas teorías sobre la muerte del poeta. A la espera del fin del misterio, Crónica las reúne en este artículo.
PRIMERA MUERTE/A Lorca lo salvaron unas monjas
La tesis que mejor encaja en el apelativo de leyenda echa por tierra la versión histórica del fusilamiento de García Lorca y defiende el fallecimiento del poeta 18 años después.
Según esta versión, Lorca sobrevivió a su fusilamiento siendo rescatado por un tal Rogelio Bermejo, panadero de la localidad granadina de Calicasas. Hasta allí fue trasladado el poeta, que habría quedado con sus facultades mentales disminuidas, amnésico y viviendo bajo el nombre de Manolo, siendo ayudado por unas monjas en el Convento de San Bartolomé hasta que murió en el año 1954.
Atraídos por la fascinación de semejante guión, una novela y una serie propagaron involuntariamente la versión. El libro es La luz prodigiosa, de Fernando Marías, que inspiró una conocida serie de ficción emitida en TVE, en 1999, titulada Páginas ocultas de la Historia, dirigida por Javier Díez Moro y cuyos guionistas eran el propio Fernando Marías y Juan Bas.
El documental ofrecía una fotografía en donde se puede apreciar al supuesto Lorca, acompañado de tres monjas y de Rogelio Bermejo. Un montaje perfecto de la producción de la serie. En agosto de 1999, la revista esotérica Enigmas, que dirigía Fernando Jiménez del Oso, dio por buena esta fantasía inventada para TVE. Un juzgado condenó en el año 2000 por plagio al periodista autor de este artículo y determinó que todo era una ficción.
SEGUNDA MUERTE/Desenterrado y sepultado en su casa
Los diferentes testimonios sobre la ubicación exacta de la fosa y las horas que separan el momento de su fusilamiento y la desaparición de su cadáver han alentado todo tipo de especulaciones respecto al destino final de sus restos. Entre ellas, que sus familiares pudieron haberlo desenterrado y sepultado en su casa.
El periodista granadino Eduardo Molina Fajardo documentó varios testimonios directos que relataban la actitud de los familiares de Federico en las horas posteriores a su detención. «Estaban como locos», decían. Primero fueron a buscarle al Gobierno Civil, siguiendo su rastro días después hasta la sierra de Víznar. Un labriego de esa localidad, Joaquín Espigarés, les relató lo que se contaba en el pueblo: «Se había rumoreado insistentemente que una señora fue allí con autorización del Gobierno para retirar unos restos de los pozos y que en la localidad se supuso que eran los de Federico».
No existen más documentos respecto a esta suposición. Ha sido la oposición de los herederos del poeta a localizar primero, e identificar después, los restos de su antepasado, lo que más ha dado pábulo a todos estos rumores.
También se extendió la leyenda en Granada de que un segundo enterramiento de Lorca se pudo realizar una vez finalizada la Guerra Civil, cuando sus familiares ya habían abandonado España y se encontraban en Nueva York. Desde allí habrían tramitado la declaración de herederos del poeta para repartir su herencia y poder gestionar sus derechos de autor. Para ello tuvieron que conseguir un certificado de defunción fechado en Granada el 21 de abril de 1940, un mero trámite legal, ya que los dos testigos que afirman haber visto el cadáver de Federico el día 20 de agosto de 1936 eran, en realidad, el alguacil del juzgado y el primer escribiente del mismo.
Hay quien dice que el padre hizo desenterrar el cadáver de su hijo y sepultarlo para siempre bajo las raíces del nogal que se yergue en el patio de la Huerta de San Vicente, casa-museo del autor en Granada. La fecha de plantación del árbol coincidiría con el fusilamiento del poeta.
Los herederos del poeta no han dejado de calificar de disparate máximo esta posibilidad, negando que el cadáver de Federico fuera sacado de su fosa y enterrado después en otro lugar.
En principio, no tendría que existir problema alguno para poder localizar el sitio exacto donde se encuentran los restos del autor de Poeta en Nueva York. Los testimonios directos recogidos por el investigador norteamericano Agustín Penón, a mediados de los años 50, señalan como lugar más probable del enterramiento la llamada «fosa de Alfacar», situada en el actual Parque Federico García Lorca, al lado de la Fuente Grande, en la bifurcación existente entre dos carreteras: una que baja hasta Alfacar y otra que sube hacia el pueblo de Alfaguara, en la provincia de Granada.
La fosa estaría a 10 metros de un olivo, a cinco del monolito y a tres de la acequia. En varias fotos de la época se aprecia una ligera hondonada. La versión oficial dice que allí yace Lorca, enterrado junto a Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, dos banderilleros anarquistas; Dióscoro Galindo, un maestro cojo; y, quizás, el inspector de tributos Fermín Roldán. Se da por seguro que en ese punto yacen los restos de fusilados. ¿Pero está el de Lorca entre ellos?
«Pueden existir errores de localización que nos hagan abarcar distancias de varios metros desde nuestro punto inicial», explica Maribel Brenes, presidenta de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica, «Empezaremos en el lugar señalado por Agustín Penón, que nos parece el más acertado, ya que contó en su momento con numerosos testimonios, fotografías y croquis».
TERCERA MUERTE/Franco lo llevó al Valle de los Caídos
Existe otra versión del desenterramiento, que no habría sido llevada a cabo por su familia, sino por el mismísimo Francisco Franco. El origen de esta tesis se halla en unas declaraciones del sobrino del poeta, Manuel Fernández Montesinos, a la revista Gaceta Ilustrada en junio de 1976. Su padre, alcalde de Granada en el 36, también había sido fusilado por los nacionales y, según afirmaba su hijo, Franco intentó en 1959 que los asesinados de la familia García Lorca reposaran juntos bajo la cruz del valle de Cuelgamuros. La familia del poeta se movilizó y realizó diversas gestiones para que no se ejecutara esta operación. También en 1976, Daniel Sueiro publicó La verdadera historia del Valle de los Caídos donde se respaldaba esta misma versión.
Recientemente, los investigadores Miguel Caballero y María Pilar Góngora, en su libro Historia de una familia. La verdad sobre el asesinato de García Lorca se han sumado a la hipótesis de que los restos del poeta se encuentran en el Valle de los Caídos. Afirman que, hasta el año 1983, estuvieron llegando restos al mausoleo franquista y puede que algunos de ellos correspondan a las fosas comunes que llenan el camino de Víznar a Alfacar, a nueve kilómetros de Granada. La familia del poeta siempre ha negado esta posibilidad.
EL DESENLACE/ ¿Se identificarán los restos de Lorca?
La familia del poeta se niega en redondo a que los restos de Federico sean identificados. Manuel Fernández-Montesinos, vocal de la Fundación García Lorca y portavoz de la comunidad de herederos del poeta, ha sido claro y contundente en sus declaraciones a Crónica: «Nosotros no hemos sido notificados de ninguna decisión por parte de nadie. No tenemos conocimiento fehaciente de la adopción de ningún acuerdo oficial por parte de la Junta. Nos mantenemos en la misma posición que hemos venido manifestando. No somos partidarios de abrir esa fosa. Cuando tengamos conocimiento de cualquier decisión, la estudiaremos y haremos constar expresa y públicamente nuestra opinión. Y, naturalmente, si tenemos posibilidades de recurrir, realizaremos los recursos pertinentes tanto en vía administrativa como ante la autoridad judicial competente. No nos vamos a quedar de brazos cruzados».
Preguntado si, a pesar de su oposición, las exhumaciones se realizan y son localizados e identificados los restos de su tío, la decisión de Manuel Fernández-Montesinos en nombre de todos los herederos del poeta es clara: «Somos partidarios de que, si son localizados los restos de Federico, permanezcan en ese mismo lugar donde han estado durante 73 años, como el mejor ejemplo que se puede dar a la memoria histórica de lo que allí ocurrió».
A ellos se ha unido Nieves Galindo, nieta del maestro Dióscoro Galindo, hasta ahora proclive al desenterramiento y que ha dado media vuelta en sus planteamientos.
Juan Gayo, comisario de la Junta de Andalucía para la Memoria Histórica, argumenta que la administración regional «no se va a hacer cargo de ningún cadáver. Va a aplicar una Ley vigente ante la petición de unos interesados. Es por eso que se va a respetar escrupulosamente la decisión y el deseo de cada una de las familias. Si no quieren desenterrar a su familiar, la Junta respetará sus deseos».
El Gobierno andaluz ha previsto hacer firmar un contrato de confidencialidad a todos los que trabajen en la exhumación. Y cree poder mantener el anonimato de los restos que se extraigan pero no correspondan a los reclamados por sus familiares. Lo que sucede es que, abierto el melón, se ignora qué va a aparecer. Será necesario identificar todos los restos que se encuentren y, aunque sea por exclusión, quedarán señalados los que no correspondan con las muestras genéticas aportadas por los familiares.
Los responsables de la Junta insisten respecto a los motivos de esta exhumación: «No se van a buscar los restos de García Lorca. Si no se buscan, ni siquiera por descarte se podrán determinar. No se localizarán los restos del poeta y no se identificarán. Tampoco sabemos la cantidad de restos que pueden aparecer. En esa zona se fusiló a muchísima gente. La Ley obliga a llevar al cementerio más cercano los restos no identificados. En este caso, se tendrá en cuenta la opinión de la familia García Lorca, pero no se tiene pensado construir nada, ni modificar el monolito que actualmente recuerda lo que allí pasó. Se tendrá que declarar como zona de cementerio la fosa de Alfacar».
Federico es el muerto más conocido de la Guerra Civil. Los responsables de la Junta confirman que han sido miles las peticiones recibidas de todas partes del mundo para presenciar la exhumación.
Agustín Penón, quien más y mejor investigó las circunstancias del asesinato de Lorca, dejó escrita su opinión: «Federico, si está sepultado aquí, no pudo tener un lugar más bello para descansar. Mirando hacia Granada y gozando de esas increíbles puestas de sol que hacen brillar los viejos tejados de la ciudad vista a lo lejos». De la misma opinión fue Emilia Llanos, una de sus más íntimas amigas, en confesión realizada también a Penón: «¡Federico está mucho mejor aquí que en ningún cementerio! A él no le gustaría nada que lo metieran en un nicho».
Lorca tuvo varios presentimientos a lo largo de su vida sobre su destino. Presentimiento se titula uno de sus poemas que publicó en 1921: El pasado se pone su corazón de hierro y tapa sus oídos con algodón del viento. Nunca podrá arrancársele un secreto. Como si hubiese pensado en el otoño de 2009…
Misterio, miedo y fantasía rodean, desde hace 73 años, un puñado de tierra en Alfacar (Granada). Dice el consenso, que tiene sus contradictores, que allí yace Federico García Lorca, al que habrían dado el paseíllo la madrugada del 19 de agosto de 1936. Una decisión política de la Junta de Andalucía pondrá fin, presumiblemente en septiembre, a ese nicho de leyendas, a esa incógnita en la Historia de España.
Un misterio blindado por las circunstancias veladas de su detención y posterior asesinato. Un miedo que ha ocultado la culpabilidad de los que participaron en su crimen y que nunca tuvieron el valor de admitir su responsabilidad. Y, finalmente, una fantasía que inunda de forma mágica todo lo que conlleva el inabarcable universo lorquiano.
Pese a la oposición de los descendientes de Lorca, la autoridad regional ha decidido exhumar los restos de esa zanja que sigue abierta en la memoria, aunque aquella noche de cuchillos largos la cubriera de tierra, para salvarse él del hoyo, Manuel Castilla, Manolo el comunista.
Nadie sabe a ciencia cierta si bajo esas paladas descansa el esqueleto del desaparecido más universal de nuestra guerra. El cuerpo de Federico García Lorca no fue enterrado inmediatamente tras su asesinato, en la madrugada del 19 de agosto de 1936. Permaneció varias horas, algunos investigadores afirman que incluso hasta más de un día, abandonado en el mismo lugar de su fusilamiento. Los que le ejecutaron esperaban enterrar junto a él todas las circunstancias del crimen. Confiaban en que ese agujero de la sierra granadina pasaría al olvido. Una tumba sin nombre, sin memoria y sin historia. Sólo consiguieron que, durante tres cuartos de siglo, hayan circulado las más diversas teorías sobre la muerte del poeta. A la espera del fin del misterio, Crónica las reúne en este artículo.
PRIMERA MUERTE/A Lorca lo salvaron unas monjas
La tesis que mejor encaja en el apelativo de leyenda echa por tierra la versión histórica del fusilamiento de García Lorca y defiende el fallecimiento del poeta 18 años después.
Según esta versión, Lorca sobrevivió a su fusilamiento siendo rescatado por un tal Rogelio Bermejo, panadero de la localidad granadina de Calicasas. Hasta allí fue trasladado el poeta, que habría quedado con sus facultades mentales disminuidas, amnésico y viviendo bajo el nombre de Manolo, siendo ayudado por unas monjas en el Convento de San Bartolomé hasta que murió en el año 1954.
Atraídos por la fascinación de semejante guión, una novela y una serie propagaron involuntariamente la versión. El libro es La luz prodigiosa, de Fernando Marías, que inspiró una conocida serie de ficción emitida en TVE, en 1999, titulada Páginas ocultas de la Historia, dirigida por Javier Díez Moro y cuyos guionistas eran el propio Fernando Marías y Juan Bas.
El documental ofrecía una fotografía en donde se puede apreciar al supuesto Lorca, acompañado de tres monjas y de Rogelio Bermejo. Un montaje perfecto de la producción de la serie. En agosto de 1999, la revista esotérica Enigmas, que dirigía Fernando Jiménez del Oso, dio por buena esta fantasía inventada para TVE. Un juzgado condenó en el año 2000 por plagio al periodista autor de este artículo y determinó que todo era una ficción.
SEGUNDA MUERTE/Desenterrado y sepultado en su casa
Los diferentes testimonios sobre la ubicación exacta de la fosa y las horas que separan el momento de su fusilamiento y la desaparición de su cadáver han alentado todo tipo de especulaciones respecto al destino final de sus restos. Entre ellas, que sus familiares pudieron haberlo desenterrado y sepultado en su casa.
El periodista granadino Eduardo Molina Fajardo documentó varios testimonios directos que relataban la actitud de los familiares de Federico en las horas posteriores a su detención. «Estaban como locos», decían. Primero fueron a buscarle al Gobierno Civil, siguiendo su rastro días después hasta la sierra de Víznar. Un labriego de esa localidad, Joaquín Espigarés, les relató lo que se contaba en el pueblo: «Se había rumoreado insistentemente que una señora fue allí con autorización del Gobierno para retirar unos restos de los pozos y que en la localidad se supuso que eran los de Federico».
No existen más documentos respecto a esta suposición. Ha sido la oposición de los herederos del poeta a localizar primero, e identificar después, los restos de su antepasado, lo que más ha dado pábulo a todos estos rumores.
También se extendió la leyenda en Granada de que un segundo enterramiento de Lorca se pudo realizar una vez finalizada la Guerra Civil, cuando sus familiares ya habían abandonado España y se encontraban en Nueva York. Desde allí habrían tramitado la declaración de herederos del poeta para repartir su herencia y poder gestionar sus derechos de autor. Para ello tuvieron que conseguir un certificado de defunción fechado en Granada el 21 de abril de 1940, un mero trámite legal, ya que los dos testigos que afirman haber visto el cadáver de Federico el día 20 de agosto de 1936 eran, en realidad, el alguacil del juzgado y el primer escribiente del mismo.
Hay quien dice que el padre hizo desenterrar el cadáver de su hijo y sepultarlo para siempre bajo las raíces del nogal que se yergue en el patio de la Huerta de San Vicente, casa-museo del autor en Granada. La fecha de plantación del árbol coincidiría con el fusilamiento del poeta.
Los herederos del poeta no han dejado de calificar de disparate máximo esta posibilidad, negando que el cadáver de Federico fuera sacado de su fosa y enterrado después en otro lugar.
En principio, no tendría que existir problema alguno para poder localizar el sitio exacto donde se encuentran los restos del autor de Poeta en Nueva York. Los testimonios directos recogidos por el investigador norteamericano Agustín Penón, a mediados de los años 50, señalan como lugar más probable del enterramiento la llamada «fosa de Alfacar», situada en el actual Parque Federico García Lorca, al lado de la Fuente Grande, en la bifurcación existente entre dos carreteras: una que baja hasta Alfacar y otra que sube hacia el pueblo de Alfaguara, en la provincia de Granada.
La fosa estaría a 10 metros de un olivo, a cinco del monolito y a tres de la acequia. En varias fotos de la época se aprecia una ligera hondonada. La versión oficial dice que allí yace Lorca, enterrado junto a Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, dos banderilleros anarquistas; Dióscoro Galindo, un maestro cojo; y, quizás, el inspector de tributos Fermín Roldán. Se da por seguro que en ese punto yacen los restos de fusilados. ¿Pero está el de Lorca entre ellos?
«Pueden existir errores de localización que nos hagan abarcar distancias de varios metros desde nuestro punto inicial», explica Maribel Brenes, presidenta de la Asociación Granadina para la Recuperación de la Memoria Histórica, «Empezaremos en el lugar señalado por Agustín Penón, que nos parece el más acertado, ya que contó en su momento con numerosos testimonios, fotografías y croquis».
TERCERA MUERTE/Franco lo llevó al Valle de los Caídos
Existe otra versión del desenterramiento, que no habría sido llevada a cabo por su familia, sino por el mismísimo Francisco Franco. El origen de esta tesis se halla en unas declaraciones del sobrino del poeta, Manuel Fernández Montesinos, a la revista Gaceta Ilustrada en junio de 1976. Su padre, alcalde de Granada en el 36, también había sido fusilado por los nacionales y, según afirmaba su hijo, Franco intentó en 1959 que los asesinados de la familia García Lorca reposaran juntos bajo la cruz del valle de Cuelgamuros. La familia del poeta se movilizó y realizó diversas gestiones para que no se ejecutara esta operación. También en 1976, Daniel Sueiro publicó La verdadera historia del Valle de los Caídos donde se respaldaba esta misma versión.
Recientemente, los investigadores Miguel Caballero y María Pilar Góngora, en su libro Historia de una familia. La verdad sobre el asesinato de García Lorca se han sumado a la hipótesis de que los restos del poeta se encuentran en el Valle de los Caídos. Afirman que, hasta el año 1983, estuvieron llegando restos al mausoleo franquista y puede que algunos de ellos correspondan a las fosas comunes que llenan el camino de Víznar a Alfacar, a nueve kilómetros de Granada. La familia del poeta siempre ha negado esta posibilidad.
EL DESENLACE/ ¿Se identificarán los restos de Lorca?
La familia del poeta se niega en redondo a que los restos de Federico sean identificados. Manuel Fernández-Montesinos, vocal de la Fundación García Lorca y portavoz de la comunidad de herederos del poeta, ha sido claro y contundente en sus declaraciones a Crónica: «Nosotros no hemos sido notificados de ninguna decisión por parte de nadie. No tenemos conocimiento fehaciente de la adopción de ningún acuerdo oficial por parte de la Junta. Nos mantenemos en la misma posición que hemos venido manifestando. No somos partidarios de abrir esa fosa. Cuando tengamos conocimiento de cualquier decisión, la estudiaremos y haremos constar expresa y públicamente nuestra opinión. Y, naturalmente, si tenemos posibilidades de recurrir, realizaremos los recursos pertinentes tanto en vía administrativa como ante la autoridad judicial competente. No nos vamos a quedar de brazos cruzados».
Preguntado si, a pesar de su oposición, las exhumaciones se realizan y son localizados e identificados los restos de su tío, la decisión de Manuel Fernández-Montesinos en nombre de todos los herederos del poeta es clara: «Somos partidarios de que, si son localizados los restos de Federico, permanezcan en ese mismo lugar donde han estado durante 73 años, como el mejor ejemplo que se puede dar a la memoria histórica de lo que allí ocurrió».
A ellos se ha unido Nieves Galindo, nieta del maestro Dióscoro Galindo, hasta ahora proclive al desenterramiento y que ha dado media vuelta en sus planteamientos.
Juan Gayo, comisario de la Junta de Andalucía para la Memoria Histórica, argumenta que la administración regional «no se va a hacer cargo de ningún cadáver. Va a aplicar una Ley vigente ante la petición de unos interesados. Es por eso que se va a respetar escrupulosamente la decisión y el deseo de cada una de las familias. Si no quieren desenterrar a su familiar, la Junta respetará sus deseos».
El Gobierno andaluz ha previsto hacer firmar un contrato de confidencialidad a todos los que trabajen en la exhumación. Y cree poder mantener el anonimato de los restos que se extraigan pero no correspondan a los reclamados por sus familiares. Lo que sucede es que, abierto el melón, se ignora qué va a aparecer. Será necesario identificar todos los restos que se encuentren y, aunque sea por exclusión, quedarán señalados los que no correspondan con las muestras genéticas aportadas por los familiares.
Los responsables de la Junta insisten respecto a los motivos de esta exhumación: «No se van a buscar los restos de García Lorca. Si no se buscan, ni siquiera por descarte se podrán determinar. No se localizarán los restos del poeta y no se identificarán. Tampoco sabemos la cantidad de restos que pueden aparecer. En esa zona se fusiló a muchísima gente. La Ley obliga a llevar al cementerio más cercano los restos no identificados. En este caso, se tendrá en cuenta la opinión de la familia García Lorca, pero no se tiene pensado construir nada, ni modificar el monolito que actualmente recuerda lo que allí pasó. Se tendrá que declarar como zona de cementerio la fosa de Alfacar».
Federico es el muerto más conocido de la Guerra Civil. Los responsables de la Junta confirman que han sido miles las peticiones recibidas de todas partes del mundo para presenciar la exhumación.
Agustín Penón, quien más y mejor investigó las circunstancias del asesinato de Lorca, dejó escrita su opinión: «Federico, si está sepultado aquí, no pudo tener un lugar más bello para descansar. Mirando hacia Granada y gozando de esas increíbles puestas de sol que hacen brillar los viejos tejados de la ciudad vista a lo lejos». De la misma opinión fue Emilia Llanos, una de sus más íntimas amigas, en confesión realizada también a Penón: «¡Federico está mucho mejor aquí que en ningún cementerio! A él no le gustaría nada que lo metieran en un nicho».
Lorca tuvo varios presentimientos a lo largo de su vida sobre su destino. Presentimiento se titula uno de sus poemas que publicó en 1921: El pasado se pone su corazón de hierro y tapa sus oídos con algodón del viento. Nunca podrá arrancársele un secreto. Como si hubiese pensado en el otoño de 2009…
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