sábado, 25 de octubre de 2014

Javier Compás ganador del certamen de relatos Tu Sevilla Romántica.



GANADORES DE LA I EDICIÓN DEL CERTAMEN INTERNACIONAL "TU SEVILLA ROMANTICA".


El ganador del Premio del Concurso Tu Sevilla Romántica de Relato Breve, convocado por Casa de la Luna y Chef&Company es D. Javier Compás con "Plaza del Pozo Santo" y en la modalidad de Fotografía, D. Pedro Bernal, ambos de Sevilla. 

El fallo del jurado se hizo público el jueves 23 de octubre a través de las redes sociales, Facebook y Twitter. 

El escritor, poeta y periodista gastronómico Javier Compás, presidente de la Asociación Cultural Ademán, ha sido galardonado con este I Premio de Relato Corto Tu Sevilla Romántica, donde los organizadores pedían una semblanza de algún lugar de Sevilla dentro de un relato corto que reflejara los sentimientos románticos que el lugar preferido por cada autor pudiese reflejar. El relato ganador, entre los muchos que se presentaron al certamen, recrea una breve historia en el entorno de la centrica y recoleta Plaza del Pozo Santo sevillana, lugar emblemático por la leyenda que, en torno a un milagro de la Virgen, rememora. 

Reporducimos a continuación el relato ganador, así como la foto elegida entre las participantes en la modalidad gráfica, obra del autor, también sevillamo, Pedro Bernal.


Plaza del Pozo Santo
Como riachuelos que llenan una pequeña laguna, quieta y escondida, varias pequeñas calles desembocan en una placita del centro, no hay nada que destacar, un pequeño naranjo que da escasa sombra a las pocas mesas de un minúsculo bar donde las vidas ajenas toman café y fuman un cigarrillo en la puerta, una de esas mesas escuchó confidencias y fue testigo de miradas azules y lentas, miradas que no querían que terminase el mediodía claro y fresco de Marzo. Paredes blancas, paredes color albero y rojo tinto, rejas que ocultan rezos, ventanas por donde se escapan aromas de muebles antiguos y ropas lavadas.
No sé por dónde llegamos, si se por donde nos fuimos, pasos silenciosos sobre adoquines de Gerena, las manos que intuían que los cuerpos no querían alejarse el uno del otro. Lo sabíamos desde que nos leímos las almas, al primer golpe de vista encontramos nuestro destino, nuestras bocas lo sabían también y por eso, casi por sorpresa, de pie, en medio de aquella placita de cal y almagre, los labios se rozaron en el beso más dulce del invierno, de todos los inviernos.
Tú te fuiste por la calle Misericordia, la que no has tenido con este amor recién estrenado y difícil, yo me fui por la calle Amparo, buscando el de la ciudad querida, intentando refugiarme de la intemperie en la que se ha quedado mi corazón.
Hoy he pasado por la Plaza del Pozo Santo, a beber del recuerdo, el sol abría las sombrillas de aquella terraza. Allí seguía el naranjo, lleno de hojas verdes, seguían sobrando los coches en la puerta del viejo hospital de las monjitas. Quizás esperaba, como en la vieja leyenda que contó Ortiz de Zúñiga del niño que cayó al pozo que en ella había, ser rescatado milagrosamente del recuerdo. Pero ya no hay pozo más que en el nombre de aquella placita, recoleta y llena de luz, que vio nacer nuestro pequeño relato corto.
Javier Compás.




Crónica de la presentación Agustín de Foxá y Madrid de Corte a Checa.

Tras la presentación el pasado miércoles 22 de Octubre en la sala La Revuelta del libro de Javier Ramos Gascón, Agustín de Foxá y Madrid de Corte a Checa, nada mejor que la crónica de Francisco Correal en Diario de Sevilla para reseñar el evento, que contó con las palabras de bienvenida del Presidente de la Asociación Cultural Ademán y co-gerente de La Revuelta Javier Compás, y la presentación de autor y obra a cargo de Aquilino Duque.


Formas de salir del purgatorio

Aquilino Duque propone un 'homenaje' a la edil de Izquierda Unida que al suspender un acto sobre Foxá incrementó el acercamiento al autor y la venta de sus libros.
Francisco Correal (Diario de Sevilla).

 Un escritor gallego y dos militares andaluces. Valle-Inclán, el general Primo de Rivera y Narváez, el "espadón de Loja", son los tres primeros personajes de Madrid de corte a checa. La relación entre esta obra y su autor es el objeto del trabajo que Francisco Javier Ramos Gascón ha publicado en Renacimiento y se presentó el miércoles en la asociación La Revuelta.

Agustín de Foxá y Madrid de corte a checa es el título del libro de alguien completamente ajeno al entorno literario. En la biografía de Ramos Gascón, la única relación explícita con el libro que ha estudiado es su ciudad y su fecha de nacimiento: Madrid, 1936. La ciudad y el escenario en el que Foxá ambienta la novela protagonizada por José Félix Carrillo, trasunto según Ramos Gascón de José Antonio Primo de Rivera y del propio Foxá.

El autor del libro es intendente mercantil, auditor-censor jurado de cuentas, agente de bolsa y cambio y notario. Representó a España en el Fondo Monetario Internacional. La nota literaria de su biografía, jalonada con títulos como Los valores bursátiles ante la nueva legislación fiscal o El paradójico comportamiento de la Bolsa española, es que fue compañero de Sánchez Dragó en los estudios de Derecho.

El libro de Ramos Gascón lo presentó Aquilino Duque, que invitó a los miembros de la asociación La Revuelta a saldar la deuda que contrajeron con la concejala Josefa Medrano, que en su época en el gobierno municipal suspendió un acto de homenaje a Foxá que tuvo que celebrarse a la intemperie. "Todos los autores, independientemente de sus ideas políticas, tienen su purgatorio. Lo tiene ahora Sartre, ¿quién se acuerda de Sartre? La señora Medrano sacó a Foxá de su purgatorio y gracias a aquello se dispararon las ventas de sus libros. La prueba es la cantidad de gente que ha venido al acto".

Agustín de Foxá figura junto a Eugenio Montes y Rafael Sánchez Mazas, padre de Sánchez Ferlosio e inductor de la trama argumental de los Soldados de Salamina de Javier Cercas, como uno de los autores del Cara al sol. El poeta de la generación del 27 Manuel Altolaguirre le editó uno de sus libros de poesía. Poeta malagueño que frecuentaba la tertulia de la calle Viriato, en Madrid, que aparece en la novela.

El notario y agente de cambio y bolsa evocó dos relaciones con el legado de Foxá: el acercamiento a sus libros en la biblioteca de su padre; el contacto posterior con los sobrinos de Foxá, que en 1956, tres años antes de su muerte, ingresó en la Academia de la Lengua. En el libro, traza una serie de concomitancias, analogías entre personajes y compara las diferentes ediciones de un libro que Foxá dividió en tres capítulos: Flor de lis, El himno de Riego, La hoz y el martillo.

Después de la presentación, hubo una animada tertulia en la sede de las Siete Revueltas. La obra de Foxá no tiene desperdicio. Desde la primera página a las dos últimas líneas: "Estaba a diez minutos de tranvía de la puerta del Sol; allí al alcance de la mano, contemplaba a la ciudad más lejana del mundo".

lunes, 20 de octubre de 2014

Presentación del libro Agustín de Foxá y Madrid de Corte a checa.


viernes, 17 de octubre de 2014

ANIVERSARIO DE LA REVOLUCIÓN DE 1934 (Por José María García de Tuñón para elmunicipio.es)

presidente-companys-carcelEl Presidente Companys (en el centro de la imagen) junto a miembros de su gobierno

Los hechos ocurridos en octubre de 1934 fueron lo que después se hizo llamar Revolución de Octubre o, simplemente, Revolución de Asturias porque fue en esta región donde tuvo mayores y graves consecuencias. Aquí comenzó lo que Gustavo Bueno definió como guerra preventiva,  provocada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) a quien se unieron otras fuerzas que siguiendo consignas dejaron la capital del Principado totalmente devastada. Lo decía el manifiesto firmado por el Comité de Alianzas Obreras y Campesinas de Asturias: «Tras nosotros el enemigo sólo encontrará un montón de ruinas. Por cada uno de nosotros que caiga por la metralla de los aviones, haremos un escarmiento con los centenares de rehenes que tenemos prisioneros». Sin embargo cuando se cumple el 80 aniversario de aquella barbarie, que algunos llaman «revuelta», hay quien sigue conmemorándola, olvidando, por ejemplo, los asesinatos d 34 religiosos que nada tenían que ver con las reivindicaciones políticas sociales de quienes produjeron tanto dolor. Para recordar este aniversario,, nada mejor que organizar, en un edificio público, sin que nadie protestara, en este caso el Museo Arqueológico de Asturias, una charla que corrió a cargo de la Fundación Juan Muñiz Zapico, nombre de un sindicalista y político dirigente de Comisiones Obreras y del Partido Comunista de España, fallecido en enero de 1977 en un accidente de tráfico.
Posiblemente algún lector se habrá sorprendido de que me refiriera a la charla  en un edificio público sin que nadie protestara. Lo digo porque hace no tanto tiempo la delegada de Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Sevilla, Josefa Medrano (IU), aseguró que su departamento denegó un local a las Asociaciones Culturales Ademán y Fernando III, de un homenaje literario a Agustín de Foxá, falangista y diplomático, en el 50º aniversario de su muerte por «respeto a la memoria histórica».  Añadiendo también esta nefasta mujer que «los centros cívicos son sitios para las relaciones sociales, la libertad y la democracia».  Es decir, para esta clase de pícaros y pícaras, la memoria histórica empieza y termina donde ellos quieren, lo mismo que las relaciones sociales, la libertad y la democracia. No obstante el acto se celebró al aire libre, en el interior del Parque de los Príncipes, con la intervención del Premio Nacional de Literatura, Aquilino Duque, y con la asistencia de mucho público.
Universidad-Oviedo-1934
Por otro lado, el ministro del Interior, Jorge Fernández, declaró recientemente que Artur Mas y Oriol Junquera quieren llevar a Cataluña al 34. Recordemos que fue el 6 de octubre de 1934 cuando el presidente de la Generalitat, Lluis Companys, queriendo dar un golpe contra la República, proclamó el Estat Catalá, pero después de varios tiroteos y 50 muertos, no tuvo más remedio que rendirse, siendo a continuación detenido y juzgado, cayéndole treinta años de reclusión mayor. José Antonio había dicho en aquella ocasión: «España es la portadora de la unidad de destino, y no ninguno de los pueblos que la integran. España es pues, la nación, y no ninguno de los pueblos que la integran». Agregando que «España es irrevocable. Los españoles podrán decidir acerca de cosas secundarias; pero acerca de la esencia misma de España no tienen nada que decidir. España no es nuestra, como objeto patrimonial; nuestra generación no es dueña absoluta de España; la ha recibido del esfuerzo de generaciones y generaciones anteriores, y ha de entregarla, como depósito sagrado, a las que la sucedan. Si aprovechara este momento de su paso por la continuidad de los siglos para dividir a España en pedazos, nuestra generación cometería para con las siguientes el más abusivo fraude, la más alevosa traición que es posible imaginar».
Volviendo a las declaraciones del ministro de Interior, Jorge Fernández, el que fue presidente de la Junta del Principado de Asturias, el socialista Pedro de Silva, que terminó siendo consejero secretario del Banco de Asturias, y consejero de Hidroeléctrica del Cantábrico, escribió, refiriéndose a aquellas declaraciones: «El problema mayor es que cuando esas llamadas a la historia adquieren determinada potencia, el pasado, que está metido en su sepulcro, acaba oyéndolas, y a veces vuelve, aunque sea ya como un muerto viviente». Es decir para este socialista lo que dijo el ministro puede traer estas consecuencias, sin embargo no nos ha dicho las que puede traer la conmemoración o recuerdo, por parte de algunos, de este 80 aniversario de la Revolución de Asturias.
                                                                   JOSÉ MARÍA GARCÍA DE TUÑÓN AZA

domingo, 14 de septiembre de 2014

Juan Sierra, el poeta de la claridad sin fecha.

Día 12/09/2014 (ABC)


«Juan Sierra es ejemplo de vocación poética pura, cuando tantas otras se deshacen en el torbellino de la gloria inmediata». Así describe Jacobo Cortines a quien nos dejó cuatro libros de poemas publicados entre 1934 y 1982. Nació en Sevilla el 20 de diciembre de 1901, cuando se desperezaba ese siglo XX que nos traería los vientos de la modernidad en forma de creacionismo o de surrealismo. Vivió con humildad, con esa sencillez que desprenden las casitas blancas del Barrio León. Se ganó la vida como funcionario de Hacienda después de haber opositado. Como poeta fue fiel a la vanguardia de su época, y se sumergió en las contradictorias aguas de la metáfora brillante, de la imagen literaria que se despliega hasta quedarse prácticamente desconectada de la realidad. Como si fuera esa pintura donde lo figurativo se adelgaza hasta entrar en contacto con la abstracción. Y fiel a la tradición poética y emocional de su ciudad, sus versos muestran las raíces métricas de la décima y del soneto dedicados a las Vírgenes y a los Cristos que la recorren durante esos días grandes que, en la poesía de Sierra son los más hondos del calendario sentimental de Sevilla.
Su primer libro apareció poco antes de la guerra incivil: «María Santísima». Ya había publicado Sierra sus primeros versos en la revista «Mediodía», ese faro que aún sigue alumbrando la poesía sevillana a pesar de que haya pasado casi un siglo desde que lo encendieran poetas como Alejandro Collantes, Rafael Porlán, Eduardo Llosent o Joaquín Romero Murube. En María Santísima, poemario escrito en décimas que siguen la estela neopopularista de la Generación del 27, Sierra se fija en las devociones marianas españolas. Un tema alejado de la modernidad imperante en aquella Europa de entreguerras que, en la pluma del poeta sevillano, se eleva hasta alcanzar la plenitud literaria que tanto se echa en falta cuando los aficionados hacen algo parecido. La que dedica a la Macarena es sencillamente escalofriante:
«En vino blanco, en romero, / en la cal de una fachada, / yo te pienso cuando quiero, / ¡lirio de la madrugada! / Allí en tu barrio guardada, / (sólo tu barrio te guarde) / brisa que quema y no arde, / clavel de donde consume / su más secreto perfume / todo el oro de la tarde».

Poeta de la Semana Santa

Tras la guerra, Sierra se refugia en la Semana Santa para dejarnos un poemario tan hondo como literario, tan sincero como deslumbrante. ¿Quién ha dicho que están reñidos esos adjetivos? «Palma y cáliz de Sevilla» aparece en 1944. En el largo poema dedicado al Cristo del Calvario consigue aunar eso que buscaba Pedro Salinas, otro poeta de la claridad: la tradición y la originalidad. Escrito en cuartetos de alejandrinos blancos, la ausencia de rima convierte la presumible estrofa de la cuaderna vía en versículos que nos remiten al Lorca más surrealista, al de «Poeta en Nueva York». La Semana Santa, tan popular, entra en las esferas de lo gongorino y del surrealismo, de lo más barroco y de lo más vanguardista. Un verdadero prodigio poético que eriza el alma de quien lee este pasaje donde se describe el tránsito del Crucificado por el túmulo de piedra de la Catedral:
«La Catedral vacía. Se regala el silencio / en los grises pilares de tierra endurecida. / Ningún aliento roza la quietud lisa y firme / de esta alcoba de piedra donde Dios vela solo. / ¡Oh clausura de tumba que por la noche sella / toda una calma gótica de músculo encendido! / Una brisa ligera de vez en cuando agita / este silencio en polvo flor de cuerpo presente. / Bajo el peso aromado de la púrpura unida / ha llegado a doblarse una cera que arde. / Algo aguarda la sombra del hierro subterráneo / donde yacen los muertos con su fina sonrisa (...)»
Tres años más tarde ve la luz el libro donde Juan Sierra se aparta de la temática sacra y entra a saco en una pluralidad de asuntos que convierten el conjunto en una miscelánea poética. En «Claridad sin fecha» (1947) nos encontramos otra vez con la décima y el soneto, que ahora comparten espacio con versículos libres que fluyen por las enigmáticas aguas del surrealismo más atrevido. Como bien señala Octavio Paz, la métrica del verso medido a golpe de sílaba le cede el paso, durante la revolución de las vanguardias, al ritmo que marcan las frases, las imágenes, el contenido del verso. En los romances de este libro, esas metáforas nos deslumbran con un brillo inesperado cuando el lenguaje intenta describir el embrujo de una bailaora: «La noche cuelga en las casas / del puerto banderas negras, / y el gran diamante del faro / abanica las tinieblas». En otro romance, el dedicado a Candelaria de Triana, Sierra se asoma al misterio que encierra la belleza femenina cuando trasciende la hermosura más superficial: «¡Quién tuviera esa sortija / en una tarde de frío / para mirar a su piedra / mi cansancio renegrido! / Perfumes de contrabando / en rubio aliento macizo / se derramaran besando / mi garganta y mis oídos». En el poema «La oración del huerto», Sierra le pide a la amada lo imposible: «Tráeme amor una claridad sin fecha». Versos libres, sin más puntuación que la queja: esa claridad sin fecha es el ansia de la luz que nos libra del tiempo.

Último libro

Ahí se apagó el candil. Sierra dejó de escribir y sus ojos se abandonaron a la ceguera. Hasta 1982 no daría a la imprenta su último libro: «Álamo y cedro». Una recopilación de poemas escritos en largos años de silencio. La herida y la cogida de Federico García Lorca. Las letrillas a las Vírgenes. Y un canto fieramente humano que recompone los cristales rotos de la guerra civil: «Algo se reza mientras los oídos vigilan escondidos a la muerte / El silencio ha vuelto del cloroformo / Una soledad de geranios fracasados ya tomó nota de la venganza / La Cruz Roja vuela entre teléfonos y calles desiertas / La sirena final anuncia que el día ya ha envejecido / Y nosotros por esta vez hemos tenido suerte».
Los años habían pasado por el poeta y por la ciudad. En un poema estremecedor titulado «Un corto paseo», Juan Sierra define con versos desmedidos la transformación del mundo, que ya lo cogió viejo: «Estos espacios residenciales estos bloques enormes de viviendas con sus pedruscos grises exiliados en sus parterres / son fríos a mi recuerdo / son extraños a mí / son para los jóvenes no para que yo los disfrute / Parece que los estoy mancillando con mi presencia / como si me recreara en los pechos de una tanagra / Yo creo Dios mío que ya ha llegado irremisiblemente / naturalmente / mi hora de morir / Supongo que voy muy retrasado con mi muerte». El poeta dejó la ciudad, y el mundo, el 11 de septiembre de 1989. De aquello hace veinticinco años.

Ademán organiza donación de libros en Plaza de España.

Siguiendo la iniciativa de la editorial Punto Rojo que decidió llenar los anaqueles de la biblioteca al aire libre que el arquitecto Aníbal González diseñó para la Plaza de España, y cuyos libros desaparecieron a los pocos días, la Asociación Cultural Ademán decidió convocar a todos los sevillanos a una donación masiva de libros para reponer los sustraidos y reivindicar el interés por la cultura y la lectura de muchos de nuestros conciudadanos, contrarrestando algunos malintencionados comentarios aparecidos en redes sociales sobre el incivismo de nuestro pueblo, víctima de una injusta generalización producida por la mala acción de, probablemente, uno o dos aprovechados.
La convocatoria, a pesar de desarrollarse bajo el sol del mediodía de una de las semanas más calurosas del verano, a pesar de estar ya en Septiembre, fue todo un éxito. Así, sevillanos anónimos, además de diversas asociaciones culturales, acudieron a la Plaza de España para donar libros y llenar los bellos huecos de cerámica con obras de todo tipo y autores españoles y extranjeros, guías de viajes, novelas, ensayos, poesía, una riqueza cultural que no sólo proporciona lectura gratis, sino una nota colorista y estética a aquellos huecos antes vacíos y sin la vida para la que fueron diseñados.
Numerosos medios de comunicación acudieron también a la convocatoria, dando gran difusión al encuentro que fue protagonista en noticiarios de televisión, prensa y radio, destacando las entrevistas al presidente de Ademán, Javier Compás, en el telediario de Canal Sur y en los noticiarios de Onda Cero y Radio Nacional de España. 
Hemos constatado días después que los libros siguen en su sitio.

sábado, 30 de agosto de 2014

lunes, 25 de agosto de 2014

EL LARGO VIAJE DE UN GRAN VASCO.

Bengoechea irrumpe en la poesía española como una hierba entre dos adoquines, y esos adoquines eran nada menos que Blas de Otero y Gabriel Celaya

Aquilino Duque. (Diario ABC)

EL Domingo de Resurrección de 2007 asistí al ya tradicional Pregón Taurino de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla en el Teatro Lope de Vega, también llamado «de la Exposición», a cargo esta vez del entonces Defensor del Pueblo don Enrique Múgica Herzog. Confieso que fui menos por oír al orador que por aplaudir a un hombre de bien, es decir, a un patriota, en unos momentos en que una clase política vil y una «ciudadanía» que allá se anda con ella, consideran de mal gusto amar y defender a la patria que las vio nacer. Esa hombría de bien de Múgica culminó para mí cuando cerró su perorata con unos versos y un recuerdo del poeta vizcaíno Javier de Bengoechea. Alguna vez he dicho que yo tengo una memoria de elefante para los favores que se me hacen, y yo no puedo olvidar el favor que hace ya muchos años me hizo Javier de Bengoechea cuando en términos para mí muy honrosos se ocupó de una de mis primeras novelas en uno de l os principales diarios nacionales.
Todas estas cosas se me vinieron a la memoria cuando oí mencionar su nombre al f i nal del Pregón Taurino y no perdí un segundo en tratar de ponerme al habla con Tabaco y Oro, que así fue Javier por la fiesta nacional, título por cierto de uno de sus libros de poesía. Premio de esos esfuerzos fue el envío por Javier y su hija Mila del volumen de su Poesía Completa, «A lo largo del viaje», editado por la Universidad del País Vasco. Los dos primeros libros recogidos en ese volumen están además traducidos al vascuence por un italiano benemérito, proeza para mí tan admirable como la de aquel amigo mío que se entretuvo en poner la tabla de logaritmos en números romanos.
Bengoechea irrumpe en la poesía española como diría Michelet, comme une herbe entre deux pavés, como una hierba entre dos adoquines, y esos adoquines eran nada menos que Blas de Otero y Gabriel Celaya, los dos colosos de la poesía española de trasguerra. Ya era mérito que aquella hierba juvenil alcanzara una lozanía propia entre aquellas potencias poéticas entre las que le tocó estar situada y con las que siempre tuvo una cordial relación de amistad y admiración. Excombatiente como ellos del Ejército nacional, pronto vio que la victoria no transformaba a España en el paraíso terrestre y, con más mesura que ellos y con menos eco por tanto, no dejó de dar testimonio del descontento generacional. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. Sus dos primeros libros se inscriben en la estética del grupo Garcilaso. Predomina en las formas el soneto, una estrofa con la que Bengoechea llegará a hacer auténticos juegos malabares, según va pasando del lirismo renacentista a la variedad temática del barroco. Buen conocedor de sus clásicos, hay en él ecos del Marqués de Santillana en la letrilla «Pie para el retrato de una niña rubia…» y del Ridruejo de los «Sonetos a la piedra» en los sonetos «La luna» y «La veleta». Bengoechea dialoga mucho con los muertos: Quevedo, Unamuno, Hernández, Blas de Otero…y aprueba con notas brillantes las asignaturas poéticas de trasguerra: el amor, la angustia existencial y la fe, sobre la que tiene versos definitivos: « El misterio es seguro. Existe. ¡Mira! / Tapa mis oj os y me deja ci ego. / Cierra mi boca con su t acto oscuro. / Es la mano de Dios. Y yo la beso.»
Gran aficionado a la fiesta nacional y a la pintura universal, hace de aquélla una metáfora de la historia patria y toma a la otra como pretexto para sentar cátedra de ideas estéticas. En su reflexión taurina sobre la realidad nacional abundan los golpes de pecho y los «descargos de conciencia » , de rigor también en unos tiempos en los que el inconformismo era un i mperativo moral e i ntelectual. En ese inconformismo sigue, aunque guardando l as distancias, a Celaya y Otero, y digo lo de las distancias porque de lo contrario no hubiera escrito en una imprecación a los poetas sociales: «las buenas intenciones / nunca han salvado a un libro, ni aun de caballería.»
Hoy que por desgracia comprobamos la bondad de aquellas intenciones de los poetas sociales, hay sin embargo que destacar en ellos lo que su antólogo José Luis Cano denominó «el tema de España». Yo creo que fue ese tema, o esa retórica, lo más noble que tuvo Bengoechea en común con los poetas sociales. Gran vasco. Español —son sus palabras—, Bengoechea vive en una recatada / Bilbao interior sitiada / por el vasco neanderthal. Por eso hoy, que no sólo Bilbao, sino toda España está a merced del «vasco neanderthal», no puedo leer sin emoción versos como aquellos en los que Javier de Bengoechea dice sin rodeos: «Digo tu nombre: España…/ España, España, España, / y una vez, y otra, y otra, / toquemos a rebato / para que Dios nos oiga.»

lunes, 18 de agosto de 2014

Dos vidas, dos muertes. Por Miguel Ángel Loma


Unidos por la proximidad en la hora de sus muertes, han desaparecido dos hombres de vidas muy diferentes. Uno era un enfermero español, entregado desde muy joven a atender a los más necesitados; el otro, un importante actor de Hollywood, del que podría decirse que también se entregó a los demás, porque fue capaz de emocionarnos y divertirnos con sus películas.

El primero ha muerto con 75 años, contagiado por sus pobres enfermos de un virus mortal, pero decía que no quería morir aún, porque necesitaba tiempo para ayudar a más gente; el segundo, con 63, porque se ha suicidado, siguiendo la estela de tantos personajes de su planeta de estrellas, vencidos por el brillo de la fama, las drogas, el alcohol y la soledad. 

El primero se llamaba Miguel Pajares, y si nos hemos enterado de su existencia, ha sido precisamente por la causa de su muerte y su repatriación entre enormes medidas de seguridad. El segundo se llamaba Robin Williams y como era un actor muy famoso, su muerte ha tenido repercusión universal. Curiosamente, sobre el primero no nos han faltado voces criticando el gasto que supuso el fallido intento de su curación; y es que Miguel era también sacerdote (¡ay!) y misionero (¡ay, ay, ay!). Mientras que sobre el segundo, todo han sido palabras de comprensión y justificaciones con su suicidio, porque quizás padecería una depresión, o tenía una deuda económica, o no se sentía muy querido, o... vaya usted a saber. Y con estos criterios funcionamos.

domingo, 10 de agosto de 2014

Entrevista al historiador Rafael Sánchez Saus

"La antigua frontera con el reino Nazarí sigue siendo una cicatriz en Andalucía"

Pertenece a una generación de investigadores que renovó en España el medievalismo y las llamadas ciencias auxiliares de la historia, como la genealogía y la heráldica
LUIS SÁNCHEZ-MOLINÍ (Diario de sevilla)

-Algunos dicen de usted que es un reaccionario. Terrible acusación. 

-¿Eso dicen?... Hoy en día le cuelgan ese sambenito a todo aquel que se identifique con el humanismo cristiano. No me siento reaccionario, pero sí es verdad que no estoy en la corriente dominante. 

-Quizás es que en Andalucía sufrimos un monocultivo progresista muy vinculado a los poderes políticos y culturales. Todo lo que se sale del lugar común es automáticamente estigmatizado. 

-Es cierto que hay una ortodoxia que penaliza a los que discrepan en cuestiones claves, algo que, por otra parte, ha sucedido en todos los periodos históricos. Quizás la gran diferencia es que los protagonistas de esta época se creen diferentes, incluso superiores moralmente, algo que es patético. 

-La revista Archipiélago hablaba de la "inquietante lucidez del pensamiento reaccionario". 

-Eso es una constante. En el momento que alguien se sitúa al margen del discurrir de las cosas adquiere una perspectiva distinta a la de la mayoría. Por ejemplo, Bonald, Joseph de Maistre y otros prohombres del pensamiento reaccionario del siglo XIX supieron señalar problemas de las sociedades protodemocráticas que no vieron o no quisieron ver las personas más integradas en los valores de su época. 

-Usted es un medievalista de reconocida trayectoria que ha sabido utilizar científicamente herramientas como la genealogía o la heráldica, esas ciencias auxiliares de la historia que durante tanto tiempo se han identificado con la erudición vana, con algo propio de aburridos señores de casino provinciano. 

-El menosprecio al que usted hace referencia era propio de los países latinos y mediterráneos, porque en el mundo anglosajón y en la Europa noroccidental estas ciencias siempre se cultivaron con seriedad y, de hecho, dieron resultados importantes. La recuperación académica de la genealogía y la heráldica comenzó en España a partir de la década de los ochenta tras estar más de un siglo en manos inhábiles. 

-¿Quién fue el que inició esta recuperación? 

-En el caso de la heráldica fue Faustino Menéndez Pidal, un hombre que curiosamente no es historiador de profesión, sino ingeniero de caminos. También ha ayudado mucho la creación de entidades como la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. En la universidad pesaron mucho los estudios de profesores extranjeros como Marie-Claude Gerbet, quien tiene una excelente tesis doctoral dedicada a la nobleza extremeña en la Edad Media... Como tantas veces pasa en España, hasta que un tema no lo estudia un foráneo... 

-Pero, además de ser un instrumento de conocimiento del pasado, lo cierto es que la genealogía también forma parte de la hoguera de las vanidades. ¿Existen muchas falsificaciones en los árboles genealógicos españoles? 

-Claro que las hay. En el último boletín de la Academia Matritense se recoge la denuncia de un académico de una falsificación que condicionó en los años setenta la atribución de un título importante cordobés a una determinada persona. En este texto se demuestra como la probanza se manipuló conscientemente... En un país como éste no nos podemos asombrar de la falsificación de documentos... 

-Usted ha investigado las navegaciones por el Atlántico entre el siglo VI y el XV. 

-En los últimos quince años me he interesado mucho por las relaciones atlánticas entre Andalucía Occidental, Canarias... Lo que Pierre Chaunu llamó el Mediterráneo-atlántico. 

-Hay una idea general de que el puerto de Sevilla comenzó a ser importante con el monopolio americano, cuando la realidad es que le dieron este privilegio porque, precisamente, ya era un enclave importante. 

-Hay que tener en cuenta que, en la Edad Media, el puerto de la ciudad formaba parte de un único espacio comercial y financiero que en los tratados de mercadería italianos es nombrado como el río de Sevilla, y que iba desde la Bahía de Cádiz hasta la propia Sevilla. El acontecimiento fundamental que convirtió a este ámbito en uno de los polos del crecimiento económico europeo fue la batalla del Estrecho y el consiguiente desalojo de los musulmanes de la zona, cuyo control pasó a las potencias cristianas. A partir de entonces, los genoveses se interesan por la ruta que va desde Italia hasta Flandes e Inglaterra a través del Estrecho y que tiene como bases intermedias fundamentales a Cádiz-Sevilla y Lisboa. Este comercio puso en contacto al mundo atlántico-ibérico con las gentes más avanzadas. Además, esta ruta comienza a cruzarse con otra de orientación norte-sur, la que va hacia el Mediterráneo-atlántico, y que no se limita a las Canarias, Madeira y las Azores, sino que también explotará la costa africana, de la que no sólo llegan esclavos y productos exóticos, sino también y fundamentalmente el oro africano, que es algo así como la sangre del comercio, lo que posibilitó el crecimiento de los intercambios económicos en el siglo XV... En este trasiego, Cádiz hacía el papel de almacén y Sevilla el de cabeza financiera. 

-Un tiempo francamente dorado... 

-Bueno, el arranque de este proceso también coincidió con la llamada crisis del siglo XIV y, por lo tanto, tuvo sus altibajos. Fue a partir del siglo XV cuando el crecimiento fue espectacular. 

-Y todo antes del descubrimiento de América... 

-Precisamente, todo este mundo del que hemos hablado es el que hace posible el salto a América. Todos los instrumentos estaban a punto: los técnicos, los económicos, los financieros... Y lo que es fundamental: las personas. 

-En esa ruta norte-sur es muy importante la conquista del archipiélago canario, un proceso muy lento, con avances y retrocesos, en la que participan no pocas familias sevillanas, proceso que usted ha investigado. 

-Efectivamente, Sevilla tuvo mucha importancia. Las primeras expediciones son de los últimos años del siglo XIV, pero el proceso colonizador no empieza hasta las primeras décadas del siglo XV. Esta circunstancia no es casualidad y está estrechamente relacionada con los cambios profundos que se están produciendo en la ciudad en esos momentos. Piense que en torno a 1391, con el asalto a la Judería, se toca el momento más bajo de la historia de Sevilla desde su conquista por Fernando III en 1248. Entre 1370 y 1390 asistimos a los enfrentamientos entre petristas y enriquistas, a una crisis demográfica y económica o a la derrota en la guerra contra Portugal, un conflicto en el que Sevilla hizo muchos esfuerzos y en el que nada le salió bien (muchos miembros de la nobleza sevillana murieron en esta guerra)... 

-Un panorama desolador... 

-Todo lleva a una ciudad con apenas 20.000 habitantes, muy deprimida y dividida socialmente... Pasa de todo: terremotos, inundaciones, pestes durísimas... La matanza de la Judería supone, como decíamos, el punto más bajo, pero a partir de entonces se operan una serie de cambios que son los que llevan al dinamismo posterior: el proyecto de la Catedral, la conquista de Canarias... Veinte años después, hacia 1410, Sevilla había cambiado de piel y era una ciudad dinámica, en crecimiento, activa, ganadora. Comienza la construcción de una gran metrópoli que, un siglo después aspira a ser una nueva Roma, el lugar donde se casa el emperador Carlos. 

-Sin embargo, en el siglo XV Sevilla también se convierte en el escenario de una guerra entre las familias nobles. 

-Es cierto que en esta Sevilla en crecimiento, paralelamente, se produce la ocupación de todo el poder institucional, político, social, cultural, etcétera, no por una nobleza en sentido general en la que participan muchos, sino por un grupo de linajes -los Guzmán, los Ponce de León, los Ribera- que luchan entre ellos por el predominio en la ciudad. Estas luchas, que se conocen como los bandos, convierten a la ciudad en un auténtico campo de batalla, sobre todo entre 1471 y 1474, años en los que la guerra se extiende a toda Andalucía. Es la expresión de la participación en la cosa pública de una nobleza guerrera... Ellos no dirimían sus discrepancias acudiendo a las urnas. Los Reyes Católicos son los que acaban con estos enfrentamientos y restauran el orden, con gran alegría y alivio de los llamados medianos. 

-Otro de los temas que usted ha estudiado a fondo es el de la frontera con el Reino Nazarí de Granada, la llamada Banda Morisca, un mundo apasionante. 

-Hay estudiosos que defienden que, en general, la Edad Media es el mundo de la frontera... Frontera entre pueblos todavía vivos que poco a poco se van fusionando (romanos, germanos, celtas...), frontera entre el mundo cristiano y el musulmán, frontera entre el mundo bizantino y el latino, frontera entre el mundo urbano y el rural... En fin, un mundo de contacto entre realidades muy distintas. Además, España es la frontera por autonomasia, el único país que se forja al hilo del crecimiento de una frontera en su máxima expresión. A todo esto hay que añadir que Andalucía se convierte en la frontera más perdurable: no hay ninguna que, como la castellano-nazarí, dure 250 años. 

-Además de la pervivencia en la toponimia y de las ruinas de los castillos ¿queda algo de la Banda Morisca? 

-Si usted traza en un mapa actual la línea de la antigua frontera, se dará cuenta que los efectos todavía son tremendos. En torno a la frontera se concentran las mayores bolsas pobreza, pero también los espacios naturales más ricos e interesantes. También, como se observa en la Sierra de Cádiz, son mundos que han mantenido una personalidad social y cultural única. Los tipos que uno encuentra en Benamahoma, Grazalema, Prado del Rey o Benaocaz, poco tienen que ver con los de Sevilla o Puerto Real. La frontera sigue siendo una enorme cicatriz en Andalucía, pero para el historiador, el antropólogo, el geógrafo o el naturalista es un auténtico tesoro. 

-La frontera siempre produce personajes peculiares, capaz de lo mejor y de lo peor, de vida andariega y algo atormentada... Estoy pensando, por ejemplo, en las películas de John Ford y la frontera oeste norteamericana. 

-Cuando uno lee la documentación sobre la frontera encuentra auténticas joyas. Por ejemplo, haciendo mi tesina hallé un documento que contaba como un caballero veinticuatro de Sevilla viajaba por el campo de Matrera, en la zona que ahora es Villamartín, para hacer un informe sobre la situación de la zona, de la que no se tenía noticias desde hacía tiempo. Entonces se encontró con unos vaqueros a caballo que le advirtieron que tuviese cuidado, porque por la zona andaba una partida de moros. Cuando llegó al castillo que iba a visitar estaba abandonado y sin puertas... Un misterio. 

-Pues sí que recuerda al arranque de una película del Far West. Cuente más, por favor. 

-El famoso episodio de Los cuatro Juanes. Eran de Jerez, gente de la caballería, de los llamados hombres buenos, que se dirigían a Zahara, localidad que acababa de ser conquistada por los cristianos. En la pasada de un río se encontraron con una partida de más de veinte moros y, pese a que habían sido avisados por un explorador, no huyeron, sino que presentaron combate y lo ganaron, aunque acabaron cosidos a lanzadas. También participaron con valor en el combate una mujer y un peón que los acompañaban... El único que huyó fue un caballero extranjero... Es una sociedad que tiene los valores de la frontera, una fauna peculiar formada por almogávares, almocadenes, alfaqueques, etc. 

-Quizás el más famoso de estos personajes fue Alonso Pérez de Guzmán, conocido como el Bueno. ¿cuánto hay de leyenda y cuánto de verdad en esta figura? 

-La defensa de Tarifa fue algo verdaderamente heroico, sin exagerar por la leyenda. Lo curioso es que Guzmán el Bueno llegó a ser alcaide de Tarifa después de que el maestre de Calatrava abandonase la posición porque el rey no le admitió, por caro, el presupuesto que había presentado para defenderla. Digamos que Alonso de Guzmán, un hombre de la zona, fronterizo, contraofertó con un presupuesto que venía a ser la mitad. Es verdad que en el sitio murió un hijo suyo, aunque no era el primogénito. Él fue el origen del linaje de los Guzmán y del ducado de Medina Sidonia, una casa principesca que, si llega a implosionar la corona de Castilla -como estuvo a punto de ocurrir con Enrique IV- habría sido algo parecido a los Médici de Florencia. No eran los Duques de Sevilla, pero la gente y ellos mismos se hacían llamar así. Controlaban absolutamente la vida de la ciudad.