lunes, 30 de junio de 2014

HOMENAJE POÉTICO A LOS HERMANOS MACHADO EN SEVILLA


sábado, 21 de junio de 2014

Epílogo para el último bohemio

Se cumplen 50 años de la muerte del poeta sevillano Rafael Cansinos Assens, el hombre que lideró las vanguardias salvajes y que describió el Madrid noctívago de la santa bohemia.

Eva Díaz Pérez (El Mundo).

Cansinos Assens se perdió un día en algún lugar de su biblioteca y jamás se le volvió a ver, entre el olor a moho dulce de los libros viejos. Corría el mes de julio de 1964. Hace ahora cincuenta años, medio siglo de su desaparición entre páginas librescas, recordando su pasado de poeta de las vanguardias salvajes. Cuando el poeta sevillano apostolaba en el Café Colonial como líder de los hampones del verso, aunque él se retiró a tiempo de aquel mundo de aguafuertes, vicios, hambre y miseria, de la inspiración de las musas del arroyo y de los horrores de la sífilis con solera literaria.
Hay una escena memorable sucedida en 1963, sólo un año antes de su muerte. Borges, que lo consideraba su maestro, visita a Cansinos en su casa madrileña. Se abrazan el viejo y el ciego, buscándose en la oscuridad, recordando en el temblor de la voz versos que llevan muchos años guardados en los baúles del tiempo.
Gómez de la Serna, el otro apóstol de la vanguardia que oficiaba en la botillería y Café Pombo de la calle Carretas, resumió a aquella santa bohemia:«Todos resultamos embadurnados como de polvos de gas, pálidos, creosotados, convertidos en blancos espíritus con los ojos brillantes y suspendidos».
Del hombre que había reflejado de forma excepcional aquel Madrid desaliñado en sus memorias La novela de un literato apenas quedaba un recuerdo, una vaga melancolía. La Guerra Civil es el agujero negro en el que se pierde el gran escritor, un túnel de espanto y sangre que desemboca en otra vida.
En 1940 la Dirección General de Prensa de la Dictadura le invalidó para ejercer la profesión de periodista «por ser judío y llevar una vida rara». No era judío, sólo había impulsado la memoria sefardí con libros como El candelabro de siete brazos. Lo mejor es lo de la vida rara...
Cansinos Assens se refugia dentro de su biblioteca y malvive a base de traducciones: Dostoievski, Goethe, Balzac. Al mismo tiempo escribe unos diarios que aún permanecen inéditos. Algunos en inglés, francés, alemán o árabe, no se sabe si por miedo a que los pudieran leer o por recrearse en el gusto por las lenguas ajenas.
Cansinos Assens nació a las dos de la tarde del 24 de noviembre de 1882 en el número 7 de la calle de la Tinaja en la Alameda. Su familia se marcha a Madrid siendo él muy joven, pero Sevilla será siempre la ciudad de su memoria, «el jardín andaluz» que cambia para ser trasplantado «al yermo madrileño». Es la ciudad del Mediodía que rescatará a través de un prodigioso ejercicio de nostalgia en la mítica revista Grecia que dirigía Isaac del Vando en la calle Amparo 20, y que fue la plataforma de los poetas salvajes del ultraísmo. Esa Sevilla que era como el «Nazaret del Ultra» y en la que los ultraístas convertían sus mapas en caligramas y recorrían Sierpes como si anduvieran animados por versos eléctricos hasta llegar al antiguo café Kursaal en alucinadas travesías nocturnas.
Existe un recorrido sentimental para la memoria de Cansinos. El niño de la calle de la Tinaja, que llegaría a gran apóstol de la vanguardia, es bautizado en la iglesia de San Martín. La familia pasó luego a vivir a la calle Castellar 57 que reflejaría en su novela El manto florido. Estudió en la escuela de los Padres Escolapios de la antigua plaza de la Paja, en la actual plaza Ponce de León. La última residencia fue en la plaza de San Román.
Lástima de los legados poéticos baqueteados en viajes de ida y vuelta por culpa de las decisiones de políticos de la ignorancia. Ocurrió con los papeles de Cansinos que fueron trasladados de Madrid a Sevilla ante la falta de implicación del gobierno de la comunidad de Madrid para luego regresar otra vez a la capital por culpa del mismo desprecio del Ayuntamiento de Sevilla que había sacado pecho poético y patriótico para terminar dejando en la estacada el archivo que se dedicaría al autor.
En sus últimos meses camina lentamente por el pasillo, el pelo alborotado de sueño, el batín y las babuchas de estar en casa. Pasea por la biblioteca y apenas sale ya a la calle. Cuando enferme, en marzo de 1964, su viuda Braulia Galán tendrá que llevarlo al Sanatorio Ruber en taxi porque se niega a ir en ambulancia. Ya fue difícil convencerlo para que se montara en un coche. Los odiaba. Jamás se volvió a subir a uno desde el Madrid de la guerra. Había visto cómo montaban en coches a los que llevaban a fusilar.
Es curioso imaginar al gran Cansinos Assens del Madrid finisecular y de las primeras décadas del siglo vagar incierto por una ciudad y un mundo que no comprende. Bajo su calle pasan vertiginosos los automóviles y las calles se llenan de luces de neón. Hace tiempo que desapareció su Madrid nocturno y golfemio con poetas de chalinas sucias.
Apenas queda nadie de aquella galería de espectros que se reflejaba todas las madrugadas en los espejos velados de cafés que ya no existen: el Fornos, Pombo, de la Montaña, del Gato Negro, el Colonial. Y no son más que un recuerdo cada vez más lejano aquellos bolcheviques de las letras, poetas de arrabal y aguardiente: Joaquín Dicenta, Emilio Carrere, Barrantes, Pedro Répide -del que González Ruano decía que olía a «perfume barato, organillo y churros de verbena»-, Francisco Villaespesa, Alejandro Sawa, Felipe Sassone, Alfonso Vidal y Planas, que asesinó a tiros a Antón del Olmet una noche en el Teatro Eslava.
En la memoria de Cansinos atraviesa fugaz el sablista Pedro Luis de Gálvez con su capa andrajosa de color incierto por tantas noches a la intemperie. Sobre el siniestro poeta que pedía limosna por los cafés llevando a su bebé muerto en una caja de zapatos escribió:«Era un poeta con facha de bandido, ojos de búho, nariz corva, greñas hirsutas y hablar ceceante y rayente, alcohólico habitual, de un histrionismo innato y hábil en todas las artimañas de la picaresca». ¿Dónde estarán ahora todos esos fantasmas?, dirá mientras se pierde en el rincón de su biblioteca donde se le vio por última vez.

 

viernes, 20 de junio de 2014

Estreno de la película de Angel Pérez Guerra, En el último minuto.

Parmabea Producciones, el director del film, Ángel Pérez Guerra, y Megaocio, tienen el gusto de invitarle al estreno de la película En el último minuto y del documental La O: Esperanza y Vida, que tendrá lugar el próximo miércoles día 25 de junio, a las 20:30 horas, en los Cines Al-Andalus Bormujos (Centro Comercial Megaocio, autobús Sevilla- Bormujos, 163). Entrada libre hasta completar aforo www.enelultimominuto.com


lunes, 16 de junio de 2014

Los últimos días de José María Hinojosa poeta asesinado por la República Española

Editan un libro sobre los últimos días de José María Hinojosa

Diario El Mundo

PAPELES DEL PARAÍSO

El triste epílogo de un poeta

El vuelo imposible del poeta buzo y la aviadora

  • El libro 'El buzo y la aviadora' reconstruye con una obra de teatro los
    días de cárcel que precedieron al fusilamiento del poeta del 27 José
    María Hinojosa al inicio de la Guerra Civil

  • Aunque tras ser fusilado por los republicanos cayó en el olvido, Hinojosa fue el introductor del surrealismo en España y el mecenas de la malagueña imprenta Sur 
  • Su trágico final también truncó su historia de amor con Ana Freüller, la pionera de la aviación malagueña con la que iba a contraer matrimonio

Reunión de la Orden de Toledo en la Venta de Aires. De izquierda a...
Reunión de la Orden de Toledo en la Venta de Aires. De izquierda a
derecha: Pepín Bello, José Moreno Villa, Luis Buñuel, Ernestina
González y Salvador Dalí. Sentado: José María Hinojosa. Toledo, 1924.




El paso del tiempo se rebela a veces contra su propia inercia, y nos
recuerda que hay travesías vitales que no merecen estar sepultadas bajo
la losa del olvido. En el caso del escritor malagueño José María
Hinojosa (1904-1936), parece que su doble condición en
apariencia antagónica de líder de la derecha fusilado por la República y
poeta de la Generación del 27 ha sido suficiente para que una geografía
cainita mire durante décadas a otro lado
. Para que se lo obvie y se olvide su interesante universo literario, su vitola de
introductor del surrealismo en España o su importante apoyo económico a
la imprenta malagueña Sur, que alumbró los primeros libros del 27

y el nacimiento de la mítica revista Litoral. Afortunadamente, un
legado tan vasto para sus apenas 32 años de existencia, y su amistad con
los grandes intelectuales de aquel país convulso, no ha pasado
desapercibida para ciertos estudiosos como Alfonso Sánchez, quien acaba
de dedicar un libro más a su figura, con la novedad de que no se trata
de un ensayo sino de una obra de teatro. Se titula El buzo y la
aviadora, ha sido editado por Fundación Málaga y el Centro del 27 de la
Diputación, y en ella se reconstruyen los días previos a su fusilamiento que transcurrieron en una prisión malagueña. Con
el subtítulo de Fantasía en un prólogo, dos actos y un epílogo como
sugerente advertencia, se trata de una obra de ficción basada en hechos
reales, en palabras de su autor, quien llega a imaginar hechos
que no sucedieron como un hipotético encuentro en la cárcel de Hinojosa
con la mujer con la que iba a contraer matrimonio, la pionera de la
aviación malagueña Ana Freüller
.

Portada del libro de Alfonso Sánchez

La acción transcurre en esos días de cárcel antigua que precedieron a
su fusilamiento. Pero no se queda ahí. Evita regodearse sólo en un
periodo tan corto como machacado de incertidumbre. El Hinojosa que el
experto en su obra Alfonso Sánchez ha convertido en personaje de teatro
es un Hinojosa que sueña. Que viaja en el tiempo hacia atrás. Que
se reencuentra con sus amigos escritores. De ahí que en estas escenas
sobre su vida se recuperen reuniones surrealistas y maratonianas, como
las de la Orden de Toledo, en las que los tertulianos se entregaban a
dos premisas: la de no ducharse y la de beber hasta emborracharse
.
Y, en línea con todo aquello, se reconstruyen en esta obra de teatro
las explosiones de delirio cómplice que, por ejemplo, compartieron en la
manchega Venta de Aires, allá por 1924, Pepín Bello, José Moreno Villa, Ernestina González, Luis Buñuel, Salvador Dalí e Hinojosa.


Además, también se recrea otro 'meeting point' de la gente del 27, de la joven poesía española de entonces, como el que unió en
1928 en un merendero de una playa malagueña a José Moreno Villa,
Federico García Lorca, Manuel Altolaguirre, Emilio Prados, Rafael
Alberti, José María Hinojosa y Luis Cernuda,
quien se había desplazado hasta Málaga para ver por primera vez el misterio del mar.


Por muy cercana que esté, por mucho que impregne cada hora que avanza
hacia ella, en El buzo y la aviadora, no sale a flote la muerte. No
resuenan los disparos en las tapas del cementerio. En el epílogo más
definitivo en este recorrido por los últimos días del poeta, se oye la
suite begamasque de Debussy. Y, en el mismo tramo final que despide la
obra de teatro, otro intelectual abocado a idéntica sinrazón, a calcado
desenlace con distinto color, Federico García Lorca, le habla a
Hinojosa de la madre de Charlot, de Fernando Villalón y Marcel Proust,
de fiestas galantes en París y de toros bravos con los ojos verdes
.
A juego con el tono de la esperanza que viste de optimismo y de
inmortalidad vitalista el epílogo más cruel. El triste e injusto 'end'
que le tocó en suerte a este poeta del 27.

Ana Freüller, la aviadora de la que estaba enamorado el poeta José María Hinojosa.

En este recorrido teatralizado de últimos días, de páginas finales de
una existencia maldecida, de epílogo acechado por la guadaña de la
muerte, late con fuerza joven y ahínco imparable la vida misma de José
María Hinojosa. Se palpan sus ganas de seguir atravesando el mundo con
esos pasos inquietos y entusiastas a los que les cortó las piernas la
esquizofrenia de una guerra. Y es ahí, en el reflejo de su travesía
vital que huye de los paradójicos barrotes de la cárcel, donde se hace
inevitable el retrato del amor que le unió a Ana Freüller. Los dos,
Hinojosa y la pionera de la aviación malagueña, son en las páginas
imaginadas por Alfonso Sánchez el buzo y la aviadora. Los
protagonistas de una historia de amor imposible. De un vuelo por el
cielo de la vida que cayó prisionero de la fatalidad y de los disparos
que el destino le tenía reservado a José María Hinojosa Lasarte.

Al escritor. Al poeta buzo que traza el retrato más certero de su
biografía en contadas palabras, en esta conversación con su amada Anita
Freüller que hacen posibles los renglones de justicia que han aportado
esta obra de teatro sobre el triste epílogo del intelectual de
Campillos:



ANA F.: ¿Y tú por qué escribías?
J.M.H.: ¿Yo? Por lo mismo que tú vuelas, Ana, pero al revés. No... En
serio. Porque escribir era como bucear: un viaje a las oscuras
profundidades del yo.

miércoles, 11 de junio de 2014

Contra la infamia del infame Jorge M. Reverte

CARTA ENVIADA A EL PAÍS (por Alfredo Valenzuela)

'Matones'
Señor director, la reseña del libro "La División Azul. Rusia. 1941-1944", de Jorge M. Reverte, que su periódico publicó el sábado 5 de marzo concluía calificando a los integrantes de la División Azul de "matones que se creían héroes y cruzados cristianos". ¿Le parece apropiado, señor director, calificar de 'matones' a Luis García Berlanga, Luis Ciges, Dionisio Ridruejo, Tomás Salvador y Fernando Vadillo, entre otros?- Alfredo Valenzuela. Sevilla


Alfredo Valenzuela

domingo, 8 de junio de 2014

El realismo mágico y sus paternidades (Manuel Alonso Trevicortov en dignidaddigital.com)

Reproducimos este interesante artículo de Manuel Alonso Trevicortov. Quizá hubiese que añadir Wenceslao Fernández  Flores (1885-1964) y su Bosque Animado (1943) entre otras obras)

Ha muerto Gabriel García Márquez, una figura mundial de las letras, especialmente de las hispanoamericanas. No puedo asegurar un número exacto pues no tengo datos rigurosos, pero calculo, por aproximación,  que he leído, al menos el noventa por ciento de sus novelas y cuentos. Y diré bien claro que todas me parecieron magníficas. Quede esto bien sentado. Pero no voy a hablar hoy de tan famoso y admirable personaje. Mucho se ha escrito estos días sobre él y sin duda, se seguirá escribiendo, tanto de su legado literario como de su posicionamiento político de socialista convencido y militante, muy cercano a Fidel Castro, aunque siempre afirmó que no era comunista, negociador entre las FARC y el gobierno colombiano, parece que siempre buscando entendimientos y concesiones...en fin, repito, no voy ahora analizar posturas o hechos. Dejemos eso para los especialistas en análisis políticos.


(Gabriel García Márquez)


Se ha afirmado, insistentemente, que García Márquez es el padre del "realismo mágico", esa forma de narrativa que mezcla con naturalidad lo cotidiano y real con lo irreal y fantástico o que muestra lo irreal como algo cotidiano. No me cabe ninguna duda de que esta forma narrativa fué manejada magistral y profusamente por este autor pero opino que me parece inexacto el afirmar que haya sido su creador o lo que es lo mismo, adjudicarle su paternidad. Muchos escritores, especialmente del otro lado del Atlántico han sido habituales cultivadores de dicho estilo de narrar:
Úlsar Pietri, María Luisa Bombal, Álvaro Mutis (¡Maqrol, el gaviero!), Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Octavio Paz, Vargas Llosa... También podría citar a Mújica Láinez pero de éste, solamente leí "El unicornio" y tengo que confesar que no entendí nada. Por lo tanto, no voy a presumir de conocer a fondo la obra de todos los citados pero sí lo suficiente para poder opinar con mis modestas nociones y. desde luego, sin pretender sentar cátedra. Simplemente, compartir.
He dejado sin citar en la lista expuesta a dos autores que, para mi modesta opinión sí serían acreedores a esa paternidad con la que andamos a vueltas. Tienen los dos las mismas iniciales: AC (y no se trata de ninguna cadena hotelera). Son Alejo Carpentier y, especialmente nuestro Álvaro Cunqueiro. Éstos, y todos los citados más arriba, son contemporáneos pero, precisamente estos dos últimos están entre los nacidos con anterioridad: 1904, Carpentier y 1911, Cunqueiro. Esto no quiere decir nada especial pero se supone que algunos de sus escritos tienen primacía en el tiempo. Tampoco quiero decir que hayan sido copiados o imitados. Solamente considero que son los primeros.
Para mí, la obra de Carpentier, suizo-francés-cubano fué un descubrimiento algo tardío y casual, al caer en mis manos "El siglo de las luces" que me dejó con los ojos y boca abiertos por el extraordinario modo de narrar de que hace gala, con toda la categoría de un clásico y por la exuberante riqueza de vocabulario, con unas descripciones de un tono mucho más que brillante. Un verdadero artista del lenguaje, que cultivó ese realismo mágico. Recordemos "Los pasos perdidos" y, sobre todo, sus cuentos cortos.
Por último, y ésta era o es la intención del escrito, quisiera centrarme un poco más en el escritor para mí de mayor y desbordante imaginación de todos los que conozco: Álvaro Cunqueiro, gallego, de Mondoñedo, extraordinario erudito, también periodista como muchos de los citados, poeta en dos idiomas cuya lectura supone ir de sorpresa en sorpresa, de admiración en admiración, pasar de la risa al llanto, en fin, verse sumergido en un mundo mágico, cómico, trágico, desconcertante, surrealista, un mundo de historias entremezcladas en el que podemos contemplar que...Después de la batalla de los cuatro reyes y una vez que San Gonzalo detiene una invasión de los normandos el año del cometa, Ulises viaja por Galicia, se encuentra con León Leonardo, viejo marinero que con sus ahorros ha fabricado su barco pero ya, impedido, no puede navegar por lo que lo pone en venta por una moneda de oro en una de cuyas caras lleve acuñada la figura de un navío y, al que pueda comprárselo, le regala la mar, esa mar que cruzará el viejo Simbad cuando vuelva a las islas y tal vez se encuentre con un hombre parecido a Orestes que no ha mucho tiempo, convivió unos días con Fanto Fantini de la Gherardesca cuando éste acababa de fugarse de la prisión donde estaba encerrado, convirtiéndose en un halo nebuloso que se deslizó por la rendija de la puerta sin ser visto...Don Hamlet de Dinamarca, Merlín y familia...Este es el maravilloso y sorprendente mundo de Álvaro Cunqueiro, Galicia y Bretaña, región ésta que nunca conoció pero que describe forma magistral.
Sus novelas, es cierto, no tienen la densidad ni extensión de las de García Márquez o Vargas Llosa pero son tan ricas en imaginación que su lectura constituye un gozo insuperable.


(Álvaro Cunqueiro)


Su descripción de la corte del rey Arturo en completa decadencia, con éste, viejo y enfermo en el lecho, en la que un vivaracho enano hace todas las funciones, desde guarda en la puerta del castillo hasta enfermero que cura las almorranas al monarca, así como la representación de la obra de Shakespeare "Romeo y Julieta" en un manicomio a cargo de un grupo de muertos-vivos que viajan con un Sochantre, vivo, constituyen el colmo de lo fantástico mezclado con lo real.
¿No es esto realismo mágico? Así es, así fue el estilo de Álvaro Cunqueiro, nuestro grandísimo autor de mágica pluma cuya figura está semiolvidada gracias a la cultísima izquierda resentida y a la derecha cobarde y vergonzante de nuestro país... porque nuestro hombre perteneció a la Falange y colaboró en publicaciones del "bando sublevado", ¡vaya demérito y vaya pecado! Pues así es, repito este gran gallego y español que redactó en vida su propio epitafio:

Eiqui xaz alguén, que coa súa obra, fixo que Galicia durase mil primaveras máis
(Aquí yace alguien, que, con su obra, hizo que Galicia durase mil primaveras más).

Es un deber recordarlo, reivindicar su figura y, sobre todo, leerlo una y mil veces. Aparte de disfrutar, sin ninguna duda, ayudaremos a que se cumpla su epitafio, merecedor de toda justicia.


Manuel Alonso Trevicortov

sábado, 31 de mayo de 2014

¡Que vienen los rojos!

JUAN MANUEL DE PRADA (ABC).

Tal vez vengan los rojos, como gritan los demócratas con mando en plaza y tertulieta; pero fueron ellos quienes los trajeron, aplaudiendo la injusticia social
ANDAN los demócratas con mando en plaza y tertulieta espantados con el ascenso del gallardo mancebo de la coleta, Pablo Iglesias; y se desgañitan, aspaventeros: «¡Que vienen los rojos!». Yo recomendaría a mis lectores que, cada vez que escuchen a alguien ponerse jeremíaco ante la llegada de los rojos, le aticen un capón en el colodrillo (o, en su defecto, apaguen la pantalla catódica a través de la que suelta sus sandeces). Pues estos que ahora plañen ante el avance del mancebo de la coleta son los mismos que aplaudían cada vez que se aprobaban leyes laborales que igualaban a los trabajadores españoles con los de la República Popular China, que es el país más rojo del mundo. Pero, por lo que se ve, la alarma de los demócratas con mando en plaza y tertulia sólo se dispara cuando los partidos que se reparten el poder empiezan a padecer sangría de votos, y no cuando los trabajadores padecen sangría de sueldos (que es lo que en verdad provoca el ascenso de los rojos). No hay cosa más hilarante que un demócrata alertándonos sobre la llegada del comunismo; pues, como nos advertía Agustín de Foxá, «querer combatir el comunismo con la democracia es como ir a cazar a un león llevando como perro a una leona preñada de león; pues ella lleva en su entraña al comunismo».
La democracia española se dedicó a halagar y engolosinar a los jóvenes y no tan jóvenes, vendiéndoles un estado de bienestar sempiterno, una inagotable olimpiada de derechos (sobre todo de cintura para abajo) y universidades de garrafón para todo quisque. Este sedicente paraíso democrático ya lo había atisbado Jardiel Poncela en el genial prólogo de La tournée de Dios: «La humanidad, desatada e impúdica, sin concepto ya del deber, engreída, soberbia y fatua, llena de altiveces, dispuesta a no resignarse, frívola y frenética, olvidada de la serenidad y la sencillez, ambiciosa y triste, reclamándole a la vida mucho más de lo que la vida puede dar (…), corre enloquecida hacia la definitiva bancarrota». Y la bancarrota tenía que llegar, tarde o temprano: el estado de bienestar se reveló a la postre lleno de aire, como esas tripas que entonan borborigmos; los derechos de cintura para abajo acabaron en pajilla low cost ante la pantalla del ordenata; y el valor de los títulos universitarios se igualó con el del papel higiénico. Y, claro, los jóvenes y no tan jóvenes a los que se había pretendido halagar y engolosinar se pillaron un cabreo de órdago; pues no en vano previamente habían sido esclavizados por los materialismos más tristes y envilecedores.
Pero cuando conviertes a un hombre en un animal, lo más lógico es que luego él solito se torne alimaña. Para salir de la bancarrota, nuestros gobernantes antepusieron el salvamento de la plutocracia a la justicia social; donde volvió a demostrarse, como nos enseñase Castellani, que todas las libertades no son sino engañabobos para distraer la atención de los incautos de la libertad omnímoda del dinero para multiplicarse y llenar los bolsillos de unos pocos. Esos jóvenes y no tan jóvenes, víctimas de engaños e injusticias sociales, sedientos de venganza y deseosos de encontrar culpables se toparon entonces con el mancebo de la coleta, que no hizo sino dar expresión política a su ira.
Tal vez vengan los rojos, como gritan, desgañitados, los demócratas con mando en plazo y tertulieta; pero fueron ellos quienes los trajeron, aplaudiendo la injusticia social… ¡y hasta utilizando como sparring en sus saraos televisivos al mancebo de la coleta, que luego les salió respondón! Sólo resta preguntarnos si existe algún otro modo de combatir la injusticia social que no sea el comunismo y su metodología del odio. Trataremos de responder a esta pregunta en algún artículo próximo.

lunes, 12 de mayo de 2014

LA LEPROSA SALISACHS por Juan Manuel de Prada

Por ser muy religiosa, la leprosa Salisachs fue ninguneada en la república de las letras

HACE un par de días, coincidiendo con el fallecimiento de su madre, José María Juncadella refería a los lectores de ABC una anécdota oprobiosa. Invitada por el Instituto Cervantes de Nueva York, una personalidad de las letras iberoamericanas quiso disertar sobre la obra de Mercedes Salisachs; el Ministerio de Cultura fue consultado (¿por qué y por quién?) y la respuesta fue tajante: «De esta señora no queremos saber nada, es de derechas y además muy religiosa». Ocurría esto hace unos pocos años, durante la etapa zapateril (aunque sospecho que también podría ocurrir hoy mismo). Si en España quedara un ápice de honor, el ministro Wert y el académico García de la Concha ya tendrían que haber iniciado una investigación interna para determinar, en primer lugar, si la afirmación del señor Juncadella es veraz; y, si lo fuere, tendrían que iniciar un proceso sancionador que inhabilitase para el desempeño de funciones públicas a toda la gentuza que participó en aquella ignominia, despojando de sus cargos a quienes todavía los mantengan e impidiendo que quienes ya no los mantienen vuelvan a beneficiarse de los presupuestos públicos en toda su piojosa vida. Pero España es un país sin honor, donde se permite que la gentuza más sectaria pueda pavonearse impunemente, mientras una escritora abnegada y venerable que ha brindado lo mejor de sí a los lectores durante casi setenta años es condenada al ostracismo.
La excusa que aquella gentuza empleó en su día para impedir que se pronunciara una conferencia sobre la obra de Salisachs es la misma que –de forma tácita o declarada– se ha esgrimido (con gobiernos de izquierdas y de derechas) para impedir que Salisachs recibiera un solo premio literario oficial en su vejez. El Ministerio de Cultura, que es algo así como una versión encopetada de la beneficencia pública, reparte cada año –a modo de sopa boba– una pedrea de premios entre los plumíferos más bodriosos; y luego está el premio gordo, que infama la memoria de Cervantes con un repertorio de pelmazos jeroglíficos, tanto autóctonos como transoceánicos, que provoca mareos. Sin embargo, la escritora más longeva de España nunca recibió ninguno de estos premios oficiales, ni siquiera una pedrea modesta; y no fue porque escribiera mejor o peor, ni siquiera –me atrevería a añadir– porque fuese de derechas, sino porque era muy religiosa. Y a todos los chupópteros que maman del presupuesto público jamás les tembló el pulso por excluirla, porque ser «muy religioso» en la república española de las letras es como ser leproso en época deJesucristo.
Por ser muy religiosa, la leprosa Salisachs fue ninguneada en la república de las letras e ignorada en los premios oficiales; de tan enconado modo que sus paisanos catalanes no tuvieron sino que sumarse al veto centralista. Pero toda esta patulea que maneja el cotarro cultural, por muchos premios que haya quitado a Mercedes Salisachs, no pudo quitarle aquel entusiasmo sagrado que desafiaba las injurias de la edad, aquella manera que tenía de amar su oficio como la propia vida, con abnegación y júbilo, con esa felicidad monda y lironda que no pone reparos ni condiciones, que se dona y se gasta hasta el último aliento. Y tampoco podrán quitarle la única gloria verdadera, que es la gloria del cielo, mientras que ellos –sanguijuelas del presupuesto, garrapatas del sectarismo, sabandijas literarias que, como los eunucos, sabéis cómo se hace pero no podéis hacerlo, por falta de cojones y de talento– os vais a pudrir por los siglos de los siglos, olvidados de Dios y de los hombres, en el décimo círculo del infierno, que Dante no osó hollar, viéndolo concurrido por gentuza tan hedionda y excrementicia.

sábado, 19 de abril de 2014

En la muerte de Gabriel García Márquez



“Ella se quitó los lentes sin sorpresa, con un dominio absoluto, y lo encandiló con su risa solar”. No recuerdo el año exacto en que leí El amor en los tiempos del cólera, si sé que, desde que la leí cada vez que me preguntan cuál es mi novela favorita, lo más probable es que la cite como tal, a mí sí que me encandiló la prosa jugosa y entera, redonda en la boca, de García Márquez, la riqueza de vocabulario, como un depósito rebosante de palabras, siempre bien puestas, en su sitio y en su ritmo.
Ha muerto Gabriel García Márquez, escritor, no diré más, no quiero juzgar al hombre, que no me era simpático, como tampoco me lo son Picasso o Alberti. ¿Qué importa lo que yo piense de él? Importa que, como el caudaloso y pausado río Magdalena de la citada novela, la creatividad de Gabo fue también rica y plena, llena de inmensas páginas que quedan después del hombre.
Javier Compás

lunes, 14 de abril de 2014

Presentación en Sevilla de: Soldados de Hierro. Los voluntaios de la División Azul.


"Aún hay prejuicios con Edgar Neville"



Entrevista Pepe Viyuela

Pepe Viyuela: "Aún hay prejuicios con Edgar Neville"

  • Entrevista con el actor, que pone a punto en el Teatro Fernán Gómez de Madrid una de las comedias más libérrimas del versátil autor de la 'otra' Generación del 27



Su Chema de Aída ha dado a Pepe Viyuela (Logroño, 1963) el Ondas a Mejor Actor y una gran popularidad. Sin embargo, a pesar de los ocho años que lleva inmerso en la serie, el actor nunca ha dejado por mucho tiempo los escenarios. Tras sus éxitos con El pisito, de Azcona, o Los habitantes de la casa deshabitada, de Jardiel Poncela, vuelve a otro humorista de la otra Generación del 27, Edgar Neville, y rescata en el Teatro Fernán Gómez de Madrid su comedia más exitosa: El baile.

¿Ya era hora de reponer a Neville?
La verdad es que Neville era un desconocido para mí hasta El baile. Y cada vez le admiro más como intelectual y como personaje, porque tuvo una trayectoria vital increíble: aristócrata, discípulo de Gómez de la Serna, amigo de Lorca, trabajó en Hollywood, dirigió filmes geniales aquí...
De su repertorio, ¿por qué se decidió por El baile?
Sencillamente, la leí y me encantó. Además, era abordable desde el punto de vista de producción. Lo que sí quisimos hacer es traerla a nuestros días y retocamos un poco el tercer acto, que creíamos que había quedado algo flojo. Curiosamente, hablamos con la viuda de Mingote, que fue secretaria de Neville, y ella estaba de acuerdo en que fallaba eso. Así que nos quedamos muy contentos.

Aún así, es muy moderno lo que planteaba en plena censura: dos amigos comparten una mujer durante toda su vida...
Sí, de un modo quizás algo ingenuo plantea la convivencia de dos hombres con una mujer, algo impensable para la época. Ambos tienen como pasión la entomología, y yo creo que esto es como un experimento. Como si ellos fueran bichos. Plantean, ¿es este ménage à trois posible en nuestra sociedad? Hablan de un amor generoso, en el que no hay exclusividad. Se dicen: "Si yo la amo, ¿por qué tú no?". Vamos a ser amigos a pesar de que tú seas un pelmazo para mí. En el fondo, es algo muy profundo, porque al final prevalece el amor y la amistad en el tiempo. Ese compartir los hace mejores. Es normal que la obra fuera un gran éxito. Estuvo en cartel siete años y se estrenó en Londres y Rusia. Es el mayor éxito de Neville.

Resulta extraño que Neville haya caído en el olvido, igual que otros humoristas de éxito de su época como López Rubio. Decía Cercas que ganaron la guerra, pero perdieron la Historia de la Literatura. ¿Está de acuerdo?
Absolutamente. De hecho, lo corroboro. Llevo tres años moviendo esta función de Neville y aún hay prejuicios con él. Me dicen: "Siendo de izquierdas, ¿cómo montas a Neville?". ¡Pues por eso mismo! No voy de abanderado de la reconciliación ni nada así, pero creo que ahí está una clave. Más allá de ser de izquierdas o derechas, está la estupidez. Me parece un error que los chicos jóvenes no conozcan a este hombre, que por otro lado tuvo una vida muy libre. Le tocó un bando y ya está.

lunes, 7 de abril de 2014

La revolución traicionada

La revolución traicionada Publicada en el año del centenario de Octavio Paz, la primera novela de Antonio Rivero Taravillo recrea la enigmática peripecia de un miliciano homenajeado por el escritor mexicano.

Ignacio F. Garmendia | Diario de Sevilla.

Los huesos olvidados. Antonio Rivero Taravillo. Espuela de Plata. Sevilla, 2014. 204 págs. 18 euros.

Pese a su evolución posterior y aunque nunca llegó a traspasar la categoría de "compañero de viaje", es sabido que Octavio Paz apoyó con fervor la causa republicana, estuvo muy próximo a los comunistas y fue uno de los más jóvenes participantes en el Congreso de Escritores Antifascistas que celebró sus sesiones en Valencia durante el verano de 1937. Por esa época escribió poemas inequívocos como ¡No pasarán! o Elegía a un compañero muerto en el frente de Aragón, reunidos en un libro del mismo año que le publicó Altolaguirre, Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España. Del segundo de los poemas citados nace esta novela, primera del ensayista, traductor y poeta Antonio Rivero Taravillo, donde se recrea la historia de un miliciano poumista que no murió del modo que se dijo que había muerto. El propio Paz lo había explicado en una glosa añadida a la cuarta edición de Libertad bajo palabra (1979) y su primera mujer, la también escritora Elena Garro -a quien llamaban despectivamente la Pacecita- se refirió al episodio en sus amargas y tardías Memorias de España 1937 (1992), verdadero ajuste de cuentas donde recordaba los ya lejanos días en los que convivió con los no siempre afables ni respetuosos miembros de la intelligentsia republicana.

Ambos autores, entonces recién casados, aparecen como personajes de Los huesos olvidados, pero el fantasmal protagonista de la novela es ese miliciano, de apellido Bosch, que había compartido con Paz los tiempos de la primera juventud -cuando ambos, todavía en México, se dedicaban al activismo libertario- y la noticia de cuya muerte leyó aquel, impresionado, antes de venir a España. Para imaginar el más que probable fin de aquel hijo de catalanes -el verso de Paz, "Has muerto entre los tuyos, por los tuyos", se revelaría involuntariamente profético-, Rivero echa mano del clásico recurso a una indagación que décadas después trata de arrojar luz sobre hechos silenciados o de los que apenas queda memoria, y lo hace a través de un personaje de ficción, la profesora Encarna Expósito, que descubrió por una carta que era hija de Bosch y desde entonces vive obsesionada con reconstruir su peripecia. Por la novela aparecen muchos otros personajes reales, pero son los envejecidos Paz y Garro los únicos que llegan a encontrarse -por separado y en el presente de los años noventa- con una investigadora que se ve obligada a suplir con evocaciones generales su falta de datos precisos.

Tras un arranque convencional, Los huesos olvidados gana en intensidad conforme avanza y brilla más en la recreación histórica que en el desarrollo de la trama, más un hilo conductor que permite la narración de los hechos que una construcción con vida propia. Al margen de su constancia en la búsqueda o de detalles aislados, el personaje de la investigadora no adquiere entidad hasta la tercera parte de la novela, pues la segunda funciona como un excurso que rompe el relato de la pesquisa para rememorar directamente los llamados "sucesos de mayo" del 37, que en realidad se prolongaron hasta junio con la detención y asesinato de Andreu Nin y la disolución del POUM al que pertenecían Bosh y otros revolucionarios -acusados de trotskistas- no adscritos a la disciplina soviética. El crudo enfrentamiento en el bando republicano tuvo como consecuencia el control casi exclusivo del poder por los comunistas, entregados a la línea que marcaban los comisarios políticos de Stalin y sus esbirros -"simiescos", por las iniciales- del Servicio de Información Militar, entre quienes medraban los "sacripantes del Partido" (Cernuda) y los "tristes obispos bolcheviques" (Vallejo). La tercera parte, que incluye guiños metaliterarios al modo en que se han contado los hechos y reflexiones sobre el alcance de lo narrado, retoma la exploración para cerrar un relato que partió de una anécdota y pese a ello logra trazar un verosímil panorama de conjunto.

La novela se relaciona en efecto con Homenaje a Cataluña de Orwell y Enterrar a los muertos de Martínez de Pisón, donde este seguía el rastro de José Robles -desaparecido como Nin, como Bosch, como tantos otros-, pero lo que en el primero era autobiografía y en el segundo una quest o inquisición en primera persona, aquí toma una forma híbrida, con partes "de cuento y de testimonio" que no llegan a ensamblarse o a fluir entrelazadas. Tanto por el mencionado trabajo de recreación, sin embargo, como por el indudable interés de la historia, también por la familiaridad con el contexto literario de esos años y por la invitación explícita a recuperar todas las memorias, incluida la que es "incómoda para unos y para otros", Los huesos olvidados no merece pasar desapercibida entre las demasiadas novelas rutinarias o prescindibles que se han dedicado a los años de la Guerra Civil, frente a las que esta de Rivero destaca por su mirada limpia y su absoluta falta de sectarismo.

HABILIDADES por Fernando Iwasaki

¿De qué sirve la habilidad para calentar cuando no se tienen los conocimientos para cocinar? 

6 abr. 2014ABC (Sevilla)FERNANDO IWASAKI www.fernandoiwasaki.com


LOS resultados del último informe PISA han vuelto a deparar un pésimo resultado para el educando español, aunque en este caso la materia evaluada se me antoja de un valor discutible, pues se supone que las «habilidades» de los jóvenes españoles están (otra vez) por debajo de la media europea. ¿A quién se le ocurre creer que si estamos mal en conocimientos podríamos estar mejor en habilidades? Entiendo las «habilidades» y las «competencias» como una suerte de «gestión» y —por lo tanto— donde no hay conocimientos no hay nada que gestionar.
Se supone que la «habilidad» para comunicarse es estupenda, pero el desparpajo, la extroversión y la simpatía no sirven para nada cuando los mensajes son huecos, anodinos e intrascendentes. Algunas de las jóvenes estrellas de la política nacional dizque son buenos comunicadores, pero sus discursos son un conjunto de naderías, lugares comunes y fórmulas retóricas que no trasmiten ninguna sustancia intelectual, aunque la puesta en escena parezca convincente. Hoy por hoy, tener «habilidad» para comunicar es ser un persuasivo muñeco de ventrílocuo, porque muy pocos elaboran sus mensajes y la mayoría se conforma con repetir como loros lo que les enseñan otros.

Me consta que muchos jóvenes son muy competentes con las nuevas tecnologías, pero casi nadie lee los manuales elaborados por los fabricantes. ¿Para qué coger el mapa de una ciudad si los GPS de los coches y los móviles sirven para llegar hasta los destinos finales en cualquier lugar del mundo? Conozco jóvenes que cuando viajan están más pendientes de las pantallas de sus móviles que de las ciudades que visitan. ¿Cómo se orientarían sin los artilugios digitales? Los conocimientos podrían ser las referencias a través de las cuales construir los mapas de los territorios que uno se dispone a descubrir.
En realidad, no me preocupa que un joven sea incapaz de desarrollar las nuevas «habilidades» que hacen falta para triunfar en el mundo contemporáneo, porque lo que me apena de verdad es lo complicado que resulta encontrar jóvenes menores de 30 años que sepan preparar un cocido, unas lentejas, una alboronía o unas papas con chocos. ¿De qué sirve la habilidad para calentar cuando no se tienen los conocimientos para cocinar? Por no hablar de que esos mismos conocimientos sirven para saber apreciar la buena mesa y reconocer las deudas de la gastronomía con la pintura, la historia y la literatura.

La pedagogía contemporánea le da un valor enorme a las «habilidades» y las «competencias», y aquí reconozco que uno proviene de un mundo abolido y quizá cancelado, donde los conocimientos eran lo más importante. Todavía nadie ha dicho alto y claro que la «habilidad» y la «competencia» consisten en hacer mucho sabiendo poco, así que sería de agradecer que alguien nos sacara del error o que fuera totalmente sincero, pues lo del PISA ya es deprimente.


miércoles, 2 de abril de 2014

Los Neorrepublicanos, por Alfonso Lazo


A DISTANCIA

Los neorrepublicanos

 

CRECEN LAS BANDERAS republicanas en los mítines del PSOE poszapaterista y en las manifestaciones callejeras. Ellos no lo saben, pero su republicanismo no viene de la Segunda República, viene directamente de la Falange: hijos y nietos de falangistas, si no antiguos falangistas ellos mismos, cualquier día los veremos entonando un viejo himno: «No más reyes de estirpe extranjera, / ni más pueblo sin pan que comer. / El trabajo será para todos / un derecho más bien que un deber»; que no es un himno anarquista, ni el canto de La Internacional, sino el himno de las JONS de los años 30.
Falange Española de las JONS tomó de otros partidos fascistas el llamado «principio del caudillaje», incompatible con la monarquía hereditaria. Los falangistas sentían odio y repulsa hacia los Borbones a quienes responsabilizaban de la decadencia de España; pero desaparecido el fascismo de Europa, y con él la teoría del caudillaje, optaron por alguna clase de republicanismo autoritario. En 1956, una revista andaluza del Frente de Juventudes, cuyo director ocupó con el tiempo puesto importante en el PSOE, sostenía que la «república presidencialista» era lo más acorde con los principios joseantonianos. En los campamentos del Frente de Juventudes miles y miles de muchachos fueron educados en el desprecio por la monarquía. Una educación emotiva de argumentos primitivos idénticos a los que manejan los neorepublicanos de hoy: que si los Borbones mujeriegos, que si los gastos de la casa real (como si el Eliseo fuera gratis), que si la inutilidad de la corona (como si los presidentes de Alemania y Austria gozarán de algún poder), que si el rey mató un elefante...

En julio de 1947 las Cortes franquistas aprobaron la Ley de Sucesión: a la muerte del caudillo vitalicio la corona sería restaurada en algún príncipe Borbón. Los jóvenes de Falange entraron entonces en rebeldía; las centurias falangistas llegaron a darle la espalda a Franco durante una concentración en El Escorial; y cierto 20 noviembre, en la penumbra de la basílica del Valle de los Caídos, presente el dictador y sus ministros, alguien gritó desde las filas uniformadas de azul: ¡Franco, traidor! Cuando a finales de los años 50 Sevilla tuvo un gobernador monárquico (Nicolás Salas ha escrito acertadamente sobre el asunto), la Falange sevillana le hizo la vida difícil acusándolo de proteger a los seguidores de don Juan, padre de nuestro actual rey. Por toda España los jóvenes falangistas pegaban carteles antimonárquicos. Cosas que tenían que dejar un poso.

A finales de abril del año pasado, en Sevilla y bajo el patrocinio de la Asociación Cultural Ademán (cuyo nombre lo dice todo a quienes recuerden la letra del 'Cara al sol'), Javier Castro-Villacañas presentó su libro El fracaso de la monarquía. En los años 60 hubo un escritor falangista, Demetrio Castro Villacañas, muy conocido por sus virulentos artículos antimonárquicos; ignoro si es pariente de Javier.

Decía don Ramón Carande, y lo recoge Aquilino Duque en su último libro, que «los españoles tenemos el gobierno que nos merecemos, pero que en cambio nuestro Rey es un regalo inmerecido». Carande también había sido un tiempo falangista, pero hasta su muerte con casi cien años fue hombre de extrema lucidez.

viernes, 28 de marzo de 2014

CRONICA DEL HOMENAJE A BLAS DE LEZO EN SEVILLA

HOMENAJE A BLAS DE LEZO Y OLAVARRIETA EN SEVILLA

 

“… dile a mis hijos que morí como un buen vasco, amando y defendiendo la integridad de España y del Imperio. Gracias por todo lo que me has dado mujer (…) Fuego, fuego, ¡Fuego!” 

  y así como reza la lápida en el monumento al Almirante Blas de Lezo (1689-1741) arrancó el homenaje que en Sevilla se tributó al gran marino vasco. Un tributo en el que aún falta por sumarse el Ayuntamiento hispalense que sigue sin responder ni acusar recibo de la petición que en ese sentido le hizo llegar la Asociación de Caballeros Mutilados de los ejércitos acompañada de innumerables adhesiones de relevantes personalidades del mundo de las artes, la cultura y la Defensa.
 


También en esta ocasión el salón del centro Cultural de los Ejércitos de Sevilla fue un punto de encuentro para la gente de la cultura, la Universidad y del ámbito militar de la capital. La novedad vino de la mano de la destacada presencia del cuerpo diplomático en la ciudad representado por su Decano y del cónsul de Colombia. 
 
Otra nota alentadora fue la elevadísima asistencia de jóvenes a los que la figura de Blas de Lezo le había sido tan robada como lo había sido de la Enciclopedia Británica, obra en la que no es infrecuente el silencio ante las batallas perdidas por los británicos como la que protagonizó este almirante español.

Don Juan María del Pino, presidente del Foro Sevilla Nuestra

 El acto fue presentado por Juan María del Pino que hacía de anfitrión al autor de la novela “El héroe del Caribe” (Ed. LibrosLibres) y a la Asociación Cultural Blas de Lezo representada por su secretario, Julio de Santa Ana.
Junto al cuerpo consular se encontraba el presidente de Ademán, Javier Compás, y los representantes de las asociaciones Fernando III y Foro Sevilla Nuestra. 
Las tres asociaciones se habían adherido al acto y los asistentes llenaban un salón que se quedó pequeño para homenajear a este español tan grande en sus hazañas como desconocido para la Historia. El Ayuntamiento de Sevilla, igual que lo han hecho ya otros municipios y comunidades puede contribuir a paliar este injusto olvido rotulándole la calle que hace tiempo se le pidió.