lunes, 3 de marzo de 2014

La Gastronomía con mayúsculas y sin cuentos

 Arte de resucitar 

Pla se presenta como inesperado profeta de
la 'slow food' en 'Lo que hemos comido', uno de los mejores libros
dedicados a la gastronomía en España.
Manuel Gregorio González | Actualizado 20.01.2014 - 12:52


zoom
Josep Pla i Casadevall (1897 - 1981), fotografiado por Català Roca.
Lo que hemos comido. Josep Pla. Trad. P. Gómez Carrizo. Austral. Barcelona, 2013. 352 páginas. 8,95 euros.

Una
de las grandes virtudes de Josep Pla, no muy común en España, es la
voluntad de precisión. Una precisión, por otra parte, trufada de
sencillez, de inteligencia, de un humor fino, no exento de socarronería,
que alcanza su ápice literario en la capacidad de adjetivar. Pla
adjetiva admirablemente. Y cuando uno lo lee, como en este excelente
vademécum de la cocina mediterránea, sabe que cada adjetivo lleva detrás
una meditación, y que en dicha meditación hay grandes porciones de
sabiduría, pudorosamente veladas. El gran Vázquez Montalbán, en el
prólogo que abre este volumen, dibuja a un Pla en la encrucijada
tecnocrática de los 60/70, cuando los congeladores hicieron su aparición
y las viejas formas de cocinar se vieron ensombrecidas por la urgencia
electrodoméstica. Ese Pla nostálgico, meditabundo, también se nos
presenta como un inesperado profeta de la slow food y las
virtudes de la cocina autóctona. ¿Qué pensaría Pla del éxito actual de
los programas de cocina y del prestigio alquímico de su paisano Adrià?
Como diría Cunqueiro, otro gran aficionado a la ciencia de las marmitas,
"nin se sabe". Sí cabe suponer, no obstante, que la exótica
proliferación de restaurantes de autor, y el triunfo de la cocina estética, quizá no fueran de su agrado.

España, que no tiene una gran literatura gastronómica, tiene sin embargo tres libros memorables dedicados a estos asuntos: La casa de Lúculo de Julio Camba, La cocina cristiana de Occidente de Álvaro Cunqueiro y este Lo que hemos comido,
que Pla escribe por insistencia -por la mucha insistencia, según
declara el autor- del historiador Vicens Vives. En la presente edición,
extractada por Vázquez Montalbán, se prescinden de reiteraciones y
piezas que han perdido actualidad. No obstante, el resultado es óptimo y
el aficionado a Pla, así como a la re coquinaria de Marco
Apicio, hallará en estas páginas motivos de satisfacción y asuntos para
el debate. Como recuerda Montalbán, el magisterio de Pla propició el
gran articulismo gastronómico de Nestor Luján, Joan Perucho y Xabier
Domingo. A esto cabría añadirle la obra del propio Vázquez Montalbán,
cuyo Carvalho, además de espía en excedencia y marxista descreído, es un
meritorio intelectual de los fogones; un intelectual epicúreo, que
divagaba en la alta noche de Vallvidrera sobre la conveniencia o no del
sofrito con cebolla para la consistencia y la perfección del arroz. Para
Pla, como para Montalbán, y por supuesto para Camba y Cunqueiro,
gallegos ambos, la cocina es una cuestión de precisión. Y más
cumplidamente, de perfección. Ahí se solventa no sólo el gozo del
paladar de quien se sienta a los manteles; se solventa, más allá de esta
fulguración momentánea, el rigor y la fidelidad a la vasta herencia
recibida. "La mesa -escribe Pla en las Formas de la pasta- es un
lugar de diálogo. Las conversaciones de mesa son la civilización misma,
la pura esencia de la manifestación personal". Bien es verdad que
mientras Camba atiende a una cocina cosmopolita, explicada con
rigurosidad y humor; mientras Cunqueiro trae al folio la gran cocina
europea, los cocineros de la Francia clásica, como Carême, historiados
con su erudición inagotable, lírica y fantasiosa; Pla se ciñe a su país
del Ampurdán, deteniéndose en la perfección del guisante, en el momento
exacto de la sardina, en la escudella y carn d'olla, en la
consistencia del sofrito, en la carne de caza, en asuntos sencillos y
cruciales, en definitiva, no sin comparar los logros autóctonos con
otras cocinas que él frecuentó en su juventud viajera.

Quiere
esto decir que la cocina, en Pla, en un oficio conservador. Y ello por
lo que decíamos al principio. Cuando Pla escribe estas páginas,
instigado por Jaume Vicens Vives, la cocina industrial, y el auge del
electrodoméstico, han facilitado un cambio drástico en los procesos
culinarios. Dichos cambios están íntimamente relacionados con el tiempo:
el tiempo de elaboración, más breve y menos eficaz, y el tiempo de la
sazón de los productos, la rueda de las estaciones, que los congeladores
ignoran. Dice Pla en la Cocina de primavera: guisantes y habas,
que "la cocina es el arte de resucitar los cadáveres, no el de
rematarlos". Y este juicio es el que, sumariamente, le aplica a los
modernos adelantos de la industria alimentaria. Sin el respeto a los
tiempos, a las calidades, al carácter propio de cada producto, la cocina
le parece, sobre monocorde, fatigosa e insulsa. Sin embargo, la cocina
debe ser una fiesta; una fiesta lenta, ceremoniosa y frugal.

Una fiesta en la que se olvide, por un momento, que "la única cosa real, en esta
vida, es la soledad total".


Arte de resucitar

"En 35 años la única versión de la guerra civil ha sido la de la izquierda"

Sonsoles Fernández de Córdoba

"En 35 años la única versión de la guerra civil ha sido la de la izquierda"

La escritora presenta hoy su primera novela, 'En la soledad y en la guerra', con la intervención en el acto de Luis María Anson, de la Real Academia Española.


FERNANDO DÍAZ DE QUIJANO | 08/10/2013 

Sonsoles Fernández de Córdoba.

En los últimos años se han publicado incontables novelas ambientadas en la Guerra Civil, siempre desde la perspectiva del bando republicano. La abogada y ganadera Sonsoles Fernández de Córdoba (Madrid, 1952) se ha atrevido a contradecir esta tendencia en su primera novela, En la soledad y en la guerra (Libros Libres), con un enfoque abiertamente de derechas y mucha documentación, procedente en parte de su archivo familiar. Así, la autora reconstruye unos hechos que hoy apenas tienen eco en nuestra literatura, al relatar la pesadilla de una familia de tradición castrense y monárquica atrapada en el Madrid republicano.

La novela es, ante todo, un homenaje al estamento militar, sin importar la ideología. No en vano, el personaje más importante de la novela, que mantiene un romance imposible con Isabel, la protagonista, es Joaquín Pérez Salas, un comandante de Artillería de la República que jugó un papel fundamental en el campo de batalla y antepuso sus principios a cualquier consigna política. Su independencia moral le costó ser menospreciado por su propio bando y al acabar la guerra fue fusilado por negarse a renunciar a sus ideales republicanos.

Pregunta.- Detrás de la novela se ve que hay mucha documentación y un tono autobiográfico. ¿Qué documentos ha consultado para recrear los hechos históricos que relata?
Respuesta.- El drama de la Guerra Civil me ha interesado siempre muchísimo, pero sólo lo conocía en sus términos generales, y algunos hechos y anécdotas por el testimonio oral de familiares. En los últimos años, he leído prácticamente todos los testimonios escritos de los protagonistas más relevantes de la guerra, y quizás más aún del bando republicano que del nacional, además de consultar el punto de vista de los historiadores. También,  la documentación familiar me permitió conocer situaciones y aspectos que son, en general, desconocidos.

P.- ¿Es la historia de su familia?
R.- No estrictamente, aunque multitud de sucesos y anécdotas sí lo son, incorporados a los  personajes de la obra, que unos sí son familiares y otros son ficción.

P.- Hay en la novela un claro homenaje a los militares de uno y otro bando, como “gente de honor”. ¿Qué representa para usted el estamento militar?
R.- Yo procedo de una familia militar, es lo que he visto toda mi vida. Valoro enormemente  sus principios, las normas que rigen su comportamiento: la lealtad, el espíritu de sacrificio y de servicio, el honor, el valor, el amor a España... Todas esas cosas que hoy día son términos en desuso. Me gustan igual estén en un bando o en otro, o en la Royal Navy. Para mí los militares representan lo mejor de nuestra sociedad y me encanta rendirles un homenaje a través de esta novela. Se lo merecen.

P.- De la novela se desprende que la guerra no podía dar lugar al Estado que querían los militares de un bando ni de otro... Ni una monarquía parlamentaria, ni una república de ley y orden. ¿Es así?
R.- Si hubiera ganado el bando republicano, se habría llegado a un régimen comunista con entera seguridad, porque era la facción que detentaba el poder en ese bando a través de su supremacía absoluta en los Ejércitos. Y más aún habiendo ganado la guerra por la ayuda de la Unión Soviética. España se habría  convertido en un país satélite más de la URSS, como ocurrió con otros países tras la Segunda Guerra Mundial. En el supuesto de victoria de los nacionales, creo que las cosas podrían haber sido de otra manera. Tras un período de normalización y de reparación de daños, necesario para olvidar y distanciarse de la guerra, se podría haber iniciado un proceso de evolución hacia una monarquía parlamentaria. Los monárquicos lo intentaron, pero Franco y Falange no lo permitieron.

P.- ¿Cómo dio con el personaje de Joaquín Pérez Salas? ¿Era en la vida real tan honorable como usted lo retrata? ¿Cómo le ha tratado la Historia?
R.- Sobre todo a través de los testimonios escritos de compañeros suyos militares, también de algún político, de su hermano Jesús y otros testigos, que son algunos de los hechos que se relatan, sin una sola concesión a la imaginación. Sólo, por supuesto, en lo relativo a la historia de amor con la protagonista, que es todo ello ficción. Y creo que fue tan honorable, tan valiente y buen militar como le retrataron sus compañeros republicanos, pues también lo afirmaban militares y civiles del otro bando como Queipo de Llano, Joaquín Arrarás o Rafael García Serrano. Era además una buena persona, y lo demostró ayudando y librando de la muerte a multitud de personas del bando nacional. Los testimonios de mucha gente después de la guerra así lo avalaron. Dentro del ámbito republicano, y a pesar de ser el mejor jefe de Artillería de su ejército, los historiadores no le prestaron ninguna atención porque no era comunista. Se caracterizó por su claro enfrentamiento con los comunistas y con los comisarios políticos porque no permitía ni el proselitismo ni la política en sus unidades, y además les resultaba “sospechoso” porque evitaba represalias y asesinatos. La Historia no le ha hecho ninguna justicia porque no coincidía con la línea ideológica marcada por los que la han manejado, crean opinión y elaboran a sus propios héroes o villanos.

P.- ¿Con esta novela ha pretendido “compensar” el exceso de novelas que proliferan en la actualidad sobre la Guerra Civil con un enfoque de izquierdas? ¿Es un modo de decir que no todo fue “blanco o negro”?
R.- No, esta novela no pretende compensar nada, pretende contar realidades, verdades que hoy día no se conocen. Y está contada claramente desde la visión de unos personajes de derechas. Pero con la crítica a los errores de su propio bando no se trata de decir que no todo fue “blanco o negro”, se trata de contar la verdad y reconocer los errores de su lado. No se trata de hacer algo “políticamente correcto”. Y de otra parte, es imposible compensar nada con esta novela porque en los últimos 35 años no ha habido más que una versión: la de la izquierda.

P.- Dentro del bando nacional, se ensalza a los monárquicos y se reniega de los falangistas, a quien se describe como bestias. ¿Qué opinión tiene de las distintas facciones que conformaban el bando nacional?
R.- Los falangistas -de ideario fascista- no sacaron ni un solo escaño en las elecciones de 1936, por tanto su peso entre la gente de derechas era totalmente irrelevante. La mayoría de la derecha estaba formada por votantes de la CEDA, partido republicano de derechas, por el Bloque Nacional, partido monárquico de derechas, y por los Tradicionalistas, que reclamaban el trono para Alfonso Carlos de Borbón. Ante la presión del Frente Popular y de los desmanes que se cometían, la respuesta violenta fue la de los falangistas. Y como no podía ser de otra forma, a medida que la violencia se agudizaba, las posiciones se giraban hacia los extremos. Durante toda la guerra la política activa fue la de Falange y los Tradicionalistas. Además, Franco disolvió -mediante el Decreto de Unificación- todos los demás partidos, que representaban precisamente la derecha liberal-conservadora, y no quedaron más que dos partidos legales: Falange y los Tradicionalistas, que impusieron su ideología. Parte de la gente de derechas compartió su ideas, otros no.

P.- Con el personaje de Joaquín Pérez Salas, que representa un ejemplo de integridad moral, o Consuelo, la miliciana de CNT que salva la vida a las protagonistas, parece que ha querido “equilibrar” de algún modo la balanza del bien y del mal en su novela.
R.- No, en absoluto. El personaje de Joaquín Pérez Salas es precisamente el que me invita a escribir este relato y a contar su historia, por ser tan estupendo y tan desconocido. No había ninguna intención: era su historia, la de un buen militar republicano. Por otra parte, y en mi empeño de contar verdades, el personaje de Consuelo -nombre figurado- es absolutamente real. Se enamoró de un familiar y eso le salvó la vida a varias mujeres de mi familia. Todos mis familiares lo saben porque nos lo contaron repetidas veces, así como que esos mismos familiares a los que protegió fueron las únicas personas que, en su momento, testificaron a su favor, por ese motivo. Me costó mucho contar ese episodio por varias razones, pero entre otras la de que, precisamente, podía parecer que se trataba de “equilibrar”. Pero como trataba de contar verdades, allá fue.

P.- ¿Quién tuvo más culpa del terror que se vivió en Madrid, ¿los milicianos o los gobernantes de la República?
R.- De los hechos violentos en sí  al comienzo de la revolución, tanto en Madrid como en otras ciudades, la culpa fue de los milicianos. Pero del  origen y de las causas de esa violencia, la culpa fue de los gobernantes de la República. Unos, los representantes del PSOE, PC Y CNT, por acción, porque  desde 1934 animaban a la violencia física contra la gente derechas, llegando incluso a su “eliminación”. Otros, por omisión: los Partidos Republicanos, que en la alternativa entre mantener el orden y la ley o dejar hacer su política revolucionaria al resto de los partidos del Frente Popular, optaron por éstos y no hicieron nada para evitar la violencia y la revolución.

P.- ¿Publica esta novela sin complejos por el qué dirán? ¿No le preocupa contradecir la opinión mayoritaria que hoy se tiene de la guerra civil?
R.- No sólo no me preocupa, sino que estoy encantada de contradecir la opinión mayoritaria, formada por el desconocimiento absoluto que la mayoría de la gente tiene  de lo que aquello fue y de sus causas.


Publicado en El Cultural.

domingo, 16 de febrero de 2014

Memoria histórica: "Bajo un manto de estrellas" La película

“Bajo un manto de estrellas”: una historia de amor

El guión se basa en la causa de beatificación y en un diario escrito por un superviviente

Dominicos, 16 de febrero de 2014 a las 08:06

El martirio nos hace libres, libres frente al poder, al mundo, a las presiones para renegar de nuestra fe, libres para sacrificar nuestra propia vida y ser asociados totalmente al sacrificio de Cristo en la Cruz
Bajo un manto de estrellas/>

Bajo un manto de estrellas

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Las puertas del cine Palafox de Madrid se abrieron el pasado jueves 13 de febrero para acoger a los 250 invitados al preestreno de la película del director Óscar Parra de Carrizosa, "Bajo un manto de estrellas" que relata la historia de amor y perdón de una comunidad de frailes dominicos martirizados en Almagro en 1936.
Después de haber podido ver algunos adelantos de la película en fotografías, vídeos, entrevistas al director y actores, los asistentes al preestreno estaban expectantes. Los actores era la primera vez que veían la película completa después del rodaje y querían ver el resultado de un duro trabajo. Y los demás invitados ya tenían ganas de conocer la historia de esos frailes dominicos de Almagro que, junto con otros muchos frailes, hermanas y laicos dominicos y miles de religiosos, sacerdotes y laicos católicos, fueron martirizados en el siglo XX en España.
El director presentó la película agradeciendo la ayuda de Gema G. Regal, coguionista; de los asesores históricos/religiosos P. Jorge López Teulón (uno de los mayores especialistas en la persecución religiosa del siglo XX España) y fr. José Antonio Martínez Puche (que cuidó hasta el detalle el lenguaje, la música, la liturgia, las costumbres de los dominicos en ese tiempo); a los dominicos, en especial fr. Baldomero, por facilitar el rodaje en el convento de Almagro; y por supuesto los actores que han formado parte de la producción, y todo el equipo que la ha hecho posible.
La película, con palabras de fr. José Antonio Martínez Puche: «ofrece una historia de amor, a Dios y a los hombres.... Una historia de amor, que condujo a la comunidad de dominicos de Almagro a una pasión de vejaciones, violencia, sufrimientos físicos y espirituales, hasta el signo de amor más grande: derramar su sangre y dar su vida por Cristo, perdonando a sus verdugos».


El guión ha sido preparado por el mismo director Óscar Parra y su novia Gema Regal, basándose en la causa de beatificación de los mártires, una obra de fr. Luis Alonso Getino sobre los Mártires dominicos, y un diario escrito por un superviviente, un niño de 11 años que estuvo retenido junto con los frailes y que iba anotando lo que sucedía cada día, con la inocencia propia de su edad, carente de cualquier matiz político, impresionado por la actitud de los frailes ante la cercanía de su muerte.
La película se centra, precisamente, en la vivencia de cada uno de los dominicos durante esos días. No eran héroes, tenían sus miedos, dudas, lloraban, pero tenían muy claro que nadie les iba a hacer renegar de su fe en Cristo, por quien habían dejado todo para servirle a Él y a los hombres. Perdonando siempre, sin comprender esa violencia cuando no habían hecho nada malo, sin rencor alguno hacia sus verdugos. De hecho los frailes en todo momento se dirigen a los milicianos por sus nombres, incluso con sus motes, como habían hecho siempre pues se trataba de gente del pueblo, sus vecinos, a quienes conocían perfectamente. De ahí la extrañeza de un fraile cuando El Jaro (interpretado por Pablo Vega), a cuya familia había ayudado tantas veces la comunidad, se muestra dispuesto a participar en la matanza: "Pero Jaro, ¿tú también vas a venir a matarnos?" le dice, con tristeza uno de los dominicos.

Los milicianos y el alcalde se muestran confusos, con sus propias luchas interiores, con distintos perfiles: el que se lava las manos, sin importarle lo que les suceda a los frailes; el manipulador, que actúa manejando a los demás para conseguir lo que quiere, pero dejando a los otros el "trabajo sucio"; el analfabeto, el ignorante que se siente poderoso con un arma en la mano; el que se siente obligado a demostrar que está del lado de los milicianos para defender a su familia; y el que se niega a ejercer la violencia sobre los religiosos, pues ninguna revolución puede construirse sobre la sangre de inocentes.
Uno de los momentos de mayor intensidad se desarrolla en la habitación en la que estuvieron detenidos durante varios días: por la noche, la comunidad en torno a la luz de unas velas, en que los jóvenes frailes confiesan que, aunque tienen el apoyo de la fe, están asustados, no entienden por qué les quieren matar... En ese instante, el Maestro de Estudiantes, en una gran interpretación de Sergio Raboso, les habla del sentido del martirio e intenta tranquilizarlos: "El martirio es el sacrificio supremo del amor que el mismo Señor consumó en la Cruz... El martirio nos hace libres, libres frente al poder, al mundo, a las presiones para renegar de nuestra fe, libres para sacrificar nuestra propia vida y ser asociados totalmente al sacrificio de Cristo en la Cruz".
La película está plagada de escenas cargadas de una gran emotividad: la comunión de los frailes, uno a uno, conscientes que iba a ser la última vez que tomasen el cuerpo de Cristo; la Salve, tras recibir una paliza, cantada con más intensidad y fuerza que nunca; las dos "procesiones", saliendo del convento hacia su cautiverio, y la última, camino del martirio...
El dramatismo de la escena final hizo que el silencio reinara en la sala durante unos minutos, retrasando los aplausos que merecían el director, actores y todo el equipo, que acabaron sonando con fuerza una vez que se encendieron las luces de la sala. Todos los que habían hecho posible la película se pusieron en pie recibiendo una ovación durante unos minutos.
Tras la película, tuvimos la oportunidad de conversar con los actores de la película, quienes coincidían en expresar su gratitud al director Óscar, y a todo el equipo, con quienes se ha creado una gran amistad, y lo que les había supuesto esta película en su crecimiento profesional, humano y espiritual. Algunos reconocían que les había impresionado el rodar la película en el mismo lugar en el que se desarrollaron los acontecimientos, muy cerca de la sepultura de los frailes.


Hay que reconocer y agradecer la valentía de Óscar Parra de Carrizosa al afrontar la aventura del rodaje de una película religiosa, de un tema tan delicado como es el de los mártires del siglo XX en España, que él ha sido capaz de relatar de manera muy correcta. El mayor regalo para Óscar, como él mismo reconocía, es que la película ayude a orar, a aumentar la fe y a transmitirla a los demás.
Desde ayer, 14 de febrero, se proyecta en una treintena de salas de cine de toda España, a las que se irán sumando alguna más a lo largo de los próximos días.

Más información:

Especial sobre la película en Dominicos.org : http://www.dominicos.org/grandes-figuras/martires/almagro-bajo-un-manto-de-estrellas
Página oficial de la película: http://bajounmantodeestrellas.com/
Bajo un manto de estrellas. Película, historia y holocausto de los mártires dominicos de Almagro (1936), libro preparado por fr. José Antonio Martínez Puche y editado por Edibesa. http://www.edibesa.com/ficha/?i=1834

lunes, 10 de febrero de 2014

Vuelven los falangistas

José Carlos Mainer reescribe "Falange y literatura"

 Por Peio H. Riaño

El servicio de propaganda de Stalin tuvo a sus ingenieros del alma como Máximo Gorki para que contaran la canalización del país; España también tuvo cantarines del dogma que crearon una imagen del pasado a su medida, entre 1920 y 1956. La lista de autores que destacaron la frustración de las ambiciones colonialistas nacionales y el desarrollo del antisemitismo es larga y áspera. Ahí están Álvaro Cunqueiro, Agustín de Foxá, Ernesto Giménez Caballero, Eugenio d’Ors, Dionisio Ridruejo, Gonzalo Torrente Ballester, Rafael Sánchez Mazas o Víctor de la Serna, de un total de 25 escritores que dedicaron su creación al fascismo de entretenimiento: “Frente al homo oeconomicus del marxismo, nosotros afirmamos que el hombre vive de todo menos de pan… A las masas, como a las mujeres, hay que ofrecerles fiestas, guerras, pasiones, botines, torbellinos, indecibles embriagueces”, escribió Giménez Caballero en Los secretos de la Falange.

Son los elegidos por José-Carlos Mainer, catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza e historiador de la literatura, que en 1971, con valentía, publicó Falange y literatura y ahora, más de 40 años después, reescribe por encargo de la editorial RBA. La nueva redacción ha hecho de la idea original un nuevo libro, mucho más extenso, “más maduro y matizado”, porque no ha dejado ni una línea sin ampliar.
Cuatro décadas más tarde Mainer se reconoce como otra persona, aunque siga pensando lo mismo y señalando a los mismos. Reconoce que era difícil que el libro perdiera su “impertinencia autosuficiente”, pero ha tratado de corregir “la mezcla indigesta de la benevolencia con respecto al falangismo, en nombre de la buena fe de algunos falangistas y de un análisis demasiado convencional de los intereses de los otros vencedores de la Guerra Civil”.
 

Matizando la historia

El libro de 1971, además de corregir la disculpa a los falangistas, ha rebajado los términos que usaba en materia virulenta. “No pienso de manera distinta de la de entonces, pero cada línea ha dado para tres o cuatro nuevas líneas más. He modificado adjetivos, valoraciones, y han crecido las conjunciones adversativas “sin embargo” y “pero”. Es posible que antes el libro fuera impertinente y serio, yo ahora soy más sardónico”, reconoce el autor en un encuentro con periodistas.

En el caso español, el fascismo cultural tuvo una línea política identificable aunque de escasa consistencia y discutible unidad. “Logró ambas a favor de la guerra civil y de la incorporación del fascismo como un referente simbólico fundamental de la dictadura de Franco y compartió con el integrismo católico una cómoda hegemonía hasta 1945”. Sin embargo, con la caída del Eje, explica el autor que sólo perduró como “culto subalterno y como una nutrida nómina de beneficiarios de la frondosa administración del Estado, de las mutualidades y de los sindicatos verticales, todo aquello que adoptó pronto el vago nombre de Movimiento Nacional”.

La segunda oportunidad, en democracia ya,  de Falange y literatura, descubre un libro de análisis literario, de historia de las ideas y, por qué no, de examen psicológico. Con hallazgos que con los años, y la desaparición de las obras referidas, se toca el cielo de la vergüenza ajena, como en el caso de Felipe Ximénez de Sandoval (1903-1978), que es autor de Camisa azul (1940), novela de la que extractamos este cantar: “Joaquín, el enlace del capitán, el de la barba rizada y blonda que envidio Víctor, se acerca a la chabola. Su cantar es siempre el mismo, y de día y de noche lo lleva y lo trae en sus labios. Indudablemente es el aire que respira: Con la camisa azul y postinera,/ con el yugo y las flechas por blasón,/ en el cinto una repleta cartuchera,/ sobre el hombro un flamante mosquetón”.

Reescribir el pasado

A Mainer no le gusta emplear la expresión memoria histórica, pero reconoce que esta antología puede contribuir a ella porque es un libro de historia. “Aceptaré en este sentido que es un libro de memoria histórica”. Como historiador sabe que conquistar el poder político no es dominar el presente de un pueblo, también es conquistar su pasado. “El fascismo quiso siempre venir de muy atrás, de las profundidades del espíritu de las naciones donde se hallaban los yacimientos de su autenticidad. Su nacionalismo tuvo siempre una naturaleza fundamentalista e imperativa”, escribe sobre la apropiación del pasado para construir un nuevo porvenir.

Nadie se llevó a engaños en 1971 y nadie lo hará en 2013: el libro es un análisis del falangismo hecho desde la izquierda para desvelar que aquellos escritores no eran de segundo orden. Mainer rescata de todos ellos el gusto literario de Dionisio Ridruejo y de Sánchez Mazas. El miembro fundador de la falange e inventor del “¡Arriba España!”, y padre de Chicho y Rafael Sánchez Ferlosio, escribió la novela póstuma Rosa Krüger, de la que Mainer recuerda que es un libro que “nos fascinó a todos”, pero no cabe duda de que “es un libro absolutamente fascista”.

De Ernesto Jiménez Caballero no tiene más que una muy mala opinión. Dice de él que siempre tendió al desvarío y que fue el inventor del fascismo español. Tampoco acepta el historiador de la literatura a aquellos escritores que han tratado de borrar sus propias huellas, dice. “No acepto que Gonzalo Torrente Ballester tratara de hacer ver que Javier Mariño no es una novela fascista. ¡Si no hay una novela fascista en la historia de la literatura española más que La fiel infantería y Javier Mariño!”.
 

Mainer afirma que los perdedores de la guerra ganaron la batalla de la cultura. “La cultura que se presenta como franquista careció de respetabilidad. Tuvieron estos escritores un estigma posterior al franquismo propio de quienes cometieron errores vitales y, a pesar de lo cual, tuvieron a mediados de los setenta un cierto renacer. Cela no es un escritor falangista, pero es un escritor del régimen, no nos engañemos”.

¿Sobre qué escribiría hoy un autor de 25 años que quisiera revisar la escena literaria? El hsitoriador piensa, asegura que él ya no tiene edad pero esboza una sugerente idea: “Una mirada sobre los años setenta y ochenta de la Transición. A lo mejor escribiría sobre ello, porque es la distancia cronológica que a mí me separaba cuando escribí el libro del falangismo”.


Publicado en:

 http://www.elconfidencial.com/cultura/2013-10-09/vuelven-los-falangistas_39292/

Ganaron la guerra, perdieron la historia de literatura

Falange y literatura  

por  Juan Bonilla


Rafael Sánchez Mazas lee 'Rosa Kruger' a los refugiados de la Embajada chilena, en 1936.


Finales de los 20, comienzos de los 30. En España nace una nueva fuerza política: la juventud. Se claman cosas como: un joven puede ser comunista o fascista, lo que no puede es servir a la clase media. Se escriben frases del tipo: la juventud española ha de saludar a la República, sin duda, para enseguida ponerse a la tarea de conquistarla, para hacerla viril, joven, violenta. En unos años, unos se pegarán con los otros, pero de momento, ahí están, en La Gaceta Literaria de Giménez Caballero, el comunista César Arconada y el fascista Ledesma Ramos. Giménez Caballero es el vanguardista 24 horas al día que va a Roma y se cae del caballo veloz de las vanguardias y se enamora de las camisas negras de Mussolini y de la nueva arquitectura fascista (Terragni había conseguido una obra maestra con la Casa del Fascio). De repente, su producción enérgica de los 20, llena de disparate y velocidad, con títulos como  Hércules jugando a los dados y Yo, inspector de alcantarillas, se vuelve dramáticamente pomposa. Primero le dedica un libro a Azaña, proponiéndole que sea nuestro duce. No hay quien se lo crea. Luego estruja sus convicciones en Genio de España. También escribe una estética fascista titulada Arte y Estado y busca correspondencias españolas con la Italia que tando admira: ellos tienen a Croce, nosotros a Unamuno, ellos a Marinetti, nosotros a Gómez de la Serna; ellos a Papini, nosotros a Baroja... y así. En las calles ya no son tan amigos. Alberti entraba en La Gaceta Literaria y, para cachondearse de Giménez Caballero, le saludaba a la romana. Santa Marina iba a rendir homenaje al rojo Alejandro Casona por el éxito de su Nuestra Natacha. Pablo Neruda firmaba en el banquete que se le ofrecía a Foxá por la publicación de El toro, la muerte y el agua. Poco después, se acabaron las gracietas y los compadreos.

Todo aquel ambiente previo a la Guerra Civil está muy bien definido en Las armas y las letras, el imprescindible libro de Andrés Trapiello, que crece en cada nueva edición y cuyo tema es precisamente qué hicieron todos los actores de nuestra vida cultural durante la guerra civil, lo que lleva inevitablemente al autor a dedicar unas cuantas líneas a contar qué hacían antes del estallido de la guerra y en qué posición quedaron cuando la guerra acabó. Por supuesto en ese libro abundan los falangistas. Para José Antonio, como se sabe, la literatura era un hobby: escribió sonetos y una novela adolescente que lo acompañó a la cárcel y acabó en manos de Indalecio Prieto. Le gustaba rodearse de escritores, regentó una tertulia en La Ballena Alegre.
 Quiere la leyenda que Falange se quisiera un movimiento poético, muy al modo futurista de Marinetti, que llegó a fundar el Partido Futurista, que luego acabó zambullido en el partido fascista de Mussolini. Poetas había, sin duda, pero no tenían nada de vanguardistas. El más vanguardista de los brotes del fascismo en España fue Giménez Caballero, que le tenía una antipatía natural a José Antonio y no tragaba apenas al lugarteniente de éste, Rafael Sánchez Mazas. Tanto Mazas como Foxá eran más escritores de la nostalgia burguesa y, aunque el primero escribió un libro incendiario titulado España-Vaticano en el que venía a decir que la mejor manera de no dejar que el Vaticano le dictase nada a España era conseguir que España se lo dictase todo al Vaticano, no parece que, literariamente, en lo que escribían, calase mucho las convicciones vanguardistas de la primera hora de Falange. Esas convicciones sí que resplandecen aún en la última  novela vanguardista de aquella hora: Hermes en la vía pública, del excelente Antonio de Obregón, autor además de otra exquisitez titulada Efectos navales y de un buenísimo libro ultraísta titulado El campo. La ciudad. El cielo.

Una cosa diferencia, literariamente, a falangismo y comunismo: el comunismo podía inyectarse en los poemas, hacer de ellos una vía (libros de Alberti, de Plá Beltrán); el falangismo, raramente (sólo tenemos los patéticos Poemas de la Falange eterna de Federico de Urrutia, otros libros de autores falangistas no son libros falangistas, así los de Dionisio Ridruejo o Vivanco o de Luis Rosales, quizá sólo cabría que mencionar Altura, de José María Castroviejo). ¿Hubo pues una literatura falangista? Sin duda, la hubo, una de sus muestras más altas es Javier Mariño de Torrente Ballester, que fue repudiada por la Iglesia y las autoridades franquistas, cuando el falangismo fue desviado de intenciones revolucionarias para convertirse en mero espejismo utilizado por el franquismo. En Javier Mariño, Torrente se las arregla para retratar el nacimiento de una fe. Otras obras narrativas, de mucha menor importancia y potencia, pueden ser la novela  lírica de García Serrano Eugenio o la proclamación de la primavera (título que homenajea por cierto al de un comunista como Sénder, que escribió años antes Proclamación de la sonrisa), Leoncio Pancorbo de José María Alfaro y Camisa azul del ex vanguardista Ximénez Sandoval.

Otros camisas azules supieron refugiarse en otras vías, nostalgias como Sánchez Mazas o Foxá, o fantasías como Cunqueiro y Angel María Pascual. Giménez Caballero, ambicioso como él solo, disparató todavía más que en sus años de vanguardia: lo acabaron mandando de embajador a Paraguay. Pero si hay un libro donde mejor se expresa todo ese "pensamiento fascista" que caló tanto en un sector de la juventud intelectual de los años 30, ese libro es, como bien apunta José Carlos Mainer, Vida de Sócrates de Antonio Tovar.

El libro de Mainer, Falange y Literatura, se publicó en 1971. Abrió caminos y deparó dos grandes estudios: La corte literaria de José Antonio de Mónica y Pablo Carbajosa y Vanguardistas de camisa azul de Mitchit Albert. Ahora RBA lo reedita, o mejor dicho, edita una reelaboración de aquel ensayo seguido de una antología de textos literarios falangistas. Curiosamente en la edición original, el estudio era un andamio, resultaba más importante la antología que le seguía: ahora sucede al contrario, el estudio es magistral, está lleno de detalle y economía, la antología es casi un apéndice, una ilustración parasitaria del gran ensayo que las precede.
Constelación de Giménez Caballero.


Estudia Mainer las raíces orteguianas de la ideología falangista, el modo en que esa ideología juvenil y revolucionaria acabó desactivándose cuando los jóvenes -alguno no era tan joven al comenzar toda esta danza- dejaron de serlo y se ganó la guerra. Se detiene en una figura tan compleja e interesante como la de Dionisio Ridruejo, decepcionado enseguida de volver de Rusia, capaz de escribirle una carta a Franco diciéndole cómo se estaban traicionando los principios revolucionarios. Está, en fin, lleno de pistas y sabiduría, además de estar escrito con excelente prosa: un ejemplo de maestría crítica. Mainer publicó su Falange y Literatura con 25 años.

Ahora, 42 años después, aquel mítico tomo de cubierta azul mahón que salía en una España en la que los intelectuales miraban con mucha suspicacia cualquier intento de regalarle atención a los escritores falangistas, se ha convertido en un tocho que importa no sólo porque  importa, sino también porque generó algunos rescates inapelables, como el de Sánchez Mazas, autor de una de las mejores novelas de su época, Rosa Krüger. El editor de esa novela fue Andrés Trapiello que, memorablemente, sentenció acerca de algunos de los protagonistas del libro de Mainer, que "ganaron la guerra pero perdieron la Historia de la Literatura".

Publicada en :

 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/bibliotecaenllamas/2013/10/31/falange-y-literatura.html

Falange y literatura

José Carlos Mainer
RBA. Barcelona, 2013. 528 páginas, 23 euros
RAFAEL NUÑEZ FLORENCIO | 15/11/2013 |

Dionisio Ridruejo y Pedro laín Entralgo

José Carlos Mainer
La primera edición de Falange y Literatura apareció en 1971, en la extinta editorial Labor y en una colección literaria que dirigía Francisco Rico. Aun tratándose básicamente de una antología, con un esclarecedor estudio preliminar, tuvo un gran impacto en su momento y durante muchos años constituyó una referencia insoslayable no sólo para los estudiosos de la literatura española entre los años veinte y el decenio de los sesenta, grosso modo, sino para todos los que se interesaban por la cultura, la ideología y hasta por la política del primer franquismo. Su autor era entonces un joven y poco conocido profesor de Literatura que, con el tiempo, se iba a convertir en una autoridad en la historia literaria de España de los dos últimos siglos, José-Carlos Mainer (Zaragoza, 1944).

Responsable, en efecto, de una de las más sólidas y extensas producciones bibliográficas sobre las letras hispanas recientes, Mainer ha sabido combinar en sus trabajos una erudición impresionante con una gran capacidad divulgadora, del mismo modo que sus análisis literarios, lejos de limitarse a los aspectos técnicos o formales de las obras, siempre han dibujado con precisión el contexto social y político en el que se mueven sus autores.

De todo ello es buena muestra este libro, una engañosa segunda edición que no puede ser más oportuna. Decimos engañosa porque este volumen, tanto en su amplia (casi 200 páginas) y espléndida introducción como en su contenido, es más un ejemplar de nuevo cuño que una mera adaptación del que vio la luz hace más de cuarenta años. El mismo autor reconoce en una nota preliminar que la nueva redacción es mucho más extensa y que “no ha dejado línea sin ampliación ni dogmatismo sin atenuante”. El esquema, eso sí, sigue siendo el mismo: un cuidadoso análisis previo y una certera selección de textos. La alusión que hemos hecho a su oportunidad no necesita glosa alguna, pues se comprenderá que el tomo primigenio era prácticamente inencontrable, más allá de algunas bibliotecas y librerías de viejo.

Pero es que además, como bien puede barruntarse, la bibliografía sobre el tema en estas últimas cuatro décadas ha sido copiosa (Carbajosa, Mechthild, Jordi Gracia, Martínez Cachero, Trapiello…) Mainer no sólo recoge en su documentado estudio preliminar esas aportaciones sino que hace una relación bibliográfica actualizada y comentada. Los ocho epígrafes que vertebran la antología propiamente dicha (desde 'los precursores' al 'humor y la fantasía', pasando por las 'memorias generacionales', la 'guerra y los héroes'” o los 'caminos para el arte') tienen a su vez, cada uno de ellos, unas breves páginas de presentación.

En consonancia con lo que antes se decía sobre el enfoque pluridisciplinar de Mainer, conviene también dejar claro que en estas densas páginas va a encontrar el lector mucho más de lo que dice el título. Aquí no solo aparecen la Falange y los falangistas sino otros muchos autores (conservadores, católicos, integristas, simples franquistas) que buscaron su lugar bajo el sol de un régimen autoritario y dogmático pero hasta cierto punto ecléctico. Por haber, hubo hasta quienes (Laín Entralgo) aspiraron a presentarse como herederos o continuadores de una tradición anterior (en particular el 98 y Ortega). Y tampoco se habla solo de literatura en sentido estricto, sino de empresas literarias y culturales, de diarios y revistas, de ensayo, filosofía y política. Dar cuenta de ese abigarrado panorama es imposible en esta breve nota. De la elitista Escuela Romana del Pirineo a la popular La Ametralladora, cupo casi de todo, como el belicismo exaltado de García Serrano o Ximénez de Sandoval, la alta cultura de Escorial, la brocha gorda de Tomás Borrás, las excentricidades de Giménez Caballero, el terror rojo según Foxá, la ambigüedad de Eugenio d'Ors o el refinamiento de Antonio Tovar, Luis Rosales o Luis Felipe Vivanco. 

Rafael Sánchez Mazas lee 'Rosa Kruger' a los refugiados de la Embajada chilena, en 1936.

  Se dieron también, naturalmente, trayectorias disímiles, desde los que tuvieron que acomodar su 'idealismo' fascista de primera hora a las exigencias del régimen hasta los que se pasaron a la oposición democrática o protagonizaron una aparatosa disidencia (Dionisio Ridruejo). De todo ello y de mucho más da cuenta Mainer en este volumen muy recomendable.

lunes, 27 de enero de 2014

Y Franco se quedó con la Falange

 
HISTORIA Ensayo

Joan Maria Thomàs publica 'El gran golpe', un libro en el que desentraña los mitos del 'caso Hedilla' y explica cómo el dictador se convirtió en jefe del partido único

Manuel Hedilla (sentado) y su secretario privado, José Antonio...
Manuel Hedilla (sentado) y su secretario privado, José Antonio Serrallach Julia. FAMILIA SERRALLACH


"Franco empezó la Guerra Civil como general de división y acabó como capitán general, generalísimo, jefe del Estado, presidente del gobierno y jefe del partido único, cinco puntos más que la Santísima Trinidad", dijo en una ocasión el militar e historiador Gabriel Cardona. En esa (¿resistible?) ascensión hubo un momento especialmente importante, cuando -abril de 1937- se autodesignó precisamente jefe del partido único, FET de las JONS, que creó tras someter y unificar a falangistas y carlistas. Fue "el gran golpe", según lo llama el historiador Joan Maria Thomàs, que acaba de publicar el libro El gran golpe. El 'caso Hedilla' o cómo Franco se quedó con Falange (Debate), donde el verbo quedarse tiene una divertida ambivalencia.

Franco se quedó con la Falange (y con los carlistas, que aportaron la T de Tradicionalista al nuevo partido) y la Falange se quedó sin su jefe nacional, Manuel Hedilla, sustituto de un José Antonio fusilado el anterior 20-N, pero que para sus seguidores era como el gato de Schrödinger, no estaba claro si estaba vivo o muerto, de ahí lo de "El Ausente". En el caso Hedilla coincidieron la pugna por eludir aquella unificación por arriba, en la que ya se veía que Franco se iba a quedar con todo, y la de los falangistas, divididos entre sí, que llegaron a enfrentarse a tiros y bombazos, muriendo dos de ellos.

Hedilla acabó en la cárcel y condenado a muerte (cumpliría unos años de prisión y otros de destierro), y quedaría, años más tarde, como líder y referente de una supuesta Falange Auténtica, disidente del franquismo y más obrera. La paradoja, y ésa es una tesis central del libro de Thomàs, es que "Hedilla trabajó bastante para conseguir una unificación favorable a la Falange, como así fue, y años después aparece como líder de una Falange que rechaza esa unificación", dice el autor.

Entre unos y otros

"Hedilla, que tuvo conversaciones con el entorno de Franco, y seguramente con el propio Franco, mostró buena disposición ante la unificación, fue bastante político; y esa cercanía con Franco le ganó la animadversión del otro grupo de falangistas, los cercanos familiar o profesionalmente a José Antonio, aunque éstos muy pronto pactaron y aceptaron cargos en el nuevo partido FET de las JONS", dice Thomàs, apuntando a lo que señalaba un viejo chiste, que Pilar Primo de Rivera, mujer ahorradora, se había hecho un sostén con la camisa de su hermano.

Porque los que no querían la unificación acabaron dentro y beneficiándose, y el que la quería y trabajó por ella (Hedilla), se quedó fuera y represaliado. "El gran error de Hedilla fue aceptar las presiones de ese grupo, los que más tarde se llamarían a sí mismos legitimistas. Podría haber trabajado a favor de la Falange dentro del nuevo partido", añade Thomàs. Pero en los enfrentamientos entre Hedilla y los suyos y el grupo de Pilar Primo de Rivera, Sancho Dávila, Agustín Aznar, Rafael Garcerán, había también algo de componente de clase.

Los segundos eran más señoritos (aunque José Antonio hubiera dicho, o eso se le atribuye, que el señorito es la degeneración del señor) y Hedilla era otra cosa. "No era propiamente obrero", explica Joan Maria Thomàs, "pero tampoco un intelectual, era simplemente un jefe provincial (sin provincia, porque Santander estaba todavía en poder de la República), austero, honesto, con buenas relaciones con los militares, y cuyo discurso obrerista es el de la Falange, que se tiene a sí misma por revolucionaria y no conservadora".

En cuanto a Franco, dice Thomàs, "quiso crearse una masa adicta, para lo cual necesitaba al partido único; al final de su régimen, los más fieles a él son los falangistas". "Franco llegó para quedarse, no quiso ser un Miguel Primo de Rivera, y una de las patas de su poder fue el partido único", aquella Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, que creó por decretazo en abril del 37 mientras algunos falangistas se liaban a tiros entre ellos.

Publicado en El Mundo.
http://www.elmundo.es/cultura/2014/01/26/52e54173e2704eec598b4581.html

jueves, 23 de enero de 2014

8 DE FEBRERO, TODOS CONTRA LA CORRUPCION.

Rafael García Serrano censurado y olvidado por los suyos.

20 de enero de 2014 
OLVIDADO… POR LOS SUYOS

Un navarro maldito para todos, inolvidable para muchos 
Por Pascual Tamburri.



Rafael García Serrano, censurado después de muerto por unos y por otros, es la mejor prueba de la injusticia radical de la "memoria histórica" creada por Zapatero y mantenida luego.

Rafael García Serrano, censurado después de muerto por unos y por otros, es la mejor prueba de la injusticia radical de la "memoria histórica" creada por Zapatero y mantenida luego.


Rafael García Serrano murió en octubre de 1988 y se cumplieron 25 años de su muerte sin que ni siquiera en su Navarra querida se le recordase conforme a sus méritos. De hecho, en Navarra hubo un estruendoso silencio en los medios culturales oficiales y oficiosos. Porque es uno de los autores malditos pero inevitables de la prosa española del siglo XX. Vanguardista en géneros, temas y rumbos y castigado por sus ideas, muchos le deben mucho. El rencor de unos, la cobardía de otros y la ignorancia de casi todos se unen para que escritores con méritos mucho menores le sigan aún hoy siendo preferidos en los medios públicos y semipúblicos.

García Serrano (padre) participó en aquella vanguardia universitaria que puso cara a la falange de los primeros pasos. Simplemente eso, considerando qué pocos fueron, qué duros fueron los tiempos y que era nacido en la siempre difícil Pamplona, sería bastante para recordarlo. Pero además convirtió la vanguardia de ideas en vanguardia literaria, y toda una generación quedó marcada por su Eugenio. Es verdad que ´Eugenio, o la proclamación de la Primavera´, ya no aparece mencionado ni en los manuales de literatura española, pero no es menos cierto que esa censura responde a razones políticas y no a que nadie se atreva a negar la calidad y originalidad de la obra o de su autor. Es sólo una injusticia más del tiempo que vivimos, una que no sucedería si Rafael García Serrano se hubiese hecho comunista en 1935, o si hubiese descubierto sus anhelos democráticos en 1975.

Durante el franquismo Rafael García Serrano trabajó, y no especialmente bien pagado, como periodista y como escritor. Siempre innovador, siempre atrevido, siempre leal a sí mismo, vio cómo muchos hicieron fortuna a su alrededor y vio cómo muchos de los mismos medraron aún más cambiando de opinión política justo a tiempo. Él no lo hizo.

Si Eugenio marcó una época, La Fiel Infantería y todo el ciclo literario de García Serrano sobre la Guerra de 1936 marcaron otra. Estamos acostumbrados a pensar en aquellos tres terribles años como si sólo pudiesen entenderse como una película de buenos y de malos a la luz de la Ley de la Memoria Sectaria de José Luis Rodríguez Zapatero, pero cualquiera que lea a García Serrano verá aún hoy que no es así. Buenos o malos, los españoles resolvieron en el campo de batalla sus problemas, y es indignante ver cómo se priva a los españoles del siglo XXI de la posibilidad de comprender qué hicieron sus bisabuelos. Conozco a unos cuantos biznietos navarros de los compañeros de aventuras del alférez García Serrano en aquellos Tercios y Banderas que no saben qué hicieron sus ancestros, y que se avergonzarían si lo supiesen… puesto que han crecido y sido educados en una región y en un país donde los libros de Rafael García Serrano son tabú. No deben serlo. Y esto lo digo y lo firmo desde "su" Olite, donde no han querido dedicarle ni calle ni plaza, ni avenida ni fuente (probablemente no es sólo que no lo quieran, sino que no lean).



Publicado en:  http://www.elsemanaldigital.com/blog.asp?idarticulo=133304&cod_aut=

lunes, 20 de enero de 2014

EL FIN DE LA LITERATURA por Javier Reverte

Por su indudable interés y actualidad reproducimos la Tercera de ABC de Javier Reverte publicada el 19 de Enero de 2014.

"Ladrones internautas, políticos pusilánimes – cuando no cómplices del latrocinio–, compañías de telefonía que facilitan las herramientas del robo, editores sin fe, lectores sin sentido crítico, escritores desalentados... ¿el fin de la literatura? Corresponde al buen lector entrar ya mismo en la defensa de algo que es tan suyo como de quienes escribimos." Javier Reverte.

HACE unas semanas, el escritor Javier Marías se quejaba y arremetía contra la piratería de libros electrónicos, contra las grandes compañías de telefonía que facilitan el uso de la banda ancha y contra el beneplácito, que llamaba «vengativo», del actual Gobierno. Y echaba c uentas , c on su propio ejemplo, del dinero que podemos perder los escritores, o mejor: del que nos roban.

JAVIER MUÑOZ
Tenía razón en sus argumentos. Pero yo creo que se quedaba corto. El problema de fondo reside, no tanto en que se delinca impunemente contra la propiedad intelectual y que vivir de la literatura se vaya a convertir –o se haya convertido ya– en un oficio i mposible. El problema es que se está matando la cultura. Y yo no alcanzo a estar seguro de si todos los factores que confluyen en esa penosa realidad son fruto de la casualidad o forman parte de una conjura perfectamente orquestada. Porque muy a menudo el poder político y el económico han considerado a la cultura en general y al escritor en particular como un adversario, sobre todo cuando no se somete a las leyes del pesebrismo.

La primera amenaza reside en el miedo de l os gobernantes a l os internautas. Las redes sociales han tumbado gobiernos o, al menos, los han puesto en crisis. Y son muchos los políticos que hacen lo posible por no irritarles. Recordemos la victoria de Zapatero tras el 11- M, cuando todo i ndicaba que el triunfo del PP podía resultar arrollador. El PP perdió por una mentira, pero la mentira fue muy bien manejada por sus oponentes en las redes sociales. ¿Y qué sucedió? Cuando Zapatero hubo de enfrentarse al latrocinio que supone la piratería, no se atrevió a plantar cara a sus supuestos aliados. Vencieron los ladrones porque Zapatero les temía.

Y el ministro Wert tampoco se ha atrevido a plantarles cara. Si una vez nos vencieron, ¿por qué no pueden hacerlo una segunda?, bien puede preguntarse. O quizás su argumento tenga un fondo de mayor sutileza: ¿qué debo yo a los escritores, a los artistas y a los creadores?, puede preguntarse. Me zahieren, me critican, me consideran un enemigo del pensamiento, intentan ridiculizarme... Pues que les zurzan.
La segunda amenaza, ya una realidad, l a provocaron una serie de escritores que se calificaban a sí mismos como « progresistas » y que inventaron esa estúpida idea de que la cultura es « l i bre » , o sea: gratuita. Eran escritores ricos, gracias a sus méritos, desde luego. Pero que olvidaron algo esencial: que no todo el mundo se hace rico escribiendo. Vistieron galas de encendidos rebeldes, convencieron a los ladrones de que robar cultura es de justicia y, cuando se arrepintieron, ya era tarde. No diremos sus nombres por pudor y porque alguno de ellos ya está en la huesa.


Luego toca el turno a las grandes editoriales. Ante la crisis de ventas, entienden que sus beneficios no deben descender, porque después de todo l o suyo es un negocio. ¿Y cómo lograrlo? Destinando el grueso de su esfuerzo y de su i nversión a valores seguros – aunque también hayan descendido sus ventas por causa de la piratería–, a esos escritores que conocemos como «best-sellers», de los que Marías cita en su artículo a Dan Brown, Ken Follet y Paulo Coelho. Ello se traduce en dos cuestiones: la primera, que esas editoriales no arriesgan por nuevos valores; la segunda, que bajan los adelantos de los autores, llamémoslos así, de franja media. La figura del sabio editor, cómplice principal del escritor, ha pasado a la historia..., como pasó la del pequeño y culto librero, otro gran cómplice del autor. El escritor está hoy más solo que nunca y tan cerca de la ruina como quizás jamás lo estuvo.

Y aquí surge una nueva amenaza, que no es otra que la aceptación por parte del lector de dos hechos: que robar es plausible y que la literatura es sencillamente un pasatiempo, una forma de entretenerse. Hace unos meses, el escritor Eduardo Lago decía en un artículo que la literatura es una cosa y el « best- sel l er » es otra muy distinta, aunque nos lleguen ambas con el mismo formato. Tenía razón. Creo que todo el mundo está en su derecho de escribir lo que le dé la gana y de leer lo que le apetezca. Pero, ojo, el papel de la literatura, como el del arte en general, trasciende el entretenimiento y su objetivo principal no es el placer de hacerse rico, como lo es para el autor de «best-sellers » . Desde siempre, la literatura ha sido una forma de tratar de explicarse el mundo, un medio de reflexión sobre la vida y una manera de educar. Nunca podremos meter en el mismo saco a Dan Brown y Albert Camus, a Paulo Coelho y a Graham Greene, a Ken Follet y a Gabriel García Márquez.

Es posible que, en un día no muy lejano, los que escribimos por placer, con distintos objetivos a los del «best-seller» –con mayor o menor talento; pero desde luego con otra voluntad–, no podamos hacerlo o decidamos que no queremos ya publicar: porque algunos lo haremos. Y tal vez suponga el fin de muchas cosas: de la fe del hombre en el hombre, del afán por ordenar el caos, del empeño por hacer inteligible la existencia, de la lucha por dotar de un sentido moral a la vida, del placer de crear... A principios del siglo XX, Theodor Mommsen, el autor de la monumental «Historia de Roma» y premio Nobel del año 1902, escribía: « Cuando el hombre ya no encuentre placer en el trabajo y trate sólo de alcanzar sus placeres cuanto antes, entonces sólo será casualidad que no se convierta en un delincuente».

Ladrones internautas, políticos pusilánimes – cuando no cómplices del l at r oci ni o–, compañías de telefonía que facilitan las herramientas del robo, editores sin fe, lectores sin sentido crítico, escritores desalentados... ¿el fin de la literatura?Corresponde al buen lector entrar ya mismo en la defensa de algo que es tan suyo como de quienes escribimos. 

 JAVIER REVERTE ES PERIODISTA Y ESCRITOR

sábado, 18 de enero de 2014

CONVOCADO EL PREMIO DE POESÍA LUYS SANTAMARINA 2014

LA AC. PUEBLO Y ARTE DE CIEZA CON LA COLABORACIÓN
DE LA ASOCIACION CULTURAL ADEMÁN, DE SEVILLA,  CONVOCA SU XIX PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA
“LYUS SANTAMARINA”

con arreglo a las siguientes BASES

1- Podrán participar todos los poetas que lo deseen, de cualquier nacionalidad, con un sólo trabajo inédito, en español y que no haya sido premiado en ningún otro certamen literario

2.- Las obras serán presentadas mecanografiadas, a doble espacio, o por ordenador, a una sola cara en tamaño A4, por cuadruplicado y grapados,. Se ajustarán a una extensión mínima de 600 versos y máxima de 1000.

3.- Los poemarios tendrán que enviarse por correo postal antes del Día 1 de abril de 2014 haciendo constar en el exterior la indicación del premio a la siguiente dirección: No se admitirán los envíos por ordenador.

XIX PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA
LUYS SANTAMARINA 2014
A:C: Pueblo y Arte.
Tlf. 868 96 00 37  -  663 36 56 54
Apdo. De Correos 217 -30530-Cieza (MU) España

4.- El Premio Internacional de Poesía está dotado con 750 Euros y la publicación en primera Edición bajo derechos de la A.C. Pueblo y Arte, que convoca  este certamen.

5.- Los trabajos se presentarán al concurso, en su modalidad de PLICA. Remitiendo en un sobre los poemarios, e introduciendo otro sobre, menor, con la ficha personal del autor,. No de cuenta, tel. de contacto y dirección postal o electrónica.

6.- El fallo del Jurado, que será inapelable, se hará publico en un acto  organizado y anunciado oportunamente por la Asociación, alrededor del Día del Libro, abril de 2014, pudiéndose conceder a juicio del Jurado, un máximo de dos Accésit (Diplomas acreditativo), sin dotación ni publicación de los mismos.

7.- Los autores premiados serán informados inmediatamente, así como la fecha de presentación de la obra ganadora en lugar y fecha indicada a tiempo. El hecho de participar en esta Convocatoria, implica la aceptación de las presentes Bases.


                                   CIEZA, 21 DE NOVIEMBRE DE 2013



('La urdidumbre del tiempo' del poeta José María Antón, obra ganadora en 2013)

Hablando en inglés (Miguel Ángel Loma en ABC el 17/1/2014)


(El autor del artículo, Miguel Ángel Loma)

En la entrevista de Juan Pedro Quiñonero al ensayista, editor y analista francés, Guy Sorman, éste -como muestra de lo absurdo de las «pretensiones catalanas»- (aunque se refería a la parte de los catalanes que son separatistas) nos relataba la anécdota de que estando en Barcelona, en la inauguración de la presentación de la obra de un disidente chino, coincidió con «los alcaldes de Barcelona y Madrid... ¡que se hablaban en inglés! El catalán no quería hablar español, y el madrileño no quería hablar catalán. ¡Algo absurdo!». La anécdota admite más de una interpretación, y el hecho de que ambos alcaldes se comunicasen en inglés, no es simplemente absurdo, sino algo mucho más grave. Pero salvo que Sorman confundiese como alcalde de Madrid al ex presidente de Gobierno José María Aznar (que decía hablar catalán en la intimidad), no le resultará fácil encontrar a un alcalde madrileño que sepa hablar esta lengua de España, como para comunicarse fluidamente con un catalanoparlante. Aunque enseguida conviene aclarar que un alcalde de Madrid tampoco tiene obligación de conocer el catalán. Y otra interpretación que admite tal anécdota es que a veces otorgamos demasiada importancia a la opinión que tienen sobre nosotros personas muy inteligentes, pero que desconocen realidades sociales muy básicas de nuestra Patria


viernes, 10 de enero de 2014

ACTO DE LA ASOCIACION FERNANDO III EN SEVILLA SOBRE SIRIA

Mercedes Formica, dama oscura




EM2 | CULTURA
Desavenencias
Título de la foto
Mercedes Formica, a la derecha, en un homenaje que se le tributó en la Residencia de Estudiantes.
EFE
A mediados de los pasados 80, el tangerino Emilio Sanz de Soto (amigo de Paul y Jane Bowles, de Ángel Vázquez y de todo aquel mundo internacional) me dijo que le habían presentado a una mujer, ya mayor, pero magnífica: Mercedes Formica (1916-2002).

Yo nada había leído de ella, pero el nombre me sonaba. ¡Pero claro, replicó Emilio, es la que dicen que fue novia de José Antonio Primo de Rivera! El dato, por entonces, no me entusiasmó. Pero no mucho después, Emilio me presentó a Mercedes Formica, una guapa y elegante señora andaluza, que probablemente siempre vivió bien, pero que tuvo inquietudes feministas y literarias. Mercedes ("señora bien" y de derechas) fue, de algún modo, una perdedora.

Conmigo era muy gentil, me regaló algunos de sus libros de Historia como María de Mendoza (1979) sobre la amante principal del bello D. Juan de Austria. E hizo más, organizó una firma de mis libros en el rastrillo de Nuevo Futuro, donde la hermana del Rey, muy solícita y en delantal, me sirvió una naranjada. Yo conocía ese mundo, pero no me gustaba. Mercedes (una liberal demócrata pero de derechas) parecía condenada a él.

En efecto, de joven, se afilió a Falange Española, y José Antonio le otorgó responsabilidades. Era "el fascismo de izquierdas" que hablaba de "justicia social" y no de "caridad". Mercedes (chica bien, con inquietudes feministas) se entregó a la causa, hasta que la sintió traicionada por Franco, en lo que llamaba "el albondigón" es decir el decreto de unificación de FET y de las JONS, o sea, falangistas con tradicionalistas, para Formica algo infumable.
Creía que Franco pudo salvar la vida de José Antonio pero no quiso, y todo ello se deja sentir en los dos libros de memorias que publicó Visto y vivido y Escucho el silencio que ahora publica unidos Renacimiento, como Memorias. 1931-1947.


Novelista, feminista, universitaria, mujer libre y que quiso la libertad de todas, el drama íntimo de Mercedes -nunca olvidaré lo bien que manejaba un gran abanico- es que teniendo muchos "enchufes" con el poder, no era franquista y es más, consideraba al inquilino de El Pardo como traidor a los ideales joseantonianos.

Era una dama a la que los suyos miraban como "especial". Pero claro (y el drama nace de la fricción de opuestos) los de enfrente, la izquierda en su más amplio sentido, sentía que Formica -si no novia, era muy guapa, amiga de José Antonio- se había equivocado de bando, si tenía -y era verdad- inquietudes sociales.

Es una escritora notable (historiadora o novelista) que se quedó, como tantos, sin su España. Ella pertenece también a esa soñada y querida "tercera España" -la de Juan Ramón o Cernuda- que no terminamos de ver llegar. Sí, Mercedes Formica no era para nada (bastaba su libertad al oírle hablar para comprobarlo) una señora del Régimen. Pero -hay que decirlo- tampoco abandonó el paraguas de la derecha para cruzar la calle, por lo menos a la mitad.

Era simpática, abierta, culta, libre, criticaba a la Iglesia y a Franco, pero se quedó sin cruzar. Merece el rescate. Decía: "el sueño no pudo ser." Era verdad.

sábado, 4 de enero de 2014

Regalar libros

Antonio Rivero Taravillo
Publicado en El Mundo 3/1/14

Es cierto que no todos los libros mejoran a quienes los leen. Ahí están los escritos de los tiranos, que son más bien una justificación de sus atrocidades y porque se ponen a sí mismos en ridículo dudo que haya que prohibirlos. El Estado de Baviera sigue negándose a que se reedite Mi lucha, de Hitler, cuando una lectura desprejuiciada no puede sino alejar al lector de aquellos postulados fanáticos. También están los libros de las sectas y las religiones nocivas (habrá quien diga que lo son todas pero sin embargo se acoja a algún autor ateo no menos perjudicial). Recuerdo ahora que un autor de obras de ciencia ficción devino profeta de una pamplina que tiene gran predicamento entre los actores desnortados. De la bondad de la tal «religión» salí de dudas cuando una tarde que diluviaba un seguidor suyo apostado en un portal me quiso vender su biblia y para cobijarme entré en su tabuco; como no accediera, el apóstol aquel me sonrió de una manera que no era en absoluto beatífica, sino la expresión de que se alegraba de que, al abandonar su cuchitril propagandístico, volviera yo al aguacero y me pusiera como una sopa.
Pero una cosa hay que conceder a los volúmenes vendidos en librerías: que, por malos que sean, si se venden mucho pueden contribuir a que el establecimiento siga abierto y que, con el beneficio que generan unos cuantos títulos puedan seguir ocupando su lugar en el estante aquellos más minoritarios y de calidad superior sin los cuales la oferta cultural se empobrecería.
En Sevilla sigue habiendo, además de las grandes superficies, muy buenas librerías. Pienso en Palas, en Céfiro, en Birlibirloque, en la Extra Vagante, en Reguera, y me pongo elegíaco con Al-Andalus, que va a cerrar. Aquí, donde se lee menos que en otros lugares, el libro como regalo supone un importante repunte en la facturación, cada vez más anémica. Por eso es bueno regalar libros, para que las ventas de estos días permitan que las librerías se mantengan abiertas todo el año. En esto el libro digital aún no ha podido hacer sombra al de papel. Entregar un volumen envuelto para regalo es algo irreemplazable. Y un acto de amor, porque obliga a ponerse en el lugar del otro, a pensar en sus intereses.
Frente a la pantalla que todo lo iguala y para la que, además, solo están disponibles los grandes éxitos de la narrativa pero rara vez los ensayos y la poesía, opongamos las ediciones cuidadas, la variedad, la riqueza. Una riqueza que, paradójicamente, cuesta muy poco dinero.