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lunes, 10 de febrero de 2014

Vuelven los falangistas

José Carlos Mainer reescribe "Falange y literatura"

 Por Peio H. Riaño

El servicio de propaganda de Stalin tuvo a sus ingenieros del alma como Máximo Gorki para que contaran la canalización del país; España también tuvo cantarines del dogma que crearon una imagen del pasado a su medida, entre 1920 y 1956. La lista de autores que destacaron la frustración de las ambiciones colonialistas nacionales y el desarrollo del antisemitismo es larga y áspera. Ahí están Álvaro Cunqueiro, Agustín de Foxá, Ernesto Giménez Caballero, Eugenio d’Ors, Dionisio Ridruejo, Gonzalo Torrente Ballester, Rafael Sánchez Mazas o Víctor de la Serna, de un total de 25 escritores que dedicaron su creación al fascismo de entretenimiento: “Frente al homo oeconomicus del marxismo, nosotros afirmamos que el hombre vive de todo menos de pan… A las masas, como a las mujeres, hay que ofrecerles fiestas, guerras, pasiones, botines, torbellinos, indecibles embriagueces”, escribió Giménez Caballero en Los secretos de la Falange.

Son los elegidos por José-Carlos Mainer, catedrático emérito de la Universidad de Zaragoza e historiador de la literatura, que en 1971, con valentía, publicó Falange y literatura y ahora, más de 40 años después, reescribe por encargo de la editorial RBA. La nueva redacción ha hecho de la idea original un nuevo libro, mucho más extenso, “más maduro y matizado”, porque no ha dejado ni una línea sin ampliar.
Cuatro décadas más tarde Mainer se reconoce como otra persona, aunque siga pensando lo mismo y señalando a los mismos. Reconoce que era difícil que el libro perdiera su “impertinencia autosuficiente”, pero ha tratado de corregir “la mezcla indigesta de la benevolencia con respecto al falangismo, en nombre de la buena fe de algunos falangistas y de un análisis demasiado convencional de los intereses de los otros vencedores de la Guerra Civil”.
 

Matizando la historia

El libro de 1971, además de corregir la disculpa a los falangistas, ha rebajado los términos que usaba en materia virulenta. “No pienso de manera distinta de la de entonces, pero cada línea ha dado para tres o cuatro nuevas líneas más. He modificado adjetivos, valoraciones, y han crecido las conjunciones adversativas “sin embargo” y “pero”. Es posible que antes el libro fuera impertinente y serio, yo ahora soy más sardónico”, reconoce el autor en un encuentro con periodistas.

En el caso español, el fascismo cultural tuvo una línea política identificable aunque de escasa consistencia y discutible unidad. “Logró ambas a favor de la guerra civil y de la incorporación del fascismo como un referente simbólico fundamental de la dictadura de Franco y compartió con el integrismo católico una cómoda hegemonía hasta 1945”. Sin embargo, con la caída del Eje, explica el autor que sólo perduró como “culto subalterno y como una nutrida nómina de beneficiarios de la frondosa administración del Estado, de las mutualidades y de los sindicatos verticales, todo aquello que adoptó pronto el vago nombre de Movimiento Nacional”.

La segunda oportunidad, en democracia ya,  de Falange y literatura, descubre un libro de análisis literario, de historia de las ideas y, por qué no, de examen psicológico. Con hallazgos que con los años, y la desaparición de las obras referidas, se toca el cielo de la vergüenza ajena, como en el caso de Felipe Ximénez de Sandoval (1903-1978), que es autor de Camisa azul (1940), novela de la que extractamos este cantar: “Joaquín, el enlace del capitán, el de la barba rizada y blonda que envidio Víctor, se acerca a la chabola. Su cantar es siempre el mismo, y de día y de noche lo lleva y lo trae en sus labios. Indudablemente es el aire que respira: Con la camisa azul y postinera,/ con el yugo y las flechas por blasón,/ en el cinto una repleta cartuchera,/ sobre el hombro un flamante mosquetón”.

Reescribir el pasado

A Mainer no le gusta emplear la expresión memoria histórica, pero reconoce que esta antología puede contribuir a ella porque es un libro de historia. “Aceptaré en este sentido que es un libro de memoria histórica”. Como historiador sabe que conquistar el poder político no es dominar el presente de un pueblo, también es conquistar su pasado. “El fascismo quiso siempre venir de muy atrás, de las profundidades del espíritu de las naciones donde se hallaban los yacimientos de su autenticidad. Su nacionalismo tuvo siempre una naturaleza fundamentalista e imperativa”, escribe sobre la apropiación del pasado para construir un nuevo porvenir.

Nadie se llevó a engaños en 1971 y nadie lo hará en 2013: el libro es un análisis del falangismo hecho desde la izquierda para desvelar que aquellos escritores no eran de segundo orden. Mainer rescata de todos ellos el gusto literario de Dionisio Ridruejo y de Sánchez Mazas. El miembro fundador de la falange e inventor del “¡Arriba España!”, y padre de Chicho y Rafael Sánchez Ferlosio, escribió la novela póstuma Rosa Krüger, de la que Mainer recuerda que es un libro que “nos fascinó a todos”, pero no cabe duda de que “es un libro absolutamente fascista”.

De Ernesto Jiménez Caballero no tiene más que una muy mala opinión. Dice de él que siempre tendió al desvarío y que fue el inventor del fascismo español. Tampoco acepta el historiador de la literatura a aquellos escritores que han tratado de borrar sus propias huellas, dice. “No acepto que Gonzalo Torrente Ballester tratara de hacer ver que Javier Mariño no es una novela fascista. ¡Si no hay una novela fascista en la historia de la literatura española más que La fiel infantería y Javier Mariño!”.
 

Mainer afirma que los perdedores de la guerra ganaron la batalla de la cultura. “La cultura que se presenta como franquista careció de respetabilidad. Tuvieron estos escritores un estigma posterior al franquismo propio de quienes cometieron errores vitales y, a pesar de lo cual, tuvieron a mediados de los setenta un cierto renacer. Cela no es un escritor falangista, pero es un escritor del régimen, no nos engañemos”.

¿Sobre qué escribiría hoy un autor de 25 años que quisiera revisar la escena literaria? El hsitoriador piensa, asegura que él ya no tiene edad pero esboza una sugerente idea: “Una mirada sobre los años setenta y ochenta de la Transición. A lo mejor escribiría sobre ello, porque es la distancia cronológica que a mí me separaba cuando escribí el libro del falangismo”.


Publicado en:

 http://www.elconfidencial.com/cultura/2013-10-09/vuelven-los-falangistas_39292/

Falange y literatura

José Carlos Mainer
RBA. Barcelona, 2013. 528 páginas, 23 euros
RAFAEL NUÑEZ FLORENCIO | 15/11/2013 |

Dionisio Ridruejo y Pedro laín Entralgo

José Carlos Mainer
La primera edición de Falange y Literatura apareció en 1971, en la extinta editorial Labor y en una colección literaria que dirigía Francisco Rico. Aun tratándose básicamente de una antología, con un esclarecedor estudio preliminar, tuvo un gran impacto en su momento y durante muchos años constituyó una referencia insoslayable no sólo para los estudiosos de la literatura española entre los años veinte y el decenio de los sesenta, grosso modo, sino para todos los que se interesaban por la cultura, la ideología y hasta por la política del primer franquismo. Su autor era entonces un joven y poco conocido profesor de Literatura que, con el tiempo, se iba a convertir en una autoridad en la historia literaria de España de los dos últimos siglos, José-Carlos Mainer (Zaragoza, 1944).

Responsable, en efecto, de una de las más sólidas y extensas producciones bibliográficas sobre las letras hispanas recientes, Mainer ha sabido combinar en sus trabajos una erudición impresionante con una gran capacidad divulgadora, del mismo modo que sus análisis literarios, lejos de limitarse a los aspectos técnicos o formales de las obras, siempre han dibujado con precisión el contexto social y político en el que se mueven sus autores.

De todo ello es buena muestra este libro, una engañosa segunda edición que no puede ser más oportuna. Decimos engañosa porque este volumen, tanto en su amplia (casi 200 páginas) y espléndida introducción como en su contenido, es más un ejemplar de nuevo cuño que una mera adaptación del que vio la luz hace más de cuarenta años. El mismo autor reconoce en una nota preliminar que la nueva redacción es mucho más extensa y que “no ha dejado línea sin ampliación ni dogmatismo sin atenuante”. El esquema, eso sí, sigue siendo el mismo: un cuidadoso análisis previo y una certera selección de textos. La alusión que hemos hecho a su oportunidad no necesita glosa alguna, pues se comprenderá que el tomo primigenio era prácticamente inencontrable, más allá de algunas bibliotecas y librerías de viejo.

Pero es que además, como bien puede barruntarse, la bibliografía sobre el tema en estas últimas cuatro décadas ha sido copiosa (Carbajosa, Mechthild, Jordi Gracia, Martínez Cachero, Trapiello…) Mainer no sólo recoge en su documentado estudio preliminar esas aportaciones sino que hace una relación bibliográfica actualizada y comentada. Los ocho epígrafes que vertebran la antología propiamente dicha (desde 'los precursores' al 'humor y la fantasía', pasando por las 'memorias generacionales', la 'guerra y los héroes'” o los 'caminos para el arte') tienen a su vez, cada uno de ellos, unas breves páginas de presentación.

En consonancia con lo que antes se decía sobre el enfoque pluridisciplinar de Mainer, conviene también dejar claro que en estas densas páginas va a encontrar el lector mucho más de lo que dice el título. Aquí no solo aparecen la Falange y los falangistas sino otros muchos autores (conservadores, católicos, integristas, simples franquistas) que buscaron su lugar bajo el sol de un régimen autoritario y dogmático pero hasta cierto punto ecléctico. Por haber, hubo hasta quienes (Laín Entralgo) aspiraron a presentarse como herederos o continuadores de una tradición anterior (en particular el 98 y Ortega). Y tampoco se habla solo de literatura en sentido estricto, sino de empresas literarias y culturales, de diarios y revistas, de ensayo, filosofía y política. Dar cuenta de ese abigarrado panorama es imposible en esta breve nota. De la elitista Escuela Romana del Pirineo a la popular La Ametralladora, cupo casi de todo, como el belicismo exaltado de García Serrano o Ximénez de Sandoval, la alta cultura de Escorial, la brocha gorda de Tomás Borrás, las excentricidades de Giménez Caballero, el terror rojo según Foxá, la ambigüedad de Eugenio d'Ors o el refinamiento de Antonio Tovar, Luis Rosales o Luis Felipe Vivanco. 

Rafael Sánchez Mazas lee 'Rosa Kruger' a los refugiados de la Embajada chilena, en 1936.

  Se dieron también, naturalmente, trayectorias disímiles, desde los que tuvieron que acomodar su 'idealismo' fascista de primera hora a las exigencias del régimen hasta los que se pasaron a la oposición democrática o protagonizaron una aparatosa disidencia (Dionisio Ridruejo). De todo ello y de mucho más da cuenta Mainer en este volumen muy recomendable.