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martes, 30 de junio de 2015

Puesta en valor de la labor de Mercedes Fórmica en favor de la igualdad jurídica (tomado de otrosi.net)

  • En la presentación de la obra que le rinde homenaje
Ayer, 29 de junio, tuvo lugar en el Colegio la presentación de la obra “Un Grito en el Silencio. Homenaje a Mercedes Fórmica”, que a través de sus páginas rinde tributo a esta abogada por su participación en la reforma del Código Civil de 1958, allanando el camino hacia la igualdad jurídica entre mujeres y hombres en España.  
La presentación, organizada por la Asociación Cultural Ademán, estuvo presidida por el diputado bibliotecario del Colegio José Manuel Pradas, que aseguró que la obra le había descubierto muchas cosas. Además, al referirse a Mercedes Fórmica destacó que “en su etapa como jurista consiguió muchos logros”.

Seguidamente presentó a los autores, Laura Martín Jiménez y José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga, y les dio las gracias “por haber rescatado a una figura del Colegio”.
La autora contó de forma breve la vida de Mercedes Fórmica, de la que dijo ve “paralelismos” con su propia vida: “su afición por la literatura y sus primeros intentos por estudiar derecho es algo en común”.
Asimismo, elogió la figura de Fórmica y su intensa labor por la igualdad jurídica de géneros. “La figura de Fórmica ha sido un referente para mí en los últimos años y tengo una absoluta empatía con ella”, aseguró.
Por su parte, José Manuel Sánchez explicó que la obra ya se había presentado en Sevilla y en Valencia, “y seguiremos rotando porque es un libro trashumante”, manifestó.
“Es un libro poliédrico que contempla todas las facetas de esta mujer”, explicó. Además reconoció “el trabajo, la investigación y el tesón” que hay detrás de esta obra.
El acto también contó con la presencia de Javier Compás Montero de Espinosa, periodista y prologuista del libro, quien declaró su “afán por rescatar del olvido a este y otros personajes”.
Además puso de relieve el intenso papel de la homenajeada en los años del franquismo. “En nuestro espíritu está el mismo que había en el corazón de Fórmica cuando inició su lucha por los derechos de las mujeres en un época tan difícil como era la posguerra”.

martes, 9 de junio de 2015

PRESENTACIÓN 'MERCEDES FÓRMICA' EN VALENCIA


De la mano de la Asociación Ágora Cuadernos de Encuentro, se ha presentado el 4 de junio en Valencia 'Un grito en el silencio' el libro homenaje a Mercedes Fórmica editado por Ed. Barbarroja. En esta ocasión la presentación corrió a cargo de una de sus coautoras, la empresaria Mercedes Valdivia, que estuvo acompañada por los juristas José Manuel González Acuña y José Manuel López Jiménez.


El acto convocó a numeroso público entre el que se encontraba el periodista y escritor Josele Sánchez, cuya novela 'Con la piel de cordero' sigue cosechando gran éxito.



Mercedes Fórmica fue una escritora y jurista clave en la lucha por los derechos legales de la mujer en España. También es una gran desconocida para la mayoría de la sociedad.



viernes, 12 de diciembre de 2014

Presentación del libro homenaje a Mercedes Fórmica

Se presentó en el Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla el libro "Un grito en el silencio", obra colectiva impulsada por la Asociación Cultural Ademán como homenaje a la escritora y abogada gaditana Mercedes Fórmica, impulsora durante la segunda mitad del siglo XX de leyes en favor de la igualdad de derechos para la mujer. El libro, coordinado por Ademán y editado por Barbarroja, cuenta con la participación de varios documentados autores que abordan al personaje desde su faceta biográfica, jurídica y socio política, encuadrándola en su entorno histórico y valorando su obra en pro de los derechos de las mujeres.
El acto contó con la presencia de numeroso público que llenó el salón de actos del Colegio de Médicos de Sevilla. Fue presidido por el letrado José Manuel Sánchez del Águila, coautor de la obra y representante en el acto del Decáno del Colegio de Abogados, también en la mesa se encontraban Mercedes Valdivia, autora de un interesante capítulo biográfico en el libro y Javier Compás, Presidente de Ademán. Presentó el libro con una brillante y amena charla el letrado del Colegio de Madrid, Carlos Javier Galán, autor de varios artículos sobre la homenajeada.
El libro se encuentra a la venta en La Sala Cultural La Revuelta C/ Siete Revueltas, 33.
A. C. Ademán

viernes, 10 de enero de 2014

Mercedes Formica, dama oscura




EM2 | CULTURA
Desavenencias
Título de la foto
Mercedes Formica, a la derecha, en un homenaje que se le tributó en la Residencia de Estudiantes.
EFE
A mediados de los pasados 80, el tangerino Emilio Sanz de Soto (amigo de Paul y Jane Bowles, de Ángel Vázquez y de todo aquel mundo internacional) me dijo que le habían presentado a una mujer, ya mayor, pero magnífica: Mercedes Formica (1916-2002).

Yo nada había leído de ella, pero el nombre me sonaba. ¡Pero claro, replicó Emilio, es la que dicen que fue novia de José Antonio Primo de Rivera! El dato, por entonces, no me entusiasmó. Pero no mucho después, Emilio me presentó a Mercedes Formica, una guapa y elegante señora andaluza, que probablemente siempre vivió bien, pero que tuvo inquietudes feministas y literarias. Mercedes ("señora bien" y de derechas) fue, de algún modo, una perdedora.

Conmigo era muy gentil, me regaló algunos de sus libros de Historia como María de Mendoza (1979) sobre la amante principal del bello D. Juan de Austria. E hizo más, organizó una firma de mis libros en el rastrillo de Nuevo Futuro, donde la hermana del Rey, muy solícita y en delantal, me sirvió una naranjada. Yo conocía ese mundo, pero no me gustaba. Mercedes (una liberal demócrata pero de derechas) parecía condenada a él.

En efecto, de joven, se afilió a Falange Española, y José Antonio le otorgó responsabilidades. Era "el fascismo de izquierdas" que hablaba de "justicia social" y no de "caridad". Mercedes (chica bien, con inquietudes feministas) se entregó a la causa, hasta que la sintió traicionada por Franco, en lo que llamaba "el albondigón" es decir el decreto de unificación de FET y de las JONS, o sea, falangistas con tradicionalistas, para Formica algo infumable.
Creía que Franco pudo salvar la vida de José Antonio pero no quiso, y todo ello se deja sentir en los dos libros de memorias que publicó Visto y vivido y Escucho el silencio que ahora publica unidos Renacimiento, como Memorias. 1931-1947.


Novelista, feminista, universitaria, mujer libre y que quiso la libertad de todas, el drama íntimo de Mercedes -nunca olvidaré lo bien que manejaba un gran abanico- es que teniendo muchos "enchufes" con el poder, no era franquista y es más, consideraba al inquilino de El Pardo como traidor a los ideales joseantonianos.

Era una dama a la que los suyos miraban como "especial". Pero claro (y el drama nace de la fricción de opuestos) los de enfrente, la izquierda en su más amplio sentido, sentía que Formica -si no novia, era muy guapa, amiga de José Antonio- se había equivocado de bando, si tenía -y era verdad- inquietudes sociales.

Es una escritora notable (historiadora o novelista) que se quedó, como tantos, sin su España. Ella pertenece también a esa soñada y querida "tercera España" -la de Juan Ramón o Cernuda- que no terminamos de ver llegar. Sí, Mercedes Formica no era para nada (bastaba su libertad al oírle hablar para comprobarlo) una señora del Régimen. Pero -hay que decirlo- tampoco abandonó el paraguas de la derecha para cruzar la calle, por lo menos a la mitad.

Era simpática, abierta, culta, libre, criticaba a la Iglesia y a Franco, pero se quedó sin cruzar. Merece el rescate. Decía: "el sueño no pudo ser." Era verdad.

lunes, 11 de noviembre de 2013

CRÓNICA GRÁFICA DEL HOMENAJE A MERCEDES FÓRMICA EN SEVILLA

Coincidiendo con el centenario de su nacimiento y el sesenta aniversario de la publicación en ABC del artículo "El Domicilio Conyugal", tuvo lugar en la sala principal de la casa de la provincia de Sevilla, en la sede de la Diputación de Sevilla el pasado día 7 de Noviembre, el acto de homenaje a la escritora y abogada falangista Mercedes Fórmica Corsí.

http://www.abc.es/hemeroteca/imagenes/abc//24042002/cultura/web_41.jpg
Mercedes Fórmica
  Intervino en primer lugar, el presidente de la Asociación Cultural Ademán, quien agradeció la presencia de los asistentes y la hospitalidad de la Diputación de Sevilla. Posteriormente procedió a presentar a los ponentes, Mercedes Valdivia -empresaria gaditana- y al letrado sevillano José Manuel Sánchez del Águila.
Compás glosa la figura de la homenajeada y a los dos intervinientes en el acto

 Mercedes Valdivia disertó sobre la vida de Fórmica desde un punto de vista de mujer adelantada a su tiempo. Sus vicisitudes como separada y la lucha que tuvo que afrontar desde un punto de vista de mujer proveniente de la Falange es su estado más puro e inadaptada al "albondigón", en que según palabras de la homenajeada había convertido el régimen a la falange de José Antonio.

aspecto de la sala
La sincera y profundamente personal visión de la vida luchadora y rebelde de Fórmica que glosó Mercedes Valdivia arrancó una gran ovación del público.


Aspecto de la mesa de ponentes, Mercedes Valdivia, Javier Compás y José Manuel Sánchez del Águila


Posteriormente intervino el prestigioso jurista sevillano José Manuel Sánchez del Águila quién, desde un punto de vista jurídico, realzó los importantes cambios que consiguió Fórmica en el código civil vigente desde 1917 y que se tradujeron en la más avanzada reforma legal de los derechos de la mujer en toda la historia reciente de España.


ENLACES:
http://www.abcdesevilla.es/sevilla/20131106/sevi-mercedes-formica-feminista-201311051934.html

http://www.diariosur.es/v/20131110/malaga/dias-vino-prosas-20131110.html

http://www.elmundo.es/andalucia/2013/11/06/527a109763fd3d565b8b4594.html

http://www.eldiario.es/politica/Mercedes-Formica-homenajeada-activismo-mujer_0_193180974.html

 http://www.elmundo.es/andalucia/2013/11/09/527e229563fd3dea3d8b4577.html

AUDIO DE LA CONFERENCIA:

http://linkis.com/www.ivoox.com/Z3M6



La sala principal de la Casa de la Provincia de Sevilla, llena de público



miércoles, 6 de noviembre de 2013

Ademán rinde homenaje a la abogada y escritora Mercedes Fórmica

Sevilla

Mércedes Fórmica, la falangista que lideró el cambio por los derechos de la mujer

Día 06/11/2013

Ademán rinde homenaje mañana a la abogada y escritora, injustamente olvidada por la judicatura y el feminismo

Mañana se cumplen sesenta años de la aparición en ABC del artículo «El domicilio conyugal», firmado por la abogada y escritora falangista Mercedes Fórmica, que denunciaba las limitaciones de la capacidad jurídica de la mujer frente a la potestad del marido.
El antológico artículo, que pueden consultar en nuestra hemeroteca, el 7 de noviembre de 1953, escrito y publicado en pleno franquismo, sirvió de reulsivo y de cimiento para que la sociedad española y los mejores profesionales del Derecho opinaran en las páginas del periódico sobre el tema —el resumen fue publicado por Antonio Garrigues Díaz el 19 de diciembre de ese mismo año— y para que pocos años después, en 1958, empezaran a cambiar las leyes de «nuestro Código Civil, tan injusto con la mujer en la mayoría de sus instituciones», escribió Fórmica.
Se materializara con él una importantísima reforma, la «reformica», que eliminó limitación legales impuestas a las mujeres, no sólo en el Civil sino en el Código Penal, del Código de Comercio y de la Ley de Enjuiciamiento, como escribió José María García de Tuñón Aza en una exhaustiva semblanza de Mercedes Fórmica, titulada «Una voz en el silencio».
La prensa internacional se hizo eco de aquel artículo. Tanto es así que Robert Capa, al frente Magnum, envió a la fotógrafa austriaca Inge Moraht, la primera mujer que se incorporó a la agencia, a inmortalizar a Mercedes Fórmica para un reportaje, «World of women», junto a otras tres mujeres destacadas de otros países —Federica de Grecia, la doctora Han Suyin, de Singapur; y la científica estadounidense Eugenie Clark—.
A pesar de todo, el nombre de Mercedes Fórmica, su trabajo como abogada en pro de la mujer e incluso su creación literaria se diluyeron entre políticas e inquinas. «Me silenciaron», afirman que solía decir esta mujer a la que no recuerdan ni la Abogacía, ni la Judicatura ni las propias feministas.
Mercedes Fórmica (Cádiz 1916-Málaga 2002), estudió en la Facultad de Derecho de Sevilla. En Madrid se afilió a la Falange de José Antonio. Quizá esto propició que esta excepcional mujer cayera en el olvido, a pesar de su indespensable contribuición a la defensa de los derechos de la mujer. Además, en el campo de la literatura, escribió, entre otras obras, «Bodoque», «Monte Sancha», «La ciudad partida», «A instancias de parte» o «La hija de Don Juan de Austria», en algunas de las cuales trató la situación de la mujer. Sus memorias, en una trilogía: «Visto y oído», «Escucho el silencio» y «Espejo roto y espejuelos», acaban de ser reeditadas por Renacimiento.
Mañana, la Asociación cultural Ademán, rinde homenaje y recuerdo a Mercedes Fórmica en un acto que dará comienzo a las siete de la tarde en la Casa de la Provincia, en el que intervendrán el presidente de la asociación, Javier Compás; la empresaria Mercedes Valdivia y el abogado José Manuel Sánchez del Águila.

http://www.abcdesevilla.es/sevilla/20131106/sevi-mercedes-formica-feminista-201311051934.html

martes, 29 de octubre de 2013

Acto cultural de homenaje a Mercedes Fórmica

Estimado/a amigo/a de ADEMÁN:
 


Por vez primera se va a tributar en Sevilla un homenaje a la abogada y
escritora Mercedes Fórmica
.

La hoy ensombrecida figura de Mercedes Fórmica merece un valiente y justo
rescate por todo lo que supone, pero sobre todo por el arrojo personal de su
ejemplo y la trascendencia social que supuso la reforma legal sobre los
derechos de la mujer española que ella provocó.

Mercedes Fórmica, como tantas otras figuras a las que se pretenden mantener
en el más absoluto de los olvidos va a tener un merecido homenaje el 
jueves 7 de noviembre a las 19'00 horas en la Casa de la Provincia de Sevilla
(Plaza del Triunfo nº 1)

En ese homenaje queremos contar con tu asistencia
y para ello te hacemos llegar esta invitación personal.


Aprovechando la ocasión para saludarte,
Atentamente,

Presidente de la A.C. ADEMÁN

martes, 3 de septiembre de 2013

Regás se descubre ante la falangista feminista.


Por Rosa Regás.Rosa Regás

Mercedes Fórmica o la ideológica contradicción


En el verano de 1953, en pleno franquismo, la prensa española se hizo eco de un terrible acontecimiento, la muerte de una mujer a manos de su marido, con un texto explicativo, "Mujer apuñalada por su marido", pero sin crítica ni al marido asesino, ni a la justicia, ni a la situación de la mujer que tuvo que aguantar los malos tratos que recibía habitualmente que la llevarían a la muerte ya que no podía permitirse abandonar el hogar que según la ley la habría dejado sin hijos, casa ni bienes. El 7 de noviembre de ese mismo año Luis Calvo,  director de  ABC, se atrevió a publicar un artículo de Mercedes Fórmica que había sido detenido por la censura y que ella había enviado al diario. Llevaba por título "El domicilio conyugal" y lo escribió al conocer las doce puñaladas  que recibió Antonia Pernia Obrador de su esposo y la situación de violencia en la que se había visto obligada a vivir hasta que le llegó la muerte.


 Mercedes Fórmica fue la primera mujer que desde el régimen dictatorial del General Franco intentó que se transformaran las leyes machistas que convertían a la mujer en una esclava de las costumbres,  la sociedad, la religión y el omnímodo poder de sus maridos o padres.
Mujeres de la Sección Femenina durante la guerra civil
Yo no conocía la historia de esta mujer singular y creo que recordarla hoy no me convierte en admiradora del régimen al que ella eligió obedecer y servir. Fue, incluso así, una mujer singular y  su vida no fue un modelo de lo que fueron, y son aún, las vidas de las personas amantes de formas de gobierno excesivamente autoritarias, antidemocráticas y que han llegado al poder por un golpe de estado y una sangrienta guerra civil. Había nacido en 1916 en Cádiz de familia acomodada pero tuvo una madre que lejos de dedicarla al culto de sí misma, del hogar y a la convicción de que había nacido  para vivir a las órdenes de su futuro marido, la hizo estudiar bachillerato, prepararse para entrar en la universidad e ingresar en la Facultad de Derecho de Sevilla en 1931, el mismo año en que en España se instauró la República. Así que tuvo como profesores a muchos expertos formados en la Institución Libre de Enseñanza, lo que no le impidió tener que ir a clase acompañada de una "doña" para evitar críticas de su entorno social, ya que era la única alumna del curso. Tampoco era muy habitual en su ambiente que sus padres se divorciaran dos años después, ni que ya licenciada decidiera irse a vivir a Madrid sola. Pero no todo fueron puertas abiertas al pensamiento libre. Ya en Madrid se afilió a  Falange Española, tal era la admiración que sentía por José Antonio Primo de Rivera, hijo del que había sido dictador en tiempos de Alfonso XIII, quien la nombró delegada del SEU femenino en 1936 y miembro de la dirección del partido.

Mercedes Fórmica 1916-2002
Mercedes Fórmica
 Otro rasgo peculiar en su biografía es que se casó con  Eduardo Llosent y Marañón editor en Sevilla de la revista Mediodía donde conoció y fue muy amigo de poetas de la generación del 27 como Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, Jorge Guillén, Dámaso Alonso o Rafael Alberti.

 Aunque al ganar la guerra Franco debió cambiar de ideología cultural al menos porque fue nombrado Director del Museo de Arte Moderno de Málaga.
Acabada la guerra Mercedes se doctoró en Filosofía y letras y en 1945 publicó su primera novela, Bodoque a la que siguieron biografías de mujeres de la Historia de España, textos autobiográficos como La infancia, Visto y vivido y Escucho el silencio, y otras novelas:  A instancia de parte o Collar de ámbar, que fueron bien tratadas por la crítica y lo siguen siendo entre la poca gente que la conoce, porque la historia la ha juzgado más por su ideología que por su talento y porque también ella es fruto de la maldición franquista que dejó a los derrotados sin futuro y a los vencedores sin pasado, un pasado que todavía hoy no hemos recuperado.

                                   
Pero lo que más me interesa destacar es la lucha por los derechos de la mujer o relacionados con ellos, inexistentes o borrosos aún en la época en que ella vivió pero firmes en su forma de de estar enraizados en su interior. Fue ella quien logró que en los textos jurídicos de la época franquista se sustituyera "casa del marido" por "hogar conyugal" lo que contribuyó también a que tras la separación conyugal la mujer pudiera disfrutar de la casa donde habían vivido ambos cónyuges. Eliminó asimismo la degradante figura del "depósito de la mujer", un derecho que tenía el marido de depositar a su mujer en la casa de los padres o en un convento, y ayudó a que se limitaran los poderes casi absolutos del marido para administrar y vender los bienes matrimoniales, igual que el derecho a las viudas que volvían a casarse a mantener la patria potestad sobre sus hijos. Mercedes puso su grano de arena a que en 1981, cuando ya ella comenzaba a sentir los efectos de la larga enfermedad que la llevaría a la muerte en 2002, se  promulgara la ley que reconocía la plena igualdad de la mujer en el matrimonio. Poco fue este grano de arena, pero difícil era y sin embargo ella no se detuvo hasta que la vejez y la enfermedad  la derribaron. O tal vez dejó de luchar con la llegada de la democracia que había de conseguir aquello por lo que ella se desvivió, a la que, en cambio, nunca pareció comprender ni aceptar, ni mucho menos defender.
 
Curiosamente y a pesar de su dilatada y esforzada lucha, ni en la Falange ni en su propio ambiente estuvieron bien vistas las gestiones que hizo en favor de los derechos de la mujer y en las reformas que impulsó, hasta el punto que la llamaban "la reformica". Un chiste malo con su apellido.
   
Si se contempla  la espesa legislación contraria a la libertad de la mujer que el franquismo elaboró y mantuvo con la ayuda de la iglesia católica, de la burguesía y de los poderes fácticos que habían apoyado el golpe de estado, hay que reconocer que no fue mucho lo que consiguió Mercedes Fórmica, pero hubo muy pocas mujeres que lo intentaron como lo hizo ella, unas porque no podían otras porque no creían en ello. Pero a mí me gusta tener el convencimiento de que  algo debió de ayudar el hecho de que su madre no la tratara como las bien pensantes mujeres de la época trataban a sus hijas, y que tener una carrera universitaria y una forma de ganarse la vida animó su autonomía de pensamiento y acción y su coraje para enfrentarse, aunque solo fuera formalmente, a la ideología del régimen que ella misma defendió.
  

comedor social de la sección femenina
Tal vez moriremos sin ver realizado aquello por lo que hemos luchado -lo más probable- pero algo habremos conseguido si hemos sabido ser el eslabón entre el pasado y el futuro, la memoria y la esperanza, la esclavitud y el bienestar social. Quizá éste haya sido también el objetivo de Mercedes Fórmica, una mujer que no tuvo más visión que la de la injusticia a la que estaba sometida la condición femenina, cuya lucha para intentar recomponerla  vivió con tal intensidad que, quiero creer, le impidió darse cuenta del infierno ideológico en el que había elegido vivir.






Publicado en el blog de el diario El Mundo, "Ellas"
 http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/ellas/2013/09/03/mercedes-formica-o-la-ideologica.html

Más información en:

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-24-04-2002/abc/Cultura/muere-mercedes-formica-pionera-en-la-lucha-por-los-derechos-de-la-mujer_94259.html

http://www.fnff.es/Mercedes_Formica_defensora_de_la_Mujer_590_c.htm


http://www.nodulo.org/ec/2012/n120p09.htm


domingo, 25 de marzo de 2012

Mercedes Fórmica

Cuando de nuevo llegue Abril, cuando rompa de nuevo la primavera en el Sur donde la vio nacer, se cumplirán diez años de la muerte de Mercedes Fórmica Corsi, su larga y fructífera vida, nació en Cádiz en 1916, aunque se mudó a Sevilla con tan sólo siete años, como narra en el volumen La Infancia de su trilogía autobiográfica, merecería mayor atención de la que se le presta en todos los ámbitos donde destacó, desde su labor pionera en pos de los derechos sociales de la mujer hasta su obra literaria. Decía Pilar Primo de Rivera que su hermano José Antonio un “movimiento limpio de contornos, sin compromisos anteriores, ofreciendo además de un pensamiento nuevo, una ética para las conductas. A la ilusión de este movimiento se unieron no sólo valores jóvenes de lo más florido con que contaba España, sino también la juventud y la Universidad, donde después se constituyó el Sindicato Español Universitario (S.E.U.)”, entre esos jóvenes idealistas de la primera hora se encontraba Mercedes Fórmica, una de las escasísimas mujeres que estudiaba en la Universidad española en los años treinta del pasado siglo, de hecho era la única alumna de la Facultad de Derecho de Sevilla, donde ingresó en 1931, terminó los estudios en Madrid, ya en 1948, encontrándose posteriormente con la imposibilidad de acceder a la carrera diplomática o a la abogacía del Estado por ser mujer.

Mercedes había escuchado las palabras de aquel abogado joven y brillante que hablaba en el mitín de la Comedia, por la radio, desde entonces estuvo en la primera afiliación del SEU, aparece en la foto de la constitución del mismo en Valladolid, participó en el Primer Consejo Nacional que tuvo lugar el 11 de Abril de 1934, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de la Falange. Junto a ella, las pocas camaradas que entonces se adhirieron al nuevo y juvenil proyecto, Clotilde Salazar, Justina Rodriguez de Viguri, primera delegada del S.E.U., que se tuvo que inscribir al principio como Justino, ya que en un primer momento no se admitían mujeres, y que posteriormente fue jefe de la primera Escuela de Mandos de la Sección Femenina de Málaga, organizaciones ambas, S.E.U. y Sección Femenina, estrechamente vinculadas desde los primeros tiempos. Organización, la Sección Femenina, como nos cuenta Luis Suárez en su gran obra Crónica de la Sección Femenina y su tiempo, “que pretendió llevar a la realidad social una doctrina acerca de la dignificación de la mujer, pero no sólo de la mujer en cuanto ser humano igual en derechos al varón, sino en cuanto que es portadora de valores específicamente “femeninos”, en la vida moderna”. Así, es la misma Mercedes Fórmica quien nos habla de la actitud no precisamente machista, en aquella época donde la izquierda vetaba el voto de la mujer, del mismo José Antonio: “Sobre el supuesto antifeminismo de José Antonio y la tesis, tan difundida, de querer a la mujer en casa, poco menos que con la «pata quebrada», debo decir que no es cierto. Forma parte del proceso de «interpretación» a que fue sometido su pensamiento. Como buen español, sentía recelo hacia la mujer pedante, agresiva, desaforada, llena de odio hacia el varón. Desde el primer momento contó con las universitarias y las nombró para cargos de responsabilidad. En lo que a mí respecta, no vio a la sufragista encolerizada, sino a una joven preocupada por los problemas de España, que amaba su cultura e intentaba abrirse camino, con una carrera, en el mundo del trabajo”.

Mercedes Fórmica se casó con el sevillano Eduardo Llosent y Marañón, al que citamos en un artículo anterior por su amistad con Miguel Hernández y la ayuda que le prestó a éste para facilitarle, primero refugio en el Alcázar sevillano junto al poeta Joaquín Romero Murube y, posteriormente, la frustrada huida por Portugal del poeta de Orihuela. Llosent era editor en Sevilla de revistas como la importante Mediodía, tan  importante en el contexto de la Generación del 27, posteriormente, tras la guerra, fue nombrado director del Museo de Arte Moderno, trasladándose ambos a Madrid.

En 1940 aparece el primer número de la revista Escorial dirigida por Dionisio Ridruejo y donde aparecerían escritos de, entre otros, Ramón Menéndez Pidal, Eugenio Montes, el poeta sevillano Adriano del Valle, Luis Felipe Vivanco, Pedro Laín Entralgo y muchos otros de esa nómina que desmiente el pretendido “páramo cultural” en el que muchos han querido convertir la posguerra española. En Escorial publicará Fórmica su primera novela, Bodoque, donde muestra la influencia que tuvo en ella la separación de sus padres que, al final, le llevará a promover una de las reformas más importantes que se han dado en la historia de España a favor de los derechos de la mujer, lo que ha sido silenciado por el “feminismo oficial”.

Publicó posteriormente la novela Monte Sancha, finalista del premio Ciudad de Barcelona y La ciudad perdida, obra que sería adaptada al cine. Ya en 1972 publica otra novela, La hija de don Juan de Austria, con la que ganó el premio Fastenrath de la Real Academia.

En estos momentos donde tan de actualidad está la llamada “violencia de género” recordemos que Mercedes Fórmica fue pionera en la lucha por los derechos de las mujeres maltratadas, que inspiró una de las reformas legales más importantes del siglo XX para la mujer y la repercusión internacional de su artículo El domicilio conyugal.

Javier Compás

viernes, 9 de julio de 2010

MERCEDES FÓRMICA: «UNA VOZ EN EL SILENCIO»


José Mª García de Tuñón Aza
Revista Altar Mayor número 136

«Mercedes Fórmica ha logrado atraer hacia el tema de la capacidad jurídica de la mujer, la atención de muchos de nuestros mejores profesionales del Derecho. Pero ha logrado todavía más y ha sido el despertar con ese mismo tema la atención de los no profesionales, de los hombres y las mujeres en general, es decir, de lo que se llama atención pública», escribía hace años el brillante jurista Antonio Garrigues . Sin embargo, a pesar de estas palabras elogiosas de lo que había hecho por la mujer Mercedes Fórmica, mucho tiempo después, en abril de 1997, Natalia Figueroa la entrevistaba y lamentaba que las feministas de aquella época jamás se referían a ella cuando había sido una reformista del Código Civil, y una buena escritora. Por eso solía decir: «Me silenciaron. ¿De buena o de mala fe? No lo sé. Lo cierto es que desde que murió Franco hasta hoy, las personas que han tratado el Derecho privado no han nombrado aquella reforma. Como si no hubiese existido» . Cinco años más tarde, con motivo de su fallecimiento, Natalia Figueroa, que nunca se refiere al pasado falangista de Mercedes Fórmica, volvió a escribir: «Olvidada incomprensiblemente por el movimiento feminista, las mujeres españolas le deben muchos de sus derechos» . Efectivamente, en aquellos días casi ningún periódico recordó la reforma que logró de muchos artículos del Código Civil, del Código Penal, del Código de Comercio y de la Ley de Enjuiciamiento; incluso la mayoría llegaron a silenciar su muerte. El Abc, por ejemplo, de la que fue colaboradora durante muchos años, da la noticia dedicándole media página, pero ninguno de sus columnistas, ni colaboradores más habituales, le dedica una sola línea. Posiblemente esta falta de interés por su labor en el campo del Derecho y de escritora, se debe, como escribió Enrique de Aguinaga en una carta que se publicó más tarde, a que «Mercedes Fórmica fue joseantoniana, desde el mitin fundacional (29 de octubre de 1933) que oyó por radio. Estuvo en la primera afiliación del SEU, participó en el Primer Consejo Nacional, fue elegida delegada de Derecho y, luego, designada por José Antonio delegada nacional del SEU femenino y, como tal, miembro de la Junta Política de la Falange. Y de ahí para adelante...» .
Esta joven, que despertó el interés de los hombres y las mujeres, como decía Antonio Garrigues, aunque después fuera olvidada, nació en Cádiz en 1916 sin que ninguno de sus biógrafos nos señale el día ni el mes. A los siete años, por traslado profesional de su padre, la familia se va a vivir a Sevilla donde crece dentro de una sociedad distinta a la de Cádiz porque estaba «cerrada a la defensiva, con gran inseguridad en sus clases medias altas» . Su madre hace que estudie el bachillerato en el colegio de Santa Victoria de Córdoba, regido por escolapias, y más tarde en el Valle de Sevilla. En 1931 acude a una academia para ir preparando su ingreso en la universidad y que hace en el curso siguiente matriculándose en Derecho y Filosofía y Letras. Su progenitora se preocupaba de la educación de sus hijas, quería enseñarles el camino de la independencia y de la libertad. Si algún día habrían de casarse que fuera por amor y no por conveniencia de tipo económico: «Mi madre sufría la indefensión de la mujer educada a la antigua», solía decir.
El 14 de abril, fecha de la proclamación de la II República, toda la familia se encontraba en Sevilla donde su padre dirigía la compañía de Gas y Electricidad. Era el año también en que Mercedes se preparaba para ir a la universidad. Cuando su madre confió a una amiga que quería que sus hijas estudiasen una carrera, ésta quedó perpleja e intentó disuadirla, «asegurándole que, si pisábamos la universidad nunca nos casaríamos en Sevilla» . Las chicas estudiantes ocupaban entonces, frente a la sociedad, una situación ambigua, «mezcla de prostitutas y cómicas» . La llegada de la República coincidió asimismo con que las ideas políticas para Mercedes eran algo así como un poco rudimentarias; aunque su familia era toda monárquica sin que llegara nunca a ser importante ni palaciega.
El tiempo pasaba y llegó la hora de ingresar en la universidad. En ese momento se da cuenta de que su vida sufre un cambio profundo. En el momento de pisar el alma máter comprendió su falta de preparación para pasar de repente de un colegio de monjas y una academia, al mundo de la pura ciencia. Las artes plásticas, la música y otras materias le resultaban extrañas, en contraste con la formación humanista que traía del bachiller. Su falta de base literaria también le resultaba notable. Ignoraba la obra y hasta la existencia de Juan Ramón Jiménez y los hermanos Machado. Algunos catedráticos pertenecían a la nueva hornada republicana y procedían de la Institución Libre de Enseñanza. Un día es testigo del desorden y de la agitación profesional promovida por una huelga organizada por la Federación Universitaria de Estudiantes (FUE), vinculada a grupos de la izquierda española, para decretar la desaparición del Centro Católico ya que consideraban a los estudiantes relacionados con él como «elementos desestabilizadores del régimen» . A raíz de este acontecimiento le proponen el ingreso en el grupo católico que no vacila en aceptar; sin embargo muy poco a poco se apagó ese entusiasmo. El presidente de los Estudiantes Católicos, Pedro Gamero del Castillo, dispuso no tomar represalias; sólo una protesta simbólica, absteniéndose de entrar en clase. La FUE esta actitud terminó tomándola a pitorreo quemando a continuación el Centro Católico. «Como lo de ofrecer la mejilla derecha –dice Mercedes Fórmica– si te golpean la izquierda no era lo mío, decidí quedarme fuera de cualquier asociación» .
En 1933 se producía la separación de sus padres. Su madre no consintió el divorcio «amistoso», aquella ley contraria a los débiles, y por eso se vio obligada a vivir en Madrid con sus hijas, hecho vital para entender su posterior interés por la suerte de las mujeres separadas. También su madre tuvo que marchar con el dolor de la separación de su hijo al que sólo podría ver en el periodo vacacional. Llegada la primera vacación de verano, no se cumplió lo pactado porque por el bien del menor se aplazaba la visita por haber sido enviado por su padre a Munich a perfeccionar el alemán. Hecho éste que influiría mucho en el ánimo de Mercedes y su opinión más tarde a un cambio legislativo de algo que ella interpretaba como una gran injusticia. Mientras tanto su vida transcurría en Madrid con sus estudios y de vez en cuando alguna visita a casa de alguna amiga. En una de ellas, un día del mes de octubre, conoció a José Antonio cuya existencia ignoraba. Pocos días después pudo escuchar las palabras que pronunció en el teatro de la Comedia. Desde ese momento –dice Mercedes Fórmica–, la aparición de José Antonio en la vida política, «produjo el acuerdo tácito entre izquierdas y derechas para declararle una guerra a muerte. Con esta particularidad: en los ataques de las primeras latió un cierto respeto, no así en las segundas, que dieron suelta a su mal humor con fáciles ironías» . El fundador de Falange era para ella un hombre joven, inteligente, valeroso, fue temido, rechazado y ridiculizado por su propia clase social, que nunca le perdonó sus constantes referencias a la injusticia, el analfabetismo, la falta de cultura, las viviendas miserables, el hambre endémico de las zonas rurales, sin mas recurso que el trabajo «de temporada». La urgencia y necesidad de la reforma agraria. Confundir el pensamiento de José Antonio con los intereses de la extrema derecha es algo que llega a pudrir la sangre. Fue la extrema derecha quien le condenó a muerte civil, en espera de la muerte física, que a su juicio merecía .
Una mañana decide rellenar la ficha para afiliarse al Sindicato Español Universitario. Desde entonces su vida se limitó, junto con sus estudios universitarios, a participar en actividades de Falange siendo nombrada al poco tiempo delegada del SEU de la Facultad de Derecho, por el propio José Antonio. Este gesto del líder falangista cambiaba lo que de él decían sus adversarios políticos cuando se referían a su antifeminismo, y que aún hoy dicen algunos historiadores. Por eso es interesante reproducir lo que sobre el particular escribió Mercedes Fórmica:
Sobre el supuesto antifeminismo de José Antonio y la tesis, tan difundida, de querer a la mujer en casa, poco menos que con la «pata quebrada», debo decir que no es cierto. Forma parte del proceso de «interpretación» a que fue sometido su pensamiento. Como buen español, sentía recelo hacia la mujer pedante, agresiva, desaforada, llena de odio hacia el varón. Desde el primer momento contó con las universitarias y las nombró para cargos de responsabilidad. En lo que a mí respecta, no vio a la sufragista encolerizada, sino a una joven preocupada por los problemas de España, que amaba su cultura e intentaba abrirse camino, con una carrera, en el mundo del trabajo .
El primer Consejo Nacional del SEU tuvo lugar el 11 de abril de 1935, durante las vacaciones de primavera. Fue en un piso destartalado de la Cuesta de Santo Domingo bajo la presidencia de José Antonio quien pidió que los afiliados al Sindicato fueran, profesionalmente, los mejores. Los congregados, que debatieron varias ponencias, estuvieron reunidos durante cinco días sin que llegara a faltar la policía de Gil Robles que irrumpió en el local y después de cachear a todos los presentes se llevó detenidos a varios. Al final del Consejo se formó la Junta Consultiva presidida por José Manuel Fanjul, del SEU madrileño, y en la que también estaba Mercedes Fórmica, que aportó su feminismo al Consejo con una ponencia sobre la urgencia de crear la «Bolsa de libro de texto» proponiendo que los estudiantes que hubiesen terminado el curso, donasen los libros utilizados a un fondo común, lo que permitiría conceder préstamos a los estudiantes sin recursos. Propició también el aumento del número de becas y las instalaciones de comedores y residencias, ideas que más tarde llevó a la práctica el SEU. Fue asimismo elegida para representar a la Facultad de Derecho y una vez terminado el Consejo se fotografiaron todos junto a José Antonio. Foto que publicamos en este trabajo y que según Mercedes «durante cuarenta años, la identidad de la muchacha que aparece a la izquierda del jefe de Falange fue silenciada. Fallecido el general Franco, la fotografía resurgió, esta vez con mi nombre y apellidos» .
Una gripe mal curada trajo como consecuencia que no pudiera soportar un invierno más el clima frío de Madrid. Le convenía uno más suave, pero antes tuvo que convencer a su padre para que aceptase que, junto a su madre y hermanas, pudiera residir en Málaga temporalmente hasta que recobrase del todo la salud. Ya instalada en esta ciudad, José Antonio la nombró en febrero de 1936, delegada nacional del SEU femenino, y, como tal, miembro de la Junta Política del partido, si bien nunca llegaron a reunirse por la pronta detención del líder falangista en el mes de marzo siguiente.
El comienzo de la guerra cogió a Mercedes en Málaga que se mantendría fiel a la República. A través de Tánger, después de embarcar en aquella ciudad a últimos de septiembre gracias al consulado uruguayo que les facilitó la salida, consigue, con su familia, llegar a Sevilla después de haber pasado una semana en la hoy ciudad marroquí que en entonces se encontraba bajo la protección de varios países. Paseando un día por una de las calles sevillanas, se encontró vestido de falangista con quien antes había injuriado a José Antonio. Sin ninguna mala intención le dice:
–¿Tú con camisa azul?–.
El interesado palideció.
–Ahora tenemos que ser todos falangistas .
Poco después, Mercedes se lo comenta a un amigo quien le contestó que su reacción era del todo lógica porque lo había pasado muy mal y si alguien descubre que injurió a José Antonio, puede pasarlo peor. Llamó al interesado y le dijo que quedara tranquilo que jamás mencionaría el incidente. «Así sucedió, y todavía vive, en excelente salud y fortuna. Cumpliendo mi promesa no escribo su nombre» . La delación no entraba en la cabeza de los auténticos joseantonianos, «y menos todavía –dice Mercedes– en los que habíamos sufrido la experiencia de la zona republicana, ávidos de paz, de convivencia, de diálogo» . A los pocos días se dirigió al cuartel de Queipo de Llano porque estaba interesada por la suerte de un antiguo profesor llamado Luis Rufilanchas. Al entrar su sorpresa no tuvo límites cuando la recibió el pasante del abogado que había intervenido en la separación de sus padres. Fingió no conocerla cuando le preguntó por el profesor, llegando a contestarle:
–¿Cómo se atreve a pedir la vida de un «rojo», vistiendo esa camisa? –me increpó.
–El señor Rufilanchas no es un asesino, y si hay que avalarlo, yo misma lo haré. En cuanto a este uniforme, no se preocupe. No seré yo quien lo deshonre.
Quedó lívido y entró en un despacho, tal vez a consultar alguna ficha. Volvió para decirme:
–Lo fusilamos en La Coruña, hace un mes.
–Lo habrá fusilado usted. En esa fecha yo me encontraba en Málaga .
Después de leer lo que acaba de contarnos Mercedes Fórmica no queda más remedio que pensar que había llegado la hora de los «conversos» que tanto habrían de perjudicar a Falange. Por esta razón, cuando comenzó a circular la noticia del fusilamiento de José Antonio, se planteó en ella una seria duda, llegando, incluso, a pensar que Falange debía disolverse. Nadie, pensaba, debía aprovechar unas ideas, en trance de formación, para desvirtuarlas luego, ya que estaba segura de que los que detentaban el poder no creían en ellas, sobre todo detrás de la unificación que para ella significó la puntilla. Por eso los recién llegados y conversos se erigieron en representantes de algo que no sentían, siendo la intolerancia su nota distintiva. La comprensión fue practicada, desde el principio, por los escasos supervivientes, hombres y mujeres de la Falange auténtica. Ellos dieron cobijo a los vencidos en las redacciones de Arriba, Escorial, Medina, Clavileño, o centros como el Instituto de Estudios Políticos.
El diálogo que parece descubierto tras la muerte de Franco, lo intentó José Antonio en 1936, cuando se ofreció a negociar un gobierno de coalición que evitara la guerra civil.
La película Morir en Madrid, que vi por vez primera en Zurich, en 1966, silencia a los grupos minoritarios y desinteresados de la primera época, identificándolos con la masa amorfa, surgida cuando el asesinato de José Antonio se había consumado. Treinta años después, González Bueno, ministro del primer gobierno de Franco y permanente «camisa azul», se jactaba, en un hotel de Santander, de haber ideado el exterminio de la Falange joseantoniana, con la fórmula de la unificación.
Se salvó la Sección Femenina, gracias a la presencia en ella, de Pilar Primo de Rivera. Sus cualidades –tenacidad, sentido del deber, sacrificio y total desprendimiento económico–, reflejadas en las afiliadas, hicieron del grupo algo ejemplar que, un día, será estudiado con justicia .
En unas declaraciones que años más tarde hace a la escritora Rosario Ruiz Franco, le dice:
Franco no era falangista y entonces comprendí que aquello iba a ser lo que fue, un albondigón en el que hubo muchos conversos que para salvarse hicieron méritos muy crueles. Antes de la contienda los seguidores de José Antonio éramos poquísimos, quizás unos dos mil en toda España, y tal vez ni siquiera llegaron a ese número, y en la zona franquista sólo había quedado una minoría, quizá cien o doscientos. Los que estaban en Madrid y Barcelona, murieron fusilados .
Durante la guerra colabora estrechamente con la Sección Femenina. Se abren los primeros hogares para ayudar a los más necesitados. En la admisión de niños tuvieron preferencia los hijos de los vencidos –el hogar que digirió la falangista Carmen Werner recibió a los hijos de los asesinos de su familia–. Por otro lado, mientras Málaga conseguía logros muy positivos, gracias a la labor de la Sección Femenina dirigida por verdaderas joseantonianas –Mercedes cita los nombres de Nena Hurtado, Carmen Werner, Teresa Loring, Syra Manteola, María Amalia Bolín, Maruja y Coral Parga–, «la burguesía sevillana contemplaba con prevención la reforma agraria del programa de FE» .
Aunque sus biógrafos dicen que contrae matrimonio con Eduardo Llosent en el año 1939, esta fecha no es la correcta ya que el enlace tuvo lugar el 20 de diciembre de 1937 en la capilla de Nuestra Señora de la Antigua, de la Santa Iglesia Catedral de Sevilla, bendiciendo la unión el párroco de San Vicente Mártir, José Rodríguez Sayago. En Sevilla sigue el nuevo matrimonio hasta finalizar la guerra cuando se trasladan a Madrid donde Eugenio d’Ors, director general de Bellas Artes, nombra a Eduardo Llosent director del Museo de Arte Moderno. La capital de España no era en aquellos años el desierto intelectual que todavía algunos nos pintan: Dámaso Alonso, d’Ors, Cela, Torrente Ballester, Pedro Laín, Antonio Tovar, Alfaro, García Nieto, etc, no faltaban a las tertulias que tenían lugar en los cafés y casas particulares. En lo que respecta a Mercedes y su marido, frecuentaban otras tertulias donde acudían Sánchez Mazas, Eugenio Montes, González Ruano, Edgar Neville, Sebastián Miranda, Pilar Regoyos, Natividad Zaro, Mary Navascues, Conchita Montes, etc. Otras veces salían con Luis Felipe Vivanco, Luis Rosales y Leopoldo Panero. En el verano de 1939, se representó, en el paseo de las Estatuas del Retiro, La cena del rey Baltasar, de Calderón de la Barca. Por otro lado, la extraordinaria labor desarrollada en el teatro por María Guerrero trajo como consecuencia la reposición de obras de autores como Benavente, Marquina, José María Pemán, Agustín de Foxá, Buero Vallejo, Joaquín Calvo-Sotelo, etc.
En 1940 se publica la revista de cultura y letras Escorial que dirigía Dionisio Ridruejo y en cuyo primer número aparecen las firmas de Eugenio Montes, Ramón Menéndez Pidal, Adriano del Valle, Juan Panero, José María Alfaro, Luis Felipe Vivanco, Pedro Laín Entralgo, etc. En esta misma revista publicaría Mercedes, años después, la novela titulada Bodoque, donde narraba las reacciones de un niño frente a un acontecimiento superior a sus fuerzas y que años más tarde, en 1958, no entró en la votación del Premio Café Gijón, por estar publicada al menos parcialmente. A principios de 1944, Pilar Primo de Rivera le propuso la dirección del semanario Medina donde colaboraron personas procedentes de campos políticos opuestos a Falange. Algo que también sucedió en otros medios como el diario Arriba, con Echarri, Cebrián, Azcoaga, etc.
Estando de embajador en Argentina José María de Areilza, decidió llevar a aquel país muestras de la cultura española, tanto en el terreno de las artes plásticas, como de la literatura, la música y el teatro. Eduardo Llosent, como director del Museo de Arte Moderno, se responsabilizó de las artes plásticas y con él embarcó Mercedes en Cádiz, en agosto de 1947, rumbo a Argentina siendo entonces presidente Juan Domingo Perón. Después de pasar algo más de tres meses en aquellas tierras, con enorme éxito de toda la representación española, de nuevo pusieron rumbo a España a últimos de diciembre. Ya en Madrid, Mercedes se dispuso a poner en práctica el proyecto que le había rondado a lo largo de la travesía. Las finanzas de su marido no iban muy bien y decidió examinarse de las pocas asignaturas que le faltaban para terminar la carrera y así poder ayudar con su trabajo. La guerra y después su colaboración en la Sección Femenina, hizo que perdiera muchos años de estudios.
En 1948 termina la carrera de Derecho con el propósito de ingresar en el Cuerpo Diplomático, pero descartó estas oposiciones porque la obligarían a residir lejos de su marido. Optó más tarde por las oposiciones de Abogado de Estado o Notarías, pero se encontró que en todas, incluida la del Cuerpo Diplomático, uno de los requisitos que se pedían para opositar era «ser varón». Tal estado de cosas sublevó a Mercedes que recordaba cómo «José Antonio, cuyo nombre tanto se aireaba, nunca fue contrario a las universitarias» . Pidió entonces el alta en el Colegio de Abogados e intentó entrar en algún bufete de abogados sin conseguirlo, pero su vocación por la carrera la impulsaron a seguir adelante hasta conseguir que la realidad por la que pasaba la mujer, en muchos casos, pudiera cambiarse porque no estaba dispuesta que le vedasen el camino que había elegido. Necesitaba ganar algún dinero y por esta razón aceptó la dirección de la revista Feria donde llegaron a colaborar, entre otros, Leopoldo Panero y Luis Rosales. Sin embargo, esta nueva aventura no duró mucho tiempo porque, privada la revista de medios económicos, desapareció con sus valiosos colaboradores. A través de algunos amigos consiguió la asesoría de una empresa y un trabajo en el Instituto de Estudios Políticos.
Coincidiendo con todo esto, recibió una carta de Pilar Primo de Rivera donde le pedía redactase una ponencia para el Congreso Hispano-Americano-Filipino que tendría lugar en 1951. Aceptó la invitación y como Delegada Nacional del SEU que había sido, sintió la responsabilidad de resolver la injusticia laboral de la mujer. Buscó colaboradoras, todas ellas universitarias, que habían obtenido el título antes de la guerra: María de la Mora y Sofía Morales, Periodistas; Carmen Llorca, Josefina Aráez y Pilar Villar, Filosofía y Letras; Carmen Segura, Ingeniero Industrial; Matilde Ucelay –que pertenecía al grupo de los vencidos– y María Ontañón, Arquitectos; Mercedes Maza, Médico; y Carmen Werner, Licenciada en Pedagogía. El trabajo de la ponencia avanzaba y consumía buena parte de su tiempo; Mercedes Fórmica sabía que los beneficios que se lograsen nunca los disfrutaría. Serían las jóvenes universitarias las que los aprovecharan. A pesar de tanto trabajo todavía encontró tiempo para escribir la novela Monte de Sancha, finalista del Premio Ciudad de Barcelona, publicándose más tarde la crítica que le hace el académico Fernández Almagro:
Con Monte de Sancha hace Mercedes Fórmica acto de gentil presencia en el campo de nuestra novela. Bien señala el título la localización de este relato que nos sitúa en tierra malagueña, concretamente en la florida altura que domina la muelle fronda de la Caleta y el popular hervor del Perchel. Ese contraste entra por mucho, real y simbólicamente, en la novela: de un fondo social y político que, en principio significó, sin duda, la principal dificultad que la autora se propuso con el deportivo propósito de vencerla. Es Málaga, en la época roja, la ciudad que presta todo su ambiente, en cruzadas ráfagas de cosmopolitismo y casticismo, con luces de sacrificio y sombras de crimen, a la novela de Mercedes Fórmica. La autora hace ver lo que aquella angustiosa realidad representaba, y, en función de la verdad vivida, se mueven los personajes, sin que en momento alguno la libre ficción novelesca parezca alegato en pro de determinada tesis… .
Algunos años después, el escritor catalán Sebastián Juan Arbó escribe un artículo en la prensa sobre la producción literaria a la que, según él, «se ha aludido muy raramente». En este artículo, que tituló Reflexiones al margen de los premios, hace una crítica breve a varias novelas y en lo que a la de Suárez Carreño, Premio Nadal 1949, respecta, le acusa que la suya, Las últimas horas, parece que tiene prisa en terminarla. «Es una novela –dice Arbó– de la que puede decirse que acaba en punta, en una punta alargada y un tanto monstruosa con relación al resto del libro». Idéntica acusación hace a nuestra autora, de la que dice: «En el mismo defecto, aunque agravado, incurre, a mi entender, Mercedes Fórmica en su Monte de Sancha, espléndida novela al principio, que acaba en pura zarzuela con los amores del escultor y la dama. Ana Matute fue testigo de mi entusiasmo en la primera parte de esta obra y mi decepción después» . Por otro lado, cuando un año antes en una entrevista la preguntaron a Ana Matute, Premio Planeta 1954, a cuál novelista prefería, no dudó en contestar: «A Mercedes Fórmica» . Publicó también la novela La ciudad perdida que fue seleccionada para el Premio Nadal y que más tarde una productora hispano-italiana llevó al cine: Era la aventura de un terrorista que entra en España clandestinamente y ha de cumplir en Madrid una siniestra misión. Asimismo hicieron una adaptación para el teatro. También, en esta ocasión, Fernández Almagro hace una crítica a esta novela que da comienza con estas palabras:
Un poco después de salir a luz Monte de Sancha, aparece otra novela de Mercedes Fórmica, La ciudad perdida, y quien conozca estas dos obras atestiguará, de seguro, la ampliación de horizonte que significa la segunda respecto a la primera, y no precisamente por el asunto, sino por el modo de desarrollarlo, con técnica tan exigente y comprometida que la autora se crea sus propias dificultades por el gusto de vencerlas. Después de todo, el espíritu deportivo tan característico, en su línea, de este tiempo, es una manifestación más del eterno anhelo de superación sin el cual la obra artística perdería todo aliento .
El alta en el Colegio de Abogados, como era su caso, obligaba a realizar el «turno de oficio» cuando las circunstancias lo demandaran. La vigencia de la pena de muerte le atormentaba cuando tenía que afrontar algún caso castigado con ella. Un día la prensa publicó la agresión de una mujer a manos de su marido que le había asestado varias puñaladas. Un joven periodista quiso averiguar más detalles del suceso y se entrevistó con la mujer que le confesó que no era la primera vez que recibía malos tratos. Cuando el periodista le preguntó que cómo lo consentía, la mujer le respondió: «Intenté separarme, pero el abogado a quien consulté me dijo que lo perdía todo. Hijos, casa, mis pocos bienes» . Aunque hoy parezca mentira, la mujer decía verdad. Esta injusticia le hizo pensar a Mercedes que algo había que hacer para reparar uno de los mayores atropellos que en aquellos años sufría la mujer casada. Fue entonces cuando se le ocurrió denunciar aquella absurda ley, que dejaba indefensa a la mujer ante la separación, con la publicación de un artículo que, previamente, estuvo tres meses congelado por la censura; lo tituló El domicilio conyugal, alcanzando enorme éxito, incluso fuera de España, y que por su interés reproducimos en su totalidad:
En un hospital madrileño agoniza una mujer, víctima de doce cuchilladas. La noticia, extraída de entre los que pregonan el discutido Premio Nóbel, el nuevo estatuto de Trieste, el repugnante asesinato de Bobby Greenlease, o la catástrofe de Cestona, pasa inadvertida, cuando no por vulgar, deja de ser aleccionadora, ya que al ahondarse en las razones que llevaron a este final sangriento se pone en claro que la muerte de la desgraciada mujer la provocó la convivencia, una convivencia, que por humanidad, debió de ser evitada. La historia es realista, amarga. Un marido que se niega a entregar a su esposa el producto de su trabajo para mantener a la familia, compuesta por los padres y tres hijos; una esposa, que, a fin de sacar adelante a esa misma familia, se afana en tareas agotadoras, de la mañana a la noche. A menudo, ruega al marido que cumpla con su obligación de jefe de la casa. El marido se limita a golpearla, límite bastante suave en un hombre que llegará hasta el parricidio. De estos golpes existe constancia abundante en la Comisaría del distrito. Se me dirá, por el público ingenuo, que antes de dejarse matar, esta mujer pudo separarse legalmente de su marido, invocando la causa segunda del artículo 105 del Código Civil. Un grave obstáculo, sin embargo, se lo impedía: la escasez de vivienda.
Nuestro Código Civil, tan injusto con la mujer en la mayoría de las instituciones, no podía hacer una excepción con la esposa, y la casada que se ve en el trance de pedir la separación; aun en aquellos supuestos en que su inocencia está comprobada, ha de pasar por el previo depósito, que en este caso habrá de ser realizado fuera del domicilio conyugal, y ya el proceso de separación en marcha, el juez le entregará, o no le entregará, los hijos, los bienes muebles, fijará una pensión alimenticia, pero lo que ningún magistrado sentenciará –entre otras razones porque carece de facultades para ello– es que sea la esposa la que permanezca en el domicilio común y sea el marido culpable el que lo abandone. En otra época, la medida, aunque injusta, planteaba problemas secundarios; hoy esta parcialidad lleva a las doce cuchilladas. Qué duda cabe que en estos tiempos, en que el desequilibrio entre habitantes y habitación ha planteado un problema de gobierno y ha dado vida a una ley tan revolucionaria como la de los Arrendamientos Urbanos, pocas mujeres se arriesgarán a dejar su casa para lanzarse a la aventura de vivir debajo de un puente, o en un cuarto de renta nueva e inaccesible. La mujer que se encuentra en esta situación se resigna, y aguanta hasta el límite, que, como en el supuesto que nos ocupa, es la propia vida.
La defensa de la familia cristiana, imprescindible para el logro de una paz duradera, se consigue con la convivencia pacífica, equitativa, en la que cada cónyuge lleve su carga y cumpla con su deber. Es contraproducente para este logro el ejemplo a los hijos de la repetida mala conducta del más fuerte, que lo es sólo porque le mantiene una ley arbitraria. Los señores jueces deberían tener facultades para otorgar la titularidad del domicilio conyugal al cónyuge inocente, en este caso a la esposa, ya que, en definitiva, el domicilio conyugal es la casa de la familia y no «la casa del marido», como dice la ley. La familia ganaría en moralidad y buenos ejemplos, y los hijos varones conocerían a tiempo que su mala conducta futura no se verá salvaguardada por el Código Civil, aliado a circunstancias de momento, escasez de vivienda en este caso. Los buenos padres, que por lo general son también los buenos maridos, adquirirían la certeza de que sus hijas quedaban liberadas de una suerte dura. Esa mujer, que a la publicación de esas líneas quizá ya no sea, representa algo más que la protagonista de un suceso de sangre, representa un símbolo: el de la buena esposa, excelente madre de familia, a la que una injusticia de la ley llevó al inútil sacrificio de su vida. No permitamos que su caso se repita. Hora es ya de prevenir, en lugar de lamentarse, de escoger el camino del diálogo y no de la violencia, cuando se pretende implantar una reforma justa. En apoyo de mi teoría diré que en el Congreso de Abogados celebrado en Madrid el pasado año se puso de manifiesto la necesidad de reformar la ley en este sentido, y como detalle digno de tenerse en cuenta, señalaré que fueron los abogados sacerdotes, a los que sus circunstancias hacía imparciales, los que se pronunciaron a favor de esta reforma .
El artículo tuvo enorme éxito no sólo en España sino fuera de nuestras fronteras. Un amigo suyo le remitió un recorte del periódico The New York Times quien a través de su corresponsal en Madrid publicó una larga referencia del escrito. Por otro lado, en un trabajo dedicado al mundo femenino, la revista Holiday hizo un reportaje fotográfico de aquellas mujeres que más habían destacado en sus respectivos países. Robert Capa, director de la misma, pidió a la fotógrafa Inge Morath que en España fotografiara a Mercedes Fórmica: «Tú irás a España. Tienes que ver a una mujer extraordinaria. Se llama Mercedes Fórmica, es abogado, y defiende a las mujeres que no se pueden separar de sus maridos» . Igualmente «recogieron la noticia el Daily Telegraph y la importante revista gráfica Time, que le dedicó una página el 7 de diciembre rematada con esta frase escuchada a un madrileño: «Creo que empieza un gran torbellino. Gracias a Dios mi mujer no lee los periódicos» . Otra prensa europea comentó también la noticia; incluso el semanario de la CNT dedicó palabras de elogio al artículo lo mismo que la que fue militante del PSUC, Lidia Falcón, quien escribió que «los artículos de Mercedes Fórmica recorrieron todo el país en pro de los derechos de la mujer. Se celebran inmediatamente cursillos y congresos convocados por la Academia de Jurisprudencia sobre el tema La mujer ante la ley. Durante cinco largos años se debate y se debate entre las irónicas respuestas de los que ven en la campaña un resurgimiento del loco y apolillado feminismo. Pero las cuchilladas no cuajan con el nuevo feminismo norteamericano, y a pesar de la resistencia de los tradicionalistas, el 24 de abril de 1958 se promulga una ley por la que se varían sesenta y seis artículos del Código Civil» .
El Abc se benefició del éxito alcanzado por la abogada. Días después el periódico abrió una encuesta en torno a la reforma de la legislación denunciada dando también cabida en sus columnas a expertos juristas a la vez que a su redacción llegaban a diario cartas adhiriéndose a las reivindicaciones femeninas propuestas por Mercedes Fórmica. Al mismo tiempo publicó un editorial destacando el eco que tuvo el artículo y el planteamiento del problema de la capacidad legal de la mujer española añadiendo que la situación concreta que denunciaba su colaboradora «no es sino una de tantas manifestaciones de una característica de nuestro Derecho Civil que fue objeto de estudio en el primer Congreso Nacional de Justicia y Derecho…» .
A la encuesta realizada por el periódico se sumaron prestigiosos hombres de leyes como el catedrático Ursicino Álvarez para quien «la situación de la mujer es un problema que ha preocupado en todos los tiempos y en todos los pueblos». El que fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Central, Eloy Montero, siempre estimó «duro en demasía lo que dispone la Ley de enjuiciamiento Civil en su artículo 1887, o sea, que los hijos mayores de tres años pasen automáticamente al padre cuando se decreta la separación provisional de los cónyuges, a tenor del artículo 68 del Código Civil». El profesor de Derecho Civil, Antonio Hernández Gil, ha dicho que «es posible introducir en nuestro sistema legal algunos importantes perfeccionamientos en lo relativo a la condición jurídica de la mujer y especialmente de la mujer casada». Para Jaime Guasp, decano de la Facultad de Derecho de Madrid, «el problema de la condición jurídica de la mujer, que Mercedes Fórmica ha aireado tan oportunamente, haciendo brillante honor a la doble calidad de su profesión y de su sexo, merece, desde luego, una atención pública superior hasta la que ahora ha disfrutado». José Valenzuela, catedrático de Derecho Administrativo, aunque el tema no era de su especialidad, no dejó de dar su opinión: «Es de extrañar que siendo la familia para el Derecho Civil una sociedad y para la Iglesia una relación de compañerismo (“Compañera te doy y no sierva”), el Código Civil se aleje de la característica de voluntariedad que suponen estas relaciones, puesto que después de constituido el matrimonio establece un sistema rígido con prerrogativas de poder a favor del marido». En la encuesta también intervinieron otros ilustres letrados como Joaquín Garrigues, José María Ruiz Gallardón, Ramón Serrano Suñer, Juan Vallet de Goytesolo… y Antonio Garrigues que cerró la encuesta añadiendo para terminar «que lo que todas las opiniones han coincidido es que si al argumento de la capacidad de la mujer hubiera que darle un nombre propio, este nombre bien podría ser el de Mercedes Fórmica».
Después del estudio tuvo lugar un caso de separación matrimonial cuya vista de apelación recogió en Abc Josefina Carabias. A la misma, la periodista acudió en compañía de Mercedes y al salir de la Audiencia se dirigieron directamente a casa de la abogada para seguir charlando. Cuando la empleada del hogar les abre la puerta, al parecer con cara de susto, Josefina Carabias recogió ese momento, escribiendo el siguiente relato:
–Señora –dijo–, ahí en el despacho, está la mujer de las doce puñaladas. Acaba de salir del hospital.
Allí estaba, en efecto, la víctima cuyo caso sangriento determinó toda esta polémica alrededor del domicilio conyugal. ¡Daba pena verla!
–Vengo a ver qué me aconseja usted que haga, señorita. Mi marido está en la calle. Le han puesto en libertad. Si se le ocurre ir a casa entrará aunque yo no le abra. Tiene derecho, la casa sigue siendo suya…
Nos quedamos de piedra. A pesar de los ríos de tinta que se han vertido, a pesar de lo todo que se ha hablado… ¡el hombre de las doce puñaladas sigue siendo el dueño del domicilio conyugal! La mujer no tiene más remedio que vivir a su lado o irse, con sus hijos, debajo de un puente .
Alguna prensa española entra en la polémica que destapó el artículo y también sus comentarios posteriores por parte de muchos profesionales del Derecho. Ciertos artículos publicados en esa prensa llevaban la firma de su autor, pero otros se publicaron de manera anónima sacando la cuestión de quicio y llegando, incluso, a la peregrina conclusión de que la encuesta referente a la situación de la mujer en el Derecho positivo español había sido inspirada por un ánimo antifamiliar y anticristiano. Ante estos comentarios para abordar el problema de la capacidad de la mujer casada, Mercedes escribe un largo artículo respondiendo a semejantes formas de ver las cosas. Ella, que nadie puede tachar de anticatólica, termina su colaboración con estas palabras:
Los profesionales del derecho estarán de acuerdo conmigo en que presentada una demanda de separación por la esposa inocente, el primer acto del esposo culpable consiste en la ocultación de los bienes, en el alzamiento o enajenación de los gananciales, en disfrazar o menospreciar sus ingresos por trabajo o rentas, todo ello con la consiguiente disminución de la pensión alimenticia. Estas medidas, dictadas por el rencor a la mujer, recaen, en definitiva, sobre los hijos –lo que queda de la Institución Familiar–, que sufren en carne propia las consecuencias de una situación que no crearon.
Qué duda cabe que no existe nada más hermoso que los matrimonios en armonía, los hijos felices en la compañía de sus padres. Pero no añadamos más miseria a la desgracia de los que no pudieron conseguir tales bienes y tendámosles la mano, haciéndolo con generosidad y con verdadero espíritu cristiano. Que mucho se esgrimió el cristianismo en estos días, pero pocos recuerdan que fue Jesús el que elevó la categoría de la mujer, y que, en definitiva, el Derecho romano que nos rige contiene muchos excesos inspirados por el paganismo .
Pero la actividad de Mercedes no para ahí. Se dedica a dar charlas. El 10 de febrero de 1954, en el Circulo Medina de la Sección Femenina, pronuncia una conferencia bajo el título La situación jurídica de la mujer española, que tiene un enorme éxito. Con el mismo título da otra en Barcelona donde, además, en La Vanguardia Española le hacen una entrevista que comienza con esta entradilla: «Mercedes Fórmica, abogada en ejercicio, del Colegio de Madrid, escritora, novelista, autora de Bodoque, Monte de Sancha, La ciudad perdida, El miedo (Inédita esta última), defensora de los derechos de la mujer, disertará hoy en Conferencia Club, sobre este tema» . Al día siguiente el mismo periódico le dedicada una reseña elogiosa, destacando las felicitaciones que había recibido del numeroso público que había acudido a escucharla. Al mes siguiente, el mismo periódico recoge la estancia en Barcelona de la escritora Simson, colaboradora del Herald Tribune, que manifestó que iba a enviar a ese periódico la entrevista mantenida con Mercedes Fórmica sobre los derechos de la mujer porque «esto interesa mucho en Norteamérica» . En 1955 publicó la novela A instancia de parte con la que ganó el Premio Cid y que volvería a ser reeditada con el texto revisado por su autora en 1990. En ella confluyen unos matrimonios rotos donde el máximo beneficiario será el hombre que sabe será siempre el ganador e intentará sacar por ello la máxima rentabilidad que las circunstancias le permiten.
Como consecuencia de la campaña creada por la abogada, en el mes de julio de 1956, en el Juzgado de Primera Instancia nº 3 de Madrid, se emitió una sentencia en la que el magistrado resolvió que la esposa siguiera viviendo en el domicilio conyugal debiendo abandonarlo el marido. Esta sentencia animó a muchas mujeres que se dirigieron a la prensa exponiendo se precaria situación en la que quedaron después de una sentencia contraria a ellas. Una de estas cartas fue firmada por una mujer que no sólo quedó sin hogar sino que cuando fue a pedir trabajo le dijeron que su marido tenía el deber de mantenerla y que por ese motivo no se lo daban. A los pocos días, Mercedes le contesta desde las columnas del Abc con un largo escrito que finalizaba así:
Cuando la ley sea más cristiana que romana –es decir, pagana–, entonces sí, entonces, mi admirada y admirable doña Emilia Cabello y Rodrigo, esposa española, depositada en casa extraña, viviendo de la caridad ajena, podrá hablarse «de una ley injusta» y «de una ley posterior equitativa»”.
Mientras este paso no se dé, las circunstancias no habrán cambiado, y las mujeres españolas continuarán como hasta hoy, y los ejemplos como el suyo se multiplicarán .
Escribe mucho sobre temas muy diversos relacionados con la mujer. Le preocupan, sobre todo y principalmente, los padres adoptantes que opinan sobre la destrucción de las partidas literales de nacimiento y bautismo de los hijos adoptivos. Se interesa por esta materia y pide a los juristas que expongan sus puntos de vista, pero considerando más el aspecto humano de la cuestión que el simple problema legal. Para ella lo más importante aún es que los legisladores, teniendo en cuenta este aspecto humano, rectificaran las disposiciones que estaban en vigor en aquel momento y las adaptaran a las realidades actuales. Este nuevo planteamiento que hace sobre los hijos adoptivos vuelve a producir una serie de cartas en la prensa tanto de juristas como de padres adoptantes. Al final, el abogado Joaquín Arce, conocedor de los problemas relacionados con la adopción por su contacto diario con el tema a través de su conexión tanto con los adoptantes como con los adoptivos, envía un valioso trabajo que Mercedes reproduce en el Abc, y del que recogemos solamente sus expresiones finales:
Los niños –no lo olvidemos– admiten la verdad, cualquiera que se ésta, mejor que el engaño o la simulación, reaccionando ante ella con gran capacidad.
Si estamos persuadidos, como debemos estarlo, que la paternidad adoptiva es verdadera paternidad que crea en gran medida la personalidad del hijo, modela su temperamento e imprime su propio sello dada la gran capacidad mimética receptiva del niño y todo eso lo hace mediante la entrega del amor, máxima oferta de que es capaz el hombre: si estamos convencidos de esto –repito– no debe constituir problema que el menor conozca que su origen tiene una causa distinta a la de su vida .
Separada de su marido Eduardo Llosent, contrae segundas nupcias en 1962 con José María G. de Careaga y Urquijo que fue alcalde de Bilbao y que falleció el 4 de enero de 1971.
En 1972 publica la novela histórica La hija de don Juan de Austria, con prólogo de Julio Caro Baroja, y con la que al año siguiente ganó el Premio Fastenrath de la Real Academia Española; interviniendo como jurado: José María Pemán, Pedro Laín Entralgo y Gerardo Diego. Esta obra fue recibida por la crítica como una definitiva contribución al estudio del siglo XVI español. Años más tarde fue objeto de una polémica entre su autora y Antonio Gala porque le acusaba de plagio, en relación con un guión de éste para un programa de Televisión. Mercedes pedía que al menos Gala admitiera que había hecho una adaptación. De esta novela hizo una excelente crítica el Premio Nacional de Literatura 1949, Pedro Rocamora, quien, entre otras cosas, escribió:
Y esto es lo que ha hecho Mercedes Fórmica. De un tema casi folletinesco ha sabido construir un trabajo de investigación. El lector se halla ante un texto tratado con absoluto rigor documental. No hay en él lugar para lo fantástico. Pero no importa. Porque Mercedes Fórmica ha sabido reflejar el contraluz de unos años en los que la realidad se funde con la fantasía. En ese momento España conserva todo su lastre medieval, a la vez que se está forjando el estilo de vida del renacimiento.
Lo que ha hecho Mercedes Fórmica, con ánimo resuelto, es adentrarse en el transfondo del reinado de Felipe II para mostrarnos el perfil de un personaje que amó ilusionadamente y al que el rigor del Monarca cortó las alas de su pasión de mujer. La España de Felipe II fue inquisitorial, despiadada, dura y a la vez imaginativa y soñadora. En ella la vida de Ana de Austria equivale al conflicto psicológico de una mujer marcada por un trágico destino. Vivió en una época cargada de contradicciones. En una España de frailes, de brujas y de santos, de ascetas y de barraganas, de fe y de hipocresía, de religiosidad y de lujuria… .
Le seguiría otra novela histórica publicada en 1979, titulada María de Mendoza. Solución a un enigma amoroso. En 1987 publicó La infancia que con la novela Collar de Ámbar publicada en 1989 termina su obra literaria. Sin embargo, ella seguía con sus colaboraciones en la prensa. Este mismo año publica un largo artículo titulado La situación jurídica de la mujer española; y más tarde acudió a los cursos de la Complutense en El Escorial para relatar su lucha por los derechos de la mujer. Todavía escribiría un artículo que tituló La propiedad limitada, cuando se enteró que una pobre viuda de 82 años le había quedado de paga 2.083 pesetas en 1998; y La hermana desconocida de la princesa de Éboli. Tampoco hemos de olvidar la trilogía de sus memorias que comenzó a publicar en 1982 con el título Visto y vivido; siguiendo un segundo tomo, Escucho el silencio, que se publica en 1984; para finalizar con el tercero titulado, Espejo roto y espejuelos, editado en 1998.
Mercedes Fórmica falleció en Málaga el 22 de abril de 2002, víctima de la enfermedad de Alzhaimer. Esta escritora y abogada ejerció siempre su profesión enfrentándose a la situación jurídica de la mujer en España, aunque las feministas la ignoraron, y la ignoran, porque fue falangista poniéndole además el sello de fascista sin que nadie se molestara en averiguar si lo era o no. Que también escribió que José Antonio era un hombre de Derecho, no un hombre de derechas; y que ante la muerte que ya presentía no muy lejana, dijo que tenía fe y que para ella la religión le había aportado la esperanza y la explicación del objetivo de su vida.