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lunes, 10 de marzo de 2014

El toreo, de esmoquin. Por Antonio Burgos

Antonio Burgos 



El toreo, de esmoquin
 El 11 de diciembre de 1944 los intelectuales españoles rindieron un homenaje a quien entonces era el máximo héroe popular. Un torero. Manuel Rodríguez "Manolete". Como una figura de El Greco vestida de luces, que recibía a los toros por alto con el laconismo militar de aquel estilo: como un saludo a la romana con la muleta. El homenaje consistió en una cena de gala en el restaurante Lhardy de Madrid. Historia sobre la Historia. En el restaurante histórico, media Historia del Toreo en el siglo XX y los autores de la mejor prosa que se escribía en una España de postguerra no tan triste como ahora la pintan, pues para ellos era el paso alegre de la paz en una primavera que volvía a reír. De aquella cena de gala hay una foto famosa. En torno a Manolete están Cela, Pemán, Víctor de la Serna, Agustín de Foxá, Adriano del Valle, Pedro Mourlane Michelena, Rafael García Serrano... Al fondo de la foto parece que resuena el arte mayor, la Poesía rendida ante el Toreo, como una premonición de los alejandrinos que Agustín de Foxá habría de escribir tras lo de Linares: "Yo saludo al torero más valiente del ruedo./Yo saludo en ti a Córdoba, olivares y ermitas,/que le dio esa elegancia de califa sin trono,/de Almanzor que no vuelve, que es desdén y nobleza." 
Y como una costumbre de etiqueta que ya sólo se mantiene en la cena de los Cavia en la Casa de ABC, todos los escritores que aparecen en esa fotografía visten riguroso esmoquin, con blanca camisa de pechera dura y corbata de lazo. Todos, menos uno. Todos menos Manolete. Manolete va de uniforme. Manolete va con el uniforme del cuerpo al que pertenece. Va vestido de torero. ¡Y qué torero! Manolete va con su traje corto campero, con su camisa de chorreras con botonadura de piedras preciosas. Y sin corbata. Ni de lazo ni de nudo. Sin corbata, como los hombres del campo andaluz cuando van al pueblo para el día de la Patrona. Con el botón del cuello de la camisa muy abrochado. Pero chorreando señorío y torería. Derramando la misma "elegancia de califa sin trono" con que Agustín de Foxá habría de recordarlo desde aquella noche.

Yo me he acordado ahora de aquella fotografía del homenaje de los intelectuales a Manolete en Lhardy. Con ocasión de algo que me tiene perplejo: la moda de que los toreros presenten su temporada, como si fuera un modelo nuevo de coche o el premio Planeta. Hasta ahora, en el toreo, ni las figuras sabían cómo se iba a presentar para ellos la temporada. Dependía de cómo arrancaran en Castellón, en Valencia, o luego en Sevilla y en San Isidro. Los toros traían cortijos en sus lomos... o teléfonos que no sonaban en casa del apoderado. Según. Ahora no.

Ahora las figuras no sólo saben cómo se les presenta la temporada, sino que encima te la presentan: "Aquí mi remporada, aquí la afición". ¿La afición? La afición huye de las plazas ante este toreo de diseño asistido por ordenador. Sin alma. Sin torería. Sin paladar.

Así que el uno presenta su temporada en el Círculo de Bellas Artes (que no es mal sitio, ahí tiene que estar el toreo, entre las Bellas Artes) y el otro presenta su temporada taurina como si fuera un disco de David Bisbal: con un festorro en el Joy Eslava, ¡arsa pilili! Y la presenta vestido de esmoquin. Todo el famoserío y el canallerío al uso madridí está allí en la fiesta vestido de particular, pero el torero presentante va de esmoquin. ¿Es acaso un intelectual que le va a rendir homenaje a Manolete con retraso? No, es el triste símbolo de cómo está el toreo.

Los toreros antes se vestían de toreros y se casaban de corto y con botos camperos. Ahora se casan de chaqué y organizando desfiles de máscaras con chisteras. Y presentan su temporada de esmoquin. Al toreo le han quitado el traje corto y lo han vestido de esmoquin y de chaqué. Y encima quieren que se llenen las plazas. ¡Tequiyá con el cuento del esmoquin!



Artículo publicado en ABC el día  9 de Marzo de 2014

martes, 11 de septiembre de 2012

¿Qué es ser comunista?

Por su interés reproducimos este artículo de Ussía para La Razón que recoge el espíritu reivindicador de este blog.

¿Qué es ser comunista?

Alfonso USSÍA Domingo, 9 de septiembre de 2012









   Foto: Google
La Derecha española, democrática, libre y progresista, tiene que dejarse de complejos. Esa debilidad es la que anima a crecer el sectarismo de determinada Izquierda, nada democrática por cierto. ¿Es democrática la ignorante «seño» comunista que impide un homenaje a Agustín de Foxá? No lo puede ser.
El objetivo del comunismo nunca fue la libertad y la democracia, sino el poder. La libertad, en la España del último tramo republicano, en la URSS, en los países del Telón de Acero, en Cuba, en Corea del Norte, en donde hayan padecido la experiencia del comunismo, jamás existió. ¿Bienestar a cambio de libertad? Tampoco. El comunismo, económicamente, ha sido una ruina. Prisión y ruina. El bien supremo del ser humano, después de la vida, es el de la libertad. Hay que dejarse de complejos. Una buena parte de estos ignorantes que exteriorizan su memez y su incultura amparados en una norma prescindible, militan en el comunismo o el socialismo sectario porque se sienten enfadados con la vida. Sólo ellos son capaces de borrar el nombre de un héroe del siglo XIX español de una calle de Sevilla para sustituirlo por el de una actriz secundaria y de reparto cuyo único mérito ha sido liderar al sector más politizado del cine hacia el desprecio general.
Resulta penoso el sistemático silencio de la Derecha ante las humillaciones de una Izquierda alzada que somete su reacción. Un comunista no puede hablar de democracia. Un comunista no puede dar lecciones de libertad. Un comunista no tiene ningún fundamento para usar la imagen del progreso. Están ahí, estancados en su derrota y en su rencor. Pero son maestros en la manipulación y la propaganda, eso que tan rematadamente mal hacen los políticos de la Derecha. La Ley de la Memoria Histórica no contempla a Paracuellos del Jarama, por poner el ejemplo más sangriento de nuestra Guerra Civil. Y setenta años más tarde, prohíben un homenaje a un gran escritor que no mató a nadie. A Santiago Carrillo, el actual ministro de Educación, le hizo «Doctor Honoris Causa» dos años atrás. Y la reacción de la Derecha democrática fue respetuosa y tolerante.
La colaboración de Rafael Alberti en la tortura de presos en la checa de Bellas Artes ha pasado desapercibida. El Sistema no permite que un poeta comunista haya sido, además de prodigioso poeta, una mala persona. ¿Se figuran a José María Pemán, o al reconvertido Ortega y Gasset disfrutando del dolor de unos prisioneros republicanos? Son maestros en borrar las sombras de los suyos y los nubarrones de la Historia. La Guerra Civil fue una clamorosa reunión de canalladas, en un bando y en otro. Pero sólo se recuerdan y condenan las del lado de los vencedores. El victimismo de la derrota vende muy bien.
Agustín de Foxá era de derechas, como Dionisio Ridruejo, Eugenio Montes, Luis Rosales, Pedro Laín, Leopoldo Panero, Rafael Duyos, José María Pemán, José Luís López Aranguren, Rafael García Serrano y Ernesto Giménez Caballero. Escribieron y no mataron. No aceptarlos por su condición de «fascistas» desde el comunismo y el socialismo resentido, produce estupor y vergüenza ajena. Póngase fin, ya es hora, al complejo de inferioridad y al silencio. Ningún comunista puede dar lecciones de libertad, vida y democracia a nadie.

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* Ildefonso María Ciriaco Ussía Muñoz-Seca, más conocido como Alfonso Ussía es un periodista, columnista y escritor español. (1948 - ....)

martes, 31 de julio de 2012

La estupidez del "páramo cultural" desmantelada por Aquilino Duque


Aquilino Duque


 Los nombres propios del supuesto "páramo cultural" de la postguerra
Carmelo López-Arias

La idea de que durante el régimen de Franco España habría vivido en un "páramo cultural" cuajó en la Transición, a pesar de que era absurda y contradecía la experiencia personal de millones de españoles. Pero era útil a la izquierda y lo sigue siendo, no sólo por denigrar al "régimen anterior", sino porque convertía en tótem a unos escritores (los del exilio) y menguaba el valor de otros (los de dentro).

No hay muchos que osen desmontar esa tramoya, tan cómoda para todos. Aquilino Duque, Premio Nacional de Literatura y finalista del Premio Nadal (autor él mismo de obras maestras como El mono azul o Mano en candela), sí. Porque además es de los pocos lectores auténticamente desprejuiciados ante ámbitos literarios tan distantes. Joven en los años cincuenta y sesenta, residente largas temporadas en Europa, le tentó primero el virus contestatario, trató personalmente a casi todos los ilustres del exilio, y gozó con su literatura (lo mejor de ella –por cierto- escrita antes de 1936).

Nombres señeros...

Pero eso no significaba despreciar nombres como los que incluye en Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra (CEU): José María Pemán, Ramón Gómez de la Serna, Wenceslao Fernández Flórez, Vicente Risco, Lorenzo Villalonga, Rafael Sánchez Mazas... Ellos y otros muchos dieron tono a las dos décadas posteriores a la guerra, y desde luego ese tono no fue gris, sino vivo en todos los colores de la paleta, como muestran las glosas, interpretaciones, e incluso dimes y diretes de estos genios (y de sus amigos y adversarios y referentes...) recogidos en estas páginas.

En torno a esos focos de atención, y conforme al talento peculiar de Aquilino Duque para mostrar la coralidad de la vida real (el trasiego de conocidos, la interrelación entre los escritos, las referencias cruzadas), contemplamos la historia literaria de la España de postguerra, con valoraciones certeras del autor -casi nunca conformes al diktat de la izquierda caviar- sobre obras y autores.

...y una buena guía de obras maestras

El bosque animado de Fernández Florez es, por ejemplo, "uno de los mejores libros de prosa, sino el mejor, de la segunda mitad de siglo". La familia de Pascual Duarte, Viaje a la Alcarria y La colmena, de Camilo José Cela, "obras sólidas y envidiables". También recuerda que en los años sesenta, cuando surgió la gran narrativa hispanoamericana, la plataforma que le dio fama mundial fue Barcelona, que en aquella época llegó "a sustituir en actividad editorial a los grandes emporios que habían sido México y Buenos Aires". Vicente Risco, con La puerta de paja, contribuyó como lo harían el mismo Fernández Flórez o Álvaro Cunqueiro a reaccionar "contra el deprimente realismo dominante en la Península". También se sumó a esa "literatura antidepresiva" Rafael Sánchez Mazas con La vida nueva de Pedrito de Andía, una literatura costumbrista hecha "para alegrar la vida, distraer y divertir", y que por tanto sentó muy mal a quienes no soportaban evocar el pasado –la infancia del protagonista, en este caso- "si no es para ensañarse con él". Y ahí está también Lorenzo Villalonga con su Bearn o La Sala de las Muñecas, mal vista en su momento por la progresía por ser su autor "aristócrata, católico y falangista", pero una obra sobre la que aún se medita y se interpreta.

En toda esta panorámica de la floreciente literatura española de esos veinte años, Aquilino Duque aprovecha para valorar lo que otros críticos desprecian, desde esa literatura que, en vez de hundir la moral del lector, le reconcilia con la vida, hasta la conexión popular de la que gozaba, por ejemplo, José María Pemán, tan envidiada por sus censores en la izquierda.

Con todo, lo más bonito de esta obra de Duque es que enamora al lector de los libros de los que habla, incluso de los que apenas menciona de pasada, de estos autores o de otros. Un buen consejo es ir apuntando las novelas que aquí aparecen, e ir leyendo las que uno desconozca y releyendo las ya visitadas. Al final de ese ejercicio, a uno no le cuelan ya la milonga del "páramo".


lunes, 23 de julio de 2012

Recordando a José María Pemán


No hay virtud más eminente

que el hacer sencillamente

lo que tenemos que hacer…
J.M.Pemán


EL 1 de Mayo de 1948 el periódico La Nación decía que se encontraba en Buenos Aires el académico José María Pemán y que venía a continuar lo que en 1941 comenzó: presentar España.

Venía para asistir al estreno de algunas de sus comedias y a pronunciar conferencias donde se las habían pedido. La prensa decía que sus últimas comedias eran La Verdad, Vendimia y La Casa, todas dirigidas e interpretada por Lola Membrives.

En una entrevista que le hizo Jaime Potenze para el periódico Criterio contestó que ninguna conversación sobre teatro contemporáneo escrito en España estaba completa si no se nombraba a estos tres personajes: Jacinto Benavente, Eduardo Marquina y José María Pemán.

Un bailaor gaditano de La Línea de la Concepción ha entregado días pasados un obsequio al subsecretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural del gobierno argentino que preside Mauricio Macri. Durante muchos años han estado las banderas de Argentina y España en la casa donde vivió hasta su fallecimiento el ilustre poeta y escritor José María Pemán.

He aprovechado ahora que se celebran días dedicados a Hispanoamérica para recordar a este escritor que llevó el nombre de Cádiz y que protagonizó en aquellos días la lengua y el idioma en la Real Academia Argentina.

De las conferencias -que fueron todas maravillosas y que se guardan en los archivos pemanianos-, al menos quiero dar a conocer los títulos: Panorama de España y del mundo, Hacia una nueva cristiandad, Pensamiento y poesía de San Juan de la Cruz, La cuarta salida de Don Quijote y La mujer y la familia en el mundo español.

Hemos recordado a José María Pemán, quien hace mas de treinta años falleció un 19 de julio, y debemos recordar su persona y sus escritos.

…no siento ambiciones, ánsias ni desvelo

quiero solamente vivir y cantar,

¡es tan puro y simple todo cuanto anhelo

que cabe en mí mismo, como cabe el Cielo!




 
 
http://www.diariodecadiz.es/article/opinion/1310091/recordando/jose/maria/peman.html
 

jueves, 14 de junio de 2012

Aquilino Duque: Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra

Del espléndido blog Lector consentido de Javier de Navascués traemos esta interesante crónica del último ensayo de Aquilino Duque donde se desmonta la teoría manida del páramo cultural literario de la posguerra.

 Aquilino Duque: Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra

 De un tiempo para acá viene reclamándose que se reescriba la historia literaria de España después de la Guerra Civil. No todo pudo ser un “páramo cultural”: ni se fueron todos los escritores al exilio, ni los jóvenes partían de la nada absoluta por muy duros que fueran el aislamiento internacional y la censura franquista. Ciertamente una de las dos España dejó de contar por unas décadas, pero eso no quiere decir que la otra estuviera integrada exclusivamente por bárbaros ignorantes.
No obstante, todavía quedan muchos mitos y prejuicios que demoler hasta llegar a una visión menos parcial de lo que fueron las cosas en el ámbito cultural. Este nuevo ensayo de Aquilino Duque pretende reivindicar la obra de siete notables figuras de esa orilla católica y conservadora hoy marginada por la mayoría de los manuales e historias al uso.
En el prólogo el autor renuncia a darle un capítulo a Cela, en parte porque –según él- no lo necesita, en parte porque –me parece- nuestro Nobel se sale del aire de familia que tienen los autores tratados: José María Pemán, Rafael Sánchez Mazas, Wenceslao Fernández Florez, Ramón Gómez de la Sena, los hermanos Villalonga y Vicente Risco. El naturalismo tremendista de Cela está muy lejos de cualquiera de ellos. Pero esto no quiere decir que la estatura literaria de cualquier miembro de esta serie no sea de consideración. El bosque animado es la mejor novela del siglo XX, según afirma Aquilino Duque y tal vez no le falte razón. Las semblanzas de otras obras hoy preteridas (Rosa Krüger, Miss Giacomini o La puerta de paja) invitan al lector a buscarlas y disfrutar de un pasado literario injustamente desconocido.
El elogio más discreto que se puede dar del estilo de Aquilino Duque es su brillantez. Con una gracia y una desenvoltura amenísimas el libro va repasando hechos y textos, al mismo tiempo que reclama con tono desafiante una relectura menos tópica de nuestro pasado. Así, se nos recuerda que el exilio, por ejemplo, no produjo novelas de la talla de La familia de Pascual Duarte o El bosque animado; o que los problemas y malas interpretaciones políticas podían darse también en el seno del régimen; o que la posibilidad de una novela “católica” en España no era asimilable a la que se dio en Francia o Inglaterra, donde el cristianismo intelectual era minoritario y problemático. Las anécdotas suceden a las interpretaciones, porque este no es un libro académico sino un ensayo personal en el que el autor, novelista y poeta al fin, interrumpe su discurso para gastar una broma, se enfada con las opiniones políticamente correctas y, sobre todo, dialoga con sus colegas y maestros, algunos de los cuales conoció de cerca.

Aquilino Duque: Memoria y ficción en las letras españolas de trasguerra, Madrid. CEU San Pablo, 2012, 95 págs. 

lunes, 17 de octubre de 2011

DESAGRAVIANDO A PEMAN

Traemos al blog el valiente artículo escrito en ABC del escritor sevillano Antonio Burgos en defensa del olvidado maestro de las letras españolas Jose María Pemán.


Jose María Pemán
Yo iba a abrirme de capa para felicitar aquí a mi dilectísimo vecino don Ignacio Camacho y López de Sagredo, por haber ganado en la Cuna de la Libertad el premio de artículos más importante y veterano de Andalucía, dotado con un millón de aquellas antiguas pesetas que tanto en Cai dieron que hablar y con la inevitable estatuilla de Miguel Berrocal. Pero no sé si felicitarlo o decirle que como en Cádiz, siguiendo los dictados de Larra, todo el año es Carnaval, se han quedado con él. Pues, en efecto, a Camacho le han dicho que le han concedido el XXVIII Premio Unicaja de Artículos Periodísticos. Y eso es un embuste como los del Beni, tan grande como una catedral. Bueno, como una catedral, como una Viña y como un Mentidero, la verdad que no exagero. A Camacho no le han dado el XXVIII Premio Unicaja de Artículos Periodísticos porque el XXVIII Premio Unicaja no existe. Esto es como la numeración de los años según el calendario de los moros o de los cristianos, que cada cual lleva su cuenta. Según las mías, que son de la estricta observancia pemananiana, a Camacho le han dado el III Premio Unicaja de Artículos Periodísticos. Porque los muy progres, políticamente correctísimos y más que cobardones barandas de Unicaja hace tres ediciones que le quitaron a este premio el honroso nombre de Pemán que llevaba, según decía su convocatoria, «a fin de honrar la memoria del ilustre escritor gaditano». Hace 28 años, pues, no se viene dando el premio Unicaja. 
Se viene dando el Pemán. Lo que pasa es que desde hace tres convocatorias les da vergüenza decirlo a los señores de la antigua Caja de Ahorros de Ronda que consiguieron lo que no logró Napoleón: conquistar Cádiz. Muchísimo antes de las actuales fusiones obligatorias, la Caja de Ahorros de Ronda absorbió a la venerable y antiquísima Caja de Ahorros de Cádiz, la que tenía en su azul escudo al padre Hércules con dos leones y convocaba el Premio Pemán. De aquel matrimonio nació Unicaja. Y como hacen falta eso, dos... leones para honrar ahora a Pemán en esta España de cobardones y de satrapillas culturales de la Ceja Estival de Rota, pues a tomar vientos, de Levante y de Poniente, que mandó Unicaja a Pemán, a La Piconera, a La Viudita Naviera, a sus Terceras de ABC, a su Cádiz de las Cortes y a los Tres Etcéteras de Don Simón.
Pero Ignacio Camacho, que tiene la retranca campera de su nación marchenera, se ha dado cuenta. Y en Cádiz, que es donde tiene mérito, recién recibido el premio y antes de trincar su tela de golpe (como recomendaba don Juan de la Rosa, el prohombre de la Caja rondeña), se ha apresurado a decir: «Es un honor recibir un premio que ha estado vinculado a Pemán, uno de los cinco grandes articulistas del siglo XX, que además escribía en el ABC en el que he publicado este texto». El premio no «ha estado vinculado a Pemán», Ignacio: tu premio «es» El Pemán, al que vergonzantemente le han puesto mote de equipo de baloncesto. Como otros premios, que tú merecidamente tienes ya, son El Cavia, El González Ruano o El Romero Murube, éste es El Pemán. Lo que te han dado, Ignacio, y por lo que me alegro, es El Pemán, y que se chinchen los de Unicaja y los de Uniceja. En voz de su Séneca, nos atrevemos a decir a Pemán:
—Nada, don J osé, que como Medel le ha quitado su nombre a su premio de usted y le ha puesto de mote Unicaja, cuando me  que Ignacio Camacho ha ganado el Unicaja no sabía si me estaban hablando de artículos de periódico en Cádiz o de un partido de baloncesto en Málaga.
Aunque aceptamos Unicaja como animal NBA de compañía. Total, Ignacio, tú eres el pivot que todos los días se harta de hacer canastas triples en el partido de baloncesto del articulismo. Eres el Pau Gasol de esto, compay de Cai.

http://www.antonioburgos.com/abc/2011/10/re100611.html
Antonio Burgos

jueves, 13 de octubre de 2011

"Tiempo de amor y odio" nueva novela de Lídice Pepper

Foro Historia en Libertad.

"Tiempo de amor y odio" es, fundamentalmente, una novela de amor...pero a través de la cual se da un repaso a la Historia de España, desde el inicio de la II República hasta 1936, pues la novela termina con el célebre asedio del Alcázar de Toledo.

No es, pues, "una novela de la Guerra Civil", sino una novela de la II República Española. Escrita con riguroso respeto a los datos históricos del tiempo en que se desenvuelve la trama, por la autora de "El reto" -novela galardonada en 2004 por la Universidad de Murcia con el Premio Internacional de Novela Mario Vargas-Llosa- y de "Fabio, un andaluz de los tiempos de Tiberio" - publicada por la editorial Jirones de azul.

Publicada en 2010, con el tiempo se ha ido convirtiendo en una "novela maldita", pues no ha sido comentada por los grandes medios de difusión ni siquiera en Sevilla (apenas dos comentarios, siempre en ABC, uno de ellos muy valiente -del periodista J.L. Montoya, quien comentó en su recuadro "El Patio": "!La que le va a caer a Lídice Pepper por publicar esta novela!"-) Y nada más...Pese a que tuvo una brillante y muy concurrida presentación en el Círculo Mercantil de Sevilla -calle Sierpes- a cargo del periodista y escritor Nicolás Salas, otra en La Casa del Libro -calle Tetuán- igualmente exitosa, a cargo del historiador Jaime Passolas y otra, no menos destacada, en Madrid, en la librería Castellana, 45, a cargo del conocido periodista Federico Quevedo.

Novela pues, "políticamente incorrecta" y sistemáticamente ninguneada. Se trata de dos historias de amor que se entrelazan en el Madrid republicano,donde pululan personajes como Manuel Machado, José Díaz, José María Pemán,Pablo Neruda, José Calvo Sotelo, Dolores ibárruri, Pedro Muñoz Seca, Miguel Hernández... Se plantea la azarosa aventura de cuatro vidas marcadas por las difíciles circunstancias que les rodean: la quema de conventos de 1931, el asesinato de Calvo Sotelo, el Terror Rojo, el largo asedio del Alcázar de Toledo...Convirtiendo así la narración en el retrato de una época. Una novela planteada para meditar en la memoria histórica de unos hechos, que aún después de setenta años, siguen causando polémica.

Con absoluto respeto a la verdad y con un ritmo ameno y cinematográfico, los personajes de ficción se mueven en el contexto real mostrando en toda su crudeza lo que se pretende ocultar: la realidad de las "checas", de las Patrullas del Amanecer, de la influencia de la Rusia sovietica en la política española, de los "paseos" y ejecuciones anteriores a la guerra civil...así como la verdadera y heroica resistencia de los asediados en el Alcázar de Toledo. Todo ello, envuelto en el devenir de cuatro vidas - dos romances- muy diferentes: una novicia de familia acomodada y un obrero: un humilde herrero. Y una bella y modesta modistilla junto a un joven y ambicioso policía del partido comunista, implicado en tramas tan misteriosas como la planificada muerte de Durruti y el asesinato de Nin.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Foxá, por Ignacio Ruiz Quintano









Ignacio Ruiz Quintano // Agustín de Foxá

Vuelve Foxá a las andadas, ahora con una recopilación de cosas suyas perdidas y halladas entre la alfalfa de la cultura oficial, con la que, por fortuna, nada tiene que ver el Foxá que nos importa, que es el que decía Umbral:

-Yo aprendí a hacer artículos en usted, don José María (Pemán), si es que he aprendido, y en otros escritores del ABC, desde los monárquicos a los falangistas, que todos escribían muy bien: Foxá, Sánchez Mazas, Montes, Mourlane, D?Ors, Ruano y todo eso.

Vienen casi a afearle a Foxá que lo mejor suyo apenas diera para una novela y mucho periodismo. ¿Y cuál fue el sueño de todos los muchachos del nuevo periodismo americano? «El periodismo -en resumen de Tom Wolfe- era el motel donde pasar la noche camino del destino: la Gran Novela.»

La gran novela de Foxá es la gran novela del Madrid que va de la Monarquía a la guerra pasando por la República: Madrid de Corte a checa. La infancia, el tiempo, el amor y la muerte son sus temas. La muerte de Agustín en los brazos de su madre, diría luego Ruano, es como un místico y mítico nacimiento: le envidio su destino final: desnacer en los brazos donde se ha nacido: Dios da premios así.

-Y pensar que, después que yo me muera, / aún surgirán mañanas luminosas; / que, bajo un cielo azul, la primavera, / indiferente a mi mansión postrera, / florecerá en la seda de las rosas.

El retrato supremo de Foxá lo hace su amigo Malaparte: «Es falangista del mismo modo que un español es comunista o anarquista, esto es, al modo católico.»

-La Falange es una hija adulterina de Carlos Marx e Isabel la Católica -le dice un día Foxá a Juan Ignacio Luca de Tena.

Otro día, comiendo con Luca de Tena y con Sánchez Mazas, cuando se habla de los peligros del comunismo para el mundo libre, Foxá, «con gran enfado de Sánchez Mazas», confiesa que lo que menos le perdona al comunismo es que le haya impulsado a hacerse falangista. Y pensar que, después que yo me muera...