Literatura española
‘La ceniza fue árbol’, el esfuerzo narrativo de Ignacio Agustí
La historia de la familia Ríus
Luís Martínez González
En términos literarios, se llama
“novela-río”
a aquella obra o conjunto de obras que narran la vida de una familia a
lo largo de un periodo extenso de tiempo. El concepto procede del
francés
–”roman-fleuve”- y es precisamente en la literatura gala donde hallamos dos de sus más ilustres y extensos ejemplos: la
‘Comedia humana’ de
Honoré de Balzac y
‘Los Rougon-Macquart’ de
Émile Zola.
En ambos casos, se trata de sagas muy largas pero no es necesario que
ello sea así. Incluso hay novelas individuales que pueden inscribirse en
este género.

Ignacio Agustí situa la obra en Barcelona. En la foto, el Parque Güell de esa ciudad
Normalmente, además, este tipo de narraciones suelen encontrarse emparentadas con la
novela histórica,
pues, al tiempo que se cuentan las vicisitudes familiares, suele
incidirse en los acontecimientos históricos que les sirven de marco e
influyen en ellas.
En la
literatura española, una buena muestra de novela-río que, además, constituye un gran esfuerzo narrativo es
‘La ceniza fue árbol’, del catalán
Ignacio Agustí (Lliçá de Vall, Barcelona, 1913-1974), compendio de cinco relatos que cuentan la vida de la
familia Ríus y, al tiempo, el desarrollo industrial de la
Barcelona del siglo XIX y principios del XX. Abogado y periodista, Agustí se inició en la literatura en
lengua catalana. De hecho, antes de la
Guerra Civil ya había publicado una obra considerable que incluía teatro (
‘L’Esfondrada’), poesía (
‘El veler’) y novela (
‘Bienaventurats els lladres’). Sería tras la contienda cuando comenzaría a escribir en
castellano. Su primera obra en este idioma fue
‘Los surcos’, una suerte de narración poemática publicada en 1942.
Vendría después la primera entrega de
‘La ceniza fue árbol’: su título es
‘Mariona Rebull’ y se ambienta en la Barcelona de mediados del XIX. Narra los orígenes de la familia Ríus:
Joaquín pretende prosperar socialmente y, para lograrlo, se casa con
Mariona. Pero el matrimonio resulta desgraciado, ya que él se centra en los negocios y ella, insatisfecha, cae en brazos de
Ernesto Villar, un
play boy de medio pelo. Al tiempo, asistimos al desarrollo de la
Revolución Industrial
en la ya pujante ciudad catalana, con sus conflictos sociales, y a la
vida de las clases más favorecidas (algo que aporta un ingrediente
costumbrista a la obra).

Ignacio Agustí narra en la obra el famoso atentado del Teatro del Liceo (en la foto)
La segunda novela de la saga fue
‘El viudo Ríus’, que continúa la vida familiar y muestra las primeras huelgas textiles, el triunfo político de
Solidaritat Catalana y desemboca en la
Semana trágica de 1909. Con
‘Desiderio’, el foco central pasa al hijo del matrimonio Ríus, heredero de sus negocios, y la cuarta entrega,
‘Diecinueve de julio’, nos presenta el estallido de la sublevación de 1936 en Barcelona. Finalmente, la última novela de la saga, titulada
‘Guerra Civil’, se centra en el conflicto bélico y sus consecuencias.
Recorremos, así, a través de esta familia de la alta burguesía
catalana todo un siglo de historia de la Ciudad Condal. Por ello,
podemos considerar a
‘La ceniza fue árbol’ un excelente
fresco histórico
narrado con objetividad. En este sentido, es preciso señalar que Agustí
es un novelista clásico, que se inscribe en los cánones del
Realismo tradicional
(narrador omnisciente, orden cronológico, caracterización física y
moral de los personajes, etc). No obstante, su estilo revela al poeta
que también era, ya que la prosa muestra
tonos líricos, una abundante y acertada adjetivación e incluso algunas imágenes vanguardistas. Constituye, en suma,
‘La ceniza fue árbol’
un muy estimable esfuerzo narrativo y, sin duda, la mejor creación del
escritor catalán, hoy injustamente olvidado. En los años setenta, sin
embargo, las dos primeras novelas de la serie fueron llevadas a la
televisión con el título de
‘La saga de los Ríus’ y dirección de
Pedro Amalio López, un trabajo aceptable pero lógicamente incompleto.
Fuente:
Biografías y Vidas.
Fotos:
Guillaume Cattiaux y
Draxus.