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jueves, 6 de noviembre de 2014

¿Qué entenderán por memoria? (Tomado del blog de Santiago González)

¿Qué entenderán por memoria?

Llach
Tuve por este hombre gran devoción en tiempos pasados. Aún conservo todos sus discos en vinilo. Me pasaba, y aún me pasa, como con Sabina, que me parece un tipo de enorme talento, aunque la expresión de sus ideas políticas no añade nada  a sus capacidades creativas. No es lo suyo, aunque esto no debe entenderse como un apoyo a la tesis de Monedero. Naturalmente tiene derecho a expresarse. ¡A ver si va a ser él el único español a quien le va a estar prohibido decir tonterías! Tras la muerte de Mario Onaindía, yo sugerí su ‘Viatge a Itaca’ como tema musical para el homenaje que se le rindió en la Plaza de España de Vitoria. me pareció que la letra se adaptaba muy bien a la vida y carácter del aventurero cuerdo:
Quan surts per fer el viatge cap a Ítaca,
has de pregar que el camí sigui llarg,
ple d’aventures, ple de coneixences.
Has de pregar que el camí sigui llarg,
que siguin moltes les matinades
que entraràs en un port que els teus ulls ignoraven.
Lo que me llama la atención ahora es la farsa. El blog Dolça Catalunya sacaba ayer a la luz el tuit reproducido arriba, con una implacable relación de los antecedentes familiares del cantante. Sus abuelos Cisets (yo siempre creí que era Siset: L’avi Siset em parlava/ de bon matí al portal…”) eran todos correligionarios del abuelo materno de Zapatero, aquel buen hombre del que nunca hablaba:

Dolça Catalunya

El cantante (o lo que queda de él) se ha animado a decirnos por qué va a votar en el butifarrèndum de los políticos nacionalistas. Lo tiene muy claro: “votaré por los abuelos Cisets que intentaban hacer luz en un tiempo de tinieblas. Seguro que cuando hayamos ganado descansarán definitivamente en paz”.
Pero vamos a ver, sr. Llach. ¿A quién quiere timar con esto?
- Su tatarabuelo, Joaquim Llach y Coll, fue el jefe carlista de la provincia de Gerona.
– Su bisabuelo fue homenajeado en 1926, en Gerona, jurando una bandera española con la inscripción “Dios, Patria y Rey”.
– Su abuelo fue dirigente de la Junta Tradicionalista de Gerona.
– Su abuelo Manuel fue vocal de la Juventud Tradicionalista y somatén de Sant Martí Vell.
– Su abuelo materno era extremeño y se apellidaba Grande. Era inspector de la policía secreta española en Barcelona, y lo mataron a principios de la guerra.
– Su abuela, María Vall, también era franquista.
– De su madre, María Grande Vall, decía usted que “era molt del règim de Franco, com el pare”.
– Su tieta Pilar, de Can Vall de Porrera, era hermana de la fundadora de la Falange Española en Tarragona. De la tieta heredó ud. la finca donde vive.
– Su padre, Josep Maria Llach i Llach, era militante del Requeté Català, miembro de las juventudes carlistas. Durante la guerra se incorporó como voluntario a la España de Franco. Después fue alcalde franquista de Verges (1950-1963), y presidente local del Movimiento Nacional. Ud. mismo confiesa en su libro Lluís Llach. Siempre más lejos que “el meu pare era un franquista convençut”.
– Y ud. mismo, Lluís, durante su juventud fue un significado “feixista”. Fue ud. vicepresidente de los Cruzados de Cristo Rey en Figueras, y militante falangista como su padre. Así se describía ud.: “Sí, jo vaig ser el que podriem dir un nen feixista”.

Leer artículo completo en:
http://santiagonzalez.wordpress.com/2014/11/03/que-entenderan-por-memoria/

viernes, 20 de diciembre de 2013

Desarmonía y fractura social, un hecho en la sociedad catalana (Manuel Parra en diarioya.es)



(El autor: Manuel Parra)


Siempre que se acercan las fiestas de Navidad me propongo no escribir de política, pero este año especialmente sube tanto ruido desde la calle que mis buenos propósitos se van al traste; por lo menos, hoy no cansaré al lector con la política que se cuece en declaraciones explosivas o entre bastidores entre la rauxa separatista de algunos catalanes y la gallega impavidez (o serenidad, que no sé a qué carta quedarme)  del Sr. Rajoy. Me dice uno de mis ángeles de la guarda, el de derechas, porque también existe el indignado, que deje el tema en manos de los responsables de que España siga siendo; le aclaro que todos los españoles somos responsables de su existencia y porvenir, y reconoce que tengo razón…
 Por lo tanto, me referiré a una dimensión no estrictamente pública del problema, aunque sí decisiva tanto para la esencia como para la existencia de esa España de nuestros pecados. Se trata de la llamada fractura social, que ya es un hecho en la sociedad catalana, y que puede ser, a la corta o a la larga, más grave que la estrictamente política, ya que afecta a vínculos primarios, como la familia o los círculos de convivencia y amistad.



 Por una serie de circunstancias, ha coincidido mi preocupación de hogaño por el devenir español con otra, de carácter intelectual, sobre elementos de antaño; y esta última dimensión me está llevando a profundizar en el estudio de la Institución Libre de Enseñanza y, más particularmente, sobre las fuentes en que se inspiró su fundador, don Francisco Giner de los Ríos, empezando por la de su maestro don Julián Sanz del Río y, de este, a la doctrina krausista, de la que fue fanático partidario y defensor. Pues bien, Karl Christian Friedrich Krause partía del “hombre interior y armónico en alianza con Dios” y establecía que, para llegar a ese hombre armónico, se debía partir de la progresiva integración orgánica de los individuos en los diferentes tipos de sociedades, “personales, reales y formales”. De entre las que llamaba personales, la más importante e inmediata era la familia, “reino cerrado, absoluto y suficiente para sus fines”, “el primer Estado de la humanidad en la tierra”; la segunda sociedad era la amistad, “acuerdo del ánimo y del sentimiento”, y, en tercer lugar, el “trato social libre”. (Apartándonos del tema, ahí tienen material los estudiosos para rastrear la teoría de La llamada democracia orgánica, que no fue una creación fascista sino liberal).
 Pues bien, estas tres sociedades orgánicas primarias son las que están sufriendo las consecuencias inmediatas de la prédica segregacionista de los actuales (y de los pasados, no lo olvidemos) usufructuarios del poder autonómico en Cataluña. Ya conozco varios casos de familias en que, a pesar de un tácito o expreso no hablar de política en sus encuentros, se han producido enfriamientos o declaradas rupturas entre sus miembros por la cuestión separatista. Otros tantos casos podría añadir de amigos de toda la vida, cuyas relaciones se han cortado de raíz. Quizás sea más llamativo lo que se está produciendo en los ámbitos de trabajo, estudio o tertulia, totalmente radicalizados ante el tema que nos ocupa y nos preocupa. En términos krausistas, ha desaparecido todo asomo de armonía.
 Es fácil adivinar cuál puede ser el clima de las reuniones festivas -de familia, de empresa, de amistad…- con ocasión de las fiestas navideñas; ya no se tratará de soportar con resignación cristiana al pelmazo del primo ocurrente o del compañero con una copa de más, sino de mirar de reojo, o no mirar sencillamente, con incapacidad total de diálogo, al pariente o amigo que tenga la ocurrencia de proponer un brindis por la separación o por la unidad, según los casos; ni siquiera habrá que temer la ocurrencia, porque las posiciones se conocen de antemano.
 El desafío separatista ha producido, de entrada, la desarmonía social, muy difícil de reparar aunque no consigan en modo alguno la desarmonía política, histórica y existencial de España. Ya no se trata de la búsqueda de la armonía universal de aquellos magníficos utópico del krausismo, sino de la nacional, que, teóricamente, andaba empeñada en buscar, de forma inmediata, la europea. 

Manuel Parra es Doctor y profesor de Literatura.