martes, 28 de junio de 2011

LECTURAS IMPRESCINDIBLES PARA ESTE VERANO

Como es tradicional en estas fechas, comienzan las recomendaciones literarias para el estío. Hoy reproducimos la acertada indicación de Romualdo Maestre, Jefe de Edición del diario ABC de Sevilla.

Columnas / al cabo de la calle

Cinco libros, cinco


Tiempo de vacaciones, tiempo para leer más. Vuelve el placer de pasar las páginas, de anotar en sus márgenes o de alojar entre sus hojas otras hojas de árboles. Como se acumulan los compromisos de comentar los libros de los amigos, hoy, y con una llamada taurina, les propongo cinco títulos para disfrutar este verano.
El primero de ellos es ya un clásico de la novela policíaca sevillana. Autopsia, de José Luis García. Es el cierre de la trilogía del inspector Santana, jefe de homicidios, maestro de jóvenes promesas, chapado a la antigua, donde el olfato y el oficio hacen mil veces más que los manuales de academia. Su reto ahora es averiguar la muerte de un médico forense aparecido en los fosos de la Universidad de Sevilla. Intrépido, con unos diálogos magistrales, este relato le mantendrá en vilo desde la primera a la última línea. Treinta años especializados en el periodismo de sucesos, la mayoría de ellos en ABC, dan suficiente bagaje al autor como para escribir esta apasionante novela negra. Publicada por Jirones de Azul.

Igualmente compañero de fatigas de esta Casa de las tres letras es Andrés González-Barba. Debuta con Los diarios de Regent Street, de la editorial Paréntesis. Apasionado de Arthur Conan Doyle y su Sherlock Holmes, esta novela de misterio y conspiración, es un homenaje a aquellos que se implican, con riesgo incluso de su propia vida, por evitar el mal. Una vez comenzada será muy difícil que no se involucre hasta el final para ver resuelta la trama de secretos y obscuros propósitos que se propone llevar a cabo un ser maligno, capaz de todo por conseguir el poder. González-Barba, con este relato y el lenguaje que maneja, parece que hubiera vivido más cerca de Marble Arch que de la Puerta del Postigo. Para no perdérsela.


Javier Compás nos regala, también en Jirones de Azul, una novela, La playa de los alemanes, en la que juega con el arcano de unos papeles codiciados por organizaciones secretas. La guerra civil española, los nazis refugiados en la España de Franco y el portafolio perdido de Heinrich Himmler son los ingredientes de este guiso de entretenimiento asegurado. 


Para la mayoría de los mortales juntaletras, entre los que me incluyo, Google es la herramienta de trabajo más utilizada. Salvo Antonio Rivero Taravillo, que no se conforma hasta que viaja al escenario de lo que estudia, se sitúa en el lugar del personaje y nos lo relata de forma fehaciente. Así es la segunda parte de la biografía de Luis Cernuda, años de exilio 1938-1963, de Tusquets, donde desde Gran Bretaña, Estados Unidos y México aporta entrevistas, fotografías y documentación de la vida del insigne poeta. Muy recomendable. No es gratuito que la primera parte de la biografía haya obtenido el Premio Comillas.
Por último, recién salido del horno de Paréntesis, La economía fingida, de José Manuel Cansino. Doctor en Economía y profesor de la Universidad de Sevilla, nos expone de forma amena y rigurosa los últimos vaivenes de esta España nuestra, ayer opulenta y derrochadora y hoy al borde del susto de ser intervenida por Bruselas. Políticamente incorrecto, este ensayo de Cansino no tiene tapujos en desvelar las barbaridades cometidas por nuestros dirigentes políticos.


lunes, 27 de junio de 2011

A vueltas con la Galubaya Divisia en ABC

 Por su interés, reproducimos un nuevo artículo de Juan Manuel de Prada en ABC sobre la División Azul

He leído casi todo lo que se ha publicado sobre la División Azul, que tengo por uno de los episodios más heroicos de nuestra historia

JUAN MANUEL DE PRADA
Día 27/06/2011
En plena orgía de rememoraciones históricas, me ha llamado sobremanera la atención el silencio decretado sobre la División Azul, de cuya formación se cumplen en estos días setenta años.
Llamativo, sobre todo, porque no fue un episodio precisamente marginal: más de 46.000 jóvenes españoles se alistaron en la División Azul, de los cuales más de 5.000 resultaron muertos en acciones de combate, y casi nueve mil heridos de diversa consideración; se trata, pues, de un acontecimiento bélico de primera magnitud, que inevitablemente ha tenido que dejar una huella honda en infinidad de familias españolas que deberían sentirse orgullosas de sus antepasados.
Las ideas que animaron a aquellos jóvenes pueden ser discutibles, pero nadie podrá discutir el sacrificio, la valentía, el honor y las virtudes militares que demostraron en la campaña rusa. En «Los españoles de Stalin», libro interesantísimo de Daniel Arasa, se recoge el testimonio de César Ástor, un comunista convencido que se alistó en la División Azul con el secreto propósito de pasarse a las filas del Ejército Rojo en cuanto le surgiese la ocasión; así lo hizo, y en los años posteriores los soviéticos le asignaron la misión de liderar los grupos antifascistas encargados de minar la moral a los prisioneros españoles en el Gulag. Ástor cumplió con el encargo a rajatabla, granjeándose el desprecio de sus compatriotas; sin embargo, inquirido sobre el comportamiento de los divisionarios, recuerda que compartían su rancho con los niños rusos y que, cada vez que abandonaban una población, relevados por los soldados alemanes, los lugareños los despedían entre lágrimas. Es una declaración que honra a Ástor y engrandece a los «guripas» de la División, ejemplo de arrojo, nobleza y generosidad.
En los últimos años he leído casi todo lo que se ha publicado sobre la División Azul, que tengo por uno de los episodios más sobrecogedores y heroicos de nuestra historia reciente. Eusebio Calavia, uno de los más de trescientos divisionarios que fueron hechos prisioneros en la cruenta batalla de Krasny Bor (donde más de dos mil valientes españoles hallaron la muerte), cuenta en Enterrados en Rusia, sus memorias de once años de cautiverio, una anécdota que sirve para calibrar el temple privilegiado de aquellos hombres. En mayo de 1949, un grupo de prisioneros españoles son trasladados en tren a otro campo; son, todos ellos, hombres que han sufrido las privaciones y sevicias más impronunciables y a los que, desde luego, se les ha impedido todo desahogo sexual. A mitad de trayecto, una campesina rusa casi adolescente, que viajaba sin billete, es arrojada como una piltrafa al vagón donde se hacinan los españoles. ¡Podéis hacer con ella lo que os dé la gana!, les dice el soldado encargado de su vigilancia, antes de cerrar la compuerta del vagón. Ningún español le rozó un solo pelo, ninguno osó dirigirle ninguna palabra lúbrica o soez; compartieron con ella el escaso rancho con el que mataban el dolor de las tripas, ya que no el hambre; y lograron convencer a los rusos para que la dejaran en libertad cuando llegó a su punto de destino. «Así quiso Dios que se librara de un salvaje atropello aquella criatura que cayó en nuestras manos, tantas veces pecadoras, pero que entonces no quisieron mancharse.

Creo que fue aquel uno de los episodios de nuestro cautiverio de que más orgullosos podemos estar los prisioneros españoles», concluye Calavia. Mientras lo leía, yo también me sentí orgulloso de ser español, como aquellos sufridos divisionarios.

MAS SOBRE EL SEGUNDO TOMO DE LA BIOGRAFIA DE CERNUDA DE RIVERO TARAVILLO

A continuación, adjuntamos el enlace a la entrevista y reseña que ABC de Sevilla publica sobre el nuevo libro de Antonio Rivero Taravillo.

http://www.abcdesevilla.es/20110626/cultura-libros/sevi-antonio-rivero-culmina-biografia-201106252121.html

miércoles, 22 de junio de 2011

El largo exilio de Cernuda

Diario de Sevilla, 22 de junio de 2011
Luis Cernuda. Años de exilio (1938-1963). Antonio Rivero Taravillo. Tusquets. Barcelona, 2011. 392 páginas. 23 euros.
Antonio Rivero Taravillo no es sólo uno de los mejores poetas y traductores de su generación sino también uno de esos individuos que, como saben los fieles seguidores de su bitácora Fuego con nieve o de las actividades que promueve, posee la rara habilidad de convertir en pasión colectiva los temas de su intéres, un amplio catálogo que integra desde baladas celtas a sonetos de Shakespeare sin olvidar los riñones y pintas de Guinness que nutren la celebración del Bloomsday.

Galardonado con el XX Premio Comillas, que concede la editorial Tusquets, por el primer volumen de su biografía del autor de Ocnos, Rivero Taravillo publica ahora la segunda entrega de este apasionante estudio, que ayer se presentó en Sevilla dentro del ciclo Letras Capitales. Luis Cernuda. Años de exilio(1938-1963) ofrece "numerosas novedades y detalles desconocidos" de la última etapa del escritor sevillano, entre las que él destaca "las revelaciones sobre su trabajo con los niños vascos, una intervención desconocida sobre poesía inglesa para la BBC, un epistolario inédito con Salvador de Madariaga, su asiento de entrada en los Estados Unidos, información nueva sobre Serafín Fernández Ferro (su amor madrileño que murió en México al poco de asentarse él allí) y sendas entrevistas con Salvador Alighieri (su amor mexicano)".

El 14 de febrero de 1938, Luis Cernuda salió de España para no volver y ahí arranca esta segunda parte de su biografía, atravesada por la experiencia del exilio y atenta a los lugares donde el autor sufrió y amó. Para Rivero Taravillo, hay dos paradas extremas -el dolor y la dicha- en ese trayecto personal. "Al poco de estar en Inglaterra Cernuda sufrió una crisis terrible, que lo llevó a París y a punto estuvo de volver a España. Esa primavera y verano de 1938 fueron terribles. Feliz lo fue brevemente en Cambridge y en la playa de Acapulco al inicio de su etapa mexicana".

De Inglaterra, Cernuda pasó en 1947 a Nueva Inglaterra, "donde si bien la prosperidad era mayor imperaba la misma concepción, mercantilista, práctica y fabril del mundo protestante anglosajón. Al viajar a México, a la Nueva España, hallaría mucho de lo que añoraba de la España que dejó atrás: la luz, la sensualidad, la indolencia (tan suya) y, sobre todo, el idioma, que le estremece escuchar de nuevo de modo natural (no en universidades o círculos de exiliados). De esto dio testimonio en su libro de prosas Variaciones sobre tema mexicano". El exilio, continúa Rivero Taravillo, "agudizó en sus últimos años su carácter retraído y solitario y su idea de la fatal fugacidad de todo, que proyectó sobre su propia vida, como evidencia su penúltimo título, Con las horas contadas, o el contenido del último, Desolación de la Quimera, que es una suerte de testamento".

Entre los numerosos protagonistas de esta biografía es obligado destacar a Paloma Altolaguirre, cuyo testimonio personal justifica el alto valor de la propuesta. "Paloma Altolaguirre, hija de Manuel Altolaguirre y Concha Méndez, fue como una hija para Cernuda, y los hijos de ella como los nietos que nunca tuvo. A dos de ellos dedicó poemas en Desolación de la Quimera. Para él fue muy importante el reencuentro con la familia en su primera visita a México y luego convivió con Concha y Paloma, que compartían la casa que la primera compró en Coyoacán, al sur de la ciudad de México. Lo hizo a partir de 1953, un año después de asentarse el poeta en el país azteca, hasta su muerte diez años después (con la excepción de unos cursos que a principios de los sesenta dio en California). Además, en 1952 Cernuda firmó como testigo en la boda de Paloma, como en 1932 en la de los padres de ésta". Rivero Taravillo recuerda con cariño que "tuve ocasión de conversar con ella el año pasado cuando fui a México para documentarme, y contestó preguntas y me abrió las puertas de su casa. Le agradecí mucho que asistiera a la presentación de este segundo tomo en el Ateneo Español de México el mes pasado. Además, un hijo suyo, Manuel Ulacia, escribió un magnífico estudio sobre la poesía de Cernuda, y su yerno, James Valender, ha sido un infatigable investigador sobre Cernuda y el responsable del monumental Epistolario y el bellísimo Álbum publicados con motivo del centenario del nacimiento del poeta sevillano, en 2002".

El amor, como cabía esperar tratándose del autor de La realidad y el deseo, es un elemento esencial que en esta relectura adquiere nuevos matices. "Sabíamos que Cernuda era enamoradizo. En la biografía se muestra que, seguramente, era más platónico de lo que habíamos imaginado. Bajo esa clave habría que leer los Poemas para un cuerpo que le inspiró su amor mexicano de los años cincuenta. Cernuda nunca ocultó su homosexualidad en sus poemas, pero éstos pueden ser gozados como la alta poesía que son por cualquiera, independientemente de la inclinación de cada cual".

Es interesante dialogar con Antonio Rivero Taravillo, traductor de excelentes versificadores como Yeats y Shakespeare, sobre el lugar que debería ocupar Luis Cernuda en el canon de la gran poesía europea del siglo XX y sobre la importancia que tuvo la expatriación en la conquista de esas cotas artísticas tan elevadas. "En mi opinión, lo mejor de Cernuda hay que hallarlo en sus dos primeros libros del exilio, escritos en su mayor parte en Gran Bretaña: Las nubes y Como quien espera el alba (si bien el anterior, Invocaciones, es también espléndido). Harold Bloom estima mucho a este Cernuda reflexivo, metafísico, vena que procede de su conocimiento de los poetas ingleses, aunque ya estaba preparado para ello desde su frecuentación de Hölderlin. Del exilio brota mucha de su mejor obra, y el conocimiento de una tradición sobre la que posteriormente dio un título pionero: Pensamiento poético en la lírica inglesa (siglo XIX). En algunos aspectos Cernuda recuerda a Cavafis (por ejemplo, en el monólogo dramático, aunque él lo aprendió, como el griego, en Robert Browning), en otros a Yeats (ese resistirse a envejecer, ese obstinarse en amar los cuerpos jóvenes). A Eliot lo admiró como poeta, aunque nunca pudo ocultar su antipatía por él, no sólo por cuestiones políticas y religiosas sino por haber aquél rechazado publicarlo en la editorial Faber, que dirigía. Y Cernuda no perdonaba fácilmente. Al margen de Lorca (que es un fenómeno arrollador), Cernuda es el mejor poeta de su generación, lo que no es poco".

Entrevista en el diario Ya a Jose Manuel Cansino

La economía fingida de José Manuel Cansino

"No cualquier formación mejora la empleabilidad"


Redacción. El autor de “La Economía fingida” (Ed. Paréntesis) nos recibe paseando por el campus de Ramón y Cajal, frente a la Facultad de Derecho de la Universidad de Sevilla. Buscamos un lugar a la sombra … hace más de 40 o
- Diarioya.es . Su discurso de graduación de este año parece que ha escocido.
- JM Cansino. ¿Por pedir a los alumnos que devuelvan con creces a la sociedad española y a sus familias lo que han recibido?
- Ya. No, por recordar que no hay ninguna Universidad andaluza entre las 500 primeras del mundo.
- JMC. Bueno. Es una evidencia. Hasta hace poco estaban incluidas las de Granada y Sevilla pero en la última oleada del “ranking de Shanghai”, desaparecieron. Hay mucho por hacer.
- Ya. En su libro arremete contra la falacia de que tenemos a la generación mejor formada.
- JMC. Es cierto. Tendremos a la generación “más” formada pero no a la “mejor” formada. Hay quien colecciona títulos, incluso universitarios, que sólo abocan al desempleo. Sólo tendrá empleo de calidad quien tenga formación de calidad.
- Ya. Vd. También ha sido muy crítico con el talismán de la formación ocupacional y para desempleados.
- JMC. Insisto, es que no cualquier formación mejora la empleabilidad. En España se decidió que buena parte de esta formación se impartiera en centros gestionados por sindicatos y organizaciones empresariales; el Tribunal de Cuentas ha sido muy claro en la valoración de cómo se ha gestionado este dinero. Los perdedores han vuelto a ser los trabajadores.
- Ya. En “La Economía fingida” recurre a unos diálogos entre personajes que retratan a promotores arruinados, trabajadores que no cotizan a la seguridad social, desempleados vocacionales, políticos corruptos …
- JMC. Presenté la idea a la editorial Paréntesis y le gustó. Los personajes son una coartada para abordar seriamente episodios como la quiebra de Lehman Brothers, las inyecciones de dinero de la Reserva Federal, el Frob, el Plan E o la organización de la Administración del Estado en España, entre otros.
- Ya. Ahí voy, ¿de verdad cree que la Administración Pública es insostenible?
- JMC. En etapas de expansión económica, casi todo es sostenible hasta los gastos públicos obcenos. Salvo que se tenga conciencia de contribuyente –que falta en España- buena parte de la sociedad mira para otro lado.
- Ya. ¿Y ahora?
- JMC. Ahora se ha empezado a admitir que una sociedad democrática tiene todo el derecho del mundo a cuestionarse si es racional la organización del Estado que paga con sus impuestos. Desde luego no parece sensato haber clonado diecisiete veces el Estado nacional para replicarlo a nivel regional y, a veces, local.
- Ya. Llama la atención que cuando analiza el futuro de las pensiones introduzca la cuestión demográfica ¿acaso quiere recuperar el premio nacional de natalidad?
- JMC. (Risas) Sorprende que los “expertos” en la materia guarden silencio ante la baja natalidad en España. Es como si, en el fondo, desconfiaran en que hubiese trabajo para todos los niños en el futuro pues, desde luego, si rejuveneciéramos la sociedad española volveríamos a una pirámide demográfica natural y a un sistema de pensiones sostenible.
- Ya. ¿Tan grave es fingir que tenemos una economía fuerte?
- JMC. Antes o después tus debilidades te delatan. El gobierno estuvo fingiendo que no había crisis y millones de compatriotas “le compraron” el diagnóstico. Ahora hay centenares de miles de españoles que no tienen con qué comprar ni lo esencial.

FOTO: Curro Planás

CULTURA | Dirigida por Eduardo Noé y con música de Ángel Arteaga La Alhambra que Luis Rosales construyó con palabras

Dirigida por Eduardo Noé y con música de Ángel Arteaga

La Alhambra que Luis Rosales construyó con palabras

Vídeo: Efe
El hijo de Luis Rosales, con un gesto similar, en la presentación del libro. | Jesús G. HinchadoEl hijo de Luis Rosales, con un gesto similar, en la presentación del libro. | Jesús G. Hinchado
  • Un libro y DVD recuperan los paseos del poeta por el monumento granadino
  • La obra recupera dibujos y fotografías de manuscritos de Luis Rosales
"Ningún poeta es inmune a la Alhambra" anunciaba en la presentación el director general del Libro, Archivos y Bibliotecas, Julio Neira. Y menos que ninguno lo fue Luis Rosales (Granada, 1910-1992), cuyos paseos por los rincones del monumento, los jardines del Generalife como lugar predilecto, fueron tanto inspiración poética como búsqueda de la historia secreta, de la Alhambra como mito construido con versos y palabras.
El Patronato de la Alhambra ha recuperado ahora en un libro y DVD 'La Alhambra de Luis Rosales', un corolario al centenario del poeta granadino, celebrado el año pasado, que recupera, en formato de vídeo-libro, grabación de un recorrido visual por el monumento nazarí realizada bajo la dirección de Eduardo Noé y con música de Ángel Arteaga y a la que puso texto y prestó su voz el poeta granadino.
El proyecto surgió durante uno de los actos del centenario del poeta en 2010, la inauguración de la exposición itinerante sobre su obra. Su hijo, Luis Rosales Fouz, se reunió con la directora del Patronato de la Alhambra y el Generalife, María del Mar Villafranca, a la que convenció de que la celebración del centenario sin tratar la relación entre el autor y el monumento "se quedaba coja".
Rosales Fouz destacó que su padre "adoraba" el monumento, cuya presencia en su obra es "constante", siempre presente en una Granada a la que llama "Ciudad de la Buena Muerte". El libro recupera también dibujos, fotografías de manuscritos del mismo Rosales e incluso la reproducción de la edición de la 'Oda a Walt Whitman' de Federico García Lorca que éste le dedicó personalmente.
Villafranca destacó como la obra de Luis Rosales, en cuanto al monumento, es, prácticamente, "una investigación de antropología social". Se refirió a episodios como el del tañir de la campana que había en la Torre de la Vela, "que a los granadinos les hablaba". Cuando se la oía repicar de uno u otro modo, "todos sabían que pasaba algo, como cuando se usaba para anunciar que se había perdido un niño.
La presentación del volumen ha contado con la presencia de ambos y de Julio Neira, así como la del delegado de Cultura de la Junta de Andalucía en Granada, Pedro Benzal. Neira destacó la colaboración de la familia Rosales, ya que "algunos centenarios se celebran a pesar de los familiares, pero éste no es el caso, y el encuentro se cerró con un recital poético en el que participó el propio hijo del autor y poetas locales como Daniel Rodríguez Moya y Brígida Gallego.

lunes, 20 de junio de 2011

VIDAS ROTAS EN STALINGRADO

LUIS FERNANDO MORENO CLAROS (El País. 20/6/11)
Cuantos disfrutaron con esa inmensa novela que es Vida y destino -"la Guerra y paz del siglo XX"-, del escritor ruso de origen judío Vasili Grossman (1905-1964), tendrán que leer Por una causa justa, la "primera parte" de la anterior, una primicia en castellano de idéntica magia narrativa. El célebre reportero de guerra que fue Grossman vivió en persona las más heroicas y amargas experiencias en el frente germano-soviético. Nada escapaba a su mirada, ni las tétricas escenas de devastación ni las calladas hazañas anónimas. Tanto en el frente como en la retaguardia se devoraban sus crónicas con fruición. Este gran periodista desarrollaba también una obra literaria privada, iniciada antes de la guerra y que continuó a su término, de ella forma parte Por una causa justa.A Grossman lo han comparado a Tolstói y Chéjov por su maestría psicológica y su profunda humanidad. Esto es lo que llama la atención en esta novela, publicada en 1952 en la Unión Soviética, un año antes de la muerte de Stalin. Grossman no era todavía el disidente político que llegaría a ser poco después, cuando cobró conciencia de su singularidad judía tras el Holocausto en Ucrania y el antisemitismo demostrado también por los soviéticos. Y aunque la guerra había transformado sus creencias comunistas, Por una causa justa todavía no era tan crítica con el régimen soviético como más adelante lo será Vida y destino, aunque fuera subversiva de manera indirecta, de ahí sus dificultades con la censura. Según los burócratas comunistas el autor no destacaba la importancia del partido ni el liderazgo de Stalin en la dirección de la lucha contra Alemania; lejos de ello, centraba su objetivo literario en la narración de los avatares de un vasto elenco de personas concretas, gente corriente como los miembros de la familia Sháposhnikov, a la que pertenece el físico Strum, y multitud de personajes secundarios, desde mineros y operarios industriales hasta generales, algunos de los cuales aparecerán en Vida y destino. Y es que para Grossman son los hombres y las mujeres reales, sus almas y sus acciones -casi siempre bondadosas-, quienes merecen la mayor relevancia: ellos encarnan "el pueblo ruso", con nombres y apellidos. Y son sus dignas vidas, pisoteadas y rotas por las fuerzas del mal -Hitler y sus asesinos- las que Grossman salva de entre las cenizas de la historia en sus magníficas novelas. Por una causa justa iba a titularse Stalingrado, puesto que sus personajes sufren los primeros días de aquel encarnizado asedio, pero un censor amigo de Grossman le recomendó el cambio de título por el actual, un lema del ministro Molótov tras el repentino ataque alemán a la URSS el 22 de junio de 1941. Esta fecha aciaga convulsionó los destinos de millones de personas, y a sus vidas trató de acercarse Grossman. ¿Qué mayor subversión que este sentimiento por parte de Grossman cuando el despiadado Stalin, al igual que Hitler, se creía comandante de anónimos rebaños humanos destinados al matadero como carne de cañón?

Por una causa justa.
Vasili Grossman
Traducción de Andréi Kozonets
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores
Madrid, 2011. 1.088 páginas. 26 euros

jueves, 16 de junio de 2011

Ciclo de seis películas de Edgar Neville

La Filmoteca dedica un ciclo de seis películas a Edgar Neville

El programa comienza  con la proyección de 'La torre de los siete jorobados'

La Filmoteca de Andalucía inicia hoy un ciclo de películas dedicado a Edgar Neville, uno de los creadores más importantes de la historia del cine en España. La programación comienza con La torre de los siete jorobados (en dos pases, 19:00 y 21:30) y continuará en los próximos jueves con Domingo de carnaval, El crimen de la calle Bordadores, El último caballo, La ironía del dinero y El baile.

Neville fue escritor, autor teatral, director de cine, pintor y buen gastrónomo. Fue despreciado por la intelectualidad contemporánea, como lo fueron sus amigos Mihura, Jardiel Poncela y Tono. Neville y su amigos aprendieron que el humor no consiste en burlarse de la miseria ajena, ni tampoco en adoptar estrategias de libelo y el exabrupto, sino en reírse de lo convencional, en ametrallar los estereotipos y falsedades sobre los que se asienta la sociedad burguesa, con la única herramienta de la poesía. Una poesía que participaba de la fulguración vanguardista, la propensión al absurdo y cierta ternura.

Cultivó todos los géneros literarios y en todos ellos hizo del humor su profesión. La vida en un hilo fue su gran éxito: una obra llevada al teatro y al cine y más tarde convertida en comedia musical por su hijo Santiago. Una reflexión risueña sobre los mecanismos del azar.

PRESENTACIÓN NUEVO LIBRO DE ANTONIO RIVERO TARAVILLO

miércoles, 15 de junio de 2011

NOTICIA EDITORIAL: Homo Legens reedita otra obra de Rafael García Serrano.



Autor: Rafael García Serrano
PVP: 18.00 €
ISBN: 978-84-92518-73-9
Número de Páginas: 224


La ventana daba al río
La obra que tienes en tus manos, la ventana daba al río, forma parte de la trilogía de la Guerra Civil junto a Plaza del Castillo y La Fiel Infantería
En esta novela de Rafael García Serrano  se cuenta cómo, durante nuestra Guerra Civil, los hoteles alquilaban habitaciones en el sur de Francia con vistas a la guerra de España.
La Guerra Civil de España fue observada más allá de nuestras fronteras, con curiosidad, con preocupación y con pasión. Al otro lado de la frontera se podía ver la contienda desde la ventana, mientras dentro los españoles resolvían sus problemas con todo el dolor y el dramatismo de una guerra civil.
La última Guerra Civil fue nuestra, pero como muy bien expresa Rafael García Serrano en La ventana daba al río, también fue suya, porque en España se enfrentaron en 1936 dos concepciones del mundo con ideales  antagónicos.

Rafael García Serrano 
Rafael García Serrano nace en Pamplona en 1917. En la capital Navarra cursa sus estudios de Bachillerato. Durante sus primeros años universitarios en Madrid, donde estudia Filosofía y Letras , se afilia a la Falange Española. Como falangista y alférez provisional de Infantería combate en la Guerra Civil.
Su extensa obra literaria comienza con Eugenio o proclamación de la Primavera y culmina con Quinto Centenario, novela publicada poco antes de su muerte el 12 de octubre de 1988.
Rafael García Serrano simultaneó su pasión literaria con su profesión periodística, en la que también destacó como uno de los más grandes del siglo XX español llevando a la crónica periodística la calidad de su prosa, jamás cuestionada ni siquiera pos sus más enconados enemigos políticos.
Dirigió el diario Arriba, del que antes fue corresponsal en Roma durante la Segunda Guerra Mundial, el semanario cinematográfico Primer Plano, la revista 7 Fechas y la agencia de noticias Pyresa.

domingo, 12 de junio de 2011

NUEVO LIBRO DE JOSÉ ANTONIO MARTÍN "PETÓN"



"El fútbol tiene música" (Editorial Córner) es el nuevo libro del periodista y escritor José Antonio Martín Otín "Petón".


Es un libro de fútbol, si, y es un libro culto, ameno y bien escrito. Por sus cincuenta historias pululan, como no, futbolistas y gente del fútbol, y cantantes y escritores y lugares como el pub Falkrik, junto a Glasgow o una plaza de la Boca bonaerense. También una foto del torero Ignacio Sánchez Mejías con la camiseta del Betis, del que fue presidente.


Otra foto maravillosa, el portero Platko, al que Alberti hizo inmortal, con Samitier y Carlos Gardel.


A veces, las historias de Petón casi parecen realismo mágico, unas divierten y otras ponen un nudo en la garganta, siempre bien escritas, bien descritas.


Golazo Petón.

A. C. Ademán

ENTREVISTA A LA EDITORA ROSA GARCÍA PEREA

Carlos Muñoz (El Correo de Andalucía).


Tras la directora de la editorial 'Jirones de azul' hay una mujer impulsiva, ecléctica, divertida y “llorona, con el corazón en la mano todo el día”.
"Un amigo dice que soy ecléctica, que es la manera fina de decirme canalla. Lo mismo escucho Soleá dame la mano que después a Dylan ". A Rosa García Perea (nacida en Coria del Río hace 46 años y directora de la editorial Jirones de azul ) se le pueden poner mil y un adjetivos que, tras una charla distendida en la que abundan las carcajadas, se resumen con los versos de Machado: "Yo soy en el buen sentido de la palabra, bueno".

-Jirones de azul celebra su quinto aniversario, ¿eso es un milagro con los tiempos que corren?
-Sin lugar a dudas, y no sólo por los tiempos que corren, sino también por el sector en el que estamos, que vive un momento de cambio. Hay dos factores para sobrevivir o ya morirte del todo. Por un lado está la crisis. Se han recortado las ayudas, ayudas que, por otra parte, nosotros pensamos que no deben de existir. Los sectores deben sobrevivir por sí mismos, no subvencionados. Y, además, estamos en plena transición al mundo digital, para lo que se necesitan inversiones. Para esto sí que debería haber financiación (créditos ICO, por ejemplo), no ayudas.

-Pero la editorial tiene casi tantos años como la crisis que padece el país, ¿cuál ha sido la clave para sobrevivir?
-[Los ojos claros le brillan, como cada vez que se dispone a contar una de las anécdotas que salpican la entrevista] Un día quedo con mis hermanas para preguntarles cómo se monta una empresa y, mientras las estoy esperando, veo las primeras noticias de la crisis y pienso: ‘qué tontería, esto es lo de siempre'. Y ¡pum, por todos lados! La crisis es buena porque nos ha enseñado a ser austeros, a optimizar cada euro que entra, a pensar mucho cada título que publicamos. Nos equivocamos, por supuesto. Ninguno de los que estamos aquí somos del sector editorial. Yo venía de ser directora de marketing de una empresa de electrodomésticos. La única forma de aprender ha sido equivocándonos. Ha sido un aprendizaje brutal.

-¿Por qué ese giro tan radical?
-Ya me habían publicado y, bueno, en un momento dado, cuando cumplo los 40 años, mi editora, Luz María Jiménez, me anima: ‘tienes que hacer algo en Sevilla, eso va contigo'. Y me dije, como en la Expo, ‘ahora o nunca'. Aparte, nunca pude publicar en Sevilla porque no encontraba hueco para lo que yo escribía y conocía a gente que tenía grandes cosas guardadas en los cajones. Pensé que había que crear un trampolín para esas propuestas.

-¿Por qué Jirones de azul?
-Ahora es cuando yo me apuro... Es el nombre de mi primer libro, pero no había ningún interés en que fuera así. Yo ya había hecho una revista digital ("nosotros no entramos en el mundo digital, volvemos", apostilla) y un amigo informático que me estaba haciendo la página web me llamó para pedirme un nombre para el dominio. ‘¡Que me pide un nombre!', le decía yo a mi hermana Esperanza, y ella me contestó: ‘ponle Jirones de azul mismo', y así es como llamamos a la editorial cuando la pusimos en marcha, para mantener a aquellos que ya conocían la revista digital.

-¿Cuál ha sido la mayor satisfacción en estos cinco años?
-Ha habido varias. Al libro El hombre que esculpió a Dios le tengo un especial cariño. Esta obra me la leí en una noche en la pantalla de la blackberry cuidando a un familiar enfermo. Tiene muchas implicaciones sentimentales y ha funcionado muy bien. Otro de los momentos es con Pesadillas de cofrade. Este libro lo colocamos en Navidad. Un día, mi hermana Esperanza y yo nos fuimos a visitar librerías y vimos en la Casa del Libro a un chico con estética cani mirándose en la mano si tenía bastante dinero para comprarse el libro. Yo hice verdaderos esfuerzos por no irme para él y decirle: ‘vente que te voy a dar una caja ahora mismo'. Fue un subidón tremendo. Tuvimos la satisfacción de ver que habíamos hecho leer a ese niño.

-Su catálogo lo conforman obras de temática sevillana pero alejada de esa Sevilla recalcitrante. ¿Eso es difícil en una ciudad como ésta? ¿Le dio vértigo?
-Tengo un amigo que me dice que le levanté la falda a Sevilla y enseñé sus bragas. Y me lo dijo en el Ateneo... Me encantó, me encantó. Vértigo me da cuando lo pienso ahora. Somos impulsivos, que no valientes. Yo estoy convencida de que hay otra Sevilla, de que se pueden presentar las mismas cosas de siempre de otra manera. Pero no estamos haciendo nada nuevo, lo que ocurre es que tenemos muy mala memoria. Esto ya lo empezó a hacer el grupo Mediodía en los años 30. Nos hemos vuelto muy cutres y somos todos como Carmen la de Mérimée. ¡En Sevilla cabe de todo!, lo que hay es que espabilarla.

-¿Hay mercado para las editoriales que hay en Sevilla?
-Somos la única ciudad donde hay editoriales que se dedican a la literatura de Sevilla para Sevilla. Y esto no se concibe en otro sitio. Hay público, lo que hay es que encauzarlo bien.

-¿Es tan apocalíptica como los que auguran el final del libro en papel por el electrónico?
-Lo mejor que nos podría pasar a los editores [bromea por enésima vez] es que desapareciera el libro en papel. ¡Es muy caro! No, en serio, no va a desaparecer. El libro de papel tiene un componente fetichista muy importante. Ambos formatos van a convivir. Hay libros que son de usar y tirar, que los lees una vez y ya no los vuelves a abrir más. Para ésos, el formato electrónico es muy bueno. Otros libros están destrozados de tanto como los has usado. Terminará ajustándose la producción.

-Serán más selectivos.
-No crea. El monedero es el mismo, tenemos lo mismo para gastar. En el papel vamos a hacer lo mismo, pero en digital se abrirán más posibilidades, podremos producir más.

-¿La política cultural va bien encauzada?
-Hay una descoordinación absoluta. No hay competencia, y esto es lo peor que le puede pasar a un sector. Cuando llegué a este gremio vi que todo el mundo comía del pan fácil. Ése es el cáncer. A mí no me tienen que dar dinero. Yo soy empresaria y, si me equivoco, me equivoco yo. Merezco irme al paro. Es la única forma de que crezcamos. Para nosotros, la crisis ha sido la clave para sobrevivir.

-Y para los próximos años, ¿diversificación, quizás el mercado infantil?
-Yo soy disléxica. Aprendí a leer con mi hermana mayor y recuerdo que me acostumbré a leer libros que no eran de niños: Lorca, Bretch, droga dura, vamos... Ahora veo que hay niños a los que se le está retrayendo. No hay que ponerles Bob esponja a todas horas. Pueden conocer cosas que van más allá. Hecho en falta una literatura cultural distinta para ellos.

jueves, 9 de junio de 2011

V Jornadas de Historia en el Instituto de Estudios Históricos-CEU


Las V Jornadas de Historia, que este año versarán sobre la División Azul a propósito de su 70 aniversario, y cuya organización corre a cargo de el Foro Historia en Libertad que dirige Ángel David Martín Rubio, ha reunido a los mejores expertos sobre la materia. Entre los conferenciantes se encuentran: Fernando Paz, Pío Moa, Luis E. Togores, José Luis Jerez Riesco, Carlos Caballero, Gustavo Morales, Rafael Ibañez, José Gabriel Storch de Gracia y Asensio, Pablo Sagarra Renedo, José María Blanco Corredoira y Juan Negreira Parets.

Las Jornadas tendrán lugar en el Instituto de Estudios Históricos-CEU (Palacio del Infantado. Carretera de San Francisco, 2), el viernes 24 y sabado 25 de junio.

miércoles, 8 de junio de 2011

LUYS DE SANTAMARINA Y JOSÉ ANTONIO PRIMO DE RIVERA

(Extracto del artículo publicado por José Mª García de Tuñón Aza en la revista Altar Mayor nº 141 / Junio 2011)

Luys Santa Marina declaraba un día que era montañés y de vieja familia montañesa. Nació en Colindres (Cantabria) el 4 de enero de 1898. Comenzó Derecho en la Universidad de Oviedo, pero lo dejó porque no le gustaba. Un buen día se instala en Barcelona donde encuentra trabajo en un negocio de publicaciones que era de unos parientes suyos: los Canosa Gutiérrez. En esta ciudad pasó la mayor parte de su vida y murió en ella el día 15 de septiembre del año 1980. En 1924 publica su primera obra que llevará por título Tras el águila del César. Elegía del Tercio (1921-1922), que «vino a ser prohibido tanto por la Dictadura como por la Dictablanda, igual por la República que por el Estado nacido un 18 de Julio». Así pues, esta prohibición parece, a primera vista, una «sentencia»difícil de entender, y que, sobre todo, haya podido salir de ese Estado, pero esta medida, fuera de toda lógica, tampoco debiera sorprender a nadie porque algunos textos del mismo José Antonio Primo de Rivera ya habían sido prohibidos en 1937, incluso antes de la Unificación. Después vendrían otros títulos como Tetramorfos, y Domus, que siguen la misma línea. Labras heráldicas montañesas, que demuestra su interés por la Heráldica, y Estampas de Zurbarán, etc.Era también un buen poeta cuyos poemas están recogidos, en su mayoría, en sus dos únicos libros: Primavera en Chinchilla (año 1939) y el que tituló Halladas (año 1940). En la ciudad condal funda y dirige en 1932 la revista literaria Azor (resucitada después de la Guerra Civil), en la que colaboraría el novelista, autor teatral, crítico y poeta Max Aub, gran amigo suyo a pesar de las diferencias que podía haber entre ambos desde el punto de vista político.

Algunos amigos lo recuerdan en las tertulias nocturnas del Lyon d’Or que el propio Luys presidía y que solían tener continuación en los Caracoles, donde asistían los que más tarde fueron académicos, el citado Martín de Riquer, Guillermo Díaz Plaja y José María de Cossío, cuando iba por Barcelona. También otros como Max Aub, Samuel Ros, José Jurado, Javier de Salas –que llegó a ser director del Museo del Prado–, etc. Por otra parte, Santa Marina cuando iba por Madrid, una vez finalizada la guerra, vuelve a «La Ballena Alegre, tan llena de recuerdos» de aquellos días, no tan lejanos, que había pasado en aquel lugar cuando aún vivía José Antonio; evoca las pinturas que allí vio siempre: el banquete jovial de arponeros y mozas rubicundas, la nave alterosa de castillos, el burlón cetáceo con sus dientes de sierra. Ve que las cosas siguen cada una en su sitio, el espejo mágico para ver fantasmas, la fragata colgada del techo marcando rumbos y rumbos, las mismas mesas, los mismos divanes y, «cerca de la esquina, su sitio preferido». Santa Marina tiene la sensación, cada vez que por allí va, de que ve a José Antonio «inclinado hacia delante en aquel nordismo que tanto le placía». Inmóvil quedaba mirando al vacío, y cuando más absorto se encontraba, se acerca el camarero y le dice: «Usted venía cuando don José Antonio», y sin alzar la mirada, ni darse cuenta tan siquiera de quien le hablaba, contesta de manera distraída: «Sí…».

El compromiso que Santa Marina tenía con Falange, a la que consideró como la gran generadora de España, le lleva a tener contactos con falangistas que se ocupaban de cuestiones políticas como era el caso de José María Fontana con quien realiza reuniones con miembros de la CNT por orden de José Antonio Primo de Rivera. Dato éste que pocas veces quiere ser reconocido por muchos historiadores a pesar de las evidencias que existen de la corriente de simpatía que hacia los anarco-sindicalistas moderados sentían los falangistas de aquella época.

Esa simpatía también era propia de Santa Marina y así lo demostró intentando salvar –consiguiéndolo en algún caso– la vida a muchos de ellos y a uno en especial –como veremos más adelante– que había sido ministro durante la República. «Defendió –nos dice Rafael García Serrano– a los viejos cenetistas, muchos de ellos amigos suyos, ante la justicia nacional». Pero también le valieron estos actos para que una vez terminada la guerra fuera combatido por la oligarquía. Sin embargo nada le importaba, él seguía impertérrito con sus hechos pensando en los falangistas de primera hora perdidos por todas las tierras de España y a los que dedicaba su lucha diaria. Estaba derrotado, pero no vencido, y seguía su caminar para que no le ahogara la suciedad y la cochambre.

(para leer artículo completo http://www.hermandaddelvalle.org/article.php?sid=6194 )

"La Codorniz" de aniversario.




ANTONIO ASTORGA
Día 07/06/2011



ANTONIO MINGOTE





En un Madrid gris marengo circa 1941, de hambre y olor a repollo en el tragaluz de la escalera, de estraperlo y libros prohibidos que se leían en la trastienda de los cafés; en una España de tedio plateresco y tópico mediopensionista, un puñado de seráficos estaban a punto de arrancarle a muñonazos la sonrisa a la ametralladora de la vida. Era domingo, y el calor derretía las meninges. El 8 de junio de 1941, con un simple ave gallinácea de papel, humor puntiagudo, ironía en espolón, pico de oro, dichosos serafines pusieron en jaque a la mesnada bienpensante. Mihura, Tono, Herreros, Neville, De Laiglesia, Jardiel, Fernández Flórez, Perdiguero, Halcón, Borrás, Aznar, Miquelarena, Marqueríe, Ros, Calvo Sotelo, López Rubio, Delgado, De Vega, Serny, Picó, Lázaro, primera alineación galáctica, y luego Mingote y muchísimos otros... (hasta su último vuelo, en 1978)... bienhechores y filántropos de nuestra salud mental lucharon contra la cursilería, se burlaron del encorsetamiento que se imponía a la infancia, enseñaron lo que de inútil y vulgar hay en los sentimentalismos al uso.
En la portada príncipe (se vendieron 35.000 ejemplares a 50 céntimos), Antonio de Lara Tonodibuja un pretendido ser humano encarnado en un trapecio isósceles con sombrero, una señora muy hinchada, unos círculos con ojos, que eran supuestos niños, y dos pequeñas codornices en el suelo. Al fondo, la foto real de un camión. Y un pie «intolerable» para el «respetable público», o sea, aquellos señores para quienes lo intolerable era lo que ellos no toleraban. La señora oronda le espeta al señor:


«—Caramba, don Jerónimo, está usted muy cambiado.
—Es que yo no soy don Jerónimo.
—Pues más a mi favor.»


Tópicos patrióticos, religiosos, literarios, históricos, lo que Wenceslao Fernández Flórez, desde su bosque animado, llamó las infinitas garambainas que se ponen en octavas reales, fueron picoteados a discreción. Como recuerda Don Mingote de la Mancha, si los censores hubieran sido tipos inteligentes y no fanáticos del dogmatismo y la decencia, le habrían puesto un férreo cepo a aquella inocente y bienquerida ave literaria, una Cordorniz, bendita sea, que caricaturizaba lo que el preboste de turno consideraba respetable e intangible. Los herrumbrosos censores se perdían en tapar escotes y alargar faldas sin pensar en la labor de prodigiosa derrumbe de esta genial generación de dinamiteros coñones.
Enrique Herreros, autor de 807 portadas y 45 contras de los 1898 números de La Codorniz, dibuja a un viajero asomado a la ventanilla del tren, que se dirige al jefe de estación parado en el andén:


«—Yo viajo para instruirme. ¿Me quiere usted decir cuántas son 21 por 13?»
Y suma y sigue el gran Herreros: un viajero jamelgo aparece sentado encima del cabezón de un señor mío con bigote, y se justifica:
«—Perdone que me haya sentado aquí; pero como no había ningún sombrero puesto...»
Un caballero pide en la ventanilla larriana del «Vuelva usted mañana»: «—Deme un billete para Vigo.
-¿Ida y vuelta?
-No. Vuelta nada más. No me voy».
Y un tipo valleinclanesco con sombrero le pregunta al jefe de estación:
«—¿Me deja ir a Burgos sin pagar? Le prometo que vuelvo en seguida».


Cuenta Antonio Mingote que los socios de muchos casinos padecieron serios trastornos oyendo a los jóvenes comentar La Codorniz. Así, un distinguido pedagogo de Tejeruela de la Empastación murió de congestión fulminante. Antes confesó en una carta: «No se culpe a nadie de mi muerte. Ha sido Herreros».
Aquellos humoristas, según López Rubio «la otra generación del 27», fueron los primeros hombres de la historia en contemplar en su totalidad las pantorrillas de las mujeres bailando el charlestón, evoca Mingote. Y se encontraron de repente el sombrío mundo de posguerra. La transición del viejo humor de chascarrillo al nuevo codornicesco no fue un salto circense de trapecio a trapecio. Fue un malabar de ingenio. La Codornizno glorificó a nadie, ni publicó consignas ni impartió doctrinas. Tuvo un éxito feraz entre una enorme minoría de jóvenes ansiosos por respirar un aire limpio de farfolla rimbombante.


El «no huevo de Colón»


Cierto comentarista, que pontificaba con el paño de la frivolidad en el púlpito, lanzó la especia picante de que la revista publicó el dibujo de un huevo a toda página con el título: «El huevo de Colón», y en el número siguiente otro huevo igual: «El otro huevo de Colón, lo que le valió a la revista el cierre de no recuerdo cuántos meses», añadió. No es raro que ese sesudo comentarista, que pontificaba desde la rutina, no lo recuerde, aclara Mingote, puesto que «eso del huevo de Colón, como tantas otras cosas soeces o vulgares de humorismo barato de hoja de calendario que se atribuyen a La Codorniz, no se publicó jamás».
El pájaro de papel cumplió, sin desfallecer y con éxito, con la misión de destruir el tópico y la rutina. Fue una revolución que, como decía su himno, tenía un pico en la nariz. La Codorniz, bendita sea. Palabra de Mingote.

lunes, 6 de junio de 2011

Interesante entrevista a Antonio D. Olano por Alfredo Valenzuela

DR. LIVINGSTONE,... SUPONGO Antonio D. Olano Escritor


«Los Alberti eran pesadísimos»


Amigo íntimo de Picasso y Dalí, autor de «Las mujeres de Picasso» y «Picasso íntimo», ha publicado más de cien libros. Fue compañero de Cocteau y de Jean Cau, trató a Sartre y a Camus, conoció a Fidel Castro y al Che y es autor de una «Guía secreta de la Costa del Sol». Ahora sigue escribiendo...



ALFREDO VALENZUELA





DR. LIVINGSTONE,... SUPONGO Antonio D. Olano Escritor






—Picasso decía que había conocido mujer con catorce años, ¿no es un poco pronto?


—Nunca es pronto si la dicha es buena… El sexo es como la canción italiana: «No tengo edad para amarte…».


—¿Han contado con usted para la exposición sobre «Picasso y las mujeres»?


—No, no, no. No cuentan conmigo para nada. Para determinadas gentes que se hicieron dueñas de Picasso, Olano es muy molesto. A los únicos que no resulto molesto es a los dos hijos de Françoise Gilot, la única mujer que dejó a Picasso, una gran pintora y una gran mujer a la que Picasso no se mereció.


—¿Le han invitado alguna vez al Museo Picasso de Málaga?


—No, no, no. Fui yo, pero no me invitaron para nada. Málaga se portó mal con Picasso y yo lo he dicho. Él, sin embargo, siempre me preguntaba por Los Percheles y por la Costa del Sol.


—¿Tiene algún picasso?


—Sí, claro que tengo picassos, y no hay picasso menor. Son dibujos y alguna cerámica. Los voy a donar, y no al museo de Málaga ni al de París, sino al Museo Dalí, en Figueras. Dalí es el personaje más completo de la historia universal.


—¿Y algún dalí?


—Claro, tengo el único que hizo abstracto.


—¿Quién era más generoso, Picasso o Dalí?


—Los dos eran el colmo de la generosidad, aunque a Picasso se le atribuía una tacañería que no tenía. Picasso compraba pinceles todos los días y los guardaba bajo llave, cosa que también hacía con las coca-colas, pero eso era reflejo de cuando lo pasó tan mal y de cuando pasó hambre; de la época en que, en París, llegó a quemar dibujos suyos para prender una estufa con que calentarse. A los dos les gustaba que se hablara mal de ellos, y Dalí disfrutaba con lo de «Avida dollars».


—¿Y más celoso?


—Ninguno. Dalí era teatral y Picasso puro teatro. Picasso era como un niño y se inventaba los celos.


—¿Y quién era menos insoportable, Fidel o el Ché?


—Eran insoportables los dos y lo sé porque los conocí en buen momento. El Che era más amable, y fue amigo mío. A Fidel lo hicieron comunista los americanos, que le ayudaron a hacer la revolución y luego le pusieron pegas.


—¿Y quién más llevadero, Sartre o Camus?


—Indudablemente Camus. Jean Cau, que fue secretario de Sartre, fue el mejor de los tres. En Sevilla debían hacerle un monumento, y ponerle una placa en todas las plazas de toros. A Sevilla iba siempre que podía, y es el que más hizo por los toros en España y en Francia.


—¿Los Alberti eran tan pesados como decía Picasso?


—Eran pesadísimos, entre otras cosas. Picasso los quería mucho pero, cuando salían de su casa, respiraba.


—¿A Picasso sólo le fatigaba el descanso?


—Es que no descansaba nunca y podía pasarse la noche entera pintando. Con vocación, uno no se cansa.


—¿Es cierto que Franco estaba dispuesto a recibir y exhibir el Guernica?


—Naturalmente. Franco se adelantó en todo. Dominguín le advirtió que no se trataba de un exiliado y Franco dispuso que adonde llegara se le recibiera con honores y no se le pidiera la documentación. Los desencuentros los provocan los tontos y los mediocres. Picasso fue amigo de José Antonio.


—¿El Guernica, como decía el pintor comunista Pepe Díaz, es en realidad una corrida de toros?


—Es que sólo es una corrida de toros inspirada en la muerte de Sánchez Mejías, y como le pidieron algo para la Exposición Universal, adaptó ese cuadro, y al Gobierno de la República no le gustó, se avergonzó y lo arrinconó. Picasso no salió de París en la ocupación porque los alemanes lo respetaron y protegieron.


—Si las mujeres son, al decir de Picasso, «máquinas de sufrir», ¿los hombres son máquinas de...?


—Máquinas de sufrir por las mujeres. Conocí personalmente a todas las mujeres de Picasso. Picasso me dijo un día que por qué le haría tantas cabronadas a las mujeres y yo le contesté que porque sería un cabrón.


—Picasso prohibió su libro «Picasso íntimo», pero usted lo publicó ¿siguieron siendo amigos?


—Fue porque incluí una foto en la que cogía del talle a Lucía Bosé, y Jacqueline se puso celosa. Le dije a Picasso que si tenía que elegir entre Lucía Bosé y él, prefería a Lucía. Pero seguimos siendo amigos, y él adoraba ese libro.


—¿Qué es lo más secreto que incluyó en la «Guía secreta de la Costa del Sol»?


—Fui pionero de la Costa del Sol porque íbamos Edgar Neville, Hohenlohe y el Marqués de Soriano y se nos estropeó el coche en la Costa del Sol, y nos quedamos y la descubrimos.


—¿Sigue frecuentándola?


—Ya no porque no hay ocasión, pero antes iba todos los veranos y estaba en el perejil de todas las salsas.

Tercera de ABC en recuerdo a Pedro Laín





Recordando a Pedro Laín Entralgo




«Recordar a Pedro Laín Entralgo significa evocar a uno de nuestros pensadores que más voluntad puso en emplear el conocimiento y la razón para comprender y reconciliar al ser humano y, más específicamente, a aquella porción de humanidad que llamamos España»





Día 06/06/2011




HOY se cumplen diez años del fallecimiento de Pedro Laín Entralgo. Posiblemente los esfuerzos que se inviertan en conmemorarle sean escasos o inexistentes. Sin embargo, Laín fue una de las primeras figuras intelectuales españolas del siglo pasado. En su novela Leyenda del cesar visionario, Francisco Umbral convirtió a Laín en uno de sus personajes, siempre reunido en torno a la tertulia de intelectuales falangistas que trabajaron en Burgos durante la guerra civil como propagandistas del bando franquista. Laín y los «laines», como Dionisio Ridruejo o Gonzalo Torrente Ballester, entre otros: jóvenes intelectuales llamados a ocupar un lugar de excepción en el panorama cultural de la posguerra. Pero al menos Laín, Ridruejo y Torrente Ballester recorrieron un camino que les condujo desde su inicial y plena adhesión al régimen, pasando por una etapa intermedia de distanciamiento hasta ofrecer su apoyo expreso a la transición democrática, no sin antes interponer un sincero y muy doloroso ejercicio previo de arrepentimiento público por su posicionamiento político de juventud. El mismo Laín escribió con ese propósito unas memorias de título esclarecedor: Descargo de conciencia(1976). Allí se revelará que la caricatura de los «laines» compuesta por Umbral en la novela antes citada resultó enormemente injusta.

Catedrático de Medicina, ensayista, crítico literario, autor de varios dramas, miembro de las Reales Academias de Medicina, Historia y de la Lengua Española (de la que fuera presidente), además de rector la Universidad Complutense, Laín fue tejiendo a lo largo de su vida una obra inmensa, más propia de un sabio que de un genio, cierto, aunque no por eso menos valiosa. Dada la diversidad de temas abordados en sus estudios no cabe sintetizarlos en una mera nota conmemorativa, ni tampoco es el lugar idóneo para hacerlo. En cambio, sí es posible y oportuno apuntar los principales atributos de la actitud ejemplarísima con la que Laín afrontó su vida. Dos condiciones indujeron esa actitud. La primera una curiosidad intelectual y una acumulación de conocimientos verdaderamente desbordantes. De un lado, Laín procuró mantenerse al día sobre los avances producidos en las ciencias naturales en una época en que éstas ya progresaban a ritmo de vértigo. Por otra parte, su sensibilidad humanista le orientó igualmente al estudio de la literatura, de la historia política y de la ciencia (sus aportaciones a la historia de la medicina serían mundialmente reconocidas) y más profundamente aún al cultivo de la filosofía, recibiendo una intensa influencia de los autores de la generación del 98 y de la fenomenología y el existencialismo, de Unamuno y Ortega, y sobre todo de su gran amigo Xavier Zubiri.

La segunda condición que determinó el pensamiento de Laín fue un patriotismo que podría llamarse trágico. Visto desde la distancia que da el tiempo es posible que se dejara cautivar por la idea de una España bronca destinada al enfrentamiento permanente de sus hijos: tierra de Caín y Abel, viejo mito de nuestro pasado que ha sido denunciado, entre otros, por el historiador Fernando García de Cortázar. No obstante, ¿qué otra idea podía encajar mejor con la personal vivencia de Laín de una guerra civil en la que tomó parte y de una dictadura a la que inicialmente respaldó como intelectual orgánico pero a la que no tardó en abandonar por oponerse a persistir en el clima de enfrentamiento entre las «dos Españas»? No es de extrañar entonces que quien oficiara simultáneamente de médico y patriota diagnosticara a su país una enfermedad fratricidaque habría venido impidiendo un estado de convivencia serena y satisfecha.

D A lo largo de su muy longeva trayectoria intelectual Laín daría sucesivas explicaciones a la citada enfermedad fratricida de los españoles, conectando cada una de ellas con una de las tres necesidades y potencias humanas a las que dedicó gran parte de sus reflexiones filosóficas: las necesidades de creer, esperar y amar. Así, Laín comenzó por interpretar que el problema de España era una cuestión de creencias, aquéllas que ponían en conflicto a los españoles, impidiéndoles reconocerse como herederos de una cultura común y como miembros de una sola nación. Esta posición se tradujo, por parte del Laín propagandista, escritor y académico en un intenso y sostenido esfuerzo por reivindicar la obra y las ideas de numerosos autores a los que el régimen franquista había condenado como enemigos de España. En segundo lugar, cuando más tarde abandonó sus disquisiciones en torno a las esencias de la patria, tan deudoras de su etapa falangista, Laín pasó a contemplar el problema español partiendo de un diagnóstico distinto. Si España es conflictiva —dirá entonces— debe serlo por una variedad de factores que inducen división de opiniones y proyectos políticos. Algunos de esos factores sería de tipo histórico e ideológico, otros serían de índole socioeconómicos y, por último, estarían también los relacionados con los tradicionales conflictos regionalistas y nacionalistas. Pretender disolver esas divisiones imponiendo una concepción única y esencialista de España comienza a parecerle a Laín un ejercicio tan absurdo como vano. La desunión sólo podría solventarse partiendo de una idea menos metafísica de nación, como la que había dado ya Ortega: nación como proyecto sugestivo de vida en común. Únicamente un proyecto colectivo que ilusionara a los españoles podría aunar sus voluntades y contribuir a su reconciliación, pensará Laín. Ahora bien, si el fracaso de convivencia que supuso la guerra civil había sido fuente de desilusión su superación demandaría una nueva actitud

hacia el futuro, una actitud esperanzada. La respuesta al problema de España, por tanto, había de conectarse con otro de los principales temas antropológicos abordados por Laín, especialmente en uno de sus ensayos más hermosos, La espera y la esperanza(1956). Y la esperanza para España la va a fundar Laín sobre las mismas bases en las que ya insistieran los regeneracionistas, Ramón y Cajal y, otra vez, Ortega: un proyecto de integración nacional y de integración en Europa, de asimilación de lo mejor de la cultura occidental como su tensión hacia la libertad y el cultivo del conocimiento científico (para el cual se pedirá un superior esfuerzo).

Finalmente, Laín comenzará a ocuparse en el estudio de las relaciones humanas, analizadas con profundidad en otros dos libros fundamentales: Teoría y realidad del otro (1961) y Sobre la amistad(1972). Según su punto de vista, en España se habría resuelto mal el problema del Otro, de ahí la frecuente caída en sectarismos de diversa índole y ese «macabro deporte», tan frecuente entre españoles, consistente en «lanzar los propios muertos contra el rostro del adversario». Pero Laín reflexionaría sobre la amistad para poner de manifiesto que aquélla (la forma más deseable y productiva de trato humano) resulta factible incluso entre individuos o grupos que discrepan entre sí por su condición social, su ideología o su origen. La falsa oposición entre amistad y discrepancia se corresponde con la conocida dialéctica «amigo-enemigo» a la que el jurista alemán Carl Schmitt quiso reducir toda relación política: en esencia el mismo tipo de dialéctica que había propiciado la conversión de la guerra civil en un «habito psicosocial», toda una mentalidad «guerracivilista» que debía ser arrumbada si de verdad se pretendía alcanzar la concordia sustraída. Aunque no por primera vez, Laín pronunciaría estos juicios en 1978, año de nacimiento de la actual Constitución.

En suma, recordar a Pedro Laín Entralgo significa evocar a uno de nuestros pensadores que más voluntad puso en emplear el conocimiento y la razón para comprender y reconciliar al ser humano y, más específicamente, a aquella porción de humanidad que llamamos España. O como ha señalado el profesor Diego Gracia: «Uno de los españoles del siglo XX que con más ahínco ha empeñado su vida en la tarea de unir e integrar ideas, personas, corazones». Quien pone estas líneas aún se acuerda cómo hasta sus últimos días, abrumado por los dolores de la vejez, Laín siguió ejercitando aquella tarea, tan ardua como necesaria.

LUIS DE LA CORTE IBÁÑEZ ES PROFESOR DE LA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE MADRID

sábado, 4 de junio de 2011

ONÉSIMO REDONDO. LOS ALBORES DE LA FALANGE


Onésimo Redondo
Los albores de la Falange
Luis Miguel Villegas
Prólogo de Alfonso López Gradolí
Ediciones Barbarroja, 2011
Madrid
Formato: 15 x 21 cm
328 págs.
P.V.P.: 18’00 €

De la época de la falsificación de la Falange (entiéndase el franquismo) nos viene la costumbre, triste costumbre, de que para exaltar la figura de José Antonio Primo de Rivera, se ningunea la de los otros iniciadores del movimiento nacionalsindicalista: Onésimo Redondo, Ramiro Ledesma y Julio Ruiz de Alda. Al régimen del general Franco, y más concretamente a Ramón Serrano Suñer y a sus adláteres, les convino la exaltación, hasta el paroxismo de un José Antonio deformado y manipulado a conveniencia de sus bastardos intereses. Fabricaron a un José Antonio a su menguada estatura y ocultaron al verdadero revolucionario. Dieron culto al mitin del Teatro de la Comedia y olvidaron la evolución revolucionaria de Primo de Rivera, que se explicita en el mitin del Cine Madrid, por ejemplo. Y olvidaron interesadamente, también, la importancia que en esta evolución tuvieron sus compañeros

[Luis Miguel Villegas]


viernes, 3 de junio de 2011

Cuando los dioses nacían en Extremadura de Rafael García Serrano




(Tomado de Criteria Libros)







"Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español- hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo".(Del prólogo del autor)


El argumento se lo encontró Cortés y el libro lo escribió Bernal. De modo y manera que hay bien poco margen para quienes nos aventuramos por el camino maravilloso de la Conquista de Méjico. Tentado por cuanto de humanidad y de puro prodigio –esto es, de puro español- hay en Cortés y en sus hombres, intenté una especie de modesta biografía de la Conquista, un reportaje sencillo y admirativo.... Quien quiera, que pase a la historia de aquel tiempo virgen y fabuloso en que los hombres buscaban la fuente encantada de la eterna juventud, de aquel tiempo en que las cataratas del Niágara, pura belleza, no producían equis millones de kilovatios al día. El tiempo español: cuando los dioses nacían en Extremadura. (Del prólogo del autor).


Sobre el autor
Rafael García Serrano


Rafael García Serrano nace en Pamplona en 1917. En la capital de Navarra cursa sus estudios de Bachillerato. Durante sus primeros años universitarios en Madrid, donde estudia Filosofía y Letras , se afilia a la Falange Española. Como falangista y alférez provisional de Infantería combate en la Guerra Civil.
Su extensa obra literaria comienza con Eugenio o proclamación de la Pirimavera y culmina con Quinto Centenario, novela publicada poco antes de su muerte el 12 de octubre de 1988.
Rafael García Serrano simultaneó su pasión literaria con su profesión periodística, en la que también destacó como uno de los más grandes del siglo xx español llevando a la crónica periodística la calidad de su prosa, jamás cuestionada ni siquiera por sus más enconados enemigos políticos.
Dirigió el diario Arriba, del que antes fue corresponsal en Roma durante la Segunda Guerra Mundial, el semanario cinematográfico Primer Plano, la revista 7 Fechas y la agencia de noticias Pyresa.

jueves, 2 de junio de 2011

Nuevo libro de Manuel Aznar editado por Renacimiento

El hilo rojo


Renacimiento publica un ensayo de Manuel Aznar Soler en torno a la literatura comprometida con los ideales revolucionarios de los años 20 y 30 en Espa








Pintura alegórica de la Segunda República Española.


zoom

República literaria y revolución (1920-1939). Manuel Aznar Soler. Renacimiento. Sevilla, 2011. 414 + 998 páginas. 40 euros.



Hace ya tiempo que los escritores falangistas, aunque algunos no se hayan enterado, fueron rehabilitados en tanto que escritores, al margen de la militancia política que durante un tiempo les aseguró la nombradía y después, cuando cambiaron las tornas, los condenó al ostracismo. También los comunistas, largamente silenciados, vivieron su momento de gloria tras la restauración de la democracia, pero no puede decirse que en la actualidad disfruten, salvo casos contados, de gran predicamento. El problema, en definitiva, es que damos demasiadas cosas por sabidas. Que nadie o casi nadie lee ya a la mayoría de los escritores de anteguerra. Que mientras discutimos acaloradamente a propósito de la memoria histórica, no tenemos una idea demasiado precisa de lo que ocurrió en aquellos años. Por fortuna, hay todavía estudiosos que se acercan a ellos y reúnen el conocimiento suficiente para trazar, de primera mano, el fresco de un tiempo trágico que tuvo su fiel reflejo en la literatura.

Este libro rescata una parte de esa historia, la referida al nacimiento y evolución de una forma de literatura radicalmente comprometida, cultivada por una o varias generaciones de escritores que apelaban al pueblo y defendieron en libros, editoriales, periódicos y revistas los principios revolucionarios en cualquiera de los diferentes credos disponibles, sobre todo el de los comunistas -el espejismo soviético aún mantenía un enorme ascendiente sobre la izquierda internacional- que desempeñaron un papel de avanzadilla. Fundador y director del Grupo de Estudios sobre el Exilio Literario de 1939 e impulsor, junto con Isaac Díaz Pardo, José Esteban y Abelardo Linares, de la benemérita Biblioteca del Exilio, Manuel Aznar Soler (Valencia, 1951) lleva décadas investigando los trabajos y los días -las obras y las vidas- de la España transterrada, pero también ha estudiado la época de las vanguardias, la literatura combativa de los años de la República y la política cultural durante la Guerra Civil. Todo ese caudal de conocimientos ha revertido en este vasto panorama, que recorre el "hilo rojo" de las letras españolas desde el Ultraísmo -no del todo inmune al resplandor de Octubre- hasta la victoria definitiva de los nacionales y el comienzo de la diáspora.

República literaria y revolución se abre con un retrato de Max Estrella, el inmortal personaje de Valle-Inclán, y acaba con una evocación de los últimos años de Antonio Machado. Ambos, Valle y Machado, eran escritores de la generación modernista, dos hombres, por lo tanto, del tiempo viejo, pero no por ello se vieron libres de las "utopías radicales" que anunciaban, conforme a un estado de opinión ampliamente compartido, el declive de la cultura burguesa. Aznar Soler divide su ensayo de interpretación en tres tramos históricos, correspondientes a la década de las vanguardias, el sexenio de la República y los años de la guerra. A lo largo de este tiempo, un grupo no desdeñable de escritores e intelectuales, en un contexto general de progresiva radicalización política, se desentendió del experimentalismo formal y optó por una literatura "rehumanizada" que en bastantes casos se adhirió abiertamente a las consignas del Partido Comunista. Como militantes activos o como compañeros de viaje, estos escritores lideraron el Frente Popular de la cultura española, republicano, revolucionario y antifascista.

Aznar Soler documenta exhaustivamente la ideología pugnaz y el ambiente exaltado de la izquierda revolucionaria, la retórica ardorosa, el fervor colectivista, la dimensión europea e hispanoamericana de un movimiento que alcanza su máxima resonancia en el Segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura, celebrado en plena guerra. El discurso del autor no es indiferente ni lo pretende, pues desde el principio se propone combatir el "edificio de tópicos" cansinamente reiterado por muchos historiadores y críticos literarios, aunque tampoco elude la mención a los "errores y miserias de la política cultural comunista". Su posición es de clara simpatía por la causa, pero todo lo que nos cuenta está rigurosamente contrastado. Aznar Soler ejerce de historiador militante, pero ello no impide al lector apreciar los frutos admirables de su esfuerzo investigador. "Todo resistente es fundamentalmente un testigo, un hombre leal que se ha comprometido en la transmisión fidedigna de lo mejor de una idea", dice en su prólogo José-Carlos Mainer. Eso, lo mejor de una idea, es lo que podemos seguir en este libro, que permite comprender cómo aquellos años, pese a todo, siguen siendo un poderoso referente en el imaginario de las izquierdas.

miércoles, 1 de junio de 2011

PRESENTACIÓN DE "LA SEGUNDA BANDERA" DE FERNANDO DE ARTACHO.




El jueves 9 de junio, (D.m.), en el Excmo. Ateneo de Sevilla, a las 8´30 de la tarde, tendrá lugar la presentación del nuevo libro de Fernando de Artacho, "LA SEGUNDA BANDERA".
Trata sobre la hazaña heroica que trescientos jóvenes falangistas sevillanos protagonizaron contra varias divisiones internacionales, nutridas con miles de hombres, que les atacaron por sorpresa. Es el comienzo de la famosa Batalla de Brunete. Batalla que, al decir de ambos bandos, sería definitiva, se afirmaba que quien venciera en Brunete ganaría la guerra.
Gracias a este reducido número de falangistas sevillanos, con un valor temerario que les condujo al mayor de los sacrificios heróicos, el sentido de la batalla cambió.
Ya en aquella época, oscuros intereses de unos y otros -en el libro denunciados-, silenciaron aquella hazaña que ahora se revela con todos sus detalles.